Disclaimer: los personajes y demás pertenecen a Tadatoshi Fujimaki.
- ¿Hyuuga? Creo que ha ido al baño, ¿no?- el otro alumno se encogió de hombros y se perdió la sonrisa de Teppei.
A los pocos minutos el capitán del Seirin intentaba chillarle a un pivot entrometido que ocupaba más espacio personal del que debiera en aquel minúsculo cubículo.
- ¡Esto es el colmo de los acosos, Kiyoshi!
- Sssshh- cerró la puerta tras él y lo abrazó por la cintura, sonriente. Pero si no estoy haciendo nada malo. Solo te estaba buscando.
El de las gafas notó la barbilla del otro sobre su coronilla, y podría jurar que estaba mirando por encima mientras intentaba orinar en paz. Se removió incómodo y trató de empujarle con el codo.
- Esto es vergonzoso...- su cara debía ser una antorcha. ¡No puedo hacerlo si sé que estás aquí, sal ahora mismo!
La suave carcajada del gigante vibró entre sus cabellos.
- ¿Necesitas ayuda, Hyuuga-kun?- el tono divertido no ayudó para nada, pero menos ayudó la mano que se deslizaba lentamente cadera abajo.
- ¡Maldita sea, estáte quieto!- todo acabó ahí, con aquel manotazo.
Teppei volvió a carcajearse, lo soltó y se dio la vuelta con aquel estúpido "Bien te dejaré hacerlo tranquilo" y esperó, espalda contra espalda.
Como si necesitara su permiso. Hyuuga bufó.
- ¿Puedes hacer el favor de salir de aquí? Deben de haber otros siete cubículos en este mismo baño, imbécil.
-No hace falta, por lo que oigo te va bastante bien. Puedo esperar.
Maldiciones y carcajadas suaves. Hyuuga terminó, tiró de la cisterna y se dio la vuelta para encararlo, todo malas caras y ceño fruncido. Y rojo como un jodido semáforo.
- Las clases empiezan en diez minutos.
Las paredes del cuarto rieron con el gigante; su cuerpo avanzando y arrinconándolo contra la puerta.
- Entonces tendrán que ser suficientes.
Los minutos siguientes fueron desordenados y rápidos. En un abrir y cerrar de ojos Kiyoshi estaba sentado sobre la tapa del wáter, sus caderas adelantadas y la cremallera bajada. Él mismo había acabado apoyando la frente contra la puerta y trataba de controlar sus jadeos mordiendo la tela del uniforme.
Notaba las manos del mayor sujetando sus nalgas y oía sus suaves gemidos a la espalda. Teppei jadeando lento, bajo; casi inaudible, con cada embestida era la cosa más condenadamente erótica que jamás, repetía, jamás, había presenciado. Movió sus caderas para acelerar el ritmo y se sujetó con más fuerza a una inapropiada puerta sin agarres.
La sirena sonó al poco tiempo y Hyuuga estaba seguro de que lo habría agradecido en voz alta si el castaño no hubiera decidido levantarse sin previo aviso para empujarle de aquella forma descontrolada contra los tablones del baño y llevarlos al orgasmo más intenso de sus vidas.
Sintió la respiración entrecortada unos centímetros por encima de su cabeza y después unos labios húmedos sobre su cuello.
- Diez minutos, capitán.
- Eres un puto pervertido, Kiyoshi.
