Lo conseguí, como dije, he logrado terminar el nuevo capi antes del finde.
Bien, quiero aclarar un par de cosas:
-Como dije en el anterior, quiero darle un nuevo nuevísimo aire al fanfic (ya que no me estaba gustando demasiado los derroteros que estaba llevando). De hecho, incluso la trama ha dado un giro de 360º y lo que tenía pensado en un principio está iéndose por el desagüe directo a los dominios del Calamar Gigante.
-Espero que les guste más esta nueva trama.
-Este capítulo es excesivamente largo, pensé que os lo merecíais, pero los siguientes trataré que sean más cortitos y más a menudo (espero que semanales).
-¡NECESITO UN BETA PARA ESTA HISTORIA! Sí, por favor. Lo necesito urgentemente!! Si alguien está interesado que se ponga en contacto conmigo. Por favor!! Os estaré eternamente agradecida.
Y por último, me gustaría dar las gracias a todos los que os tomáis la molestia de leer el fic y dedicárselo especialmente a sol potter black, por siempre estar ahí y ser de las primeras en comentar en cuanto subo un capítulo. Hay unas cuantas escenas que sé que te gustarán.
Hacía varios días ya que se habían separado. Allí, al amparo de la nieve y el frío, el silencio fue su único testigo. El bosque de árboles que tanto habían tardado en atravesar, se había acabado y dado paso a Hogwarts con una rapidez absurdamente lógica. Ninguno dijo nada. Por orgullo o por temor, ni una sola palabra. Ahora, mientras su propia imagen tras el espejo le da algunos consejos con su cabello, ella se lamenta y solo espera que en alguna parte de la Torre Gryffindor un estúpido peliazul haga lo mismo.
Volviendo en sí, decidió que lo más sensato y lo que requería su inmediata atención era el extraño vestido que llevaba puesto, el favorecedor peinado que ella misma se había conjurado y el hecho de que no hubiera previsto un hechizo también para el maquillaje. Pincel en mano y con varias tonalidades de sombra de ojos rosa pastel desparramadas sobre la mesa, estaba a punto de darse por vencido.
-¡Por Merlín! ¿Por qué se supone que debo ponerme todo este potingue en la cara?
-Porque llevas varios días sin dormir bien y esas feas ojeras estropearían la ilusión que hemos creado –respondió una voz masculina pillándola por sorpresa.
Rose se giró alarmada, para soltar un suspiro de alivio en cuanto vio a su mejor amigo en el marco de la puerta. Scorpius Malfoy estaba simplemente impresionante y esa fue precisamente a la conclusión que llegó la morena cuando fue capaz de volver a recuperar su sentido común. Vestido con un esmoquin negro impoluto y el pelo pulcramente engominado hacia atrás, tenía la misma imagen que debió de tener el ángel Lucifer antes de ser desterrado al mismísimo infierno. Bello y aterrador. Aterrador y bello. Dos adjetivos que cautivaron a la pequeña Weasley.
-Todo el mundo ya se ha marchado al Gran Comedor –continuó él mientras iba acercándose al escritorio de la muchacha. –Date prisa o arruinaremos nuestra gran entrada llegando tarde.
-Es inútil –respondió Rose. -¿Ves todas estas pinturas? No sé utilizar ninguna y lo único que lograría sería parecer un payaso. Le pedí ayuda a Stella, pero lleva varios días rarísima conmigo. Me evita o simplemente me ignora, ¿sabes qué le pasa?
Rendida ante la obviedad de su total inutilidad en aquel ámbito del mundo femenino, Rose dejó caer su cabeza pesadamente sobre el escritorio con los ojos clavados en su compañero. Erguido en toda su estatura y con el aura de seguridad y superioridad propia de un Malfoy, él también le devolvió la mirada con una intensidad tal, que perturbó a la Slytherin.
-Olvídate de Stella ahora –le espetó. –Y céntrate en el baile que nos espera. Levántate.
-Pero…
-He dicho que te levantes.
La niña obedeció, aunque a regañadientes. No le gustaba que Scorpius la tratara así. Ella no era ninguna de esas estúpidas descerebradas con las que al rubio le gustaba jugar de vez en cuando y saciarse más que a menudo. No. Para él, ella era especial o al menos eso le gustaba pensar. Vetada del plano Malfoy-sexual, contaba con la total libertad de ser verdaderamente ella cuando se encontraba con él. Una amistad fraternal que les había regalado más buenos momentos que malos. Una confianza suprema el uno en el otro, que les había otorgado el don de la absoluta libertad.
Pero en ese momento, al mirarle a los ojos, un resplandor extraño que no había visto nunca antes, le impedía reconocer a su amigo.
-Déjame verte –ordenó condescendiente mientras él se sentaba donde instantes antes Rose estaba y ella se colocaba bajo la luz.
Extrañamente animada por la situación, e incluso ella misma se atrevería a usar el adjetivo excitada, Rose hizo lo que se le ordenaba. El rubor comenzó a cubrirle las mejillas en cuanto notó aquella mirada fría y gris que la devoraba. Intentó con todas sus fuerzas ignorar el calor que poco a poco la invadía y abrasaba sus entrañas, pero no tuvo demasiado éxito.
-¿Qué es lo que se supone que llevas puesto? –le espetó con aire crítico. –Ese no es el vestido que elegí para ti.
Rose se volvió hacia él, con ambos brazos cruzados bajo su pecho y el ceño fruncido en una actitud más que indignada.
"¿Qué le había dado hoy a su amigo? ¿Quién se creía que era él para hablarle así?"
-Mi madre me regaló este vestido, me llegó la semana pasada y pienso ponérmelo para el baile de esta noche.
Scorpius levantó una ceja y esbozó una media sonrisa a medio camino entre la diversión y el cinismo.
-¿Rojo? ¿En serio que me estás diciendo que tú madre, la sabelotodo Granger, pretende que su hija Slytherin vaya de rojo al baile de navidad? ¿De qué color son los zapatos, Rose? ¿Dorados?
-Te estás pasando, Malfoy. –le cortó ella, pero el chico no dio muestra alguna de darse por aludido.
-Estás preciosa con ese vestido Rose, pero con el otro estarás impresionante. Deslumbrarás a todo el salón y por fin te reconocerán como lo que verdaderamente eres –la postura relajada del rubio no varió ni un instante, reclinado sobre el sillón vio la duda instalarse en los ojos de su compañera.
-Una serpiente –musitó.
-Una Slytherin –le corrigió él.
Scorpius abandonó su cómodo asiento y se acercó a la muchacha. La altura que los separaba le permitió el lujo de observarla desde arriba. El vestido que llevaba ahora puesto, aunque bonito y elegante, era bastante simplón. Un trozo de tela roja que se acoplaba acertadamente a las curvas de la morena. No. Ese no era el aspecto que debía de llevar Weasley cuando ambos entraran agarrados del brazo al salón y todos los vieran. Decididamente no.
Lo primero que hizo fue localizar la orquilla maestra que se encargaba de mantener alzado aquel moño trabajado y tiró de ella.
-Auch… Malfoy.
Luego hundió sus manos en la espesa cabellera que ahora caía libre sobre los hombros de Rose y la ahuecó. Apartó dulcemente un par de mechones rebeldes que empeñaban y metérsele en los ojos a la morena y logró mantenerlos a raya en algún puto indefinido que Rose no logró averiguar. Gracias a su peinado anterior, ahora el pelo de la muchacha enmarcaba su rostro en bucles extraños y coordinados.
-Así está mucho mejor –le oyó musitar tras su oreja mientras la empujaba de nuevo al sillón. –Ven, siéntate.
Sin decir una sola palabra y adivinando las intenciones de su amigo, Rose se dejó hacer. Cerró los ojos y se evadió, mientras notaba los agradables cosquilleos del pincel recorriéndole la piel.
-Abre los ojos –volvió a susurrar el rubio.
Un poco reacia al principio por lo que el manazas de Scorpius pudiera haberle hecho en la cara, no pudo más que maravillarse cuando se vio reflejada en el espejo. Aquellas manos nudosas por los interminables entrenamientos de quidditch, había obrado una maravilla en su rostro, otorgándole luz y una vida nueva como prefacio a lo que ocurriría tras aquella noche.
La sombra plateada que el rubio había escogido para sus ojos resaltaba muchísimo el color castaño de los mismos. Al igual que el rosa pálido de sus labios los engordaba y los hacía más jugosos y apetitosos.
-Eres increíble –susurró la morena aún mirándose en el espejo.
No lo vio venir, pero cuando notó aquellos labios cálidos y húmedos sobre la piel de su cuello no le pilló realmente por sorpresa. Debía de admitir que por rumores que corrían por todo Hogwarts sabía que su amigo sabía hacer muy bien según qué cosas. Ahora, en su propia habitación y con un Scorpius que apenas reconocía comprobaba en su propia piel que todas esas habladurías eran ciertas. En apenas unos segundos, aquellos labios que la besaban, aquella lengua que jugaba y aquellos dientes que la mordisqueaban le proporcionaron un placer que la modosita Weasley no estaba demasiado acostumbrada a recibir. Y cierto es también, que tuvo que agarrarse con todas sus fuerzas al apoyabrazos de la silla para no enroscar sus manos en aquel pelo rubio engominado y atraerlo para intentar fundirlo con ella.
Cuando el chico se separó y los ojos de Rose volvieron a ser capaces de enfocar, descubrió en su cuello el motivo de tal arrebato de pasión. Decepcionada, comprendió que todo aquello únicamente se trataba de una demostración de enorme ego masculino. Rozó con sus dedos el chupetón que poco a poco iba haciéndose más visible y sin girarse afirmó:
-Marcada por una serpiente.
-No, Rose. Marcada por el escorpión.
Viendo por el rabillo del ojo como Scorpius se encaminaba hacia la puerta, la chica se giró rápidamente hacia él.
-Dime Scorpius, ya me has moldeado perfectamente a tu imagen y semejanza. ¿Ahora qué?
-Ahora todo hombre de Hogwarts me odiará, por ser yo quién te lleve al baile. –relajó la expresión de su rostro y agregó, tendiéndole la mano. –Vamos.
La morena se mordió el labio, pensativa.
-Dame diez minutos. Voy a ponerme el otro vestido.
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-Vamos, Teddy, esto es una fiesta. Y sinceramente amigo, estás aguándosela a todo el mundo.
James dejó su tercera copa, vacía, sobre la mesa que su grupo había elegido para esa noche. A su lado, solo estaba Teddy con la misma cara de pocos amigos-ojala-os-fuerais-todos-al-infierno, que había tenido durante toda la semana pasada, desde que llegaron de su pequeña excursión de Hosmeade. Las chicas, por otro lado, habían decidido salir a bailar y si sus acompañantes no estaban por la labor de acompañarlas, ya encontrarían ellas a algún apuesto Ravenclaw dispuesto a hacerlo.
-Y otra cosa te digo, si no haces algo en el próximo minuto, ese pulpo de Robert McCormack acabará con las manos en una parte de la anatomía de Victoire que no te gustaría nada.
Al no obtener reacción alguna por parte de su amigo, empezó a mosquearse y a pensar que quizás, y solo quizás, aquello fuera bastante más serio de lo que se imaginaba.
-Tómatelo con calma, Teddy. –le dijo cuando vio que éste apuraba ya su quinto whisky de fuego. –No quisiera tener que llevarte a cuestas a la habitación en menos de una hora.
El peliazul le lanzó una mirada fulminante.
-Hazme un favor, Jimmy, vete un poquito a la mierda y déjame en paz. – en cuanto lo dijo y ante la mirada estupefacta de su mejor amigo, se levantó y se fue directo al carrito de las bebidas con unos andares más torcidos de los que a él le gustaría.
Pero si creía que con eso iba a librarse, es que no conocía lo suficientemente bien a James Sirius Potter.
-Tío, ¿de qué vas?
Ahora Teddy ojeaba con bastante interés una botella de un brillante color verde, se echó un poco en un vaso y terminó de rellenarlo con el alcohol que traía escondido en su petaca.
-No estoy de humor, James.
-No, últimamente no lo estás. –el moreno cogió a su amigo del brazo antes de que este se marchara de nuevo y le hizo girarse para enfrentarse a él. –Tío, sabes que mi prima no se merece esto. Mírala, si hasta yo la encuentro apetecible. ¡Y es mi prima, por Merlín! Lleva media hora intentando captar tu atención tonteando con esos babosos Slytherins, y tú ni te has dignado a mirarla. Pasa algo, lo sé… -abrió un par de veces las aletas de su nariz. -…lo huelo.
Teddy se limitó a enarcar una ceja, aburrido.
James abrió exageradamente la boca, comprendiendo lo que pasaba.
-No habrás cometido la estupidez de liarte con Michelle, ¿verdad? ¡Por Morgana! Si Vic se entera, te matará.
En seguida Teddy se lanzó a tapar la boca de su amigo, rezando a todos los dioses que conocía para que nadie hubiera escuchado aquella barbaridad.
-No me he liado con Michelle –susurró. -¡Cállate!
-No habrá sido con Michelle, pero te has enrollado con alguien, ¿no? –el silencio del peliazul duró lo suficiente como para afirmar las sospechas del Gryffindor. -¿Con quién?
Llegados a ese punto, Teddy no podía asegurar si el tono de voz de su amigo destilaba curiosidad por saber quién era, camaradería masculina, ofensa familiar o envidia. Lo que sí estaba seguro era de que, si alguna vez se enteraba de la verdad, James lo mataría.
-Con nadie, no es lo que crees.
-¿Cómo que no? Dime con quién mamonazo. –agregó divertido.
-Te repito que no es na…
-¡Dios mío! ¿Esa es Rose?
Y como si alguien hubiera pulsado un botón, una ira irrefrenable e incontrolable, regada con whisky barato, comenzó a adueñarse del cuerpo del capitán de Gryffindor. Se odió, pero no tanto como odió a Malfoy al verlo agarrado de la cintura de Rose.
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-Me pican las medias.
-Lo raro sería que no lo hicieran.
-Todo el mundo me mira.
-También eso me extrañaría si no lo hicieran.
-Odio esa sonrisa de autosuficiencia tuya que tienes ahora mismo.
-Y a mí me encantan esas arruguitas de tu frente cuando te enfurruñas –y como si fuera lo más normal del mundo, Scorpius Malfoy aquel que podía presumir de no haber sido jamás pillado dando muestras de afecto a ninguna mujer en público, besó cariñosamente la frente arrugada de su amiga.
Como acto instintivo, Rose se acercó aun más a él. No sin regalarle uno de sus poco queridos puñetazos en el hombro.
-¿Sabes? Me temo que si hago cualquier movimiento en falso, se me va a ver más de lo que me gustaría.
-Pues ten cuidado, no quiero tener que pegarme con más de la mitad de Hogwarts.
Rose se rió. ¿Desde cuándo Scorpius era tan machito? Sí, vale. Desde siempre. ¿Pero cuando había dirigido alguna de sus frases posesivas hacia ella? Nunca que Rose recordase. ¿Y por qué lo hacía ahora? Oh, sí, se le olvidaba. Todo esto formaba parte de la ilusión que ambos estaban creando.
Cierto era que, desde que entraron en el salón y mientras se dirigían a una de las mesas Slytherin con sus amigos, la pareja había sido blanco de todas las miradas. Scorpius estaba arrebatador, sí, ¿pero cuando no lo estaba? En cambio, Rose…
Sí, había cambiado mucho de un año para otro. El patito feo por fin había metamorfoseado. De ser una auténtica rata de biblioteca, con pelo encrespado y corrector dental, a convertirse en una niña bastante bonita, con un peinado a la última y una falda bastante más corta revelando que, hasta la serpiente Weasley, tenía unas piernas bonitas. Pero esa noche, la morena llevaba un vestido verde jade con un corpiño palabra de honor bordado en pedrería que resaltaba todos y cada uno de sus atributos. Estaba simplemente, y a falta de una palabra mejor para definirla, IMPRESIONANTE.
-Hola, chicos –saludó Rose a las parejas sentadas a la mesa. -¿Habéis visto a Stella?
Crabble y Goyle, hijos, eran los que estaban sentados en la mesa con sus chicas. Para que luego digan que el pasado no se repite.
-Estaba aquí hace un momento, pero os ha visto llegar y ha desaparecido… literalmente –informó una de las chicas. –Hola Scorpius –añadió con un movimiento de pestañas que trataba de pasar por seductor.
Tras la nueva información, la morena miró preocupada a su acompañante. El rubio ni se dignó a mirarla, como si lo que acababa de oír le resultara lo más normal del mundo y obviara el hecho de que el trío que habían sido siempre, desde primero, hubiera quedado reducido a una pareja: Scorpius y ella. El rubio se acercó hasta su oído y susurró:
-Voy a por algo de beber. Vuelvo en seguida.
Rose trató de levantarse también para acompañarlo, pero la repentina llegada de su primo hizo que volviera a sentarse. Albus también se sentó junto a ella, en el lugar de Scorpius.
-Hola, prima. –saludó con una radiante sonrisa.
-Albus –contestó ella.
-Estás genial, lo sabes ¿no?
La morena soltó una pequeña risilla nerviosa al mismo tiempo que sus mejillas se coloreaban.
-Gracias. Nunca está de más oírlo, la verdad.
La mirada de Albus se endureció, aunque por poco rato, rápidamente volvió a su actitud afable y guasona de siempre.
-¿Rose Weasley, nuestra Rose, siendo ególatra y vanidosa? –él inclinó la cabeza en una reverencia. –Lo siento, señorita, si en algún momento este humilde campesino la ofendió con alguno de sus burdos comentarios.
-Deja de decir estupideces –sonrió. –Sabes que aún podría darte una paliza si quisiera.
-Bueno, prima, si no te has dado cuenta he cambiado bastante desde esos veranos.
-Que ahora sea más alto que yo y el doble de voluminoso no significa que…
-Oh sí, claro que significa eso.
Sin previo aviso se abalanzó sobre ella y la abrazó, besándole ambas mejillas en el proceso. Ella se rió aún con más ganas.
-¿Estás borracho, Albus?
-Puede. ¿Qué más da?
Un carraspeo les sacó a ambos de su ensimismamiento. Tras Albus, Scorpius le tendía a Rose un vaso con una bebida de un bonito color violeta. Ésta la tomó agradecida y le dio un par de sorbos.
-Y ahora, Potter, sino te importa, me gustaría llevarme a mi pareja a bailar.
Sin esperar respuesta por parte de ninguno de ellos, el rubio tomó a Rose del brazo y la condujo al centro de la pista de baile. La música que sonaba era bastante lenta y sosegada, por lo que ella alzó los brazos y los enredó tras el cuello del muchacho y él colocó las suyas sobre sus caderas.
A Rose no le costó demasiado tiempo darse cuenta de que Scorpius era un excelente bailarín. De una forma autoritaria y decidida, era él quién llevaba la voz cantate en el baile y por primera vez en mucho tiempo, la Slytherin pudo relajarse y dejarse llevar de verdad.
-Te parecerá una tontería. –le dijo cuando acercó tanto su rostro al suyo que casi podían tocarse por la punta de su nariz. –Pero desde que entramos, he contado al menos siete chicas que me miran con cara de haberse comido una gragea con sabor a vómito. Me odian y no dudarían en empujarme escaleras abajo. ¿No sería mejor que les dejaras en claro que solo somos amigos? Así a lo mejor podría respirar tranquila sin miedo a que mi vida corra peligro.
Scorpius esbozó una sonrisa de medio lado antes de rozar la nariz respingona de Rose con los labios.
-¿Dónde estaría entonces la diversión?
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Tras cinco bailes con Scorpius, otros tantos con sus innumerables primos y alguno que otro que sus otros compañeros de casa, Rose Weasley prácticamente no se sentía los pies. Sentada en una silla cualquiera, con el pelo alborotado y las mejillas encendidas por el calor y el esfuerzo, miraba la sala con un aire feliz reflejado en su expresión soñadora y exhausta.
Aunque, como todo el mundo bien sabe, esos momentos no suelen durar demasiado.
-Rose, ¿podemos hablar un momento? –la muchacha tuvo que pestañear un par de veces para enfocar y distinguir la figura que se erguía frente a ella.
Scorpius se había pasado toda la noche llevándole vasos de bebida, y ahora, gracias al perceptible embotamiento de su mente y a su, cada vez más frecuente, falta de inhibición sospechaba que no solo había zumo de frutas en ellos.
-Teddy –susurró. –No creo que sea buena idea. Mejor lo dejamos para otro momento -dejó de mirarlo y desvió su mirada por todo el Gran Comedor, buscando al rubio. –Seguramente Scorpius me esté buscando…
-He visto a esa asquerosa serpiente pirándose al jardín con Isabella Melton. Muy acarameladitos, por eso pensé en venir a hacerte un poco de compañía.
Aquella afirmación cayó sobre Rose como una jarro de agua fría, sobretodo teniendo en cuenta que sabía que seguramente el chico tenía razón.
Suspiró y eso le dio pie a Teddy para reanudar la conversación.
-Debo admitir –comenzó –que el verde te queda condenadamente bien.
Ella le miró de reojo, pero no dijo nada.
-Tu pelo vuelve a rizarse –continuó. –Me gusta más así.
Rose no lo soportó más.
-Está bien –soltó de sopetón y un poco más alto de lo que le hubiera gustado. –Hablemos, pero fuera. Lo único que me faltaba es que alguien pudiera oírnos.
La niña enfiló el camino hacia la salida, seguida muy de cerca por Teddy. De vez en cuando, éste aprovechaba la marcha de su inercia para acariciar una de las manos de la morena. A lo que ella respondía con alejarla como si la mera proximidad la quemara. Una vez fuera, doblaron la esquina del primer pasillo que vieron y, después de asegurarse que no había nadie cerca, Rose se volvió y le encaró.
-¿Qué querías? –le espetó bruscamente.
-Solo quería hablar contigo.
-Bien, empieza.
-¿Por qué eres tan arpía, Rose?
-¿Perdón?
La morena le miró estupefacta.
-Lo que oyes –continuó. –No hago más que mirarte día tras día, buscar algún momento para verte a solas, intentar arreglar lo de Hosmeade… ¿y qué haces tú? Ignorarme y pavonearte delante de todas esas serpientes como si fueras la reina del baile.
-Y por eso te escabulles a los vestuarios del campo de quidditch para montártelo con Victoire, ¿no? Pobre Teddy, la próxima vez que la pena te aflija tanto que no puedas soportar el calentón, procura no sofocarla cuando nos toca a los Slytherin entrenar.
-Tú no lo entiendes –Teddy la agarró violentamente de la muñeca. -¿Y qué mierda es ese chupetón en tu cuello?
-No, eres tú el que no lo entiende. Se acabó, Lupin. Y espero que tu borrachera te permita recordarlo mañana por la mañana.
-Haré lo que sea, Rose, para que vuelvas a ser mía.
Antes de que pudiera replicar, una voz femenina que ambos conocían demasiado bien les interrumpió la discusión.
-¿Teddy? ¡Por Merlín! Llevo buscándote un buen rato, ¿qué haces aquí? –cuando Victoire se acercó y vio la mano de SU novio apretar posesivamente la mano de SU prima, un resorte dentro de ella le dijo que algo no andaba bien. -¿Qué ocurre aquí? –inquirió.
-Nada, prima. Solo que tu novio ha bebido demasiado.
-¿Teddy?
El chico liberó su presa y sin decir una sola palabra más dio media vuelta y enfiló el camino al Gran Comedor. Vic, por otro lado, se quedó allí mirando a su prima de la misma manera que una orgullosa leona mira a un sucio reptil.
-He oído por ahí que alguien os vio entrando muy juntitos en el bosque cuando se supone que debíamos volver de Hosmeade.
-No es lo que crees.
-No, claro que no. Nunca lo es. Nunca has sido rival para mí, pequeña Rose, y no vas a empezar a serlo ahora. Mantente bien alejada de Teddy si sabes lo que te conviene.
La Gryffindor miró con un renovado interés el vaso que llevaba en la mano y luego, movida por un impulso rebelde lo vació sobre la cabeza de su prima. Después se marchó.
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-¿Rose? ¡Vamos, Rose, sé que estás ahí! No me hagas entrar al baño de chicas, por favor.
Por si no se sentía ya lo bastante miserable después de darse cuenta de que había sido engañado estúpidamente por esa cabeza hueca de Melton para salir al jardín, los cuchicheos a su alrededor cuando volvió al salón sobre "esa engreída de Rose Weasley" corriendo escaleras arriba llorando, fue la gota que colmó el vaso.
-Si eso es lo que quieres, entraré.
A Scorpius no le fue difícil localizarla. La morena siempre acudía al baño de chicas del segundo piso cuando se encontraba deprimida, a sabiendas de que nadie más iría allí.
-Seguro que has hecho algo para merecerte eso –escuchó al fantasma de Mirtle la Llorona decirle a uno de los cubículos del baño.
Esperó la respuesta que sabía daría la muchacha, pero para su sorpresa, la frase inteligente e iracunda quedó sustituida por un rápido hechizo.
-Mutis totallus.
Mirtle, al darse cuenta que por mucho que lo intentaba ni una palabra salía de su boca, se fue de allí. Enfadada e indignada. Cuando Rose salió por fin a enjuagarse la cara y vio allí al rubio, no fue capaz de decir nada.
-Eres demasiado predecible –fue lo que él dijo acercándose a la niña.
-Lo siento –se disculpó ella a punto de romper a llorar de nuevo.
Rose vio en lo ojos de su amigo la lástima que había adivinado en los de todos los demás en su huída al baño. Estaba empapada, con el pelo pegajoso y el maquillaje corrido.
-Anda vámonos –el rubio se quitó su propia chaqueta y se la pasó por encima de los hombros a la morena. Luego, con sus propias manos, trató de limpiar la sucia cara de su amiga.
Ella se aferró a él y hundió su cara en su pecho.
-¿Dónde estabas? ¿Dónde estabas, Scorpius? ¿Dónde estabas? –no paraba de repetir.
Ahora le llegó a él el turno de disculparse.
-Lo siento, Rose. ¿Qué ha pasado?
El rubio la notó tensarse bajo sus brazos y empezar a sollozar.
-Teddy vino y… y… -trataba de explicar. –Luego Victoire estaba allí… me tiró su bebida. ¡Lo sabe, Scorpius! ¡Ella lo sabe!
-Cálmate, Rose. Ya me lo explicarás todo mejor mañana. Vámonos. Te daré un masaje, te dormirás y mañana regresaremos a casa con nuestras familias para navidad. Todo se convertirá en una anécdota más, ya verás.
En ese momento, Rose desterró su cara de aquel pecho que olía a menta y a hierba fresca y buscó sus ojos grises.
-¿Vendrás a casa conmigo, verdad? Por fi…
Sabiendo que en aquel estado y ante aquel "por fi" era incapaz de hacer nada, decidió ahorrarse tiempo y darle rápidamente el sí. Al fin y al cabo, era su mejor amiga y le necesitaba. Ya arreglaría cuentas con sus padres más tarde.
¿Qué os ha parecido? ¿Qué tal el cambio? Pobre Rose mojada... con lo bonito que era su vestido.
¿Dónde estaba Scorpius? ¿Qué hará ahora Teddy? ¿Qué clase de Navidad le esperará a un Malfoy en casa de los Weasley-Grangers? ¿Y en la Madriguera de los Leones?
Eso es algo que me va a divertir mucho escribir xD
¿Qué hará Victoire ahora que sabe o intuye la verdad? ¿Y Lily?
Todo eso y mucho más en próximos caps!!
Ahora... REVIEWS! REVIEWS! REVIEWS! y así habrá una escritora (o proyecto de) más, feliz.
¡RECUERDO QUE NECESITO UN BETA! GRACIAS!
