Siete Días
(Capítulo 7)
.:OmAiRiTa:.
Me hice tonta mucho, mucho, tiempo pero aquí está después de todo. Nos acercamos a la parte que nos gusta, eso es motivador n.n
En gran medida le debo este capítulo a Ksauchi, que quizás sin darse cuenta (o quizás con premeditación) me estuvo presionando para que lo escribiera, y que bueno porque de no ser así quizás hubiera abandonado el fic. Por eso externo que son todos mis lectores libres de agregarme a su msn para que me fastidien ó.o, no quiero abandonar otro proyecto, no me dejen hacerlo!
Lean n.n dejen reviews, pero sobretodo disfrútenlo que para eso está aquí!
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7. Día cuatro, De viejos amores y encajes.
Me zambullí en el mar con singular alegría, meneando las piernas para nadar, conteniendo la respiración, con los ojos fuertemente cerrados. La sensación de frio avasallaba mi cuerpo, estremeciendo mi piel, mis poros y enfriando mi cabeza. Sentí el cuerpo ligero y disfruté del silencio, del profundo silencio de las aguas.
Mi cabello suelto danzó entre los pececillos que, resueltos a entrar en mi boca, besaban mis labios. Cosquilleos en las plantas de los pies me avisaron que, tardíamente, las algas al fondo del mar se enredaban en mis tobillos y me asían hacia el fondo, vertiginosamente.
Temari… Temari…
Traté de no asustarme conforme la luz iba desapareciendo, los peces huyeron, mi cabeza se sintió explotar y cuando no había más aire en mis pulmones y abrí la boca, tragué la mayor cantidad de agua posible. Sentía mi cuerpo estallar, la cabeza se me comprimía de tal modo que sentía como mis ojos querían salir de sus cuencas, me dolía el cuello, sentía el cuerpo hinchado y…
Temari…
¿Qué era aquella luz nueva que se extendía en el fondo del mar?... Que me llenaba de paz… esas manos suaves que… me tomaban del cuello y, de nuevo con vértigo, me llevaban de nuevo a flote, a la velocidad de un ave, vaciando mis pulmones, relajando mi cuerpo…
¡Temari!
¡Y quién carajos se atrevía a gritarme!
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Me senté, alarmada, después de pegar el puñetazo y grité sin darme cuenta: -¡TE OIGO TARADO! –mucho antes de abrir los ojos y darme cuenta de que estaba rodeada de gente. Choza, la madre de Chouji, Chouji mismo, Yuki, el gato y el afectado directamente por el puñetazo. –Anda… eso te enseñará a no tocarme cuando estoy dormida…
-¡Tenías una pesadilla! –me espetó sobándose la mejilla izquierda, mirando molesto a mi puño derecho aún extendido. -¿Siempre eres así? Para no casarme contigo…
-Espero, mocoso… que si en verdad quisieras casarte conmigo un puñetazo ocasional no te detuviera… porque si así es, no sé qué clase de shinobi eres! –dije, eventualmente retirando mi puño de su posición inicial. Estuve a punto de reír cuando me dedicó una de esas miradas de "te odio".
-Bueno, arriba floja, vamos a dejar a Yuki –me dijo, el descarado, poniéndose de pie, quizás enojado por mi reacción? O tal vez sólo adolorido, ja! –Mmm… te llamé floja, no tengo vergüenza… -se sonrió y salió de la habitación. Así, sin más. Todos los testigos de la violenta escena que el rescate había ocasionado, se pusieron de pie también, la niña estaba vestida, todos estaban listos, cuestión que me hizo preguntarme qué había pasado con mi mañana.
-Oh, entré para despertarte cuando la niña llegó conmigo a la cocina en la mañana, pero te vi tan apaciblemente dormida que no tuve corazón para hacerlo –me dijo la robusta mujer cuando le pregunté, con una amplia sonrisa maternal, después de que su marido, su hijo y la niña se marcharon, el gatito seguía echado junto a mí. –Tú y Shikamaru se quedaron platicando en la noche verdad?
La pregunta me tomó por sorpresa y sé que una instantánea cara de desconcierto se dibujó en mi cara porque en seguida dijo: -Siento que sólo así habrías conservado esa cara de felicidad mientras dormías.
Un respingo involuntario me sacó de un trance de centésimas de segundo. Me puse de pie, ajustando la yukata a mi cuerpo, no quería enseñar de más, y la seguí hasta su habitación, a la que se dirigió después de dejarme sola con mis rápidos y atolondrados pensamientos –O-oiga n-no es lo que usted cree, en serio!
Se dio media vuelta para encararme y sonriendo cual voluntario cómplice me dijo en un susurro: -No te preocupes, bonita, no se lo diré a Yoshino.
Una palabra… Es-ca-lo-frí-os. No había pensado en eso…
Cuando volví en mi, el gato se restregaba contra mis piernas y la madre de Chouji ya no estaba ahí.
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Salimos de la casa, relativamente rápido, después de que me di una ducha y comimos algo. Llevaba a la niña en brazos, incapaz de soltarla un minuto, con su cabecita recargada en mi hombro. Ella tampoco me soltaba, iba fuertemente agarrada de mi vestido y hablaba bajito con el vago que iba caminando detrás de mí. No sé muy bien de qué, no me importaba del todo, sólo quería que siguiera haciéndolo eternamente y que él le respondiera eternamente… y que nunca llegáramos al lugar donde la habíamos encontrado.
Por supuesto eso era pedir demasiado y, en mi camino al momento nunca preví encontrarme con una chica de cabellos claros a la que no conocía, y que quizás hubiera sido mejor que no conociera nunca. Él consideró lo que estaba a punto de pasar un arrebato irracional de mi parte, pero para mí fue mucho más que eso.
Salió de la nada frente a mí y tuve que frenar bruscamente haciendo que el pecho de Shikamaru se impactara con mi espalda y con la frente de la niña. Los largos cabellos, los lentes excedidos, la sonrisa tímida y la pinta de inocente me pusieron los pelos de punta enseguida. Esa era la clase de mujer a la que yo no toleraba, nada sin agallas congenia conmigo.
-Dis-disculpe, fue mi culpa yo… -empezó a hablar con una vocecita fastidiosa, haciendo una marcada reverencia, como mirando sus zapatos, mientras temblaba. Peor que Hyuuga Hinata, no podía creerlo. Y entonces a él se le ocurrió abrir la boca y… reconocerla.
-¿Shiho? (n/a: O She-ho, diría Pinkfairywand xD)–preguntó extrañado, pero convencido de que, en efecto, era esa la persona que estaba atravesándose en mi camino. Caminó unos pasos hasta colocarse a mi lado. Me sorprendió de sobremanera que la conociera. ¿Celos? No, como creen.
En serio.
-¿Se conocen? –pregunté, sin pizca de negatividad, sólo me sorprendía. Ella se irguió tan rápido como mi ojo pudo percibir y sonrió de medio lado, muerta de… vergüenza. Allí, entre sus graciosos y seductores hoyuelos. Qué despeinada mujer, y lo digo yo que no dedico a mi aspecto más de diez minutos. Y con qué facilidad se le sonrojaban las mejillas!
-Shiho es parte del equipo de decodificadores que descifraron el mensaje de Jiraya-sama. –me respondió con toda la naturalidad, sonriéndole, normalmente.
-¡Shi-k-kamaru-kun, tú hiciste todo! –susurró mientras un involuntario tic aparecía en mi ojo derecho... "Kun"? Ella seguía rascándose la rojísima mejilla con su dedito estúpido.
-¿Qué mensaje? Yo no sé nada de esto…
-Es cierto, no, y me tardaría demasiado contándote. –caminó un poco más y se colocó entre ambas. Se rascó gansamente la cabeza y en voz de "qué problemático" dijo: -Shiho, Temari, hermana del kazekage. Temari, Shiho, decodificadora.
-Un gusto conocerla Temari-san –me dijo sonriente la peculiar niña, haciendo una nueva reverencia. Bien, yo no lo haría, la "hermana del kazekage" no se humillaría frente a una decodificadora, quizás una "AMIGA" lo hubiera hecho, pero no, no esta mujer.
-Sí, un gusto. ¿Shikamaru nos vamos? –le pregunté insistente, me urgía deshacerme de la insistente mirada de Shiho a través de sus gafas. Me reacomodé a la niña en los brazos, súbitamente adoloridos. –Quizás estén buscando a Yuki.
-Temari, estás enojada? –preguntó la niña en voz baja que, espero, sólo Shikamaru y yo escuchamos. Estaba hundida entre mi hombro y mi cuello. Negué, para que Shiho no viera… la verdad. Y la verdad es que lo estaba, no sabía muy bien por qué. ¿Celos? No… creo que no. Di un paso más, indispuesta a seguir parada en medio de la calle mientras la decodificadora se comía con los ojos a Shikamaru y mientras yo sólo podía cargar a una niña adormecida.
-Temari… -¡basta con gastar mi nombre! Pensé- Quieres que yo cargué a la niña? No tenemos prisa… -le escuché decir a mis espaldas y fin, lo consiguió: acabó con mi paciencia. No, quizás no teníamos prisa, pero me importaba un cuerno! No quería seguir viendo como ella podía ser tan obvia y yo no! No quería saber nada de la sujeta que hacía que… que Shikamaru dejara de seguirme! Bajé a la niña de mis brazos y esta se puso de pie, normalmente, era verdad, no había necesidad de que la cargara. La tomé de la mano y volví la cabeza sólo para acabar con el martirio, no iba a soportarlo un segundo más!
-¿Quieres quedarte con Shiho? ¡Hazlo, que no te detenga mi presencia! Puedes quedarte a platicar con ella todo lo que quieras, YO tengo cosas que hacer, con permiso! –y habiendo dicho aquello le sonreí a la rubia, que me sonrió confundida a su vez, y eché a caminar con la niña echa una bólido, tanto que la pobre casi no podía seguir mis pasos.
El resto de la mañana fue horrible… ¿Celos? SÍ, sí, sí, sí ¡CELOS! ¿Y qué, y qué y qué?!?
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Llegué a la puerta, incapaz de tocarla, tenía los ojos irritados, rojos y las cuencas adoloridas. Tenía años de no llorar tanto, no sabía muy bien por qué lo había hecho pero allí estaba yo, triste y acobardada, con los brazos vacíos y la cabeza dando vueltas. Todo había empezado cuando entregué a la niña y vi su cara de tristeza cuando la directora del orfanato la llevaba adentro. Por un momento pensé que habría sido mejor no devolver nunca a la niña, llevármela lejos… pero era imposible y ese primer pensamiento me hizo llorar.
Apenas había dado el primer paso para reencontrarme en algún lugar con Shikamaru, cuando recordé dónde y con quién lo había dejado y perdí todas las ganas de caminar, me sentí estúpida, infantil, emocional. Para ese momento mi cara ya estaba toda bañada en lágrimas. Sólo llegué a la conclusión de que no podía seguir pasando mi tiempo con un tipo que no se daba cuenta… que no se daba cuenta de lo que yo… sentía?
Pensando desde cuando lo sentía fue que mi llanto silencioso se convirtió en un sonoro berrido que asustaba madres y niños por las calles. Caminé sin rumbo fijo alrededor de dos horas hasta que me sequé completamente y sólo de vez en cuando sorbía por la nariz, al recordar momentos, la mayoría lindos. De algún modo mi relación de camaradería con él se había convertido en algo problemático y de algún modo me encontraba a mi misma incapaz de mirar más arriba del horizonte, iba con la mirada clavada en el suelo.
Me sentía devastada, reprimida. Por un momento deseé ser una mujercita capaz de ser sólo eso: una mujercita. Una mujercita como Ino que podía peinar su cabello por horas para que un chico la mirara, una mujercita como Hinata que podía espiar a Naruto y ser absolutamente evidente sin que nadie la señalara, una mujercita como Sakura que podía pensar AÑOS en un sujeto que no la iba a amar nunca y que nadie la condenaba por eso. Una mujercita como Tenten que, aparentemente, no tenía ningún problema de esa índole con el cual lidiar.
Pero yo era Temari, la que no peinaba su cabello porque nunca tuvo tiempo, la que no espiaba hombres ni era evidente porque nunca se lo permitió, la que pensaba racionalmente y nunca amaba más allá de sus fuerzas porque nunca se lo enseñaron, la que TENIA un problema de esa índole y no sabía qué hacer con él porque era la primera vez en su vida que veía la situación de cerca. Con ese concepto de mi misma llegué a la puerta de los Nara rogando con todo mí ser que Shikamaru y su mirada inquisidora no estuvieran ahí, rogando que no pudiera verme en tan patético estado. Toqué, asustada, pero NADA me pudo preparar nunca para lo que sucedió a continuación.
No encontré tras la puerta a Shikamaru cuando esta se abrió desde adentro, sino a la persona más parecida a él en la faz de la tierra. Nara Shikaku, con una preocupadísima mirada, abrió la puerta y se sonrió al verme, pero la sonrisa se desvaneció instantáneamente cuando noté que me había mirado a los ojos. Mi imagen no era nada tranquilizadora, estaba despeinada, roja, mis manos no podían evitar esconderse en mi pecho dolorido y mi mirada reclamaba ayuda a gritos.
-¿Temari, te encuentras bien? –me preguntó mirándome casi con ternura. La voz serena del padre me hizo recordar al hijo y rompí el llanto una vez más mientras, sin saber por qué, ni cómo, sin considerar que era una GRAN estupidez, me aventé a sus brazos y lo abracé como si haciéndolo todo mi dolor y mi ansiedad fueran a desvanecerse.
No quise pensar que recién había hecho una tontería, bloqué de mi cerebro que estaba en una situación incómoda y bizarra, no lo comprendí porque, además, Shikaku no reaccionó tampoco. Al contrario, me abrazó protectoramente por los hombros y me hizo caminar hacia adentro, cerrando después la puerta tras de mí. Seguramente lo último que quería era que los vecinos lo vieran abrazando a una niña como veinte años menor que, además, lloraba desconsolada, enterrando la cabeza en su pecho.
Créanme, nunca, nunca en mi vida había hecho algo tan raro.
No reparé en mi error hasta que escuché la voz de la ama de casa cumplida que siempre abre la puerta y que, como su marido lo había hecho esta vez, se aseguraba de que todo estuviera bien preguntando: "¿Quién era, Shikaku?". Escondí más la cara, aterrada de lo que pudiera pasar después cuando hubo un silencio sepulcral en el lugar y desde el ronco pecho del hombre al que abrazaba surgió la cómica frase:
-Se que en todos los casos los hombres usamos esta frase. Pero en verdad esta vez, no es lo que piensas. –y terminó diciéndolo con una risita casi imperceptible que me hizo reír también a mí, tenía tanta razón.
-¡IMBECIL, SUÉLTALA! –gritó la mujer, enrabietada y, sin que yo me diera cuenta, de un tirón por el brazo me arrancó de su marido con una fuerza sobrenatural. -¡Atrévete otra vez a abrazar a la mujer de la que tu hijo está enamorado en SU casa y te las verás conmigo! –exclamó mientras me sostenía fuertemente del mismo brazo con una mano y con la otra golpeaba en los antebrazos a su marido, que trataba de defenderse en medio de una carcajada.
Ninguno de los dos se dio cuenta de lo que acababan de decirme. Me entró la duda y comencé a preguntarme si era verdad lo que los viejos decían, porque Yoshino lo había gritado y Shikaku no lo negaba. Me extrañó que lo supieran, más cuando parecía que Shikamaru no tenía el menor interés en ocuparse de esa clase de asuntos.
-¡Es MI casa!. . . ¿Y por qué no estás celosa? –preguntó el marido divertidísimo mientras se sobaba los golpes que la fuerte mujercilla le daba en el brazo mientras lo reprimía como si fuera un niño pequeño.
-¡Oh Shikaku, ya no tengo veinte años y tengo mejores cosas en que pensar que en celarte! Ya lo hice casi la mitad de mi vida! –terminó de gritar peinándose unos negros mechones rebeldes, que en la pelea habían salido de su lugar, con desesperación. Estaba a punto de mirarme cuando su esposo habló y ella le dirigió su atención de nuevo a una velocidad extraordinaria. Eso es verdadero amor.
-Pero era tan divertido… -siguió diciendo él mientras se acercaba a su mujer y la tomaba por la cintura, sólo para distraerla y hacer que de una vez por todas soltara mi adolorido brazo. Ella se sonrojó un poco y cuando se dio cuenta de lo que había hecho, molesta intentó soltarse de la opresión y tomar una vez más mi brazo, pero los dos de Shikaku se lo impidieron, capturándola y alejándola de mí casi a rastras.
Molesta, Yoshino lo pisó y cuando, con un quejido de dolor, él la hubo soltado se reacomodó el vestido y el cabello una vez más. -¿Divertido?, ¿Te habría parecido divertido que Shikamaru hubiera entrado por esa puerta mientras tu abrazabas a Temari? –y luego dijo en una voz mucho mas tétrica y queda- No sé porque no está aquí, por cierto…
Hasta entonces tuve valor para abrir la boca y decir un inusualmente tímido: -Anteayer nos quedamos dormidos en el bosquecillo y ayer dormimos en casa de Chouji –terminé, alzando la mano, pidiendo la palabra antes de que la pareja de cónyuges volviera a encontrar un motivo por el cual pelear. Ambos me miraron como si apenas repararan que yo estaba allí y al parecer así era, porque Shikaku se rascó la cabeza, igual que haría su hijo, y sonrió apenado y Yoshino se cubrió la boca asustadísima. –Sí… aaaah… ¿No dire nada?
-No, no, no, no… perdón linda acabas de ver algo… ehh… -me interrumpió ella, violentamente amable, tomándome de nuevo del brazo y llevándome a sentar a la mesa mientras los pasos ágiles de el hombre nos seguían.
-¿Que sucede seguido en esta casa? –completó él la frase, ganándose un buen coco de parte de su mujer, que trataba de limpiar su imagen, infructuosamente. Yo sabía, a fuerza de oír historias de la boca de la criatura que habían concebido, que en efecto era algo común. –No le mientas! –rió.
-¡Shhh, Shikaku! No. –lo reprimió con un último golpe suave con la palma de la mano en un brazo y, por alguna extraña razón, la mano de Yoshino se quedó ahí, no volvió a cruzarse con su compañera. Bueno, probablemente había encontrado algo que le gustaba en el camino y había decidido quedarse allí. Sonreí al pensar que eran una peculiarmente romántica pareja. –Bueno, preferiría que ignoraras lo que acabas de ver y oír.
-¿S-supongo que podría? –dije insegura, no, no podía, de hecho. No estaba dispuesta a olvidar que había escuchado a los mismísimos ángeles echarme porras.
-¡Oh, no lo supongas, hazlo! Me sentiría muy mal si por abrazar a mi marido arruinas los planes de mi hijo. –dijo, quizás intentando amenazarme, pero inútilmente porque yo era inmune a ella, sabía que estaba nerviosa porque acababa de decirme que su hijo estaba enamorado de mi y de pronto… todo era… digamos… morado. No rosa porque no estaba del todo segura y porque quedaba mucho por hacer, pero del azul absoluto en el que me había encontrado toda la tarde al morado del momento había un largo trecho.
Genial, así que en verdad había una posibilidad de que el genio no fuera tan indiferente como yo pensaba para con mi persona. Claro que me ponía los pelos de punta, pero era mejor eso que seguir llorando lo que restaba del día, después de todo había mucho, mucho que hacer y al día siguiente era cumpleaños del señor objeto-de-deseo.
Eso sonó muy mal. Ejem… prosigamos.
-Bueno, trataré. Ahora, si me lo permiten, iré a mi cuarto a arreglar algunos pendientes que tengo para ma… -y entonces comprendí lo que ya dije, pero que no había terminado de procesar: ¡Al día siguiente era cumpleaños del señor objeto-de-deseo! Respingué bruscamente comprendiendo que no tenía tiempo para hacer nada ¡No había conseguido lo que tenía planeado regalarle y además tenía que hacer el vestido de la fiesta de Ino!
-¿Para mañana, no? –dijo ella, muerta de felicidad, quizás burlándose de mi pésima administración del tiempo. Es que todo había pasado tan rápido, mi cuarto día se esfumaba y yo no había hecho nada aún! La miré desesperada, ni siquiera tenía fuerzas para contestarle de mala manera, sólo podía deshacerme de mi orgullo y pedirle el favor que sabía que era la única cosa que me salvaría de esa situación.
-Yoshino-san –susurré, acercándome rápido a ella y tomando la mano que seguía en el bazo de Shikaku con ambas mías- Se lo suplico, por lo que más quiera… ¡Ayúdeme a terminar mi vestido! –cerré fuertemente los ojos y terminé lo que había empezado. Con un solo respiro dije todo lo siguiente, a decir verdad, muy atropellado: -Shikamaru cumple años mañana y no he tenido un momento desde anteayer en la mañana para encargarme de eso. Si… si usted no me ayuda no sé qué voy a hacer!
Abrí los ojos sólo para contemplar su victoriosa mirada. Estaba a punto de soltar la lágrima cuando su otra mano se posó sobre las mías y me dijo en voz muy bajita pero comprensible: -¿Es el vestido de Twelve Oaks, no es cierto? Me lo sé de memoria.
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Cuando arrancó el primer encaje creí que iba a llorar. Mi trabajo, lo desgajaba como si fuera suyo y de pronto no le gustara, como si fuera basura. ¡Y seguía! Seguía quitando encajes, descosiendo, rompiendo a diestra y siniestra. Cuando creí que estaba a punto de desmayarme dijo en voz, cínicamente calmada: -No te preocupes, estará listo para mañana en la noche. ¡Voy a hacer que te veas preciosa! -Me sorprendí de su repentino ahínco por ayudarme, de sus ganas de hacerme la más linda. Pude haber seguido sorprendida de no haber sido porque siguió hablando. –Shikaku me retó, me dijo que seguramente Ino tendría una preciosidad de vestido y que hiciera lo que hiciera, un vestido planeado con meses no podría ser derrotado por el tuyo pero HA! Yo misma voy ir a comprobar que el tuyo sea el más bonito y si no es así, juro que le pongo cuanto sea necesario para cumplirlo… ¡en el acto si es necesario!
-Ah… -sí bueno, tenía que ser, era un pleito con su marido lo que la tenía tan apasionada por mis telas. Y yo que pensé que le importaba su futura yerna, ilusa yerna! Obviamente en el momento me reproché mentalmente por eso de "futura yerna", no lo superé hasta que un día, recostada con él en el sillón ultra cómodo, le conté y se rió de mí por HORAS. No lo culpo, fue súper idiota… jaja.
-Bueno, creo que tengo todo en casa para terminar este vestido… -pausa para mirarme mientras yo pensaba "¿Terminar? Hay que empezarlo de nuevo vieja loca!"- La tela de escogiste es perfecta pero no me gustó el encaje, vamos a usar gasa bordada con listón verde… y necesitaré unos… diez metros, eso puedo ir a comprarlo aquí cerca –pausa para oírme decir "Pero señora!" –No te preocupes, la casa invita. Bueno supongo que tienes tus botines negros.
-Algo sucios pero los tengo… -confesé, se habían ensuciado en el camino y un día que me puse a bailar con ellos puestos en el despacho de Gaara mientras Kankuro se reía de mi. Lo valió, aprendí a bailar vals… sin su ayuda. –También las enaguas, las medias, y los listones del cabello. Sólo que no sé peinarme, supongo que le pediré ayuda a Ino, ella…
-¡NO! –gritó casi soltando el vestido que sostenía en el aire con sus dos manos, examinándolo. Se dio cuenta de su exaltación así que respiró hondo y sonrió. –No, no, no, son esas rubias contra nosotras, Temari! Yo lo haré… –dijo señalando mi nariz cuando se echó el vestido al brazo.
-Yoshino-san, también soy rubia… -dije, a decir verdad, algo perpleja… ¿Quiénes eran las "rubias" de las que hablaba?
-Oh pero eso se arregla, no dejaré que seas una Scarlett rubia. Además… ellas son rubias las dos, no puedo decir contra "nosotras rubias" porque yo no soy rubia.
-¿Qué otra rubia… a parte de Ino? –pregunté, tontamente.
-Su madre, obviamente, ella fue la de la idea genial de la fiesta de disfraces, la de la idea genial de hacer sufrir a mi hijo y si alguien va a vengar su pellejo, esa eres tú, porque te vas a ver mucho más hermosa que Ino! –terminó con una sonrisa macabra en la cara. Así que era un pleito de amas de casa… Estiró el vestido sobre mí para imaginarme con él puesto y luego dijo, como si fuera la cosa más normal de mundo: -Bueno quítate la ropa.
-¿Q-qué?! –grité asustadísima, cubriendo mi pecho con súbito miedo.
-¿Oye… no pretendes que cosa esto sin que te lo midas primero verdad? –dijo sin más, dejando el vestido en la mesa donde estaba la máquina de coser, recogió su cabello y después se quitó el delantal. Yo temí por mi vida, pero la mujer tenía un punto –No te va a pasar nada linda, la puerta tiene seguro.
Caminó hacia mí y girándome bruscamente me quitó el obi con una destreza que pocas veces había visto, la yukata resbaló por mi cuerpo sin pedir permiso y, al contrario de lo que yo esperaba, lo que llegó después no fue la suave tela de algodón del vestido, sino una fría cinta métrica en mi cintura. Grité de frio.
-Mmm… sesenta y uno ¿Crees que podamos reducir esta medida? Me preocupa… No es que crea que tienes mal cuerpo, al contrario, pero si quieres ser la más… "adecuada" en la fiesta tendrás que tener la cintura más estrecha.
-¿¡Para pasado mañana!? –pregunté asustada. ¿Qué tenía en mente esa mujer? Alce los brazos sólo para ver por debajo del derecho y encontrármela arrodilladla en el suelo detrás de mí midiendo mi cintura. Ese sin duda había sido el día más bizarro de mi existencia.
-Sé que se puede, pero eso depende de qué tan dispuesta estés a respirar con dificultad por un buen rato –aclaró poniéndose de pie y encarándome. Aaah, un corsé, claro, eso lo hacía todo un poco más lógico. –¿Crees que podrías reducir tu figura 18 pulgadas?
-Mi cerebro está bloqueado… ¿cuántos centímetros es eso? –dije notando el temblor en mi voz, sabía que ese número tan pequeño no podía significar nada bueno. Di un paso atrás sin darme cuenta y ella rió un poco. Casi puedo decir que lo que dijo a continuación le produjo algo de placer.
-Cuarenta y seis.
Casi di un salto cuando procesé la estrechísima medida. ¡No, yo nunca lograría entrar en algo tan pequeño! -¡¿Cintura, como es posible que alguien…?!
-YO solía entrar en ese corsé, querida, y quizás hasta te quede grande. –se puso ambas manos en la cintura y no pude evitar mirar la cintura de la madre de Shikamaru que, para ser sincera, seguía siendo bastante estrecha. Lo notó, así que me echó encima mi yukata y luego me tendió la mano: -¿Aceptas? Yo te prometo que voy a trabajar en tu vestido toda la noche si es necesario, vamos a hacer que entres en ese corsé, hasta te prestaré mis joyas… si… -dudó un momento y luego sostuvo de nuevo su ánimo- si me prometes que, pase lo que pase, vas a sentir que eres la mujer más hermosa del mundo cuando lo uses.
Fue una extraña petición pero de algún modo no vi el oculto propósito de la, al parecer, tan desprendida muestra de afecto -¡Yoshino-san… no tiene que quedarse en la noche trabajando… yo podría hacer algo!
-Tú tienes que ir a ver que le vas a regalar a mi hijo mañana ¿Recuerdas? Además me interesa hacer este vestido… y creo que mi hijo le daría gusto saber que por primera vez trabajamos juntas y que hicimos un buen equipo… -bla bla bla… el resto no lo escuché, seguía sonriendo como estúpida, seguía a punto de llorar y de soltarme en una sonora carcajada, estaba demasiado contenta para mi propio bien. Estreché su mano con tanto gusto que no podía creerlo.
Cuando Yoshino-la-cuaima dejó de tomarme medidas y me liberó de su cinta métrica y de los alfileres del vestido, me vestí de nuevo y recolectando mi dinero y mis ideas, salí corriendo de la casa, no sin antes despedirme de Shikaku y decirle que era el mejor suegro del mundo. Supongo que lo dejé perplejo, pero no me importó en absoluto. De un momento a otro y sin que Shikamaru lo supiera, su familia me había abierto los brazos y cada segundo que pasaba me sentía más en casa.
Mientras caminaba por las transitadas calles del centro de Konoha al anochecer comprendí que había sido suficiente! No me importaba si no le interesaban las mujeres, no me importaba si estaba aún con Shiho comiéndosela a besos entre los arbustos, no me importaba si mi salud mental se iba desquebrajando con cada paso que daba… No me importaba qué pensaba él al respecto de mí y de mis sentimientos… pero si no estaba enamorado de mi, sólo por Yoshino, por Shikaku y por mis propios ovarios yo iba a enamorarlo, me costara lo que me costara!
¡Así fueran 15 centímetros de cintura!
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Y después de una gran gran tardanza para la que no tengo mayor excusa que la desidia, aquí esta n.n Debo decir que me encantó escribirlo y de verdad espero que este capítulo les guste tanto como a mí porque, de algún modo, logré escribir algo lindo en medio de tanta ladilla. Ah otra cosa, amo a Shikaku y a Yoshino, creo que quedó claro pero tenía que decirlo de nuevo -w-
GRACIAS A: Flow440, Sariu (quince capítulos n.n, espero que estemos todos aquí hasta el final!), Ale-are, Henmon, Ksauchi, Amy-Black-Nara (Gracias ToT tu review me mató), Titxutemari, NaraVillbs, Vistoria (todas queríamos que Temari llegara a darle amor en el 82 ú.u… todas *suspiro*), 9shikatema9, Beka-san (divago y no se nota xD), , SakuNaru-Chan, Rose n.n, Gabe Logan, y UchihaHannabi mi amoooor preciosa te amo novia mía!
¡Muchísimas gracias a todos! Disculpen que no tenga tiempo ni espacio para contestarles de uno por uno pero los adoro, muchas gracias!! ToT
