Los personajes presentes no me pertenecen.
Calor
Domingo por la tarde y hace calor, pero que mucho calor. Joder.
Entras a la casa después de terminar con la deseada casa del árbol, que Teddy quiere desde navidad. El sol se impone desde lo más alto del cielo, calentando con ahínco cada parte del jardín. ¡Qué ardor! El vapor del día está potente, sientes resbalar desde tu frente pequeñas gotas de sudor. Quieres algo fresco. Lo necesitas.
Caminas al refrigerador, el frío que libera la hielera te relaja. Buscas con la mirada la única botella de cerveza que sabes, debería estar ahí, mas no das con ella. Joder.
Cerveza… es lo único que quieres, una fría y refrescante cerveza, así como Homero Simpson; después puedes sentarte en el sofá y rascarte la panza.
Pero no, sólo hay limonada, jugo de naranja, zumo de calabaza y leche.
El calor parece aumentar, sientes la garganta seca y las ganas de beber algo extremadamente frío (siendo específico, una cerveza, no limonada) siguen creciendo. Joder, qué fastidio.
¡Quieres una cerveza!
¡Vaya antojo! Nunca antes habías anhelado tanto una cerveza. Es que el calor es tan pero tan grande, que incluso crees tener visiones frente a ti. La garganta está seca, como si no hubieses bebido agua en días…
- Hola, amor – Ginny llega de las compras del día. La ves depositar las bolsas del mercado sobre la mesa, para luego girarse hacia ti y plantarte un beso en los labios. – Estás muy sudoroso – te dice, arrugando la frente.
- Está haciendo mucho calor – la observas con detenimiento, mientras ella se dedica a guardar en la alacena las compras que adquirió esa mañana. – ¿No compraste cervezas? – resoplas al verla negar con la cabeza. - ¡Quiero cerveza! – tus protestas son muy parecidos a los de tu hijo James, cuando éste se frustra por no obtener su chocolate con almendras. Incluso frunces la boca como una trompita, idéntico a él.
- ¿Estás enojado?
- Tengo calor – notas la sonrisa ligera, que se dibuja finamente sobre los rosados labios de tu mujer. Algo dentro de ti empieza a vibrar, conoces esa sonrisa.
- Sí, está haciendo mucho calor – Ginny termina de guardar los alimentos enlatados, luego se acerca grácilmente a ti, contoneándose. – Yo también lo siento… - sonríe. - ¿No crees que la mejor manera de calmarlo, es con un fresco y relajante baño en el jacuzzi? – sus delicadas manos viajan hasta el primer botón que te prohíbe ver más allá de su escote. Ella sonríe divertida, te lanza una mirada pícara e insinuante (esa mirada que tanto idolatras, pues es lo anticipado al tiempo de verdadera pasión) y se aleja de ti en un abrir y cerrar de ojos. Te deja pasmado, querías besarla y no te ha dejado - Creo que un baño antes de ir por los niños me sentará bien – se pierde escaleras arriba. - ¡La cerveza está detrás de los biberones de Albus! ¡Disfrútala! – escuchas, antes de oír la puerta de la habitación cerrarse.
La velocidad que adquieren tus pies al subir de dos en dos los escalones es impresionante. Te sacas de un jalón la sucia camisa. Escuchas el sonido del agua proveniente del baño, apresuras el paso, e irrumpes en el lugar donde tu mujer se encuentra más encantadora que la propia Afrodita. Es una diosa, siempre preciosa.
Los días de calor resultan sofocantes, pero las tácticas para olvidarlo aún cuando te calientas más, resultan siempre deleitantes…
… y no precisamente por la cerveza.
Espero les haya gustado.
¡Gracias por leer, amores! Nos estaremos leyendo muy pronto..
