ADVERTENCIA: LEEAN LA NOTA ES IMPORTANTE

Hola chicas y chicos que leen esto

Verán, se que me he tardado una eternidad ¿Porque?

He pensado que la historia va muy rápido así que decidí recortar unas partes quitar otras y cambiar capítulos completos así que no se desilusionen, solo se va a alargar mucho; vamos a ver que hay capítulos complementarios, otros muy importantes. ASÍ QUE LEAN TODO DE NUEVO.

Además la inspiración me dejo abandonada en un rincón oscuro por meses, no había podido escribir nada hasta que un pequeño rayo de inspiración me saco la oscuridad. Seguiré escribiendo. El nuevo cap estará en dos semanas.

Entre cuchillas y Rosas

Cap. 7

PVO Bella

Hoy es viernes. Me encontraba en la casa haciendo limpieza. Hoy no fui al instituto por órdenes del doctor. Me había dicho que necesitaba que le ayudara en unos experimentos. Claro que eso era mentira ya que él nunca pedía ni necesitaba ayuda en nada. Me tomó las medidas de las manos; supongo que tendré cuchillas nuevas. Eso me emocionaba, ya que no me las había cambiado desde hace 3 años. Debía prepararme para el domingo, estaba partiendo la lechuga cuando el timbre de la puerta sonó. Rápidamente me sequé las cuchillas y me puse los guantes. El doctor salió de su laboratorio, me miró y me indicó con la cabeza que subiera a mi cuarto. Subí pero no fui a mi cuarto. Desde el segundo piso vi que abrió la puerta. No pude oír lo que le decían solo lo que dijo el Doc.

-Si soy yo… ¿Mi hija?… Si…. Pasen por favor… - Dos hombres, al parecer policías por los trajes que traían puestos. Según yo, los guió hacia la sala, donde no tenemos tele, ya que a ninguno de los 2 nos interesa.

-Bella, cariño ¿puedes bajar un momento?- Dijo el Doc. con voz amable. Bajé lentamente el doctor estaba al pie de las escaleras. A mediación de estas pude ver a los oficiales. Uno parecía no tener mucho chiste así que no le presté atención. Rápidamente me enfoqué en el otro. Era extraño, él despedía una gran fuerza pero no solo era eso. Me intrigó de inmediato. Seguí bajando ya que mi análisis solamente me tomó 2 segundos.

-¿Quiénes son?- pregunté inocentemente

-Ellos son…- pero antes de que pudiera terminar el oficial sin chiste interrumpió.

-Somos los detectives Ryuk - dijo señalando a su compañero.-y Stevens- señalándose a sí mismo. Asentí con la cabeza.

-¿Por qué no pasamos a la sala?- Dijo "mi padre". Los agentes se sentaron en el sillón de 2 piezas, mientras nosotros nos sentamos en los sillones individuales dejándonos "estratégicamente" separados.

-Hoy fuimos a tu escuela, Isabella- Yo solo los miré. Estaban tranquilos… Bueno solo el agente Ryuk -Hubo un asesinato- Miré de reojo a mi padre, fingía estar impresionado. Lo más probable es que estuviera enojado de no haberse entrado o de que no se lo haya dicho. -¿Quién…?- Empecé a decir pero el detective Ryuk me interrumpió. -¿Por qué no fuiste a la escuela hoy?-

-No me sentía bien- Dije. El Agente Steven asintió convencido.

-¿Por qué investigan a los muchachos?- Preguntó papá

-Porque el cuerpo fue encontrado cerca de la escuela-

-¿Y por qué creen que fueron ellos?-

-¿Por qué no?- Cuestionó el Dctve. Ryuk

-Son adolecentes. Además ¿quién tendría la maldad para hacer semejante cosa?- Debo decir que el Doctor es un excelente actor. Casi me engaña.

-Bueno hay todo tipo de personas en el mundo- Estornudé y tosí un poco, tenía que disimular.

-Creo que es todo- Dijo el Dtve. Stevens. El otro solo asintió, se pararon y se digirieron a la puerta. El doctor los acompañó. Lo miré por la ventana. No traían una patrulla, era un carro color negro. No sabía qué tipo de auto era.

El doctor entró cuando perdí a los detectives de vista. Yo terminaba de cortar la lechuga.

-¿A quién…?- Tapé su boca con mi mano. Me dirigí a donde se habían sentado. Esculqué los sillones en busca de micrófonos. Cuando estuve segura de que no podían escucharnos, asentí para que prosiguiera.

-¿Lo hiciste?-

-Mató a una niña, así que me encargué de él. No iba permitir que matara a otra persona- Dije

-Bueno, me lo hubieras dicho así me hubiera encargado del cuerpo- El cómo lo dijo me dio escalofríos. Él siempre ha sido así pero siempre que experimenta con los cuerpos me mantengo fuera de casa lo más que puedo.

-Quiero que mates a esos detectives- Dijo con voz fría.

-¿Eso no traería sospechas hacia nosotros?- Dije ya que nosotros siempre debemos ser invisibles hacia el gobierno.

-Tienes razón. Quiero que mates a Stuart mañana- Dijo

-¿Donde va a estar?- pregunté.

-En su casa quiero que se vea como si un grupo satanista lo haya usado como sacrificio-

-¿De todos modos quieres lo que me pediste?-

-Sí, pero solo quiero los ojos- Yo solo asentí, entre menos sepa se eso mejor.

-Vamos a mi laboratorio- Dijo dirigiéndose a la puerta del sótano. Tragué en seco. Si hay algo que me da miedo es su laboratorio. Tiene un aura tan oscura y macabra que solo con poner un paso te hace querer salir corriendo. Una vez adentro, el doctor estaba preparando los utensilios de operación

-Te pondré una nueva base para que puedas cambiar de cuchillas sin ningún problema. Además podrás cortar con más precisión- El doctor me inyectó anestesia en cada brazo para no poder sentir el dolor cuando me quitara las cuchillas. (Bella tiene metal incrustado en la piel para mantener sus cuchillas.)

Después de 6 horas de operación la base de mis manos estaba lista. Estas cubren mis manos por completo. En donde termina mi palma tengo una cuchilla pequeña del tamaño de los dedos. Estas son móviles, el doctor conectó mis nervios a los sensores que las cuchillas tienen. Claro, solo puedo mover adelante y atrás. El doctor estaba orgulloso con el gran avance que ha logrado con mis manos.

-Aquí están tus nuevas cuchillas. Hice dos pares- Enseñándome unas cuchillas delgadas como un sable. Eran largas, median como unos 40 cm. –Estas las usaras para matar al imbécil ese- Refiriéndose a Stuart. –Y estas son las de uso diario- eran como las cuchillas que tenía anteriormente. Parecían más afiladas. Sonreí.

-Gracias- Dije. Iba a ponerme las cuchillas más pequeñas pero el Dr. lo impidió. –Quiero que pruebes las nuevas- Me tendió las otras –Tienes que dominarlas para poder cortar con precisión, deben ser parte de ti-

-Ve y practica. Regresa temprano, mañana hay que preparar el ritual- Refiriéndose al asesinato. Sonrió macabramente-

Miré el reloj, eran las 7. Pronto anochecería. Me puse un vestido negro con mangas petit, la falda era un poco ampona con holanes (Imagen en mi perfil) unas medias gruesas de color negro y unas botas debajo de la rodilla sin tacón. Vi hacia fuera por la ventana de mi habitación, estaba nevando así que saqué mi capa. Bajé las escaleras. Le dejé comida al Doctor.

Estaba caminando de regreso a casa. Ya pasaban de las 11. La nieve estaba honda, lo bueno es que me había puesto las botas largas. Había empezado a nevar más fuerte. Y al parecer estaba perdida. No había cuervos a la vista, de seguro estaban refugiándose del frío. ¿Cómo regresar a casa? pensé. La carretera me guiaría a casa. Caminé más pero me volví a perder. Tenía que encontrar un lugar para pasar la noche. Caminé por media hora más. Si seguía así mis manos se congelarían, entonces vi un árbol hueco, lo bueno de ser delgada y no muy alta está haciéndose una gran ventaja. Me tapé con la capa y esperé a que la tormenta pasara.

En algún momento debí haberme quedado dormida por que cuando desperté la tormenta se había desvanecido, no sabía qué hora era, pero tenía que darme prisa para llegar a la casa. El doctor de seguro se enojara.

No sé cuánto tiempo estuve caminando hasta que encontré la casa.

Entré, todo estaba oscuro. Pasé de largo y me fuí a mi habitación, cogí algo de ropa, me di una ducha rápida y me cambié. Bajé a buscar algo de comer, me hice un lonche, me senté en la mesa; no había señales del doctor,

-Veo que por fin llegas-

-Bueno con la tormenta que había anoche no puede regresar; además me la pasé no se cuanto tiempo caminando de regreso- dije

-Bueno hay que preparar nuestro movimiento-

-Bueno, ya que no lo pudimos matarlo de la forma que teníamos planeada. Lo mataremos con un rito satánico. Entraremos por la ventana trasera de la cocina, al parecer tiene dos perros tú te encargaras de matarlos rápidamente. He decidido que yo lo mataré. Tú solo sacarás los órganos, después te quedarás en el techo vigilando-

-¿Por qué ahora quieres tú matarlo? siempre soy yo la que me encargo de ello-

-Pequeña, antes de que tú nacieras yo me encargaba de mis propios asuntos- No lo entendía el siempre le gustaba observar cómo lo mato. Supongo que ahora él quería hacerlo, solo me encogí de hombros.

-¿Tiempo estimado de la ejecución?-

-Una hora, treinta y cinco minutos-

-¿Hora de llegada?-

-10 de la noche-

-¿Puedo ir por algo de comer?- Pregunté.

-Sí, trae comida china-

-¿Comida china? Tendré que viajar hasta Port Angeles para comprarlo-Dije quejándome.

-No me importa, tú te ofreciste. Además si vas y me compras lo que te pedí, te dejaré comprar 1 libro-

-Dos- Dije él, se negó. Tomé medidas drásticas -Tres. Si no, muérete de hambre-

-Bien. Pequeña alimaña, me alegra que te valgas de las debilidades de los otros para conseguir tu objetivo- Sonrió con orgullo. Solo para hacer el mal sonreía de verdad. Me tendió un fajo de dinero y me dijo: no te gastes todo el dinero. Yo solo asentí, tome las llaves de la camioneta y Salí por la comida. Aunque no lo digiera, me encantaba viajar. Ver todo a mí alrededor, ya que lo que siempre he amado es la naturaleza, la que me da una hermosa vista. Aunque yo ya no pertenezca a ella, me deja acompañarla y me acompañar cuando estoy sola, es mi amiga y confidente.

Habían pasado las 5 horas más estresantes de la semana. Me tarde 2 horas en llegar a Port Angeles. Después de comprar los libros que quería me pase a comprar comida china. Yo sabía que al doctor le gustaban los rollitos de camarón pero no había. Le pregunté si iba a hacer más, me dijo que sí, pero que se iba tardar. Estuve esperando media hora a que estuviera. Me había ido a sentar una banca y me puse a escuchar música para pasar el rato, pero la gente se me quedaba mirando. De hecho oí como un niño le preguntaba a su mama si yo era un gotigoto. Me reí. No oí que le dijo la mama de él pero lo llevo al otro lado de pasillo. Ya estaba muy acostumbrada a eso. Bueno para no alargarla salí del centro comercial. Llegué a la camioneta dejé las cosas a un lado y arranqué.

El doctor estaba muerto de hambre cuando llegué. Comimos rápido nos preparamos y nos subimos a la camioneta. Llegamos a nuestro destino, el tal Stuart no vivía en Forks sino en Stanley, en la parte rica de la ciudad aunque, como doctor, no debe ganar mucho. En fin el doctor cortó la luz en la casa. Oí los ladridos de los perros, eso significaba que pronto estarían aquí. Me quieté los guantes, como era de esperarse eran dos doberman. Corrí hacia ellos, los perros saltaron contra mí. Yo me hice para atrás y doblé mis rodillas, cuando pasaron arriba de mí, les encajé las cuchillas en el pecho. Me apoyé en mi pie derecho y di media vuelta y desencaje mis manos y los perros cayeron inertes a mis pies. El doctor entró a la casa. Yo entré seguida de él. Subimos a la segunda planta, estoy seguro que el doc sabe dónde duerme.

Después de extraerle los ojos, subí al techo. Se oían los gritos de dolor, miré el cielo. Eran cerca de las doce, teníamos que irnos antes de que alguien nos viera. Me paré y con los binoculares miré en todas direcciones, entonces las luces de la casa trasera se encendieron. Rápidamente salte al del tejado hacia el balcón y entré.

-Doc, es hora de irnos. En la casa de atrás ya se dieron cuenta. Vámonos- Ayudé al doctor con sus utensilios. Salimos por la parte trasera después de una cuadra caminamos tranquilamente hasta llegar al auto.