Capítulo VII: La marca del demonio. Segunda parte

Agarro un pequeño maletín que se encontraba sobre su cama, y se lo coloco en el hombro antes de salir de la habitación. Cuando cerró la puerta tras de sí, se encontró con la mirada inquisidora de su amigo, el cual se encontraba recostado a la pared. Se observaron durante algunos segundos y después de que Miroku hiciera un gesto afirmativo, él siguió su camino. No se detuvo, ni siquiera cuando su mirada se cruzó con una de enojo, él solo siguió hasta la salida de la pequeña cabaña.

-¿Te iras con ella después de lo que hiciste? –esas palabras hicieron que se detuviera antes de cruzar la puerta –. No te creí capaz de hacer algo como esto, Inuyasha –en su voz esta vez no se notó enojo, si no decepción.

-Las cosas como crees, solo cumpliré mi promesa –dijo mientras metía la mano derecha en su bolsillo -. Viajare con ella hasta el primer desembarco que está a dos días, y allí le explicare todo. Después volveré y… - se giró, y se quedó observando por unos segundos a la chica -, arreglare las cosas con Kagome –se acercó un poco a ella. No estaba seguro de lo que estaba haciendo, pero de alguna manera tenía que comenzar a arreglar todo -. No creo que ella quiera verme después de la última "conversación" que tuvimos –saco un sobre color dorado, y se lo tendió a la mujer –. Entrégale esto, por favor. Dile que es muy importante que lo lea –le tendió por unos segundos el sobre a la mujer, la cual parecía dudarlo.

-Espero que cumplas tu palabra –dijo antes de agarrar finalmente el sobre.

Él solo la miro por unos segundos más, antes de salir de la pequeña cabaña. Miro por última vez hacia la cabaña antes de montar en un caballo blanco y marcharse.

-"Espero estar haciendo lo correcto"-hizo un movimiento negativo con la cabeza. Claro que estaba haciendo lo correcto… ayudarla era lo correcto.


Miraba sin saber qué hacer, o decir a la mujer semidesnuda que la observaba fijamente de pies a cabeza. Su mirada era una mezcla de curiosidad y diversión, la cual se reflejaba perfectamente en la pequeña sonrisa que adornaba su boca.

-No entiendo que haces aquí, ni por qué llevas eso –dijo mientras señalaba la mano de la chica.

-Kikyo, dijo…

-No entiendo por qué se arriesga así. Si Naraku los encuentra… -dijo mientras se sentaba en la cama -. Debe estar muy enamorada de ese hombre, lo cual no es más que una estupidez –dijo con marcada burla, mientras servía en dos pequeños vasos.

-¿Enamorada? –no entendía a qué se refería esa mujer. Se suponía que a quien su hermana debía amar era a su esposo, a quien se había entregado y por ende casado.

-Sí. ¿No me digas que no conoces al hombre por el cual tu hermana ha arriesgado su propia vida? –dijo mientras le ofrecía uno de los vasos. La chica hizo un movimiento negativo ante el ofrecimiento, por lo cual Yura después de hacer un movimiento de hombros se tomó todo el contenido del vaso –. ¿Tú te has enamorado? –la aludida se ruborizo, lo cual hizo que Yura sonriera divertida, antes de levantarse. Se acercó a ella, y la agarro por el mentón, mientras la miraba fijamente a los ojos –. Veo que ya no eres tan niña como creí –dijo con una pequeña sonrisa maliciosa. Ella solo aparto la mirada, lo que menos quería hacer era hablar de él –. ¿Quién es?. Solo es curiosidad, no ganaría nada divulgando su nombre –aclaro al ver la expresión de la chica -. Hagamos un trato, tú sacias mi curiosidad, y yo sacio la tuya. Si sabes la verdad, tal vez puedas ayudarla, porque ella no es feliz –dijo con "pesar". No era que le importara la vida de las personas que estaban a su alrededor, pero todo hacia parte de un gran rompecabezas, y ella recolectando pequeños tasos de información llegaba a armarlos.

No sabía que decir. Esa mujer tenía razón, a pesar de que parecía ilógico, al parecer esa mujer frente a ella, era una de las pocas personas que le podía responder a algunas dudas que tenía sobre la vida de su hermana –."Tal vez pueda ayudarla a ser verdaderamente feliz" –respiro profundo. Hablar sobre él dolía, y era verdaderamente incomodo hacerlo a un extraño –. Se llama… Inuyasha –dijo con la voz un poco temblorosa.

La mujer frente a ella abrió los ojos por la sorpresa, pero casi inmediatamente sonrió –."Va a ser más divertido de lo que pensé". Un trato es un trato, querida –dijo antes de sonreír nuevamente –. Pero antes podrías hablarme un poco de él… claro, si no tienes ningún problema –dijo para después caminar hacia la cama y sentarse, mientras veía a la chica de forma expectante.


Al llegar al lugar de encuentro, bajó del caballo, caminando, aproximadamente tres metros, entre unos matorrales. Agarro el arma que había sacado de la habitación de Naraku, y rodeo una pequeña montaña de rocas que se encontraba en el lugar. Lo vio sentado de espaldas a ella en una pequeña roca. Él no se había percatado de su presencia, y ella no hizo nada para llamar su atención, solo se quedó allí observándolo. Sintió como lentamente su rabia y dolor aumentaban. A él le había dado dos cosas que jamás había entregado… su confianza y corazón, o gran parte de el. Había creído ilusamente que él era diferente a todos aquellos hombres que conocía, pero lamentablemente con él se había equivocado.

Unas lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, mientras levantaba el arma que llevaba en sus manos. Por qué la vida se empeñaba en quitarle todo, o más precisamente, por qué ella insistía en quitarle todo. Si ella no existiera todo hubiese sido diferente –. "Kagome, yo… quisiera odiarte, debería odiarte, pero… no puedo"-a pesar de que su hermana había arruinado prácticamente su vida, quitándole una de las únicas oportunidades que tenía para ser feliz, ella no podía odiarla. A pesar de que eso era lo que quería… odiarla, pero sobre todo, odiarlo.

Negó mentalmente, antes de limpiarse con la palma de su mano las lágrimas que todavía seguían saliendo. Ella no era patética para auto- compadecerse, ella era una persona fuerte, desde pequeña había aprendido a serlo y como tal actuaria –."Eres y siempre serás fuerte". Debería matarte por lo que hiciste –él se giró. No pudo evitar sorprenderse al verla apuntándole con un arma.

-¿Kikyo…? –estaba confundido. No entendía por qué ella lo miraba de esa forma, se suponía que debía de estar feliz porque al fin podría ser libre –. ¿Qué sucede? –intento acercarse, pero ella movió el gatillo indicándole que no se moviera.

-Vales tampoco como los demás, Inuyasha. Creí que eras diferente, pero me equivoque –dijo de forma seria, sin percatarse que una pequeña lagrima bajaba por su mejilla izquierda -. Te atreviste a tocarla, y ahora actúas como un cobarde… un maldito cobarde

-Yo… ¿Cómo…?-no sabía que decir, o más específicamente de su boca no salía ninguna palabra por más que lo intentase.

-No solo te aprovechaste de ella, también jugaste conmigo… sabias lo que significabas para mí, ¡y no te importo!-trataba de mantenerse calmada, pero muchas sensaciones que jamás había experimentado la estaban invadiendo. Sentía odio, dolor, decepción… sobre todo decepción, una que a pesar de todo lo que había vivido jamás había sentido, porque nunca se había ilusionado con nada, ni con nadie. Ella siempre sabía que esperar de las demás personas, pero con él… todo había sido diferente, pero igual la lastimo.

-Las cosas no son así, todo lo que siento y dije es verdadero

-¡Mientes!-cerró los ojos tratando de que ninguna lágrima escapara de ellos. Estaba cansada de ser ella la que tenía que perder, siempre desde que eran niñas perdía ante Kagome, a pesar de que era débil, Kagome siempre le quitaba todo –. "Los débiles son los que lloran" -ella era fuerte, y así actuaria –. Si todo lo que dijiste fuese cierto, jamás te abrías acostado con ella… jamás me hubieses traicionado

Quería odiarlos, estaba en su derecho… él la había engañado con la estúpida de su hermana, que siempre era feliz sobre el sufrimiento de ella, pero ella lo quería a él, y sobre todo a ella. Quería seguir siendo egoísta y pensar solo en ella, pero Kagome… era una tonta que además pecaba por ser inocente.

-Creí…¡creí que eras tú! –sabía que ya no tenía ninguna oportunidad de estar con ella, pero no podría soportar que ella lo odiase, o lo mirara como lo estaba haciendo… con decepción -. No sé qué me sucedió… creo que la confundí contigo…

Ella se quedó observándolo por unos segundos antes de bajar el arma. Le hubiese gustado que el la quisiera y estuvieran juntos por siempre, como una vez lo prometieron, pero en la vida real eso nunca pasaba… la vida no era como la pintaban, no era color de rosas y en ella solo sobrevivían los fuertes

-Yo…

-Iras donde Kagome y le pedirás matrimonio –dijo interrumpiéndolo, y dando por terminada la anterior conversación.

-Pero… no la quiero, ¡de esa forma no la quiero, yo te quiero a ti! –camino lo más rápido que pudo hasta ella, y la abrazo, sin darle tiempo a que reaccionara –. No puedo hacerlo, a la que quiero es a ti

-Estas confundido Inuyasha, al igual que yo –dijo tratando de sonar lo más segura que podía, mientras se apartaba. No sabía exactamente que sentía Inuyasha por ella, pero ella si sabía lo que sentía… ella lo quería, ese pequeño dolor en su pecho le indicaba que ella lo quería. No sabía si era ese sentimiento llamado amor que jamás había experimentado, pero ahora eso no importaba, ella debía olvidarlo -. No es cierto…no me quieres –él intento hablar, pero ella no se lo permitió -. No me quieres de la forma en que crees. Si lo hicieras jamás me hubieses confundido con alguien más

-Sabes que…-ella lo interrumpió con un movimiento negativo con la cabeza.

-A mí jamás me tendrás, por la simple razón de que no me quieres… -él intento hablar, pero ella no lo dejo –. Y después de lo que hiciste jamás estaría contigo. Si de verdad sientes algo por mi iras donde ella, y se casaran – ¿qué sentía en ese momento?, ni ella misma lo sabía. Lo único que sentía era un pequeño dolor en el pecho y unas ganas inmensas de llorar con cada palabra que pronunciaba –. "Mi libertad no depende de la felicidad de ella" – era lo único que se repetía, tratando de auto convencerse de que hacia lo correcto. Pero si era así, ¿por qué esa horrible sensación en su pecho no se iba?, ¿por qué sentía que estaba haciendo más de lo que debería? –."Porque estas cambiando tú felicidad por la de ella" –miro al piso cuando escucho esa frase en su cabeza. Estaba cansada de siempre sufrir. Ella solo quería por una vez en la vida ser feliz. Ella quería…

-No siento nada por ella… casarnos no sería justo para ninguno de los dos

Al escuchar su voz salió de sus cavilaciones. Levanto la mirada, cruzándose inmediatamente con la de él. Se preguntó que se sentiría ser feliz. Se preguntó cómo se sentiría al ser por primera vez uno con la persona a la cual le había entregado su vida –. "Lo mismo que ella seguramente se preguntó"-le dio la espalda, y dejo salir esas lagrimas que en vano trataba de retener. Subió su mano izquierda a su mejilla, y al sentir su piel mojada sonrió amargamente, hacía muchos años no lloraba por sentir dolor –. "No eres débil… solo la felicidad de los débiles depende de otra persona" -. Y, ¿condenarla si?-dijo de forma seria, mientras se limpiaba las lágrimas que jamás estaba dispuesta a volver a derramar

-Arreglare todo con tu familia

-No, tú te casaras con ella… si no lo haces te acusare de violación o…-giro a observarlo. Él la miraba con una expresión que ella no sabía identificar. Sabía que tal vez mentir no arreglaría nada, pero de alguna forma él tenía que enmendar su error -. Yo misma te matare –no sabía que tan ciertas eran sus propias palabras, solo dejo que hablaran la rabia y el dolor… sobre todo el dolor que sentía por él.

-Kikyo…

-Juro por mi vida que así lo hare, Inuyasha

Él la miro por unos segundos de forma triste. Desde que había despertado al lado de Kagome sabía que jamás podría tenerla, pero aun así quería cumplir parte de su promesa.

-Cumplo mis promesas, Kikyo –dijo mientras se quitaba del hombro el pequeño maletín que llevaba –. Allí está todo para que puedas irte. Solo quiero asegurarme de que llegaras a tu destino

-Siempre he podido arreglármelas sola –dijo mientras se alejaba de él –. A ti lo único que debe importarte es ella, y no me iré hasta que cumplas tu nueva promesa

-Pero…

-Vete, Inuyasha –dijo de forma demandante.

-Jure que te ayudaría a obtener tú libertad, y aunque no lo quieras, eso hare -se observaron por unos segundos, y aunque no le hubiese gustado hacerlo, se fue.

Observo como el caballo se detenía a lo lejos, mientras él miraba en esa dirección. Se miraron por algunos segundos, antes de que él se perdiera en la lejanía.

Inmediatamente lo perdió de vista, fue como si el suelo la jalara, y ella no se resistió. Cayó lentamente de rodillas. Sentía ganas de llorar, pero jamás lo haría, jamás nada la volvería a lastimar.

-"Levántate…no tienes derecho a mostrar ningún signo de debilidad"-apretó el pasto entre sus dedos, tratando de ahogar las lágrimas que aún luchaban por salir.

No sabía cuánto tiempo estuvo arrodillada en ese lugar, mientras miraba por el lugar donde él se había ido. Se levantó, y camino con parsimonia hasta donde había dejado el caballo. Guardo el arma en la silla del caballo, y después se subió con un poco de dificultad.

No se percató en que momento empezó a llover, hasta que un trueno hizo que cayera del caballo. Se levantó un poco la cabeza, observando como el caballo corría despavorido. Se levantó con un poco de dificultad, apareciendo una mueca de dolor en su rostro cuando se sentó en el pasto, pero no le importo, solo se levantó, y empezó a caminar con un poco de dificultad, mientras se sumía sin darse cuenta en sus pensamientos.

No escuchaba, ni sentía nada de lo que ocurría a su alrededor, de hecho las gotas de agua que caían en su piel había dejado de sentirlas hacia mucho. Ni siquiera se daba cuanta de las lágrimas que salían de sus ojos, a pesar de haberse prometido no volver a llorar, las cuales se mezclaban suavemente en sus mejillas con la lluvia. No sabía que le estaba sucediendo, ya que nunca había sentido algo parecido, pero no importaba, ella era fuerte y siempre se recuperaba de las adversidades.

Sintió un fuerte empujón antes de caer al pasto, ensuciando totalmente su vestido rosa, al igual que su cabello.

-Miren lo que tenemos aquí –levanto la vista, y observando a un hombre gordo que sonreía de forma repugnante.

Ella se levantó e intento alejarse de aquel hombre que la miraba de forma lasciva, pero dos hombres más en caballo le impidieron el paso.

-¿Por qué te quieres ir tan rápido?, si aún no ha empezado la diversión –dijo mientras se bajaba del caballo el hombre gordo. Camino hasta ella, y estiro su mano hasta tocar suavemente la mejilla de la chica, pero esta le aparto la mano de forma brusca –. Así es que me gustan –dijo para después relamerse los labios, causando una mueca de repulsión en ella –. Prometo que por lo menos uno de los dos lo disfrutara –dijo para después agarrarla con una mano por la mandíbula, para acercarla más a él, a pesar de que ella se resistía.

-Mukotsu, las ordenes fueron claras… si no hacemos lo que él dijo ninguno de nosotros vivirá –dijo de forma preocupada uno de los hombres que permanecía en caballo.

-No tiene por qué enterarse, además hay muchos haciendo el mismo trabajo –dijo mientras apretaba más el agarre en la mandíbula de la chica, haciendo que en contra de su voluntad, apareciera en su rostro una mueca de dolor, por lo cual sin ningún éxito trato de apartar con sus manos aquella mano grande y áspera que le estaba haciendo daño –. Si quieren pueden irse, o esperar a que termine, para que también puedan divertirse –acerco su rostro al de ella, y después de mirar nuevamente a los otros hombres sonrió –. ¿No creen que es lo más hermoso que la naturaleza nos pudo haber dado? –acerco su boca a la de ella con la intención de besarla, por lo cual ella intento apretar sus labios, pero el dolor en su mandíbula no la dejo. Sintió la lengua de ese hombre recorrer lentamente desde sus barbilla hasta su nariz, lo cual le provoco una arcada producto del asco que sintió. Como pudo levanto la rodilla, y lo golpeo, haciendo que la soltara por el dolor.

-¡Maldita zorra! –grito mientras se retorcía en el suelo por el dolor.

Sabía que tal vez no podría huir de ellos, pero su cerebro le gritaba que lo hiciera, por lo cual su cuerpo se movió. Subió lo más que pudo su vestido y sin mirar atrás corrió. Sentía los cascos de los caballos detrás de ella, y unos ruidos de burla de parte de los hombres, pero lo único que a ella le importaba era correr. A pesar de que sentía que no llegaba oxígeno a sus pulmones y de que en cualquier momento caería por el cansancio, solo corrió.

Sabía que si seguía corriendo en campo abierto la alcanzarían, por lo cual intento desviarse al bosque, pero antes de que pudiera llegar otro fuerte empujón la tiro al piso. Se tocó el hombro izquierdo antes de abrir los ojos, y a pesar de que le dolía, ni una mueca de dolor apareció en su rostro, ella solo pensaba en huir, o perdería todo.

La rodearon como si fuera un pequeño ratón, y empezaron a jalar sus ropas, mientras ella inútilmente trataba de alejarse. Sabía que no era el momento, ni el lugar, pero tenía ganas de llorar, y más al sentir como la parte inferior de su vestido cedía a los tirones, dejándola en ropa interior.

El hombre gordo se bajó y la jalo por el cabello hacia él –. Hoy nos divertiremos. Te follare por todas partes hasta el cansancio perra –la intento besarla, pero ella lo empujo bruscamente, por lo cual el la abofeteo, haciendo que cayera nuevamente al pasto –. Intente ser amable contigo, pero todas ustedes se portan igual

Intento levantarse, pero estaba cansada y su cuerpo por más que lo intentase no respondía. Sin más opción, empezó a arrastrarse lejos de ellos, mientras sentía como las lágrimas salían de sus ojos. Mordía su labio inferior para que ningún sollozo escapara de su boca -. "No seas débil. Tú no eres débil"-se lo repetía mentalmente tratando de calmarse, pero por más que lo intentaba no podía… ellos le harían daño, y ella no podría evitarlo.

Sintió que era jalada por una de sus piernas, por lo cual tratando de resistirse se aferró con sus dedos al pasto fangoso. No sabía por qué la vida le ponía esas pruebas, pero ella no se dejaría vencer. A pesar de que no le quedaban fuerzas sabía que tenía que luchar hasta el final. Con la poca fuerza que le quedaba empezó a hacer movimientos bruscos, que no surgían ningún efecto, solo provocaba que ellos rieran más.

-Te cogeré por las dos partes hasta que me canse -escuchaba risas burlonas, mientras a pesar de su resistencia, el hombre le acariciaba el trasero. Sin que ella pudiera evitarlo la agarro fuertemente por las caderas, levantándola de un solo movimiento, para después soltarla de forma brusca contra el piso. Ella cerró los ojos fuertemente para no gritar. Sabía lo que sucedería, pero ya no tenía fuerzas para evitarlo.

Una pequeña lágrima salió de sus ojos al escuchar como lo que quedaba de la parte inferior de su vestido era desgarrada.

-Quiero que me veas a la cara cuando te coja por primera vez –dijo para después voltearla en un movimiento brusco.

Se golpeó la cabeza, y todo empezó a volverse borroso. Alcanzo a ver como el pantalón del hombre caía en el pasto, y él se posicionaba arriba de ella. Sentía como trataba de jalarla más hacia él, mientras sus asquerosos labios se posaban en su cuello, mordiéndola sin ninguna compasión, para después subir a su boca. Sentía asco, aunque sabía que no servirá de nada lo mordió, provocando que él le diera otro fuerte golpe en el rostro

– Hueles bien –dijo mientras le bajaba lo que quedaba de su ropa interior. Sintió algo que le desagrado en uno de sus muslos, por lo cual, a pesar de sentirse mareada, intento moverse, pero una mano en su cadera se lo impidió –. Te agradara tan… -sintió un ruido que no supo identificar. Tal vez había sido un trueno, igual en ese momento nada importaba.

Vio una sombra, y sus ojos se cerraron totalmente. Tal vez había caminado mucho bajo la lluvia, o solo había sido muy maltratado por ese ataque, no sabía… pero aunque trato de abrir los ojos y moverse, su cuerpo no le respondió.

-Inuyasha –fue lo único que dijo en un pequeño susurro antes de perderse en la oscuridad, sintiendo en su cuerpo un peso extra.


Se quedó observando al chico de cabello largo y azabache, que se arreglaba sus ropas, y con el que se había cruzado cuando éste salía de la habitación, hasta que desapareció de su campo de visión. Entro a la habitación, y se quedó observando con una pequeña sonrisa de burla al hombre semi desnudo que tomaba directamente de una botella de whisky.

-Deberías estar buscando a la estúpida esa –él ni siquiera la miro –. Veo que no has perdido algunas costumbres –dijo con marcada burla, haciendo que él lanzara la botella a la pared antes de acercarse rápidamente a ella, y agarrarla por el cuello.

-No estoy de humor, Tsubaki –dijo de forma seria, mientras apretaba el agarre –. Así que deja de hacer insinuaciones

-¿Qué es lo que realmente quieres, Hakudoshi?

-Destruirlo, ya deberías saberlo –dijo mientras colocaba esa sonrisa sádica que utilizaba cuando estaba torturando a alguien –. O, tú cabecita no te da para entender la situación

-Algunas cosas las he llegado a entender a la perfección –dijo con una pequeña sonrisa.

-No le entiendes –la empujo de forma brusca hasta la pared, sin soltarla –. ¡Jamás lo entenderás! –dijo mientras apretaba más el agarre, pero a pesar de eso, ella empezó a sonreír mientras acercaba su rostro al de él.

-Entiendo perfectamente la situación –dijo con marcada burla –. Sé cuáles son tus intereses, o por lo menos algunos de ellos. ¿Destruirlo? -a pesar de que el agarre en su cuello era fuerte, y empezaba a asfixiarle, ella sonrió –. Eso es con lo único que puedes conformarte –el agarre en su cuello se volvió tan fuerte, que le impedía respirar. Intento soltarse, pero él apretaba más su cuello –. E-El… tra…to- al pronunciar esa palabra él la soltó, haciendo que ella cayera de rodillas, mientras trataba de respirar.

-Si intentas nuevamente hablar de ello, te romperé el cuello, sin importar si te necesito, o no –dijo para después caminar hasta la cama que allí se encontraba y sentarse, mientras agarraba otra botella de una mesa, y empezaba a tomar.

Se acostó totalmente, y cerró los ojos. Todavía recordaba exactamente cuándo lo había conocido, cuando aún podía hacer lo que le daba la gana sin tener que recibir, prácticamente, órdenes de nadie.

Flash back

Había llegado de su viaje hacia menos de media hora, y ya sabía las no tan gratas noticias… había un heredero. Decir que le había molestado era poco. Después de tantos años de leal servicio, o mejor dicho, de esperar el momento exacto para dejar de ser un simple subalterno, al desgraciado de Onigumo se le da por engendrar un bastardo… un bastardo que también se encargaría de desaparecer si resultara ser un obstáculo para sus planes.

Cuando había decidió conocer al supuesto heredero, se sorprendió de que fuera una chica.

Observo a la pequeña figura desde que había salido al jardín, hasta que entro nuevamente a la casa. Decidió ir detrás, necesitaba saber con quién trataría, y por qué aparecía hasta ese momento. Cuando iban por el pasillo, que daba a las habitaciones, le dio alcance, impidiéndole el paso.

Era una chica muy bonita, a pesar de que se veía que era una simple niña, aun así era deseable ante cualquier mirada. Su cabello ondulado azabache caía hasta la mitad de su espalda, y sus ojos eran un vivo reflejo de lo de Onigumo, pero realmente estos eran atrayentes. Onigumo era su padre, pero a fin de cuentas no era más que una simple mujer que no serviría para encargarse de los negocios y que lamentablemente para ella era muy hermosa.

Se quedaron observando por unos segundos, antes de que la "chica" decidiera seguir su camino, pero él se lo impidió "acorralándola" en la pared.

-Hablare con tu padre, tal vez esta y todas las noches calentaras mi cama, pequeña –dijo con una pequeña sonrisa lasciva, para después intentar acariciarle una mejilla, pero antes de que pudiera hacerlo, una daga se posó sobre su cuello.

-Si vuelves a referirte a mí de esa forma… –sin dejar de mirarlo a los ojos, empezó a bajar la daga hasta que llego a las partes del otro chico, donde se detuvo e hizo un poco de presión –, desde esta noche quedaras imposibilitado de por vida

-Eres…-no pudo terminar la oración, ya que había recibido un golpe en el estómago que lo hizo caer en el piso.

-Ya déjalo, Naraku –ordeno desde la entrada de su habitación –. Es mi mano derecha, nos es y será de mucha utilidad -el aludido volvió a darle otro golpe, para después guardar nuevamente la daga en su pantalón, y camino hasta donde estaba el hombre mayor.

-No vuelvas a decirme lo que tengo que hacer, Onigumo

-Eres igual a mí, y en nuestra naturaleza no está obedecer a absolutamente nadie… –dijo con una pequeña sonrisa, pero después se puso totalmente serio –, pero eres mi hijo, y tienes que obedecer. ¿Cómo quedaría mi imagen si ni mi propio hijo me obedeciera? –el chico solo siguió su camino sin mirarlos, lanzando mentalmente maldiciones que por ahora nadie podía saber, porque lamentablemente aun necesitaba al bastardo que tenía por padre.

-Es mejor que no lo vuelvas hacer enojar, la próxima vez tal vez no esté cerca

Fin flash back

Abrió los ojos, y miro a la mujer que aún se tocaba el cuello. Sin decir absolutamente nada tomo un último trago, y salió de la habitación.


Sabía que ella estaba con él, nuevamente desafiándolo con ello. Debería de estar enojado, pero no era así… estaba feliz. Si, esa situación le agradaba. Al fin el imbécil de Inuyasha, le había dado una oportunidad de matarlo, y él no estaba dispuesto a desaprovecharla. No le parecía tan divertido como matarlo frente al bastardo de Inu no, pero bueno, que se le iba a hacer, si el idiota de Inuyasha se empeñaba en darle razones para que él lo matara.

-"Lo matare frente a ella"-por alguna razón pensar en eso, le causaba más emoción y placer que matarlo frente a Inu no.

Había dado órdenes a cada uno de sus subalternos. Había dado la orden de que lo mataran, y que a ella se la llevaran, pero esperaba ser él quien los encontrara.

A pesar de que tres de sus hombres estaban cubriendo ese perímetro, decidió ir por allí. No sabía cuánto tiempo llevaba cabalgando, pero sinceramente ya se estaba aburriendo, además de que había empezado a llover, por lo cual había pensado en regresar, pero vio a lo lejos a un pequeño grupo de hombres que parecían perseguir algo, o mejor dicho a alguien. Pretendía seguir su camino, pero sonrió al darse cuenta de que era ella. Parecía un pequeño animalito frente a aquellos hombres, pero a pesar de eso no dejaba de luchar. Vio como golpeaba a uno por sus partes y sonrió aún más… ella no era débil, desagradable tal vez, pero era una mujer fuerte, que a pesar de lo que le estaba sucediendo no gritaba, o suplicaba, solo se defendía como podía.

Vio como era dos veces lanzada contra el suelo y golpeada en el rostro, provocando que ella quedara inconsciente. Suspiro de forma cansina. No le importaba que le sucediera a esa desagradable mujer, además por estúpida se merecía la muerte, pero si dejaba que ellos la mataran perdería su diversión con Inuyasha. Saco el arma de su cinturón, y disparo al hombre que estaba semidesnudo en las piernas de ella, tratando de bajar su ropa interior.

Los otros dos hombres giraron, pero no alcanzaron a reaccionar. Uno cayó del caballo con un disparo en la cabeza, y el otro con uno en el pecho.

Cabalgo hasta allí, y vio como el hombre, que había caído arriba de ella, trataba de arrastrarse, por lo cual se bajó del caballo. Camino hasta él, y coloco el peso de su pierna derecha en la herida que el hombre tenía en su espalda, haciendo que este gritara por el dolor, mientras intentaba agarrar el arma de su compañero, pero un dispara en la palma de su mano se lo impidió.

-Te atreviste a tocar a mi mujer –dijo antes de darle una patada en las costillas al hombre, haciendo que éste se volteara por la fuerza del golpe. El hombre palideció al percatarse de quien se trataba –.Todos saben que detesto que se metan con lo que me pertenece

-Señor tenga piedad, no sabíamos quién era. Ella no tenía nada que la identificara… no le alcanzamos a hacer nada, solo esta desmayada… se lo juro –dijo de forma suplicante, antes de recibir un disparo en un hombro, por lo cual volvió a gritar, antes de agarrarle un pie –. Por favor…

-Eres patético –dijo con una mueca de desagrado. Si no quisiera escuchar sus gritos de dolor, le cortaría la lengua. Pateo la mano del hombre, y después volvió a su caballo por una cuerda, que había pensado en utilizar de alguna forma con Inuyasha.

-¡Señor, no!... ¡piedad! -sin escuchar ninguna de las suplicas que le hacían, lo amarro por las piernas a la silla del caballo.

Miro hacia donde estaba ella, y después de pensarlo algunos segundos, la agarro sin ningún cuidado y la subió de forma horizontal en la silla del caballo, para después subirse él.

Condujo al caballo por un camino pedregoso. El ruido que hacia la lluvia al caer y el croar de los sapos, solo era enmascarado por el ruido de los cascos de su caballo y principalmente por los gritos de dolor del hombre por ser arrastrado. Cuando miro hacia atrás, una sonrisa sádica apareció en su rostro. Aquella imagen era placentera, y se podría decir que casi exquisita. Mukotsu seguía dando gritos desgarradores, que para él eran casi tan placenteros y relajantes como la música de Mozart o Beethoven, mientras lentamente su piel era desgarrada por las pequeñas rocas, dejando un camino tras de sí, de sangre y piel, que era casi inmediatamente borrado por la lluvia.

La lluvia se había vuelto más intensa, volviendo un poco peligroso el camino, por lo cual decidió detenerse antes de que anocheciera totalmente. Diviso una cueva a algunos metros, en la cual se detuvo.

Inmediatamente entro se quitó la ropa, quedando únicamente con su ropa interior inferior. Se sentó en el piso, y al girar la mirada hacia la entrada la vio. Si fuese por él, la hubiese dejado toda la noche bajo la lluvia, sin importarle si moría, o no. Pero si moría, ya no sería tan divertido jugar con Inuyasha.

Camino hasta donde ella estaba, y se la subió al hombro. Al entrar nuevamente a la cueva, la dejo sin ningún cuidado en el piso, por lo cual ella se quejó bajito, pero no abrió los ojos.

Los recuerdos empezaron a llegar a su cabeza, por lo cual empezó a moverse como si se estuviera quitando algo de encima, hasta que abrió los ojos de golpe. Miro a su al redor, sorprendiéndose un poco al percatarse a donde se encontraba, pero más se sorprendió al percatarse quien estaba, al otro lado de la cueva, sentado en el piso.

-"¿Qué hace aquí?" –en ese momento los recuerdos que tenía antes de quedar inconsciente llegaron a su cabeza, y todo tuvo sentido –."El ruido… fue un disparo"- no sabía que estaba sucediendo, y aunque quería obtener respuestas, decidió no moverse y seguir como si estuviese dormida. Él había jurado matarla la próxima vez que escapara, y ella no iba a dejárselo tan fácil. Tal vez si era paciente podría huir en un descuido.


No supo cuánto tiempo había permanecido en esa posición, pero claramente había sido mucho tiempo, porque desde hacía rato había dejado de llover. Abrió los ojos lentamente, percatándose de que él también seguía en la misma posición. Cerro los ojos nuevamente tratando de dormirse, pero la temperatura ambiental y la frialdad del suelo, no la dejaban hacerlo.

Miro nuevamente hacia él. Tenía los ojos cerrados, lo cual era fácilmente apreciable gracias a la luz de la luna que entraba en la cueva. Intento levantarse con cuidado, tratando de hacer el menor ruido posible, pero inmediatamente cambio de posición sintió una fuerte punzada de dolor, por lo cual se mordió el labio inferior, tratando de no gritar.

-"No seas débil"-una mueca de dolor apareció en su rostro cuando por fin se levantó. Se agarró de la pared de la cueva intentando que el dolor en su cuerpo disminuyera, pero no funciono. Respiro profundo, y con mucha dificultad, mientras retenía pequeños quejidos de dolor, camino hasta llegar a donde él había colocado sus ropas. No le complacía la idea, pero de sus ropas todavía salía agua, y no podía soportar el frio. Pensó en devolverse, tal vez era mejor congelarse a utilizar algo de ese hombre, pero si moría por hipotermia a él eso le complacería. Tal vez si volvía a colocarse, lo que quedaba de, su ropa antes del amanecer, él no lo notaria, o tal vez huiría antes de que él lo notara. Podría vestirse y tomar nuevamente "prestado" otro de sus caballos antes de que él despertara.

Se quitó los restos de su ropa y la parte superior de su ropa interior, con mucha dificultad. Sintió una pequeña corriente que le erizo los vellos de su cuerpo, por lo cual al sentir un pequeño escalofrió se abrazó a sí misma. Después de dudarlo por unos segundos, se quitó la parte inferior de su ropa interior, pudiendo apreciar que no solo tenía algunos moretones en el tórax. En su cadera y piernas se podían observar fácilmente la presencia de marcas de dedos y algunos moretones más grandes. Un poco avergonzada por observarse, por primera vez en su vida, totalmente desnuda, decidió apresurarse, por lo cual soltó su cabello, el cual cayó suavemente hasta llegar casi a sus rodillas. Agarro con un poco de duda la camisa de él, colocándosela con desagrado. La camisa no estaba totalmente seca, pero no la incomodaría tanto como sus vestimentas, además de que la cubría mejor.

Decidida a marcharse, se giró, pero se ruborizo totalmente al encontrarse con unos ojos rojos que la miraban fijamente…

¿Acaso él…?

-T-Tú…-aunque le pareciera estúpido, por primera vez en su vida tartamudeaba, y no sabía que decir -. Te… ¡atreviste a verme desnuda! –su voz sonó un poco más fuerte que normalmente, pero un poco apenada.

-¿Y?, no tienes nada que no haya visto antes –dijo de forma aburrida sin dejar de mirarla –. De hecho, sigues sin agradarme… me pregunto cómo alguien puede pagar por tan poca cosa. He visto cuerpos que son mejores y más deseables que el tuyo –dijo para después cerrar nuevamente los ojos.

Ella apretó sus puños. A pesar de que estaba enojada, el rubor de su rostro no se quitaba. Nadie, ni si quiera Bankotsu la había visto en ropa interior, y el hombre al que más detestaba ¡la había visto desnuda!, y encima la insultaba. Le hubiese gustado, literalmente, matarlo, o por lo menos insultarlo, pero por primera vez en su vida no sabía qué hacer, solo estaba allí, totalmente ruborizada, mientras inconscientemente apretaba la camisa de él a su cuerpo, al cual, sin importarle el dolor que sentía, se deslizo suavemente por la pared hasta el piso, sin dejar de mirarlo en ningún momento.


Abrió los ojos al escuchar un pequeño ruido. Miro a su alrededor, y no lo encontró, por lo cual miro a la entrada y allí lo vio. Llevaba puesta su ropa a excepción de la camisa que ella llevaba. Él subió al caballo. ¿ Pensaba dejarla?. No, tenía que haber planeado algo que la hiciera sufrir, pero ella no se quedaría esperando la muerte como un manso cordero. Se levantó lo más rápido que pudo, sin poder evitar soltar un pequeño gemido de dolor. A pesar del dolor que sentía, camino de la forma más normal que pudo hasta la salida. Él la observo por unos segundos antes de poner en marcha el caballo.

-Supongo que del mismo modo que llegaste hasta aquí, puedes regresar

De vez en cuando la miraba de soslayo. Tenía que reconocer que no le parecía divertida la situación. ¿Acaso esa chiquilla nunca se enojaba?. Además, estaba retrasándolo, ya que no confiaba en ella, por lo cual tenía que asegurarse de que no volviera a escapar. Se detuvo, esperando a que ella le diera alcance.

-Sube –demando, pero ella ni siquiera le puso atención, solo paso al lado de él sin mirarle. No había dado ni cinco pasos, cuando él la agarro como si fuera una muñeca, y la subió delante de él, haciendo que ella pasara sus pies a ambos lados del caballo. Por tal acción, ella reprimió un grito de dolor.

Aunque tenía que reconocer que estaba cansada y muy adolorida, se molestó ante esa acción, por lo cual intento bajarse inmediatamente, pero él paso los brazos por su cintura para poder agarrar las riendas del caballo, y asegurarse de que ella no se fuera a bajar. Este simple hecho la ruborizo, nunca su cuerpo había estado tan cerca del de un hombre, y menos estando prácticamente desnuda. Trato de moverse un poco, pero el espacio era muy limitado.

Sentía como la respiración de él chocaba suavemente en su cuello, provocándole un pequeño cosquilleo en aquel lugar, lo cual le estaba empezando a molestar. Para evitarlo, trato de apartarse un poco, pero lamentablemente sus intentos eran en vano. Además de las cosquillas en su cuello, sus mejillas se ruborizaban cuando él tocaba accidentalmente, cuando trataba de guiar al caballo, uno de sus muslos. Eran sensaciones extrañas, y que jamás había experimentado. Pero definitivamente, las estaba empezando a odiar, y más porque era él quien accidentalmente las estaba provocando.

-"No pasa nada… es solo Naraku" – se recordó para calmarse un poco. Sabía que él no sentía ningún tipo de atracción por hacía ella, y ella tampoco tenía ninguna hacia él, por lo tanto tal contacto les era repugnante –. "Es normal" –a pesar de que sabía que lo que sentía era porque ningún hombre antes se había acercado de esa forma a ella, no podía evitar ruborizarse -. "Él no siente nada… solo repulsión, y tú también… esas sensaciones son por eso" -inconscientemente trato de mirarlo de soslayo, pero solo pudo distinguir algunos cabellos azabache ondulados que se mezclaban con los suyos. Miro nuevamente al frente, y se perdió en el paisaje. O, eso fue lo que trato de hacer en todo el camino.

Ninguno hablo por el resto del camino. Los roses accidentales de sus pieles se siguieron produciendo cuando él trataba de guiar al caballo en todo el camino, pero nada más sucedió entre ellos.


-Al fin, estaba preocupada –dijo la anciana cuando ellos estuvieron frente a la mansión –. Te preparare la tina –dijo al verlo bajarse del caballo, para posteriormente dirigirse a la entrada de la mansión –. A ti también, debes estar cansada, y…–dijo con una sonrisa mientras observaba a la chica que era bajada por Byakuya, y la cual estaba ruborizada –. Te enfermaras –después de observarla más detenidamente, trataba de colocar su mano en la mejilla de la chica, pero ésta no se lo permitió. Le sorprendieron y extrañaron las marcas que se encontraban en las piernas y en su rostro, pero ésta no parecía darles la menor importancia -."Dios mío, que les sucedió" -sabia como era él, pero ilusamente había pensado que con Kikyo sería diferente, pero nuevamente se había equivocado. Hitomi no existía. O, por lo menos el que ella quería -. ¿Qué...?

-Solo necesito descansar –dijo para después seguir el camino hasta la entrada. No solo ese hombre la había visto desnuda, ahora Byakuya la veía así, bueno al menos debía agradecer que llegaron por la playa, y nadie más la vio. Se sentía avergonzada, y totalmente adolorida, cada paso que daba era una pequeña punzada de dolor que iba en ascenso, pero eso no importaba, ella siempre aparentaría que todo estaba bien.


Tomo de la copa antes de cerrar los ojos. Empezando a recordar todo lo que había sucedido el día anterior, y su decepción al no haberla encontrado con Inuyasha, pero bueno, después de todo no importaba mucho, al fin de cuentas se había desestresado y divertido un poco.

En su cabeza sin que fuese consiente apareció la imagen de ella desvistiéndose. Él no se había dormido, solo mantenía los ojos cerrados tratando de concentrarse en otra cosa que no fuera el frio y la incomodidad en su espalda. Había sentido pequeños pasos, y al abrir los ojos la vio caminando hasta su ropa, lo cual lo hizo fruncir el ceño. Observo como ella parecía estar pensado en algo, ya que se quedó observando por unos segundos su ropa. En ese momento iba a hacer un comentario, pero le causo un poco de curiosidad cuando la vio quitar los restos de su vestido, quedando en ropa interior, posteriormente se quitó la parte superior de ésta, dejando al descubierto su espalda. Su piel era blanca, teniendo un aspecto pálido que parecía casi cremoso, dando la sensación de ser muy suave al tacto. Pudo ver su cintura, que aun sin corsé era pequeña. En ese momento una pequeña ráfaga de viento había entrado en la cueva, haciendo que ella se abrazara. Después de dudar nuevamente, la vio quedar totalmente desnuda. Su derriére… no se había quedado observando específicamente esa parte del cuerpo de ella porque le llamara la atención. No, claro que no. Simplemente le causaba curiosidad saber que haría, y como él estaba sentado, para su desgracia, su campo visual lo abarcaba solamente aquel derriére. El cual se vio totalmente oculto cuando ella soltó su cabello, que caía como si fuese una oscura cascada sobre su espalda, contrastando a la perfección. Cuando ella giro… una expresión de desagrado apareció en su rostro al percatarse en lo que estaba pensando. Abrió los ojos, y bebió todo el contenido de su copa.

-"Maldita, Kikyo" –tenía que dejar de pensar en cosas sin importancia. No sabía qué demonios le estaba sucediendo con esa niña, pero de algo estaba seguro… no era nada bueno, y de eso le había quedado claro cuando quiso tocarla.

Al subirla al caballo, pudo sentir perfectamente su pequeño y frágil cuerpo en comparación con el de él. Podía sentir perfectamente cono el tórax de ella bajaba lentamente en cada respiración. Pudo comprobar que la piel de ella era como había pensado la noche anterior, y sin ser consiente quiso tocarla, y "accidentalmente" lo hizo, resultando ser más suave de lo que había pensado.

Además, pudo distinguir perfectamente algo de lo cual jamás se había percatado… su olor. Era suave, y para su desgracia, embriagador, era una mezcla de…

-"Orquídea negra y una casi imperceptible fragancia a vainilla" – pensó sin darse cuenta de esto, perdiéndose nuevamente en sus pensamientos.

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Gabrielle Kravinoff

07/08/17