Capítulo siete

Mar libre


Luce no sabía sobre su visita hasta que lo vio en la puerta de su oficina; la chica miró con aprensión al detective antes de permitirle la entrada y pedir a su secretaria que cancelara todas sus citas; una cita con Reborn era algo demasiado estresante como para atender a pacientes después del detective. Tsuna entró a la oficina con curiosidad, ojos brillantes y la mano aún entre la suya; mucho más pequeña y caliente que la piel de Reborn. Kyoko entró con la vergüenza esparcida en todo el rostro, consciente que llegaban sin aviso; Reborn la había engañado y ella no se había dado cuenta hasta ya demasiado tarde (una vez que estuvo dentro).

—Sabes, amigo mío, me gusta mucho ayudarte, pero me gusta más cuando hacemos la cita con antelación —jugueteo Luce mientras se levantaba — eso ahorra problemas. —Reborn se encogió de hombros, Luce negó lentamente, sin embargo sus grandes ojos se dirigieron, interesados, hacia los dos morenos. —¿Y a quien tenemos aquí hoy?

Kyoko se adelantó, el rostro aún cubierto de carmín. —Disculpe la intromisión, Luce-sensei.

Luce la miró silenciosamente, examinando como lo pedía su profesión. —Oh, tú debes de ser Kyoko, Reborn me habló de ti; ella no parece tan molesta como la mencionaste, Reborn, parece que sólo hace su trabajo —el sonrojo se volvió ira, Kyoko miró con odio al detective, Reborn se encogió de hombros.

—Tsuna —el castaño dirigió su mirada hacia él, antes había estado sobre Luce y pareció quedar satisfecho con todo lo que vio —ella es Luce Millefiore; es psicóloga especializada en niños y adultos.

—Sobre todo adultos —Luce sonrió. —Mucho gusto, ¿Tsunayoshi? —Tsuna no la miró, sus ojos aún en Reborn, Luce anotó eso en su mente. —¿Por qué no te sientas aquí? —Señaló el lugar que sus pacientes solían ocupar; el sofá reclinado y largo para recostarse. —Ustedes dos, pueden replegarse junto a mi escritorio. —Luce señaló la esquina, fue evidente que Tsuna no quería separarse, sus dedos apretaron la mano de Reborn.

Reborn alejó su mano y Tsuna caminó al lugar indicado; Luce miraba todo analíticamente. Era obvio que el menor no quería separarse del pelinegro, sin embargo si Reborn lo apartaba Tsuna obedecía y se apartaba; estaban en una relación de subordinación, como era evidente, el detective tenía el dominio y el niño permitía esto por mantener su seguridad y por ello no vio el menor problema. Claro, el problema en sí caía en el hecho de que Reborn era un detective y Tsuna una víctima; pero como buena psicóloga omitió todo eso (por el momento).

Tsuna se sentó en el sillón, no se recostó, no se recargó, sólo se sentó. —Cuéntame, Tsuna, ¿cómo estás pasando ahora? ¿Te sientes cómodo? ¿O algo está mal?

Reborn sacó una grabadora del bolsillo interno de su saco, Kyoko arrugó la nariz, pero no dijo nada; en el fondo Luce y Tsuna componían la escena principal.

—Estoy muy bien porque Reborn está conmigo —aseguró el menor, una sonrisa pintó su boca, la sonrisa era pequeña y nerviosa, tímida. —Aunque todos digan que está mal.

—¿Todos? ¿Quiénes son todos?

—Kyoko, Kyôya y Rokudo… todos ellos dicen que no deberíamos estar juntos; pero yo quiero a Reborn… me quiero quedar con él para siempre.

Kyoko se erizó en su lugar, Reborn estuvo tentado a detener la grabadora, pero no lo hizo; Luce sonrió. —Ya veo, así que lo quieres, eso es muy bueno. ¿Te hace recordar a tu mamá?

El movimiento acelerado de la cabeza en modo de negación de Tsuna pareció sorprender a Luce. —Mi mamá era asfixiante, siempre quería… apretarme contra ella. Reborn es delicado, me da espacio y me permite pensar las cosas… yo no sé muchas cosas pero él me ayuda a pensar por mi cuenta, a analizar lo que no entiendo. —Tsuna dirigió su mirada a Reborn, el detective bajó la fedora y Tsuna apartó la mirada.

—¿Tu mamá era asfixiante? ¿Por qué? —Tsuna se movió incomodó en su lugar. —Si quieres puedes recostarte en el sofá, es muy cómodo.

—Estoy bien así… —el castaño se movió —no me gusta acostarme… ¡Sólo para dormir!

—Oh, ya veo. —Reborn recordó todos los días pasados, Tsuna acurrucado a un brazo del sofá, si, podía recordarlo perfectamente. —Entonces, ¿me podrías contar sobre tu mamá?

El castaño sonrió con nerviosismo. —Ella… era muy buena conmigo. Me llevaba comida; juegos, también libros… a veces sabía noticias del exterior… Mamá me amaba y yo a ella. Mientras estuviéramos juntos… yo era muy feliz. —Silenció prosiguió después de eso, Tsuna se puso en pie. —Pero… ella de repente fue muy extraña; siempre quería abrazarme, me apretaba y decía que todo estaría bien… —un pie se movió inquieto, Reborn no perdió pista de ello —entonces comenzó a llegar herida; tenía moretones en el cuerpo y decía que todo estaba bien. Ella me dijo que estaba enferma y por eso tenía los moretones. —Entonces Nana sabía de su enfermedad; ¿Por qué no se dio el tratamiento? Con un tratamiento adecuado ella habría controlado la enfermedad. —Pero… entonces ella tenía sangre en la cara… mucha sangre; no sabía porque tenía la sangre, yo… no podía entender.

¿Realidad o sueño? Reborn no sabía que decir al respecto.

—¿Sangre? ¿Ella estaba herida?

—… no lo sé. —Soltó, luego volvió a su lugar, esta vez se recargó un poco. —La sangre estaba en su cara y mamá dijo que estaba bien… ella lo dijo… no… no sabía lo que pasaba… eso fue antes que mamá dejara de ir a verme…

Reborn alzó una ceja ante el nuevo acontecimiento; miró subjetivamente a Tsuna y llegó a una conclusión: Nana había hecho algo antes de morir. Sin embargo, ¿realmente podía confiar en Tsuna? Aunque no parecía un mentiroso tampoco parecía confiable; no tenía motivos para no creerle ni mucho menos para creerle. Kyoko se movió a su lado y fue consciente que sus pensamientos no distaban demasiado. La única experta se acomodó en la silla con una sonrisa tranquilizadora.

—Ella era muy importante para ti, ¿cierto? —Tsuna asintió —¿Por qué no me cuentas como pasaban usualmente los días? ¿De qué hablaban? ¿Qué jugaban? ¿Qué comían?

Tsuna sonrió. —Mamá llegaba a despertarme para el desayuno; me preguntaba cómo estaba y si ya había terminado de leer el último libro que me había llevado; solía llevar fruta, leche y pan tostado. —un desayuno bueno pero pobre —Esperaba a que terminara y luego se llevaba todo; yo leía un rato o volvía a dormir. Volvía más tarde, para la comida; volvía a preguntarme como estaba y platicaba conmigo sobre las cosas que pasaban; habló de Haru-nee-chan muchas veces —llamarla hermana, era lo que Nana pretendía —para comer llevaba fruta; agua, sopa y pescado… a veces variaba un poco, pero regularmente era eso —no era de extrañar su desarrollo, Nana lo había limitado —luego de comer mamá leía para mí; entonces se iba y regresaba más tarde, me dejaba una jarra de agua, cualquier fruta y gelatina… era así siempre.

Reborn lo llevó todo al plano Idea: Tsuna recostado en la cama; durmiendo, entonces Nana llegaba en la mañana y le daba el desayuno, cariño y luego lo dejaba; acostumbrado a la vida sedentaria, tranquila y perezosa, Tsuna dormía de nuevo o leía un poco antes de seguir durmiendo; Nana volvía para la comida y realizaba lo mismo y, una vez más, al irse Nana, Tsuna repetía el procedimiento; una vez en la noche todo se repetía una última vez. Día a día la misma rutina.

Día a día.

—¿Y ahora qué haces con Reborn?

Una sonrisa creció en el rostro de Tsuna. —En la mañana despierto con Reborn, él me da desayuno y me pregunta sobre mi día, me habla sobre su trabajo, Kyôya a veces está ahí también; cuando él se va me siento en el sofá y espero a Kyoko. Entonces, ella llega y me lleva juegos, libros, revistas; vemos las noticias en la tele y me platica de muchas cosas. ¿Usted sabía que Reborn es un bastardo mal humorado? Kyoko me dijo.

Un sonrojo de vergüenza se apoderó de todo el rostro de la morena a su lado; Luce soltó una risa disimulada y Tsuna parecía totalmente ajeno a lo que había provocado. A Reborn no le interesaba, sin embargo le fastidio un poco.

—Oh, ya veo… ¿y por la noche, qué sucede en la noche?

—¡De nuevo estoy con Reborn! —La felicidad no cabía en sí. —Me habla del trabajo, yo le preguntó sobre mí mismo y Reborn siempre es sincero… cuando le pregunté la razón por la que todos me querían lejos él me dijo que no era mi culpa… sino su situación; yo no sabía que el ser Sherlock Holmes era tan difícil. —Los ojos de Kyoko brillaron en diversión; Luce no se quedaba atrás. —Pero yo lo entiendo, por eso no diré cosas innecesarias, porque quiero estar con él para siempre.

Los ojos brillantes de Tsuna esclarecieron con la afirmación. —¿Por qué? ¿Qué ha hecho Reborn que deseas estar con él?

—Nunca me ha mentido; por eso quiero estar con él siempre. —La seguridad en su mirada, sus palabras y su entonación; Tsuna estaba seguro de lo que decía.

—Ya veo… él te da confianza; te da estabilidad.

Reborn bajó la fedora.

≈O=O≈

Hana subió a su auto al escuchar el veredicto de su último caso; Gokudera seguía demasiado cansado, tanto que no se presentó. Ella también estaba agotada y no sabía si quería ser la fiscal en el siguiente caso, de cualquier forma ahora ya no tenía nada más que hacer, bueno, sólo dar su último informe a Alaude y uno más a Gokudera.

El caso había sido tan… desagradable. El cuerpo de una niña pequeña había sido encontrado cerca de las alcantarillas; el desagüe; mostraba signos de violencia y violación. Después de una larga investigación se llegó a la conclusión que su padre había abusado de ella y la niña había decidido suicidarse. El juicio contra el padre fue desagradable, no parecía arrepentido; dijo que la niña era hija de una ramera y no tenía nada que ver con él. Pese a ello la muestra de ADN lanzó el resultado como positivo, ellos eran padre e hija.

El final del caso dio como culpable al hombre, la sentencia era de sesenta años; Hana impidió que saliera antes por buena conducta, ese tipo de escoria no merecía ni un poco de misericordia.

Y pensar en esa niña le hizo pensar en su sobrino. Todo el día se preguntó qué tipo de vida Nana le habría obligado a llevar, que tan bien cuidado estaría y si él querría conocerla; Hana deseaba hacerlo. A su vez, Hana era consciente que, si Nana siguiera viva, sería culpable de un grave delito, mantener a un niño encerrado violaba sus garantías individuales, la libertad. ¿Ese niño sabría lo que era libertad? Hana no podía saberlo.

Detuvo su auto en el estacionamiento frente a su edificio, lugar en el que se encontraba su departamento, aún se encontraba distraída con el tema del hijo de su hermana.

La mujer encargada del edificio se encontraba apoyada cómodamente al lado de la puerta de entrada y, en las sillas del jardín, un chico de sudadera gris y gorra de béisbol verde se encontraba, la gorra cubría todo su rostro y lo único visible era un pequeño mechón de cabello chocolate. Hana caminó hacia el edificio y se detuvo.

—Señorita Hana, buenas tardes —saludó la mujer con condescendencia, luego miró al muchacho, quien se levantó de su lugar. —Este niño ha estado esperando por usted. —El niño no se movió, Hana lo miraba desde la altura que le proporcionaba los tacones, era un muchacho bajo. —Bien, me retiró entonces.

—Muchas gracias, señora Tsuki. —La señora hizo un gesto con la mano y entró, sin embargo se quedó en la puerta, mirando cual chismosa. —¿En qué puedo ayudarte?

El muchacho extendió una carta con ambas manos; un sobre verde claro sin nada escrito del lado en el que podía verlo; Hana alzó una fina ceja y tomó el sobre con suavidad, una vez el sobre estuvo en sus manos el muchacho salió corriendo. No tuvo tiempo de reaccionar cuando el chico había desaparecido de su vista, sin embargo el recuerdo de un brillo chocolate en su cabello y su mirada no se apartó.

Con el sobre en las manos Hana dio dos pasos hacia el edificio y se detuvo, al girar la carta pudo distinguir la suave letra de su hermana.

Para Hana Kurokawa

De Nana Sawada.

Su vista voló hacia donde el muchacho había salido corriendo y se preguntó si aún podría localizarlo, pero no estaba muy segura de ello. De todas formas rompió el sobre mientras daba pasos pequeños hacia el interior del edificio, se detuvo en el primer escalón.

Querida Hana;

Hermana, tengo tantas cosas que decirte, pero no creo poder explicártelo todo en este trozo de papel. Realmente lamento haberme apartado de la familia… sin embargo el motivo de mi carta no tiene nada que ver con eso. Si tienes esta carta en tus manos es probable que yo ya esté muerta; por ello debía de asegurarme que Tsu-kun estaría en buenas manos.

Hana, tuve un hijo con Iemitsu, su nombre es Tsunayoshi; tuve mis motivos para mantenerlo para mí; pronto entenderás todo. Ahora debes saber que, en mi habitación, existe una llave con la inscripción de D-12, esa llave tiene una utilidad, abre un casillero que contien-…

—¡Señorita Hana!

Hana captó la voz mientras las puertas del edificio se abrían, sin embargo su mirada cayó en el hombre que pasó a su lado arrebatándole la carta y partiéndola en dos, un trozo quedo entre sus dedos y el otro fue llevado por ese hombre, pudo distinguir un brillo peligroso en su mirada, fuego; entonces llegó el dolor. Lentamente llevó la mano derecha a su costado y cuando colocó la mano frente a sus ojos vio sangre. Cayó de rodillas en ese momento, la señora Tsuki se puso de cuclillas a su lado.

—¡Alguien, por favor, llame a una ambulancia!

Con la debilidad en la mirada posó sus ojos hacia el hombre, antes de caer inconsciente pudo notar fuego en su cabeza.

Sin embargo no creía estar muy lucida para asegurar eso.

≈O=O≈

Reborn soltó un bufido cuando, al llegar a casa de Miura Haru, no encontró a nadie, había decidido ir tarde porque, supuestamente, la chica estudiaba y debería de estar en casa para esa hora, sin embargo no estaba y no podía culparla, más tarde mandaría a Hibari; no tenía ganas de ir una vez más. A su lado, Tsuna miraba todo el lugar, sin embargo no parecía conocerlo, ¿debería decirle que la casa de enfrente le pertenecía?

Al final optó por no hacerlo.

Se subieron ambos en el auto patrulla, Tsuna iba a su lado mirando con fascinación a través del cristal de la ventana y, una parte de Reborn, encontró eso simpático.

—Quiero conocer el mar —soltó, de repente, el moreno, esta vez fijó sus inmensos ojos en él, pero Reborn no devolvió su mirada. —Mamá decía que el mar era inmenso y muy libre… como el cielo. Yo quiero verlo.

—Tal vez… algún día lo conozcas —soltó, su voz suave y sus ojos fijos en la carretera.

—¿Ya has estado ahí? —el interés era distinguible en el tonó de su voz, Reborn seguía sin mirarlo.

—Sí, hace tiempo, cuando aún estudiaba —freno en un semáforo rojo, esta vez sí miró los inmensos ojos del castaño.

—¿Me llevarías alguna vez? —los ojos de Tsuna brillaron con emoción, Reborn colocó una mano en la copa de la fedora e hizo ademán de tirar de ella, sin embargo una mano pequeña lo detuvo. —Yo… he notado que tiras de ella, pero me gusta ver tus ojos… me gusta mirar tus ojos. —La mano de Tsuna era caliente, pequeña y suave; tenía dedos pequeños y gruesos, dedos de niño. El contraste con su mano grande no le molestó.

—Alguna vez.

Tsuna sonrió, separó su mano de la de Reborn y el detective dejó caer ambas manos sobre el volante antes de continuar conduciendo. Casi podía escuchar el silencio dentro del vehículo, Reborn condujo con la mirada fija al frente, su mente en otro lado y no supo si quería mandar a su razón ahí. No lo hizo.

Detuvo la patrulla frente al edificio de su departamento, ayudó a Tsuna a bajar y cuando estaba en la entrada su localizador sonó, poco después el celular.

—Detective Reborn —soltó a través del aparato.

—Soy yo — la voz de Kyôya fue clara. —Hana fue atacada fuera del edificio de su departamento; está en el hospital y la van a intervenir, Alaude dice que nos quiere ahí ahora.

La llamada terminó en ese momento, Reborn miró a Tsuna y chasqueo la lengua, desde que sabía que Kyoko no iba a estar en la tarde (Mina la quería hoy en las oficinas) no sabía si era correcto dejar a Tsuna solo, entonces hizo lo que creyó más obvio. Sujetó a Tsuna de la mano y lo guio, de nuevo, a la patrulla.

—Creo que volveremos tarde a casa —Cerró la puerta de Tsuna y entró del otro lado. —Vamos a salir de nuevo.

—¿A dónde iremos ahora? —preguntó el moreno mientras Reborn le colocaba el cinturón de seguridad.

—Al hospital, vas a conocer a la hermana de tu mamá.

Tsuna brilló en su asiento, rebotó con entusiasmo y asintió con convicción. Reborn arrancó el auto y se dirigió a la clínica del centro de Tokio.

≈O=O≈

Hibari salía del local de guardado; la llave abría el locker D-12, tal cual estaba inscrita en ella y el locker D-12 guardaba muchas cartas, más fotos y un cuaderno. El encargado mencionó que Nana había ido hace un mes; lo que significaba que ella pretendía mostrar los objetos a alguien.

Kyôya se dio cuenta que Nana sabía que iba a morir. No encontró otro motivo, no había otra cosa; Nana lo sabía, así de simple.

El caso estaba avanzado a una situación inesperada.

Un piquete en su nuca le hizo darse cuenta que lo estaban siguiendo, no modificó ninguno de sus movimientos, exceptuando el hecho que acercó su mano a su bolsillo, al lado de su arma. El piqueteo se hizo más insistente y, de momento a otro, escuchó pasos acercarse a gran velocidad. Hibari sacó su arma y giró, el cañón apuntando al sujeto.

Un hombre con sudadera se detuvo, tenía el rostro bien cubierto con la sombra de la capucha y, además, su cabello cobrizo era largo; Hibari no tuvo que esperar demasiado para apretar el gatillo, pero el hombre, con increíbles reflejos, dio un saltó a un lado y salió corriendo; el pelinegro corrió con el arma en la mano y ordenando que se detuviera, el hombre fue rápido y se perdió de su vista. Cuando se detuvo jadeaba y el arma aún estaba entre sus dedos, observó los objetos dentro de la mochila negra y notó su importancia. Subió a su auto negro (odiaba las patrullas) y lo hecho a andar.

También supuso que el asalto a Hana tenía que ver con su caso.

~0~

Estamos acercándonos, cada vez más, al final de la serie. Pero esto aún no ha terminado.

-Nixse.