Ruta de Sangre VI

Del Rojo al Negro

Mi amo, deseo ser suya, se lo suplico - ya lo había anunciado, volví hasta ella y la tomé del cabello - ¿Cuándo lo deseas? – Acerqué mi rostro lo más que pude al suyo – Más que a la sangre que he bebido de tus venas.

Sólo él se había convertido en mi más oscuro deseo, oscuro e incontrolable… Esperé pacientemente que aprendiera lo que era ser un vampiro sediento de sangre, pero de la forma más elegante posible y ahora, el que se suponía debía estar para mí… Hacía que yo estuviera para él – Te confieso, que esperaba este momento desde que te vi en la celda – Me tenía de rodillas frente a él, me acariciaba lentamente el cabello y deslizaba los dedos en mi rostro, para acabar tocando mis labios. Deseaba perder el control sobre mis actos racionales y lanzarme como fiera en celo a su cuerpo, pero sabía que cualquier movimiento en falso y terminaría siendo la victima de sus más bajos deseos. Me levantó de un lirón, con su brazo me laceó, quedando su anatomía bien marcada entre mis piernas y su fría respiración cerca de mi boca, era un juguete, su juguete – Esta noche puedes salir embarazada – rió de medio lado y me lanzó a la cama, fue entonces que cometí un grave error, con mis brazos atrapé su cuello, de un arrebato, mis manos terminaron atadas sobre mi cabeza, quedando mi pecho expuesto a sus caprichos. Su lengua redondeó mi pezón izquierdo, y con ello se volvieron duros y excitados – Única advertencia, señora Grandchester, usted desde hoy es mía – El eco de sus palabras se mantendría ahí durante años, de eso no me cabía la menor duda – No dejaré que me manipules, aprendiz – el sólo sonrió y calmó su pasión – Bien Mi Lady, que descanse, sé que no tendrá muy buenas noches – lo primero fue sorpresa y lo segundo rabia – Vuelve aquí ¡Terrence!.

Luego de su grito, fue un silencio sepulcral, tengo que ser sincero al decir que en primera instancia, me desagradaban sus métodos, luego de haber aprendido los menesteres de un señor de la noche, puedo decir que ya me agrada esta vida. No niego que ella me está volviendo loco de deseo, pero tampoco niego que si esta vez quiero ser el ganador, no me tengo que confiar de ella y que mejor forma que llegar a controlarla – Una copa no me vendría mal, mas sabiendo que ella estará ahogando su rabia – Me senté al lado de la ventana, aun la luna era estupenda y entre el silencio de la noche, a mi lado se encontraba una nueva amiga – Dime Annie ¿Qué necesitas? – su cara intentó disimular la sorpresa, tras una máscara de lujuria – Sabes Terrence, Candy es la mejor, no hay duda, ha sido mi deseo desde hace mucho, pero tú no estás para nada de mal – Dijo rozando mi pecho con sus manos – Dime la verdad, no viniste a conseguir sexo – ella sonrió y bebio de mi copa – es verdad, solo te vine a hacer una advertencia, tú y Candice tienen un amigo o enemigo en común, ella no quiso escucharme y bueno aquí estoy con mi nuevo juguete, se vienen tiempos de engaños y muerte – Nuevamente las sombras se llenaron de soledad y yo quedé observando la luna.

Los niños de la casa de los Grandchester, eran los encargados de llevar la comida a sus amos, durante el día incitaban a damas y caballeros, para "trabajar" en la gran casona, servían por un par de días o semanas, según cuan apetitosa fuera la sangre o el aroma de la misma, luego la excusa, era que se habían ido después de robar o que simplemente encontraron un mejor trabajo a tres continentes del nuestro – Vamos querida, no podríamos dar una excusa más ¿elaborada? – ella volteó con rabia en su mirada – No responderé a tus provocaciones, estaré en la habitación, dile a Patricia que me lleve la cena – A veces su sonrisa ladeada era aterrorizante, sólo por eso ya sentía que la amaba – Dicen las malas lenguas – la oji-verde interrumpió – dirás las lenguas de Annie – no quiso pelear así que sólo asintió – eso da lo mismo, sólo me preguntaba quién podría odiarte tanto a ti, como a mí – Cuando terminó de formular la pregunta ya estaba solo – esta es nuestra noche Candice… Esta es.

Así que se vienen tiempos de engaños – Candy impidió la salida de Annie de la estancia – Ya te lo había advertido, él es tu perdición – cruzó su cabeza con la de ella – Tu y ella son mi maldita perdición, te salvé la vida y te ayude a la venganza contra aquel asqueroso hombre, que abusó de ti, ahora déjame en paz y vuelve con tu nuevo amante – Annie, llevada por el fuego que consumía sus venas, deslizó su mano, por el rostro de la rubia, pasó sus dedos por sus labios – No te preocupes te dejaré en paz, esta noche partiré con mi amante de turno – la morena acercó su rostros y pasó su lengua por los labios de Candy y luego la besó, con tal fulgor, que la rubia quedó sin aliento – Hasta pronto – y la morena se desvaneció en la noche.

Archival, se mostraba pensativo, habían salido aquella noche de la casa de los Grandchester casi a media noche, debían encontrar pronto un lugar - ¿Qué ha pasado entre tú y ella? – Annie con la cara llena de risa respondió – nada, solo una discusión entre viejas "amigas" – el joven castaño movía su cabeza negando – No querrás decir entre viejas amantes – la morena sólo negó – Candy es mi creadora, así como es la de Terrence y yo la tuya, ella me rescato mi noche de bodas, tras la violación de mi "querido marido", era una bestia bruta, sólo deseaba de mi sexo, así que la noche de bodas, cuando yo me negué a ser su mujer, sacó de la habitación a mis damas de compañía, me golpeo y ultrajó a su gusto, en un momento de rabia, me tiró al suelo y el atizador se incrustó en mi vientre, no hizo nada para ayudarme, solo me dejo desangrar en la habitación y prohibió que entraran a auxiliarme, supongo que Candy atraída con el olor de la sangre vino a mí, al verme en el estado que me encontraba, me ofreció esta vida, yo acepté… Pero lo que ella nunca supo de mi… Fue que yo la amaba, me dejó libre y me alejó de su lado – Fue cuando Annie sintió un frio abrazo por parte del castaño – No se preocupe mi dueña, yo me encargaré de llenar su vacío.

Aun en sus labios se encontrada el sabor de su creación – Sabía desde un comienzo que esta mujer me volvería loca – hablaba sola entre las cuatro paredes que retenían su furia. Un golpe en la puerta la hizo salir de sus cavilaciones – Mi ama, su cena – Era una mujer de largos cabellos, delgada y de ojos claros – Gracias Paty, retírate – la mujer chillaba – Mi señora por favor perdóneme la vida – la rubia preparó su copa y se acercó a la mujer, acomodando su cabello – eres bella, pero sabes querida… No me gusta charlar con mi comida – tomó su cabello agachándola frente a la copa, se dispuso a cortar su cuello y así dejar fluir la tibia sangre dentro del cristal – querida no me parece que cenes sola y encerrada en tu habitación – la rubia resoplo y se detuvo – me podrías dejar por lo menos cenar en paz – la mujer temblaba de miedo y ella lo percibía, le gustaba esa sensación en sus víctimas – Mi señor por favor clemencia – él se acercó la levantó y dejo caer su ropa – ella me agrada podría jugar antes de comerla – Candy envió una mirada furtiva a su creación – si te apetece, hazlo – la rubia miraba de reojo, mientras que el, tocaba las caderas de su esclava, tenía una piel pálida, comenzó lentamente a besar su cuello – Amada mía, el orgullo no te llevará a ninguna parte – Candy miraba serio – No te niego que mi cuerpo pide a gritos, que el tuyo lo posea, pero no me rebajaré a ser parte de un juego donde mi cena esté involucrada – Terrence lamió el cuello de la mujer y roso su entre piernas, luego la dejó – Es más gustoso hacerlo así – observó a la mujer, que se comenzó a mover sola – no por favor, no quiero hacer esto – la mujer suplicaba mientras que tomó un par de copas y luego cortó sus venas con una herida pequeña, justa para que un hilo diminuto corriera en cada copa – tengo que reconocer que le das un toque especial a nuestras cenas – El castaño le sonrió y la llevo cerca de la cama – no es delicioso, ver como se sacrifican por nosotros, mientras que suplican por sus vidas.

El cuarto daba un aspecto mágico, las velas que daban media luz, la mujer desnuda a los pies de la cama, que vertía lentamente su sangre en las copas y ella nuevamente arrodillada ante el – disfrutaste de su beso – fue la escuálida pregunta del hombre – no te podría responder – él indico que sacase su ropa y dejara caer, ella lo hizo y mostró sus senos, él sacó el broche de su cabello y lo dejó caer como cascadas – de pie, esclava mía – la rubia no apeló a su actual condición y sólo siguió con sigilo las indicaciones de su criatura. Sus ojos se cruzaron, mientras ella intentó comenzar con la ropa de su compañero – Desde esta noche yo seré tu dueño, mi muñeca de cristal – comenzó besando el cuello y resbalando sus manos inquietas en la cintura de la rubia – Desde esta noche, te sumergirás en mis más profundos deseos y desde hoy solo yo te poseeré Candice… - sus manos habían sido cautivas por la diestra del, ahora estaba inmóviles mientras que su siniestra se introducía entre sus piernas e invadiendo lo único cálido que a ella como vampira le quedaba, sus dedos entraban y salían, provocando en ella un éxtasis que crecía a medida que el ritmo aumentaba – Me vuelves loco – la abrazó con fuerzas apretándola a su cuerpo, ella nuevamente sintió aquel bulto entre sus piernas, que luchaba por salir. Hasta ahora ella no podía hacer nada sin la venia de su dueño, pero se arriesgó a dar vuelta la situación, lo atrajo a la cama, luego que el sacó prolijamente su camisa, ella perdió la razón al ver sus formados y perfectos pectorales, se montó a horcajadas y beso sus labios – Me corresponde satisfacer a mi dueño – comenzó pasando la lengua sobre sus labios y besando cada rincón desde su cuello, pasando por su pecho y dominando su pelvis, de un tirón saco sus pantalones y se aventuró a probar el miembro erecto de su señor, lamió, degustó y de un tirón le fue arrebatado el placer de sentir entre sus manos aquel pedazo de lujuria – Aquí, seré yo el que juegue, no usted – la volteó y abrió sus piernas, para pasar lengua en sus labios vaginales – que delicia… Sabes que deseo más que a todo… - ella obvio por algunos momentos su pregunta, se encontraba distraída, sintiendo el placer que le daba la boca de compañero – No lo sé – De una sola envestida, entró en ella, haciendo que la rubia diera un grito de genuino dolor – Que te sometas a mí – el miembro hinchado por el placer que le provocaba sentirse en el interior de la Oji-verde, hacía que la envistiera con toda la fuerza que él podía, ella comenzó a suplicar que acabase con la agonía, él reía mientras maquinaba el siguiente paso de placer, con la misma ímpetu que entro en ella, salió para volver a rozar su intimidad – Candy… Una vez más beberé de tu sangre – y fue así que mordió su hombre y volvió a su labor, entraba y salía de ella, él gemía con el contacto de su intimidad, era un vil infierno el que rodeaba sus cuerpos, acabaron a tiempo, mientras la mujer había terminado de vaciar su sangre en las copas, para caer al suelo inerte y con los ojos abiertos.

Gracias por leer. ^.^

By Anngel