¡Parece que todos os habéis quedado preocupadísimos por lo que le he hecho a Teddy!
Muchas gracias por todos los reviews, realmente animan a seguir con el fic, ¡disfrutad del capítulo!
Y un beso muy grande para todos.
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7. NUEVAS PREOCUPACIONES
Cuando abrió los ojos no sabía dónde estaba.
Lo primero que vio fue que una habitación de techos altos y de piedra, y que estaba rodeado de camas. De hecho, él mismo estaba tumbado en una.
Luego sintió un terrible dolor de cabeza, y una sensación entre la incertidumbre y el pavor lo invadió como un veneno.
Se incorporó de golpe y soltó un grito.
Y estaba a punto de apartar las sábanas con urgencia cuando una mano se posó en su pecho y lo obligó a tumbarse.
Harry Potter estaba a su lado.
A Teddy Lupin se le escapó un suspiro de alivio. Pudo ver que su padrino tenía profundas ojeras, y que tenía un aspecto bastante cansado.
Pero le sonreía.
-¿Dónde estoy? – pregunto Ted.
-En la enfermería – explicó Harry – en la enfermería de Hogwarts. – Miró a su alrededor con la añoranza en los ojos – la de veces que estuve aquí; creo que todos mis cursos en el colegio pasé como mínimo una noche… - se volvió hacia su ahijado, serio de nuevo – me tenías muy preocupado. Nos tenías a todos.
-¿Cuánto tiempo…?
-Dos días, desde la noche que te trajeron.
-La noche que me trajeron... – repitió el chico. Recordaba muy pocas cosas de aquella noche. Frunció el ceño - ¿qué me pasó?
Harry se encogió de hombros.
-Sólo sé lo que me han contado tus amigos: que te despertaste de madrugada gritando, que tenías una especie de… dolor físico, y que luego un profesor te desmayó y te trajo aquí. A mí me llamaron por la mañana, y estoy en el castillo desde entonces. Tus amigos acaban de irse: los ha echado la señora Pomfrey.
Teddy asintió, con el ceño fruncido.
-¿Y te ha dado alguna explicación? Sobre lo que me pasó…
Harry lo miró fijamente.
-Creo que no es un buen momento para contarte nada sobre eso, Ted. Descansa, y en cuanto te den el alta, te lo contaré antes de marcharme, ¿de acuerdo?
Teddy supuso que no valdría de nada discutir, de modo que asintió levemente.
-¿Puedo ver a mis amigos?
-Están en clase, pero si les veo les diré que pasen a verte. – Se levantó – ahora tengo que irme, pero volveré esta tarde. – Sonrió, le revolvió el pelo, y salió de la enfermería.
Pensativo, Ted observó su reflejo en el cristal de la ventana. Al principio sólo se dio cuenta de que había algo que no encajaba. Luego lo vio: su pelo era de color gris. Gris pétreo, sin brillo. Un color triste y apagado, similar al del cemento líquido. Por más que se esforzó y concentró, no logró cambiarlo.
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Harry Potter cruzaba los pasillos de Hogwarts, mirando a su alrededor con cariño. Guardaba un grato recuerdo de aquel lugar que había sido su primer auténtico hogar. Subió las escaleras y acortó por los pasadizos secretos de siempre, que seguían tal y como los recordaba. Al pasar junto a la estatua de una bruja jorobada se paró y pasó su mano por la áspera joroba. Había sido por allí por donde había ido clandestinamente a Hogsmeade; y al principio de aquel túnel había perdido su capa de invisibilidad. En el aula de enfrente Fred y George Weasley le habían dado el Mapa del Merodeador, y en aquel mismo pasillo lo había encontrado el profesor Snape cuando había vuelto de su incursión…
Se volvió. Un chico más o menos de la edad de Teddy estaba ahí de pie, cerca suya, mirándolo con unos ojos negros y aparentemente fríos. Un chico pálido y delgado, muy parecido al que había visto en un pensadero once años atrás. Se observaron durante unos instantes. A Harry aquella escena le resultó vagamente familiar. Sonrió.
-Quería saber cómo está Ted – murmuró el chico.
-Está despierto, puedes ir a verlo si quieres. ¿No deberías estar en clase?
El chico negó con la cabeza.
Luego salió corriendo.
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Poco después de la hora de la comida; Sean y Brian irrumpieron en la enfermería, escandalizando a la señora Pomfrey.
-¡Menos mal que ya te has despertado! – exclamó Sean sentándose en la cama.
-Estábamos preocupados – añadió Brian.
-¡Este chico llevaba dos días inconsciente! ¡Necesita reposo! – exclamó la enfermera.
-¡Sólo somos dos, señora Pomfrey!
-¡La directora y el jefe de su casa no lo aceptarán…!
-El profesor Jarrows nos ha dado permiso para venir a visitarlo – dijo Brian con suavidad.
La señora Pomfrey permaneció en silencio, seguramente pensando que el profesor de transformaciones era tan irresponsable como los chicos. Se dio la vuelta y se marchó de nuevo a su despacho.
-Por lo menos no ha venido el crío alborotador… - la oyeron murmurar.
-¿Y Ethan?
-Lo castigaron cuando lo pillaron usando los Surtidos Saltaclases – informó Sean.
-Creo que tiene que limpiar el suelo de la lechucería sin magia.
-Puag… - por un momento, Ted se imaginó al pobre Ethan de rodillas fregando el suelo siempre sucio de la pajarería.
-¿Qué te pasó? – preguntó Sean.
-No lo sé… - Teddy no quería mentirles a sus amigos, pero tampoco quería inculpar a Francis. – Simplemente fue dolor, sin más. Pero era insoportable – se estremeció al recordarlo.
-¿Y si alguien te echó una maldición Cruciatus?
-No seas burro, Sean. En el dormitorio estábamos nosotros cinco, y ningún alumno de primero es capaz de lanzar una maldición imperdonable…
-Bueno, sea lo que sea, debe de ser grave – comentó Sean – el profesor Jarrows parecía más asustado que nosotros. Te trajo él mismo hasta aquí, y nos prohibió acompañarlo o venir a verte hasta que llegó Harry Potter.
Brian lanzó una mirada silenciadora a su amigo.
-El caso es que estás bien – concluyó el moreno – mientras estabas inconsciente Gryffindor perdió contra Ravenclaw…
Ted sonrió. Agradecía a Brian sus esfuerzos por cambiar de tema. Aún así, no podía dejar de preocuparse.
Veinte minutos después, la señora Pomfrey echó a Sean y Brian, y le dijo a Teddy que tendría que quedarse una noche más.
-Pero si yo ya me encuentro bien…
-Eso creo que lo tendré que decidir yo – lo cortó la enfermera.
Aquella noche, Teddy soñó que se encontraba solo en el vestíbulo de Hogwarts, cuando Leopold Lewis abría la puerta principal y le gritaba que tenía que marcharse del castillo, que no tenía ningún derecho de estar allí. En el sueño, Lewis parecía mucho mayor que Ted, y el chico se sentía completamente indefenso mientras huía de su enemigo, aunque sabía que era inútil, que lo iba a alcanzar…
Se despertó bañado en sudor frío. Miró a su alrededor asustado, pero entonces comprendió que no había sido más que un sueño, y que Lewis no tenía autoridad para expulsarlo de Hogwarts.
Se dio la vuelta y se quedó dormido casi al instante.
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-Ted, despierta.
Abrió los ojos. Era de día, y Harry Potter lo zarandeaba con suavidad.
-Vamos, despierta, tienes que acompañarme, vístete.
-La señora Pomfrey dijo que tenía que darme el alta ella…
-No te preocupes por eso, ahora levántate.
Teddy se incorporó y bostezó. Harry, sentado en su cama, lo destapó y le tendió su ropa y una túnica de Hogwarts. El chico se vistió en silencio, sintiéndose observado por su padrino. Comenzó a sentirse incómodo.
-¿Qué le pasa a tu pelo? – le preguntó Harry.
Teddy se encogió de hombros, y Harry no hizo más preguntas. Cuando se hubo vestido, su padrino lo condujo fuera de la enfermería. Atravesaron los vacíos pasillos en silencio. Ted estaba a punto de preguntar dónde se había metido todo el mundo cuando cayó en la cuenta de que era sábado, y que probablemente el resto de los alumnos estaría aún en sus camas. Finalmente, ahijado y padrino se detuvieron frente a la estatua de una gárgola.
- Tentáculos de calamar – dijo Harry en voz alta.
La gárgola se hizo a un lado. Ted ya estaba acostumbrado a aquel tipo de puertas, pero no tenía ni idea de adónde llevaba aquel pasadizo. Dudó un segundo.
-Vamos – susurró Harry.
Teddy fue empujado al interior, donde se encontró con una retorcida escalera de caracol que se alzaba hacia la oscuridad. Cuando pusieron sus pies sobre el primer escalon, ésta comenzó a moverse sobre su eje, subiendo sola.
-¿Adónde vamos?
Harry no contestó, pero apoyó una mano sobre su hombro. El chico respiró hondo cuando la escalera se detuvo frente a una puerta, y miró aterrado la placa de brillaba sobre el marco:
Minerva McGonagall
Directora
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-Ted, ¿estás bien?
El chico giró la cabeza al oír su nombre. Sean lo miraba con curiosidad. Consciente de que era la cuarta vez que uno de sus amigos le hacía esa pregunta, el joven Lupin asintió.
-Si, claro que si.
Se encontraba en los terrenos, tumbado sobre la hierba húmeda, junto a Sean y Brian. Intentaba prestar atención a la conversación de sus amigos, pero le resultaba muy difícil no volver atrás, a la charla que había mantenido aquella misma mañana con la directora, los profesores Jarrows y Slughorn y su padrino Harry. Sabía que debía ponerse al día con todos los deberes que tenía atrasados, pero en vez de eso había preferido salir con sus amigos, deseando que una tarde libre borrara las preocupaciones de su mente. Estaba tan distraído con sus pensamientos, que no vio a las dos personas que se les acercaban corriendo hasta que una de ellas se abalanzó sobre él.
-¡Ted! ¡Estaba tan preocupada!
-¡A…Alex!
Cuando la chica se separó de él, le sonrió. Teddy se sintió mucho mejor.
-¿Qué tal, amigo? – Ethan se sentó a su lado y le pasó un brazo sobre los hombros.
-Bien, muy bien.
-¡No puedes imaginarte el susto que nos diste! Y esta mañana estaba en la biblioteca con las demás, pero Ethan me ha dicho que habías salido de la enfermería, y entonces yo he dicho ¡tengo que ir a asegurarme de que está bien! pero claro, aún tengo que terminar el trabajo sobre la poción extensora para Slughorn; tú no lo habrás hecho, pero si quieres puedo dejarte copiar del mío, ¡aunque sólo por esta vez! Y luego…
Ethan empujó a su hermana.
-Corta, ya enana – se volvió hacia Teddy. - ¿Te han dicho ya qué es lo que te ha pasado?
-Eh… están trabajando en ello. Aún no lo saben… - la frase de Ted se perdió en el aire. Acababa de ver a alguien junto a la puerta principal del castillo. – Ahora vuelvo.
Se levantó y avanzó por los terrenos con decisión hasta encontrarse a apenas tres metros de su objetivo.
Francis levantó la mirada y lo miró a los ojos. Tenía una expresión extraña, mezcla entre el remordimiento y el orgullo, pero Teddy advirtió que se alegraba de verlo. El joven metamorfomago sonrió con sinceridad.
-Aún no te he dado las gracias por lo de la otra noche – Francis no dijo nada, por lo que Ted continuó hablando – yo… no sé qué habría pasado si tú no hubieras aparecido, te jugaste el cuello por mí, y bueno… también siento lo de nuestra discusión, en realidad no creo en nada de lo que dije.
El joven Snape ladeó la cabeza. Parecía estar pensándose su respuesta. Teddy esperó, pacientemente, hasta que su compañero habló.
-De nada – dijo. Ted lo miró en silencio, y al cabo de unos segundos, Francis Snape sonrió. Juntos, los dos amigos se reunieron con sus compañeros.
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Las insistentes lluvias de Febrero y Marzo dieron paso a un cálido mes de Abril. El paisaje que se podía divisar por las ventanas del castillo parecía llamarlos a gritos, pero los exámenes finales estaban a la vuelta de la esquina, y los alumnos de primero, poco acostumbrados a la rutina de fin de curso, parecían de los más agobiados. A Teddy no le molestaban las largas horas de estudio en la sala común; ahora que su grupo de amigos volvía a estar completo, sentía que el peso que había venido arrastrando durante las últimas semanas desaparecía solo, y además agradecía poder evadir la mente y no pensar más en todo lo que le habían dicho su padrino y la profesora McGonagall. Estaba tan concentrado en los estudios, que incluso se olvidó de Lewis y lo que éste pudiera traerse entre manos.
Hasta que un día, saliendo de la biblioteca, vio algo que le hizo recordar. Lewis y el profesor Princestone hablaban al final del pasillo. No era nada raro: el Slytherin podía estar preguntando acerca del último trabajo sobre maldiciones irreversibles o tal vez el profesor lo estaba citando en algún lugar para cumplir un castigo.
Pero había algo en su forma de hablar que a Teddy le extrañó mucho. El profesor miraba constantemente a su alrededor y sujetaba el brazo del chico con fuerza, mientras Lewis parecía más que reacio a hablar. Finalmente, Leopold se zafó del agarre y comenzó a caminar en la dirección opuesta, sin dejar de mirar al profesor de Defensa contra las Artes Oscuras mientras se marchaba.
-¿Vienes, Ted?
El chico se volvió: Brian, Sean y Ethan lo miraban inquisidoramente. Solo Francis cruzó con él una mirada de entendimiento.
-Si, vamos.
Conforme iban avanzando hacia la sala común, Teddy se dio cuenta de que Francis se estaba retrasando. Se situó a su lado y lo miró.
-Creía que te habías olvidado de eso.
-Lewis anda metido en algo.
-Que no es de tu incumbencia. Que te insultara no te da derecho a comportarte como si fueras su madre, para eso están los profesores.
-¡Anda metido en algo con un profesor!
-Eso no lo sabes.
En ese momento Ted sintió que chocaba con alguien. Estaba a punto de disculparse cuando levantó la mirada y se encontró cara a cara con Angelus Zabini y Christopher Petersen.
-¡Ey! ¡Pero si es lunático Lupin! ¿Estaremos a salvo de él la próxima luna llena?
Ted se apartó e intentó continuar su camino, pero Petersen lo agarró por los hombros y lo empujó contra la pared.
-Antes nos ha parecido que mirabas mucho a nuestro amigo, Lupin – murmuró Zabini sin apenas mover los labios – nos gustaría que metieras tu nariz fuera de nuestros asuntos. Tal vez Leopold Lewis tenga los medios necesarios para que no vuelvas a emplear la magia en tu vida.
-No sé de qué me estás hablando. Suéltame, Petersen.
Pero el Slytherin lo agarró por el cuello y acercó su cara a la suya. Teddy le sostuvo la mirada, pero sabía que si se proponían hacerle daño, lo iba a tener muy difícil: Petersen era mucho más alto que él.
-¿Tienes miedo, Lupin?
-No, pero te apesta el aliento y me van a dar arcadas. Creo que tu túnica ya está demasiado sucia como para añadirle algo de vómito…
Por un momento, Ted se preparó para recibir el primer golpe, que no llegó nunca. Los tres pudieron escuchar unas voces muy conocidas a su espalda.
-Si, profesor, creo que estos alumnos quieren pegarle a mi amigo.
-Zabini, Petersen, ¿puedo saber qué se supone que estáis haciendo?
Los interpelados se volvieron, y Ted pudo ver al profesor Jarrows a pocos metros de ellos, junto a Francis. Nadie dijo nada.
-Veinte puntos menos para Slytherin; y si no sueltas inmediatamente a Lupin, Petersen, serán cincuenta.
Christopher aflojó la presa, y Teddy pudo correr junto a Francis.
-¿Tienes algo que añadir, Lupin?
-No, profesor, todo está bien.
-Marcharos todos a vuestra sala común. Si vuelvo a veros en una situación parecida, hablaré con la directora.
Ted y Francis echaron a correr en dirección al retrato de la Señora Gorda.
-Raíz de Mandrágora – dijo el metamorfomago al llegar a la puerta. – Eso ha estado genial, gracias.
-Por un momento dudé entre lanzarles una maldición o ir a buscar a alguien.
-Bueno, así nos hemos ahorrado un castigo.
-Si.
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El final del curso llegó de manera inesperada para Ted y sus amigos. El chico había decidido olvidarse de Lewis, de todo lo que le habían contado en el despacho de McGonagall, y del resto de preocupaciones que pudieran asaltarle. Cuando no estaba estudiando, pasaba las tardes en la sala común jugando al snap explosivo (siempre fue el peor jugador de su grupo) o al ajedrez con Alex, que le había enseñado a jugar, y que era muy dura de pelar. Cuando acabaron los exámenes, pasaban la mayor parte del tiempo en los soleados terrenos, esperando sus resultados y hablando de adónde irían a pasar las inminentes vacaciones de verano.
-Supongo que haré lo mismo que todos los años – respondía Teddy cuando le preguntaban – pasaré una temporada con mi padrino, luego me iré con mi abuela, y a lo mejor visito a los Weasley.
A pesar de que se encontraba feliz y despreocupado, no podía dejar de fijarse en Francis cuando hablaban de aquel tipo de cosas. ¿Dónde pensaba pasar las vacaciones su amigo? ¿Se marcharía completamente solo a un orfanato Dios sabe dónde? Quería invitarle, pero sabía que su respuesta sería la misma que en Navidad.
Y finalmente, llegó el día del banquete de fin de curso. Hicieron los equipajes, hablaron de sus calificaciones (todos habían aprobado, aunque Brian fue casi el mejor del curso, superado por Sarah Burton, de Ravenclaw) y se despidieron de los compañeros. La Copa de la Casa fue aquel año para Ravenclaw, que sumó muchísimos puntos después de su victoria en a Copa de Quidditch. El viaje en el tren pasó sin sobresaltos: Brian leía junto a la ventana, Sean y Ethan no paraban de gritar y alborotar, Francis miraba el paisaje y Teddy reía las gracias de sus amigos, completamente relajado y feliz. En torno a la mitad del trayecto, Brian levantó la mirada de su libro y miró a Ted con interés.
-Oye… ¿no crees que ya va siendo hora de que te cambies ese color de pelo?
El metamorfomago observó su reflejo extrañado: su pelo tenía el mismo color gris piedra que el día en que se despertó en la enfermería. Por un momento pensó en dejarlo de un color normal, como negro o castaño. Pero luego recordó con quién iba a encontrarse, y lo cambió al púrpura brillante. Momentos después, Alex, Alicia, Catherine y Patricia pasaron por su compartimento para despedirse de ellos, y la hermana de Ethan le sonrió:
-Ted, me encanta tu pelo.
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El andén estaba completamente abarrotado, pero no le resultó muy difícil encontrar a los Potter.
-¡¡¡TEDDYYYYYYYYYYYYY!!!
El aludido se agachó y un segundo después James y Albus se lanzaron a sus brazos, y por poco no lo derribaron.
Unos metros detrás, Harry y Ginny, con Lily en su carrito, hablaban con un hombre alto y corpulento, que abrazaba a Ethan y Alex.
-¿Por qué no vais con papá y le decís que ya me habéis encontrado?
Los niños salieron corriendo, y Ted se levantó y miró a sus amigos. De la mano de Brian iba un crío idéntico a él.
-Mira Paul, este es Ted Lupin, un amigo mío.
-¡El año que viene yo voy a ir a Hogwarts! ¿Verdad, Brian?
-Claro que si…
Francis miró a Ted y sonrió a modo de despedida.
-Nos veremos en Septiembre.
-¿No vienen a recogerte?
-Me estarán esperando en la puerta de la estación.
Sean les dio una palmada en el hombro.
-En fin, cuidaos mucho, ¿eh? ¡Ya nos veremos! – Salió corriendo empujando su carrito.
Brian, que batallaba con su hermano, se incorporó y sonrió.
-Estaremos en contacto.
-Claro que si.
-Tal vez convenza a mis padres para que me deje invitaros a pasar unos días en mi casa, podríamos ir a la playa.
-Eso estaría genial – corroboró Ted. Con una última sonrisa, Brian les dio la espalda y se alejó.
-¡Yo también voy a ir a Hogwarts el año que viene! ¿No me puedo montar en el tren ya?
-¡Te he dicho que no, Paul!
-Tu familia te espera – comentó Francis.
Teddy se volvió. James y Albus habían alcanzado a sus padres, y Ginny le estaba haciendo señas. Ted la saludó, y cuando se volvió para despedirse de Francis, su amigo ya se había ido.
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-¿Qué tal todo, Ted? – le preguntó Harry mientras metía su baúl en el maletero del coche.
-Bien, muy bien.
Iba sentado con James, Albus y Lily en los asientos traseros del coche, ampliados mediante magia. Alzó la mirada hacia el sol de junio que brillaba con fuerza. Todo está bien, pensó. En aquel momento, Teddy Lupin no era más que un chico de doce años que ignoraba por completo las sombras que se tejían sobre su futuro.
-¡El pelo de Teddy está muy bonito! – gritó Albus tirando de uno de sus mechones.
"Todo está bien".
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Se acabó el capítulo. Siento haber tardado tanto; pero me he pasado bastante tiempo en la playa, y no tenía ningún ordenador a mano :'(. Espero que os haya gustado el capítulo.
P.D: Si, me vais a matar: ¡no he dicho qué le pasa a Teddy! No os preocupéis, que tarde o temprano todo se sabrá. Decirlo ahora habría sido como decir que Harry es un Horrocrux en el 6º libro!
