La marca tenebrosa

Se puso bajo el techo que ofrecía la fachada y miró la puerta de gran inmensidad. Quizá se escuchará infantil, pero no tenía miedo del Señor Tenebroso, eso le entusiasmaba (de algún modo), no tenía miedo a lo que iba a hacer de ahora en adelante. Había descubierto, a través del viaje que hiso desde la casa en las afueras de Ottery St. Catchpole, hasta Londres; Grimmauld Place, que a lo que más temía era encontrarse de nuevo con el pasado y quedarse hundida de nuevo en él.

"Sólo hazlo" De nuevo la fiel vocecilla. Anne se amarró a ese susurro para continuar.
Levantó un puño y sin pensarlo doble vez tocó a la puerta.
Por puro nervio se llevó la mano a la manga de la túnica, rozando con los dedos la varita de caoba y pelo de unicornio. Logró sentir un empuje, pudo sentirse un poco más calmada.

Pisadas de acercamiento se escucharon.

-¿Por qué tocas la puerta como una muggle?- Una voz en la oscuridad la sobresaltó. Era una voz sumamente conocida, esa voz llena de arrogancia que desde siempre la había atormentado en su cabeza. Anne abrió mucho los ojos, preguntándose donde estaba Amycus.

-Espero que no me decepciones con tu respuesta, Wist. Y también espero no hayas perdido tu toque al juntarte con traicioneros de sangre.- La voz procedía de la pared. Anne sacó su varita. "Lumus"
El rostro de Amycus apareció frente a ella.
Estaba recargado despreocupadamente en la pared, con los brazos cruzados y con una ceja levantada. Su rostro apenas y había cambiado en los últimos tres años que no lo había visto; su cabello oscuro era más largo de lo que recordaba, le tapaba casi los ojos, aunque él se empeñaba por levantarlo hacia atrás, sus ojos azules eran fríos y calculadores y la suma arrogancia que se mezclaba en ellos parecía increíble pero se había intensificado. Se veía más alto y fuerte. Annelyne jamás iba a superar lo que sentía por aquel mago.

Al verlo se quedó sin palabras. No se esperaba verlo, no se había preparado mentalmente para enfrentarlo.
Al escuchar su apellido ella reaccionó de inmediato. Ella jamás era llamada así y Amycus fue el primero en llamarla simplemente como "Wist". Desde entonces muchos acostumbraban a llamarla de ese modo. Wist era la parte de ella que sus amigos no conocían, que sólo Amycus y muchos Slytherin más habían despertado en ella.

-¿Te comió la lengua el gato?- Amycus dejó de recargarse en la pared y se acercó a Anne. Él siempre había sido mucho más alto que ella (En realidad Anne no era muy conocida por tener gran estatura), la obligaba a mirar hacia arriba.

-Sabes que odio a los gatos, Carrow.- muy bien. Tenía la solución para varios de sus problemas. No pensaría dos veces antes de hablar (a menos que fuera realmente necesario), a veces Anne decía cosas que en verdad sentía y así se podía ganar en sí, el respeto de muchos.

-No es mi culpa que te hayan arañado de pequeña, Wist.- Amycus estaba muy cerca de ella, como siempre acostumbraba hacer. Cuando tenía trece años y recién cumplidos los catorce, Anne temía ese acercamiento, pero ya se había acostumbrado con el paso del tiempo. Sin embargo Anne se hizo un paso hacia atrás, topándose con el barandal de la escalerilla. La lluvia cayó más fuerte - Si te gusta mojarte te acondicionaré una habitación en el jardín si quieres- el sarcasmo y humor negro de Amycus eran algo que lo caracterizaban y por mucho que le costara admitirlo; Anne extrañaba su manera de ser.

-Cállate, Carrow. No estoy de humor para tu sarcasmo- Anne se quiso hacer la dificil. Se enderezó y se cruzo de brazos, casi tomando la misma posición en la que había encontrado a Amycus. Levantó la barbilla, aunque el pelo le escurriera.

-¿Qué esperas, Wist?- Amycus volvió a levantar una ceja.

-A que me abran la puerta.- contestó ella. En esa pose se veía un tanto ridícula.
De repente la lluvia parecía ponerse peor. Cada gota que caía sobre los hombros de Anne parecían pequeñas piedrecillas cayendo del cielo. Los relámpagos se empezaron a escuchar más cercanos y uno de repente resonó muy cerca de ahí. Sonó tan fuerte que Anne saltó y se dio tal susto que corrió a Amycus y lo abrazó, sin pensar qué hacía.

-Pensé que esperabas un rayo.- Amycus la rodeó por la cintura y rió, con esa risa tan egocéntrica que hacía desear a Anne que se ahogara con ella misma.- Si me querías abrazar no necesitabas esperar a casi electrocutarte.

Se dio cuenta de lo que hacía. Abrió mucho los ojos y poniendo las manos en el pecho de Amycus se separó de él, alejándose bruscamente y sintiendo como el color subía a sus mejillas.

-No te sientas único en el universo.

-Lo único que me importa es el Señor Oscuro, Wist. No seas estúpida.

Annelyne lo miró furiosa, pero se logró controlar. Sabía que si peleaba con Carrow la única que saldría perdiendo sería ella.

-A un lado, Carrow.- Anne sacó su varita. Caminó a la puerta y furiosa pronunció un "Alohomora" y automáticamente la puerta se abrió.
Anne se quedó donde estaba, mientras sentía a Amycus a un lado suyo.

-Al fin.- dijo con un dejo de burla en su voz.- Muy bien, las señoritas primero.- Extendió su brazo izquierdo, dejando al descubierto una horrible marca en él. Anne se quedó un poco embobada, admirando la marca en el brazo de Amycus, jamás la había visto, aunque la había escuchado miles de veces. La Marca Tenebrosa. La marca de los mortífagos.
Una calavera por la que salía una serpiente por la boca de esta. Era de un fuerte color negruzco y parecía tener vida propia.

Anne caminó insegura, pasando frente a Amycus, recuperando compostura.

La casa estaba en penumbra. Se hacía increíble pensar que gente habitaba aquel lugar. Era algo acogedor en cierto modo para ella, ya que las cosas oscuras siempre la habían hecho sentir cómoda.
Caminaron por el pasillo, Amycus detrás de Anne. ¿A dónde se debía de dirigir?

-Camina hacia adelante. A los chicos les agradaría verte- Parecía que hubieran leído sus pensamientos. Se puso algo rígida, al sentir escalofríos, haciendo que los vellos de los brazos se erizaran.

"¿Chicos? ¿Qué chicos?" El miedo de nuevo la invadía, pero no podía ser así. "Vamos Anne, los conoces desde primero, no debes de temer"
Estaba consciente de que no iba a conocer a todos los que estaban ahí, y eso le daba más que miedo, la reconfortaba.

Tenía más miedo al encontrarse con los que conocía que desconocidos.

Murmullos se empezaban a escuchar por el pasillo, llegando a los oídos de Anne. Ningún susurro le era conocido, ninguna voz temida.
No se entendía lo que hablaban, de repente una voz maldijo algo, subiendo el tono sobre todas las demás.
Los nervios se le pusieron de punta. No sabía quién había gritado pero parecía estar molesto.

Amycus seguía tras ella.
Al fin llegaron a la habitación. Parecía por un momento que el pasillo era interminable.

-¿Quién es tu amiga, Carrow?- una voz áspera se escuchó. Parecía burlona pero por la manera en la que elevaba la voz parecía amenazante.
Anne volteó hacia el dueño de la voz; era un hombre fornido, su ropa era una larga capa, casi hecha jirones, su pelo enmarañado y gris, cubría su rostro considerablemente, tenía patillas largas, uniéndose con una maltratada barba. Todo le daba aspecto de lobo. Sus uñas estaban igual de maltratadas, tenía leves arañazos en el rostro.
Estaba sentado en una butaca que parecía de gran tamaño por su altura y volumen, Anne pudo notar como los brazos del sillón estaban arañados por las largas uñas feas y amarillentas del mortífago.

-¿Te importa de casualidad, Greyback? Mejor vete a jugar al lobito, los tres cochinitos se escaparan- Amycus solía leer libros Muggles desde pequeño, aunque lo hacía a escondidas ya que no era bien visto entre sus amigos.

-Amycus, no sabía que traías de vuelta a Wist.- Una mujer de pelo negro, lacio y negro se levantó del sillón mullido en el que estaba sentada. La mujer era alta, con pelo negro y caía en cascada por sus finos hombros, cubiertos por una capa negra, igual a la de Amycus y Greyback. Sus ojos eran fríos y azules, y su rostro era muy fino y hermoso. Era idéntica a Amycus, sólo que sus facciones eran mucho más delicadas y su cuerpo esbelto. Se acercó a su hermano, tomando su mano y recorriendo con la mirada a Anne.

-Ella vino por su cuenta, querida Alecto. Sólo la he visto pasar frente a la puerta. Al parecer ella vino de vuelta, no la he traído- Era notable como Amycus suavizaba su voz con su hermana. Los mellizos estaban fuertemente unidos desde pequeños.

-¿Alimento, quizá? Se ve apetitosa, sólo que está muy delgada para mi gusto- Greyback sonrió macabramente, enseñando sus dientes puntiagudos y amarillentos.
Se levantó de la butaca, haciendo que esta rechinara. Pasó su lengua entre sus dientes, como si estuviera a punto de saborear algo. Se acercó amenazadoramente a Anne y ella se encogió notablemente ante el mortífago. Greyback aspiró profundamente, oliendo el aroma de Anne.- Tejoncilla. Debí imaginarlo. Demasiado cobarde para ser una Gryffindor y al parecer demasiado tonta para venir por su cuenta hacia Fenrir. – estaba más cerca de Anne. Pudo distinguir un olor a putrefacción proveniente de su boca. Greyback olía a sangre y fuertemente a sudor y tierra mojada.

-Fenrir, para. Anne será mortífaga.- una voz menuda salió de la oscuridad. Era alta y esbelta. Su cabello rubio venía recogido en una trenza y ella no venía con capa negra, como el resto presente, sino que venía con un vestido ajustado, color verde aterciopelado. Narcissa miró a Anne con gravedad brevemente, luego dirigió su vista a Fenrir Greyback.

-No es tu cena, pedazo de squib.-Amycus de nuevo interrumpió.

-Deja de ser inmaduro, pequeño Carrow. Dante no querría verte haciendo estupideces, y tú no querrás que se entere el Señor Tenebroso… ¿O sí?

Un nuevo mortífago habló.
Estaba sentado en una de las sillas más grandes, cerca de la chimenea apagada. Su porte era sumamente elegante, cargado de una fuerte impresión de arrogancia. Portaba un traje presentable y encima una capa negra. Fumaba una pequeña pipa. Era alto y bien parecido; sus ojos eran grises y calculadores, su ceño siempre estaba levantado, como si desaprobara todo lo que veía. Su rostro era muy familiar para Anne, doblemente familiar.
Regulus Black miraba fijamente a Amycus, como si lo riñera con sólo la mirada. Su boca fruncida y con pipa en mano. Regulus era el hermano menor del amigo de Anne; Sirius Black (Borrado del árbol genealógico por traición de sangre), Regulus siempre había sido muy prejuicioso.

Amycus soltó la mano de su hermana y enfurruñado se fue hacia una butaca, cerca de un mortífago que le daba la espalda a todos, volteada su silla hacia los grandes ventanales.

-¡Ja! Tejoncilla. ¿Aún te atreves a pedir la Marca Tenebrosa? No pensé que llegarías tan lejos. Me has sorprendido, Wizzt- Rabastan Lestrange. Desde que ella estaba en quinto grado, Rabastan se había ido siempre en contra suya. Siempre los dos habían sido como enemigos, aunque en verdad ninguno de los dos entendía el desprecio del uno al otro. Celos, quizá.

-¡Mi Señor está próximo a llegar!- Una voz aguda y sumamente emocionada se escuchó. Una mujer esbelta y hermosa, con el rostro cincelado, parecido al de Narcissa, entró a la habitación. En cuanto llegó, sus ojos se posaron amenazadoramente en Anne.- Wist- dijo, como si escupiera algo. Bellatrix Lestrange Black.
Tras ella entró de inmediato un hombre muy alto, y delgado, llevaba la misma porte que Regulus. Al ver a Anne, él levantó una ceja. No dijo nada, sólo miró de reojo a Rabastan y a Bellatrix, y se fue a sentar en la butaca que Fenrir había recién desocupado. Anne llegó a la conclusión de que él sería Rodolphus Lestrange, el esposo de Bellatrix y hermano de Rabastan.
Bellatrix siempre había odiado a Annelyne, se había unido al odio de Rabastan. Bellatrix tenía celos de ella, porque Lord Voldemort había mostrado interés en la Hufflepuff.

-Basta ya de presentaciones. ¿Cuándo le pondrán la marca?- Narcissa soltó de repente. Se recargó en un pilar de la casa.- Lucius, Karkarov y Lord Voldemort están por llegar.

-No nombres a esos dos con él, Cissy.- Bellatrix gruñó.

Narcissa ni se inmutó. Anne había visto que aquella mujer aunque no fuera mortífaga, había tomado gran labor en ellos.

-Tranquilas, queridas. Tenemos entendido lo necesario. Bella, no te exaltes; hay invitadas. O mejor dicho…Una nueva "adquisición"- Regulus fumó un poco de su pipa, mirando con detenimiento a Anne.- Wist, has cambiado poco desde la última vez que te vi. Quizá un poco más desmejorada, sigues igual de delgada, con tus ojos azules y tu pálido y hermoso rostro. Vaya, ahora entiendo el porqué Crouch y Carrow se interesaron por ti.

-Vieja historia, Regulus.- Una voz sombría se escuchó, proveniente del asiento que estaba volteado hacia el ventanal.- Ella acabó con un Hufflepuff, interesante se me hace que haya venido por su cuenta aquí. No tuviste nada que ver con esto ¿Verdad, Narcissa?

El hombre "Misterioso" no se daba vuelta. Cissy lo miró, un tanto nerviosa.

-¿Pensaste que me engañarías?- Su voz marcaba desafío- Ella no vendría por su propia cuenta. Al parecer no sabes encubrir algo bien.

Narcissa solo tragó saliva notablemente, miró a todos y después salió de la habitación, con paso apresurado.

Nadie se inmutó. Anne quería ir tras ella, pero Regulus vio sus intenciones.

-No te muevas, Wist. Será mejor que no lo hagas.- Regulus se puso de pie.

En cuanto lo dijo, la lluvia paró y de repente una brisa negruzca llegó a la casa. Todos de inmediato se pusieron de pie, a excepción del sujeto que miraba hacia la ventana.
Bellatrix casi corre hacia la puerta de entrada, pero se contuvo, sosteniendo una amplia sonrisa de emoción en su rostro pálido.

Anne sintió como el alma se le iba a los pies. Estaba en un momento crítico y la presencia del Tenebroso le asustaba.

La puerta se abrió, dejando a la vista a un hombre alto, con dedos largos y finos, rodeando su varita pálida, sus ojos enrojecidos brillaban en la oscuridad. Sobre sí, él llevaba una enorme serpiente en los hombros, su rostro era temible y altamente amenazante. Anne se puso pálida de solo verlo.
Entró majestuosamente en la habitación, seguido por dos sujetos con capuchas puestas.

Anne solo miró, no podía pegarse a nadie, como había hecho la primera vez que había visto al Señor Oscuro. Por inercia fue hacia Amycus, que le quedaba más cercano y se pegó a él. Él no dijo nada ni se alejó, solo tenía ojos para quien estaba entrando al pasillo.

Lord Voldemort paró su marcha, deteniendo al igual a sus seguidores, y miró a todos los mortífagos de la sala.

-Ah,- dijo con gusto, Lord Voldemort- Mis queridos amigos, he vuelto.- anunció. Bellatrix al instante de verlo, se acercó a él, se puso de rodillas y tomó una mano entre las suyas, depositando un beso de lealtad en ella.

-Amo, lo he esperado con ansias.

-Bella, no esperé menos de ti- Ella se sintió profundamente halagada y Anne pudo ver como ella sonreía ampliamente, llena de gozo.

Voldemort recorrió la estancia con la mirada, aún llevaba la varita en mano. Todos al contemplarlo bajaron la cabeza, con seña de humildad al mago poderoso. Anne hizo lo mismo, no sintió miedo al hacerlo, sino un profundo respeto.

-Vaya, pero que tenemos aquí.- Anne sintió como su presencia se acercaba más a ella. Se sintió tensa pero no movió ni un músculo.- Annelyne Wist.- dijo ceremoniosamente. Anne no levantó la vista, haciendo más pronunciada la reverencia. Bellatrix gruñó por lo bajo.- Al fin has venido.

-He cumplido mi palabra, Mi Lord- dijo con reverencia en la voz, lo más respetuoso que encontró y pudo.

-Levántate- ordenó. Ella cerró los ojos con fuerza por un momento y luego los volvió a abrir al instante, poniéndose de pie y quedando cara a cara con Lord Voldemort. Él acercó una de sus manos con dedos largos hacia ella, la palidez anti-natural de su piel era pronunciada y el tacto de sus dedos era algo escamoso, como el de la serpiente que tenía en los hombros. Tomó a Anne de las mejillas, para luego ir a su cuello e hizo indicios de ahorcarla. Anne se preparó y cerró con fuerza los ojos, el miedo la embargó y de repente Voldemort la soltó. De nuevo silencio, solo siseo de la serpiente se podía escuchar en el lugar.

-Tu brazo, Wist.- volvió a ordenar Voldemort, pero en la voz tenía un dejo de caballerosidad.
Ella levantó su brazo izquierdo, ofreciéndolo al que ya era su señor.
Él levantó su varita blanca y con la punta tocó el brazo descubierto de ella. Anne sintió como algo le traspasaba la piel, sintió una leve quemazón y luego nada… Voldemort retiró su varita, soltando el brazo de Anne. Ella se quedó sin palabras un momento y contempló su brazo un momento.
Su brazo izquierdo tenía tatuada la Marca Tenebrosa, una calavera y una serpiente saliendo de su boca. La marca parecía tener vida propia, como la de Amycus. Era intensamente negra y la oscuridad salía de ella.
Anne se sintió muy extraña de repente, era como si todo lo que tuviera alrededor fuera lo que más había deseado en toda su vida (y en cierto modo si lo era), la magia oscura en una sola marca.

-Bienvenida seas- Dijo Voldemort. Bellatrix la miraba de reojo, contemplando la marca que ella también tenía en su brazo.- Espero seas cumplida con lo que te has comprometido, Wist. Sabes que no acepto a cualquiera y que sólo magos verdaderamente útiles y poderosos me acompañan.

Anne hizo una reverencia, hincándose frente a Voldemort.

-No lo decepcionaré, Mi Señor.- Voldemort sonrió, con su boca sin labios y recorrió de nuevo la estancia con la mirada, topándose con algo. Su mirada se detuvo.

-Crouch.- susurró, como si fuera una serpiente, pronunciando el nombre.- Pensé que no me presentarías respetos el día de hoy.

-Señor, no me veo capaz de desobedecer a tanta grandeza- La misma voz sombría, fría pero esta vez sin arrogancia, se escuchó a las espaldas de Anne.
Annelyne sintió grandes deseos de levantarse y voltear. Barty era quien estaba a sus espaldas, el que había retado a Narcissa hace un momento.

-Excelente.- dijo Voldemort.- Levanten sus reverencias y mírenme.

Anne obedeció de inmediato. Su vista voló directo hacia Voldemort, que estaba aún cerca de ella, pero ahora Voldemort miraba a todos sus mortífagos en general. Bellatrix miraba al Señor Tenebroso como si fuera la última esperanza de vida que ella tenía. Regulus ya no llevaba su pipa encima, parecía haberla guardado apenas Voldemort estuviera entrando. Amycus y Alecto estaban serios en absoluto, mirando con atención a Lord Voldemort.

Anne siguió la mirada de Voldemort, quien veía a Barty.
Al verlo ella se congeló; su rostro estaba muy serio, su porte era seguro, su mirada inteligente estaba clavada en Voldemort, su cabello castaño claro se había oscurecido, dándole un toque macabro a su rostro y sus ojos verdes grisáceos también estaban oscurecidos. Anne pudo notar el tic que al fin se había apoderado de Barty. Su lengua recorría sus labios continuamente, como si de una serpiente se tratase.

-La misión está casi concluida. He de necesitar a varios de ustedes para cerrarla con broche de oro. Estamos cerca de la victoria, el ministerio pronto acabará rendido a nuestros pies. Pero antes, he de confirmar las palabras de Severus.- Voldemort hizo una pausa, dejando a sus seguidores la palabra.

-¿A qué palabras se refiere, Mi Lord?- Lucius ya se había quitado la capa, dejando al descubierto un rostro pálido, con pelo igual de pálido y nariz aguileña.

-Buena pregunta, Lucius.- Contestó Voldemort. Él se empezó a pasear lentamente frente a sus seguidores.- Severus ha escuchado algo interesante…Una profecía al parecer.

Bellatrix exclamó un grito ahogado.

-Mi Lord. Podemos conseguirla si eso deseas.- dijo. Ella aún seguía hincada a los pies de Voldemort.

-No, no. Harán lo que les diga. Y otra cosa- Bellatrix lo volvió a mirar atentamente.-, los aurores. Deben de cuidarse de ellos, andan por todas partes. Sé que no será gran problema para ustedes. Desháganse de los más que puedan. Y la orden del Fénix, aun sigue en pie, comandada por Dumbledore; ese viejo decrépito… Sigan averiguando donde está su plantel.

Tras decir aquello, extendió su larga capa negra y con majestuosidad salió de la habitación, dirigiéndose de nuevo al corredor.

-¿A dónde irá, mi Señor?- Bellatrix se había quedado en el suelo, con ese aspecto que le daba de maniática.

-¿Qué, no les había dicho? Esta casa es de ustedes, mis queridos amigos. Es un obsequio de privacidad, si así lo quieren ver.- a Bellatrix se le derrumbó el rostro, poniéndose más pálida de lo que era en realidad y quedándose estática. Anne comprendió que Voldemort quería decir: El lugar a donde yo vaya no es de su incumbencia.- Los visitaré cada semana o quizá cada pocos días. La misión sigue en pie. Ahora, con su permiso.

Lord Voldemort hizo un movimiento con la varita y de repente desapareció, con todo y serpiente sobre sus hombros.

Anne se quedó sin habla, nadie se atrevió a decir nada en seguida.

El primero en moverse fue Barty. Salió de la habitación, sin mirar a nadie y subió las escaleras, sin hacer ningún ruido. Los demás se quedaron donde estaban.

Greyback se volvió a sentar donde hace un rato estaba. Alecto dirigía miradas a su mellizo, Amycus se quedaba solamente pensativo. Lucius miró a Regulus, mientras este se volvía a sentar en el sillón y volvía a encender su pipa, con un movimiento de varita.

Narcissa apareció de la nada. Caminó hacia Lucius. Los dos estaban completamente inexpresivos. Cissy se puso a un lado de él y tomó su mano. Él la aceptó y la apretó suavemente entre la suya. ¿Ya sabría que en un tiempo sería papá?

Bellatrix se levantó del suelo, con una expresión que decía claramente: Acércate y te mato.
Levantó la barbilla con arrogancia y salió de la habitación, igual subiendo las escaleras.

Rodolphus Lestrange solo siguió a su esposa con la mirada y luego tomó asiento a un lado de la butaca de Greyback y se puso a hojear un periódico "El Profeta", como si nada hubiera pasado. Rabastan se sentó, alejado de todo mundo, en una esquina.

Parecía que la vida aquí era muy…extraña. Nadie parecía caerse bien con el otro, aunque en realidad algunos de ellos hubieran compartido casi toda una vida en el colegio. Todo había cambiado, ya no estaban en Hogwarts. Muchos ya estaban casados, otros estaban "amargados", y a otros no sabía Anne qué les había pasado.

Anne se miró el antebrazo izquierdo, aun contemplando la Marca. La serpiente se ondulaba con viveza. Ya era oficial, pertenecía a la secta. Por más que ella no quisiera, ya era uno de ellos.