Ayer en la noche no actualicé los fics porque la página estaba mariconeando. Y debí comenzar a transcribirlo desde temprano... ''debí'' (comencé a escribir a las siete aproximadamente y terminé casi a las once). En fin... creo que la espera valdrá la pena para ustedes ya que les traje un verdadero monstruo de más de 4200 palabras, capítulo entretenido en el que se ve la historia de Haruya, quien próximamente se estará enterando de muchas cosas sobre Afuro. (Por cierto, solo es la mitad de lo que escribí en mi libreta, la próxima semana subiré lo que resta~).
Ya no vuelvo a quedarme viendo la Saga de Hades -Saint Seiya- (para fangirlear con Aioria de Leo y llorar la muerte de Shaka) sin antes haber actualizado. Mil disculpas.
Disfruten del fic.
I'll be with you
Chapter VII
Confieso que desde hace unos días mi rutina diaria ha estado cambiando, es algo que no puedo explicar sin que piensen que me estoy volviendo loco. Es algo que me persigue cada noche sin excepción desde esta misma semana, y eso que ni siquiera es la de exámenes, (que es cuando generalmente tiendo a atragantarme más de tres tazas de café negro sin una pizca de azúcar para durar el tiempo suficiente concentrado estudiando) me agobia, me sofoca.
Cada noche cuando estoy dormido siento que alguien me está observando a un lado de pie, clavando la mirada en mi propio rostro. Y despierto… no hay nadie ahí más que mi propio espejo. Desde la primera vez que me sucedió decidí tapar ese trozo de vidrio del mal con una sábana antes de dormir. Tal vez lo más tétrico que me ha sucedido en el transcurso de la semana fue aquel sueño… y esa caricia en mi rostro que me hizo volver a la realidad despertando. Esa vez giré mi cabeza buscando al dueño de esa mano suave que se posó sobre mi mejilla, esperando a encontrar aunque sea una cucaracha ahí pegada y no… no había absolutamente nadie (para ese entonces mi espejo estaba totalmente tapado).
Apenas lo recuerdo y mis manos comienzan a sudar, a temblar. En verdad jamás me había asustado de esta manera y eso que solo llevo una semana teniendo pesadillas, una semana de sentir angustia apenas me recuesto en mi cama y cierro los ojos.
Cuando duermo, siento una tristeza cerrar mi garganta, como cuando tienes ganas de llorar y lo aguantas para que nadie te vea pero ahí sigue. Me hace sudar frío. Tampoco se me hace posible llegar corriendo a la Universidad con el pan tostado en la boca como era de costumbre, porque ni siquiera me da hambre en las mañanas.
Es molesto, aún más que las ojeras moradas que se me han hecho en los párpados inferiores a consecuencia de dormir y no descansar nada.
Heat me dijo ayer que debería ir al doctor. Es un idiota, le platiqué mi situación y solo se le ocurrió eso. De algún modo, si fuera con un doctor en este caso ¿Qué le diría? ¿Me acosa un fantasma por las noches? Se reiría, y me diría ¿Viste Paranormal Activity antes de dormir? Y después soltaría otra risa… y yo le daría un tierno madrazo en la cara marca Haruya, porque no juego ¡En verdad estoy asustado! Al punto. La idea del doctor queda totalmente descartada.
Al salir de clases, Atsuya y Aphrodi (quienes al parecer han estado más cercanos de lo normal y no tanto por el equipo de fútbol… y tampoco quiero pensar en lo que Kariya Masaki me dijo: ''Es porque se gustan, pero no lo dicen por orgullo''. Da miedo, aún más que mi último sueño… y entonces recuerdo ¿Qué sabe un niño de quince años del amor? … ¿Qué hago yo juntándome con él? Si el tiene una relación de odio-amor con su querido ''sempai'' de la secundaria no significa que todo mundo tenga una y sepa explicarlo) se fueron con Genda hacia la cancha casi a rastras. Al parecer el entrenamiento era muy pesado y no tenían tiempo de hacer otra cosa en las tardes, tengo entendido que se acerca un torneo y tendrán un partido contra los vecinos de la Universidad de Waseda pronto. Pero eso es otra cosa, a donde quería llegar era a que si esos tres no iban conmigo al rock bar y Heat tampoco (se quedó terminando un proyecto con su equipo de ñoñas del club de ortografía) entonces tendría tiempo de ver a la ''Reina''. De solo pensarlo sonreí.
En un edificio comercial cerca de los alrededores en donde vivo, hay un local al cual acudo cada que quiero hacerle algo a mi cuerpo. ''El Astro'', ahí trabaja una amiga de la infancia. Es un lugar pequeño pero higiénico, con buen ambiente, música excepcional, es económico y la dama que atendía… mi amiga… cielo santo, era un deleite el solo verla. Quiero jugar al papá y a la mamá con ella como solíamos hacerlo a los cinco años.
Volviendo a la realidad, me trata como una mierda. Y no entiendo por qué. No creo que se haya enojado por haberle dicho a su ex novio que salía conmigo, para que la dejara y por consiguiente… quedarme con ella. Quiero pensar que esa bofetada que me dio el día siguiente fue de juego. No me odia… creo.
Cuando entré al local sonó una campana, me quedé admirando las piezas del mostrador para elegir una con la vista, uno que se me viera bien. Luego salió esa mujer de la que hablo, vestida para matar pasiones. Blusa de tirantes negra, pantalón de una especie de charol ajustado a sus bellas proporciones de piernas, adornando su cadera con un cinto de estoperoles y una hebilla de calavera en tono plata, por último tenía unas botas muy al estilo gótico con una bandera de Reino Unido. Sonreí al verla, ella bufó molesta y se dio la vuelta hacia detrás de la pared que separaba al mostrador de su lugar de trabajo. Tomé la pieza que me gustó y la seguí.
Si se preguntan en donde carajo estoy, les respondo… en un local de tatuajes y perforaciones.
Me senté en una silla muy parecida a las que los odontólogos usan para sacar muelas y hacer sufrir un poco a los pacientes con la limpieza y endodoncia. Ella se posa frente a mí y me arrebata el arete que tomé del mostrador, no parecía nada amigable. Aunque me puse a pensar… ¿Cuándo ha estado amable conmigo? Al menos después de que ''metí la pata'' como me ha dicho antes. Mi vista se centró en su nuevo tatuaje, un dragón negro que le comenzaba en el hombro desde la cola, terminando con la cabeza a la mitad de su cuello. Muy al estilo oriental, estaba a punto de preguntar quién se lo había hecho pero su cara en verdad… parecía que quería matarme. O es uno de ''esos días'' de las mujeres, o debo resignarme… me odia. Lo peor de todo es que quería hablar.
-Pensé que te gustaría verme. –Mencioné, aunque fue estúpido de mi parte. Puso los ojos en blanco e hizo una mueca de disgusto.- ¿Qué pasa Queen? ¿Ha sido un mal día?
Si las miradas tuvieran el poder de matar, ya estaría muerto desde el día en que se me ocurrió interceptar al idiota de su ex novio en el tren subterráneo. Cruzó los brazos, frunció el ceño. –Sí, un mal día. Le acabo de rogar a los ángeles que me llegara un buen cliente y te apareciste por la puerta. –Altanera y sincera, características de su bella persona, Queen Yagami era perfecta, y su cabello bicolor (azul cielo y blanco nube) nunca dejaba de llamarme la atención. -¿Qué quieres ahora, Nagumo?
No pude evitar reírme un poco; sus ojos azules del tono zafiro siempre me recordaban al famoso collar ''El corazón del mar'' que salía en la película ''Titanic'', incluso llegué a llamarle Rose de cariño, y me golpeaba cuando decía que yo era Jack. ''Si tu fueras Jack y yo Rose, yo misma te hubiera tirado de la popa del barco en la escena del intento de suicidio, estúpido. '' Ah… y por eso dejé de llamarle así. Ahora me estaba mirando con desprecio. Respodí su pregunta. –Ser tu cliente, a la próxima que le pidas favores a los angelitos especifica a qué tipo de cliente quieres para que no te lleves una sorpresa.
-Créeme, no eres de mi agrado, tal vez tengas razón. –Chasqueó la lengua.- Debí decirles que quería al amigo tuyo que vino ayer.
-¿Eh? ¿Fubukicchi? –Levanté una ceja en señal de extrañes, no le observé ninguna perforación nueva, además siempre me pedía que lo acompañara.-
-Ah no, ese cabello de chicle es igual o más imbécil que tú. Deberían ir a un concurso de los más insoportables del mundo, ganarían premio nobel.
-Genda piensa lo mismo, deberías salir con él. –Rodeó los ojos y me pareció verla apretar los puños. Estrategia número dos: cambiar de tema antes de que me mande cien kilómetros afuera de una patada... practica karate. -¿Entonces cómo era ese amigo?
-Lindo, afeminado, rostro exquisito, alto, rubio, ojos rojos y de buen cuerpo. Vestía como licenciado. –Suspiró.- Amable y misterioso. –Al ver su cara, quería ser la rubia, lo envidio por llamar la atención de Queen. Al decir esto se colocó un tapabocas y un par de guantes de látex recién abiertos de una bolsa estéril. Sacó una aguja especial, el arete que me había cautivado desde que llegué (una espiral plateada, con un pico en cada borde) y roció ambas cosas con un líquido desinfectante. - Vino a hacerse un tatuaje.
Si tuviera algo en la boca seguramente lo había escupido. – ¿Qué coña? ¿Él tatuarse? -Ni siquiera yo me he hecho algo parecido y de repente la rubiecilla que tenía como amigo desde hace un año y medio aproximadamente, llegaba al Astro con mi chica a tatuarse. No se veía como alguien interesado. De hecho siempre terminaba regañándonos a mí y a Fubukicchi cada vez que nos colocamos un nuevo piercing. – ¿Qué se tatuó y en donde, linda?
-Un '' ¿qué te importa?'' y '' vete al diablo'' en el trasero.
-También te amo, chiquita. –Le dediqué una sonrisa tan cautivadora que hasta Lena Katina suspiraría al ver.-
-No me hables así, estúpido. –Ordenó demandante amenazando con la aguja, se sentó a mi lado. Con una de sus manos me retiró el cabello de la oreja (casi a jalones) mientras que con ayuda de unas pinzas limpiaba mi piel con una torunda de algodón hasta dejar esa parte estéril.-
Tomó aquella aguja, entrecerré los ojos no por saber que me dolería. La verdad tenía otros tres aretes en el cuerpo y el miedo se me quitó en cuanto me puse el primero a los dieciocho. El del labio, medio año después llegó el de la oreja derecha (área del lóbulo), luego de tres meses otro en la misma oreja. En el cartílago me hice un industrial. Ceja izquierda, apenas hace dos semanas. Y ahora mi cartílago de la oreja izquierda quería verse de igual manera que la otra, pero no vuelvo a ponerme un industrial porque duele demasiado, así que uno sencillo basta.
El pinchazo llegó y un crujido retumbó en mi cabeza. Sentí el frío del metal atravesar de un lado a otro el cartílago superior de mi oreja izquierda, quitó la aguja y lo reemplazó rápidamente por el arete.
-Deja el dinero en el mostrador cuando te vallas. –Me dijo mientras se retiraba los guantes y bajaba su tapabocas hasta dejarlo en el cuello. Ya ni tenía la descencia de prestarme un espejo. – ¿Qué me ves Nagumo? Ya lárgate.
-Tengo una duda… ¿Qué se tatuó Afuro? –Pregunté con curiosidad, intenté ser caballeroso y le sonreí. Queen desvió la mirada hacia un papel de los que usaba para diseñar, entendí el mensaje. Ya de pie me dirigí hacia la mesa y tomé dicho papel en mis manos. Me quedé maravillado, ese era un excelente trabajo digno de ella. Para ser solo un diseño, esas alas de ángel eran perfectas, bien dibujadas desde el nacimiento hasta cada hebra de las plumas. Si este era el tamaño, seguramente le cubrirían toda la espalda. – ¿Es en serio? –Debería darle una patada al cabrón ¡Quería ver cómo le dibujaban tal majestuosidad en el cuerpo! -
-Si, no miento. Igual de ese tamaño, serán varias cesiones. –Suspiró.- Si me disculpas… tengo que preparar las cosas para que tu amigo venga en un rato más, le toca la segunda cesión. Ahora… lárgate rey.
-¿No puedo ver ni un poquito?
-No.
-Pero…
-¡Vete de aquí!
Reí de lado. Me había llamado rey… ''Rey del cinismo'', ese era mi título según ella, pero en verdad me agradaba como se escuchaba en su voz grave y femenina a la vez.
Después de dejarle un billete en el mostrador, salí del local.
En verdad no me gustaría tenerla de novia, es demasiado agresiva. El mentado ex novio tendría que agradecerme de lo que lo salvé, algún día.
El haberme distraído un rato había hecho olvidar las cosas extrañas que me ocurrían de repente. Sin embargo, como era temporal… mi mente estaba volviendo a recordar las pesadillas que me asechaban como tres leones hambrientos a una cebra.
Me acorralan, me pesan, me intimidan.
Llegué a un parque y me senté en una banca solitaria, aislada de aquellas personas que paseaban en el atardecer, que por cierto era hermoso. Colorido de gamas rosas y anaranjadas que me bañaban en un momento tranquilizante. El astro rey se estaba ocultando poco a poco, ya eran las siete de la noche.
De repente en mi pensamiento me pude observar dormir. Mi garganta se llenó de un ácido que me estaba quemando la tráquea horrible, tuve que provocarme una tos de unos cinco minutos para quitarme aquella sensación que me inundaba poco a poco. ¿Por qué ahora y por qué a mi? Ni siquiera estoy dormido y esa imagen no se me quita de la cabeza. Entonces… abro los ojos de nuevo y me encuentro sentado en la banca mirando el cielo. Nada había cambiado. La garganta se me había aclarado. Sin embargo… mi frente emanaba un sudor helado como el que goteaba cuando me despertaba. Tomé mi cabeza entre mis dos manos y la agaché mirando al piso. Estaba siendo dañado de la peor manera. Tengo miedo, mucho miedo.
Las pesadillas no eran el problema, si no la manera en que las vivía cada noche, en carne viva. Las sentía tan reales que en dos ocasiones amanecí con lágrimas en los ojos.
El lunes soñé que caía hacia un acantilado sin fin… horas de caída libre esperando a morir impactado contra el agua. Sin esperar a que el agua me salve, en realidad por la velocidad en la que iba podría jurar que sentiría el dolor como si de cemento se tratase. El martes tuve la mala fortuna de recibir un balazo en el pecho, en lugar de morir de manera instantánea sentía como mi corazón reventaba en mi interior… dolía.
El miércoles me ahogaba en el mar, mis pulmones comenzaban a recibir líquido hasta que alguien cuya piel morena y radiante se bañaba en el sol, me rescató. Nunca observé su rostro ni nada… estaba más concentrado en recuperar la respiración. Me llevó a la costa y se posó encima de mí a darme auxilio, me acarició la mejilla y desperté. ¿Por qué? Porque no solo en el sueño sentí esa mano… en verdad la había sentido. Llevo mi mano a mi mejilla helada.
El jueves… oh, no quiero recordar eso. Fue lo más terrorífico que he soñado en toda mi vida, aún mucho peor que la vez de los títeres en Tokyo. Derrumbé unas cajas en una bodega jugando al soccer y al abrirse se tiraron más de veinte títeres horrendos a mí alrededor. Salí corriendo esa vez… pero esto si fue escalofriante. El jueves me perseguían demonios de cuerpos amorfos, con cabeza de cabra volteada al revés con el hocico en donde deberían ir los cuernos y viceversa. Eran aproximadamente cinco, y su líder, uno más grande y con cabeza de caballo también volteada… terminó por atraparme y me degolló sin más. Lo peor es que no morí incluso cuando me desprendió la cabeza. De echo… miré mi cuerpo desangrase desde el punto en donde mi cabeza estaba tirada… lejos de ahí. Eso fue ayer… hoy desperté llorando en mi cama.
Cuando menos me di cuenta ya estaba temblando otra vez. De algún modo esa imagen de los demonios llegó a mi cabeza de nuevo y me hizo estremecer, no quería soñar algo así de nuevo. Pero contradiciendo, los sueños van haciéndose más terroríficos mientras pasan los días. Comenzando por el sueño del lunes al del jueves, ya saben cual fue el que más me asustó.
Y entonces… volvió esa imagen, el demonio cabeza de caballo iba caminando directo hacia mí con un objeto enorme parecido a una hoz pero no arqueada, recta. Oxidada, llena de sangre seca de arterias y cabellos de humanos víctimas de su maldad. El aroma a cadáver se impregnó en mi olfato, mí alrededor se comenzó a distorsionar llevándome de nuevo al lugar en donde me estaban persiguiendo anteriormente esos entes diabólicos. Era como un castillo francés iluminado por luz roja tenue y ambientada por una música de órgano tétrica. Hacía calor, tanto que me hacía transpirar. No, esto no, que no siga… el demonio camina hacia mí y no se detiene.
-Oye ¿Te encuentras bien? –La voz de un hombre me llama a lo lejos, pero no puedo ver otra cosa más que las paredes fangosas del lugar.-
Quería salir de aquí, sabía que era solo una ilusión, parte de mi cabeza pero ¿Y si abría los ojos y seguía ahí? … De solo pensarlo grité para mi mismo.
-Hey... tranquilo. –Ahora sentí que me movieron los hombros ¡Pero no hay nadie a mi alrededor! Me sobresalto, me asusto al ver aún más cerca a ese ente y salgo corriendo, pero a medida que lo hago pareciera que el pasillo se hace más largo. Mi garganta se desgarra.-
-¡No, vete ya… no me mates! –Grité esperando a que esa cosa dejara de perseguirme, pero no lo hace. Me ignora y clava sus ojos en mi rostro.-
-¡Oye! –Esa voz sigue escuchándose como un eco que se lleva el viento, y no veo a nadie, no tengo esperanzas. Esa cosa va a degollarme otra vez.-
Y se acerca más a mi, yo me hago más lento… él está muy cerca y levanta su arma sedienta de sangre. -¡Aleja eso de mi! ¡Ayuda!
-No hay nada aquí ¡Tranquilízate! –Esa persona que me habla suena preocupada y no lo veo, no hay nada. Quiero gritar más y no puedo… comienzo a toser sangre.-
-No… -Apenas logro mencionar. En un parpadeo esa cosa estaba frente a mi… caigo de la impresión.-
-¡Abre los ojos! -¿Abrirlos? ¿Es un sueño? Y entonces siento que el metal está muy cerca de rebanarme la cabeza otra vez.-
-¡Joder lárgate y déjame en paz! –Sacudí la cabeza, estoy harto…- Ya mátame pero déjame en paz… ya no quiero esto… -Sentí mis lágrimas resbalar por mis mejillas, impactando en el suelo. Eran rojo carmín, también sangre… estaba llorando sangre.-
Un grito me hizo volver a la realidad… no podía creerlo. -¡Haruya! –Solo bastó ese zarandeo y esa voz desconocida para regresar a donde estaba antes de ser atrapado en una pesadilla. No sonaba a Fubukicchi… no era tan grave su voz. Tampoco a Afuro, el debía estar en el Astro, Genda tampoco ya que salía con Samford después del entrenamiento. Heat habla más o menos parecido, pero más cantado. Y esta voz tenía un aire tranquilizador… Abrí los ojos poco a poco. A mi vista nublada por las lágrimas se encontraba el piso de cemento, las patas de la banca. ¿Quién estaba a mi lado? No quería mirar… estaba muy avergonzado, soñé despierto. Seguramente me está viendo llorar.
-¿Quién… eres? –Pregunté sin mirar a la persona que estaba a mi lado ahí, tomándome de los hombros. Intenté recuperar la respiración, aún se movía el piso bajo mis pies por el mareo. Solo pude distinguir a mi izquierda un tenis blanco con franjas rojas y un pantalón de vestir en color gris. No eran míos…
Un silencio sepulcral invadió el ambiente durante treinta segundos eternos. -Yo… debo irme. –... fui soltado de inmediato y sentí que se puso de pie. Sabe mi nombre ¿Y se va sin decirme nada? Claro que no, ahora me iba a decir como es que sabe mi nombre, no es que tuviera un gafete como los que trabajaban vendiendo hamburguesas en el Mc Donald's.
-Oi… -Llamé, observé detenidamente su espalda. Camisa roja de vestir arremangada, su piel casi morena era destellante ante la poca luz que le quedaba al día, oh, en verdad había pasado un buen rato… en unos minutos se oculta el sol por completo. No es cierto. Incluso ya estaba nublado.
A simple vista no lo conocía, no. Estoy seguro que en mi vida lo había visto antes. Decidí detenerlo, no suelo hacerlo pero algo me dice que el sabe algo que yo no sé. ¿Qué era eso? No tengo idea. Tambaleé un poco pero logré incorporarme, no podía dejar ir a ese chico de cabellos albinos y alborotados.
Y me invade la tristeza por algún motivo… apresuro mi paso. Es como si ya lo hubiera dejado ir antes.
Ese sentimiento de angustia y melancolía con el que me iba a dormir, con el que amanecía también… lo estaba sintiendo en estos momentos aún más fuerte al ver como ese desconocido intenta irse. No era normal… si fuera un desconocido me daría igual que lo atropellaran al cruzar la calle aún cuando me hizo despertar, pero en cambio lo estaba persiguiendo porque quiero verlo. Siento mi corazón quebrarse.
Es delgado y no más alto que yo, no es de la escuela. Estoy seguro.
Y no se por qué mi garganta está sintiendo una terrible presión, a parte no quiero que el se vaya, de solo pensar en no volverlo a ver me traía más lágrimas de las que he derramado. Lo peor es que no lo conozco…
Una lágrima traicionera salió de mi ojo derecho como si en verdad me importara ese chico, resbaló por mi mejilla dejando un rastro de humedad. Se impactó contra el piso, pude escucharla. Todo esto mientras lo observaba dar pasos en la dirección contraria
Apreté mis dientes, los puños ¡No entiendo nada! Y comenzó a llover.
Decidí mandar todo al diablo, mi orgullo, mi extrañes, mi cabeza confundida, por una vez en mi vida me sentí realmente inspirado al ver a una persona. Necesito hablarle, preguntarle su nombre y como es que sabe el mío. Me tenía intrigado, quiero ver su rostro. Me conformo con escuchar su voz una vez más.
Corrí tras él sin pensarlo más, importándome poco el hecho de mojarme más rápido, lo más importante para mi en esos momentos era claramente saber la identidad del chico. Mi corazón dio un latido que resonó por todo mi cuerpo, logré escucharlo incluso con mi oído. Él caminaba lento y sin una sombrilla a comparación de las personas del parque que comenzaban a irse cubriéndose de las gruesas gotas de agua.
Cuando finalmente lo alcancé, lo tomé de la mano. Luego el se giró hacia mi lentamente. Ojos grandes de color aguamarina, brillantes como un cuarzo y me recordaban al mismo mar, profundo y tranquilo. Eran misteriosos tanto como él mismo a mi parecer. Sus cejas arqueadas me mostraban la misma angustia que yo sentía, como si nuestros sentimientos estuvieran sincronizados. ¿Pero cómo podrían sincronizarse dos desconocidos?
Su rostro, mojado por las gotas de lluvia parecía sacado de una de esas películas de Hollywood. No es que fuera homosexual, pero en realidad es demasiado atractivo… tanto que me hizo sonrojar. ¡Joder, yo no soy gay! Sin embargo, no le quita lo hermoso que es.
Tenía piel bronceada que hacía un perfecto contraste con su cabello blanco, brillante. Él era espectacular en todos los sentidos. Miró mi rostro con detenimiento, queriendo buscar algo en mi mirada, y entonces me di cuenta que yo mismo estaba llorando… y yo no lloraba frente a alguien, me hacía sentir débil.
Creía tener los ojos rojos. De hecho me ardían y ni siquiera me di cuenta de cuando me puse a llorar como una nena frente a alguien como él. Tal vez por eso tenía esa expresión de preocupación, después de todo me había visto mal. En mi faceta paranoica que ni yo mismo pensé que iba a tener algún día gracias a las pesadillas. Tampoco había llorado frente a alguien antes, ni siquiera con Shigeto Atsuishi, mi mejor amigo de toda la vida.
Nuestros ojos se encuentran, siento frío en todo mi cuerpo. Pero no un frío abrazador que te congela por dentro, si no uno que te hace tener un cosquilleo.
Entonces lo miro completo y me dan unas enormes ganas de protegerlo. Se ve frágil y está a punto de quebrarse… siento como si ya lo hubiera perdido y no quisiera volverlo a hacer.
Simplemente lo atraje hacia mi con una mano posando en su cintura, con la otra libre lo tomé de la nuca, enredé sus cabellos entre mis dedos… y lo abracé, lo abracé como si se tratara de lo más preciado que tengo. Como si fuera la persona con la que quisiera pasar el resto de mi vida. El tembló pero no tardó en corresponder. Sus manos se aferraban a mi espalda, posó su rostro en mi pecho escondiendo sus lágrimas. Sus sollozos fueron audibles para mí a pesar de todo, a pesar del sonido de la lluvia. Puedo escucharlo… está junto a mi, su corazón late con la misma velocidad que el mío. Lloro junto a él sin importarme nada, solo quiero que sepa que estoy ahí a su lado.
-No llores...
-Haruya… -Pronunció mi nombre, entrecortado por los sollozos.- Haruya… esto no puede ser… -Claramente no entendía a lo que se refería, sin embargo eso solo me hizo que lo abrazara con más fuerza pero no al punto de estrujarlo, que sintiera mi calidez bajo esta lluvia.-
-¿Quién eres…? ¿Cómo te llamas?
-No puedes saberlo hasta que hablemos bien. –Se apartó un poco de mi y tomó mi rostro con sus manos frías, mirándome directamente. Sonrió.- Me alegra mucho… verte de nuevo, amor.
Como si mi cuerpo actuara solo… acerqué mis labios a los suyos y lo besé como a nadie he besado en mi vida. Emitiendo sentimientos que ni yo mismo pensé que tenía por alguien. Estoy confundido, pero a la vez mi corazón se derrite en ese beso.
Me aferro al la frase ''No conocemos gente por casualidad''.
¿Será ésto obre del hilo rojo del destino?
Ah, el amor. El próximo capítulo es de revolución, se verá como termina la historia de Haruya y algunos secretos ocultos en Suzuno (porque todos saben que es Suzuno con quien se acaba de reencontrar (?) nuestro querido pelirrojo). Y de igual manera, sobre Afuro.
He practicado para cambiar mi forma de narración, he leído mucho este tiempo para guiarme, espero haber mejorado. Me gustaría que me lo hicieran saber... y si sigo igual, también. :3
Shizuka-san, Lexiton, y a todos los seguidores de mi humilde historia, muchas gracias por sus lindos comentarios y por seguirme como escritora novata.
R.
