¡ADVERTENCIA ADVERTENCIA ADVERTENCIA ADVERTENCIA!
¡ULTIMOS CAPÍTULOS!
Hola chicos como estan? uh me han encantado sus reviews, he tratado de contestarlos todos pero algunos no he podido como a: Aoi Hyuga que me dejo un bello review que me hizo reír muchísimo pero que desgraciadamente no le pude contestar por no estar registrada en fanfiction :( igual gracias a Alabdiel que me fascinan sus reviews! y los de Hinata-sama 198, s . sadak que ha leído todos mis fics, 1rosiestar1, Diana carolina, izabel, Lilipili, Tiyo- kun! Noeliluna, Nepeta-love, Katsura 94, Hinata12hyuga y obviamente a Dayha Uchiha que esta sentada detrás de mi presionándome ¬¬ a TODOS! sigame dejando bellos reviews y el que quiera agregarme a MSN puede hacerlo con toda confianza.
ah por cierto ahora los flash back estaran en Italic porque ya vi q hay confusiones, este capítulo es muy largo y tiene muchos flas bask...
Por cierto ya estamos en la recta final no voy a decir como en otros fics cuantos capítulos faltan, muajajaja, quizás este incluso sea el último quien sabe, quizás no, quizás falte uno más o dos, o tres o veinte no lo sé, los dejaré con la intriga...
por cierto gracias a todos el experimento fue casi un éxito, casi u.u
Capítulo 7: Promesas y confesiones.
-¡Debo estar loca!- se quejo entre sí, cuando le había pedido al taxista que por favor la llevara al edificio: Namikaze Corporation. – ¡Debo estar demente!- se volvió a quejar cuando se bajo del auto con los nervios hechos hielo y mordiendose las uñas, sentía las piernas temblar como una masa gelatinosa.
Se paro un breve instante a contemplar el enorme edificio que parecía tocar el cielo, por algún motivo había muchos autos blindados a su alrededor cosa que decidió ignorarlo, continuó su camino antes de que se arrepintiera por la locura que iba a hacer mientras su corazón le avisaba con salirse de su pecho en cualquier momento por no soportar tanta tensión de su parte.
Seguro están preguntándose: ¿que rayos hacía ahí? la cosa es que ni ella misma lo sabía del todo, tan solo se estaba dejando llevar por un impulso de su enamorado corazón. No lo había desde hace algunos días y no podía negar que lo extrañaba ¿acaso ya estab cediendo? quizás, pero por ese día por ese solo decidió hacer una tregua con él, digo, era su cumpleaños y tampoco quería que lo pasara mal.
No sabía que la había llevado a ir a ese lugar. Era su cumpleaños si, pero ¿y qué? No quiso preguntárselo solo se dejo llevar por la parte de su corazón que le decía que vaya a verlo y así lo estaba haciendo –piso 153- se dijo al apretar los botones del elevador.
Fue grande la sorpresa de todos los empleados cuando la vieron emerger del elevador, los cuales por cierto nada indiscretos comenzaron a murmurar cosas a sus espaldas.
Llego al escritorio de: Matsuri: la secretaría ejecutiva del rubio, la cual también se exalto al tener su inesperada presencia ahí.
-se…ñorita Hyuga- comentó en un tono que parecía más a uno de pregunta que de afirmación o sorpresa.
-Hola Matsuri, ¿se encuentra Naruto?- pregunto bajito y con las mejillas sonrojadas, tratando de no arrepentirse y muy nerviosa.
-Vera señorita, yo acabo de llegar, aunque sé que el señor Namikaze ya llego-
-¿será posible que pueda pasar a verlo?- pregunto apenada.
-bueno…- balbuceo la castaña. – ¡Ya le pregunto!- dijo tomando el teléfono.
-¡no, no, no por favor, quiero que sea sorpresa, voy a entrar!- exclamo mientras tomaba la manija de la puerta para rotarla, la Hyuga pego un dedo a sus labios haciéndole una señal de que guardara silencio cuando vio que la secretaria se estaba poniendo nerviosa.
Se quedo ahí parada, con la boca abierta y pálida de la impresión que le causo ver a la pelirosa de Sakura ahí en su oficina, sentada sobre su escritorio mientras lo tenía prendido de los labios.
Su ánimo cayó a los suelos al verlo besarse con Sakura y se sintió la persona más estúpida, su shock fue tan inmenso que dejo caer la caja que tenía entre las manos la cual hizo ruido y que al instante revelo su contenido derramando el caldo del ramen sobre la alfombra color rojo vino. Parpadeo buscando fuerza.
-yo…- balbuceo torpemente -lo siento- murmuro con la cabeza baja para luego salir corriendo de ahí a todo lo que daban sus piernas y cerrar la puerta de un portazo.
-¡Hinata!- grito el rubio safandose de la pelirosa que lo había sujetado de la camisa y lo había besado sin previo aviso, sin anticipación.
Quiso levantarse y correr tras ella cuando Sakura lo sujeto de la camisa con fuerza y le susurro en un tono meloso:
-déjala, ya se fue- comento en una forma seductora.
Él por su parte, molesto jalo su brazo liberándose de la pelirosa que sus manos parecían ventosas trabadas en él.
Se agacho a ver lo que se derramada de esa cajilla naranja.
-ramen…- balbuceo cuando brillaron sus ojos, probó un tallarín que estaba en el suelo y sonrió –ya extrañaba ese sabor…-
Habían pasado un par de semanas de que ella había salido de su vida. Se bajo del auto y abrió la puerta de la gran mansión, camino con una indescifrable prisa que trataba de disimular, hasta que entro al comedor de la casa en espera de algo…-Ya llegue Hin…- De algo que no encontró, bajo la mirada decepcionado, la silla de ella en la mesa seguía tan vacía como lo había estado desde hace dos semanas.
-Joven Namikaze- dijo Hans al salir de la cocina para recibirlo.
-¡Hans! No me llamabas "joven Namikaze" desde que me cas…- mejor guardo silencio irritado.
Pero era cierto, el mayordomo ya no le llamaba de esa manera tan jovial a pesar de tener veintiséis años de edad, desde el momento en el que él había cruzado el umbral con un anillo adornando su dedo anular, se había ganado el título de: Señor Namikaze, solo que ahora si portaba ese anillo aún, era por gusto porque la persona que le otorgaba el título de: "Señor" se había marchado dos semanas atrás, ahora volvía a ser: Joven, el Joven Namikaze, como le llamaba Hans en sus años de chiquillo, de soltería e incluso Hinata volvía a ser: Señorita.
Se encogió de hombros y se resigno a que el mayordomo le llamara así nuevamente, aunque lo odiaba, lo odiaba porque ese maldito título le recordaba que ella no estaba a su lado.
Se sentó en silencio esperando su almuerzo con ese inhóspito y molesto silencio en el que podía escuchar sus propios pensamientos aturdirle la mente, Hans se precipito a servirle el tazón de ramen al rubio, el cual era su comida favorita desde que se había ido de vacaciones con su padre a Japón cuando tenía escasos seis años de edad, desde ese día quedo marcado el rubio: ahora por nada del mundo podía cambiar el sabor del ramen, ni por los manjares más suculentos hechos por los chef´s más reconocidos.
Sin apetito alguno probó el contenido del tazón, hizo una mueca de insatisfacción y levanto la mirada limpiando un poco sus labios con una servilleta –Hans esto sabe diferente a otras ocasiones ¿te falto algún ingrediente?- pregunto un poco irritado, pero tratando de guardar la cordura.
-si, joven Namikaze, la verdad es que falta el ingrediente principal- le contesto el hombre.
-consíguelo por favor, no importa si hay que pedirlo de otro país- exigió el rubio amablemente.
-Sabe joven que yo jamás le contradigo, pero en esta ocasión tendrá usted que disculparme- expresó el mayordomo.
-¿por qué?- cuestiono sin entender.
-la señorita Hyuga se fue- argumento como si el rubial no lo supiera, haciendo que la paciencia del rubio se acabara.
-¡lo sé Hans, gracias por recordármelo!- comento dolido. – ¿Y que con eso?- pregunto molesto.
-era ella la que preparaba el ramen siempre para usted- confeso el mayordomo dejando atónito al rubio, no solo había perdido a su esposa sino que además ella se había llevado su sazón con el que preparaba su comida favorita.
-¡Genial! ahora tengo que vivir sin ramen y sin ella…- se reprocho en sus adentros.
Molesto se levanto del comedor.
-¿quiere que le prepare otra cosa?- pregunto el mayordomo de prisa al ver que se iba enojado.
-no, Hans gracias- contestó –me has hecho ver lo muy idiota que soy- reprochó para sí mismo al salir de ahí.
-¡Naruto no pruebes eso del suelo!- le reprocho Sakura asqueada.
El rubio sin embargo no le presto la menor atención, se acerco al escritorio a tomar las llaves de su auto.
-vamos Naruto no tienes porqué disculparte con tu ex esposa solo porque no acepta que te perdió- comentó la pelirosa tomándolo de brazo, ese comentario le hizo hervir la sangre al rubio.
-Sabes Sakura…- la miro fulminante y guardo silencio - realmente soy yo él que la persigue, no ella a mí- le confeso, luego siguió su camino hacía la puerta en busca de esa alma que se le escapaba de las manos.
-¡¿vas a dejarme?!- pregunto irritada al verlo tomar la manija de la puerta.
-Sakura eres una mujer muy hermosa- expreso a lo que ella se sintió halagada elevando su ego femenino –me dominaste mucho tiempo, pero la verdad es que… desde hace tres años que yo ya no siento nada por ti, ahora esa chica que se va ahí corriendo me tiene dominado- hablo mientras sonreía.
Sakura se sintió completamente ofendida y el rubio solo arranco a correr tratando de alcanzarla, dejando a la pelirrosa con las palabras en la boca, irritada y humillada porque nadie nunca había despreciado a: Sakura Haruno.
-¿desde cuando te volviste tan rápida?- se quejo cuando salió del edificio y miraba por las calles buscando rastro alguno de ella.
Corría, corría como si su vida dependiera de eso y en el camino se reprochaba el que se le haya ocurrido la fantástica idea de ir a verlo a su trabajo, mientras lloraba a cántaros y nos buscaba a donde ir.
-¡estúpida, estúpida, estúpida!- se decía mientras corría, mientras las lágrimas mojaban su mirada, mientras la escena se repetía una y mil veces en su mente para que no lo olvidara, mientras su corazón se partía una vez más en mil pedazos.
Entró a un enorme parque mientras seguía corriendo sin ver su camino, tratando de relajarse se detuvo a llorar, llamando la atención de la gente que ahí se encontraba.
-¡Hinata!- grito una voz a su espalda.
Ella por inercia giro la mirada con los ojos y las mejillas húmedas, y cuando lo vio causando alboroto por haber entrado al parque en una moto, -¡rayos!- balbuceo creyendo que se había deshecho de él, decidió seguir corriendo.
-¡Detente!- le exigió el derrapando sobre la moto. –¡maldición!- grito al ver que huía, miró la moto ahora se había averiado -¡bien!- grito para salir corriendo detrás de ella mientras veía que se metía en una clase de bosquecillo que ahí había.
De un momento a otro las nubes habían privado a la ciudad del fulgor del sol, ahora el cielo se tornaba oscuro y amenazaba con caer una intensa lluvia, mientras unos relámpagos amenazaban a la gente para meterse en sus casas o buscar refugio en alguna parte, cosa que al rubio poco le importo, sólo seguía sus pasos tratando de no perderla de vista.
-es rápida- se quejo. -¡Espera, Detente!- le gritaba, pero no recibía respuesta de su parte, solo seguía corriendo como loca desquiciada.
En un segundo la perdió de vista: se había guardado tras un enorme árbol, vio que el rubio pasó de largo. Ahora respiraba profundo y cuando creyó perderlo de vista comenzó a recoger sus pasos para salir de esa especie de bosque, estaba jadeando y la lluvia iba a comenzar en cualquier instante inesperado, esperando el descuido de la chica.
-¡Te tengo!- grito eufórico, cuando la abrazo por la espalda rodeándola con los brazos.
Ella sonrojada por el contacto, por sentir su corazón bombear más rápido por la carrera que le había echo dar, mejor decidió forcejear.
-¡suéltame!- exigió ella, cuando sintió las primeras gotas de lluvia caer sobre ambos.
-¡no! me… ha dado… mucho… trabajo… atraparte...- confesó hablando pausadamente por su agitada respiración, mientras el pecho de ambos subía y bajaba tratando de recuperar un poco del aliento que habían perdido. –Déjame explicarte las cosas…- le suplico sin soltarla de su agarre.
-no tienes que hacerlo, todo me ha quedado muy claro y no entiendo que haces corriendo detrás de mí- le reprochó.
-no, no, no, no entiendes- expresó él respirando a bocanadas.
-claro que entiendo, con lo que vi es más que suficiente- musito al sentir que la lluvia mojaba su caliente cuerpo. –Naruto…- llamo con una voz más queda –déjalo así, entiendo todo, solo por favor deja de amenazarme o harás que me crea las cosas que me dices- le exigió refiriéndose a la amenaza de la: "reconquista"
-¡Todo lo que te digo es cierto! ¡No estoy jugando contigo si a eso te refieres!- expreso enojado.
Era cierto. Esa tarde él estaba trabajando tranquilamente en su oficina, mientras irremediablemente se distraía por pensar en la peliazul y aunque le costara trabajo, regresaba a su concentración sacudiendo un poco la cabeza o golpeando su frente contra el escritorio.
De pronto su tranquilidad se vio alterada cuando vio a la pelirosa entrar a su oficina sin previo aviso, burlando a Matsuri con alguna mentira para evadirla y escabullirse a la oficina del rubio…
-¿¡Sakura!?- exclamo sorprendido de verla ahí…
-Hola Naruto- le dijo con una sonrisa seductora, tratando de resaltar el labial rojo que tenía en los labios y el vestido ajustado que se prendía de su cuerpo.
-¡¿Qué haces aquí?!- le pregunto sin rodeos, levantándose de su asiento.
-¿Me invitas a pasar…?- exclamo ella.
-pasa- respondió él cortésmente.
La chica se sentó en la silla que estaba frente a él y se cruzo de piernas, dejando ver un poco de la piel de sus piernas que se escabullía en el corte que tenía desde el muslo ese vestido largo.
-¿Quieres algo de tomar?- pregunto al acercarse al bar que estaba en su oficina.
-si, un whisky- le pidió con una melosa voz.
Lo sirvió y se lo dio, luego el rubio tomo asiento en su silla giratoria para continuar con su trabajo.
-¿Qué se te ofrece?- preguntó después de un rato.
-Bueno Naruto- comento haciendo un cambio en el cruce de sus piernas largas y de piel tersa. –Hoy voy a presentarme en el teatro: "Lyceum" y vine a invitarte- dijo extendiendo un boleto. –Es primera fila- le guiño el ojo cuando el rubio lo tomo –además… tendrás el privilegio de un pase a camerino, sabes nunca doy de estos- comentó con una voz pícara.
-Gracias es muy amable de tu parte- le respondió con una forzada sonrisa y metió el boleto en un cajón que jamás abría.
-¿irás?- pregunto emocionada – ¡di que si!- solicito ella.
-no lo sé- expresó él.
-¡Vamos por favor! Despéjate un poco, deja tu trabajo un momento- argumento mientras se levantaba de su silla y se acercaba a él, se ponía a su espalda y le daba un ligero masaje en los hombros –estas muy tenso- exclamo en un susurro que dejo caer en su oído para luego sentarse sobre el escritorio de él cruzando las piernas, tratando de seducirlo, de hipnotizarlo.
-no sé, veré si tengo tiempo- profirió no tomándole mucha importancia a sus movimientos, procurando seguir trabajando y evitarla lo más posible.
-por mí- comento con una resbalosa voz, mientras lo tomaba del mentón obligándolo a mirarla a los ojos, de un momento a otro el rubio quiso salir de su agarre, la pelirosa irritada porque el rubial no cayera en su hipnosis decidió tomar medidas más drásticas. Ella era una persona que tomaba lo que le gustaba y hacía con ello lo que quisiera cuando lo tenía entre sus manos por eso le irritaba que el rubio no cediera ante sus encantos femeninos. Lo tomo con una mano del cuello de su camisa blanca y con la otra sujeto su corbata gris atrayéndolo hacia sí, lo beso sin preguntarle y fue en ese preciso minúsculo instante cuando la Hyuga entró. Lo cierto es que no había sido un beso correspondido, era más… un beso forzado, si tan solo hubiera entrado unos instantes antes hubiera visto como realmente habían sucedido las cosas, el rubio al escuchar el picaporte de la puerta ceder, la cajilla caer y ver a la Hyuga parada bajo el umbral con el rostro anonadado quiso soltarse del agarre de la pelirosa.
Ahora estaban ahí bajo un pequeño techo que había en el bosquecillo, varados juntos, esperando a que la intensa lluvia cesara, el silencio era incómodo.
Él llevaba rato tratando de llamar su atención a lo que ella no respondía.
-vamos Hinata perdóname, por favor- le suplico, para luego bajar la mirada al suelo, viendo como un charco de agua se formulaba debajo de sus zapatos.
-no tengo nada que perdonarte- le contesto ella sin mirarlo. –además, no tienes porque darme explicaciones- susurro.
-¡pero yo quiero dártelas, quiero darte explicaciones, las que quieras, las que me pidas!- expreso con una voz desesperada.
Ella sólo alcanzo a sonrojarse y bajo la mirada.
-vamos Hinata solo por hoy hazme caso, por mi cumpleaños- solicito él.
-¡eso es chantaje!- reprocho ella.
-si así lo quieres ver- le comentó él con una sonrisa traviesa. –Sabes esta lluvia y más en esta fecha, me trae dulces recuerdos…- hablo sonriente, ella le dirigió la mirada –te acuerdas… hace algunos años, cuando papa organizo mi cumpleaños y tú no sabías bailar piezas de salón…- se rió.
-claro que lo recuerdo- dijo sonrojada, para luego voltearse. –Como olvidarlo…- susurro para sí misma un poco meláncolica.
Era su cumpleaños número diecisiete y el último que celebraría con su padre con vida, el señor Namikaze comenzaba a decaer más sin embargo había insistido en organizarle una fiesta a su hijo por su cumpleaños número diecisiete y por supuesto Hiashi Hyuga y sus hijas estaban invitadas a la celebración: un baile en la mansión Namikaze.
El problema estaba en que Hinata no sabía bailar, había dejado el ballet hace algunos años comprendiendo su padre que ella no estaba hecha para danzar, cosa que supliría su pequeña hermana: Hanabi Hyuga.
-Hinata he contratado un maestro de baile, es una barbaridad que a tus dieciséis años no sepas bailar una pieza de salón sencilla- se quejo el hombre, cuando la tenía de frente ahí en su despacho, ella estaba con el uniforme de la escuela religiosa a donde acudía, parecía una muñequita tan pulcramente vestida.
-Si, papa- fue su contestación. Odiaba bailar, no le gustaba porque no se le daba, era algo que no llevaba en el corazón, ni en la sangre, ni en la cabeza ni en ningún lado. Pero aquella invitación era para el cumpleaños de Namikaze Naruto donde él bailaría con varias chicas y traía metida la esperanza de que él le concediera una pieza.
La tarde de su primer ensayo, ella se había preparado para cuando llego el profesor, estaba nerviosa, pero dispuesta a dar todo por intentar controlar sus pies.
-¡Señorita Hinata!- exclamo eufórico el hombre bien vestido con facha de gay.
Ella lo saludo con una reverencia.
-¡Me llamo Guy! ¡Y yo te ayudare a prender la llama de tu juventud despertando tu don del ritmo!- comentó exasperadamente el hombre, a lo que ella quedo sorprendida, aquel maestro era excéntrico, exótico, raro, pero sabía contagiar de una buena vibra.
-gracias- fue lo único que contesto tímidamente.
Después de un rato, digo, bastante rato, pisadas tras pisadas, el hombre trataba de no perder la paciencia con ella.
-lo siento- exclamo ella una vez más después de los muchos !lo siento! Que le había dado a ese hombre que comenzaba a creer que los pies se le caerían por tantos pisotones…
-¡tomemos un descanso!- manifestó el adolorido hombre.
En ese momento Hinata giro la cabeza por la ventana principal y vio el auto de Minato Namikaze estacionarse, se bajo el hombre con dificultad ayudado de su hijo y entraron a la casa.
-pase usted, el señor Hyuga lo espera- hablo el mayordomo guiándolos al despacho de Hiashi. Hinata quiso guardarse en ese momento, que Naruto no la vea ensayar y hacer el ridículo, pero poca fue su suerte.
-¡Hinata!- exclamo el rubio al verla tratando de huir.
-ahh… estode… hola Naruto- contesto con el mismo sonrojo con el que siempre le dirigía la palabra, con el sonrojo con el que lo había conocido años atrás.
-¿Qué haces?- le cuestiono al verla con tacones de baile.
-yo… yo…- comenzó a balbucear nerviosa.
-¡Jovencita Hinata!- llamo su maestro a lo que ella palideció. -¿Dónde esta usted? ¡Tenemos que continuar con la clase!- solicito buscándola por los pasillos de la inmensa mansión.
A lo que ella palideció aún más.
-¿clase?- le pregunto el rubio alzando una ceja.
-bueno yo…- quiso inventarse una buena excusa.
-¡aquí esta!- comentó exasperado el maestro. – ¡ah y con un gallardo joven, bien, usted puede mirar como la joven Hyuga se vuelve una experta bailando!- musito el hombre al ver la vergüenza de Hinata quien no sabía donde meter el rostro por lo colorada que estaba.
-¡claro!- dijo el rubio euforico.
Entraron al gran salón de la casa y Naruto se sentó en un sofá que ahí había, mientras el instructor la tomaba en posición para bailar, puso la música y comenzó.
Si antes no se concentraba ahora menos lo haría teniéndolo ahí, sintiendo como esos ojos azules seguían cada uno de sus movimientos torpes y faltos de gracia, después de varios pisotones y muchos: lo siento. Decidió parar.
-Joven que le parece si usted ayuda a la señorita en lo que yo vuelvo- solicito el hombre adolorido de los talones, con los pies a punto de sangrarle por la torpeza de la muchacha.
El rubio sin poder decir que no, termino cediendo, el hombre desapareció unos instantes dejándolos solos.
-¡y no se distraigan!- regaño cuando salió de ahí.
-veamos…- dijo el rubio al ponerse de pie y mirar a su colorada pareja.
-Naruto no tienes que hacerlo- contesto ella suavemente.
-¡vamos Hinata, será divertido!- exclamo el rubio ansioso. –Solo tengo que… acercarme- expresó mientras lo hacía, dio unos paso hacía ella cortando la distancia que los separaba de sus cuerpos, ella por nervios comenzó a retroceder. –vamos quédate quieta- le dijo, la tuvo que sostener de la muñeca y jalarla hacía sí causando una repentina coloración en las mejillas de ella. – ¿Ahora que hago?- se preguntó a sí mismo – ¡ya se!- hablo poniendo suavemente la mano en su cintura y con la otra busco la muñeca de ella sosteniéndola con firmeza, en ese momento se pregunto: ¿siempre ha sido tan pequeña su mano? La miro, encajaba perfectamente entre la suya.
Ella suspiro nerviosa, mientras él la sujetaba y la acercaba a su cuerpo, tanta cercanía le helaba los nervios, nunca antes lo había tenido tan cerca, nunca antes había roto la distancia que los separaba, en ese momento sintió que sus ojos azules brillaban más fuerte al tenerlos a tan poca distancia de ella.
Con las mismas, empezó la música, ambos parecían entenderse mutuamente, solos con la grabadora parecían dos almas sincronizadas al sonido de sus latidos, era un momento mágico a pesar de que ambos no sabían bailar en lo absoluto, pero poco duró. Porque el profesor entro de prisa rompiendo el delicado cristal de la magia que los rodeaba.
-¿Cómo van?- pregunto y saco a Hinata de su concentración pisando al rubio, él cual trato de no quejarse.
Al ver Hinata que había entrado su maestro, soltó al rubio y retrocedió apenada, se tapo la boca y dijo: -¡Lo siento!-
Después de eso, intentaron nuevamente ensayar pero ya ambos no se concentraban y era Hinata la que lo pisaba o él a ella, el ensayo fue un fracaso y mejor lo dejaron así.
-si lo recuerdo- exclamo ella. –El día de tu cumpleaños al final, ni baile contigo- susurro bajito.
-lo sé- comentó él. –Ino me acaparo toda la noche- le explico.
-Ino y todas las chicas- expreso ella, un poco dolida. –todas las chicas menos yo bailaron contigo- comentó en un aire triste.
Desde ese momento me debí dar cuenta, desde el momento en el que me evitó toda la noche para bailar con él, seguro no quería hacerlo porque sabía que yo era muy torpe para manejar mis pies, tenía miedo de que lo dejara en ridículo y mejor me evito. Desde ese instante debí percatarme de que su corazón era una estrella tan lejana, que ni con la escalera más alta lograría acercarme a ella y que aun si lo lograba el fulgor que irradiaba me dejaría ciega, pero yo… ya estaba ciega o era muy optimista porque aún así seguía creyendo tener una mínima oportunidad.
- te estaba reservando para la última pieza- confesó –además… fuiste con la primera chica que baile- le confesó.
Ella lo miro intrigada con un colorete inundando sus mejillas.
-no me des premio de consolación- contesto indignada.
-¡no estoy dando un premio de consolación, te estoy dando lo único que puedo darte: mi corazón entero!- dijo llamando su atención.
-dáselo a Sakura Haruno, ella siempre lo ha tenido- profesó la chica poniéndose de pie, tratando de alejarse.
-¡demasiado tarde!- le grito al sostenerla de la muñeca y obligarla a mirarlo -¡ya es tuyo! Puedes hacer lo que quieras de él, es completamente tuyo- susurro esto último tratando de acercarse a ella.
Estúpidamente ambos quedaron callados, ambos estaban sonrojados, escuchando el sonido del agua chocar contra el suelo.
-en otra ocasión bailamos juntos… bajo la lluvia- exclamo mirando al suelo, dejándose embargar por un viejo recuerdo, ella lo miro extrañada, luego él le dirigió una mirada en la que esbozaba una cálida sonrisa -¡vaya! Sabía que no lo recordabas- Le afirmó dejándola inquieta. Suspiro, un largo y profundo suspiro.
Corría el mes de octubre, ambos eran un par de adolescentes con sueños, pero en ese preciso instante sus sueños se veían tan perdidos entre un mar de desolación, tan lejanos que se habían ido a navegar a alta mar sin ellos, y mientras mar lejos se encontraban mas se resquebrajaban sin la espera de un mañana.
Ambos se sentían agotados de correr por un camino tan lleno de niebla que les nublaba la vista como para saber reconocer los obstáculos que tenían en frente, aun… siendo pequeños.
Namikaze Minato había muerto hace poco más de una semana, si, en la fiesta número diecisiete de su único hijo y pareciera que Kushina se lo había llevado porque había muerto el mismo día que ella, cambiando de un día feliz para el chico en un día maldito.
Minato se fue sin pensar que lo iba a dejar solo en ese enorme mundo, solo sin muchas cosas por contarle, sin muchos secretos por revelar, sin muchos consejos por dar. Pero Minato sabía que había dejado un hombre hecho y derecho aunque aún era joven podía ver su alma tan pura y justa, así que con el mayor orgullo del mundo, cerro los ojos dejando un cuerpo vacío e inerte y a un rubio novato y desolado. Ese 10 de octubre había sido en efecto el peor de sus cumpleaños, sin lugar a dudas.
En su lecho de muerte, entre suspiros lejanos, lágrimas reprimidas, nudos en la garganta y sábanas blancas le había prometido hacerse cargo de la empresa, aunque ese no era su sueño era el de su padre.
-ahora tus sueños serán los míos- refunfuño entre dientes al besar por última vez su inerte mano.
Poco muy poco tiempo paso para decidirse a ir a: París a Sorbona a estudiar, necesitaba alejarse de su país natal y todo lo que le recordaba a su padre y su ausencia existente.
-Entonces te iras…- comento entre un lastimoso suspiro que había dejado salir de su garganta trabada con un fuerte nudo, mientras se mordía el labio creyendo que con eso tenía el poder de reprimir sus lágrimas. Solo lo veía hacer sus maletas con una determinación irrompible y con una mirada vacía.
-si- contesto él sin más, tratando de no salir de su concentración.
-¡Te deseo lo mejor!- argumento ella de todo corazón, haciendo un esfuerzo sobre humano para evitar que su voz no se quebrara, luego salió corriendo tratando de huir de esa escena tan desgarradora en la que no podía hacer nada. El rubio solo le dedico una mirada y luego la vio correr por el pasillo de la mansión, luego guardo una fotografía que tenía con ella cuando aun ambos eran unos chiquillos sin preocupaciones, sin experiencia. La metió en la maleta y luego la cerró. Acecho por la ventana observando como el cielo se tornaba nublado escondiendo los cálidos rayos del sol. Vio su figura yacer sentada bajo el mismo árbol donde la había conocido años antes.
Naruto era aun un menor de edad así que se había quedado en la mansión Hyuga estando bajo la tutela de: Hiashi Hyuga, pero poco duro cuando él sacando fuerzas de su débil corazón decidió comenzar su largo camino, ahora se encontraba abandonando todo para cumplir aquella promesa.
La observo silencioso sentada bajo la copa de ese frondoso árbol meneado por la brisa de la lluvia, árbol donde la había conocido llorando, ahora las cosas eran un poco distintas porque no estaba bañado del cálido abrigo del mes de abril, si no que estaba bañado de las frías gotas de lluvia que caían del cielo sin avisar, sin compasión.
-ven- exclamo extendiendo la mano frente a ella.
-Na… ru… to…- balbuceo tratando de controlar su llanto.
-Deja de llorar- le solicito dulcemente.
¿Cómo podía saber que lloraba? ¿Que la manta de la lluvia no confundía sus saladas lágrimas con gotas suyas? O quizás ella ya era muy predecible, porque sabía que cuando corría a ese viejo árbol era para derramar lágrimas.
-Ven- le volvió a pedir él, mientras la lluvia le empapaba la ropa. Ella cedió ante su gesto no sabiendo a donde quería llevarla -¿quieres bailar?- le pregunto al tenerla de pie, recordando que la velada de su cumpleaños no había podido concederle una pieza. Ella con el colorete en las mejillas y las lágrimas en los ojos asintió con la cabeza y el rubio solo soltó una dulce risa una de esas que ya no se asomaban en sus labios, la atrajo hacía sí aun teniendo el cuerpo mojadoy mostrando señas deser novato al bailar con una chica. En ese húmedo silencio se desató la más estrepitosa de las melodías: La de sus corazones. Ahora ella parecía recordar lo que sus pies no entendían, lo que el ballet no había logrado, él lo estaba logrando tan solo al sostenerla y sonreirle, porque ahora danzaban con una naturalidad única, se movían en una perfecta sintonía mientras escuchaban las gotas chocar contra el suelo y contra sus cuerpos, la lluvia era fría, pero el momento era cálido y acogedor, no importaba el simple hecho de que estaban bailando sin música, tan solo con el cantar de la lluvia, en esos momentos la música habría sido un estorbo, era el silencio más dulce que habían experimentado, no el más frío o incómodo sino el más dulce... Tímidamente apoyo la cabeza en su pecho de él como buscando el consuelo silencioso en el palpitar de su frenético corazón, él lo sintió y dejo que se acerque y cerro los ojos mientras le estrujaba un poco más la muñeca sin lastimarla entrelazando sus dedos mojados con la lluvia, escucho unos sollozos escapar de su garganta, alguien necesitaba consolar esos dulces ojos y ese iba a ser él, alarmado la tomo del mentón de prisa.
-Hinata…- le llamo dulcemente con una sonrisa entre sus labios –no llores…- le pidió cariñosamente –yo… te prometo- callo –que haré de mí… un buen hombre y…- sonrió –volveré- y esas fueron exactamente las últimas palabras que ella escucho brotar de sus labios antes de partir en espera de un regreso muy alejado, aquella tarde en la que sus almas habían buscado el consuelo de la otra en su silencio, un mudo consuelo, aquella tarde en la que con esas palabras le prometió que volvería. ¡Cierto! No le había pedido que le esperara porque eran amigos y nada más.
-no lo recuerdas…- contó él mirando al vacío –porque después de que te dije eso… te desmayaste… toque tu frente: estabas ardiendo en fiebre, la lluvia te había hecho mucho daño, rápido te cargue y te lleve a dentro- guardo silencio –bese tu frente y…-
-y… cuando desperté ya no estabas- exclamo ella completando la oración.
Él solo asintió en silencio, para luego mirar al horizonte.
-¿por qué no me lo contaste antes?- cuestiono ella.
-¿Cuándo? Si cuando volví de París ni siquiera hubo tiempo de tener una plática acogedora de esas donde se dicen cosas como: ¿Cómo has estado? ¡OH vaya Hinata cuanto has crecido! Donde dices: Te eche mucho de menos, a ti y a las tardes que pasamos juntos de niños y luego finalizar con un: Te has vuelto muy hermosa, Hinata. ¡No! No hubo tiempo de eso, nos casamos tan pronto como se pudo y ambos hicimos como si no nos conociéramos, como un par de extraño que en la vida se habían visto, así enterramos: nuestras risas y recuerdos de niños, nuestros sueños y anhelos, olvidando el cariño que nos teníamos- profirió el un poco enojado.
- ¡Mentira!- grito ella levantándose –Yo trate que las cosas fueran como antes, pero no se podía, tu ya no me mirabas con cariño, si no con recelo, estabas encajado en tu depresión por la boda de: Haruno Sakura- Exclamo lastimosamente.
-Quizás tengas razón, pero… ¡yo no sabía que me querías!- respondió él –dime algo Hinata… ¿desde cuando me quieres?- cuestiono curioso buscando sus ojos.
Consternada le contesto: -¿Para que quieres saber eso? ¿Para hacer crecer tu ego?- contesto tajante.
-¿Desde hace años? ¿Hace poco? ¿Cuándo nos casamos? ¿Durante nuestro matrimonio? ¡Dime! ¡Necesito saberlo!- proclamo él exaltado.
-Eso no curara tu indiferencia de todos estos años…- callo buscando aliento, trago saliva y le contesto a su duda: –Desde siempre Naruto, desde siempre te he querido, desde el primer instante en el que te conocí- le confesó sosteniéndole la mirada para que él no dudara de su afirmación.
-¡MALDICIÓN!- grito estampando la cabeza contra un árbol tratando de causarse daño con esto –pero… ¡¿Cómo querías que lo supiera?!- profirió él.
-¡Era obvio!- reprocho ella.
-¡No! no lo era ¿Cómo puedes decir eso?- cerró los ojos y lanzo un suspiro al aire –Hinata la naturaleza de tu alma es: cálida, dulce y amable. Tratarías de la mejor manera a la peor escoria, yo pensé que tan solo era un maldito suertudo que robaba un poco de tu infinita bondad no que era el dueño de tu corazón - explico él.
-Te dije: " Te amos" en varias ocasiones ¡¿querías más razones?!-
-¡Acabábamos de casarnos teniamos una semana de casados, fue repentino, creí que tan solo estabas tratando de llevar bien las cosas, tratar de hacer de nuestro forzado matrimonio uno normal, pensé que no me querías, digo, jamás diste señas de quererme, además… yo nunca hice nada para que te enamoraras de mi, no quería asustarte diciendo: Te amo, un verdadero: Te amo, más sin embargo fui egoísta!-
-yo diría: Cruel- facilito ella.
Él sonrió negando con la cabeza –pude haberte pedido el divorcio desde hace tiempo, pero no lo hice, porque no quería dejarte ir, porque aunque lo negara te quería, pensaba en ti, porque te amaba- se levanto de la banca –y no te dije nada porque pensé que solo estabas conmigo porque así te lo había pedido tu padre, que tanto tu como yo habíamos hecho una promesa a nuestros padres antes de morir y esa había sido la tuya, entonces yo… enojado por no ser correspondido te trataba fríamente cuando en verdad quería estrujarte entre mis brazos y por eso no dejaba que te vayas…- confeso al fin, sintiendo que se deshacía de un inmenso peso que embargaba su alma desde hace años.
-no entiendo…- exclamo mareada por su confesión -si dices "que me quieres" ¿por qué me dejaste ir esa tarde?- pregunto desconcertada.
Rió -¿no es obvio? Pensé: Déjala ir Naruto, es obvio que esa mujer no te ama, esta harto de ti y de tu indiferencia ¡bah! Eres un imbécil por enamorarte de ella- carcajeo un poco –y luego me sales con tú: Olvida que te amo. Vaya Hinata sabes como dejar perplejo a este inútil corazón, luego lloraste y dije: ¡Vaya! Nunca he ganado nada pero si existiera un concurso de imbéciles sin duda que yo me llevaría ¡Todos! Los premios, y luego dije: imbécil, ella si te ama-
Quedo estupefacta con la boca abierta, sin nada que decir al respecto.
-no te detuve Hinata, porque aunque esto suene estúpido es cierto: yo no me había dado cuenta de que te amaba hasta que te fuiste, bueno realmente lo sabía pero no lo aceptaba, no lo aceptaba porque yo no era correspondido o al menos eso creía, por eso pensaba que era mejor suprimir todo aquello que sentía- rió –lo sé, soy bastante idiota- confesó.
Ella no respondió nada, solo estaba atónica mientras se seguía mojando con el agua de lluvia.
-¡no te creo!- le contesto para voltearse y tratar de salir de ahí.
-¿¡Cómo que no me crees?!- grito él -¿¡acaso te he mentido alguna vez?! ¡Maldita sea! ¡Si es así dímelo de una vez!- profirió saliendo de sus casillas.
-ahora… ¡Dime tú, ¿como quieres que te crea? Si tus ojos brillaron de ilusión cuando te reencontraste con ella, tintineaban de alegría!- pauso -¡y… y… y no vas a negarme que no sentiste nada cuando se besaron!- quedo callada un instante tratando de controlar su llanto, Naruto abrió la boca, estaba a punto de contestarle...
-¿Interrumpo algo?- llamaron a su espalda.
-Ki… ba…- balbuceo la Hyuga al verlo empapado mirándolos fijamente.
-¡Maldición!- exclamo Naruto para sus adentros mientras se mordía el labio inferior y lo miraba a los ojos y ¡Dios! si las miradas mataran ambos hombres estuvieran ¡ya! Bajo tierra.
Kiba era todo un caballero si, pero acababa de aprender que en la guerra por amor se pierden los escrúpulos y los modales.
-Neji y Tenten están buscándote- Comento el castaño dirigiéndose a la Hyuga quien en esos momentos tenía los ojos llorosos. -¿quieres que te lleve a casa?- le pregunto.
-¿Te importaría Kiba? Estoy hablando con mi ¡ESPOSA!- reclamo el rubio.
El castaño estuvo a punto de saltar sobre él y darle el primer golpe, pero se contuvo magníficamente. –Que tal si dejamos que Hinata decida con quien quiere ir…- le contesto, con cierto extraño brillo en los ojos como si con esas palabras tratara de recordarle el "trato" al que habían llegado ambos, Kiba fue astuto supo mantenerse sereno y poner la situación a su favor.
-bien- exclamo el rubio entre dientes temiendo perder. Ambos entonces le dirigieron su completa atención a la chica.
Ella no respondió solo dio un paso hacía él castaño safándose del agarre del rubio quien angustiado estaba viendo sus acciones, trago saliva duro mirando como comenzaba a alejarse de él.
Kiba los había interrumpido en el momento más agudo de su plática y obviamente ella quería salir de ahí después de haberle gritado lo que había pasado con la pelirosa, al haberlo recordado quiso huir. El blondo estaba preocupado porque no pudo aclarar las cosas correctamente con ella.
-Vamos Hinata- profirió el Inuzuka al ver que ella con la mirada gacha había dado un paso hacía él, la asió del brazo, le echo una mirada al rubio completamente llena de sorna y cinismo, porque le había ganado, en esa ocasión por primera vez le había ganado, Naruto lo miro con recelo, porque se la estaba arrebatando, el castaño se mofo de él en silencio y el rubio tratando de reprimirse cosa que fue inútil exploto.
-¡Rompí nuestro trato!- Le grito Naruto con cinismo estando a unos metros de ellos queriendo con esto borrarle la maldita sonrisa de satisfacción que tenía en la cara.
La ojiperla giro la mirada -¿Trato?- se pregunto en sus adentros.
-¿¡la besaste!? ¡Maldito tramposo! ¡No tienes palabra!- le reclamo saliendo completamente de sus casillas.
Hinata dio un respingo al escuchar esa declaración – ¿entonces… si fue real?- se pregunto en silencio.
-¡Así es! ¡Te puse una trampa y caíste! ¿¡Creíste enserio que iba a cumplirla?! ¡Que iluso!- se burlo de él con cinismo.
Hinata se quedo atónica escuchando lo que ambos discutían ¿Trato? ¿Por eso era todo aquello de la "reconquista"? ¿Un trato, una maldita apuesta? ¡Cierto! Nunca debió creer en sus palabras, recordó, mientras apretaba los puños sintiéndose utilizada y más sabiendo que Kiba había participado en algo así.
-¡Maldito engreído! ¡Fuiste tú el que propuso esa regla!- le reclamo furioso, muy enojado, comenzó a acercarse a él con la amenaza en los ojos de dar el primer golpe.
- ¡Si Kiba rompí mi palabra! ¡Pero no me arrepiento porque fue un buen beso! ¡Quizás quieres que te de los detalles!- Se mofo de él, Hinata se sintió completamente humillada y pensar que para ella había sido algo mágico, pero pareciera que a él solo le había parecido un maldito juego más.
Kiba se arremango la camisa mojada preparándose para darle el primer golpe y romperle la boca de una buena vez y eso mismo quería el rubio: una pelea, para acabar con este asunto ya. Hinata se alarmo al ver que ambos se preparaban para los golpes, estaba angustiada, su cabeza estaba hecha un remolino. Ella no sabría como controlar sus golpes cuando comenzaran y por eso mismo tenía que hacer algo al respecto para apaciguar la rabia que estaban experimentando.
-¡ALTO!- les llamo, pero estaban tan cegados en su soberbia que no le prestaron atención
-¡Yo me supe controlar, no le arrebate un beso porque habíamos hecho un pacto y aunque me moría de ganas no lo hice! ¡Pero tú eres un canalla! – Grito -¡no dudaré en golpearte!-
-¡Hazlo si quieres, nada va a cambiar yo la besé y no tú! ¡ y sabes que… no me reprimí porque le robe el aliento!- le presumió con cinismo.
Kiba al escuchar esas palabras salir de sus labios sintió que su sangre comenzaba a hervirle y sin ganas de querer controlarse un instante más se preparo para lanzar el primer golpe.
De un instante a otro Hinata se puso entre ambos, tratando de evitar su riña.
-¡Apártate Hinata!- exigió el rubio rabioso.
Ella estaba enojada, indignada, se sentía utilizada y denigrada. Dio un paso hacía Kiba sin pensarlo un instante, lo tomo de la corbata y lo jalo hacía sí arrancándole un beso de los labios y frente al rubio que al instante quedo paralizado al ver su acción. De algún modo ella quería pagarle con la misma moneda.
Apenada se separo del Inuzuka, había ido muy lejos, no estaba bien lo que hizo, pero ya no podía remediarlo.
-¡Eres un cínico! ¿! Como puedes andar exponiendo que me besaste?! ¡Si luego andas por ahí besando a otras mujeres!- le reclamo enojada, molesta, furiosa y apenada, luego salió de ahí, dejándolos atónitos a ambos hombres mientras se mojaban bajo la lluvia dejo a una impactado por el beso y a otro con el corazón roto, cierto, funciono su plan porque hizo olvidar por completo a ambos hombres su pelea dejándolos a cambio con la cara perpleja y con la interrogante en la cara.
que tal les gusto? un tomatazo por eso último? lo siento no pude evitarlo u.u
les quedan dudas de la relacion de Hinata y Naruto? si es así dejenme un review, si no les gusto el capítulo dejenme un review, si les gusto dejenme un review, si no tienen nada que decir dejenme un review ^^ de cualqier manera dejenme un review! onegai!
Atte: Sunako.
P.D muajajajaja quizás el siguiente sea el último capítulo quien sabe...
P.d dejenme un review! los quiero! un beso!
