Ahí estaba, recostada boca abajo, con la cabeza volteando hacia donde me encontraba sentada vigilando su sueño. Era tan hermosa aun estando enferma y algo desarreglada.

Un mechón de su cabello dorado estaba tapando su rostro así que con delicadeza me limité a hacerlo a un lado y ponerlo detrás de su oreja. No me agradaba verla de mal humor y a la defensiva conmigo pero creo que es lo que me merezco por haberle dado motivos para haber creído que podríamos tener algo, las ilusiones rotas dan pie a que las personas te odien, a que te aborrezcan y creo que eso me lo merecía. Ese día en el restaurant… pensé que jamás la volvería a ver pero el tiro me salió por la culata ¿quién iba a pensar que la volvería? A esa extraña mujer que me cautivó con sus ojos color azul desde que cruzamos nuestras primeras miradas esa tarde. Lo recuerdo muy bien, casi como si hubiera pasado segundos atrás.

La charla al principio fue muy torpe, no sabía que decir eso estaba claro, pero ella con su carisma, imposible de ocultar a pesar de su carácter tan duro, sacó las cosas a flote ese día. Los coqueteos por mi parte no cesaron en ningún momento aún menos cuando la conversación comenzó a fluir; de verdad me había gustado mucho a primera vista. Lástima que estos sentimientos no trascenderían más allá, pues yo ya estaba comprometida con Rodney, el padre de esta chica y sin haberlo sabido en su debido tiempo, pero ¿qué daño pude haber causado? Nadie se enamora a primera vista, al menos nadie que no fuera yo pues ahora que la tengo aquí tan frágil, tan débil me cautiva aún más… el roce de su piel con la mía me hace sentir escalofríos. Me hace sentir que mi columna vertebral sufre descargar eléctricas que no molestan. Su blanca piel con músculos marcados con finura me hacía perder el sueño de los días desde que ella llegó a esta mansión, su hogar ¿quién diría?

Por un lado Rodney era un galán a pesar de su edad, alto, con vello facial rubio con algunas secciones blancas, fornido, un varón del que cualquier mujer se enamoraría; por otro lado esta Samus, su pequeña hija el brillo de los ojos de su padre que ella no tendría nada que envidiarle a él pero con la gracia que el género femenino posee en sus atributos y que me quedó claro desde aquél día que le ayudé a tomar un baño.

Esa noche no pude dormir, estaba esperando a que el frío de la madrugada me calmara pues estuve pensando en Samus todo el día preguntándome a mí misma ¿qué se sentirá sentir sus labios? Estuve imaginando las escenas más incorrectas en mi cabeza, casi podía sentir cada uno de mis pensamientos hacerse realidad. Recuerdo que ese día fue el último que traté de acostarme con Rodney, pero no pude tal y como había pasado desde hacía muchos días atrás. Él no es lo que yo espero encontrar a la hora del sexo, al principio era bastante bueno pero ahora no me satisfacía, no era lo que mi piel estaba buscando, eso que buscaba casi podía jurar que lo iba encontrar en otra persona; en Samus.

Cuando llegó en ese estado de ebriedad, tambaleándose, no pude evitar preocuparme pero a la vez sentirme aliviada pues estaba pensando que quizás hubiera estado con alguien más que no fuera yo. Olía a todo menos a perfume de otra persona, así que la ayudé a ducharse, recuerdo perfectamente que estuve al borde de pasarme la línea de lo correcto para saltar hacia el querer apaciguar mis deseos banales, besarla y hacerla mía pero su estado me lo impidió; no podía aprovecharme de esta manera de alguien en estado de ebriedad. Aún recuerdo que apenas y articulaba palabras pues estaba totalmente inconsciente, no logro imaginarme cuanto alcohol no consumió aquél día. Recuerdo perfectamente el haberla desnudado para meterla a la ducha, no se podía sostener así que tuve que entrar junto con ella y ayudarle a limpiarse los restos de cigarro, el olor a alcohol y las manchas que su vómito (o al menos eso me gustaría creer). Tomé una esponja y tallé cada centímetro de su cuerpo con delicadeza, quería disfrutar el momento. Soy una mala persona por tener esos pensamientos en ese momento pero no puedo evitarlo, ella provoca un calor que jamás había sentido, supongo que es el mismo calor que Rodney dice que siente cuando está cerca de mí… pero jamás lo he sentido yo con él. Esa es la más grande diferencia que existe entre él y Samus.

-Samus, como me gustaría que hubieras llegado antes en mi vida… -Dije entre dientes mientras acariciaba su cabeza una y otra vez, su cabello era tan suave que parecía que acariciaba seda de la más fina. –Te quiero tanto pero esto no es posible, no ahora a demás nadie merece sufrir por mis sueños y deseos relacionados contigo.

¿Acababa de decir que la quería? No sé desde cuando me di cuenta que no era solo deseo carnal, sabía que algo de ella me hacía quererla a pesar de sus desplantes. Por eso me comportaba así tratándose de ella. Rodney no merece sufrir por mi culpa pero sobre todo ella no se lo merece, por eso me alejé abruptamente. Es el sacrificio de dos por el beneficio de la mayoría. Sabía que si yo quisiera y pudiera Samus me correspondería, eso me lo ha dejado claro, pero no era lo correcto y no después de tantas cosas que han sucedido entre nosotras haciendo cada vez más y más tensión, abriendo una brecha aún más grande entre las dos. Tantas cosas que no debería de estar haciendo en este momento pero no tenía más camino que seguir las órdenes de ese "señor".

Me levanté de la cama y puse una compresa fría en la frente de Samus para bajar la fiebre ya que al parecer estaba cediendo y aprovecharía que estaba profundamente dormida para que no cuestionara el por qué me preocupaba tanto por ella. No la culpaba, yo tampoco me tendría confianza en lo absoluto porque haciendo un recuento de daños soy la mujer del restaurante que mágicamente apareció en su hogar para terminar siendo su madrastra, casándome con su padre que me dobla la edad y yo tan joven y salida de la nada. Nadie puede esperar algo bueno de esto ¿cierto? Porque no lo hay, no existe parte buena en esto, lo menos desagradable de todo esto es que no me disgustaba Rodney como hombre pues como ya lo dije anteriormente, tiene sus encantos pero qué no daría porque en vez de él fuera Samus la que me desposara.

La puerta se abrió lentamente, era la hija de Madeline Bergman, Melissa. Su cabello rubio recogido del fleco con un singular broche rosa era inconfundible, sabía que esto no acabaría bien así que me limité a hacer una mueca pues ella y yo desde el primer día no habíamos congeniado muy bien. Bueno, para ser sincera no he congeniado bien con nadie desde que llegué a este lugar pero tenía que mantener mi conducta políticamente correcta.

-Buenos días Melissa. –La saludé solo por cortesía pero al parecer a ella esas cosas no le iban y ella, bueno, solo pasó directamente a lo que en verdad le importaba en ese momento, pasando por alto toda mi cordialidad con aires de hipocresía.

-Mi madre me dijo que Samus estaba muy enferma así que vine a cerciorarme de que no le hiciera falta nada pero veo que tú la has atendido muy bien –Expresó observando la habitación en busca de alguna falla en el cuidado de Samus, al no encontrar nada hizo una mueca de desagrado – ¿Cómo sigue? –Preguntó. Era más que lógico el hecho de que no quería hablar conmigo pero no le quedaba otra opción pues nadie más en toda la mansión podría darle respuesta.

-Sigue con algo de fiebre, pero ya está cediendo afortunadamente.

-Me da gusto escuchar eso, no de ti pero me alegro mucho por ella. –Confesó sin pensarlo. –Siempre le he dicho que cuando se desvele por tantos días seguidos tome vitaminas. Pero da igual, no es de tu incumbencia.

-No comprendo qué te he hecho para que me desprecies pero no planeo continuar hablando contigo en esa actitud. –Musité.

-Es más que lógico el por qué no me caes muy bien –Dijo.

-No sé de qué me hablas, Melissa. ¿No deberías de estar en el laboratorio? Tu madre te necesita. –Traté de correrla pero rápidamente contestó mis palabras.

-Correrme no te servirá de nada y no sé qué pretendes con haber conquistado al Sr. Aran pero quiero que sepas que a él y mucho menos a Samus les harás daño. Al menos no si yo sigo con vida. No sé qué es lo que quieres, ni sé porque estás haciendo todo esto pero cuando encuentre algo que usar en tu contra lo haré sin pensarlo dos veces, no permitiré que le hagas daño a nadie. Te estaré observando de cerca. –Dicho esto salió de la habitación. No azotó la puerta porque estaba Samus dormida, sino casi puedo jurar que me la hubiera estrellado en la cara.

La feroz mirada de Melissa que me había compartido antes de salir atravesó en lo más profundo de mi corazón, en verdad se preocupaba por ambos pero no podía hacer nada para aliviar su desconfianza porque en cierta parte, tenía razón. Me limité a seguir acariciando la cabeza de Samus pues era lo único que me tranquilizaría en ese momento. No me gustaba estar del lado de los malos pero ¿qué más podría hacer? No había mucho a donde moverme en ese momento.

-Las diosas saben que si yo pudiera detener esto lo haría pero me es imposible. –Tomé un mechón de cabello de Samus y lo entrelacé entre mis dedos dejándome atrapar por el contacto. –No si estoy entre la espada y la pared… no si aún puedo salvar a mi madre de las garras de ese…hombre. –Comencé a llorar, sentía un profundo vacío en el pecho. Me estaba partiendo en mil pedazos pues por una parte tenía a Rodney, un hombre honesto, simpático pero a su vez estaba cayendo por los encantos de su hija, su adoración. Pero en otro extremo mi madre siendo prisionera del hombre que me puso en esta situación para poder llevar a cabo su plan. Ese maldito plan del que me hizo cómplice a temprana edad, con chantajes; lo odiaba. E incluso tener que fingir que tengo problemas con mi madre ante el mundo incluso ante mí mejor amiga para justificar mis acciones tan extrañas que hacía para cumplir el deseo de ese canalla. Era repugnante todo esto. Yo me sentía asquerosa.

-¡Zelda! –Se escuchó que alguien gritaba mi nombre fuera de la habitación, puedo jurar que era Rodney buscándome. Sacándome de mis pensamientos me levanté de la cama y salí de la habitación.

-No grites Rodney. Samus está indispuesta y se encuentra dormida. –Expresé con voz baja para no despertarla con tanto alboroto.

Solo sentí como las fuertes manos de Rodney me tomaron de la cintura y como sus labios me robaron un beso delicado pero se sentía tan profundo. Me abrumó el contacto, en ese momento no quería estar cerca de él y no por la falta de ganas sino porque en este momento las ganas las quería matar con Samus ¿qué más complicado se debería de tornar todo esto? Quizás la lejanía que Samus interpone entre nosotras es lo más sensato que podemos hacer pues si continuaba estado tan cerca de ella no podría contenerme ni un momento más. Me embriagaba tenerla cerca, hablar con ella aunque sean solo reproches me hacía perderme en la melodía que era su voz, el contacto con su piel me daba escalofríos por la espina dorsal… estaba cayendo por los encantos de la chica.

-Tiene el sueño muy profundo, no creo que escuche en lo absoluto –Continuó besándome. Trataba de separarme pero no me atrevía, tenía que seguir haciéndole creer que estaba enamorada de él. A estas alturas no podía darme el lujo de fallar miserablemente solo por mi estupidez de querer a su hija. –Pero a todo esto ¿cómo sigue? Madeline me comentó que estaba muy enferma de gripa.

-La fiebre había empeorado pero ya está disminuyendo. –Respondí a secas, no tenía muchas ganas de hablar con él, solo quería estar a solas… a solas con Samus, cuidándola mientras pueda, antes de que volviera en sí. –Necesita más cuidados, debería de regresar a observar como…

-¡Para nada! Melissa ofreció hacerse cargo de mi hija en lo que tú y yo atendíamos nuestros "asuntos" importantes. –Besó mi cuello, sentía como la sangre subía a mis mejillas, Rodney ya conocía mis puntos débiles después de tanto tiempo estando juntos los había memorizado y con eso siempre terminaba convenciéndome pero creo que esta vez sería diferente. –Tú sabes que a ella le tengo mucha confianza al respecto.

-Sí pero yo no estoy haciendo nada, además –Me zafé de su abrazo. –No tengo nada importante que hacer, preferiría cuidarla yo misma.

-Zelda, ya van dos semanas que no estamos juntos –Interrumpí su charla con un beso. No quería escuchar otro más de sus reproches respecto al sexo, estaba harta y no podía darme el lujo de asquearme de él, no antes de la boda. No antes de cumplir mi misión.

-Lo sé, pero tenemos que ser pacientes. No todo es una luna de miel, cariño. A demás en este momento tu principal preocupación debería de ser tu hija, no seas tan egoísta. –Exclamé con enojo, no podía creer que en este momento antes de preguntar siquiera como se encontraba Samus en ese momento quisiera apaciguar sus "hormonas" masculinas. Era algo egoísta.

Con frustración en su mirada pero accediendo y aceptando a mi súplica terminó por relajar sus instintos masculinos y hacer a un lado su necesidad de cama para darme el gusto, era algo que simplemente se lo agradecía, el ser tan condescendiente conmigo solo esperaba que esa actitud conmigo no se llegara a acabar nunca pues eso en cierto modo me tenía tranquila. A demás él era un hombre hecho y derecho ¿no? No creo que jamás me pondría una mano encima sin yo desearlo o para lastimarme. Rodney podrá ser algo infantil a veces pero jamás sería un patán.

-Está bien, linda. –Me besó nuevamente. –Solo espero que tus ganas de ser enfermera no se prolonguen por mucho tiempo. –Sonrió.

-Descuida, al paso que va tu hija estará bien en unos pocos días.

-Cuida de Samus ¿sí? –Suplicó, creo que para ese momento su "calentura" había bajado y podía enfocarse en lo que realmente era lo importante.

Besé su mejilla en señal de agradecimiento y Rodney se fue sin decir más que compartir conmigo otra sonrisa de lado, tal y como recordaba que Samus sonreía. Era todo un galán como había dicho anteriormente.

Pero eso no era suficiente, su galantería, su ser apuesto y amable no funcionaban en lo absoluto. Ni para enamorarme de él ni para salvarlo de lo que se avecinaba en su vida y en la de Samus.

¿Qué podría hacer? Nada.

Solo esperar lo inevitable.