"Esta vez será diferente, no te decepcionaré, Phoebe" pensó la rubia mientras marcaba dubitativamente otro número de teléfono
-¿Hola?
-Hola
-¿Helga? ¿Eres tú?
-Sí ¿Qué tal todo?
-Muy bien, ¡vaya! No esperaba que me llamaras
-Sí, sé que han pasado muchos años; pero me gustaría verte, Brainy.- la rubia respiró hondo- quisiera hablar sobre…Arnold
El pálido chico quedó estático un momento que pareció infernalmente largo para ambos.
-Eh, ¿Brainy?- balbuceó la chica con la esperanza de que su interlocutor no se hubiese desmayado o algo peor- ¿sigues allí?
Una voz se escuchó entrecortada, seguida de una ronca y agitada respiración.
-¿Sobre…Arnold? ¿Tú…hablas enserio?- aventuró incrédulo
-Lo dices como si nunca hubieras escuchado cosas peores- bromeó Helga, tratando de minorizar el asunto -¿podrías ir al parque?
-Eh, creo que tal vez…
-Está bien, nos veremos allí- resolvió la chica
-Pues…
-Tranquilo, no te golpearé
-No me preocupa eso. Es sólo que…Helga, ¿te sientes bien?- la voz sonaba temblorosa, como si estuviera escuchando las últimas palabras de una moribunda.
Tal vez sí estaba moribunda, una moribunda que confiesa sus secretos más penosos al borde de la tumba. Tiene sentido. Eso era lo único que podía explicar su repentino comportamiento.
-Sí, estoy bien- refunfuñó Helga, deteniendo sus propios pensamientos que habían volado hacia las ideas más absurdas creadas por la infinita imaginación humana
-¿Estás segura?- volvió a insistir
-Claro que sí ¿por quién me tomas?- respondió girando los ojos. Ese chico tenía suerte de ser Brainy y de haber recibido ya muchos golpes en su vida, si no lo hubiese mandado al diablo por su estúpido razonamiento- solo ve al parque ¿quieres?
-Claro, nos veremos allí
-Está bien y... Brainy, está conversación nunca ocurrió ¿ok?
-Lo que digas Helga- afirmó el chico con voz cansada-Adiós
-Gracias- dijo la rubia en un murmullo apenas audible antes de colgar el teléfono y desplomarse en la cama.
Respiró hondo, tratando de sacar todos los problemas que tenía en el corazón con un profundo suspiro.
Recapacitó las cosas. Había cometido suicidio social, es cierto, pero estaba segura de que Brainy no contaría nunca nada.
Pero, ¿Confesar amar a Arnold es en verdad tan malo como ella se lo imaginaba? Tal vez podría declararse en secreto, sin nadie más que él, ella y el silencio se enteren; después de todo, Arnold no era del tipo de chicos que se burla de los sentimientos de otros.
No, eso ya lo había hecho una vez. Ya se había humillado por él. Ya había dejado salir a su desbordante pasión mediante un beso que no había sido correspondido.
-Yo… ¿Qué es lo que debo hacer para que todo esto acabe?- murmuró aferrándose a una almohada y sintiéndose cobijada por la suave brisa veraniega.
Cerró los ojos e imaginó que nunca ocurrió todo aquello. Que un paraguas nunca la protegió. Que un chico nunca le dedicó una sonrisa amable. Que nunca nadie la abrazó con ese calor que ahora le transmitía esa dulce brisa.
Un pensamiento llegó a su mente por un breve momento. Un chico con profundos ojos cafés que la había abrazado una sola vez. Un abrazo con olor a perfume de hombre y que destilaba protección.
-¡Olga!- gritó su padre, rompiendo nuevamente el hilo de sus pensamientos- ¡baja ahora!
La rubia lanzó un bufido. ¿Qué nunca la iban a dejar en paz?
-¡Ya voy Bob!- gritó mientras bajaba histéricamente las escaleras- ¡¿Qué quieres?!
-¡¿Porque dejas la cosas tiradas por el suelo, señorita?!
-Sólo te dí lo que me pediste. No me lo agradezcas. Ahora, me tengo que ir, no me esperes para comer- gruñó, dirigiéndose a la puerta de su casa
-¿Y quien comprará lo que falta para la comida, niña burlona?
-Creo que también tienes piernas, Bob. No te haría mal usarlas alguna vez-
Aquello se había vuelto una batalla en la que cualquier comentario valía como arma y el rebeldismo se hacía presente dando muestras de superioridad. Para quien conviviera con los Patakis, una escena típica de las reuniones familiares.
-¡Estás muy equivocada si crees que vas a dejarnos antes del almuerzo con tu hermana!- gruñó el hombre
-Vuelvo pronto, Bob- desafió la intrépida rubia, con una sonrisa burlona.
Con el paso del tiempo había aprendido que la mejor forma de lidiar con su familia era dejando de tomar en serio las amenazas y los gritos. El rebeldismo, mezclado con burla se había convertido en una sutil terapia contra el descuido de sus padres.
-¡Niña a donde crees que…- el golpe de la puerta lo calló y el hombre, resignado, empezó a hacer un discurso mental sobre lo que le diría a esa chiquilla malcriada apenas la volviese a ver.
¡Hola! Les dejo este pequeño capítulo que es, más bien, una promesa de que continuaré con la historia.
Hace tiempo no veo Hey Arnold! así que echaré un vistazo a algunos capítulos antes de continuar con la historia.
Mil gracias a los que siguen las historia y dejan rewiers. Les prometo que volverán a oír de Bruce muy pronto ;)
Por cierto, les agradecería mucho algún comentario! Díganme si le gustó hasta ahora o si creen que deba pasar algo en específico. Las sugerencias son siempre bien recibidas!
