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- ¡Mueve tus patas para acá, zorro!

En el muro, un cuadro de olores grises se derretía hasta convertirse en un círculo espeluznante de bicolores.

Youko nunca había visto algo así, por lo que no estaba seguro de que se trataba el fenómeno.

- ¿Qué es eso?

- Están expandiendo la ilusión y quien lo hizo quiere monopolizar el tren- dijo Hiei, seguro de lo que decía. No solo los psíquicos eran capaces de extender su territorio mental. Existían ciertos demonios inusuales y raros que tenían capacidades similares- Son aberturas de error.

- Suena que pasaste por esto antes.

- Cuando se complete la invasión, todo esto será su cuerpo- Youko quedo atónito- Sabrá donde estamos y nos llevara a donde quiera, no importa que camino tomemos para avanzar. Aprovechemos esta abertura, que también funciona como portal.

- ¿Y a dónde nos llevara? Dijiste que el enemigo puede localizarnos y hacernos perder el rumbo.

- Todavía no puede detectarnos. Yo sé lo que digo.

- No dudo de ti, adonis, pero en esta peculiar situación y los enemigos a los que nos enfrentamos, lo mejor sería andar separados. Encontrare otra salida por mí mismo.

- Idiota, si no lo avanzamos rápido nunca saldrás. ¡Esas bestias y sus ataques no cesaran!

- No te preocupes por mí- Sonriente, acaricio aquella cabellera de estrella con gentileza. Hiei le dio un manotazo, sorprendido y enojado. No entendía a este Kurama, temerario para tocarlo sin permiso- Ve.

Sin esperar nada, Hiei cruzo la pared, desapareciendo en el espacio.

El tren sufrió una sacudida y se cubrió de una energía maligna color café.

Isho se había convertido en el tren.

- ¡Isho! ¿Me oyes? ¿Estás aquí?

Sombrero camino por el compartimiento, atento los cambios de imagen y color que lo rodeaban. Su compañero solía tardar en fusionarse con seres inanimados.

El pasillo y los asientos comenzaron a distorsionarse paralelamente.

La cara de Fanfarrón apareció en la pared.

- Te tardaste.

Isho lo miro con muchas palabras en la cara.

- Entiendo- Asintió el líder de la banda- La fuerza de esos youkai te impidieron expandirte a tu antojo. También estamos cargados de energía humana, así que hay que ser cuidadoso. ¿Y los humanos?

Su compañero inclino levemente la cabeza a su izquierda, con una mueca de disgusto.

- Que no se te olvide que no vinimos aquí por ellos. Si les haces algo, incluso si permites que esos ningen se lastimen, no importa de qué manera, nos culparan a nosotros y sabes que esa clase de errores son los que más odio.

Fanfarrón lo reverencio, obediente.

- ¿Te expandiste por completo?- Un mudo "sí" fue su respuesta - ¿Sabes dónde están todos?- Nueva afirmativa- Perfecto. ¿El Jaganshi sigue aquí?- Sonrió con travesura al ver una respuesta afirmativa- No lo lleves a tus juegos de ilusión. Sería una pérdida de tiempo. Llévame con él a un campo de combate.

Isho lo miro como si dudara de lo que le estaba pidiendo. Booshi estaba decidido. Quería pelear con el Maestro y convencerlo de unírsele. Era plenamente consciente de que si se tardaba más de lo acordado estropearía la misión pero no le importaba.

Sonrió petulante cuando vio el vagón del tren cambiar a un imposible latifundio del Makai. Un desierto de ilusión. Espero unos segundos hasta ver un punto negro en la lejanía.

Sombrero silbo, llamando la atención de un Hiei recién aparecido.

- ¿Te parece el desierto? Puedo pedir unas montañas.

- ¿Importa dónde sea? Es una ilusión de todas formas pero,...- Desfundo su espada, dispuesto a descargar toda su rabia en el vaquero- El dolor que sentirás será real.

- Un honor.

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Había calculado sus posibilidades y supo que había cometido un error, una equivocación cuando rechazo acompañar a Hiei. No obstante, el no cometía errores sin esperar mayores obstáculos.

No podía defenderse, los ataques eran inminentes y tampoco podía esquivarlos sino podía darle por accidente a Hiei y hasta a los pasajeros del tren en alguna parte de ese retorcido hechizo. Nada era seguro.

Se hizo el momento que el tren quedo bajo el mando de un demonio, lo confirmo al ser sorprendido por un brazo gigante que apareció de la nada. Su poder era brutal y muy poderoso.

- Debí tener uno entre mis hombres...- se lamentó Youko, al impedir el golpe del brazo gigante.

"Deja de pensar en el pasado", reprocho Kurama, pendiente de la batalla.

- Aguafiestas.

Al rato, el brazo se convirtió en una ola. Youko creo un lazo de raíces que rompió el techo, subiendo a él y evitando el golpe ficticio, no obstante, el agua se sintió húmeda y fría en sus piernas. Luego, escucho un rugido bajo de sus piernas y comprobó asombrado que se trataba de pirañas hambrientas.

- ¿Piensas que así me detendrás?

Nuevas aberturas en el espacio se abrieron ante Youko.

- Oh, no.

Múltiples flechas se dispararon a todas direcciones.

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Booshi se sorprendió en serio cuando Hiei abandono la capa negra a la suerte de sus disparos, solo para disfrazar el puño que impacto en su cara. Fue tan potente que su cuerpo se echó atrás.

Despabilándose, se rió con ganas y de su cinturón saco su revolver con detalles de plomo.

- Juguemos al rodeo, Jaganshi.

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El amor lo puede todo, te da fuerzas y te sobrepone de las peores desgracias.

Yusuke no era un muchacho sentimental para dar cuenta de esas cosas, por lo que Kuwuabara siempre lo sorprendía cuando se superaba al límite en nombre del amor.

Nuestro detective corría detrás de un increíblemente veloz Kuwuabara. Tan pronto llegaron al perímetro que el tren cargado de humanos y demonios desapareció, Kuwuabara ordeno sensatamente seguir la ruta de los rieles. Tendrían que dar bastantes vueltas, ya que perseguían a un tren con múltiples destinos y de larga trayectoria, pero podían seguir el rastro de la energía maligna gracias a su instinto.

El maleante Urameshi apenas pudo empezar a quejarse de que sería mucho trabajo y cuestión de adivinanza saber para donde se esfumo el tranvía cuando Kuwuabara vio la calzada y empezó a correr en dirección oeste.

A tiempo récord, se encontraron con las Fuerzas Espirituales. Ellos mantenían el orden y mandaban de regreso a los humanos y transportes pesados que transitaban cerca, obligándolos a dar la vuelta para que nadie supiera lo que realmente pasaba. Como era natural, las Fuerzas pusieron pega a los detectives pero la maratón fue superior a sus fuerzas.

Ni Yusuke sabía cuánto tiempo estuvieron corriendo. Kuwuabara estaba determinado a encontrar el tren, en el furor ni siquiera presto atención al sudor o la agitación de su sobreesfuerzado cuerpo.

Estuvieron corriendo sin un segundo de descanso hasta que notaron una poderosa ráfaga de yoki por el aire. Kuwuabara quedo tieso y le grito al moreno que abandonara la calzada. Había sentido un yoki de magnitud gigantesca, como si hubieran pasado cientos de espíritus a su lado.

- ¡Kuwuabara!- Yuske carraspeo, quitándose del camino- ¿Y eso qué diablos fue...?

La imagen borrosa y trastornada de un ferrocarril a toda velocidad se presentó ante sus ojos. Ese era el tren que buscaban.

- ¡Apúrate, Urameshi! ¡Sigamos!- Apremio Kuwuabara.

- ¡Espera! ¿Qué es eso?- El hizo esfuerzos por seguirle el paso- ¿Tu entiendes lo que está pasando?

- ¡Están más adelante! Lo que vimos fue una ilusión, el tren ya estuvo aquí y lo que vimos fueron sus rastros. Vamos, Urameshi, rápido, el yoki que traía no es nada amistoso.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro?

- ¡Mi dulce Yukina está allí!

- ¿Un tren de ilusión?- Se preguntó Yusuke, totalmente desorientado.

- ¡Yo seré quien te salve, Yukina!

La preciosa korrine recibió el mensaje telepático de Kuwuabara. No supo si alegrarse por saber que él venía a salvarla o preocuparse por el peligro que representaba ese grupo de bandidos para el equipo Urameshi.

Crook la dejo inmovilizada de manos y piernas con sogas duras que le dejaban ásperas marcas en la piel, además de estar limitada por un sello mágico pegado en las cuerdas y terriblemente amordazada con un pañuelo colorido.

- Quédate quieta, niña, no te dolerá mucho.

La sonrisa sarcástica de la rubia la asusto aun antes de saber lo que tramaba. De su cinturón infaltable de armas, Timadora saco un pequeño puñal, tallado con su nombre en el mango, y tomo uno de los brazos de la korrine. Sin poder evitarlo, Yukina gimió.

- No, no...

Timadora le corto un trozo de piel, viendo la sangre caer gota a gota sobre un pergamino que sostenía con la mano libre.

El pergamino de letras y símbolos mágicos comenzó a palpitar.

Momento después, a Yukina la sorprendió el golpe que recibió en su estómago, que logro dejarla inconsciente.

- Las niñas bonitas deben ser obedientes...

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