El ambiente apenas tolerable para una criatura con una constitución diversa era cuestionable para encontrarse esperando, un Spa generalmente sería un lugar donde varios corceles podían asegurarse de tener privacidad, comodidad y una relajación absoluta. Pero, tener la piel de una serpiente, de un chivo, de un cocodrilo, de un mamífero poco identificable, de un dragón, de un ave, de un mamífero volador, así como de un ave era obviamente reaccionario contra cualquier ambiente, una curiosidad.
El aire a su alrededor debía tener algunas variaciones constantes, en el Spa, de pronto algunas piedras flotaban alrededor de su piel de dragón, su pata de serpiente era envuelta por una toalla, su pelaje estaba empapado por el vapor, a veces olía mal, a veces se veía extraño, sus alas se batían de forma intermitente, en el caso de su ala de murciélago necesitaba enfriarse, en el caso de la de águila, por reflejo debía quitar el agua de sus plumas, aunque no las utilizara a menudo, eran parte de su cuerpo…
Las cosas pasaron demasiado rápido, lo suficiente para disfrutar de todas las cosas malas, lo suficiente para no dejarle reaccionar. En fin, apenas se relajaba lo mejor que podía mientras una toalla gigantesca hacía las veces de hamaca pegada a las paredes con una cinta aislante de un lado y con clavos del otro, prácticamente el vapor bajaba a tierra para desaparecer, una pila de fuego bailaba al son de un gusano de carbón que se arrastraba felizmente por el suelo de azulejos que cambiaban de color al son de una canción que no se escuchaba, pero el ritmo claramente estaba impreso en los movimientos del gusano y del cambio de colores.
Su mente no podía dejar de pensar en las cosas transcurridas durante el último periodo de tiempo, tres días exactos desde que pasó. Era en el cumpleaños de Fluttershy.
Resulta que a la pegaso le tenían planeada una fiesta sorpresa en la cual estaban invitadas algunas amigas, su grupo íntimo, su hermano, algunas ponis que conocía entre las cuales se hallaba Tree Huger. Todavía lo podía recordar con una totalidad de detalles exorbitantes. Tree Huger tenía su pañoleta sucia con una mancha de katsup, Twilight no tenía puesta su corona, Starlight Glimmer trataba de callar a Trixie, quien tenía preparado un número de magia para la amiga de su amiga. Applejack tenía su regalo debajo de su sombrero, Pinkie Pie tenía puestos en su boca dos de esas pequeñas trompetillas de fiestas. Rainbow sobrevolaba el techo para llegar desde arriba para arrimarse con un grito de bienvenida, Rarity llevaba un vestido de fiesta y también había preparado una piñata junto con Pinkie, una con forma de un martillo porque si tenía forma de animal ni forzando a la amante de los animales lograrían animarla a romperla.
¿Y dónde estuvo él? No conformaba parte de la fiesta sorpresa; no confiaban en que él lo haría bien, por el caos que causaba, alegó Rainbow Dash. Así que decidió organizar su propia fiesta superando así a la fiesta que planearon las demás.
Cubriría todos los detalles, desde los más grandes hasta los más pequeños, su piñata tenía juguetes y regalos dentro de los juguetes y regalos que liberaría, estaba animada por supuesto, un volcán explotaría bellamente sacando un montón de lava ardiente y humo que escribirían su nombre en el aire y desaparecerían antes de caer en las planicies de Ponyville o cualquier otro lugar, no estaba ubicado en medio de las vías férreas ni era accesible a los ponis; la mismísima cantante Sapphire Shores sería transportada para cantar una pieza de su reciente número con un coro de imágenes suyas colgadas en un escenario gigantesco que se aparecería del centro del volcán que se abriría por la mitad después de entrar en erupción; algunas flores estaban contratadas para moverse al son de la música y echar algunas palmas con sus hojas. Unas nubes en el cielo harían llover leche con chocolate por un minuto, algunos animales prehistóricos harían contacto desde unas ventanas temporales que abriría. Si todo eso no era una sorpresa, sinceramente, nada lo sería.
No tenía tiempo que perder, de forma hábil se adelantó a todas las amigas de la pegaso amarilla, quedándose fuera de la casa de Fluttershy, cerrando la puerta desde fuera, forzando las ventanas para que no se rompieran ni se abrieran, ni siquiera la princesa de la amistad podría salir de allí por el corto lapso de tiempo que la sorpresa que planificó se llevaba a cabo.
Tenía muchas ganas de mostrarle a todas que podía organizar una buena fiesta sorpresa, algunas sillas se irían directamente al techo, otras a las paredes, las notas musicales saldrían del tocadiscos para bailar junto con todos los invitados, eran todas unas bien educadas notas, nada de propasarse en los temas lentos. Todo era auto service, el té se serviría solo, los platillos se lavarían solos. En fin, no existía nada, absolutamente nada que pudiera salir mal.
Finalmente se aparecía en la inmensidad de las colinas que envolvían el paisaje de Ponyville, todo tendría que estar perfectamente coordinado, la piñata estaba ingresando por la chimenea; no había fuego así que todo estaba bien, el volcán estaba esperando salir del fondo de la tierra; Sapphire Shores estaba en su vestidor, lista para desaparecer de pronto.
Cuando la yegua lo observó, este sonrió para saltar y chasquear los dedos, en una absoluta libertad de despliegue todo lo que tuvo planeado comenzó a pasar, el volcán emergió rápidamente para sacar un montón de lava, algunas nubes cambiaron a un color rosa para comenzar a expulsar leche con chocolate, la piñata salió bríamente rompiendo una ventana desde la que salieron también varios gritos provenientes desde el interior de la casa de Fluttershy las flores comenzaban a moverse, ovacionando la llegada de Sapphire Shores que aparecía en medio de un escenario hecho de lava fría y en la mitad de un volcán, por supuesto que gritó casi de inmediato.
La lava comenzó a caer en el riachuelo fuera de la casa de la pegaso amarilla levantando un vapor repleto también de un humo altamente tóxico, un tanto llegó al pasto seco inmolándolo de inmediato, las letras en el cielo se conformaban; la lluvia de leche chocolatada caía para secar el que bien podría haber sido el incendio del siglo, las aguas del rio se contaminaron de un café y azúcares demasiado concentrados como para ser digeridos por animal alguno salvo claro, el Draconequus. El árbol cercano a la casa de la pegaso tímida se empapo de aquel meloso líquido que lo impregnó hasta la última gota, varios animales sufrían del pegajoso líquido que pronto unía sus pelajes como si se tratara de un pegamento.
Finalmente, Sapphire Shores trataba de hacer algo para salir del lugar, no había canción ni bienvenida posible con aquellas circunstancias que el señor del caos había ocasionado.
Fluttershy apenas pudo reaccionar, su rostro había cambiado de un terror, a una preocupación y pasar al final por un enojo.
- ¡¿Qué hiciste Discord?! – Gritó en un escape de ira, al mismo tiempo que todos los invitados se aproximaban del interior de su casa; habían logrado forzar los bloqueos que el Draconequus les había puesto para tener el primer lugar.
- Pero Fluttershy. – Trató de excusarse.
- Eres un peligro para lo que sea que esté cerca de ti. – Gritó Rainbow Dash, apoyada con el silencio de sus los invitados que observaban impresionados de los destrozos que la bienvenida del supuesto amigo número uno de la pegaso amarilla había ocasionado.
- Discord, te excediste, esto no era necesario para impresionarme. – Advirtió la pegaso de ojos celestes.
- Lo sé, lo sé; pero es que nadie en este mundo se puede esperar las sorpresas del señor del caos. ¿No es mi trabajo ser impredecible?
- Mejor destructivo y nada agradable. – Advirtió Rarity quien, junto con todos los invitados a la fiesta, estaba ya a pocos metros de distancia de los conversadores amigos.
- Pero… yo…
- Pero Nada Discord, simplemente no puedes actuar de forma tan irresponsable. – Le reprochó Twilight con ademán de regañarlo. – Ahora tendré que arreglar esto porque es más que seguro que tú no lo hará.
- Oh vamos, no sobre exageremos la situación. – Alegó el Draconequus chasqueando los dedos para limpiar todo el desastre en un abrir y cerrar los ojos. – Solamente fue una pizca de caos, una caótica bienvenida a mi poni favorita en todo el mundo. – Se excusó el caótico ser, dejando de levitar para poner una cara de cachorrito.
- Discord, no creo que sea una buena idea que hayas tratado de darme una bienvenida así. – le espetó la pegaso controlando sus gestos.
Discord solía ser algo así como una criatura con sentimientos a flor de piel en unos instantes y unos sentimientos incomprensiblemente tétricos en otros. La ironía era que siendo una criatura con poderes capaces de rasgar la realidad misma, solía ser bastante fácil lastimarle, causarle celos, incluso hacerle sentir apartado. Y justo en ese instante, el Draconequus la observaba con toda atención, esperando una respuesta, esperando alguna señal de un sentimiento o intención frente a la cual pudiera reaccionar. Pero ella, conteniéndose lo mejor que podía, intentaba no hacerle sentir mal, ni lastimarle; era su amigo después de todo. Un amigo al que no todos podían tolerar o entender.
Mas por alguna razón, ella podía hacerlo, a veces realmente podía entender el tipo de poni que estaba detrás de todo ese caos y era una criatura noble, sincera e incluso inocente en muchos aspectos. Era difícil de explicar en pocas palabras.
- Discord, deberías marcharte. – Solicitó Applejack con su acostumbrada honestidad; honestidad, plasmada en un rostro con una mirada fija, en una expresión de pocos amigos y en una actitud brusca, como si tratara con todo sus ser de apartar al Draconequus.
- Pero Fluttershy es la principal festejada aquí, creo que a ella le corresponde vetarme o no. – Arguyó con velocidad el Draconequus desapareciendo para reaparecer levitando sobre Fluttershy, a su lado apareció una ruleta con varias divisiones entre las cuales se encontraban o un Discord expulsado por una coz de algún poni o un Discord con un gorro de fiesta.
Todas observaron a la pegaso amarilla, Discord seguro de que podía ganarse el perdón de su mejor amiga la observó desde lo alto.
- Vamos amiga, diles que me puedo quedar. – Habló Discord en tono bajo. – Sabes que estoy profundamente arrepentido por lo que hice. – Continuó diciendo para calmar la tensión.
- Yo, lo siento Discord, creo que todas quieren que no estés dentro. Pero no te preocupes, tú y yo celebraremos luego. – Dijo la pegaso con su voz tan dulce y amable.
En ese preciso momento lo suave se hizo duro; lo dulce, amargo; lo amable, cruel. La expresión del Draconequus cambió de tal forma que incluso la ruleta lo expulsó simbólicamente; todo lo ocasionado por su magia desapareció, excluyendo a Sapphire Shores que comenzó a galopar buscando una forma de escapar del evento tan extraño del cual formó parte.
- Esta… bien Fluttershy. – Le respondió el Draconequus con una vasta expresión de desánimo.
- Discord. – Rompió con su firmeza Fluttershy, estaba segura de que había lastimado el corazoncito de su amigo, pues no era uno que tolerase que se dañe su imagen de sí mismo o que se le hiciera a un lado. La amistad con él, la amistad que ambos tenían era compleja, tanto que solo ellos podían tenerla.
- No Fluttershy, fuiste clara, no me quieres contigo. – Dijo decepcionado el señor del caos chasqueando los dedos para irse.
- ¡Oye! – Gritó Twilight. – Para señalarle que todavía le faltaba un gran detalle por socavar.
El brazo de león el Draconequus se apareció por un hoyo dimensional para chasquear sus dedos y hacer que una Sapphire Shores que ya se encontraba a una distancia grande desapareciera, devolviéndola al lugar donde correspondía. Un hotel en alguna parte de Canterlot.
*/ El 15 de Julio del año 1048 después de la fundación de Equestria:
Finalmente, luego de una larga espera y preparación el día llegó, las cuatro princesas, el general de la guardia real, algunos funcionarios y otros ponis especialistas que tenían la ventaja de poder presenciar aquel evento esperaban en un área limítrofe donde se hallaba una grieta en el suelo de las heladas tierras fuera del imperio de cristal.
Muchos no sabían qué esperar con exactitud; no obstante, eran mayoría quienes conjeturaban que todo saldría terriblemente mal. Que unos enemigos casi eternos de los ponis y más aún de los ponis del imperio de cristal fueran allí en plan pacífico. Más increíble era que las princesas consideraran el darles cobijo luego de haber escapado.
En fin, frente a toda expectativa, el imperio de cristal tenía listos varios de sus dispositivos de defensa, su guardia real se hallaba tanto en las fronteras como fuertemente armada en el interior, aunque, por razones obvias se mantuvo la excusa de que se llevaba a cabo unas actividades de ejercicio militar en el imperio de cristal y que varios destacamentos de las fuerzas armadas de toda Equestria tendrían un encuentro.
Bajo esa fachada, se pensaba proteger el imperio de cristal en caso de que todo pudiera salir mal. Incluso en la grieta, las princesas se hallaban conjuntamente con una pequeña guardia y la princesa Twilight Sparkle estaba lista para transportarse directamente a Ponyville para movilizar a todas sus amigas.
Al respecto, nuestro tiempo ha rescatado una gran cantidad de historias de Twilight Sparkle y sus amigas, no es difícil encontrarse con alguno de los relatos, cuentos o novelas del famoso A.P. Rowlin. Sin embargo, ninguno puede hacerle justicia a quien ella fue en realidad, nunca anheló el poder ni fue la conservadora del principado. Una princesa tolerante y capaz de reconocer sus errores, con un corazón casi tan grande como su inteligencia, esa era Twilight Sparkle y no una legionaria mágica, una hechicera terriblemente poderosa y sentimental o una pariente lejana de la princesa Celestia que solo tuvo su aprobación a causa de un reconocimiento por parte de las princesas. Twilight Sparkle se ganó su título como se tenía que ganar y como no se gana actualmente, demostrando ser una poni virtuosa, inteligente, talentosa y capaz de optar por el bien de los ponis antes que por el suyo propio.
Regresando al tema que nos concierne los changelings se demoraron media hora de lo establecido por los cálculos que los especialistas realizaron, para un ritmo de viaje cambiante y todos los pormenores, los especialistas les calificaron de puntuales; pienso lo mismo. La llegada fue algo diferente de lo esperado.
Los Changelings se vieron forzados a aguantar el aire del agua marina que, resecó la superficie de sus exoesqueletos, sus alas tenían más perforaciones de lo común o todo lo antes visto por las princesas, el grado de desnutrición era bastamente alto. Sus expresiones eran las comunes, rostros con los colmillos fuera y unos ojos compuestos de colores fríos que no tenían pupilas. El zumbido de sus alas se extendió por toda la planicie avisando de su llegada.
Pero incluso en ese estado, formaron con extrema disciplina mirando a la princesa Cadance, quien, no pareció tener emociones claras. Un grupo de Changelings con unos colmillos ligeramente más grandes que el resto y unas patas recubiertas por una cantidad extra de exoesqueleto, así como esa armadura extremadamente fina que la reina Chrysalis solía utilizar alrededor de su zona media, se acercaron a la princesa Cadance efectuando una reverencia al tiempo que movían sus alas de una forma terriblemente coordinada.
Las fuerzas estaban listas para lanzarse al ataque con una sola orden, pero esta no fue emitida en ningún momento. Se dice que el general Shining Armor se acercó a su esposa, la princesa Cadance, para tratar de protegerla, pero fue esta quien lo detuvo con una sola mirada, otros afirman que fue una elevación en el zumbido de las alas de los Changelings que comenzaban a abrir las bocas mostrando sus lenguas bífidas.
Un guerrero o guerrera puede conocer a su enemigo en sus movimientos, las relaciones que tiene, sus debilidades. Pero casi nunca puede llegar a conocer el comportamiento fraterno, amable, cariñoso o tradicional que posee. Shining Armor, en medio de la intimidación que sufría apenas podía mantenerse firme; lo terrible de luchar contra Changelings era que su forma de hacer la guerra no consistía en matar, sino en apropiarse de sus enemigos; porque, al tiempo de ser enemigos, también eran fuentes de alimentos para ellos. Sus emociones les eran extraídas con repentina brevedad.
Los reportes de los y las que pelearon contra ellos eran claros, sus dientes podían traspasar el grueso metal, contra la carne poni definitivamente podían ser terriblemente letales. Pero era preferible ser destrozado por aquellos dientes a ser una especie de fuente alimenticia que sería encerrada y cultivada, así como los ponis cultivaban zanahorias.
Finalmente fue Cadance quien con una mirada y un ligero movimiento afirmativo con su cabeza le indicó que diera marcha atrás; la orden de ataque que tenía pensada ejecutar fue borrada de su mente de inmediato. Le tenía una confianza plena, casi ciega, tanta como amor albergaba su corazón, por ello, pensar en la relación que tenía con los Changelings a veces le arrebataba la cabeza, pues alguien tan digna como ella no debía restarse al nivel de unas criaturas que seguían siendo intrínsecamente malvadas.
Pero al final, aquellos insectos mágicos de tamaño poco regular se acercaron a la princesa; los conoció cuando Chrysalis la nombró nueva reina de los changelings. Qué más podía decir al respecto. Las cosas pasaron de forma tal que no tuvo elección. Para los changelings una reina era lo más preciado, sus mentes no estaban preparadas para abandonar la idea de la reina y uno de sus objetivos era borrar esa idea de sus cabezas, no sería su reina por siempre. Tampoco podía dejar que simplemente murieran a causa de la falta de hambre y lo que fuese que causara la ausencia de su reina.
- Mi reina, su ausencia ha causado mucho dolor a sus súbditos. Estamos listos para cumplir sus órdenes. – Fue el informe del guardia real changeling.
¿Órdenes? ¿Qué sabía ella de ordenar? Nunca lo había hecho en todas las de la ley. Las costumbres de ordenar cual una reina changeling le eran completamente ajenas. Desde la forma en la cual se dirigían ante ella hasta la forma en la cual mostraban una cierta obediencia casi ciega hacia ella hasta su pronta presentación como sus súbditos; e incluso la mirada de aquellas criaturas llena de algo que desconocía en realidad.
Dolor, él dijo que su ausencia les había causado dolor. ¿Qué significaba eso? Su mirada se fijó en todos los que habían llegado hasta ese punto, habían pequeños entre las filas que estaban formando… ¡Pequeños estaban formando con el pecho en alto y sin moverse! Como verdaderos soldados. A ambos lados de su formación en bloque se hallaban dos changelings similares a los que tenía en frente; esos debían ser algo así como sus comandantes o instructores o algo así.
Todavía no comprendía bien lo que estaba pasando; todos se encontraban al borde de la inanición y seguían en una formación, ni trataban de saltar sobre los ponis que tenían cerca ni nada. ¿Eran salvajes? ¿Irracionales? ¿Violentos sin más?
- Yo… tienen que hospedarse dentro de esta grieta… no sé si les guste o si hicimos las cosas bien.
Ambos changelings se vieron entre ellos, al parecer, tampoco entendían bien la orden, petición o ruego que la princesa les estaba haciendo.
- ¿Quiere que la colonia se comience a construir mi Reina? – Cuestionó uno de los artrópodos.
- Emm… s… sí, eso mismo. – Dijo Cadance sin conocer bien el norte o el sur dentro de aquella primera conversación que tenía con esos Changelings después del deceso de la anterior reina.
Ambos insectos se vieron asintiendo con las cabezas para después levantar vuelo en dirección al resto de su especie, levantaron la voz lo suficiente como para poderse oír por todos los presentes.
- ¡La reina quiere la colmena! ¡Los que no puedan continuar levanten las patas y sirvan como materia prima! – Gritó uno de ellos.
Materia prima, los ojos de la alicornio lavanda se abrieron de par en par, levantó vuelo de inmediato para alcanzar a los changeling.
- ¡Alto! ¡Alto por favor! – Les gritó desde diez metros.
Algunos de los changeling estaban ya disponiendo sus cuellos para ser cortados, sacrificando su vida para que la construcción de la colmena fuera facilitada. El terrible escenario de un sacrificio poco comprendido por los ponis fue detenido en ese instante.
- ¿Qué desea? – Le espetó uno de los guardias Reales, acercándose de inmediato.
- No, esto no tiene que ser así… necesito que me digan lo que necesitan, supongo que deben comer... – De pronto sus piernas se sintieron débiles, los cascos le temblaban, tantos días de incansable trabajo finalmente tenían su efecto en un cuerpo poco acostumbrado al horario maratónico de una princesa – Tienen que saber unas cuantas cosas antes de… - Finalmente su cuerpo cayó en plena nieve.
Algo incomprensible, fue que el terror se apoderó de los changelings, un terror tan siniestro que los obligó a comenzar a volar, el sumbido de las alas de los insectos se hizo estrepitoso, superando los soplos del viento, atravesando la inmensidad de la planicie helada. Se abalanzaron sobre el cuerpo de la princesa, algunos tantos comenzaron a sobrevolar el terreno, los guaridas reales reagruparon a su alrededor, uno que otro comenzó a patrullar. El tiempo de reacción de los ponis fue inferior.
Shining Armor, aterrado por el estado de salud de su esposa salió disparado, junto con todos los soldados de la guardia real que se encontraban protegiéndolos, las princesas se lanzaron al vuelo. Habían visto lo que sucedió, Cadance se desvaneció de pronto y los Changelings se abalanzaron, no tuvieron una directa influencia en ello. Pero ¿Por qué la rodeaban?
Del cielo no tardó en bajar uno de los pocos guardias reales que alzó vuelo. Iba en picada contra Shining Armor.
- ¡Shining Cuidado! – Gritó la hermana del unicornio blanco poco antes de lanzar un rayo inmovilizador al changeling atacante.
Con una sincronización aterradora, un changeling de menor tamaño y con un vuelo veloz interceptó el rayo antes de que impactara contra el guardia imperial, todo con el único fin de que dicho guarida interceptase al posible atacante de su reina. Afortunadamente, el general escuchó la advertencia, observó al cielo y en un fugaz movimiento desenvainó su espada para tratar de defenderse, pero el guardia real esquivó su estocada, llegando a tierra, se paró sobre sus patas delanteras para darle una fuerte coz con sus cascos traseros.
Posteriormente, varios de los changelings comenzaron a transformarse en princesas Luna, Celestia, Twilight, Shining Armor era imitado, todos los miembros de la guardia real eran imitados de la misma forma, la dificultad de luchar contra los changeling se hacía presente. Pronto, si chocaban entre ellos, la confusión sería un enemigo a vencer, aliados hiriendo aliados, soldados siendo atacados por la espalda. Shining se levantó todo lo rápido que pudo, algunos guardias ya estaban cerca de él, en rumbo de combate con el enemigo. Un bufido o grito seco apenas audible por parte del changeling que tomó la forma de su hermana se escuchó.
- Esa es mi esposa y la voy a salvar aunque tenga que...
Un golpe por la espalda por parte de un supuesto pegaso lo volvió a lanzar sobre la nieve.
Las fuerzas estaban ya en un conflicto.
Cadance abrió sus ojos de pronto, la nieve, estaba derritiéndose, el lugar era bastante cálido. Algunos Changelings estaban tirados alrededor suyo, varios de los pequeños, que no debían tener siquiera el tamaño de un pequeño potro formaban en un círculo menor alrededor suyo; ¿Qué estaba pasando? Donde veía solo observaba los cuerpos de los changeling moviéndose, agitando sus alas… sí, eran los changelings estaban calentando el ambiente. Estaba demasiado débil como para poder moverse.
- Hay una grieta aquí cerca, llevemos a la reina allá, será más fácil defenderla desde ese punto. Iniciados, diríjanse de inmediato. – Ordenó uno de los guardias reales, los pequeños salieron volando a toda velocidad dentro de la grieta.
- Señor, no podremos retener a los ponis por mucho tiempo.
- Lo sé, una gran mayoría puede morir, pero la reina es primero.
- Sí. – Obtuvo como respuesta de todos los que pudieron oírle.
Cadance escuchaba atentamente aquellas palabras, era su reina y estaban dispuestos a sacrificarse por ella, por logar con cualquiera de sus órdenes. No, ella no era ese tipo de ponis, ni de gobernante.
- Deténganse por favor. – Susurró.
- Está despierta. – Advirtió uno de los changelings.
- Sí, que no lo sepan. Debemos ponerla a salvo. – Gritó el guardia real, a lo cual, varios changelings partieron al horrible combate donde obviamente perderían por su baja fuerza y pocas energías restantes.
- No, deténganse. – habló con más fuerza.
- Reina, ¿Ordena algo? – El guardia real, desesperado acercó el oído.
- Detén todo esto por favor. – Le rogó la alicornio.
Completamente exorbitado por las palabras, el guardia real elevó la voz todo lo alto que pudo.
- La reina quiere que nos detengamos, repliéguense.
Cadance se levantó de lo que ahora era una fosa de nueve, el ambiente estaba a una temperatura muy elevada para una planicie como aquella. Quizás al punto del imperio de cristal.
- Mi reina, el enemigo se acerca, ¿Qué hacemos? – Cuestionaron varios guardias al mismo tiempo, tratando de reagruparse para mantenerla todo lo segura que podían.
- No, no son el enemigo, retrocedan, dejen que me vean… yo voy a arreglar todo esto. – Enunció la princesa del imperio de cristal poniéndose de pie.
- A la orden. – Expresó el guardia real repitiendo la orden de replegarse sin la reina a todos.
Obedecieron con la mayor prontitud posible. Shining Armor se le acercó de inmediato para ver el estado en el cual se encontraba. Cualquier miedo que pudiera tener se vio aplacado al verla nuevamente. Era algo indescriptible, de pronto todos los changelings dejaron de imitar para resguardarse detrás de Cadance, mostraban sus dientes y estaban dispuestos a lanzarse al ataque. Se acercó a todo galope.
- Cariño, tranquilo… todos mantengan la calma… - Cadance estaba al borde de sufrir otro desmayo.
- Cadance, ¿Estás bien? – Preguntó Twilight acercándose. Luna y Celestia estaban a punto de usar su magia para atacar. Pero también fueron detenidas.
- Ellos, solo… solo me estaban defendiendo. – aclaró Cadance todo lo rápido que pudo.
No tenía mucho tiempo, estaba segura de que pronto volvería a desmayarse.
- Guardia. – Solicitó, a lo cual se acercó tanto un pegaso como el guardia que estuvo a punto de llevar a cabo un operativo de salvamento.
- Tú. – Dijo señalando al changeling – Cómo te llamas.
- Akuna. – Le respondió el insecto.
- Akuna, bonito nombre, mira, los ponis no me quieren hacer daño, son nuestros amigos. – Acotó tratando de hacerles entender que era su reina o más bien, tomando el papel de reina. – Escucha, creo que volveré a desmayarme, ellos me llevarán a un castillo donde me curarán; ustedes tienen que comer… Shining Armor, el corcel que está allá y yo planeamos su primera comida, síganlo en completo orden y no se preocupen por mí, estaré bien. No pueden atacar a ningún poni.
Dichas esas palabras, la princesa Cadance volvió a caer rendida sobre la nieve.
Fin de otro capítulo emocionante, espero que les esté gustando; se viene la que creo que será mi parte favorita: desarrollar a los changelings. Nos leemos pronto.
