Gema corrompida

capítulo 7: La horrible criatura aterradora.

Habían pasado semanas, Peridot aprovechaba cada distracción, hasta la más mínima, para poder reparar el portal de la Distorsión Galáctica hacia el Planeta Madre. Finalmente el trabajo estaba hecho. Ahora se encontraba ahí con Jaspe.

—Diamante Amarillo estará muy enfadada cuando sepa que la misión fracasó.— murmuró Peridot.

—¡Te he dicho que ya olvides esa estúpida misión! ¡tenemos cosas más importantes qué hacer!— gruñó Jaspe, caminando hacia el portal central.

—¡Pero no tenemos mucho tiempo! ¡Ese es el problema aquí!

—¡Cállate!— ordenó—. Escúchame bien, yo iré a informar a Diamante Amarillo y tú te quedas aquí, ganándote la confianza del equipo de Rose. Debes descubrir sus debilidades para poder vencerlas después, no hagas otra cosa hasta que recibas un mensaje mío con ordenes. Esa es tu misión por ahora.

—¡¿Por qué eres la que da las ordenes?! Esta misión era inicialmente mía ¡y yo te rescaté de Lázuli y las Crystal Gems!

—¡No intentes contradecirme! No hagas nada hasta que yo te mande un mensaje, ¿quedó claro?

—Perfectamente, pero... ¿cuánto tiempo tardarás?— preguntó con algo de inseguridad.

—¿Que acaso tienes miedo?— dijo con agresión—. Sé que eres una débilucha, pero eres una peridot, concéntrate en tu nueva misión y no cuestiones mi autoridad.

—Ugh... No se puede razonar contigo.

—Recuerda, que Rose no sospeche nada, y deja a la estúpida de Lapis para mí.— dijo, ya preparada para irse.

—Ya te dije que no es Rose, es Steven.— contestó en voz baja, en un tono casi lúgubre.

—¡No me importa! ¡Rose lamentará el día en que se dejó perder de esa manera! ¡Y tú deja de actuar así! ¡no me hagas creer que te has ablandado!

—¡Eso jamás!

—Entonces ya sabes qué hacer. No te dejes...

—¡Ya sé! ¡ya sé! No me dejaré corromper. Tengo muy clara mi misión.— respondió Peridot con enfado.

Jaspe le dirigió una mirada severa y después activó el portal, marchándose de ahí y dejando a Peridot totalmente sola en esto.

Peridot suspiró profundamente. Sabía qué hacer, fue hacia el portal al Planeta Madre y lo destruyó, de esa forma las Crystal Gems nunca se enterarían que alguien pasó por ahí. Después fue a otro portal para volver a casa de Steven.

Una vez ahí, la mente de Peridot divagaba en muchos asuntos, uno de ellos tenía que ver con Steven. De alguna forma Jaspe quería llevar a Rose Cuarzo ante Diamante Amarillo, sonaba descabellado, en especial porque la única forma que se le ocurría para lograr aquello era... lastimar a Steven.

Sin pensarlo demasiado se recostó en la cama del niño, con la vista fija al techo. La casa estaba solitaria, demasiado. Perla estaba entrenando a Steven y Connie, Garnet había ido a una misión y Amatista... ¡quién sabe dónde estaba Amatista!

Debía concentrarse en su nueva misión, pero no podía evitar sentirse algo extraña. Ya no quería pasar más tiempo en ese mundo donde nada tenía sentido, donde a veces olvidaba qué hacía ahí realmente. Quería tanto estar sola, pero a la vez deseaba tanto que alguien la acompañase, pero no tenía a nadie en ese mundo y los que tenía los iba a traicionar después. Detestaba tanto el hecho de que todos se comportaran tan amables, incluso las Crystal Gems.

La realidad era que no tenía amigos, así que no había más opción que quedarse tumbada ahí todo el día.

A su mente llegó la imagen de Ronaldo, no sabía ni por qué pensaba en él, así que trató de sacárselo de la cabeza. No podía permitirse seguir pasando más tiempo con ese humano, obviamente él no la respetaba. Además, tal como Jenny le había dicho, probablemente él se aburra pronto de estarla siguiendo a todas partes. Quizá ya había ocurrido, hacia días que no veía a Ronaldo.

Peridot gruñó, tomó una almohada y se la estampó en la cara. Se gritó a sí misma que no le importaba.

Se ladeó y quedó inmóvil mientras observaba la gema de Lapislázuli, que permanecía al lado de la cama de Steven, sobre una almohadilla en un canasto. Peridot se sentó, girándose a dirección a la gema sin forma física. Ya había pasado un poco más de un mes y Lapis no volvía, ¿por qué tardaba tanto?

—¿Tú... puedes escucharme?— preguntó, sintiéndose tonta.

Sabía que Jaspe tenía un enorme odio hacia la gema azul, de hecho, quería liquidarla, pero, por su parte, Peridot no tenía nada contra ella. Más bien, apenas y la conocía. Sólo era su informante, es todo. Sólo sabía que era una gema reservada y extrañamente depresiva, además de que constantemente su rostro expresaba miedo.

—¿Por qué temías tanto?— preguntó en voz baja, sabiendo que la gema no la escuchaba.

Recordó que una vez la vio desesperada, eso había sido cuando Jaspe notó a Steven. Lapislázuli había hecho lo posible para alejar la atención del niño. Peridot ahora podía verlo, Lapis deseaba proteger a Steven.

—¿Por qué harías algo así?— Peridot tomó la gema y la sacudió un poco—. ¡Respondeme! ¡teníamos una misión y en cambio tú te revelaste contra Jaspe! ¡¿Por qué Steven sería más importante que las ordenes de Diamante Amarillo?!

Naturalmente la gema de Lapis no podía contestar. Peridot se sintió humillada y daba gracias porque nadie estuviera ahí para observarla. Era sólo que... ya había pasado tanto con todos ellos.

—¡No me importa!— gritó, sacándose esos pensamientos de la mente.

Arrojó la gema a un lado, pero no midió su fuerza y de un momento a otro Lapis salió lanzada contra el cristal de la ventana y terminó en alguna parte de la arena en la playa.

—¡Lázuli!— se escandalizó Peridot, corriendo hacia la salida de la casa, implorando para no haber provocado alguna grieta en aquella gema—. ¡Debes estar bien! ¡debes estar bien!

Corrió por la playa y rebuscó entre la arena, por milagro la encontró casi de inmediato. Aún inquieta, revisó cada parte de la gema, comprobando que no la había destruido de alguna forma. ¡Steven no la perdonaría! ¡Garnet mucho menos! ¡y Garnet daba miedo!

—¡Sí! ¡no estás muerta!— exclamó, alzando la gema de Lapis con victoria.

Su celebración terminó al notar que alguien la estaba observando, alguien que estaba a sólo a unos cuantos pasos de distancia. Peridot quedó inmóvil mientras analizaba a su espectador. ¡La había visto! ¡la había visto arrojar a Lapislázuli por la ventana!

—¡¿Quién eres tú?!— exigió saber, pero el ser frente a ella no respondió, sólo la vio con sus profundos y escalofriantes ojos—... ¿Qué eres tú?— preguntó, algo intimidada, pero la criatura sólo alzó el brazo, señalando a Lapislázuli.

Peridot recargó la gema de Lapis en su pecho, retrocediendo lentamente para alejarse de ese misterioso ser que parecía vigilarla; cuando se encontró a dos metros alejada de ese extraño, se echó a correr de regreso a la casa de Steven y cerró la puerta con fuerza, subió las escaleras, acomodó la gema de Lapis en su lugar y rápidamente echó un vistazo a la ventana, descubriendo que aquella criatura ya no se encontraba ahí. Por un momento se sintió aliviada, pero pronto notó una presencia a sus espaldas, y al girarse él ya estaba ahí, observándola con sus aterradores ojos.

—¡Ah!— soltó un grito de susto—. ¡¿Por qué entraste aquí?! ¡¿Qué quieres de mí?!— el extraño observó la gema de Lapis, después la señaló—. ¿Quieres que te entregue a Lapislázuli?— el desconocido pareció pensarlo un poco, pero después negó, mas volvió a señalar a Lapis con insistencia—. ¡Tú me viste lanzar a Lázuli por la ventana! ¡¿qué quieres por tu silencio?!

Ese ser extraño dio una macabra sonrisa y después apuntó lentamente hacia Peridot. Ella tembló de terror, pero no iba a aceptar ese termino.

—¡¿Y qué pasa si me niego?!— exclamó, no queriendo negociar con ese... ¿humano?

Ese ser dio unos pasos hacia la asustada gema, ésta retrocedió hasta quedar acorralada en la pared, pero ese ser no la tocó, sólo tomó uno de los juguetes de Steven y salió corriendo, bajó las escaleras pero antes de llegar a la puerta se giró para ver a Peridot, dirigiéndole una sonrisa de alguien que trama algo, después se fue.

¿Eso era todo? ¿esa amenaza se había ido? ¿le había tenido misericordia? Sea como sea, él sabía lo que había sucedido con Lapis, él podría acusarla con las Crystal Gems, y si ellas se enteran ¡podrían meterla en una burbuja!

No, si el objetivo de ese niño extraño fuera interferir con su misión ¿por qué llevarse el juguete de Steven? Quizá ese juguete sea el precio a pagar por su silencio, o quizá sea algo más. Independientemente de ello, el juguete no le pertenecía, era de Steven, el niño probablemente se dé cuenta de su ausencia y sospecharía. No podía permitir eso.

—¡Regresa aquí!— salió detrás de ese ladrón lo más rápido que pudo.

Corrió en la arena y rápidamente lo localizó, el pequeño se había escabullido por unas calles, con el juguete en sus brazos. Peridot continuó tras él pero lo perdió en un callejón. No se podía permitir perderlo, así que lo buscó por todo el lugar, lo hizo por varios minutos sin resultados. Trató de no desesperarse, pero era inútil, ya estaba desesperada.

—¡¿Dónde estás?!— gritó con irritación—. ¡Sal de donde sea que estés!

Lo buscó entre los botes de basura, pero ni ahí se encontraba. Ya estaba dando esa cruzada por perdida, hasta que escuchó unos pasos acercarse a ella. Era él, ese ladrón finalmente se dejaba ver, pero no parecía ni arrepentido, ni asustado, ni enojado, ni nada, su rostro malévolo no mostraba nada.

—¡Ahí estás! ¡regrésame ese juguete de inmediato!— ordenó, pero el niño negó, abrazándose al juguete—. Escucha, sé que te ofrecí algo por tu silencio para que no revelaras que arrojé a Lapislázuli por la ventana, pero el que te quedes con ese juguete puedo comprometer mi misión, ¿no quieres otra cosa a cambio?

El extraño niño asintió finalmente, al tiempo en que señalaba a Peridot otra vez. Ella lo entendió, todo esto había sido una trampa para obtenerla, la quería desde el principio, pero ¿para qué? ¿acaso quería esclavizarla? ¿convertirla en una sirvienta o algo? De tan sólo pensarlo se llenaba de pánico.

En una situación normal sólo lo atacaría y lo obligaría a devolverle el juguete, pero las Crystal Gems habían sido muy especificas sobre no dañar a humanos, asumiendo que ese niño sea humano. Así que... ¿no tenía más opción que obedecerle?

—Yo no puedo aceptar tus condiciones, sólo dame eso.— pidió con angustia, extendiendo el brazo para recibir el objeto, pero el niño la apartó de un manotazo.

Esto no llegaba a ningún lado, ninguno de los dos iba a ceder. Quizá debería dejarlo quedarse con el juguete, después de todo no era seguro que Steven se percate de la ausencia de éste. Pero el caso es que ese extraño no quería el juguete realmente, la quería a ella; no podía simplemente irse con él, tenía una misión que cumplir, su ausencia sería notada. ¿Y por qué se preocupaba tanto? Quizá sólo estaba siendo paranoica.

—Quédate con el juguete, pero yo no iré contigo.

Pero ese extraño no estaba dispuesto a negociar sus condiciones, él quería a Peridot. Se acercó a la gema, paso a paso, y ella retrocedió, aterrada. ¡Ese "humano" es muy perturbador! ¡demasiado!

Su instinto decía que debía salir huyendo, pero ya había huido demasiado como para acobardarse otra vez. Pero, por otro lado, no tenía la menor idea de con qué tipo de criatura estaba tratando, ¡podría ser algo completamente peligroso!

Se echó para atrás, cayendo sentada al suelo, observando cómo ese monstruo se le acercaba. ¡Debía atacarlo! ¡pero si lo hacía las Crystal Gems la castigarían! Solamente debería salir huyendo, pero ¿que no es lo que hacía siempre? ¡¿Por qué estas cosas siempre le pasaban a ella?!

Ese ser perverso extendió su brazo hacia ella, con intenciones de tocarla, acercó su mano hacia el rostro de la gema. Peridot se cubrió la cara con los brazos, como si estuviera a punto de recibir un golpe letal.

—¿Qué está pasando?— habló un joven que se acercó a ellos.

Peridot alzó la mirada, en ese instante, por algún motivo, se sintió salvada.

—¡Ronaldo!

Ella se levantó rápidamente, se acercó a Ronaldo y se ocultó detrás de él, asomándose un poco para ver la reacción de la criatura que quería dañarla. Ronaldo miró a la gema con confusión, después volteó a ver al niño que los miraba a ambos.

—Peridot, ¿Cebolla te está molestando?— preguntó el chico, haciendo a Peridot hacia atrás y mirando al niñito con un poco de enfado.

—¡Esa... esa COSA estaba hostigándome!— señaló Peridot, ahora como alguien que no tenía nada qué temer.

Cebolla se encogió de hombros, con su expresión inexpresiva de siempre.

—Ya no la estés molestando, ¡vete de aquí!— ordenó Ronaldo a Cebolla.

—¡Espera! Tiene el juguete de Steven.— mencionó Peridot, con una voz casi temblorosa.

—Entrégalo.— dijo Ronaldo al niño. Cebolla miró el juguete en sus manos—. Sí, entrégalo.

Cebolla entregó el juguete para después irse corriendo a su casa, que quedaba justo al cruzar la calle. Peridot finalmente se calmó, miró a Ronaldo y notó que éste estaba viendo fijamente el juguete.

—Éste no es un juguete de Steven.— dijo el chico, en tono de haber hecho un descubrimiento importante.

—¿No lo es?— preguntó Peridot con algo de confusión.

—Esto es tuyo.— sonrió, entregándoselo a ella.

Peridot, aún confundida, tomó el juguete y lo examinó, de inmediato lo reconoció, era el koala de peluche que Ronaldo le había regalado en el parque de diversiones hace un tiempo, lo había olvidado. Sonrojada, escondió el peluche tras su espalda, apartando la mirada al estar un poco nerviosa.

—Gracias.— dijo ella con dificultad, en un murmullo que apenas fue audible.

—¿Qué fue lo que sucedió?— preguntó con intriga.

—Ese... "niño" tiene información que podría meterme en problemas con las Crystal Tontas.— respondió con la frente en alto, pero incomoda aún así.

—No te preocupes, Cebolla no dirá nada. Él nunca habla y cuando lo hace no es en un idioma que yo conozca.— le dijo con gesto misterioso.

—¡¿Estás diciendo que no tenía que pagarle por su silencio?!

—No.— dijo con simpleza, pero después se puso serio.— Pero tampoco me confiaría tanto, estoy seguro de que él sabe cosas, cosas que se guarda para sí mismo.— advirtió en tono macabro—. ¿Y qué es lo que hiciste que no querías que te descubrieran?

Peridot volvió a sonrojarse, estaba claro que no iba a decir que arrojó a Lapis por la ventana, de hecho, no pensaba volver a hablar de ello en lo que le quedara de existencia. Era demasiado humillante para hablarlo incluso con un humano.

—No importa ya. Puedes irte ahora.— dijo, actuando como superioridad, tomando camino devuelta al templo.

—Espérame.— Ronaldo le siguió el paso.

—Escúchame.— Peridot pausó su andar y giró hacia el humano, pensando en la mejor forma de decirle—. Mediamente puedo comprender la importancia que le das a las investigaciones paranormales que realizas para tu "blog", así que espero que tú entiendas que yo estoy muy ocupada en mi propia misión. Ya te he respondido tanto como podía, no sacarás más información de mí, así que podrías ocuparte en reportar otra cosa y yo me ocuparé de mis asuntos.

—Nunca podría terminar de investigar a un a alíen.— repuso, sin darle mucha importancia a lo que la gema quería decirle—. Pero por ahora me enfocaré en una investigación diferente.

—Perfecto, me voy.— dio la vuelta para seguir caminando, Ronaldo la siguió.

—Espera, quería decirte algo.

—¡Ya basta!— lo volvió a encarar—. ¡¿Qué crees que soy?! ¡Sí, soy del espacio, pero tampoco me trates como una especie de anomalía! ¡ustedes los humanos se impresionan demasiado!

—Eres una anomalía, estoy seguro, al menos lo eres aquí en la Tierra.

—Ughh.

—Pero, por eso yo... quería pedirte que...— comenzó a decir con timidez.

—¡¿Qué?!

—Si tú... ¿quisieras ayudarme en alguna investigación paranormal? Sé que estás ocupada pero... puede que sepas más de ésto que yo, así que...

—¿Por qué me lo pides?— preguntó, casi siendo agresiva.

—Pensé que quizá... si somos amigos, ¿cierto?

Peridot lo contempló con perplejidad, sin saber siquiera qué pensar. Tenía que contestar algo, lo que sea, él esperaba una respuesta y ella se sentía más incomoda a cada segundo.

—No debería pasar más tiempo contigo.— balbuceó, sin darse cuenta que jugueteaba con su koala entre los dedos—. Pero... lo pensaré.

—¡¿En serio?! ¡gracias!

—No te emociones.— lo silenció—... Tú no vas a dejarme ¿cierto? Tú no te aburrirás de mí... ¿verdad?

—¿Por qué lo haría?— dijo con voz calmada, pensativo—. Un amigo que deja a otro no es un amigo de verdad...

—... Sí, supongo.

Estaba mal pero... se sentía tan bien pasar tiempo con alguien que no va a traicionar después. Quizá sólo por eso sintió la terrible necesidad de aceptar pasar tiempo con él. Y aún así sabía que estaba haciendo mal, después de todo, ¿que no está engañando a todos por igual?


Si se preguntan qué quería Cebolla con Peridot, pues sólo quería jugar con ella :3

en fin, la caricatura entró en hiatus y... creo que haré lo mismo con mi fic. Tengo otros fics qué continuar, además, como ya les he mencionado, debo replantearme el argumento de este fic, estoy segura de lo que quiero escribir pero... ¿hasta dónde quiero llegar? Todos mis fics son tan oscuros, ¿realmente quiero hacer lo mismo con este fic?
Como sea, debo marcar una gran diferencia entre mi fic y el original. En la serie están con todo ese rollo del Cluster, yo no creo mostrar demasiado al respecto. Antes de que se revelara en la serie, cuando comencé a escribir el fic, yo tenía una idea errada sobre el Cluster, no pensé en él cuando empecé, lo lógico sería no agregar toda esa trama. Creo que tengo mis métodos para hacer mi propio argumento al margen de esto.

Sé que muchos de ustedes quieren romance, quieren ver a Lapis y quieren ver a Peridot pequeñita jeje... Mi respuesta es que tendrán que esperar un poquito.

¿reviews?