¡ADVERTENCIA, MUÑECAS!
NO me hago responsable de lo que contiene el próximo capitulo... así que disfruten y no olviden comentar y dar fab, saludos x3
e.é
Despierto con la poca luz que entra al camarote, me estiro un poco y me levanto para tronarme los huesos, miro a mi izquierda, Jack no está, así que libremente me levanto, a un lado está el tipo de ropa que usé la primera vez que vine, tomo mi ropa interior y me la pongo, después el pantalón de cuero, camino hasta el espejo y me observo.
- Eso sí que es de mal gusto –murmuro al ver una marca roja a un lado de mi pezón, me pongo mi blusa, mi chaleco lo abrocho y salgo, subo hasta el timón, en donde se encuentra Jack.
- Hola, querida –me sonríe.
- Capitán ¿sabía que es de mal gusto dejar marcas en el pecho de una mujer? –murmuro.
- Hum, te ves tan intelectual con ese atuendo –dice, alguien más toma el timón, Jack se me acerca y abre mi chaleco junto con mi camisa, dejando ver solo un poco de mi escote.
- No es divertido.
- Ya se había tardado –dijo Elizabeth mientras se acercaba –hablo de que hiciera algo inesperado, como eso.
- Oh, bueno… como sea ¿ya han pescado o comido algo? –pregunto.
- ¿Pero cómo te atreves a preguntar eso? –dice Jack, Swan lo mira.
- No han comido ¿vamos a pescar?
- Claro –respondo, nos dirigimos a estribor.
- ¿Lo hacemos solas?
- Como en los viejos tiempos –ríe, pues somos demasiado jóvenes.
- Bien –dice, unos hombres preparan la red –Jack tiene una brújula… pídesela, cualquier cosa que quieras o necesites te dice en dónde está.
- ¿No debería solo dirigir al norte?
- Pero no lo hace –me dice, camino hasta Jack y el me mira sonriente.
- ¿No encontraron nada?
- Aun no empezamos… necesito tu brújula –le digo y antes de dármela se detiene.
- ¿cómo sé que no la hurtarás o la lanzarás al océano?
- Porque no soy tú –le digo en cuantos se la quito, me dirijo con Swan, abro la brújula y esta empieza a dar vueltas.
- ¿Ya? –pregunta, solo miro al mar.
- Sí, justo debajo de nosotras debe haber un buen puñado de pescados ¡Lancen las redes! –exclamo por costumbre, pues en Inglaterra siempre salgo con los barcos de pesca, o cada que me dejan. Ellos me miran y luego lanzan las redes, pasado un buen tiempo las suben, las dos redes están llenas de pescado, y es grande, sueltan las redes en el barco y empiezan a recoger los peces para meterlos en barriles, Jack se acerca.
- Esta noche habrá un festín –exclama – ¿cómo lo hicieron?
- Pues digamos que hay muchas olas, lo cual indica que hay muchos peces bajo el barco, no fue necesario usar tu brújula, en realidad.
- Supongo que es otra de tus habilidades.
- Solo otra, así es… bueno, Capitán, gracias por no tan servible servicio –le digo, camino, no mucho y me estruja del brazo.
- No creas que por andar conmigo me puedes hablar de cualquier manera, Katherine… aun soy capaz de lanzarte al mar o cortarte el cuello.
Este comportamiento es nuevo. Más bien es nuevo conmigo.
- Bueno, con lo poco que te conozco, puedo deducir que si en verdad quisieras hacer eso, para empezar ni hubieras vuelto por mí… ¿andar contigo? ¿Desde cuándo tenemos una relación estable? –me quito de su agarre y camino hasta el camarote, donde ya no me sigue.
Solo por esta vez, admitiré que abrí de más la boca con Jack. Tomo un libro del gabinete al fondo, lo abro y comienzo a leerlo, es sobre la vida antes de esta, y de cómo será en un futuro, o así lo creen.
Toda la tarde ha sido normal, aunque con estos días nublados podemos admitir que las tormentas no son muy buenas para navegar. Por ahora solo nos dirigimos contra la lluvia, por lo menos el viento está a nuestro favor. Sino sería algo bastante malo. Los rayos siguen vigentes, pues esta tormenta eléctrica no ha parado.
- Ya duró bastante –dice Jack, mira tras nosotros, y sonríe – ¡prepárense para las visitas!
- ¿Quién viene?
- Vienen por ti.
- ¿Por mí? –pregunto.
- Sí, apuesto a que ya nos estaban siguiendo.
- ¿Estás seguro, Jack?
- ¿Quién más nos seguiría hasta aquí? El único que sabe por dónde ir gracias a mí, es tu hermano.
- Dudo mucho que Françoise venga, no creo que los reyes lo hayan dejado venir.
- Pues créelo… y en caso de que no venga tu hermano, hay que prepa… rar…nos… ¿Katherine?
- ¿Qué? –pregunto, dejo de leer mi libro, me levanto del suelo y me asomo a los costados del barco, hay botes con personas en ellos, cargando con faroles. Miro a mi abuelo materno.
- El Mar de Almas –murmura Jack.
- ¿Almas… entonces el abuelo…? –es tan obvio, solo respiré hondo, no pretendo llorar, mi abuelo Alfred mira hacia el barco y lo saludo.
- Kitty, perdóname por no poder despedirme, mi niña –me dice con voz firme, pero dulce a la vez.
- Entonces por alguna razón te pude ver hoy –le digo, sonríe y se despide con un movimiento de mano para después regresar la vista hacia enfrente, una luz cubre su bote y pronto desaparece.
- Encontró la paz… despidiéndose de ti –murmura Jack, siento como rodea mis hombros con su brazo, solo me recargo en él.
- Tal vez viste un barco fantasma, James –le digo y lo miro.
- Estoy algo psicópata, no quiero que me alejen de ti.
- Lo sé, no sé qué harías sin mí –le digo mientras caminamos a su camarote.
- Tal vez morir de hambre –dice, cierra la puerta con seguro.
- Posiblemente.
- La tarde de ayer estuvieron increíbles Swan y tú… ¿cómo fue que lo hicieron?
- Bueno… a nosotras nos gustaba mucho subir a los barcos de pesca, así que hay aprendimos algo… ella solo aprendió un poco, pues su madre siempre fue más estricta que la mía, así que después quedamos solo Franco y yo, ya que mi padre nos decía que si subiríamos a un barco, al menos supiéramos todo sobre ellos y como dirigir uno –platico mientras me quito el chaleco y las botas.
- Bueno, al menos sabes sobre estas hermosas construcciones –dice, se sienta en la cama y me arrastra a él. Me recuesto en sus piernas –eres especial, Katherine.
- ¿De qué manera?
- La última vez que amé a alguien casi muere por mi culpa… y después de salvarla –suspira y guarda silencio.
- ¿Qué pasó?
- Regresó a su hogar, a casarse con su prometido… después le cortaron la cabeza por haber engañado a su esposo con otro hombre… el cual no era yo –murmura y me abraza.
- Bueno…linda historia –digo con un tranquilo sarcasmo.
- ¿No lo entiendes? –dice –quiero que vivas el resto de tu vida conmigo… salvarte de todo lo que pueda y prevenir que algo te pase… no quiero perderte, Katherine Breton, quiero que seas parte de mi vida, y que disfrutes de ello.
Que la garganta no se me seque… por favor.
- Bueno, Jack, yo…
- Cásate conmigo.
- No –le digo rápidamente, él se levanta un poco pero sigo sin mirarlo.
- ¿Por qué no?
- Hay cosas que aún nos sabes de mí, Jack… te arrepentirás de nuestro compromiso, una vez que las sepas…sabrás que es peligroso cuidar a alguien como yo.
- Está bien… apuesto a que lo dices porque yo; un pirata, te ha propuesto matrimonio… no me conoces por completo, lo sé, pero apuesto que ahora mismo está pasando por tu cabeza que un pirata no puede dudar tanto tiempo con una sola mujer… ¿o me equivoco?
- No… no te equivocas, Capitán.
- ¿Ahora sí me llamas Capitán?
- Es lo que eres, El Capitán.
- No quiero que cambies de tema.
- Bien… entonces contestaré cualquier cosa que preguntes.
- Está bien… ¿con cuántos hombres has estado?
- ¿Es necesario?
- Contesta, "Kitty".
- Si te cuento a ti como posible último… podría decirse que van cuatro.
- ¿Cuatro? –pregunta alarmado –dudo mucho que eso sea de una señorita.
- Al menos no fue con cualquiera.
- ¿Me llamaste un "cualquiera"?
- No directamente… no lo eres… aunque no imagino con cuantas mujeres no has de haber estado.
- El que me rodeen prostitutas nos significa que me acueste con todas.
- ¿Cómo sé que es cierto?
- Pues…
- No contestes –interrumpí –en realidad no me interesa, solo es un poco incómodo, pero es normal, supongo… pues no terminas de ser hombre.
- Oh, mi querida –murmura – ¿qué es lo que te gusta?
- ¿Desde cuándo a un pirata le interesa eso?
- Deja de restregarme en la cara lo que soy, si te gusto así ¡perfecto! Y si no… –se queda callado, me levanto y lo miro, su tristeza me hace sentir cruel y miserable.
- Lo lamento –murmuro.
- ¿Sabes? Creo que Elizabeth tiene razón… el karma me está devolviendo los golpes contigo –dice.
- Sé lo que se siente… y a pesar de eso sigo siendo igual… lo lamento, Jack… convivir conmigo se puede hacer una pérdida de tiempo –le digo, salgo de la habitación y me quedo fuera. Apuesto a que iré al infierno por ser así… aunque ¿quién diría que un hombre como él tiene sentimientos? Hoy he dejado de pensar así. Ahora sé que los tiene.
Salí a cubierta, está solo, excepto por quien dirige el timón, aunque está dormido. Toco su hombro y despierta de un susto.
- Tranquilo, Gibbs, soy yo… deberías ir a dormir, yo me encargo.
- ¿Sabe cómo?
- Perfectamente, ahora vaya y descanse antes de que nos deje no sé dónde –le digo y se va, no mucho y Swan sube.
- ¿Todo bien?
- Sí… ¿por qué?
- ¿Puedo preguntar dónde quedó la Katherine de antes?
- He madurado, Elizabeth… he pasado por cosas que para ti tal vez no sean nada, eres cinco años mayor que yo, estos últimos has de haber hecho demasiadas cosas, digo, hasta tienes un hijo el cual es cuidados por personas en las que ahora confías… yo acabo de perder uno –le digo sin soltar el timón –y ni siquiera era de mi prometido… tengo casi veinte años y no estoy casada… Inglaterra piensa que soy un rebelde, que morirá en alguna de sus aventuras en lugar de ocupar posiblemente el puesto de mi padre o de mi hermano…
- Katherine ¿perdiste a un hijo? –me pregunta con voz tenue.
- Sí –contesto con la voz ronca, solo sigo mirando al frente.
- ¿Cuándo fue eso?
- Hace más de cuatro meses.
- ¿Y cuánto tenías?
- Como dos.
- Oh, Katy, lo lamento tanto –me abraza, yo solo lo hago con un brazo – ¿Jack lo sabe?
- No… y preferiría que esto quedara entre nosotras.
- Está bien… no me imagino el sufrimiento, y menos por Françoise, imagino que sintió tus dolores.
- Lo hiso.
- ¿Y qué buscas con Kalypso?
- Que nos separe a mí y a Franco.
- Ya veo… bueno, según William no falta mucho, tal vez lleguemos por la mañana –me quita del timón.
- Deberías ir a descansar, sé que estas últimas semanas no has dormido ni con Jack.
- ¡Elizabeth!
- Dudo mucho que no lo hagan –dice mientras bajo las escaleras –pero no te preocupes, nunca se escuchan ni lo que hablan, te lo aseguro.
- Estás loca –le digo y entro de nuevo al camarote, Jack ya está dormido, y con la botella de ron que le regalé antes de irme vacía en sus manos, me quito el pantalón de cuero y me quedo con la camisa larga, me recuesto a lado de Jack y lo abrazo, no mucho y despierta.
- Pensé que ya habías tirado por la popa –me dice con un acento ebrio.
- Que gracioso, James –le digo y me abraza.
- No me abandones… por favor… toda mi vida se la han pasado abandonándome, Katherine, mi padre, mi madre, mi abuela… mis tripulaciones, amigos… pretendo y actúo como si no me doliera, pero lo hace… no quiero que tú lo hagas… por favor –me dice y me estrecha fuerte, hago que me miré.
- No lo aré… te lo prometo –le digo y lo beso.
Me sujeta del rostro, sonriendo, mientras besa mis labios, casi comiéndose mi boca, paseándose con su lengua por toda ella, empujándome con su mano en mi cabeza más hacia él, mordiendo mi labio en el proceso, profundizo el beso, haciéndolo gemir, su respiración acelera. Su otra mano se clava en mi espalda reteniéndome y presionándome contra él. Juega con su lengua y la mía, me levanta y lo acorralo a la cama. Me toma del trasero y aprieta mis glúteos con sus fuertes y largos dedos, jadeo en su boca.
– Joder, Katy… me estas volviendo loco –sonrió. Me acomoda sobre la cama, recostándome mientras se posiciona en mí, libero mis brazos, para ofrecerle mi cuerpo, se arrodilla y me quita la camisa arrojándola al suelo, le ayudo a despojarse de sus vestiduras, introduce sus manos contra la tela de mis bragas a cada extremo de mis caderas, y las quita, mientras besa mi vientre con ternura. Tira de ellas hasta el suelo, mira con lujuria mis pechos, y presiona con su mano mi seno derecho, acariciando y estimulando mi pezón, el otro es besado con ternura, chupa y mordisquea mi piel, su erección va creciendo presionando en mi zona intima, se gira haciéndome sentar, me separo de él. Mira sorprendido, toma mis manos para hacerme acariciar su pecho y abdomen hasta llegar a su miembro, mira con especulación, sujeta mis manos rodeándolas en su miembro haciéndome moverlas hacia arriba y abajo, jadea, y cierra los ojos arqueando la cabeza, dejando caer sus rubias rastas, quita sus manos dejándome sola, flexiona sus caderas un poco más en mi mano y lo siento más apretado. Un gemido escapa de las profundidades de su garganta. Su boca se abre ligeramente a medida que su respiración aumenta. Me lleno de valentía o lujuria, me inclino hasta él y grita al sentir mis labios rozar su piel, tentativamente chupo, deslizando mi legua sobre la punta. Sus ojos se abren, lo hago con más fuerza, es suave y duro a la vez. Gime y cierra los ojos de nuevo. Giro mi lengua alrededor, y él flexiona sus caderas, sus ojos nuevamente abiertos y encendidos por el calor, sus dientes apretados y flexiona empujando en mi boca, me apoyo en sus piernas cada vez más tensas. Aprieta mi cabello y se mueve.
– Oh Dios… –murmura. Envuelvo mis dientes detrás de mi boca alrededor de él. Su aliento ruge entre sus dientes gimiendo de nuevo. Lo siento en la parte posterior de mi garganta y luego de nuevo en el frente. Mi lengua gira alrededor de su final. De verdad no sabía que dar placer seria así, pero le demuestro que aunque sea extraño, me gusta. Él es realmente esplendido.
– Cielos, Katherine detente… no puedo más… –el tono entrecortado es una advertencia.
– ¡Detente o me iré en tu boca! –flexiona sus caderas una vez más, sus ojos cautelosos y llenos de obscena necesidad. Si quiere que deje de hacerlo, ¿por qué sigue sujetando mi cabello? Reí tras mis pensamientos, presionando involuntariamente con más fuerza, desnudo inconscientemente mis dientes. Eso lo envía al límite. Grita y se queda quieto y puedo sentir el salado líquido rebosando en mi garganta. Trago o me ahogo, así de fácil.
Entonces trago rápidamente. Ugh… no estoy muy segura de lo que hago. Lo miro, se inclina jadeando bruscamente, lo observo inocentemente evitando reír.
– ¿No tienes nauseas? –pregunta encarándome asombrado. Me encojo de hombros, piensa eso por mi nivel social –eso estuvo muy bien, Katherine. Nunca lo habías hecho… –frunce el ceño –no debiste hacerlo…
– ¿No te gusto? –me mira con ojos bien abiertos.
– Dios… Katherine… estuvo excelente. Como me preguntas eso?… Ahhg –muerde su labio. Sonrió con una pequeña matiz de orgullo en mi expresión y muerdo mi labio conscientemente. Me mira de manera valorativa.
– Me gustaría retribuírtelo, te deseo demasiado –me toma de la cintura y me hace sentar sobre él, sintiendo su miembro domesticadamente erecto entrar, gimo, me hace moverme, dolorosamente dulce, arqueo mi pecho y cabeza hacia atrás, recorre de mi clavícula a mi vientre con sus manos. Se gira quedando sobre mí ahora. Me besa, me pierdo en su boca, y acuna mi cabeza, su lengua explorando la mía. Tiemblo en sus brazos, sus ojos llenos de excitación se clavan en los míos, y sonríe. Toma mi barbilla alzándola para alcanzar mi garganta y besar mi cuello, deslizando sus labios lamiendo, chupando y mordisqueando, mi cuerpo demanda atención. Gimo. Baja sus manos acariciando por sobre mis pechos, mientras sus labios permanecen saboreando mi cuello. Comienza la travesía más placentera, de camino de besos por todo mi cuerpo, siguiendo sus manos. Nuevamente besa y mordisquea dulcemente mis senos, y mis pezones son chupados tiernamente. Mis caderas se balancean y mueven a su voluntad, al ritmo de su boca en mí y aruño su espalda y aprieto las sabanas desesperadamente. Llega a mi ombligo, roza mi vientre con sus dientes. Me arqueo, dirigiendo instintivamente mi cuerpo hacia él. Me sujeto de sus hombros.
– Oh, cuanto te extrañe, amor –dice y suspira, la palabra me ha calado un poco. Siento su aliento caliente en mi piel, es ardiente y me hace sudar. Mi ser arde bajo su boca. Aruño la cabecera –eres tan dulce –susurra. Desliza su nariz por mi vientre hasta mi intimidad, mordiéndome suavemente, jugueteado con su lengua. Sé a dónde se dirige, pero supongo que merezco la tortura, aunque me muera de vergüenza y me mortifique, se sienta, y besa de mis tobillos hasta mis muslos, primero el izquierdo y luego el derecho para entonces, lamer mí entre pierna. Gimo. Aprieto los ojos, sofocando mis reacciones, me pongo más rígida y tensa. Convulsiono gimiendo, las sensaciones son demasiado excitantes, separa mis muslos mientras lo hace. Desliza su nariz por mi sexo, tan dulce que me retuerzo, abro mi boca aminorando mi respiración, y los latidos a niveles críticos. Empuja su nariz en mí y aspira. Me ruborizo por todas partes, sintiendo desvanecer e instantáneamente cierro los ojos. No puedo mirar. Lame suavemente la longitud.
– Mmm… –musito jadeando. Oh Diablos. Tira del poco vello púbico con suavidad. Gimo, Sollozando casi como ruego.
–Me gusta –susurra mientras me lame de arriba abajo. Su lengua empieza lentamente a hacer círculos en mi clítoris mientras sostiene mis muslos.
–¡Ahhh! –gimo sin permiso mientras mi cuerpo se arquea y convulsiona bajo el toque de su lengua, en parte de que su barba me hace cosquillas.
Mantiene la incesante tortura, sin compasión. Pierdo todo sentido sobre mi misma, muerdo mis labios para no decir incoherencias, mis piernas están cada vez más rígidas, siento una escalofriante concentración de calor allí, desliza su dedo en mi interior, y gruñe.
– La princesa de Inglaterra luce insaciable… –dice. Oh Dios, Es demasiado, el gira su dedo, tirando de mí, repitiendo sus acciones con su lengua y gimo. Mi cuerpo pide ayuda, ya no resisto. Introduce con fuerza, entrando y saliendo. Ya no lo reprimo más, pierdo la razón mediante mi límite, retorciéndome en mi interior una y otra vez. Grito perdiendo fuerza mientras mí orgasmo se apodera de mí y hace la conciencia errónea y perdida.
Lentamente se acomoda sobre mí y empieza a moverse. La presencia es intrusiva y sólida, exquisita. La sensación es dolorosa y dulce, fuerte y suave. Implacable, en movimiento sobre mí, moviéndose cada vez más rápido, besándonos mientras se deja llevar en mi interior, el movimiento es rítmico y yo lo mantengo recibiendo sus descargas de placer y sintiendo la lujuria con que me embiste. Hasta estar de nuevo en mi punto. Gimo. Me desarmo debajo de él.
–Sí, así –susurra, gime cuando llega a su clímax, apretándose contra mí. Luego se queda quieto, su cuerpo rígido. Colapsando sobre mí, siento su peso, apretándome. Se apoya en sus codos y me mira con esos brillantes e intensos ojos marrones. También extrañe esa mirada casi como de agradecimiento.
Me da un beso en la frente. Y acaricia mi cabello. Se retira exquisitamente de mi ser. Me estremezco, lo hace tan despacio que me aferro con mis uñas de sus brazos, hace una movimiento de caderas, sonríe y acaricia el punto sensible en mí, haciéndome gemir una versión poco entendible y torca de su nombre. Jadea y sisea disfrutando de mi respuesta. Se recuesta a mi lado y entrelaza su mano en la mía. Suspiro y cierro los ojos.
Me quedaría así, solo hasta que yo llegue a aceptar mis sentimientos por Jack. Suspiro exhausta, me aferro a su pecho y poco a poco nos quedamos dormidos.
Continue...
