UN NOMBRE PARA TI…
Reclaimer: todos los personajes de este fic (excepto uno) no me pertenecen a mí sino a la gran Shinobu Ohtaka y son de la serie "Magi: Labyrinth of the magic" Así que no se admiten carnets falsificados ni nada por el estilo.
Advertencias: risas a montón…
Capítulo 6: Enseñanzas y desafíos
- ¡No quiero! –se escuchó un grito mudo en los pasillos del gran palacio de Kou, siendo escuchado únicamente por dos seres que residían en una de las numerosas habitaciones de aquel lugar.
- ¿Por qué no? Tú misma dijiste que sería divertido… -sonrió con prepotencia y altanería el joven de larga trenza azabache, con una mano sobre su caderas y el rostro levemente ladeado. Casi no podía aguantar las carcajadas al ver el rostro irritado de Zuòbi frente a él. Por fin había conseguido darle la vuelta a aquella situación, siendo él el que llevara el control y no ella.
- Eso no es justo, Judal –susurró ella –estás utilizando mis palabras en mi contra… ¡Tranfuga! ¡Tranfuga! –acabó gritando nuevamente, mientras él dejaba de aguantarse la risa ante aquella rabieta más propia de él que de ella.
Habían pasado cinco días desde que volvieron del templo del placer, como ella no dejaba de llamarlo únicamente para burlarse de él. Desde entonces, la situación entre ambos había dado un giro absoluto.
Él ya no huía, ella ya no buscaba.
Estaban en un punto intermedio, donde él parecía sentirse más a gusto, donde ella disfrutaba más de su compañía. Pero a pesar de todo, conocía la estrategia que Zuòbi estaba utilizando, acercándose pero sin tocarlo, haciendo que se acostumbrara a su presencia antes de dar cualquier paso en falso.
Y ya no se quejaba tanto por ello.
Después de aquel baile pareció entender de alguna forma lo que ella intentaba. Él parecía ser el objeto de su diversión, sin oscuros secretos ocultos, sin intenciones a medias. Ella solo quería estar cerca de él para divertirse… y la guerra parecía no ser suficiente para ella. Quería más cosas, siempre más. Estaba casi seguro de que si le entregaba el mundo, para Zuòbi sería insuficiente, siempre lo sería.
Sin embargo, le costó días llegar hasta aquel simple descubrimiento. Zuòbi tenía la peculiaridad de enredar sus pensamientos casi sin hacer nada. Su simple presencia era suficiente para volver su calma un caos. De alguna forma, sus desafíos y retos ayudaron a mostrarle sus verdaderas intenciones.
"Eres un aburrido… Yo solo quería divertirme un poco… ¿Por qué no lo intentas? ¡Verás qué divertido es!…"
Empezaba a pensar que ella siempre tendría un reto bajo la manga dispuesto a lanzarle… Empezaba a dudar seriamente que algún día se cansaría de ella… Si era sincero consigo mismo, incluso empezaba a tener claro que jamás se libraría de Zuòbi.
Lo peor era que empezaba a no querer librarse de ella…
Pero seamos sinceros todos, ¿alguien querría librarse de su única fuente eterna de diversión y caos? Judal no era estúpido, sabía que jamás encontraría a nadie tan dispuesto a "jugar" como lo estaba Zuòbi, aprovechando cada momento juntos para iniciar un nuevo reto, para enseñarle un nuevo juego secreto.
Para enseñarle y después desafiarle…
No, nunca jamás se cansaría de ella… solo esperaba que ella jamás se cansara de enseñarle nuevas formas de diversión como hasta ahora.
- Judal… -lo sacó de sus pensamientos suavemente, mirando a un lado y con una sonrisa traviesa adornando sus labios, señal de que algo se cocinaba en aquella mente suya –si lo hago… ¿qué nos apostamos?
El brillo de su mirada le aseguró que pensaba hacerlo desde el primer instante en que se lo propuso, solo era cuestión de cuánto tiempo estaba dispuesto a insistir él. Por esa razón, él no había parado de darle argumentos cada vez más estúpidos y sin sentido entre carcajadas, y ella había fingido pucheros o irritación para disfrute de ambos.
- ¿Ganar? ¿Acaso no basta la diversión de…? –intentó convencerla él, sin saber muy bien cómo enredar aquella pregunta para seguir con aquel extraño juego verbal. Su mente trabajaba a toda máquina, pero nada parecía coger forma. Aunque tampoco hizo falta, pues ella le interrumpió bruscamente con un puchero infantil en sus labios y una brillante mirada que prometía diversión y travesuras.
- Eso no es suficiente, quiero algo más… -ladeó el rostro mientras dejaba que el silencio volviera a inundar la habitación, creando así un ambiente de suspense y expectación, antes de susurrar con voz melodiosa -¿qué tal un baile?
- Por supuesto… -aceptó él de buena gana, con una sonrisa inocente en su rostro mientras en su mente se entretejía un oscuro plan en contra de su contrincante. Estaba vez él estaba preparado para jugársela, ya creía que lo estaba. Zuòbi no tenía ni idea de contra quien se estaba enfrentando.
Ella pareció complacida con aquella respuesta, pues rápidamente se levantó de la enorme cama donde estaba sentada y se dirigió a las cerradas puertas de salida. Con un leve brillo en su piel y unas casi imperceptibles oscilaciones del aire, desapareció de la vista del joven magi. Éste sonrió esperando su premio, casi llevándose la mano hacia su boca para esconder las carcajadas que ya se escapaban de sus labios.
Y mientras esperaba, rememoró los días anteriores, aquellos donde ella le había mostrado que era aún más poderosa de lo que él creía en un principio.
A la mañana siguiente de volver de las ruinas, de haber bailado con ella, Zuòbi ya lo esperaba despierta en su habitación, dispuesta a divertirse a su costa. Mirándolo en retrospectiva, se daba cuenta que ella nunca intentaba burlarse de él, sino instarlo a seguirle el juego y divertirse juntos. Pero él había sido demasiado ingenuo… no estaba acostumbrado a que alguien quisiese jugar de aquella manera.
Nadie podía culparlo por no estar preparado para la llegada de Zuòbi…
Ella había sonreído como siempre, se había levantado de la cama incluso antes de que él terminara de cerrar completamente las puertas de aquella habitación y se había acercado a él, sin llegar a tocarlo. Es más, mientras corría hacia él dispuesta a lanzarse a sus brazos, desapareció en el aire dejando como único vestigio de su existencia sus burlonas risas. Judal no pudo hacer más que recorrer con la mirada la habitación, para después hacerlo físicamente, buscándola.
Nada, no encontró ningún rastro de la astuta de Zuòbi. Había desaparecido de la faz de la tierra. De pronto, y sin verlo venir como todo lo que procedía de ella, se dio la vuelta encontrándose a escasos centímetros de la joven que tanto buscaba anteriormente. Tan escasos que sentía su aliento sobre su propia boca, sus pechos aplastándose contra su torso y su presencia inundando cada parte de él.
Tan cerca que casi eran uno solo…
Aquel extraño pensamiento se quedó grabado en su mente, negándose a desaparecer como los demás. Se negaba a analizarlo y encontrar lo que no estaba buscando, a encontrar verdades tan dolorosas como que estaba solo… completa y absolutamente solo…
- Judal –había gemido ella, restregándose con su cuerpo en busca de algún contacto especial, tan diferente al baile anterior pero a la vez tan parecido –te necesito… dime, ¿sientes tú lo mismo que yo?
Aquello había provocado una reacción muy negativa por parte del joven, pues la respuesta que sentía no se parecía en absoluto a aquella que se obligó a decir en voz alta, alejándose de la muchacha como días anteriores. Pero lo que no se esperó fue que ella empezara a emitir sollozos y que sus labios formasen pequeños pucheros de dolor por su rechazo. No se lo esperaba… y tampoco sabía cómo reaccionar a aquello.
Anteriormente había visto llorar a la princesa Kougyoku, pero en aquellos casos Al-Sarmen le había indicado lo que debía hacer, además de tener al príncipe Kouen a su lado para improvisar en caso necesario. En cambio, ahora estaba solo, sin nadie a su lado que le diera instrucciones o lo ayudase, pues nadie más que él sabía que ella estaba libre.
- Eres tan malo… yo solo quería estar cerca de ti… -un gemido de sufrimiento se escapó de sus labios, cortando su frase a la mitad y dándole un aspecto aún más lamentable al conjunto.
- ¿D. de qué estás hablando? –no podía creerse que él hubiese tartamudeado.
¡Él! ¡Él gran magi oscuro!
¿Pero qué más podía hacer cuando parecía que de algún momento a otro, Zuòbi iba a romper a llorar como una niñita pequeña? ¿Dónde había quedado aquella osadía tan característica de ella, aquella con la cual había logrado vencerle dos veces y enredarlo en sus juegos miles? ¿Dónde estaba la Zuòbi que conocía?
- Judal… -había intentado acercarse nuevamente a él, pero estaba vez estaba preparado.
De un movimiento fluido, esquivó su posible abrazo y la vio caerse al suelo antes de empezar a gimotear. ¿Cuándo se había vuelto tan débil como para caerse de aquella manera? ¿En qué momento se había vuelto tan susceptible a sus comentarios y sus desplantes? ¿En qué instante había dejado de ser aquella joven que tanto lo había desafiado?
En algún momento mientras estaba sumido en sus pensamientos, ella había vuelto a ponerse en pie, se había acercado hasta él lentamente y ahora se tiraba a su cuello para rodearlo con sus finos brazos y plantearle un sonoro y muy húmedo beso en su mejilla.
Jamás admitiría que aquel gesto removió algo dentro de él, como tampoco aceptaría que aún después de días recordaba la sensación de sus delicados labios sobre su piel, que quemaba como el fuego del djinn Amón y ardía más que la herida que le había provocado el inútil candidato a rey del magi enano.
No, jamás lo admitiría… aunque sí lo sentía.
Pero en aquel momento solo pudo pensar que aquello no estaba siendo como debería ser, que ella no estaba aprovechando aquella oportunidad como solía hacerlo en el pasado. Al apartarse de ella levemente y mirarla a los ojos, supo sin miedo a equivocarse cual era la sensación que había embargado su pecho.
Decepción.
Estaba decepcionado de lo que Zuòbi hacía, porque eso no era lo que esperaba de ella… esperaba mucho más. Mirando fijamente su dorada mirada, sintió que aquello no estaba bien… que lo mejor era acabar con todo esto. ¿Acaso los trucos de ella se habían agotado? ¿Es que solo podía ofrecerle eso, nada más?
- ¡Basta! Te has vuelto aburrida, Zuòbi… -repuso con hastío mientras cogía sus brazos y la tiraba bruscamente a la cama, dirigiéndose después hacia la salida. Si ella solo podía ofrecerlo eso, entonces ya no la quería a más su lado. Para llantos y cursilerías, le bastaba con la vieja y susceptible de Kougyoku.
- Tú sí que eres un aburrido… –ya casi estaba en la salida cuando su voz se escuchó con claridad. Su cambio de aptitud lo cogió desprevenido, logrando que casi tropezase con sus propios pies mientras se dirigía hacia las puertas corredizas.
Se giró rápidamente hacia ella, observándola ahora acostaba boca abajo y con su cabeza apoyada en su brazo. Sus piernas se movían en el aire, a la vez que su mano libre tamborileaba en la cama, jugando con las sábanas. Pudo notar por su mirada que había vuelto a ser la misma de siempre… o más bien, tenía el brillo arrogante y burlón de siempre.
- ¿Zuòbi? –preguntó receloso, pues empezaba a temer que volviera a ser una versión más desnuda de la octava princesa de Kou, pero por su sonrisa coqueta y sus ojos perspicaces sabía que no sería así -¿Qué te pasó? ¿Es que acaso tienes varias personalidades?
Ella sonrió, pero ni negó ni afirmó sus palabras, solo se dedicó a seguir jugando con las sábanas mientras movía sus sedosas piernas tras ella, casi llamándolo con ellas. Frunció el ceño ante aquel pensamiento. Ella no lo estaba llamando, solo se estaba burlando de su enfado, diciéndole aburrido…
¡¿Aburrido?!
Él era todo menos aburrido, es más, nadie sabía divertirse como él… ¡Nadie!
- Sí que eres un aburrido Judal… -le interrumpió al verlo prepararse para contestarle. Su ceño también se había fruncido, mirándolo casi enfadada por su actitud –yo solo quería divertirme un rato, pero tú has tenido que arruinar el juego. Siempre lo haces… –acabó con un dulce e inocente puchero en sus labios, mirándolo de reojo atenta a su reacción.
Casi sonrió cuando lo vio sulfurarse por sus palabras. El brillo de rabia en su mirada carmesí, los puños cerrados a su costado y aquella pequeña arruga en su frente era todo un espectáculo a la vista.
"Enfurécete, enfurécete mucho… para así poder llevarte hasta donde yo quiero, mi divertido e inexperto magi oscuro"
Pero él pareció hacer todo lo contrario. De pronto, sus puños se relajaron, su ceño se alisó, aunque su mirada seguía ardiendo en busca de venganza y sangre. Colocó una de sus manos en su cadera mientras ladeaba la cabeza y la miraba con altanería y burla, tal y como hacía con todos sus enemigos.
- De acuerdo, Zuòbi –había vuelto a pronunciar su nombre como una vil humillación, pero ella decidió ignorarlo, porque al fin y a cabo, fue él el que se lo dio – ¿por qué crees que yo soy el aburrido y tú no?
- Porque tú no sabes divertirte más que de una manera, Judal –le contestó como si un niño pequeño fuera, entonando su nombre con mucho cariño y crispando los nervios del joven hasta el punto en que pronto sacaría su varita y adiós Zuòbi, pero aquello solo le causaba aún más gracia a ella – ¿Sabes una cosa? Demuéstrame que no eres tan aburrido…
- ¿A qué te refieres? –no pudo ocultar su sorpresa al escuchar aquella proposición ¿A dónde quería ir a parar ahora? ¿Con qué pensaba salirle en esta ocasión?
- Te propongo un reto Judal… -se levantó de la cama y caminó hasta situarse frente a él, a varios centímetros de su cuerpo pero sin llegar a tocarlo –demuéstrame que puedes jugar más cosas que lo que te diga esa estúpida organización, demuéstrame que sabes divertirte de más maneras, que sabes implantar el caos de otras formas además de con tu varita…
- ¿Y cómo pretendes que te demuestre todo eso? ¿Quieres que me rebele contra Al-Sarmen? ¿Es eso? –ahora entendía sus palabras.
Ella no era diferente al rey Sinbad, a Aladdin y compañía, y a todos esos estúpidos y débiles humanos que pretendían hundir al imperio, intentando sobornarlo con riquezas y falsas promesas de poder. Él no quería poder, sino caos, y nadie más que la organización podía proporcionárselo. No, él no haría nada contra Al-Sarmen… y aunque quisiese, tampoco podría hacer nada.
- No… -ella volvió a interrumpir sus pensamientos, derrumbando todas las teorías que había pensando –quiero que te burles de aquel misterioso visitante… aquel por el cual tuviste que dejarme durante días…
- ¿Sinbad? –esta vez fue él el que interrumpió sus palabras, sorprendiéndose de que prácticamente ella fuese capaz de leerle los pensamientos -¿Quieres que ataque a "Su Tonteza"?
- No, atacar no –aclaró –Quiero que te burles de él sin tener que utilizar tus poderes, sin que corra la sangre de por medio… ¡Quiero que le juegues una broma pesada, Judal!
Los gritos llenos de terror y angustia acudieron a sus oídos, sacándolo de sus pensamientos y logrando que estallara en fuertes risotadas al momento. El cuerpo de Zuòbi volvió a atravesar las puertas, siendo visible otra vez por el joven que nada más verla volvió a perderse entre sus risas. Los ruidos de carreras y tropiezos se incrementaron mientras aquellos que disminuían de intensidad alejándose dejaron de oírse, al igual que los gritos asustados correspondientes.
Al-Sarmen estaba movilizando sus filas para averiguar qué había sucedido exactamente, mientras los dos jóvenes en el interior de la habitación intentaban contener a duras penas las carcajadas para escuchar lo que sucedía en el exterior. Pronto unos pasos más fuertes acallaban al resto de sonidos, obligando a Judal y Zuòbi dirigirse a sus puestos para fingir que todo estaba normal.
Las puertas corredizas de la habitación se abrieron bruscamente, mostrando en su interior a un magi aburrido apoyado perezosamente sobre la cornisa de la enorme ventana y el sillón de la pared mientras hacía girar su varita; y a una hermosa prisionera sellada desde hace semanas con una blanca sábana cubriendo su cuerpo. El oráculo miró a los intrusos con una mezcla de curiosidad y hastío, frunciendo el ceño cuando nadie se movió de su lugar para darle alguna explicación sobre aquella inesperada visita.
Él estaba al mando de aquella habitación y nadie se atrevía a explicarle porqué de pronto la mitad de la organización estaba a sus puertas, escrutando su interior con recelo.
¡Esto era inaceptable!
Pero se mordió la lengua, pues aún recordaba la orden que tenía de no hablar en aquella habitación. Y él era un buen magi que obedecía las órdenes… cuando todos lo estaban observando, por supuesto.
Se levantó lentamente del sillón, captando al instante la atención de todos los hombres con velos que allí había y se dirigió hacia la salida. Casi sonrió cuando los miembros de la organización tuvieron que retroceder ante su presencia y dejarlo cerrar las puertas que ellos habían abierto con el temor, o tal vez, la esperanza de encontrar algo fuera de lo común.
Pero todo parecía normal para sus ridículos ojos.
- ¿Y bien? –rompió él mismo el silencio que se había implantado de repente, alzando una ceja mientras esperaba alguna explicación.
El segundo en hablar fue Falan, el líder de aquella comitiva y el que había insistido en que fuera él el encargado de custodiar a Zuòbi durante su estadía en palacio. Dando un paso adelante para ponerse frente a frente a él, la máscara que cubría su rostro desapareció.
- Han sucedido cosas extrañas a este lado de la habitación y queremos saber qué pasó dentro… ¿La prisionera se ha despertado?, ¿movido?, ¿a intentado escapar de su control, oráculo?
Él se limitó a negar cada pregunta, mirando más allá de ellos, absorto en sus pensamientos sobre dicha prisionera. ¿Qué pasaría si supieran que ella estaba libre en aquel mismo instante? ¿Qué había sido él quien la liberó solo para poder luchar contra ella? ¿Qué consiguió vencerlo dos veces en batalla reales, y muchas más en insinuaciones y retos?
¿Qué harían si supiesen que él no quería que ellos descubrieran su secreto?
- Los guardias que habéis puesto son unos cobardes miedosos –acabó soltando el joven magi, harto tanto de las preguntas que la organización le hacía como de aquellas que surgían de su propia mente.
Ahora solo quería volver a la habitación y reírse junto a Zuòbi de todos ellos, justo como ella le había enseñado a hacer en esa semana, justo como él empezaba a desear hacerlo al ver las telas blancas cubriendo sus rostros.
"Seguro que son tan feos que no pueden hacer otra cosa que ocultarlos…" –recordaba las palabras de ella, mientras se escabullían entre los pasillos para las lecciones sobre bromas pesadas que ella había empezado a enseñarle, como aquella que acababa de hacerles al asustarlos.
- ¡Oráculo! –chillaron los susodichos, seguramente sonrojados por la vergüenza y la humillación, pero él no tenía mucha paciencia y sus compañías empezaban a cansarlo y aburrirlo.
- Allí dentro no ha pasado nada más que el sonido de unos gritos muy parecidos a los de Kougyoku, que ha interrumpido mi siesta, y después ustedes molestando con fantasmas imaginarios –acortó, aguantándose las risas al ver como unos cuantos miembros debían contener a los dos centinelas de turno por la rabia que les provocó aquel insulto. Casi podía escuchar las carcajadas de Zuòbi ante sus palabras, pero aquello no acabaría así.
Le iba a demostrar que él sí sabía divertirse de más formas…
- Yo diría que no tienen más que hacer que andar inventando historias sobre la prisionera para ocultar que les da miedo su propia sombra… -el grito de guerra que salió de los labios de uno de ellos lo hizo sonreír con ganas, pero su diversión se acabó cuando Falen se interpuso entre ambos e indicó que cada cual se marchase a su sitio.
Sus pasos fueron seguros, casi cansinos y burlones mientras volvía a internarse en aquella habitación. Las puertas pronto se cerraron bajo la atenta mirada de los miembros de la organización, dispuesta a irrumpir ante cualquier pequeño movimiento que no proceda del joven magi.
- ¿Qué te ha parecido Zuòbi? –no terminó de decir su pregunta una vez sentado en el sillón cuando ella estalló en fuertes carcajadas. La barrera impedía que ningún sonido saliese de la habitación, aunque sí permitía escuchar los del exterior, por lo que se escuchaba claramente las voces de los miembros. Aquello hizo que él tampoco se contuviera por más tiempo antes de unirse a sus risas.
- Ha estado… usted genial… oh gran… oráculo –se reía ella, agarrándose el estómago por el dolor de tantas carcajadas, mientras él nada más verla, volvía a sumergirse en otro ataque de risas descontroladas.
Una vez se hubieron calmado lo suficiente para poder hablar con normalidad, ella se acercó con aquel pícaro brillo en su mirada. Recordaba la apuesta y el premio, y ahora quería reclamarlo.
- Mi baile, Judal… -ronroneo ella mientras se ponía de pie frente a él –he ganado y quiero mi premio…
- Claro… -respondió con una sonrisa de oreja a oreja, acomodándose mejor en el sillón y extendiendo sus brazos para abarcarlo todo en una pose bastante cómoda –ya puedes empezar…
- ¿Cómo? –su expresión sensual se borró de inmediato, siendo suplantada por otra llena de sorpresa y desconcierto.
Aquello provocó la risa del joven magi que no tardó en aclarar como si fuera lo más obvio del mundo:
- Tu premio… puedes bailar para mi otra vez… -sonrió con ganas y victoria cuando ella comprendió su error al proponerle aquella apuesta, al no especificar quién debía bailar a quién. Infló sus mofletes en una actitud muy infantil más propia de él que de ella y empezó a contonearse a placer de él.
Sí, podía acostumbrarse a esto fácilmente.
Continuará…
Y hasta aquí llegamos hoy ^^ Espero que os haya gustado y os hayáis reído tanto como este par ^o^
Antes de irme, me gustaría contestar a los reviews que me habéis mandado y deciros un Anuncio Importante:
La semana que viene es Semana Santa, y como tal no hay clases, por lo que mi amada biblioteca estará cerrada y no podré escribir nada. Eso significa lo que todas estáis pensando… ¡esta aspirante a escritora es una mentirosa! Os dije que iba a subir un capitulo por semana y no lo estoy cumpliendo. Lo sé. Lo siento, pero no puedo exprimirme más, no si deseo aprobar la carrera a la primera. Por eso pido paciencia para conmigo… Os juro que la historia promete muchas sorpresitas (sonrojos, risas, calor y llantos, de todo), pero mi tiempo no es tan extenso como a mí me gustaría…
Aclara ese punto, y espero que no os haya decepcionado demasiado… contesto a vuestros fantásticos comentarios ^^
alebenitez.0795: muchísimas gracias ^^ ¡Pues sí que es una coincidencia! XD Lo pase bien con la gente que quiero, gracias ^^
nicoleAnE: me alegra mucho que termines así, es un autentico honor poder lograr ese efecto con alguno de mis escritos ^^ Sí, si cuando quiere puede ser muy tierno… el problema es que él no quiere XD Muchísimas gracias, y gracias a ti por leerla ^^
PolarisLittleWitch: Primero: ¡Muchas gracias! ^^ Segundo: me alegra que te haya divertido ^^ si es que a este chico le gusta aprender de todo… Tercero: espero haber saciado tu curiosidad ^o^
Eso es todo por hoy, solo me queda escribiros…
¡Hasta pronto!
