¿Era verdad lo que estaba pasando? ¿Kidou enamorado de mí? No… debía ser una simple broma. Kidou simplemente no había sido capaz de estar a mí lado por más de que yo estoy completamente enamorado de otra persona. Le debería doler demasiado…
⌠Tú haces lo mismo con Endo, estás a su lado sin importar el dolor…⌡
Pero realmente no soy la persona más indicada para criticar algo así, yo hago lo mismo con Endo al fin de cuentas. Pero… en verdad… Kidou tiene más posibilidades de que yo le corresponda que yo mismo con Endo, debido a que a mí ya me gustan los hombres. ¿Por qué, entonces, ayudarme a conquistas a Endo de esa manera tan insistente? ¿Cómo es capaz de aguantar tanto sufrimiento de esa manera sin siquiera decirlo? Ni yo podría tanto verdaderamente…
– ¡Akio! ¡Ven a comer! – gritó mi madre desde el comedor.
– Ya voy mujer, no hace falta que me grites… – le respondí de mala gana.
Cerré mi libro donde se supone que hacía la tarea y bajé a cenar con mi "familia", que más que familia parece un loquero.
Aún así, me llamó un poco la atención que ella cocinara, usualmente lo hago yo o directamente ninguno de los dos comemos. Supongo que el hecho de que Takeshi viniera le hizo bien, aunque lo niegue una y otra vez.
Ya luego de cenar, me volví a encerrar en mi cuarto para "seguir estudiando". Mentira, me tiré en mi cama a mirar el blanco techo. Sentía una opresión en el pecho. Me sentía mal con Kidou, sentía que él había sido tan buen amigo que debería corresponderle a su amor de una manera u otra, pero las cosas no funcionan así, yo mismo le dije a Kidou que el amor no se podía controlar. Aún así, por un momento me pareció que Kidou había sido tan buen amigo para poder cobrarme todo haciendo que yo lo amara, pero no… Kidou no es de esas personas egoístas.
⌠Debes pensar en los momentos buenos que pasaste junto a ese amigo ¿De verdad lo crees alguien egoísta?⌡
– ¿Akio? ¿Sigues despierto? – preguntó mi hermano entrando en mi cuarto.
– Sí… ¿Qué ocurre? – pregunté despejando un poco esos pensamientos míos, sentándome en la cama.
– ¿Qué pasó con Kidou? Vi perfectamente hoy en la tarde, cuando te besó… – dijo mi hermano sentándose en mi escritorio.
Palidecí al escucharlo. Me entró miedo de que dijera algo. – Me besó, ¿Qué quieres que te diga…? Me besó… no hay de otra. – le contesté.
– Pero tú… ¿Qué sientes por él, torpe? – me preguntó Takeshi.
– Yo… nada… digo, nada de la forma que él quiere. Yo sí lo quiero… pero como amigo, casi hermano. Yo no lo puedo amar… ¡Agh...! – grité tirándome para atrás nuevamente a mi cama.
– ¿Estás confundido? – me preguntó curioso.
– No por lo qué pensás… pero sí… estoy confundido… – le contesté volviéndome a sentar cruzados de brazos. De seguro creía que yo estaba confundido por esa relación hombre con hombre.
– ¿Y por qué te confundes entonces? – me volvió a preguntar, observando cada una de mis reacciones.
– Porque estuvo demasiado tiempo callado… ¡Hace tres años que somos amigos! ¡Y hace tres años que yo le cuento todo lo que siento por otra persona y él me ayuda! ¡Hace tres años que se lo calla y se lo guarda para él solo! – le dije mientras mi mente maquinaba miles de dolores que le causé a Kidou.
– ¿Y si te lo hubiera dicho antes? ¿Tú estarías enamorado de él? – dijo mi hermano parándose.
– Bueno… lo más probable sería que no… – le respondí bajando la cabeza.
– ¿Y entonces? De seguro su amistad se habría desgastado hasta el punto que a él no le hubiera gustado estar a tu lado. A él le habría hecho peor que tú lo supieras… – me dijo sentándose a mi lado – ¿Acaso tú no piensas lo mismo? Sé que te sentí culpable ahora, porque piensas que de verdad lo lastimaste mucho… pero tal vez cerró su boca para poder seguir siendo tu amigo.
– Pero… él… siempre me ayudó con la persona que me gusta… era más persistente que yo tal vez… ¿no podía simplemente abstenerse? ¿Por qué simplemente no podía… no podía… decírmelo…? – insistí subiendo mis rodillas, escondiendo mi cabeza en ellas… me sentía mal… muy mal por él. Me sentía terrible.
– Porque tal vez no podía, no le salían las palabras… ayer, cuando estuvimos hablando, se notaba muy feliz a tu lado. De verdad creo que te ama, pero tal vez… no quería arruinar su amistad contigo. – me dijo poniendo su mano en mi hombro. – Dime, ¿quién es esa persona que te gusta tanto como para no haberlo olvidado en tres años?
– Mi capitán… el capitán del equipo de futbol de la preparatoria… Mamoru Endo. – dije hundiéndome más entre mis piernas.
– O sea que tú también eres… – quiso decir, tal vez no le salía la palabra.
– ¿Homosexual? ¿Gay? Pues sí… supongo… – le respondí.
– No tienes por qué avergonzarte…
– No lo hago, no te preocupes…
.
Me levanté de mala manera, era viernes pero ni eso me alegraba. Me sentía pesado… Desayuné también de mala manera, era un mal día para mí. Mi hermano lo notó, pero no abrió la boca, sabía que si lo hacía tal vez mi humor se pusiera peor.
– Me voy a la preparatoria… Fíjate que mamá se tome las medicinas por favor… – le pedí, luego de una crisis nerviosa del año pasado, debe tomar unas medicinas. Cuando la dejo sola no se las toma, así que espero que Takeshi logre lo que yo no.
– Ya, ya… no soy imbécil… – me dijo dándome mi chaqueta.
Salí de mi casa bajo un cielo nublado, seguramente llovería, pero no tenía ganas de ponerme a buscar mi paraguas. Después de todo, una lluvia no me iba a hacer mal.
A los pocos momento vi como Kidou pasaba por mi lado sin siquiera saludarme. Tenía la cabeza gacha y el paso acelerado. Parecía no querer hablar conmigo. Me molestó eso, pero después de todo lo tenía que respetar ¿No? Vi su espalda alejarse… era como… si… él se alejase de mí… pero como amigo. ¡No! Eran ideas mías simplemente. Kidou tan solo… necesitaba… necesitaba estar solo… necesitaba pensar.
Unas cuadras después me topé con Endo.
– ¿Y Kidou? – preguntó mientras caminábamos.
– Pues… supongo que decidió venir solo a la preparatoria – respondí haciendo caso omiso a su asombro.
– Que raro… siempre vienen juntos.
El resto del camino sucedió sin pena ni gloria. Endo trataba de sacarme conversación y yo solo le respondía con tajantes "sí" o "no". Llegamos al instituto antes de que se largaran las primeras gotas de lluvias. Veía como varios chicos corrían para resguardarse dentro de la preparatoria.
Vi a Kidou. – Hola… – nos saludó y pasó de largo como lo había hecho hacía rato conmigo en el camino.
Endo volvió a sorprenderse por la "frialdad", si se puede decir, de Kidou. Y yo me sentía culpable de ella.
– Por cierto Endo, ¿A la salida podríamos hablar un momento? Quiero… decirte un par de cosas si no te importa – pregunté algo nervioso.
– Claro… – respondió y se fue a su clase.
Ya me había casado de ser un cobarde que no puede decir sus propios sentimientos.
.
Luego de cinco molestas horas de clases, pude salir de esa cárcel que se jacta de enseñarnos.
Busqué con la vista a Endo entre medio de todos aquellos chicos que salían del colegio corriendo, debido a que era viernes o simplemente no se querían mojar con la llovizna que se había largado. Lo encontré charlando con Goenji como siempre.
– Bueno, yo me voy yendo… no vemos el lunes – saludó Goenji y se fue.
Yo sonreí nervioso. Pero al parecer Endo también lo estaba… no entendí el porqué del nerviosismo suyo.
– La verdad Fudo, yo también tengo para decirte unas cosas… – dijo. Y mi mente empezó a imaginar que deseaba decirme Endo, no se me ocurría nada. – Pero dime tú primero ¿Qué necesitabas?
– De hecho yo… quería… decirte que tú… quiero decir… yo… – cinco horas tomando coraje y ahora no me salían las palabras de la boca. – Tú me… me…
– ¡Akio…! – escuché un grito de Kidou que venía corriendo. Cuando vio que estaba a punto de hablar con Endo, se retractó. –Lo siento, no quería interrumpir. Hablamos más tarde.
Noté su mirada perdida, triste. Sí, amo a Endo y declararme era lo que quería. Pero realmente no soy tan imbécil como para perder a mi mejor amigo por un tonto malentendido.
– No interrumpes, ven que contigo necesito hablar primero – dije tomándolo de un brazo – creo que mejor hablamos el lunes Endo, adiós.
Me arrepiento de haber abandonado ese maldito momento de coraje en el cual casi me declaro a Endo. Me sentí idiota, pero a la vez me sentía más idiota de no aclarar las cosas con Kidou. Era algo completamente contradictorio y a la vez molesto. Quería, necesitaba declararme a Endo. Pero a la vez dolía saber que había lastimado a Kidou.
Llegamos a algo que parecía una plaza, pero debido a la llovizna no pasaba de ser un campo con un par de juegos que ahora parecía más que tristes.
Me senté en una banca, poco importaba que estuviera mojada, yo a esas alturas estaba bastante mojado también. Kidou se me acercó y se sentó a mi lado.
– ¿Por qué…? – fue lo único que se me vino a la mente en ese preciso instante. ¿Por qué…?
– No lo sé Fudo, no le encuentro sentido al amor… lo siento – me dijo recargándose contra el respaldo de la banca, mirando el cielo seguramente.
– Sabes que te ocasionaste bastante dolor ¿Verdad? Apoyarme con Endo, decir que te gustaba Touko, aguantarme varias noches con mis penas amorosas… ¿No? – dije algo apenado de no haberme dado cuenta antes de la situación.
– ¿Acaso tú no haces lo mismo con Endo? ¿Estar a su lado más allá del dolor que te cause con tal de verle sonreír? Pues lo mismo pasa conmigo. Estoy a tu lado, más allá de que eso me duela mucho más de lo que te imaginas.
Suspiré sabiendo que tenía toda la maldita razón.
– Deberías haberte declarado en ese momento. Tenías el coraje de hacerlo… Tal vez el lunes no lo hagas – me dijo refiriéndose a mi situación con Endo.
– Eres un estúpido… – susurré algo enojado, pero tratando de esbozar una sonrisa.
– Tú también… – me dijo con media sonrisa falsa.
– Lo sé…
Él se levantó y se puso frente a mí mirándome fijamente.
– Fudo, te propondré un trato – dijo inmediatamente.
– ¿Eh? ¿Un… trato? – no entendía eso de un "trato". No me imaginaba que podía llegar a ser en estas circunstancias.
– Así es. Dame… un mes… tan solo un mes… Dame un mes a tu lado, siendo tu pareja. Te prometo que si en ese tiempo no comienzas a sentir algo por mí, yo mismo me haré a un lado y trataré de olvidarme de ti. – dijo seriamente, serio como pocas veces lo he visto.
– No, definitivamente no – dije cruzándome de brazos.
– ¿Por qué? – preguntó enojado.
– Te lastimaría demasiado. – alegué.
– O me haría muy feliz. Es el mismo riesgo… El "no" ya lo tengo. Déjame luchar por "sí". ¿Acaso no puedo luchar para que me ames? – Dijo apoyando sus manos en mis hombros – Fudo, tengo la determinación a hacer que te enamores de mí, cosa que tú no has tenido con Endo. Sabes perfectamente que si empiezas a sentir algo por mí, ambos saldremos beneficiados de todo eso.
No, no y no. Si estoy enamorado de Endo, estoy enamorado de Endo. No me va a poder cambiar en tan solo un mes. Eso lo lastimaría… y yo lo sabía perfectamente. No me permitiría a mí mismo lastimar a Kidou de esa manera.
– No puedo Kidou… no… simplemente no… no puedo… no quiero – dije tratando de encontrar las palabras indicadas para explicárselo. – Te lastimaré.
– ¡Pero va a ser millones de veces mejor intentarlo! ¿Te crees que a mí no me jode ver cómo te creas falsas ilusiones? ¿Te parece que a mí no me molesta ver como suspiras por un Endo que no te da cabida? ¡Pues yo ya he dejado de ser el amigo bueno! – me gritó, noté que tenía ganas de llorar, pero no lo hizo. Se fregó los ojos con el dorso de su mano y volvió a abrir la boca – No te creas que yo soy como tú. ¡Yo sí voy a pelear por lo que quiero! No me quedaré de brazos cruzados.
– ¡Pues no quiero! ¡No quiero! ¡Porque por más esfuerzos que hagas, mi corazón ya le pertenece a Endo! Y no te creas que no haya intentado olvidarlo… pero si no lo he podido hacer en todo este tiempo ¿Qué te hace pensar que tú podrás en un mes? – le dije casi harto, él era conmigo todo lo que yo quería ser con Endo.
– Ese un idiota… más que eso ¡Eres un viejo amargado! Porque es de viejo amargado no darse otra oportunidad. – me dijo más enojado aún.
– ¿Sabés? Lo pensaré. Si eso te deja más tranquilo, lo pensaré y el lunes te respondo ¿Quieres? – le dije con fin de que se callara un poco.
– Al fin dices algo que valga la pena – bufó – Nos vemos el lunes.
