Capítulo 6: La Maldición del Sueño
Rose telefoneó a Hood a eso de las 23. Algo le decía que las cosas con Regina no iban bien, por lo cual él la atendería. Robin no solía atender el teléfono pasadas las 20 hs, y menos si se trataba de una mujer, para evitar habladurías. Sin embargo, esta vez atendió.
Robin: Espero que sea importante Rose, sabes que no atiendo a estas horas.
Rose: Intuyo que Regina no está y, aunque estuviera, dudo mucho que te fuera a hacer un planteo por esto.
Robin: Bien. Sé clara. ¿Qué te pasa?
Rose: A mí nada, me gustaría saber qué ocurre contigo. Sabes que no es momento para comenzar una crisis matrimonial.
Robin: No sé de qué hablas.
Rose: Vamos Hood.
Robin: ¿Regina te ha dicho algo?
Rose: No necesito que lo haga, sola me doy cuenta de todo.
Robin: Bien, hemos tenido una discusión anoche por su ausencia en las pistas al momento de la rueda de prensa con los medios gráficos.
Rose: Ajá… y…
Robin: Y eso.
Rose: ¿Y qué más pasó? No ingiero vidrio, zopenco. Trata de decirme las cosas sin omitir detalles, recuerda que soy tu prensa y tu honor depende de esto.
Robin: Quise forzarla luego a hacer algo que no quería y se enojó.
Rose: ¿Forzarla a qué?
Robin: Tú sabes…
Rose: Oh, no, eres un idiota. ¿Estabas ansioso? ¡Te hubieses pagado una ramera! Ahora deberé pagar por tu negligencia.
Robin: Es mi mujer, ¡merezco una mínima complacencia!
Rose: Mira, tu vida íntima con ella me vale madre, ¿sí? pero no voy a permitir que te arruines la carrera y me arruines. Por lo pronto una mujer sensible es una mujer peligrosa, porque es capaz de hablar movida por sus impulsos y si lo que tiene para decir no es de tu beneficio nos traerá problemas. Te diría que por el momento la dejes tranquila y que, si te pide estar lejos de ti, no la presiones a lo contrario. Por otra parte, ¿Sabes dónde está ella ahora?
Robin: No. No dejó ninguna nota, tiene apagado el teléfono.
Rose: Lo sospeché.
Robin: Y bien, ¿Dónde está, Sherlock?
Rose: Eso no lo sé. Hoy me pidió los papeles de la venta del auto del padre. Quería saber quién lo había comprado. ¿Crees que sospeche algo?
Robin: No, dalo por descartado. A mí también me habló del tema anoche, sólo quería saber a quién había sido vendido, pero intuyo que por cuestiones no resultas con él. De su muerte nada le llama la atención.
Rose: Espero que así sea, no quiero disgustos.
Robin: Yo tampoco los quería y ayer me diste uno bien grande.
Rose: Vamos, no te perjudica en nada. Daré una vuelta por el autódromo y el parque, quizás la encuentre. Ahora necesita del oído de una amiga que la haga largar todo a tiempo.
Robin: Tú no eres su amiga, no puedes ser amiga de nadie.
Rose: No lo soy, pero ella no tiene. O por lo menos, no aquí. Y prefiero ser yo su primer confidente, antes de que alguien más cargue con la primicia. Hablamos.
Por otra parte, en la puerta del taller…
Emma: Bien… -se limpia la boca- ya debo irme. Se hace tarde y mañana tengo la primera prueba del auto para los auspiciantes, si no descanso seré un zombie, y no creo que alguien quiera poner un centavo por una momia al volante.
Regina: -Esboza una sonrisa- Claro. Ve. –Mueve la cabeza, corrigiéndose.- Es decir, Sí, claro, voy. Ya… Un segundo, ya bajo.
Emma: ¡Hey! Espera, no hay tanto apuro. ¿Cómo regresas? Te ofrecería llevarte hasta tu casa en el auto antes de guardarlo, pero imagino que puede ser mal interpretado así que pensaba guardarlo ahora, pero si quieres puedes llamar a un taxi y esperarlo adentro. Mientras yo pondré las alarmas y cerraré todo.
Regina: No, gracias. No es por ser descortés, pero aún no pensaba volver a casa. No esta noche. Al menos por ahora. Necesito pensar un poco, ¿sabes? Y no creo que Robin fuese a malinterpretar que me llevases a casa. Creo que podría confundir el coche con un taxi viejo tranquilamente, sólo por no prestarle atención.
Emma: Bien, no me refería a Hood de todas formas.
Regina: ¿Por quién entonces? ¿La prensa? Sí, son unos buitres. Viven de la carroña fantasma pero no suelen vigilar la puerta de mi casa. No saben dónde vivimos. Igual es cierto que cualquier observador curioso lo puede interpretar de un modo erróneo
Emma: - Destraba las puertas, sin mirarla.- Sin ir más lejos, tú puedes hacerlo.
Regina se quedó en silencio mientras Emma entró el coche. Luego bajó y se quedó mirando el VW, nostálgica. Emma lo notó al rato, cuando estaba ya por cerrar el taller mecánico. "Mira, si quieres… puedes pasar la noche aquí. En el auto. Te puedo dejar las llaves y no colocaré la alarma. Eso sí, encuentro una sola avería en mi Chevrolet mañana y considérate mujer muerta."
La morena quedó muda un instante, por lo que Swan prosiguió: "Seré la primera en la mañana al venir al taller. No puedo dejarte las llaves de éste porque sería un acto muy riesgoso de mi parte, Gina. Entiende, pero sí puedo garantizarte que te despertaré y podrás irte antes que nadie te vea.¡Ah! y hay un reproductor de DVD portátil en el baúl. A mí también me gusta pasar tiempo aquí, puedes mirar una película si lo deseas. Creo que está puesta 'I Can't Think Straight' en el reproductor pero hay algunas más en la guantera."
Mills aceptó. Era una oportunidad irrechazable. Pasar una noche a solas con su pasado, con los últimos vestigios que quedaban de su padre. Fue ella quien apagó las luces del lugar y luego se recostó en los dos asientos delanteros del coche, con el freno de manos puesto y un pequeño almohadón que encontró en el taller para no destrozar sus vértebras lumbares con la palanca de cambios en punto muerto. Revisó ya en forma detenida la guantera, debajo de los asientos y el baúl. Todo estaba prácticamente igual que la última vez que lo había visto. Las mecánicas de Swan se habían asegurado de conservar incluso el más mínimo detalle, al punto de que el matafuegos que estaba debajo del asiento del acompañante era de la misma marca que el que solía comprar Henry. Lo único que notó diferente era el olor. Olía a cheddar. Seguramente era costumbre de la corredora cenar allí sándwiches y diversos tipos de comidas rápidas. La rubia había sido amable en ofrecerle su reproductor de DVD para pasar el rato, pero en una noche que prometía ser insómnica la atacó la somnolencia y en menos de una hora estaba dormida.
Rose no la encontró, pero estuvo a punto de cruzársela, pues llegó al Asheville-Wearville Speedway unos minutos después de que la dupla de aficionadas a las carreras abandonara el lugar. Debió regresar a su casa, furiosa. Esa noche fumó dos paquetes de Marlboro y lo que quedaba de un pack de Camel Wides Menthol que algún amante ocasional había dejado en su recámara. No le gustaban los cigarrillos suaves, y menos saborizados. Creía que eran para flojitos, para aquellos que desean fumar pero no se bancan hacerlo. Sin embargo, los locales habían cerrado, era tarde y la ansiedad era más fuerte que sus convicciones tabaquísticas.
Por la mañana, efectivamente fue Swan quien la despertó. Si bien la luz del alba se filtró por todas las ventanas altas del taller, el agobio de Regina no permitió que la perturbase en su sueño. Al verla dormida, Emma se enterneció. Su pelo estaba algo revuelto, pero el rouge se encontraba intacto. Rojo como la sangre, contrastando con el negro de su atuendo. Pensó en hacerle un chiste, despertarla con algún repuesto de bocina que tenía en el sitio o activando la alarma del auto, pero al acercarse, notó que una sombra negra cubría sus párpados inferiores. Posiblemente había llorado durante la noche y eso había humedecido sus pestañas, haciendo que se le corra mínimamente el maquillaje.
Emma: -Mete el brazo por la ventanilla del acompañante y le acaricia la mejila- Vamos… arriba remolona, ya es de día… -No consigue despertarla- Ay, vamos Regina, que pronto van a llegar mis mecánicas y me voy a tener que ir al autódromo… Ya veo que te encuentran acá y no quiero exponerte. –Gina sigue sin despertar- Ugh, no lo puedo creer. ¿Te echaron la maldición del sueño? Espero que aunque sea sueñes conmigo entre las llamas. –Se cansa.- Ni modo. –Abre la puerta del acompañante y comienza a zarandearla levemente. Luego, con mayor intensidad-. Uf. En fin, todos sabemos cómo se quita el encantamiento. Disculpe Madame, es deber de una salvadora quitar el hechizo. –Divertida, se acerca y hace trompita. Se mezclan sus respiraciones y nota que Regina pestañea. Se asusta y retrocede, dando su cabeza contra el espejo del centro- ¡Oiiiiighhh! –Se toca la cabeza.-
Regina: -Se incorpora- ¡¿Qué se supone que estás haciendo?!
Emma: -Algo dolorida- Uh, bueno, hola que tal, buen día, ¿Cómo pasaste la noche? –Irónica- Que yo sepa no dormimos juntas. ¿Qué hacía? ¡Trataba de despertarte! Creo que contigo ni una comparsa lo conseguiría. Te estuve tambaleando como 10 minutos y me hablas así. Tendría que haberte despertado a bocinazos.
Regina: Disculpa, tienes razón, es que me asustaste. ¿Llegó alguien?
Emma: -Sale del auto- Aún no. Puedes correr sin riesgos, trovadora.
Regina: Okay. –Toma su cartera y sale también.- ¿Puedo pasar al baño?
Emma: Oye, hiciste lo que quisiste en mi taller toda la noche. No hagas preguntas idiotas. Ve, anda. Yo voy a revisar el auto así ya tengo una lista de cuestiones para consultarle a las chicas cuando vengan.
Regina: ¡No hice nada!
Emma: No tienes cómo probarlo. Vamos, ve. Yo regreso en un momento. Ah, una cosa, en el baño no hay luz –Regina hace un gesto de indignación.- Es que se quemó ayer la bombilla y nos quedamos sin lamparitas. El almacén abre a las 10, por lo que hasta ese horario uno debe aventurarse a realizar sus necesidades bajo la penumbra. –Se ríe.- Puedes usar la linternita de tu teléfono que tan bien aprovechaste anoche…
La dama de negro salió del baño algo frustrada, pero por lo menos alcanzó a arreglar su cara y peinarse un poco de frente. Se despidió y, al notar que una pareja de mujeres venía por la mano derecha de la calle apresuró el paso en sentido contrario.
Al caminar por la avenida se cruzó con Tinkerbell, quien se dirigía al autódromo.
Rose: ¡Regina! –La detiene- Traté de ubicarte anoche en el celular pero no pude. Tampoco en tu casa, ¿dónde haz estado?
Regina: Tink, Hola, buen día. Eh, por ahí. Necesité airearme un poco.
Rose: ¿Te encuentras bien?
Regina: Claro.
Rose: Tienes migas en el pelo.
Regina: ¿¡Qué!? –Se toca el pelo por atrás, y al tacto quita unas migas de pan- Ogh, Emma.
Rose: ¿Disculpa?
Regina: No, nada. Seguro alguien había comido un emparedado en el taxi que me llevó a la confitería para desayunar y se me quedaron en el pelo.
Rose: Es posible, pero, digo, ¿no? ¿Quién podría comer en un auto? ¡Qué falta de higiene!
Regina: -Baja la vista- Sí, hay de todo. Bueno Rose, te veo. Tengo que ir a hacer unos trámites temprano.
Rose: Bien, ve pero dime: ¿De verdad te encuentras bien?
Regina: Sí, despreocúpate.
Rose: Bien, puede que no seamos amiga, pero ten presente que si necesitas un hombro o un oído, estoy.
Regina: Gracias Tink, me ace bien escuchar eso. Hablamos.
Rose: De verdad te digo. Por más que sea la agente de tu marido, nos conocemos hace años puedes confiar.
Regina: Lo sé, él te valora mucho.
Rose: Más allá de eso. Sé que él también hace de las suyas. Sé separar. ¿Me entiendes? Puedes decirme lo que quieras y estaré para aconsejarte si lo requieres.
Regina: Gracias, en serio. Ya que estamos en confianza ¿puedo preguntarte algo?
Rose: Claro
Regina: ¿Dónde desayunaste? Para no ir seguido allí. Juraría que te bañaste esta mañana pero hueles a cigarrillo como nunca, seguro el ambiente estaba muy ocioso.
Rose: -Cambia a un gesto más serio- El ambiente, sí… en Luby's. No suele haber muchos fumadores, pero hoy fue el seleccionado de ajedrecistas a desayunar allí y ya sabes, son personas muy ansiosas.
Regina: ¿Los ajedrecistas? Yo diría que son más bien pacientes, tranquilos.
Rose: Que sean estrategas y mediten mucho sus movimientos no significa que no sean ansiosos.
Regina: Oh, si tú dices… Bien, nos vemos Rose. Suerte hoy.
Al llegar, las mecánicas pusieron en funcionamiento el taller y respondieron todas las preguntas de Emma. Lu aún tenía pendiente la charla con su amiga, pero ya iba a haber tiempo. Quizás podía darse ese mismo día a la tarde, luego de la prueba en las pistas.
Diani fue en busca del equipo de piloto de Swan para ayudar a la corredora a prepararse pero se llevó una sorpresa.
Diana: ¡Swaaaaaaaaan!
Emma: ¿Qué pasa?
Diana: ¿Qué pasa? ¿Es en serio? Con Lu llevamos el equipo a la tintorería y acondicionamos el casco para que estuviera en perfectas condiciones para hoy y está lleno de migas y manchas de mayonesa. ¿Qué se supone que estuviste haciendo con esto? –Con el casco en la mano-.
Emma: ¿Mayonesa? ¡Si no comí con el casco puesto!
Diana: Seguramente apoyaste un sándwich sobre éste.
Emma: Ah, puede ser.
Diana: ¿Puede ser? Dios, tengo que matarte. Nos deslomamos para que todo esté perfecto y tú parece que hicieras un postgrado en arruinarlo. ¡Qué bronca, loco!
Emma: Ay, vamos, son unas miguitas nada más, no pasa nada. –Sacude el casco y pasa una servilleta sobre la mancha- Sacudón, y adentro. –Se pone el casco- ¿Ves? No era tan terrible. La mancha ni se ve. Calma tu obsesión, Miss Drama.
Luciana: Emi, ¿Dónde estuviste anoche?
Emma: ¿Por?
Luciana: El otro traje también tiene migas, pero sólo en la espalda. El casco no tiene nada, salvo que huele a DKNY Red Delicious de Donna Karan.
Diana: ¿Y eso que es?
Luciana: Un perfume con forma de manzanita que sale bastante caro.
Emma: A ver, déjame olerlo –Le saca el casco e inhala hondo. Diana sospecha y se lo quita de las manos-.
Diana: Mierda. No me digas que estuviste con una mujer aquí. ¡Sucia! ¿Tenías que usar los trajes? ¿Te resultaba una atractiva fantasía? ¡Pues cómprate otros en un sex shop, ni mi mujer ni yo tenemos que estar manipulando tu mugre erótica!
Emma: Espera, estás fantaseando tonterías. No estuve con nadie anoche. Es decir, no del modo que tú piensas. Fui acompañada a correr. Una simple práctica nocturna.
Diana: Claro.
Emma: No tengo por qué mentirte. Piensa lo que quieras.
Luciana: Ya Di, no es nuestro asunto, no es para que te pongas así.
Diana: Es que me molesta que sea tan irresponsable. Siempre hace lo que quiere, ¡actúa como una adolescente y ya tiene 28 años!
Luciana: Ese no es nuestro problema. Relájate. –Emma sube al coche y o saca del taller.- Anda, vamos al autódromo. No te enojes con ella, no es momento. Hoy nos espera un largo, largo día.
Guachas cómo cuesta que firmen, ¡por favor! Jajaja tardé en actualizar porque tuve pocos RW. Mil gracias a los que firman a diario y siguen la historia, son lo más. En cuánto a los otros que leen, ¡También me gustaría conocer su opinión! Si pueden dejen review. ¡A los 10 Review actualizo!
Gracias por leer, ¡Saludos!
