Nunca mezcles trabajo y matrimonio
by shiga san.
Segunda parte de nunca mezcles trabajo y amor donde ahondaremos en las dificultades que tendrán estos dos a la hora de trabajar y convivir
Problemas económicos, compañeros atrayentes y un bebé en camino ¿Será el amor suficiente para ser felices o todo se complicará y dará al traste con sus historias de amor? Itanaru ...kakairu a petición(itadei, sasunaru)
NUNCA MEZCLES TRABAJO Y MATRIMONIO
Capítulo 7: Un corazón incapaz de amar
– Durante una misión...- miró a Naruto intensamente, como tratando de ir atrás en el tiempo pero manteniéndose en el lugar en el que estaba en ese momento.- … Madara fue contratado para rastrear, dar caza y eliminar a una amenaza de mi aldea.
– ¿Y os pusieron juntos en la misión y por eso te enamoraste de él?.- preguntó Naruto ilusionado.
– Me temo que no, Naruto.- chistó fastidiado y siguió con la historia.- Yo era la amenaza que debía exterminar.
Mi aldea le contrató para matarme...
Naruto abrió mucho los ojos y pasados unos segundos, juntó las cejas y apoyó los codos en la mesa, el mentón en las manos entrelazadas y miró intensamente a Deidara, pidiéndole en silencio que contara la historia...
Ahora sí que no iba a quedarse con la intriga...
– ... Aunque, para contarte nuestro primer encuentro, tengo que contarte primero como era mi vida antes de que él llegara, ¿No?.- Naruto asintió en la misma posición, volviendo a rellenar el vaso de zumo y poniendo toda su atención en el artista.
Miró hacía el pasillo y permaneció en silencio antes de seguir hablando, asegurándose de que su marido y su hijo seguían dormidos para comenzar el largo relato.
Sonrió a Naruto y se sentó de nuevo en su silla. Miró por la ventana apartando las cortinas y sonrió tristemente al recodar su infancia... todo ese sufrimiento en su infantil mente antes de encontrar a Madara... Antes de saber lo que era sentir ...
– Desde pequeño fui un niño inquieto, no me conformaba con jugar con aquello que me daban mis padres, me pasaba el día explorando en busca de nuevas cosas que hacer ...-ensanchó la sonrisa como si recordara algo. – mis hermanos se volvían locos buscándome y la mayoría de las veces, acababan cansándose antes de dar conmigo.- Miró al rubio y asintió más para sí mismo que para él y siguió hablando, con la mirada vidriosa.- Cuando tenía seis años, me colé en una habitación sellada mientras exploraba.- su rostro cambió de expresión y Naruto lo notó de inmediato aunque se guardó de decir nada. Se limitó a sonreír para darle a entender que siguiera.-aquello cambió mi vida para siempre. En el centro de aquella habitación enorme solo había una cosa, una sola cosa, pequeña e inanimada que lo cambió todo.- suspiró y extendió sus manos con las palmas hacia arriba para mostrarle a Naruto las bocas que permanecían ocultas tras unas líneas. Había que fijarse mucho para ver que eran.
Se miraron unos minutos, lo suficiente como para que Naruto se acercara a contemplarlas más de cerca; incluso se atrevió a tocar una de ellas con el permiso del artista, que lo miraba sonriendo a las caras que hacía el ninja rubio.- Ese pergamino sellado cambió todo; ni siquiera sé que demonios hacía allí, ni por qué estaba oculto , la cuestión, es que lo cogí con curiosidad infantil y lo leí sin miedo alguno... No recuerdo mucho de lo que ocurrió ese día, solo que me dolía mucho y que mis gritos alertaron a los que estaban custodiando el pergamino; después me desmayé.
– ¿Qué era el pergamino?. – preguntó Naruto con curiosidad.
– Un jutsu maldito. – respondió cortante. Suspiró al darse cuenta de que el rubio había dado un respingo por lo frío de su respuesta y suavizó el tono de voz para seguir. – Me maldije a mí mismo al leerlo en voz alta, pero no sabía nada... y aún hoy me cuesta creerlo... sólo era un niño...
Suspiró de nuevo, tragando saliva y ahogando un gemido que deseaba escapar de sus labios y el mismo mataba en su garganta. Se miró las manos en silencio durante varios minutos, pensando en como seguir. Naruto se sirvió de nuevo otro zumo y esperó sin decir nada, para que Deidara no se sintiera obligado a nada.
– En mi aldea, aquello que es diferente o no se entiende, se aleja de la gente y se mantiene oculto y encerrado. – dijo con voz monocorde mirando directamente a los ojos de Naruto. – así que te puedes imaginar que pasó cuando me desperté después del desmayo...
Me asusté mucho al encontrarme solo en aquél cuarto que no era el del pergamino. Estaba en una habitación con una gran cama, un baño, una ventana, una puerta y todo ello de blanco cegador. Estaba solo y asustado. Me dolía el cuerpo y la cabeza me zumbaba.
– Recuerdo que me desmayé una docena de veces por el dolor antes de llegar a la puerta y rozarla con los dedos. Sonreí esperanzado cuando finalmente se abrió, pero la persona al otro lado, se limitó a mirarme, con un desprecio y un odio tan profundo en sus pupilas, que aun me estremece pensar en aquel tío. – Deidara desvió la mirada hacia la habitación en la que descansaban su marido y su hijo, a los que podía ver al estar la puerta abierta y se quedó unos segundos con la vista puesta en ellos dos; su sonrisa se ensanchó de pura felicidad.
Naruto carraspeó y Deidara decidió continuar la historia.
– Los siguientes años pasaron monótonos por mi existencia. Escondido del mundo en aquella habitación blanca, sin nadie mas que el mismo tipo, día tras día, que se limitaba a dejarme comida tres veces al día y poco mas, alguna prenda cuando la que llevaba se quedaba justa y el cambio de la ropa de cama y de toallas cada poco tiempo. – Miró a Naruto seriamente para apoyar las siguientes palabras. – Imagínate lo que puede ser para un niño una soledad tan aplastante... arrancado de mi vida, mis juguetes, mi familia... sin entender que había hecho mal, por que me hacían eso...
– … los primeros años lloré mucho, cada vez que me encontraba solo, mataba el tiempo llorando... después, con el paso de los años me fui endureciendo, aunque siempre queda algo en el corazón que te hace anhelar un poco de contacto, de quien sea. – sonrió tristemente a esas palabras, y se dio cuenta de que Naruto lo miraba con una tristeza palpable.
– Te dejaron... – susurró el rubio tristemente.
– En aquel momento no entendía nada, con el tiempo todo se aclaró. Me mantenían encerrado por temor, y por vergüenza. Yo, un mísero mocoso, había descifrado un pergamino maldito... el mismo que llevaban años tratando de entender... y no solo eso, mi cuerpo había asimilado la maldición como algo natural; no sabían que hacer conmigo. Lo único que tenían claro es que no querían verme muerto... podría serle útil a la aldea en el futuro.
– … Los años pasaron silenciosos para mí, deseando dia tras día que alguien me abrazara, me mirara o me dirigiera una simple palabra amable... pero no tenía derecho a algo así. Los malditos son peor que los animales... y como tal me trataron.
Se levantó dejando a Naruto con el alma en un puño, y se sirvió un nuevo café. Esparció una docena de galletas en un plato y regresó a la mesa.
Naruto tomó una entre los dedos y la mordisqueó mientras duró el silencio, el que Deidara utilizó para comprobar de nuevo, que sus dos hombrecitos seguían descansando plácidamente.
Habló de nuevo.
– Para asegurarse de que estaba bien, un médico me hacía un examen a conciencia cada año. En unos de esos exámenes, el doctor descubrió algo en mi cuerpo que volvería a ponerme las cosas más difíciles, si es que eso era posible a esas alturas. – Naruto siguió atento sus palabras con la mano congelada a medio camino de su boca. Entendió lo que Deidara quería decir y sus ojos se abrieron hasta el límite, componiendo en su rostro una mueca de angustia y su mano fue deliberadamente al lugar que albergaba a su futuro bebé. El artista asintió dándole la razón a los pensamientos del menor.
– … decidieron que ya que mi cuerpo no parecía rechazar la maldición, y que convenientemente podía concebir, que mejor que un niño con la maldición y la sangre de los mejores de mi aldea...
– ¡Dios santo!.- exclamó Naruto y se llevó la mano a la boca para acallar los insultos que quería decir. Suspiró profundamente para calmarse. – Continúa por favor. – le indicó con un gesto de la mano. Deidara asintió con una expresión que Naruto no supo descifrar...
– Las primeras veces, grité, pataleé, luché con todas mis fuerzas... no sirvió de nada. Los primeros fueron los ninjas de alto rango de mi aldea que se prestaron a ello. Después los de alto rango de aldeas vecinas. Con el tiempo, las historias sobre mi persona viajaron y mis "visitas" cada vez eran de mas lejos...
– … el tiempo que todo lo cura, en aquélla habitación parecía evitarme. – suspiró apenado. – pero ellos no eran lo peor. Alguien decidió que podría "ceder" mi semilla para aquellas mujeres de nuestra aldea que quisieran prestarse, previo pago, a tener un hijo del maldito... al final, cualquiera que pudiera pagar el precio podía estar conmigo. – hizo una pausa y comprobó que Naruto estuviera bien y que sus chicos siguieran dormidos. Continuó cuando estuvo seguro y se armó de un poco de valor .- pero algo no iba bien. Ni las mujeres se quedaban embarazadas, ni yo tampoco.
– … la situación se fue volviendo más hostil según pasaba el tiempo y no parecía servir de nada lo que me hacían... intenté acabar con todo; y eso solo empeoró mi situación.
Cada vez que intentaba escaparme, me llevaba una paliza de la que tardaba un par de semanas en recuperarme... pero no por eso dejaron de llegar "clientes". La aldea no iba a desaprovechar la oportunidad de ganar dinero a mi costa... cuando me di cuenta de que escapar era inútil, intenté suicidarme. – le enseñó a Naruto las cicatrices y el mas joven ahogó un gemido en su garganta. – lo intenté, infinidad de veces durante aquellos años, por que sí Naruto, fueron años. Cada vez que lo intentaba de nuevo, solo conseguía una nueva paliza, peor que la anterior, y más y más clientes, cada vez mas salvajes y asquerosos.
– ¿Y Madara san te sacó de allí?. – preguntó esperanzado aún con un nudo en la garganta por que lo estaba escuchando. Le sorprendía que alguien que había sufrido tanto tuviera una sonrisa tranquila como la que había visto en Deidara.
– No, ya te dije que le pagaron por matarme... pero te estás adelantando un poco a los acontecimientos. – alzó la mano pidiéndole que esperase un poco, cogió una galleta del plato, la saboreó y sorbió un par de veces el café que se había servido, antes de que se enfriara del todo.
– No sé cuantos años pasaron del mismo modo, siendo golpeado, violado y humillado para volver a empezar. Intentaba matarme, escaparme, luchar contra ello... y un día me di cuenta de que no valía la pena. Me convencí a mi mismo de que era lo que merecía y que, debía dar las gracias por que aún siguieran dándome de comer. Cerré mi corazón a todo y a todos, ya no me importaba nada. Solo deseaba que a alguno se le fuera la mano en una de sus palizas o agresiones, y acabara todo de una buena vez.
Naruto contuvo un sollozo tras las manos, que apretaban sus labios con fuerza, mientras su rostro se llenaba de lágrimas sin que pudiera hacer nada. Deidara alargó la mano y le limpió la carita al muchacho, dándole ánimos para que escuchara la historia hasta el final. Esperó el tiempo necesario hasta que se calmó del todo para seguir hablando de nuevo.
– El señor feudal de nuestro país se enteró de mis "hazañas" y tuvo la amabilidad de hacerme una visita. Toda la aldea se engalanó para el evento y a mí me prepararon a conciencia. No me importó lo mas mínimo estar con él, para mí era uno más de tantos. Cuando terminó conmigo, dejó que sus escoltas me probaran y durante horas se divirtieron como nunca. Me torturaron, golpearon... bueno te puedes hacer una idea. Desee morir y en cierto modo, casi lo esperaba.
Cuando se marcharon vi mi oportunidad.
Se les olvidó cerrar la puerta.
… me quedé mirando la ranura de la puerta abierta durante un tiempo, pensando si debía cruzarla o no. Decidí que, ya que iban a matarme cualquier día, al menos quería ver el cielo de nuevo, fuera de aquellas paredes blancas. Arranqué la sábana y me envolví en ella, tapándome hasta la cabeza y salí de allí.
Esperaba un guardia o alguien, pero nadie me salió al paso. Callejeé ocultándome de las miradas curiosas, buscando la salida de la aldea. Recordé como salía cuando era pequeño de ella y me decidí a largarme sin medir las consecuencias. Estaba muy herido y el reguero de gotas de sangre iba marcando el camino recorrido. Sentía mis piernas arder a cada paso y el cuerpo entero me dolía como nunca, pero ya no me importaba nada. Mordí mis labios y seguí caminando y, dejando la aldea a mis espaldas, me propuse abandonarlo todo.
Me desmayé varias veces durante el camino, no sé cuantas, ni como lograba ponerme de nuevo en pie para seguir caminando, la cuestión es, que el paisaje fue cambiando de las montañas áridas y rojizas a un bosque de verdes intensos y húmedos. Colapsé al pie de un gran árbol y me abandoné al sueño. Estaba feliz, había conseguido salir de allí aunque no pude ver bien por donde iba ni a donde. La perdida de sangre y la fiebre me nublaban la vista con más intensidad a cada minuto. Cuando caí en aquél árbol, lo hice con el pensamiento de dormir y no despertar más. Al menos había escogido como morir por mi mismo.
Recuperé la consciencia gritando a pleno pulmón. No sé cuanto tiempo pasé en aquel árbol, unas horas, o unos días... no lo tenía muy claro; lo único que sabía era que el jutsu se había activado sólo y que todas las células de mi cuerpo dolían como si mi sangre fuera lava y me desgarrara por dentro. Cogí aire entre mis dientes apretados y me puse de pie como pude. Tuve una especie de presentimiento.
El jutsu se había puesto en marcha como defensa ante un peligro; era momento de moverme. A los primeros pasos la herida se reabrió y empecé a sangrar de nuevo. Sentía la calidez de la sangre bajarme por los muslos pero no podía detenerme. Las bocas en mis manos y mi pecho se movían con furia haciéndome perder el aliento y dándome fuerzas al mismo tiempo para seguir... Entonces lo entendí. Entre la bruma de mi visión, el dolor y la angustia, entendí que alguien me estaba siguiendo...no, me estaba cazando.
Sonreí amargamente al darme cuenta de que no me dejarían en paz nunca, en mi aldea ya era alguien "imprescindible". – miró a Naruto que seguía llorando en silencio para no interrumpirle. Deidara le dedicó una cálida sonrisa y le acarició el dorso de la mano. – A algunas personas les gusta hablar durante el sexo y yo era un involuntario conocedor de miles de secretos, tanto de mi aldea como de aldeas vecinas. Y si esos secretos salían a la luz, la guerra sería inevitable...
Seguí huyendo, internándome en el bosque, cada vez mas luminoso y verde. Me detuve un momento, apoyado en un hombro, jadeante y dolorido, y un terrible escalofrío me recorrió entero. Supe sin mirar que mi aldea habría contratado al mejor que el dinero puede pagar... me había encontrado casi sin esfuerzo, claro que tenía una clara ventaja teniendo en cuenta mi estado.
Pensé seguir huyendo, enfrentarle, suplicar por mi vida como había hecho miles de veces antes... al darme la vuelta me di cuenta de algo y estallé en carcajadas.
Ahí estaba, de pie a unos metros, la imponente figura de aquel que iba a convertirse en mi salvador sin proponérselo. Caminaba hacia mi con decisión, no podía verle bien por la fiebre que me cegaba del todo y el maravilloso resplandor del sol, que me quemaba la piel a través de la sábana, sucia y raída que me cubría, pero se detuvo en seco al escucharme reír.
Llegó a mi altura, apenas un metro y, escuché mas que vi, el metal al ser desenvainado.
Me arrodillé a sus pies y la sábana escurrió hasta el suelo; alcé la cabeza y sonriendo totalmente feliz le encaré sin miedo alguno.
Naruto se había desplazado hasta el borde de la silla emocionado con esta parte del relato, aunque las lágrimas aún manchaban sus mejillas y sus ojos seguían rojos por el llanto. Cogió la última galleta del plato y le miró directamente, atendiendo a su historia.
– ¿Qu-ué pasó?. – la voz de Naruto sonó ansiosa.
– Quiso saber por que me estaba riendo, con su voz grave y sencilla. No pude verle bien por que el sol me lo impedía, solo veía su silueta negra, enorme, recortando el paisaje y el destello de la espada que descansaba a la altura de su muslo.
– ¿Qué le dijiste?. – el rostro del pequeño esposo iba cambiando lentamente a uno mas feliz y se limpiaba furiosamente las lágrimas con el antebrazo, sentado en un precario equilibrio al borde de la silla.
– ...le di mi mas sincera enhorabuena por completar su misión y las gracias por liberarme de todo el sufrimiento. Él no contestó, y no le veía la cara así que no sabía que pasaría.
Agaché la cabeza y apreté los ojos con fuerza, usando mis últimas fuerzas para mantenerme de rodillas y que no fallara. Quise morir en sus manos, y lo que menos necesitaba era una nueva
herida que me proporcionara mas dolor del que ya sentía. La fiebre era tan alta que todo el cuerpo me temblaba.
Cogí aire hasta llenar los pulmones completamente y esperé el mandoble certero.
Nada...
Lo siguiente que vi fue una lámpara de cristales y un techo desconocido.
Traté de moverme pero una mano pequeña me acarició el pelo y...
– ¿Era Madara?. – preguntó Naruto a punto de ponerse a brillar como una luciérnaga de la emoción; Deidara sonrió negando con la cabeza.
– Era Itachi. – la cara del rubio era de una sorpresa total. – Izuna había curado mis heridas y tu marido me había estado velando todo el tiempo. Me enteré después de que Madara había cargado conmigo y se las había arreglado para meterme en casa de su hermano sin que nadie en la aldea hiciera preguntas; viendo mi estado seguramente pensarían que moriría de un momento a otro.
– ¿Quién es Izuna?. –dudó de nuevo el rubio.
–El hermano de Madara. Te encantará, es clavadito a Sasuke pero con el pelo largo.
–¿Y por qué crees que me gusta Sasuke?
–He visto como te mira, Naruto. – escuchó un gruñido por respuesta y unos gestos con la mano para que siguiera contando.
Deidara suspiró divertido y se puso serio al rato.
– Durante meses no dije una sola palabra, temía que me rechazaran, que me encontraran asqueroso, detestable. Nadie me había enseñado a ser amable o agradecido. Solo era un objeto con el que jugar y del que presumir. Izuna venía cada día a verme, igual que Madara, aunque este lo hiciera cuando dormía.
Casi siempre, se sentaba a mi lado y hablaba para llenar los silencios, me limitaba a asentir sus ocurrencias o a fruncir el ceño si no estaba de acuerdo, pero me sentía vacío, día tras día, a pesar de su amabilidad, era como una sombra indefinida en el suelo. Sentía que estaba estorbando, molestando y gastando comida que no me estaba ganando. Me di cuenta de que Madara también estaba pendiente cuando, un día, Izuna me dijo que estaban deseando oír mi voz. Ese "estaban" me hizo sonreír sinceramente por primera vez en muchos años.
Me hacía feliz saber que mi misterioso salvador, del que no sabía nada por sus labios, se preocupaba de mí. En aquél momento no supe por que, pero cuando Izuna me dijo que su hermano y yo teníamos algo en común me sentí muy triste.
– ¿Qué era lo que teníais en común?- preguntó Naruto curioso.
– Sus palabras exactas fueron: " No te enfades con mi hermano, al igual que tú, tiene un corazón incapaz de amar. Tu no hablas, él no da la cara; y ninguno lo hacéis para dañar al otro"
Sabía donde estaba, y aunque se suponía que no debía verme nadie, me las apañé para llegar al campo de entrenamiento donde practicaba disimulando con cierto arte. Me vio llegar y dejó el ejercicio. Era la primera vez que le miraba directamente; un escalofrío me recorrió la espina. Pensé que era infinitamente mas guapo que Izuna y el poder que emanaba hacía que mi jutsu se activara por su cuenta, haciéndome caer de rodillas por el dolor. Avanzó hasta mi a grandes zancadas y me levantó de un tirón del suelo; empezó a andar, arrastrándome con él al interior de un árbol oculto por un justu. Cuando me soltó caí de nuevo de rodillas y se puso a mi lado. No recuerdo mucho, solo que le miré a los ojos cuando me lo pidió y luego todo se volvió negro.
Volvía a estar en la casa cuando desperté sin saber muy bien que había pasado, ni cuanto tiempo llevaba tumbado en la cama. Me levanté con dificultad, sintiendo el cuerpo pesado y dolorido y caminé hasta la puerta.
Al otro lado oía las voces de Izuna y Madara... hablando de mí. – Naruto le miró esperanzado y Deidara le sonrió en respuesta. Lo bueno estaba por llegar. – primero le regañó por dejarme salir, pero Izuna se defendió diciéndole que no era mi niñera y que, efectivamente, ya era mayor de edad y podía ir donde quisiera.
Le puntualizó una docena de razones por las que tenía que estar dentro de la casa y el hermano menor, le respondió que no podía estar huyendo siempre. Se hizo un silencio y escuché a Madara decirle que no sabía nada.
El otro le contestó que sabía lo suficiente como para entender que me evitara constantemente, pero que ya era hora de enfrentarse a lo que sentía por mí. – Deidara suspiró mirando a Naruto. – pensé que me odiaba, y por eso no quería acercarse a mi si no estaba durmiendo, pero el tono que había utilizado Izuna dejó bien claro que no era eso, si no todo lo contrario.
Me deslicé hasta el suelo y me abracé las piernas. Me ardían las orejas y la cara y el corazón me iba a mil. Seguí escuchando como Madara le decía que no podía permitirse que en el consejo alguien supiera de mi existencia y el hermano menor le dijo que podían joderse los del consejo y sus amigos.
Otro silencio de nuevo y la voz de Izuna me llegó alta y clara como si estuviera a un metro de mi y no en el cuarto de al lado.
Escuché como le decía que no estaba haciendo nada malo y que por una vez en su vida, pensara en el mismo, en lo que quería hacer, en lo que deseara. Madara contestó que no quería hacerme daño de ninguna de las maneras, y que si era necesario se mantendría alejado de mí hasta que estuviera recuperado del todo.
Izuna le dijo que no me pasaba nada, que no hablaba por que no tenía la motivación adecuada.
Debió hacer un gesto por que no oí nada en los siguientes segundos; su voz resonó de nuevo haciendo a mi corazón latir con mas rapidez.
Le dijo que casi se muere cuando me encontró en aquél lamentable estado y que juró en aquél momento, que jamás volvería a pasar por aquello mientras él viviera. Izuna le dijo que no era lo mismo, que lo que esos hombres me habían hecho no podía compararse con el amor y que se había dado cuenta en este tiempo, de que Madara sentía por mí algo mas que una simple preocupación.
Naruto escuchaba en silencio, muy serio pero concentrado en el relato. Deidará se acercó al cuarto donde dormitaban sus chicos cuando vio a Tobi moverse en sueños. El niño giró la cabeza al lado contrario y volvió a acomodarse solo profundamente dormido. Una sonrisa se ensanchó en su rostro cuando Madara hizo exactamente los mismos movimientos que su hijo sin despertarse. Tomo el frutero y lo puso frente a Naruto para que comiera algo de fruta mientras el continuaba con la historia. El kitsune tomó una manzana roja entre sus dedos y compuso una cara graciosa, antes de deleitarse con un buen mordisco. El artista se sirvió un nuevo café y volvió a su sitio para terminar el relato.
– Salí del cuarto mientras ellos seguían hablando. Se quedaron en silencio en cuanto se dieron cuenta de que estaba ahí y ambos esperaron . Me sentí muy nervioso, pero ellos , esos dos hermanos, habían hecho por mí mucho mas que mis propios hermanos. Miré a Madara y le hablé en primer lugar.
Naruto casi se atraganta con el trozo de manzana que estaba masticando al escuchar aquello. Se limpió con una de las servilletas y le miró antes de preguntar.
– ¿Qué le dijiste?.
– Te debo mi vida, lo que soy, lo que espero ser. – paré un momento por que la garganta me ardía y empezaban a dolerme las manos y el pecho; procuré no acercarme a él mucho para no perder el conocimiento, pero lo suficiente como para que me viera bien. Le sonreí. – Te doy mi vida, Madara; enséñame a protegerla, por favor.
– ¿Que contestó?
– Me miró muy serio durante un rato, hasta que Izuna estalló en carcajadas y se fue riéndose pasillo abajo dejándonos solos; cosa que me puso mas nervioso de lo que estaba ya.
Dió un par de pasos para acercarse lo que me hizo apretar los dientes para no gritar. Madara retrocedió lo andado mientras me miraba con preocupación. Las lágrimas caían sin control pero aún así le miré con una disculpa en mis ojos.
Su voz me sonó tan divina que aguanté un jadeo al escucharla tan cerca.
Me dijo que me entrenaría para que pudiera defenderme y para controlar el jutsu, que se activaba solo. Se quedó un rato pensativo, mirándome las manos alternativamente y después de unos minutos, en los que ya me había calmado y estaba mas tranquilo y relajado, me dijo que no iba a hacerme nada. Le miré sin entender muy bien, y él repetía a cada paso que daba para acercarse a mí, que estuviera tranquilo, que no iba a hacerme daño, que solo comprobaba una teoría.
Seguía sin entender nada hasta que me pidió que le tocara. Entonces me di cuenta de que estaba cerca de mí, muy cerca y el jutsu maldito no me había fulminado. Alargué la mano y la puse en su cara; él puso la suya sobre la mía, apretándola contra su rostro mientras esbozaba una dulce sonrisa. Bajó la cabeza y el pelo le tapó la cara, pero mi mano seguía ahí, tocándole como si nada. Cerré los ojos y cogí aire de nuevo, sonreí abiertamente. Me gustaba su calor y su tacto, no me daba miedo que me tocara, ni arcadas, ni temblores, solo una paz que no encontraba en años.
Entonces dijo que ya lo sabía, que mi voz era tal y como se la había imaginado, mientras su pulgar acariciaba mi mano lentamente, con dulzura.
Los meses siguientes los pasamos estudiando mi jutsu, como usarlo en mi propio beneficio y entrenándome. Madara es un maestro muy estricto y eficiente y no me dejaba cometer un solo fallo. Si me equivocaba en un movimiento me hacía repetirlo hasta el cansancio, pero aprendí deprisa y eso le puso contento. – Naruto ya iba por la segunda manzana y seguía atento. – en una de nuestras peleas de entrenamiento conseguí derribarle pero, con tan mala suerte, de que caí encima de él. Iba a disculparme por mi torpeza y a levantarme pero no pude. Su brazo me apretaba contra él mientras el esbozaba una sonrisa de triunfo. Le miré sin comprender y me pidió que esperase un poco.
Me quedé con la cara en su pecho, escuchando su corazón latir, dejando el tiempo pasar, mientras mi respiración volvía a estar tranquila y su mano se deslizaba por mi espalda, arriba y abajo en una caricia lenta.
Le pregunté para romper el silencio que en qué pensaba y dijo que en mí. Me quedé un poco descolocado pero seguí preguntando, qué pensaba de mí concretamente. Escuché a través de su pecho la respuesta y me hizo mirarle directamente con la sorpresa pintada en el rostro.
– ¿Y QUÉ DIJO?. – alzó la voz el kitsune totalmente entregado al relato. Deidara le miró ceñudo señalando al cuarto. – perdón, lo siento, es que me emocioné...
– Mmm.. tranquilo, no se han despertado...A ver, por donde iba... Me dijo que pensaba que me quería pero no sabía si iba a ser correspondido y que él no estaba acostumbrado a la derrota.
– ¿Qué contestaste a eso?
– Que yo también estaba en la misma posición.
Nos abrazamos y estuvimos así, en el suelo, tanto tiempo abrazados que cuando por fin nos pusimos de pie, había pasado la mayor parte del día. Intentamos besarnos miles de veces desde ese día, pero en cuanto Madara percibía un temblor, o algo que le dijera que tenía miedo, paraba inmediatamente, aunque le dijera que siguiera, que no pasaba nada, que lo intentaría... pero siempre obtenía la misma respuesta; que no iba a forzarme por nada del mundo, que tenía que ser algo que quisiera hacer.
– Y yo quería Naruto – dijo mirando al rubio. – deseaba besarle con todas mis ganas, quería hacer el amor con él, pero mi cuerpo no me lo permitía. En cuanto sus manos me tocaban, mi mente volvía a aquella habitación blanca que tanto detestaba... y temblaba de puro terror. Pero Madara no me reprochaba nada. Me calmaba, con infinita paciencia y tantas dosis de cariño, que me hacían llorar a mares.
Me preguntaba como alguien podía ser tan bueno..
Una noche, Izuna me pidió que no saliera del cuarto por nada del mundo. Me encerré y apoyé en la puerta sin saber que pasaba. Escuché las voces prestando atención a lo que hablaban y según iba escuchando me iba poniendo mas furioso.
Los miembros del consejo le recordaban a Madara que como líder del Clan Uchiha, no se le permitía de ninguna de las maneras, ciertos comportamientos en público. Le recordaron con la misma amabilidad, que estaba obligado por el cargo a casarse, con una dama de prestigio de las que el propio consejo había tenido el detalle de elegir y por supuesto, dotar al clan de un heredero digno del apellido.
Durante varios minutos, aquel nutrido grupo de ancianos estirados, le hizo ver a mi esposo lo mal líder que era, y lo inconveniente de sus actos al relacionarse conmigo, un muerto de hambre sin habilidad aprovechable por el clan y por supuesto, con el pasado indigno que arrastraba.
Entendían que me usara como divertimento para pasar el rato, pero tarde o temprano tendría que hacer frente a un matrimonio y cuanto antes me sacara de su vida mucho mejor para todos.
Madara no habló durante los siguientes minutos, y yo me moría por salir y decirles cuatro cosas bien dichas. Iba a hacerlo cuando su voz me dejó clavado en el sitio.
Enumeró, una a una, todas las acciones que había hecho desde que lo nombraron líder del clan. Dejó bien claro, que nunca había hecho nada para perjudicar a nadie y que, quería que quedara bien claro, la próxima persona que se atreviera a decir algo insultante sobre mí, la persona de la que se había enamorado, desearía con toda su alma no ser del clan Uchiha... ni siquiera vivir en el país del fuego, por que iba ha meterles sus palabras por el culo, literalmente, acompañadas por unas cuantas piedras pesadas.
Una voz preguntó si le parecía bien ser la cabeza visible de una familia con tanto prestigio, teniendo esas tendencias anormales.
Su respuesta me hizo salir de mi escondite desoyendo la advertencia de Izuna.
Les dijo que como líder no había cometido ningún fallo, que había sido educado para eso y que no tenía ningún tipo de problema con las relaciones intimas. Solo daba la casualidad de que la persona de la que se había enamorado era un hombre igual que él, y un hombre mil veces mas hombre que los que tenía delante, refiriéndose a los miembros del consejo.
Salí y le miré directamente. Izuna se apresuró a echarles de allí a empujones y nos quedamos en el salón mirándonos como tontos.
Me pidió disculpas por declararse de una manera tan indirecta, que no era su estilo. Me sonrojé y me decidí por fin a vencer a mis demonios para estar con él al 100%. Se lo merecía, por todo lo hacía por mí, por todos.
Me aferré a su mano y le llevé hasta el cuarto. Antes de hacer nada le conté todo lo que te he contado a tí. – Naruto le miraba con una sonrisa radiante en la cara, feliz. – y le dije que lo que habían dicho los viejos del heredero no debía preocuparle. Que si quería un Uchiha con su sangre podía dárselo; solo tenía que pedirlo por favor. – la sonrisa de Deidara hizo juego con la del rubio en este comentario. – Después de aquello, nos dejamos llevar un poco– se sonrojó dulcemente antes de mirar de reojo a Naruto que , nuevamente, le miraba con interés.– Sé que va a sonarte a tópico, pero la primera vez que lo "hicimos" fue … bueno, la verdad es que no recuerdo mucho de aquello, me desmayé al final mas o menos, y me desperté metido en la bañera y con Madara sujetando mi cabeza fuera del agua y pasándome la esponja por el cuerpo, con una expresión de miedo en el rostro que me asustó a mi también.
Me dijo que había perdido el conocimiento y que estaba muy arrepentido de haberse dejado llevar, que no volvería a pasar y un montón de disculpas que, resumiendo, me dejaban sin su contacto para siempre.
Le dije que no pasaba nada, que estaba bien, que no me dolía nada (bueno, el trasero un poco pero no se lo dije por la cara de susto que tenía.) y que me había desmayado por los nervios, la felicidad y mil sensaciones que creí que jamás sentiría...
Aunque no me creyó mucho, se cuidó de que no lo notara comportándose como un verdadero príncipe conmigo...
Al día siguiente, el consejo le comunicó que, lamentándolo mucho prescindían de sus servicios como líder del clan a causa de sus "tendencias poco morales y su negación a recibir ayuda para volver al camino correcto". Que podía disponer de sus pertenencias y abandonar los dominios del clan lo mas brevemente posible o sería invitado a marcharse de otras maneras menos pacíficas.
Nos marchamos ese mismo día después de comer y hemos estado viviendo en una pequeña cabaña al norte de la aldea, en mitad del bosque desde entonces. Pasé el embarazo con tranquilidad por que estaba a mi lado y fueron sus manos lo primero que mi hijo sintió al llegar al mundo. No me falta de nada y no hay nada que desee mas que estar a su lado día tras día. Izuna viene a vernos siempre que quiere, y tanto Sasuke como Itachi, son los únicos con los que seguimos en contacto. – miró a Naruto y le acarició la mano encima de la mesa. – Itachi nos habló mucho de tí durante muchísimo tiempo... y los dos nos alegramos de que estéis casados, sobre todo yo, que mi pequeño Tobi tendrá un amigo con el que jugar en casa, ¿Eh?. – Deidara se levantó y preparó el biberón de su hijo casi con puntualidad exacta. Justo cuando terminaba de cerrar la tapa con la tetina, Madara aparecía en la cocina con el pequeño apoyado en su pecho y una cara de adormilado muy graciosa, que le arrancó una sonrisa a los dos rubios.
Dei se sentó después de besarle fugazmente y estiró los brazos en su dirección para acoger al niño y alimentarle. Le pidió que volviera a la cama y Madara se fue sin rechistar...
Ser padre era tan agotador... pero tan feliz al mismo tiempo...
OoOoIOoOoO
Fin del episodio siete.
Los personajes y gentecilla de Naruto son de Kishimoto sama...
Uff, bueno, primero lo siento por la espera, en compensación os dejo un mega cap ( doce paginas llenitas, casi me da algo)
Reescribí un par de escenas varias veces por que no me convencían y me ha costado horrores escribirlo en primera persona, pero quería que la historia la contara Deidara y no yo como narrador, espero que os guste el resultado.
También borré varias partes de las torturas del chibi dei, por que me parecieron excesivas y de esta forma la historia se entiende igual sin ser tan burro.
Alguien ha preguntado quien se quedará con Sasuke... la verdad es que aún no había decidido con quien... Sai me gusta mucho y tal vez Izuna... no sé, queda abierta la ronda de votaciones.¡Os dejo elegirle novio a Sasuke! Animarse y decir alguno que os gustaría...
Como último apunte, decir que cada cap tiene su canción, una melodía que me acompaña mientras lo escribo y me ayuda a meterme en el ambiente que quiero relatar en el capítulo.
La canción de este en concreto me gustó desde el principio y no sabía muy bien por qué.
" Im the only one" del grupo "We are the fallen". ponerla en bucle en el reproductor de música y escucharla al tiempo, veréis el efecto que tiene en la voz de Deidara. La letra también va perfecta con la historia.
Bueno me despido, espero que os guste y me digáis que tal os parece, nee?
Sin mas, nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
