Esta es una traducción autorizada de Healer Mione de TheMalfoys.
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Hermione se calmó por un momento, apenas pudiendo esconder la sorpresa de ver a Scorpius.
Ni siquiera se dio cuenta de que Scorpius se apartó de los brazos de Adrian para correr hasta ella.
-¡Sanadora Mione! ¡Sanadora Mione! – escuchando su nombre, Hermione salió de su aturdimiento y se puso de pie, aun insegura de qué hacer. Un momento después sintió unos pequeños bracitos envolverse alrededor de sus rodillas. Pudo sentir, mas que escuchar, las risitas que soltaba Scorpius. Ella lo miró y sonrió.
-Hola, Dragón.
-¡Sanadora Mione! – Scorpius chilló Scorpius con deleite.
Con un rápido movimiento, levantó Scorpius en sus brazos y lo acercó mucho a ella, disfrutando su esencia familiar. Siempre pensó que había olido su esencia anteriormente, solo que no podía identificar a que era que olía exactamente. Tomó otra respiración profunda, disfrutando su esencia reconfortante, acariciándolo.
Scorpius soltó otra risita, sin molestarse en contener su alegría.
-¡Sanadora Mione! – dijo suavemente el niño, murmurando su nombre como una plegaria. Hermione sonrió ante la dulzura de Scorpius. Apretó sus brazos alrededor del niño y miró a Adrian.
-Gracias por traerlo hasta aquí. – Adrian se rascó detrás del cuello-un habito que tenia cuando estaba nervioso y Hermione había descubierto a través de los años.
-Uh…bueno, no podía simplemente dejarlo allí. – respondió, un ligero rosado cubriendo sus mejillas. Se quedó allí de pie por un momento, cambiando de su peso de un pie a otro, como si tuviera algo mas que decir. Abrió la boca y luego la cerró rápidamente. – Bueno, te veo luego Hermione. Estoy segura de que estarás ocupada por el momento.
-¿Huh? ¿Qué? ¡No! Estoy en mi receso. – respondió Hermione. – Estoy segura de que puedo ayudarte en lo que sea.
-No, esta bien, puedo ver que tus manos están llenas ahora mismo. – encaró una ceja en su dirección. Hermione se sonrojó.
Esto llevaba pasando algunos meses, su sutil…coqueteo. Uno de ellos se mantenía callado mientras el otro ofrecía ayuda. Hermione no podía negar que era un poco tierno, cuando lo mirabas en perspectiva.
Adrian le dedicó un guiño, que envió a Hermione a sufrir un ataque de risa.
Ella sacudió la cabeza suavemente mientras Adrian cerraba la puerta tras él, dándoles a Hermione y Scorpius un poco de privacidad.
Hermione observó al infante en sus brazos y sonrió.
- Bien, bien, bien, ¿a quién tenemos aquí? – Scorpius soltó una risita y enterró su rostro entre los rizos de Hermione. Hermione lo sentó cerca de la mesa, desenredando sus brazos de alrededor del chico.
- ¿Qué haces aquí, Dragón? – preguntó, realmente curiosa de porque Scorpius estaba allí. Quizá Draco… susurró su subconsciente
Hermione se golpeó mentalmente por tener esa idea, desechando cualquier pensamiento de Draco.
- Vine a ver a mi sanadora Mione. – respondió Scorpius orgulloso, como si su respuesta fuera obvia.
- Oh. – murmuró Hermione. Su cabeza giro de izquierda a derecha, como si estuviera buscando a Draco.
Seguramente él no dejaría a su propio hijo (sangre pura, cabe decir) correr por los pasillos infectados de San Mungo. Mucho menos en compañía de sangre sucias.
- ¿Dónde está, eh…tu padre?
- ¿Padre? Él no está aquí. Vine yo solo. – respondió orgulloso de si mismo. Los ojos de Hermione se ensancharon. Oh, oh, murmuró su subconsciente. Esto se iba a poner feo.
/…/
N/T:
¡Hola! Estoy muy feliz de poder traerles una nueva travesura del pequeño Scorp. Realmente no hay mucho para decir, salvo que, MUCHAS GRACIAS por el apoyo que le han dado a la historia. Siempre lo digo, pero son un amor.
Beso y abrazo desde Puerto Rico,
Nat.
