Creía que en cualquier momento sus pulmones se quemarían, podía jurar que escuchaba el crepitar de las llamas dentro de ellos, tenía la garganta completamente reseca como conscecuencia se haber respirado mal todo el trayecto que corrió y sus piernas se sentían como si fueran hechas de gelatina. Casi no tenía fuerzas al correr la puerta corrediza del salón de clases.
Sintió como más de dieciséis pares de ojos se clavaban en él, escuchó un par de cuchicheos por el fondo y le dedicó una sonrisa apenada al profesor de Lengua Extranjera. Sin embargo, este no lo dejó avanzar hasta su pupitre, castigándolo por haber llegado tarde. Al parecer, De la Iglesia era el típico docente de aspecto dulce pero que no dudaba a la hora de imponer algún castigo.
—¡Pero han sido sólo diez minutos! —protestó, quitándose el cabello del rostro, exasperado.
—Si no te molestó haber perdido diez minutos de clase, tampoco te molestará perder dos horas más. ¿Cierto? —preguntó, sonriéndole como si lo que le planteaba no fuera algo completamente descabellado. Victor, tras poner los ojos en blanco, retrocedió un par de pasos y cerró con bronca la puerta del salón.
El castigo consistía en quedarse las dos horas de clase parado en el pasillo sin hacer absolutamente nada. Si Leo lo encontraba en cualquier otra parte del edificio, lo castigaría el doble y hasta hablaría con el tutor. Se apoyó contra la ventana, haciéndole burla al profesor con una voz más aguda de la normal y protestó en voz baja durante más de quince minutos. De haber sabido que eso sucedería, se decía a si mismo que hubiera vuelto a dormir abrazado a Vicchan durante toda la mañana...
Haber arrancado de esa forma el segundo mes de clases le ponía los bellos de punta. Una semana atrás, se había enterado que había pasado los exámenes diagnósticos con más del noventa por ciento y esperaba que su tutor lo felicitara por semejante hazaña pero al parecer, Katsuki tenía mejores cosas por las cuales preocuparse. Sentado en las frías baldosas del suelo del pasillo recordaba lo decepcionado que se había sentido y pensaba en lo frustrado que estaba en ese mismo momento.
No tenía noción del tiempo ya que no solía usar reloj de pulsera y tampoco tenía su teléfono celular con él. Pensó en golpear la puerta sólo para preguntar qué hora era y hasta en escaparse sigilosamente hasta el comedor para espiar el gran reloj digital que descansaba contra la pared principal; pero ninguno de sus planes hizo falta...
—¿Victor?
Si hubiera sentido el aliento de un monstruo no hubiera volteado a ver tan desesperadamente. De eso estaba cien por ciento seguro. Había buscado el origen de esa voz con un moviemiento exagerado de su cabeza, aún sentado contra la pared y con sus piernas entrelazadas. Apoyó la palma de su mano derecha sobre el frio suelo para estabilizarse ya que se había mareado por tan brusco movimiento, porque cuando se trataba de Yuuri, Victor se volvía más atolondrado de lo normal, quedaba en evidencia con facilidad y actuaba impulsivamente.
—Katsuki-sensei —murmuró, como si con la punta de su lengua acariciara cada sílaba que pronunciaba.
—¿Se puede saber qué has hecho para estar fuera del aula a estas horas? —preguntó entrecruzándose de brazos tras acomodar sus gafas sobre el puente de su nariz como solía hacer siempre. Victor tardó unos segundos en procesar una respuesta y en recordar qué era lo que lo había llevado a tal lugar. Estaba perdido como siempre en los rasgos delicados de su profesor, en lo rosado de sus labios, en lo profundo del café de sus ojos. ¿Qué se sentiría ser visto con deseo por esos ojos? ¿Qué se sentiría ser besado con lujuria por esos labios? —¿Victor? ¿Tan grave fue que no puedes hablarlo con tu tutor? —insistió el profesor, por lo que el ruso tras luchar contra lo más bajo de sus instintos, logró dejar esos pensamientos de lado y se concentró en mantener una conversación decente con el mayor, ya que se decía a si mismo que nunca se encontraría nuevamente en esa situación.
—Oh, no, no fue nada grave —le quitó importancia al asunto, sonriéndole desde abajo, entrecerrando sus ojos y meneando su cabello enmarañado hacia un costado. —Sólo llegué diez minutos tarde y al profesor De la Iglesia parece que no le gustó nada —agregó haciendo un gesto lastimero, dejando que su labio inferior sobresaliera.
Katsuki tragó saliva con fuerza al verlo hacer esa mueca. Algo dentro de él se había removido, una chispa se había encendido y sólo quería apagarla, por lo que fijó su vista en el amplio campo de deportes que se veía por el ventanal. No podía darle el lujo a Victor de instalarse en su mente como lo había hecho tiempo atrás...
—No te fies de su sonrisa. Es muy estricto —murmuró, acercándose aún más al ventanal para no tener al ruso en su campo visual. —¿Por cuánto tiempo más debes estar aquí?
—Hasta que termine la clase en un rato —se encogió de hombros antes de ponerse de pie, sosteniéndose deliberadamente del brazo derecho de su profesor —¡Lo siento! No podía hacerlo sin sostenerme —se justificó, explicándole luego lo mucho que había corrido esa mañana para no lograr su cometido. Pudo ver una sonrisa fugaz en el rostro de su profesor al escucharlo relatar sus pericipecias y sintió que el corazón le daba un vuelco. —¿Le parece divertida mi tragedia, sensei? —preguntó fingiendo indignación.
—No, claro que no —dejó salir una pequeña risita mientras veía de reojo a su alumno exagerar sus movimientos. Era extraño sentirse tan bien con tan singular compañía pero no podía negarse. Su lado más egoísta quería mantener a Victor relativamente cerca suyo para sentirse de esa manera siempre que pudiera...
—¿Tenía un período libre? —preguntó, buscando conversación y a Yuuri le pareció adorable la forma en que buscaba demostrar interés en su interlocutor. Actúa de la misma manera con todo el mundo, es bastante abnegado y no puede estar un minuto sin interesarse en alguien más, reflexionó el japonés.
—Así es. El próximo período debo trabajar con los de primero y luego con ustedes, mi mejor clase —sonrió genuinamente mientras apoyaba su mano en esos cabellos plateados revueltos.
Victor estaba demasiado perdido en el curso de los hechos que no fue consciente de la presencia de otro mayor detrás de Yuuri hasta que escuchó como un sonido de asombro salía de sus finos labios. Los observó con una mirada que sería capaz de exterminar a todo un ejército al notar que las manos del otro mayor estaban en el trasero de su profesor.
—¡Chris! —gruñó Katsuki, apartando al rubio que estaba aprovechándose del descuido en su retaguardia. El aludido sólo sonrió de una forma que a Victor le resultó demasiado asquerosa y se retiró tirándole un beso con su mano. Sin decir nada al respecto, el ruso se alejó de su profesor para dirigirse al salón de clases ya que el primer período había finalizado. Por su parte, Katsuki quería pegarle a Chris por haber espantado a su alumno antes de poder felicitarlo por sus excelentes notas... Habrá tiempo luego, pensó mientras metía sus manos en los bolsillos de su saco y caminaba con parsimonia por los pasillos.
Tras finalizar la clase de Historia y haber quedado prácticamente desolada el aula ya que la última clase era Educación Física, Victor decidió acercarse a Yuuri para hacerle un par de preguntas sobre el tema que estaban tratando. Esa vez, tenía dudas reales y esperaba no sólo pasar un tiempo con él, sino que estas también fueran resueltas.
—Alguien con calificaciones como las tuyas no puede venir a hacerme este tipo de preguntas —masculló el superior, alzando una ceja frente a las inquietudes que el joven ruso le exponía.
—Así que... —se cruzó de brazos buscando reprimir la ira que comenzaba a tomar forma en su interior. Las imagenes de las primeras horas de la mañana aún estaban grabadas a fuego en su mente por lo que no podía pensar con claridad. Todo lo que hiciera o dijera Yuuri en esos momentos seria suficiente para enervarlo. Puso los ojos en blanco y luego miró con demasiada soberbia a su docente —Quiere decir que sólo por haber aprobado con más del noventa por ciento casi todos los exámenes diágonosticos, —hizo hincapié en la palabra diagnóstico y siguió hablando— no puedo tener dudas sobre los temas nuevos que estamos trabajando, temas que en mi vida vi...
—Al parecer no tienes problemas en entender lo que digo —refutó Yuuri, cansándose de la pedantería del ruso —por lo que quiero creer que no deberías tener ningún problema en absoluto a la hora de entender los temas que están trabajando en clase —finalizó, juntando su papelerio frente a él.
—Perfecto. Para tener dudas tienes que ser un bruto, qué buena lógica la suya —farfulló Victor, girando sobre su eje para dirigirse a la puerta de salida, arrastrando su bolso por el suelo hasta el gimnasio, maldiciendo en ruso tanto a Katsuki, el profesor acosador y a si mismo por pensar que la solución a sus problemas seria desaprobar el resto de los exámenes...
