Disclaimer: Los personajes de las películas Frozen y Rise of the Guardians no me pertenecen, pertenecen a Disney y DreamWorks respectivamente.


El reino despertó calmo, y con aquella extraña calma, la princesa heredera se levantó a observar por el balcón un cielo exageradamente despejado. Se quedó observando tal paisaje sorprendida, ni la época ni sus emociones eran tales para un tiempo así, pero no podía negar que era agradable despertar sin tormentas en el horizonte. Entró nuevamente en su habitación, donde su vista se dirigió prácticamente al instante a las flores de hielo que decoraban su tocador. Inmediatamente pensó en la fecha, y que a cada momento el maldito baile de invierno se acercaba. Tenía que tomar una decisión, y rápido.

Se sentó en su tocador y comenzó a arreglarse con cuidado, tomándose el trabajo de que todo en ella se viera perfecto. Al terminar, se vistió con cuidado, luciendo un precioso vestido color aguamarina, decorado con un delicado brocado en plata. Se observó en un gran espejo de cuerpo entero, apreciando su propia imagen. Tal vez, en otra situación, en otra vida, se consideraría una mujer bonita, en aquel momento solo se sentía una marioneta de las circunstancias. Suspiró largamente antes de colocarse un par de guantes blancos.

Abrió la puerta de su habitación, avisándole a uno de sus lacayos que avisara que aquel día no atendería solicitudes en la sala de escarcha, que su carruaje fuera preparado para un paseo, junto con algunas provisiones para pasar el día, y que un mensajero fuera pronto al despacho para enviar una misiva de suma importancia. La joven por su parte se dirigió al despacho real, donde se sentó a escribir una misiva breve. Al terminar, un mensajero pidió permiso para entrar, acompañado de Kai.

- Buenos días su majestad, es un agradable día ¿No cree? - Comentó Kai, intentando que el comentario fuera lo más natural sobre la tierra. La princesa sonrió de lado, sin tragarse la súbita aparición calmada del mayordomo.

- Un agradable día Kai -. Concedió ella, observando el lacrado de la misiva ya perfectamente seco -. Por favor, necesito que entregue en este mismo instante esta misiva al conde de Burguess.

- De inmediato, alteza -. Dijo el mensajero, tomando la misiva y realizando luego una reverencia a la dama.

Kai observó la situación completamente sorprendido. Con los ojos abiertos de par en par como si hubiera visto un milagro, o la aparición de un espíritu, o ambas a la vez. Se quedó atónito observando a la princesa, quien sonreía tímida, con una expresión tan aterradoramente humana que él no pudo más que hacer una pregunta con la mirada. La muchacha suspiró, antes de asentir levemente, con una sonrisa nerviosa.

- Permitame decirle algo, no como su mayordomo, sino como quien la ha visto crecer durante estos años -. Comenzó a decir, dando unos pasos hacia Elsa, manteniendo una distancia prudencial -. Estoy completamente orgulloso de la decisión que esta tomando, darse esta oportunidad es mucho más de lo que creí posible en un primer momento, y me alegra como no tiene idea que de verdad lo intente. Espero que todo ocurra como desee.

La rubia se levantó de su lugar, dándose vuelta a observar el reino. Aquella vista siempre le había generado sentimientos bastante encontrados. A veces sentía una presión inmensa sobre sus hombros, mientras otras, como en aquel día inusitadamente soleado, le calmaba saber que pasara lo que pasara Arendelle iba a salir adelante, como siempre lo había hecho. Volteó a observar al mayordomo, quien parecía expectante, intentando comprender qué pasaba por la cabeza de la joven princesa.

- Las cosas sucederán... Como deban hacerlo -. Afirmó Elsa, con una sonrisa sencilla, que pronto desapareció para dar lugar a su expresión habitual -. Esperaré al duque en la biblioteca, hasta entonces, quisiera no ser interrumpida.

Sin que el tiempo importara, la de Arendelle pasó a un lado de Kai, sin siquiera detenerse ante el saludo de este. Como dijo, se dirigió a la biblioteca, donde soltó un largo suspiro, sintiendo un gran peso sobre su propio cuerpo. Cierto era que ella misma había decidido el encuentro de hoy, pero no por ello llegaba a ser una situación del todo agradable. Al fin y al cabo estaba por encontrarse con un sujeto al que apenas conocía para iniciar una relación que, esperaba, continuara en un agradable matrimonio. Rogaba a todos los cielos que el Overland no sufriera por sus habilidades.


- ¿¡Qué!? - Gritó el duque mientras miraba al mensajero, le arrebató la misiva de las manos y la leyó prácticamente en un instante -. ¡Ella! ¡Si!

El mensajero le observó sorprendido, extrañado de ver a un noble tan... Expresivo. Cierto era que solo había conocido a la princesa de Arendelle, y que ella ya rayaba la carencia de emociones. Pero ver al duque exaltarse, como un chiquillo al que le comentan que tendría doble postre era algo que no creía ver en toda su vida. Este último al darse cuenta de su actitud, se irguió alisando su chaqueta. Y si bien trató de simular algo de seriedad, su rostro seguía siendo el de un niño con juguete nuevo.

- Por favor, parta de inmediato hacia el palacio, indíquele a la princesa de Arendelle, que arreglaré algunos asuntos con el escultor y estaré allí mismo -. Pidió el Overland, manteniendo ese semblante que luchaba por reflejar la seriedad de su posición, con la alegría que sentía.

- Como usted ordene, su excelencia -. Acató el mensajero dando una leve reverencia. Dio media vuelta y partió raudo nuevamente al palacio.

Jackson por su parte revolvió entre sus pertenencias en la habitación de la posada. Se cambió de ropas, más acorde para la idea de un día de campo, para luego tomar una caja de madera, algo sencilla, pero perfecta para un obsequio simple. Cerró con cuidado la caja, tratando de que su contenido no quedara hecho trizas. Se colocó luego los guantes y bajó al pequeño establo colindante, donde preparó el mismo su montura, asegurándose de que todo lo debido estuviera allí.

Se subió al caballo y partió pronto a destinado, sintiendo la expectativa golpearle en la cara. Cierto era que conocía poco y nada a la princesa, pero algo en su interior le instaba a conocerla, a tratar de saber más de ella, y de verdad quería compartir cada momento posible con ella. Incluso con la estúpida idea que se le había ocurrido durante el inicio del festival de invierno. La idea original era simplemente picarla con la intriga sobre las flores, pero lo que menos pensaba era que al final aceptara su propuesta de día de campo, recalcando que quería conocer al artista tras su presente inicial. Sonrió divertido, claro que iba a conocer de primera mano al gran y fabuloso artista que había hecho tal pieza de arte.

Al llegar al palacio, descubrió todo preparado en el patio interno del mismo. Seis caballos habían sido sujetos a un elegante carruaje, por detrás un carruaje similar, algo más sencillo era cargado con varias comidas. A su alrededor, como era de esperarse, había varios guardias sosteniendo las riendas de sus caballos, conversando entre ellos. El de Burguess se acercó, informando de su presencia a uno de los lacayos que partió prácticamente corriendo a donde la princesa. Se quedó esperando sobre su montura, considerando que viajar en el mismo carruaje que la dama tal vez sería tomado como una imprudencia por parte de ella.

Por pura cuestión de respeto, para no esperarle sobre el caballo y quizás compartir alguna palabra antes de que iniciaran su pequeña travesía, se apeó de la montura, para luego entretenerse con una simple revisión de que todo en su bello frisón estuviera perfectamente asegurado. Aquello no duró demasiado hasta que escuchó las puertas abrirse de par en par, seguro de que era la rubia, volteó a saludarla como era debido. Fue un segundo en que la vio, bella como una aparición mágica. Más allá del buen gusto que reflejaba en la elección de su vestimenta, la princesa se veía etérea en aquel delicado color, con su cabellera rubia en una trenza francesa, además de esconderse del sol con una sombrilla que le daba cierto aire angelical.

- Su alteza real -. Saludó el duque, tratando de recobrar su elocuencia de siempre -. Debo decir que me hace muy feliz que haya aceptado mi propuesta, y créame que no le miento al decirse que se ve realmente bella.

La aludida sonrió complacida del comentario, manteniendo una expresión tímida, antes de hacer una leve inclinación a modo de saludo, la fin y al cabo, ambos pertenecían al mismo estrato. La muchacha observó un instante la montura del príncipe y luego echó una mirada alrededor, intentando dar con el bendito artesano que había hecho aquellas magníficas flores. Arqueó la ceja, para luego mirar levemente decepcionada al duque.

- Es un gusto verle nuevamente, excelencia -. Saludó ella, con cierto reproche en su voz -. ¿Vino usted solo? ¿Acaso su artesano no pudo acompañarle?

El peliblanco soltó una carcajada, haciendo que la rubia le mirara con mayor reproche que antes. El muchacho trató de recomponer su gesto, acto que le tomó unos instantes. Tras ello, le sonrió con galantería e hizo una reverencia a modo de disculpa.

- Perdone mi atrevimiento, pero le permito que por hoy, ya que vengo teniendo mucha suerte, me permita mantener esto en secreto hasta que lleguemos a destino ¿Me permitiría tal insolencia? - Preguntó Jackson, totalmente decidido a picar aún más a la princesa.

- Su excelencia, es usted un descarado. Y estoy segura que de todos modos me mantendrá con la intriga hasta que usted lo crea conveniente ¿No es así? - Respondió la joven, con cierta altanería, entendiendo un poco mejor el juego del principito. Este hizo un gesto de inocencia, haciendo que la princesa entornara la mirada.

- Creo que debería ser un poco más creativo la próxima vez, pareciera que usted ya descubrió lo mucho que me gustan esta clase de juegos -. Comentó el príncipe, ya completamente perdido en la imagen de la princesa con el ceño levemente fruncido.

- Parece que todo es un juego para usted, Jackson. Ahora, mejor partamos -. Dijo la dama acercándose a su carruaje, cuya puerta ya había sido abierta, con el escalón preparado para su ingreso -. Como veo que usted trajo su propio transporte, mejor viaje allí. No veo correcto compartamos este dada nuestra situación. Sepa comprender.

- Me parece perfecto, yo le seguiré de cerca -. Respondió el de Burguess, antes de subirse al caballo. A decir verdad, hubiera adorado conversar con la muchacha todo lo que durara aquel viaje, pero como ella misma había dicho, no era correcto. En aquel momento reafirmaba, por enésima vez a lo largo de su vida, que los protocolos habían sido creados para molestar.

Sin más, comenzaron la marcha, primero partieron un par de guardias, seguidos por el príncipe, el carruaje de su alteza real, otro par de guardias, el otro carruaje con vaya uno a saber qué y un par de guardias más cerraban la comitiva. A ojos de cualquier persona, tal despliegue para un simple paseo podía parecer una exageración, y el duque coincidía que en efecto, aquello era demasiado. Claro, él no era del todo convencional en ese sentido, a diferencia de su hermano mayor, no disfrutaba codearse con la nobleza, con adultos estirados que solo seguían montones de normas aburridas con tal de quedar bien. No, él seguía siendo reprendido por iniciar batallas de bolas de nieve, que se divertía jugándole travesuras a quienes habían sido sus instructores. Y claro que no cambiaría su forma de ser por nadie. El día que no fuera divertido, él lo definía como un día perdido.

El viaje duró relativamente poco, le sorprendió descubrir lo cerca que aquel espacio campestre se encontraba con respecto a la capital del reino. En Ravensay tenía medio día de viaje para encontrar un lugar así, y ni hablar de viajar hasta Burguess. En parte, era bastante útil, en su ducado no tenía a los estirados nobles intentando conseguir algo de sus padres, pero claro, allí debía hacerse cargo de todo, por lo que iba alternando su estadía en el palacio real con el ducal. Y ahora estaba allí, a orillas de quien sabe qué bosque, con una vista fascinante de un reino que hasta hace poco desconocía. Ni hablar de que estaba en compañía de la princesa heredera, quien ahora se bajaba del carruaje, sosteniendo con seguridad su sombrilla, evitando que su rostro, el único tramo de piel que se le veía, fuera afectado por el sol otoñal.

Momentos después, dos mujeres descendieron del carruaje secundario, para preparar todo para la comida. Por su parte el de Burguess, tomó con cuidado la caja de madera en la que contenía el segundo presente para la de Arendelle. Lo abrió un leve momento, para asegurarse de que estuviera todo en orden. Y se acercó a donde había sido dispuesta la comida. Un gran manto sobre el suelo, algo difícil de ver en otros lados, pero aún así a él le resultó totalmente agradable saber que Elsa no pondría pegas a comer en una situación tan "informal". Le pidió permiso para sentarse, para luego hacerlo a poco más de un metro de ella.

Al igual que en palacio, ambos comenzaron a comer en silencio, y nuevamente el ambiente era agradable a pesar de ello. A Jackson le resultó extraño, normalmente solía detestar el silencio, le resultaba algo exageradamente aburrido, y sin embargo, allí estaba, permitiéndose disfrutar de la silenciosa compañía de la mujer más bella que jamás hubiera conocido. Casi se le cae la copa al darse cuenta de su último pensamiento.

- ¿Acaso el jugo de uva es muy fuerte para usted, duque? - Preguntó burlona la princesa. Tomando totalmente desprevenido al aludido, quien no podía creer que ella hubiera hecho un comentario así.

- Sabe princesa Elsa, creí que no tenía sentido del humor, pero veo que al menos sabe reírse de mi torpeza. Sinceramente, no sé cómo sentirme al respecto -. Respondió el Overland con fingida molestia, simulándose ofendido.

- Usted no es el único que puede molestar al otro, duque... Y aún espero saber que tanto se trae con su tallador de hielo misterioso -. Comentó la joven, tomando un trago de su bebida, manteniendo su mirada sobre el príncipe.

- Ahora que lo menciona, primeramente quisiera mostrarle la última creación del misterioso artesano de hielo -. Indicó el duque, entregándole aquella caja de madera a la princesa.

La joven echó una mirada sorprendida al muchacho, antes de tomar con curiosidad aquel misterioso presente. Tomó aire un momento, si bien la curiosidad le quemaba, era divertido ver la expectación en ojos del duque. Podría acostumbrarse, pensó, y al instante siguiente parpadeó varias veces, sorprendida de su línea de pensamientos. Soltó el aire y abrió el presente, el cual contenía una corona de rosas, hecha en su totalidad por el más puro hielo. Lo que más llamó la atención a la joven, es que de alguna manera increíble, aquel hielo se veía perfectamente azul.

- ¿Me permite, alteza? - Preguntó Jackson con timidez. La princesa respondió con un asentimiento leve, inclinando un poco la cabeza. El de Burguess tomó la corona y la colocó con sumo cuidado sobre la rubia cabellera, observando totalmente maravillado a la joven delante suyo.

- Es... Un hermoso presente -. Comentó Elsa, sin saber qué decir exactamente, echó una mirada ruborizada al duque, algo titubeante -. ¿Sabe? Ahora de verdad necesito conocer al responsable por esta bella creación. Es alguien en verdad talentoso.

No sabía exactamente porqué, pero aquella corona era demasiado para sus propios pensamientos. Siempre había asociado el hielo al sufrimiento, a la tristeza, y allí estaba, luciendo una corona de flores hecha perfectamente de hielo. Se le hacía prácticamente imposible una situación así, pero le traía cierta calma, calmando su tormenta interior. Sonrió levemente, hasta clavar definitivamente su mirada en el duque quien sonreía con arrogancia.

- Su alteza real, permitame mostrarle algo -. Indicó el muchacho, poniéndose de pie para luego dirigirse a su caballo.

Elsa observo curiosa como él volvía con un extraño cayado. Le sorprendía la forma de este, ya que parecía haber sido una rama formada perfectamente, además de estar cubierta de una leve capa de escarcha. El muchacho se sentó, en frente de ella, apoyando aquel elemento en su hombro mientras se quitaba los guantes. Hasta aquel momento, la rubia no se había percatado que al igual que ella, el duque de Burguess no se había quitado los guantes para comer.

- Le pido un poco de discreción, y no haga ninguna exclamación. Por suerte nadie nos esta prestando atención -. Pidió Jackson, con voz cómplice.

- Seré discreta, pero en verdad no entiendo porqué tanto secretismo ¿Qué es lo que...? - Estaba diciendo Elsa hasta ser interrumpida por el otro.

- Solo observe -. Le cortó el duque, mientras con sus manos formaba otra rosa de hielo azul. Dejando a la princesa de hielo totalmente petrificada.