N;A: Realmente no estoy segura si les esta gustando la trama, y el modo en que va la historia, he recibido mensajes privados diciéndome lo maravilloso que les parece esta historia, y lo cual les agradezco con mucho cariño. pero, me gustaría ver su huella no solo en mensajes privados si no también en ese pequeño espacio que se llama Reviws :)

y en tan poco tiempo, los views han aumentado de una manera que me ha dejado asi :O muchas gracias.


CAPITULO 7

"UN LAMENTO EN EL AMANECER"

"¿Quién ha decretado que un torrente debe fluir de arriba abajo?

Lo que el hombre llama leyes de la naturaleza no son más que unas

Generalizaciones de los fenómenos que el mismo no alcanza a comprender,

Los caballeros son tan fuertes como los dioses"

=DHOKO DE LIBRA=

¿Qué?, ¿Qué es esta sensación tan incitadora? ¿Qué es lo que fluye por mi sangre?, a menudo en las más concurridas calles del mundo, en los más estruendosos conflictos, se levanta un deseo de justicia inexplicable, después del conocimiento de mi vida enterrada, una sed de derrochar mi fuego y el inquieto vigor, de seguir mi rumbo verdadero; tan salvaje, tan profundo en cada ser humano, para conocer el origen de nuestras vidas y hacia dónde van. ¿Quién es ese hombre? Damián…

El sonido de unas campanas inundan ese lugar en el cual la joven de cabellera negra sentía un leve frio en su cuerpo, color asolmado cual primavera en pétalos de cerezo dejándose llevar por el viento, un árbol de cerezos el cual no retoñaba, tranquilidad, paz, encantos, ¿Qué es exactamente lo que sentía? Aunque se viera ella misma con su vestido negro común, sentía como su cuerpo podría estar al completo desnudo superando cualquier emoción caótica que la podría invadir por completo. Puede ser como la oscuridad cae, caminar por un sendero solitario, disfrutar los bosques verdes, sus cabellos cubrían su terso rostro, al decir verdad estaban húmedos, su cabeza se recargaba sobre unos muslos torneados, pero podía sentir una tela blanca y delgada sobre ellos, los resaltaba, de nuevo esa piel cremosa se apoderaba de su ser bendito.

Ella abrió sus ojos debajo de sus cabellos nervudos, todavía su color señero no se podía apreciar del todo, esas manos densas, esas mismas manos a las cuales acariciaron a Serena delicadamente, ahora ella estaba recostada sobre sus piernas, ¿Qué es exactamente lo que sentía?, al igual que el ángel de la luna, ella se sentía completamente tranquila, era una sensación inexplicable junto con ese olor a dulces botones preparados para despejar su fragancia.

¿Qué?, ¿Qué es lo que siento?, ¿Qué es exactamente esta sensación?, ¿Quién es esta mujer?, que con sus manos dulces y delicadas frota mis mechones nevudos con delicadeza. Yo conozco este olor tan singular, es una fragancia que indudablemente desde pequeña la conocí, pero, ¿Porqué la recuerdo hasta ahora?

Dicha mujer de cabellera Violácea la miraba con ternura, al igual que a Serena, le dirigía una mirada llena de protección, felicidad, y a la vez de una preocupación rotunda.

"Guerrera sagrada hija de ares, esos ojos que tienes, representan la guerra misma, han mirado el mundo completamente normal, lo han mirado como una más de tus esperanzas y sentimientos humanos, como me duele ser yo misma acabar con esas alegrías."

El sonido de unas campanas retumbaba en sus oídos fuertemente, las débiles formas flotan a la deriva, cuyas risas apenas oídas hacen, una oscuridad brillante como el día; en vano esforzándose en llorar.

Unos pétalos de cerezo se apoderaron del cuerpo de la joven guerrera, eran suaves. Reí siempre supo, que por alguna u otra razón, existía en ese punto, al que todos llamaban: Tierra. Jamás comprendió el porqué de todo, el porqué de la luz, de la oscuridad, ese era un juicio que no le concernía en lo absoluto.

En ese pequeño y corto instante, en el que sus ojos no visualizaban otra cosa que no fuese esa mujer, que con su tacto podría olvidarse de su más alta tristeza. Y de pronto, vio como su sangre se deslizaba desde la palma de su mano, hasta llegar al rostro de Reí. Cada ápice, cayendo.

Sus ojos se tornaron de aquel color bermellón vehemente, esa manera de mirar, esa oquedad. Todo raciocinio había desaparecido, no existía Reí en ese momento. No, ahora estaba existiendo una encarnación, una que había estado dormida por tanto tiempo.

"El comienzo está cerca…, la piel que envuelve este cuerpo humano pronto será un velo para la otra naturaleza, aquella que palpita en mis venas, con una pulsión irrefrenable"

¿Qué?, ¿Qué es todo esto? El es…. Mi…..

—Lo lamento tanto…maestro. Fue mi culpa el que sus ojos… fui tan débil.

No existía nada ni nadie más que ellos dos, solos, dejando que la dulce brisa agitara esos cabellos negros. El estaba recostado, por encima de todas esas hojas retoñas, suaves. Recargándose en sus brazos robustos, se giro hacia su joven aprendiz, con una mirada seria. Esa niña, con ese cosmos que la envolvía tan abrasador, tan genuino.

Yo…recuerdo este lugar, esas ruinas griegas, esa puesta de sol, aquí fue donde nací. Entre toda esta guerra, la estatua de Athena. Recuerdo que me sentaba enfrente de ella, y la veía hasta dormirme. ¿Por qué lo olvide?

Los caballeros, su entrenamiento, sus brillantes armaduras. La verdad me ha iluminado con un resplandor cegador.

—Reí—dijo su nombre retirando sus mechones oscuros de su frente, con la mandíbula tensa. —No te salve, para ver esa expresión débil en tu rostro. ¿Quieres que me arrepienta de haberte salvado la vida?

— ¿Por qué quieren hacerme daño?

La expresión de Damián se endureció, se volvió hacia ella obligándole a sostener su mirada— Porque son seres lamentables que lo único que quieren es eliminar la raza humana como la conocemos. Es por eso que vives, que renaciste.

Ese día comprendí, que tenía un propósito en esta vida, y que tuve ese mismo destino, generaciones atrás.

Damián contuvo el aliento, le dio tiempo para que asimilara la situación. Vio como su alumna estaba de pie, en medio de un universo que ahora la rodeaba. Su mano la tenía sobre su hombro desnudo, que sufrió un rasguño.

Este escuchaba el canto del viento, y el sonido de los pliegues de su gabardina deslizándose entre las ráfagas. Miro sus cabellos atezados, sus piernas temblaban un poco. Se dio media vuelta, y miro a Damián con esos ojos sobrehumanos que las distinguían tanto por sobre los demás. Sus luceros brillaban a la luz del a luna. Esos ojos rojos, con tan solo verlos, podría sentir como su alma era arrebatada de su cuerpo.

Reí camino con lentitud hacia su maestro, pero el retrocedió presuroso, por un segundo, llego a creer que esta lo atacaría, ya que no estaba acostumbrada a sentir ese cosmos que ahora la golpeaba con fuerza.

OOO

Maestro…. Mis sueños dichosos vuelven con la noche, morando sobre el pasado y cada pena que nubla nuestra luz, nos recuerda el último.

Finalmente me fallaron las piernas, y caí estrepitosamente sobre el suelo. Cerré mis ojos y me rendí al cansancio, al frio, a la soledad y al dolor….

Lo primero que llego a sus oídos fue el sonido apagado de unas voces. Se sentía cansada, horriblemente cansada. Pudo sentir la tela frágil de la sabanilla, ya que deslizo su mano con sutileza sobre ella. Sus dedos la apretaron fuertemente en un intento de frustración. De nuevo habían regresado esos vértigos, apoderándose de ella, de su cuerpo, de su mente.

De un golpe abrió los ojos, ahora su color era habitual como siempre, respiro precipitadamente en cuanto despertó. Sentía la transpiración en su cuerpo y como el oxigeno se esfumaba como un cigarrillo a media tarde.

Giro su cabeza, y se encontró con una figura femenina sentada junto a ella, mirándola, y tocándole la frente, para saber si la temperatura había cesado. Era Amy que tenía un balde con agua fría entre sus muslos. Pudo escuchar las gotas de agua como caían.

— ¿Amy?

Amy guardo silencio por un momento, al menos, no quería hablar en ese instante. Exprimió la toalla, y la volvió a colocar en la frente de Reí. Le sonrió con tranquilidad.

—La temperatura por fin ha cesado, Es un alivio.

—Pero… ¿Estoy en la habitación? —dudo la joven de piel níveo, acompañando sus palabras con un ladeo de cabeza. Levanto su espalda, sentándose en la cama, y viendo como Serena estaba de pie ante el umbral.

—Dormiste por casi cinco horas, almenos eso te ayudo a recobrar fuerzas—dijo Amy todavía sentada a su lado—

Reí coloco su mano en su frente, sintió como las venas le brotaban— ¿Qué paso?

—El Profesor Damián te trajo hasta aquí, dijo que habías sufrido un fuerte desmayo.

Al escuchar ese nombre, sus ojos se saltaron, y oprimió las sabanas con fuerza, ahora lo sabía todo, había recordado cada momento de su niñez, y del porque estaba ahí.

— ¿El profesor Damián? —dijo mirando con atención sus manos, Amy y Serena notaron como la preocupación le teñía la voz, ambas ya sabían lo que había pasado, Reí había recuperado sus recuerdos, como había pasado con ellas dos. Podían sentir su cosmoenergia, por mas diminuta que fuera.

Reí era la guerrera sagrada de Marte, representante de Hares, dios de la guerra. Amy tomo su mano de pronto, lo cual hizo reaccionar a Reí.

—Reí…, tranquila ya ha pasado todo—hablo serena acercándose y sentándose junto a ella—Sabemos lo que paso.

—Es verdad—asintió Rei—Habia olvidado nuestro destino, olvide cada recuerdo que tenía, y pude ver de nuevo el lugar en donde nací. Ahora lo comprendo todo, nosotras…, somos guerreras de Athena.

— ¿Pudiste verla? —pregunto Amy, mientras veía como Reí todavía tenía la mirada perdida. Esta entrecerró sus ojos.

—No, pero pude sentir su cosmos, y también, que Damián era mi maestro, cuando yo todavía estaba en Grecia. Antes de venir a este internado.

— ¿Cómo? —declaro Serena perplejamente, ¡cielos! — ¿El profesor Damián era tu maestro?

Reí asintió con la cabeza— ¡Vaya! —Exclamo serena haciendo una mueca molesta—Eso explica él porque tenía consideraciones contigo.

— ¿Y eso que tiene que ver con lo otro?

Serena se acercó mas a Reí, señalándola con su dedo índice, pinchando la nariz de su compañera de cuarto—Que él no te bajaba puntos cada cinco minutos, y a mi sí.

— ¡No seas tonta! —le contesto Reí a gritos mientras hacía a un lado las sabanas, ella tenía los labios en un gesto burlón—Si a mí no me bajan puntos es porque yo si pongo atención a las lecciones, no como tú que solamente cuentas los segundos para ver cuándo y a qué hora comes.

Serena apretó sus dientes, Amy solamente observaba la pelea con una sonrisa, se sentía ahora mas aliviada, eso quería decir que Reí se sentía mejor. La mujer de cabello rubio oprimió sus puños ante la cólera de sus palabras.

— ¡Eso no es cierto yo no pienso solamente en comer!, ¡Tu eres una mujer demasiado temperamental!

— ¡Di el año, el mes, el día, la hora, el minuto, el segundo exacto en que yo he sido mala contigo!

— ¡Siempre estas siendo mala conmigo!, ¡Ni siquiera porque te sientes mal terminas de tratarme horrible!

Reí se encolerizo de pronto en contra de esa chica con cabeza de bombón, Amy intento calmarlas a las dos pero fue inútil, cada vez que ellas comenzaban una pelea, no había poder humano que las detuviera, no hasta que ellas mismas terminaran una con la otra.

— ¿!Sabes?!, ¡No me explico como una niña tan boba y retraída como tu pueda ser una guerrera!, el mundo lo que necesita son verdaderas guerreras, no niñas lloronas como tú!

— ¡¿Qué dijiste?!

— ¡Ya me oíste….!

Amy se paró de la cama, cogió unos libros que estaban sobre su tocador, y camino hacia la puerta, cerrándola, todavía se podían escuchar los gritos de Serena y Reí dentro de la habitación. Amy se encontró con Mina y Lita quienes estaban afuera de la habitación esperando noticias de Rei. Supusieron ambas que no había necesidad de preguntarle, ya que sus voces eran imposibles de esucharse.

—Parece que Rei ya se siente mejor—dijo Lita cruzada de brazos y con una risa demasiado burlona.

¡Te odio!, ¡Te odio!, ¡Te odio!

—Hay no…, —clamo Mina con una sonrisa fingida—Ya empezaron, será mejor que las dejemos solas, cuando esas dos se pelean no hay nadie quien las detenga.