A los que mencionaron sobre la no-inocencia de Luffy en el capítulo anterior, les recomiendo un fic SanLu que no tiene desperdicio: "Lo que de verdad quiero", de Yaikaya. Aparte de ser divertido, trata el tema de un Luffy "no" y "sí" inocente (?). Bueno, sin más, los dejo con el último capítulo. Gracias por pasarse y perdón por la demora, acepto nalgadas por ello.
Capítulo 7
Había estado bebiendo como un cosaco durante todo el día, pero necesitaba de algo más fuerte para abstraerse del todo. Droga química fabricada por Chopper o una patada de realidad. Curiosamente eso último fue lo que recibió, ¿debía darle las gracias al cocinero? Ni que Sanji leyera el pensamiento.
—¡¿Qué te pasa, imbécil?! ¡¿Por qué me pateas, enfermo?!
—Porque me… enerva —hizo énfasis en la palabra—que te tires ahí a dormir mientras todos trabajamos.
—Mi función es vigilar.
—¡OH, SÍ! —Sanji le clavó la mirada y señaló la botella— ¡La mía es patear borrachos entonces!
—No estoy borracho.
—Que todavía no te hayas parado para darme una paliza significa que estás muy borracho —O tanto como Zoro podía estarlo.
—¡Me da pereza! ¡No tengo ganas de pelear siempre!
—Pelea, marimo.
El golpe que Nami le dio a Sanji en la nuca le dolió incluso al espadachín.
—¡Dejen de comportarse como dos críos! ¡Sanji, no lo incites a pelear!
—Sí, mi señora —murmuró masajeándose la cabeza.
—¡Y tú deja de llenar la cubierta de botellas vacías, ya no se puede caminar!
—Tsk, ¿y quién te nombró Reina Pirata a ti? —Refunfuñó el espadachín desde el suelo, viendo los sensuales hombros desnudos de Nami mientras se alejaba por uno de los laterales.
—¡El Sunny me nombró! —respondió antes de desaparecer. Tenía buen oído la navegante.
—Y tú, idiota —espetó Zoro parándose con flojera— a ver si tienes un poco más de dignidad para hacerte respetar con las mujeres.
—¿Y quién eres tú para…? —Quiso quejarse, decirle que no lo conocía y que no era nadie para meterse en sus asuntos, pero tenía muy presente que así como él había estado en contacto con las emociones del espadachín, Zoro lo había estado de las suyas.
—¿Te gusta que te traten así, cuando tú te desvives por ellas? —Zoro no esperó respuesta— ¡NO! Entonces no seas tan arrastrado.
Intentó alejarse de Sanji, pero este lo seguía muy de cerca, podía oír sus pasos como los de un titán, estaba furioso. Lo tomó del hombro y le hizo voltear con brusquedad.
—¡A trabajar, marimo!
—¡Déjame en paz!
Sanji decidió pagarle con la misma moneda, hacerle sentir la misma humillación que había experimentado escasos segundos atrás con su atinada apreciación.
—Emborrachándote no vas a cambiar tus emociones. No habrá litros de alcohol —enfatizó con una pizca de mordacidad muy hiriente—que te hagan olvidar la maravillosa persona que soy —Se señaló con exagerado narcisismo. Zoro sabía que era un subterfugio, porque en el fondo Sanji era una persona muy insegura de sí misma.
Había querido molestarlo, con la desgracia de haberlo conseguido. Sin embargo Sanji no se sintió satisfecho al darse cuenta de ello. Por el contrario, la sonrisa socarrona en su rostro fue borrándose a medida que la mirada del espadachín iba ensombreciéndose de pesar. Profundo pesar.
Quiso decir algo para quebrar el clima tan tenso que él mismo había ocasionado; para confortarlo, cuando había sido él mismo quien le había clavado una daga.
—Aunque si quieres follarme, prometo hacerte precio.
Craso error. No debió haber bromeado con ello. Zoro lo miró con altivez y soltó una carcajada apagada… era de lástima.
Negó con la cabeza y siguió caminando hasta el puesto de vigilancia. Por algún motivo que desconocía, no podía pegarle ni mucho menos odiarle en ese momento; aunque el cocinero se lo mereciera, y con creces. No entendía por qué, por lo general era común experimentar esas dos emociones cuando se trataba de Sanji.
Notó que lo había seguido hasta el puesto de vigilancia y acabó por explotar. ¿Acaso pretendía volverlo loco? ¿Cómo haría para olvidar todo y dejar el asunto allí si el cocinero se empecinaba en mortificarlo? De golpe, creyó entender las razones.
Sanji quería, pero no se animaba, o quizás no sabía cómo dar esos primeros pasos.
¿A dónde quería llegar, hasta dónde quería llegar? Zoro no lo intuía, y estaba profundamente agotado, física y emocionalmente, para averiguarlo y como para lidiar con la incapacidad de Sanji a la hora de afrontar la verdad.
No se había hecho gay de la noche a la mañana, eso era claro. No le correspondía a Zoro ejercer el papel de psicólogo, no tenía ganas ni interés en ello. Era problema de Sanji y, como tal, era algo que debía resolver él mismo, como persona adulta y pensante que era.
¿Valía decírselo? ¿Conseguiría algo? Tal vez que lo dejara en paz. Con suerte se enojaba lo necesario para mandarse a mudar y no hablarle nunca más.
Zoro tenía muy en claro lo que le pasaba, ya no se hacía mala sangre por ello. No iba a permitir que el cocinero desestabilizara ese equilibrio que con tanto esfuerzo le había costado encontrar a lo largo de los años; años en los que compartió espacio con él… conviviendo, viéndolo día a día, soportando.
—Si quieres follar, ve a pagarte una puta, caracol —dijo, pero su manera de degradarlo había sido débil, superflua, casi por obligación o compromiso.
El cocinero sonrió de costado, ahora era él quien sentía lástima del otro. Se acuclilló para quedar a la altura del espadachín. Lo estudió de cerca, con una expresión que no invitaba a la pelea, pero tampoco daba espacio para una cercanía mayor, ni mencionar una intimidad.
—No, Zoro —contradijo—, si quisiera follar… —Negó con la cabeza, era tan fácil encontrar sexo. Fuera pago o no.
Aunque él tuviera mala suerte con las mujeres, si quería podía conseguir a una mujer muy dispuesta. No se trataba de eso.
—Estoy cansado, cocinero. No juegues con mi paciencia —amenazó.
—Yo también estoy cansado —asintió—, de que seas un imbécil, pero bueno… vivo con ello.
Zoro frunció el ceño, ahora sí con hambre de pelea, pero vio la risilla de él ante una previsible reacción y no pudo con ello. Sanji riendo resplandecía como el mismísimo sol.
Pestañeó, ¡vaya pensamiento más cursi! Aferró la botella y le dio un sorbo, a ver si con eso lograba eliminar su delirio y el espejismo, pero Sanji no le dio con el gusto. Le quitó la botella, para beber lo poco que quedaba de un solo trago.
No buscaba emborracharse, no le gustaba conseguirlo, los resultados siempre eran catastróficos para él, pero sí pretendía darle un sencillo mensaje con su actitud.
—Siempre en tus labios tiene que haber el pico de una puta botella —murmuró, arrojándola contra la pared. No se quebró pese a ser de vidrio, apenas rodó para volver a su lado.
Zoro pareció entender la queja, porque de inmediato lo tomó de la nuca para robarle un beso. De esos furiosos que nacen con bronca e indignación. No dio lugar a quejas, ni tampoco Sanji pretendía usar la boca para hablar. La abrió, recibiendo toda la impetuosidad de Zoro.
Tumbó a Sanji sobre el piso de madera, escabullendo las manos para quitarse, de una bendita vez, esa malsana necesidad de acariciarlo. Tanto tiempo teniendo el cuerpo del cocinero a su merced, sin poder aprovecharse de ello... lo había trastocado, más de lo usual.
—Oh, vamos… no me dirás que te da pudor —bromeó el espadachín cuando sintió las manos del cocinero apartándolo.
—No es eso… —No supo cómo explicarle que por lo general, y pese a su preocupante grado de perversión que no tenía nada que envidiarle al de Brook o Franky, le costaba ir demasiado rápido en materia de sexo. A él le gustaba tomarse su tiempo para amar a la otra persona.
—Sé muy bien como te ves desnudo, y déjame decirte que luces muy bien —intentó persuadirlo.
—Gracias, un cumplido del marimo. El mundo debe estar al revés —ironizó, trabándose luego con las palabras—, y tú también, aunque… los hombres no me… tú… estás de infarto —lo dijo lo último como si hubiera confesado un pecado siniestro o como si le doliera en lo más profundo, de cierta parte de su cuerpo, el reconocerlo.
—Quítate la ropa —ordenó, incorporándose apenas para darle libertad, sin embargo Sanji lo miraba con seriedad—, si no te gusta la idea, yo no tengo problemas en dejarme. No va a ser la primera vez.
Sanji no mostró sorpresa por esa revelación, permaneció en un estado contrito, a tal punto que Zoro se sintió en la obligación de animarlo. No entendía qué había dicho o hecho mal, pero era evidente que algo importunaba al cocinero.
—¿Qué es lo que-?
—Te amo.
Zoro arqueó las cejas, tomando distancia del todo para pararse. Joder, estaba borrachísimo: deliraba con el cocinero pervertido diciéndole que lo amaba.
—Sé que suena raro y repentino, además de ñoño —reconoció, luego tragó saliva antes de decirlo—, pero no es de ahora.
—Cocinero.
—Lo siento, Zoro —se sentó, acomodándose la camisa y la corbata—, soy un idiota.
—Sí, lo eres —asintió, perdiendo la mirada.
—Y no quiero que me reproches cosas como… el tiempo que perdimos —enumeró—, o en lo mucho que me cuesta ser sincero con mis emociones. Ni tampoco espero que me entiendas.
—No me amas —Negó con calma, sin enfado.
—Tal vez —lo admitió, sonriendo divertido al repara en lo ñoño que sí sonaba su pensamiento, uno que no tardó en hacer verbal—, quizás solo sea que te quiero mucho… porque somos compañeros desde hace muchos años y atravesamos por muchos momentos difíciles, y también por momentos buenos.
—Uhm… —No supo qué decir. Aunque correspondía esas emociones, no le resultaba tan fácil como a Sanji soltar la lengua.
—No sé lo que es el amor —confesó—, es solo una expresión que se usa para decirle a una persona que es muy importante para ti. Y tú lo eres, como también lo son los demás —No quería que se quedara con una imagen errónea de su persona.
Zoro lo miró con una cálida mueca en los labios. Por fin el cocinero se mostraba como en verdad era.
—No necesito que me digas nada de eso. Yo lo sé muy bien.
Sanji asintió. Eso era cierto, después de todo ambos habían estado en contacto con esas emociones que no pueden explicarse con palabras, a veces ni siquiera con actos y, aun así, incluso las actitudes resultan exiguas para denotar esa clase de sentimientos.
Quería a todos sus nakama y diciéndolo ni siquiera revelaba una cuarta parte de sus sentimientos por ellos.
—Soy muy llorón —rió de la nada, mientras una lágrima descendía.
Le agarró tal ataque de risa, que Zoro se sintió contagiado. No había dicho nada gracioso, pero había sido esa ligera resignación a lo que era, a quien era, lo que le había causado infinita simpatía.
Zoro extendió una mano, sabiendo que el Sanji de siempre negaría una ayuda de su parte. En esa ocasión el cocinero no solo aceptó incorporarse aferrado a esa extremidad, sino que además tironeó un poco de la muñeca para poder acotar la minúscula distancia entre ellos.
Solo había querido abrazarlo, muy fuerte; esperando que ese simple gesto encerrara esa palabrita difícil de soltarle a él.
—Gracias, Zoro —Al final lo había murmurado.
Sentía gratitud por múltiples razones: por valorarlo como era, no por lo que podría llegar a ser. Por quererlo, sin siquiera sentirse merecedor de ese afecto. Por aceptarlo, todo complicado como era. Por cuidarlo, aunque no lo necesitara ni se lo pidiera. Zoro siempre cuidaba de todos, a la distancia y en silencio.
Había estado cuidando durante todos esos años su profunda fragilidad. Sanji se sentía roto como el cristal, pero el espadachín había juntado esos trozos, uniéndolos. Le tomó años acabar ese trabajo, cierto, pero había rendido sus frutos.
No sabían si despreciar o venerar a Trafalgar Law. Ni tampoco entendían por qué las akuma no mi debían llevar ese nefasto nombre, cuando ellos en el presente comenzaban a verlas como una bendición celestial.
Fin
Que Sanji diga "te amo" es tan ¿normal? Digo, él ama a todas las mujeres, que ame al marimo no es tan extraño, creo que por eso causa más impacto que reconozca que lo quiere, porque es más sincero. Bah, son desvaríos míos post-fics, y hace mucho que no nos vemos con Yageni, así que no tengo con quien compartir cara a cara y verbalmente mis idioteces onepiezcas.
Oh, sí, había pensado en continuar la historia. En hacerles tener su primera pelea de pareja-que-todavía-no-es-pareja, para que Law los volviera a cambiar de cuerpo, con la nefasta suerte de que algo perverso le ocurriera a él por culpa de Luffy XD y los dos acabaran MUY lejos del Sunny, por mucho tiempo. Y lo que iba a ser solo un día, se convertirían en MESES de estar en el cuerpo del otro, con toda la intimidad que eso conlleva: "—Ok, cocinero. He ido al baño a hacer del dos con tu cuerpo, más intimidad entre nosotros no puede haber".
XD ME PARTO DE RISA, porque encima también ideé el cambio de cuerpo entre Law y Luffy, trayendo muchos inconvenientes porque, o sea: "¿Estás seguro, Law, de que quieres que Luffy tenga tu cuerpo? ¿No preferirías pensarlo dos veces?", porque nada asegura que Luffy aprenda a usar correctamente la akuma no mi de Law *se ríe más perversamente*, podrían haber muchos accidentes y dificultades.
Esto me recuerda muchísimo al Ladrón de cuerpos, de Anne Rice XD (además del DJ 5927 que A-chan conoce muy bien).
… pero quería concluirlo aquí. Al menos de momento. Si hago la secuela, supongo que lo continuaré aquí mismo. Antes de sentarme a publicarla preferiría tenerla toda escrita, para evitar grandes periodos de tiempo sin actualizar D_: No me gusta eso y en la Universidad, este cuatrimestre (el que viene), me voy a anotar en una materia cojedora que no me va a dar tiempo para escribir tanto como ahora, así que más me conviene ser precavida. Además tengo ganas de continuar Katei y Mil Soles D:, sin dejar de lado que Shingeki no Kyojin es un fandom TAN pequeño que duele y merece más amor. Solo Zeus sabe cómo lograré apañármelas con tantos proyectos.
¿Les parece bien que termine así o quieren más? XD Nosotros, frikis, siempre queremos más, lo sé. A lo que voy es a que puedo tomarlo como un fic independiente, no obstante tiene mucho que ver con esta idea, así que sería un poco extraño que me plagie a mi misma y suba otro fic "muy parecido" a este.
No sé… a esta hora de la mañana soy Sócrates y solo sé que no sé nada. Se me da por desvariar con preguntas filosóficas intrascendentales sobre un fandom que amo. Esto es perder tiempo procrastinando XD.
Muchas gracias por haberme acompañado. Agradezco cada comentario en este fic bastante chabacano, cosa que me sorprende. Desde un principio creí que nadie iría a leer esto (o muy poca gente). Esto me hizo pensar en la calidad de los fanfictions y al final, como siempre, la drama queen que llevo dentro se terminó quejando, o no quejando, pero si pasan por mi Livejounal verán a lo que me refiero (pero pasen dentro de un rato, porque ahora el LJ está de mantenimiento ¬¬).
¡Un beso!
