Confianza
Desde que volvió Quinn de su celda de castigo no he conseguido sacarle una palabra, ni siquiera me mira, sólo me ignora. La situación se ha vuelto tensa y siento que he vuelto al mismo punto de partida.
El fin de semana llegó y, con ello, los días libres. El tiempo en los trabajos de prisión me servía para evadirme un poco; la lavandería, la cocina y el comedor eran los lugares en los que había estado trabajando en ausencia de mi compañera pero, ahora, con las horas desocupadas, el tiempo iba a ser más desesperante.
-Van a poner Sexo en Nueva York, ¿te vienes?-.
-Tengo cosas que hacer Rachel- me contestó desde la litera.
-¿Vas a tirarte todo el día ahí tirada?- me enfadé.
-No es de tu incumbencia lo que haga o deje de hacer-.
-¿Qué te pasa? ¡Llevas unos días rarísima!- me levanté de la litera para mirarla.
-No me pasa nada Rachel, ya te lo he dicho hace 5 minutos y las últimas veces que me has preguntado- dijo molesta.
-¿Está mal que me preocupe por ti?-.
-¿Te preocupo?- me miró fijamente.
La mirada que tenía Quinn no era la misma de siempre. Sus ojos estaban más oscuros, debido a la poca claridad que entraba ese día en la celda; tenían un brillo distinto y estaban más tristes de lo normal.
-Claro que me preocupo por ti- dije antes de salir de la celda.
Caminé sin mirar atrás, tampoco quería seguir aquella conversación absurda con Quinn. Necesitaba relajarme y dejar algo de espacio a mi compañera; estaba molesta y yo sólo estaba siendo un agobio para ella.
Llegué a la sala que hacía unos días me mostró Quinn y no pude evitar pensar en ese momento: Quinn y yo cogidas de la mano por este mismo pasillo. Instintivamente, miré mi mano, fijamente, deseando que la antigua Quinn volviese.
-¿Leyendo tu futuro morena?- escuché la voz de Adriana.
-¿Te han soltado?- expresé con la voz quebrada.
-Sí, hace unas horas. Aunque creo que a tu amiguita la soltaron antes- se acercó con enfado.
-Ella no es como tú- levanté la cabeza firme.
-Te has vuelto muy valiente- soltó mientras pasaba la mano por mi cabello –Tenemos aún un asunto pendiente- me susurró al oído.
-Tú y yo no tenemos nada pendiente- intenté seguir firme.
-Ya veremos… Por ahora quiero que le digas a Quinn que se lleve cuidado- dijo con una sonrisa soberbia.
-¡No te atrevas a tocarle ni un pelo!-.
-¡O si no qué!- se burló.
-¡Martínez! ¡Aléjate de Rachel!- escuché la voz de Mercedes.
-Tranquilas señoras, ya me voy- hizo el gesto de levantar la mano.
Mercedes, junto a tres amigas más de su bloque, llegaron hasta donde me encontraba; aún no me podía creer de dónde me había salido la voz para contestarle así a la latina.
-¿Y Quinn?- preguntó Mercedes al verme sola en la puerta del salón.
-No ha querido venir. Se ha quedado en la celda, tirada en la cama-.
-¿Se encuentra bien?-.
-No lo sé, no ha querido hablar desde que salió de la celda de castigo-.
En ese momento pude ver cómo Mercedes hablaba con las chicas con las que venía para después comenzar a alejarse del grupo.
-¿A dónde vas?- pregunté curiosa.
-Acabo de recordar que tengo que arreglar unos asuntos… ¡Disfruta de la peli!- se alejó de allí.
Observaba cómo Mercedes se iba a gran velocidad por el pasillo por el que yo había llegado hacía unos minutos. Entré en la sala descubriendo a un montón de gente, pues las tardes de cine de los sábados no se las perdía nadie. Película y actuación musical, eso me comentaron ayer, y en el cartel, que se situaba a la entrada del salón, había escrito el nombre de un hombre en un idioma impronunciable que, al parecer, iba a actuar para nosotras.
15 minutos de película, eso es lo que llevo aquí sentada mirando el reloj. Miré a mi alrededor y me encontré a todas las chicas pendientes de la pantalla, que estaba situada en la pared de enfrente de la sala. La película ya la había visto, pero me apetecía compartirla con Quinn; así no era lo mismo.
Con cuidado de no llamar mucho la atención, me levanté de mi asiento y me dirigí hacia la puerta; necesitaba encontrar a Quinn. Miré en la celda y no estaba, así que me dispuse a buscarla también en la lavandería, en el comedor y en el gimnasio. Sólo me quedaba por mirar en la biblioteca, pues Quinn me dijo una vez que le gustaba estar ahí cuando quería estar sola y relajarse. Además, era el último lugar donde podría estar.
Abrí lentamente la puerta y eché un vistazo a la sala, que aparentemente estaba vacía pues casi todo el mundo se encontraba en el salón de cine viendo la película.
-Ya la he fastidiado bastante- escuché la voz de Quinn al fondo de la sala.
-¿Tanto te merece la pena?-.
-Gracias por cuidarla Mercedes-.
-Ya sabes que me puedes pedir lo que quieras-.
-¿Muchos problemas?- escuché decir a Quinn preocupada.
-No, esa pequeña morena aunque sea una diva es muy divertida- se rio.
-No hace falta que lo jures-.
Fui acercándome con cuidado hacia donde estaban para poder escuchar mejor la conversación. Supongo que se divertían hablando de mí a mis espaldas. Sin querer, tropecé con una de las estanterías provocando que se cayeran un par de libros al suelo; fue lo suficiente escandaloso para que mi plan de espionaje fracasase.
Quinn y Mercedes me miraron con los ojos abiertos; divisaron cómo estaba en el suelo, con mi mano en un pie dolorido, mordiéndome el labio por no emitir más sonidos que pudiesen delatarme.
-¿Qué haces aquí Rachel?- me preguntó Mercedes con cara sorprendida.
-¿Cuánto tiempo llevas escuchándonos?- preguntó una Quinn no muy contenta.
-No llevo mucho tiempo, apenas 5 minutos- contesté avergonzada como una niña pequeña que acaba de romper el jarrón favorito de su madre.
-No me gustan que me espíen, ni que se metan en mis cosas- espetó enfadada saliendo de la biblioteca.
-La próxima vez ten más cuidado de no tropezarte si no quieres ser descubierta- me ayudó a levantarme.
-¿Está muy enfadada conmigo?- dije mirando a la puerta mientras me tocaba el culo de la caída.
-Ahora supongo que sí- me dio una palmadita en la espalda.
-Ya no sé qué hacer Mercedes-.
-¿Me dejas que te dé un consejo?-.
Simplemente me limité a asentir.
–No la agobies Rachel y dale tiempo- dijo antes de marcharse también.
Y me quedé parada, con un dolor en el tobillo derecho y en el trasero debido a la caída. Llevo aquí unos 5 días y aún me siento como pez fuera del agua; apenas me adapto a la vida aquí y lo peor es que cada día me veo más extraña conmigo misma.
Regresé al salón de cine, no quería volver a la celda y enfrentarme a Quinn pues aún tengo vergüenza por lo sucedido en la biblioteca. Necesito ganar tiempo para volver a mirarle a la cara sin que me sienta mal por ello.
Las cosas en el salón estaban igual que cuando me fui hacía casi media hora; tomé el mismo asiento de antes e intenté evadirme mirando la película. No pude alargar más el tiempo, pues la película terminó y, también, las 2 horas de actuación de aquel tipo que, por cierto, cantaba fatal y tenía un aspecto rarísimo, como si lo hubiesen recogido de la calle; tenía un cántico como si estuviese haciendo yoga y apenas sabía tocar la guitarra. Voy a tener que hablar con el que organiza éste tipo de eventos para que nos ofrezcan algo mejor la próxima vez.
Sin darme cuenta, llegué a mi celda. Había pasado todo el trayecto pesando cómo iba a reaccionar con Quinn y allí la tenía, sentada en el escritorio, leyendo un libro sin percatarse aún de mi presencia.
-Quinn- dije con algo de miedo en voz.
-¿Te gustó la película?- ni siquiera se giró para mirarme.
-Sí, aunque ya la había visto el día del estreno-.
-Por eso te aburriste y decidiste salir a dar un paseo- noté su voz molesta.
-Yo… Verás… yo no quería- me bloqueé.
-Si tanta curiosidad tienes, ¿por qué no me preguntas a mí directamente?- ésta vez sí se giró para mirarme a la cara.
-He estado intentando acercarme a ti todo éste tiempo-.
-Que sea la última vez, Rachel. No me gusta que desconfíen de mí; si quieres te puedes trasladar a otra celda-.
-Quiero estar contigo, aquí- agaché mi cabeza de la vergüenza que sentía en ese momento.
No la escuché hablar. Levanté de nuevo la cabeza y vi cómo se levantaba de la silla y se acercaba hacía a mí. Su expresión era seria, pero su mirada había cambiado, pues ahora era intensa y no la apartaba de mí.
-¿Estás segura?- casi no había espacio entre nosotras.
-Contigo me siento a salvo y protegida. Si me fuese de aquí creo que moriría- dije nerviosa por su cercanía.
-¿Sólo por eso?-.
¿Eso fue decepción? ¿Había decepcionado a Quinn con mi respuesta? ¿Por qué estaba tan nerviosa? Estaba tan inmersa en mis pensamientos que no noté cómo Quinn había retomado lo que estaba haciendo antes de mi interrupción.
-Supongo que tu silencio es un sí- suspiró.
-¿Qué lees?- intenté eliminar aquellos pensamientos de mi cabeza.
-¿Ese es tu novio?- me preguntó señalando la revista que estaba encima del escritorio.
-¿Has leído la revista?- me sorprendí.
-No, pero al sentarme he visto la portada y aparecía tu nombre junto al de ese chico. Até cabos y supuse que era tu novio-.
-Era… Es… Bueno, era- dije sin saber cómo catalogarlo.
-¿Es o no? La pregunta es así de fácil-.
-Técnicamente lo era cuando entré aquí. San me trajo la revista para que le echase un vistazo y, evidentemente, ya no lo es- me senté suspirando.
-¿Puedo leerla?-.
-Claro, no hay problema-.
Me quedé observándola apoyada en la litera, desde esa perspectiva tenía la mejor vista de su cara. Me quedé mirando cómo centraba sus ojos en el artículo de Jesse y pude notar cómo fruncía el ceño conforme iba leyendo.
-¿Es verdad?- me miró fijamente esperando una respuesta.
-¡No!- me alteré.
-Son acusaciones graves-.
-Es todo mentira, lo hace para ganar dinero y fama- me defendí.
-¿Por qué estás aquí exactamente Rachel?- vi cómo se levantaba para situarse junto a mí.
-Me acusaron por tráfico de drogas- observé la cara perpleja de Quinn.
-¿Qué paso?- se sentó en mi cama invitándome a que yo también lo hiciese.
-Fue después de una actuación. Fui a mi camerino, como todas las noches, me cambié y, cuando salí del teatro con Jesse, unos policías me cachearon; del bolso me sacaron una bolsita de heroína, me detuvieron y me llevaron a comisaría. Allí me tomaron declaración y, a las pocas horas, encontraron más droga en mi camerino-.
-¿La droga no era tuya? Quiero decir, en el mundo en el que te mueves es muy común…-.
-¡Soy inocente! ¡Eso no era mío! ¡Alguien la puso ahí para hundirme! Si no me quieres creer, lo entiendo. Todo el mundo piensa que soy una traficante cuando en mi vida ni siquiera me he fumado un porro-.
Me derrumbé y comencé a llorar. Estaba cansada de que la gente pensara que soy una delincuente. Las únicas personas que siempre han apostado por mi son mis padres y mi mejor amiga; ni siquiera mi novio me cree y eso me duele.
-Te creo- escuché decir a Quinn.
-¿Qué?- la miré sorprendida.
-Si tú dices que eres inocente, te creo-.
-¿De verdad?- sonreí.
-Cuando te vi por primera vez, noté que eras diferente a las demás presas de aquí dentro. Me inspiraste confianza y te vi tan asustada… que no podía permitir que la gente de aquí te destruyese-.
-¿Por eso me metiste contigo en la celda?- cuestioné sorprendida.
-Eres de las pocas personas que me inspira confianza y, aunque no estaba segura al 100 por cien, tenía que comprobarlo. Y, por supuesto, te creo cuando dices que eres inocente-.
No sé por qué lo hice, ni cómo tuve el valor de hacerlo, pero… en ese momento, me abracé a Quinn con todas mis fuerzas. Ese gesto era lo que necesitaba en ese instante y mi compañera creo que lo entendió porque no noté ningún ápice de apartarse de mí.
Durante el abrazo, noté el cuerpo musculoso y bien formado de Quinn; el ir al gimnasio casi a diario le estaba sentando bien, además de que desprendía un olor agradable. Había algo en ella que me proporcionaba paz.
-¿Has hablado con Jesse?- se separó de mi cuerpo.
-Santana me dijo que no quiere verme y que no quiere saber nada de mí- volví a sentirme mal.
-Es un gilipollas. Es mejor olvidarse de él, no merece la pena- volvió a abrazarme.
Y así me quedé, de nuevo entre sus brazos. Creo que me podría acostumbrar a esta sensación; hacía días que no sentía este bienestar. Con un poco de suerte, y con el tiempo, podría olvidarme de Jesse.
