Hetalia y sus personajes no me pertenecen, hago esto sin fines lucrativos.

Yaoi, Rated M.

-"ABC..."-. Diálogo

-"ABC..."-. Pensamiento

Reviews:

Yuu: Hola, de hecho, no hubo Scott porque Scott está aquí :D, además, tú sabes cómo va esto, jejeje, es un fic donde desarrollo el personaje de Artie, es lindo, espero que este capítulo te guste. Si te lo piensas bien, la venganza de Arthur es bastante más sencilla de lo que parece, claro que mucho muy dolorosa. En cuanto a las parejas, no estés triste, habrá UsUK en otros fics más adelante, de hecho estoy trabajando en 3. Jejeje, qué bueno que sigas leyendo porque te parece interesante, aunque no te guste el FrUK, jajaja.

Bien, pues ahora a disfrutar :D


Vida

Capítulo 7, Noticia

Esperaría a que su hermano saliera de la escuela, era temprano todavía y había dejado la oficina antes de tiempo con la excusa de… de… ni recordaba lo que había dicho para salir antes, pero seguramente no importaba mucho porque él era el jefe y ellos sus subordinados y debían acatar cualquier estupidez que llegara a su cabeza.

Sonrió; las ventajas de ser el jefe.

Llevaba más de tres cigarrillos en menos de dos horas y la cajetilla continuaba vaciándose, si Arthur estuviera viéndolo le diría que eso sería cáncer seguro, o enfisema pulmonar o cualquier otra cosa que se le ocurriera. Rió tensamente, Arthur era precisamente en lo que menos debía pensar en esos momentos y de todas formas lo estaba haciendo. Pasó una mano por su cabello, viendo salir a algunos chiquillos de clases y otros más mirando de lejos el auto o a él.

No podía evitarlo, no era su naturaleza dar explicaciones a cada cosa que hacía y mucho menos a su hermano menor. Scott suspiró. No sabía qué decirle a su hermano, no había planeado eso y seguramente el menor no lo dejaría pasar por ningún motivo, era más que obvio porque era tan necio como él mismo, pero si algo podía hacer cuando la conversación llegara, era improvisar; tal vez una enfermedad o algo así sería la salida de la linda entrevista que le esperaba, porque Arthur no sabía nada de lo que pasaba ahí y podría aprovechar esa ingenuidad del menor.

Él era una persona que siempre se había jactado por ser inteligente, de hecho su inteligencia era su orgullo y si alguien se metía con eso… bueno, era obvio que nadie lo haría porque era imposible, sin embargo, en esos momentos, su especialmente trabajador cerebro no aparecía por ahí cerca.

-"Conejo, tengo cáncer pulmonar, por eso estoy así"- Scott rió, eso era una cruel broma, prefería decirle la verdad –"Conejo, quiero tirarme tu…"- aunque pensándolo mejor, tal vez decirle lo del cáncer se lo perdonaría después de algunos años lejos de él.

Barajeó las opciones; no podía decir que eran problemas del trabajo, porque desafortunadamente a él jamás le había preocupado eso y lo había demostrado más de una vez, además, jamás había tenido problemas con la empresa como para sacarlo ahora. Podía decirle que la discusión con sus hermanos había sido por dinero, pero sabía también que Arthur no se tragaría esa historia. Por Dios, él era el CEO y si quería sólo retiraría los fondos de sus otros familiares. No, nada de eso funcionaba y no quería ni siquiera plantearse algún problema emocional o algo así.

Negó levemente con la cabeza, necesitaba algo en su sistema que no fuera cafeína o tabaco, no podía pensar claramente. Revisó su teléfono en busca de la hora, todavía faltaban algunos minutos antes de ver aparecer a la marea de niños saliendo para lo que sea que fueran a hacer. No era como si a Scott le importara demasiado, a penas y sabía que Arthur era el presidente escolar de ese lugar y nada más.

Vio que un par de niñas se le acercaban, una alta y delgada y la otra bajita y menuda. Scott bufó: era bastante lógico, de hecho se habían tardado en molestarlo –"Esto no es divertido"- lo era sólo cuando estaba solo y no esperando a alguien más, especialmente a alguien tan malditamente sensible como Arthur, y cuando las chicas que lo buscaban fueran mayores de edad, estas no rebasarían los dieciséis años y seguramente eran fastidiosas como cualquiera de su edad.

-"H-Hola"- escuchó la voz aguda de la muchacha, bajó la mirada hasta encontrar la de la chica, que sólo la desvió con la inseguridad que la caracterizaba.

Scott bufó de nuevo –"Por eso es que no me interesan las niñas"- porque ninguna tenía el valor suficiente como para acercarse y mantener una mirada –"Hmm…"-.

-"Eh… yo quería… saber cómo te llamas"- Scott lo pensó un instante, si le decía que era hermano de Arthur su plan ahí se arruinaría, si no se presentaba el problema iría para Arthur. Quiso contestarle con el humo de su cigarrillo, pero eso sería descortés.

-"Scott"- cruzó los brazos y miró al frente, esperando ver a su hermano a lo lejos, eso sería algo que lo salvaría de ese momento tan aburrido y molesto. Antes hubiera disfrutado con poner a la niña a tartamudear y después despedirla sin mirarla siquiera, pero ahora, estaba demasiado ansioso sólo por esperar a Arthur.

-"… Oh, es un lindo nombre"-.

-"¿Lindo nombre?"- sonrió mordazmente –"¿Qué quieres?"-.

-"Yo… eh… ¿tienes novia?"-.

-"Los niños de hoy no saben ligar"-.

Antes de responder vio que Arthur aparecía al lado de las dos chicas, ¿cómo había llegado ahí? No lo sabía, eran de esas pocas cosas que escapaban a su conocimiento casi infinito y seguramente Arthur no le respondería. Era curioso, no estaba muy seguro si lo que había visto era o no un poco de enojo en el semblante sereno que el menor mostraba frente a él, no quiso averiguarlo y en vez de eso dejó que Arthur se encargara de la situación.

Caminó hasta posicionarse al lado del mayor, le dolía la cabeza y no estaba de humor para soportar a unas niñas que le impidieran su salida del lugar –"Buenas tardes, ¿se les ofrece algo?"- preguntó el rubio con indiferencia.

La más alta de las chicas parecía ser la más cobarde de las dos, pensó Scott cuando vio que retrocedía unos dos pasos ante la presencia de su hermano –"Kirkland… eh, él… ¿lo conoces?"- Arthur tuvo que asentir con la cabeza, no reconocía a esas dos del colegio, pero no serían mayores que él.

-"¿Nos vamos?"- preguntó Scott con una amabilidad que el rubio estaba seguro, hasta había apostado en una ocasión de ello, no podía lograr ni en un millón de años.

-"Supongo que perdí, le debo a Francis diez dólares"- se encogió de hombros ante la extraña actitud y asintió con la cabeza –"Cuando quieras"-.

Arthur vio cómo su hermano se inclinaba a abrirle la puerta del copiloto, ese día no se podía poner más extraño que en ese instante; Scott siendo amable y cortés con él era mucho más de lo que podría esperar, claro, habían hablado el día anterior, pero eso no significaba nada si estaban diciendo que la conversación había sido con Scott Kirkland. Ya hablaría de eso también cuando estuvieran solos.

Además si agregaba la misma actitud en la mañana, eso era completamente raro.

Vio a Scott mover la boca y decirle algo a esas dos muchachas a modo de respuesta de la pregunta que él no había respondido deliberadamente, algo que seguramente no sería ni amable ni bueno. Negó la cabeza con resignación, así era Scott, miró el camino pensando en lo que habría dicho el mayor a un par de adolescentes bobas.

-"Arthur y yo nos conocemos desde hace mucho"- fue lo que soltó Scott en cuanto entro al auto, cuando vio que el rubio no decía nada aclaró –"Eso fue lo que les dije, relájate conejo"-.

Arthur asintió con la cabeza y se dispuso un silencio entre ellos, ninguno de los dos preguntaba cómo había ido el día del otro, era como una regla no escrita entre ellos para evitar cualquier discusión posterior.

Sabía que, de nuevo, el Bad Touch Trio lo había estado siguiendo precisamente a él desde que la última campana, que anunciaba el fin de las clases curriculares, había sonado. Sentía la pesadez de tres miradas en su espalda cuando había subido al auto, de hecho, aún podía sentir las miradas dentro del auto. Tal vez ya hasta estaba alucinando.

-"Tus amigos siguen mirando"- dijo Scott cuando lo notó.

-"… Si"- no tenía caso decirle qué tan amigos eran esos tres de él. Disimuladamente giró la cabeza hacia la entrada de su escuela; ahí estaban los tres de frente al auto, Gilbert sonriéndole a Francis y Francis intentando ignorarlo para disparar algún rayo de los ojos hacia el auto, de eso estaba confiado –"Ese tipo, ¿quién se cree? ¿Por qué cree que tiene derecho a mirarme así? ¿O a Scott de esa forma? Francis está loco"- negó con la cabeza y esperó a que el auto se encendiera… obviamente eso no ocurrió, así que miró a su hermano –"¿Qué esperas Scott?"-.

-"Nada… estaba pensando…"- murmuró.

-"Milagro"-.

-"¿Se puede saber en qué?"- preguntó colocándose el cinturón de seguridad y mirando por el parabrisas mientras esperaba una respuesta.

-"… No"- dijo simplemente y encendió el coche, manejó a una velocidad bastante aceptable hasta para Arthur y no agregó mucho más.

-"Vamos a comer antes Scott"- y como el pelirrojo no podía estar más de acuerdo con eso, aceleró y pensó en doce opciones de restaurantes cerca, tenía que ganar tiempo con la comida y tal vez hasta congraciarse con el rubio, valía la pena intentarlo –"¿A dónde me llevarás a comer?"- preguntó el más bajo cuando no se le ocurrió qué más decirle.

-"A cualquier lado"- no respondió más porque estaba ocupado en su cabeza –"Le podría decir que… no, no me creería"-.

Arthur suspiró –"¿Ya puedes decirme de qué discutieron?"- directo al grano, como a Scott le fastidiaba cuando era un tema desagradable.

-"Nada importante, ya te lo había dicho"- Scott estacionó frente a un local que parecía una pizzería y apagó el auto, debía salir de ahí lo antes posible.

-"Nos enfermaremos de comer así todos los días"- el rubio no hizo caso a eso y detuvo con su mano sana el brazo de su hermano, haciendo que se detuviera un momento –"Pudo haberme ignorado… debe ser algo realmente malo"- esperó a que el otro regresara a su posición –"Scott… ¿qué pasó?"-.

-"Vamos a comer"- salió de su lado sin mirarlo, cosa rara que el menor anotó mentalmente para preguntar, se quedó ahí dentro hasta que recordó que debía salir para poder hacer que ese estúpido dolor de cabeza se fuera de una vez por todas.

-"Scott está desviando la conversación como nunca, de hecho antes me hubiera mandado a callar"- negó a su pensamiento. Salió del auto, sin tomar en cuenta que había varias personas que estaban mirándolos, o al coche que era más probable. Casi nunca se podía ver un deportivo como ese en medio de la calle, con su dueño saliendo y un acompañante vestido con el uniforme de un colegio.

Alcanzó a Scott caminando, mientras éste revisaba el menú desde fuera del local, era un viejo hábito que ambos habían tomado desde su infancia, cuando su padre los llevaba en raras ocasiones a comer fuera.

Notó que no era una pizzería, sino un restaurante de comida internacional, con un nombre ridículo, pero buena selección de comida, no todos los días veías un lugar donde combinaran comida mediterránea con la comida de Gran Bretaña y otras partes de Europa… o por lo menos no en ese país donde la comida favorita de los nativos eran hamburguesas –"¡Aleluya! ¡No sabía que este lugar existía! Si algún día tengo mi propio dinero vendré aquí"-.

Scott terminó de ver el menú y le hizo una seña para entrar al local, no era muy pequeño como Arthur había creído en algún momento, en vez de ser pequeño podía notar que tenía dos pisos y estaba medio lleno, lo que no le gustaba era que veía parejas; no familias o personas solas, sino parejas.

-"Bienvenidos chicos"- dijo un hombre que le pareció terriblemente familiar al rubio, moreno y con un acento demasiado conocido como para no notarlo –"¿Mesa para dos?"- el hombre sonreía y a Arthur le causaba escalofríos, el tipo era español y estaba seguro de que tendría que ser algún pariente de Carriedo porque esa sonrisa sólo podía ser producto de una herencia genética tan fuerte como una enfermedad o algo así.

-"¡Mátenme!"- quiso dar vuelta y salir, pero no podía hacerlo –"¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?!"-.

-"Si, por favor"- Scott tomó por el hombro a su hermano cuando vio que éste no se movía de su puesto, de pronto el que parecía tenso era el rubio y no él.

A regañadientes Arthur siguió al hombre y nunca dejó de sentir la mano del pelirrojo encima de él, no era un apoyo, pero tampoco le parecía incómodo. El hombre los dejó en una mesa junto a una de las ventanas que daban a la calle, y sonriente les extendió la carta.

Y como Arthur no podía hacer mucho por calmarse, respiró hondo y terminó por analizar al señor que los atendía tan amablemente: no tendría más de treinta, o tal vez si, su cabello era negro y ondulado y su rostro tenía la misma forma que el de Antonio –"Cálmate, tal vez es sólo una coincidencia que se le parezca, tal vez todos los españoles son así, después de todo nunca he viajado… ¡sí, eso debe ser! Además hoy estás paranoico porque has pasado demasiado tiempo junto a él, sí, eso es"- con ese pensamiento logró calmarse un poco más.

-"Les daré un tiempo para elegir… mi hijo les atenderá… cuando llegue"- el último comentario fue casi un susurro que ninguno de los hermanos escuchó realmente.

-"Coincidencia, seguro"- asintió mentalmente y dedicó su vista al menú.

-"Conejo… ¿qué te pasa?"- Scott lo miró un buen rato, después de todo le daba igual comer cualquier cosa, así que la carta estaba a un lado.

-"Nada… no es nada"- revisó cada platillo con rapidez, le daba lo mismo comer lo que fuera, con tal de poder tener algo en el estómago antes de desmayarse, concentró su atención en el pelirrojo de su pariente –"¿Podemos hablar ya? ¿O necesitas seguir esquivando lo que te digo?"- sonrió con una mueca marca Scott Kirkland en ella y dejó que el otro organizara sus pensamientos.

-"Quisiera seguir evitándote todo lo que pueda"- admitió con un dejo de burla, era obvio que su hermano tomaría ese comentario como algo mordaz y no la pura verdad.

-"¡Qué mal que no puedas! ¿Verdad?"-.

Antes de que el mayor pudiera contestar, una mujer mucho mayor se les acercó con una sonrisa en la boca, si Scott hubiera volteado a verla podría haber notado lo mismo que el menor había notado; la mujer era muy bella, si no fuera por el cabello completamente blanco, podría haber pensado que tenía cuarenta o menos.

-"Hola queridos"- ambos hicieron una mueca al mismo tiempo, la mujer ignoró olímpicamente el gesto y siguió con la presentación –"Soy Lucrecia, gerente de este restaurante, vengo para dejarles esto"- dejó un plato con dos galletas caseras que olían a chocolate –"Por parte de las dos chicas de allá"- señaló con cortesía a una mesa donde dos muchachas, que ninguno de los dos chicos conocía, estaban sentadas riendo bobamente mientras ellos dos giraban la cabeza.

Arthur estaba a punto de declinar la oferta, aunque fueran un par de galletas que se veían muy bien, no podía aceptar algo así sin tener que ofrecer algo a cambio. Scott lo interrumpió, mirando a la mujer –"Muchas gracias, lo aceptaremos"- claro que su hermano nunca rechazaría algo que fuera gratis y no tenía vergüenza en dar algo a cambio, después de todo era gratis.

La mujer se retiró y los dejó solos de nuevo –"Es comida conejo, acéptala y cállate"- sonrió ante la cara de asco que el rubio le regalaba, tomó su galleta y la probó, no estaban tan mal –"Pruébalas"- el rubio negó con la cabeza.

-"Nunca pedí eso, después vendrán a pedir algún favor y yo…"- Scott llevó la galleta a la boca del menor, nunca se callaba y esa era la única manera de hacerlo dejar sus discursos estúpidos.

-"Es comida… y gratis…"- sonrió cuando, con la vista periférica, observó a las chicas bajar las cabezas con decepción, claramente habían malinterpretado sus acciones –"Y luego dicen que el pervertido soy yo"-.

-"Idiota…"- pero siguió comiendo la galleta que le habían dado, era muy buena y sabía casi como la comida casera que hacía mucho no probaba –"No me cambies el tema… se suponía que tú y yo íbamos a hablar de algo, así que no me vengas con esas cosas"- cruzó de brazos –"Puedes empezar desde que te fuiste de aquí"- abrió nuevamente el menú, haciendo como que no se daba cuenta de las acciones de su hermano, pero obviamente estaba al tanto de cualquier cosa que hiciera.

-"Fui a Suiza… pensé que eso ya lo sabrías…"- tomó el menú también –"No creo que sea necesario explicar eso"-.

-"De acuerdo, fuiste a Suiza a visitar a los chicos… ¿y después qué?"- sonrió de lado, curioso era el hecho de ver en su hermano tanta negativa, normalmente no era así.

-"Y después trabajé mucho y regresé"- frunció el ceño –"Es por este tipo de cosas que no soporto estar tanto tiempo contigo conejo"-.

-"¿Tendré que hacerte preguntas hasta que reveles algo en tus respuestas?"- vio que Scott profundizaba el ceño y optó por otra manera de sacar la información –"Scott, te juro que no me reiré"-.

-"Esa sería, de hecho, una muy buena reacción para lo que debo decirte, ciertamente no me importaría por esta vez que sólo fuera eso"- suspiró, esto de ocultar las cosas sería difícil –"Estuve con los chicos este año… ya ves cómo son ellos… no han cambiado mucho"- llamó al mesero que los había atendido en un principio.

-"¡Scott…!"- susurró con reproche, siempre hacía lo mismo.

-"Queremos ordenar"- vio al menor, era una señal para que le obedeciera.

El hombre con la sonrisa apareció a su lado, ahora lucía nervioso, tal vez porque su hijo aún no hacía aparición para tomar su puesto ahí, Arthur pensó que eso era ser irresponsable, después de todo era un negocio que lucía familiar.

-"Quiero el pescado"- señaló el primer pescado que vio en el menú.

-"Quiero un buen corte…"- imitó al menor y señaló el primer corte que vio, sus manos estaban frías, casi podía sentirlas temblar.

-"¿Desean alguna bebida?"- el hombre miró para la entrada al local, y suspiró aliviado cuando vio a la persona que entraba, como Arthur no podía ver la entrada no puso ningún esfuerzo en intentarlo, así que fue una sorpresa bastante mala cuando vio que el hombre aumentaba su sonrisa a ellos y al chico que seguramente había entrado –"Disculpen, mi hijo tomará mi lugar como su mesero, espero que no haya ningún problema"- Arthur vio a Scott negar con la cabeza y lo despidió con una mano.

-"Se nota que este lugar no es muy profesional, ¿o no conejo?"- miró al muchacho que se estaba acercando a ellos dos, lo reconocía de la escuela del rubio, era el que lo había estado siguiendo en la mañana y parecía que reconocía demasiado bien a su hermano menor.

-"… Si, pero no es tan malo, ese hombre era amable"- se encogió de hombros –"No como cierto español imbécil que conozco"-.

-"Buenas tardes, soy Antonio y seré su mesero por hoy… veo que ya han ordenado sus platillos, ¿les puedo ofrecer…? ¡¿Arturo?!"- el moreno lo señaló con el dedo y se quedó ahí, para que el más bajo lo mirara con una expresión indescifrable, ni siquiera Scott podría haber entendido completamente su expresión.

-"… Odio al destino y el destino me odia, algún día… algún día lo torturaré lenta y dolorosamente"- se llevó la mano a la cara, cubriéndose los ojos –"¿Por qué? ¿Tendré un letrero en la frente que diga: fastídienme, es gratis?"-.

-"Es Arthur… eh… niño"- lo miró de arriba a abajo, Scott no estaba de humor para soportar tonterías, de por sí debía soportar la suya propia y ahora tenía que aguantar a ese tipo que no le agradaba nada–"Arthur… ¿lo conoces?"- lo señaló con el pulgar.

-"S-Sí, es un compañero de clase"- suspiró, no tenía caso seguir lamentándose como siempre parecía pasarle a él –"Hola"- alzó una mano para saludarlo.

El moreno poco a poco se recuperó de la sorpresa –"Bien… yo… eh… ¿puedo ofrecerles algo de… eh… tomar?"- no podía creer lo que veía.

-"Una botella de vino tinto, por favor"- Scott aumentó su tono de voz a uno desagradable y el gesto del rostro era más bien rudo, era obvio, hasta para Antonio, que su presencia no era precisamente agradable para el mayor y lo mejor sería dejar a ese par solo, pero… esa era una oportunidad para sacarle información más personal al rubio.

-"Yo… pero Arturo… perdón, Arthur es menor de edad"- el rubio hizo un mohín que los dos apreciaron completamente, era un gesto poco común en su rostro y que era imposible no reír.

-"No importa, está conmigo"- sonrió al menor que estaba sentado, si ese chico era tan malpensado como las otras muchachas de las galletas, podría confundirlo fácilmente.

No tenía que hacer un plan rebuscado para hacerles entender a los tipos de ese colegio que su pequeño hermano no era como ellos creían, no tenía que esforzarse para que Arthur no se enterara de esas pequeñas situaciones que se provocaban alrededor cuando las personas no entendían el significado correcto de las palabras; Arthur era inteligente y un prodigio, pero no veía más allá de su nariz si algo no le importaba mucho y desafortunadamente para él, las reacciones de los demás nunca habían sido muy importantes.

-"No hay problema, ¿podrías dejarnos solos?"- el rubio no notó cuando su hermano sacó una sonrisa ladeada. Había reconocido a ese chico, era el que había seguido a Arthur esa misma mañana al entrar a la escuela.

-"S-Sí…"- Antonio caminó lejos de esos dos, con varias cosas en la cabeza que no podía poner juntas sin analizarlas primero.

Y una de esas cosas era una simple pregunta: ¿quién era ese tipo? Parecía mucho mayor que Arthur y era obviamente mayor de edad, se veía que tenía dinero, por ese traje tan caro que llevaba puesto, no sabía si tenían alguna relación, pero por la forma en que el pelirrojo se había molestado con su presencia, Antonio podía entender que era algo celoso.

-"No entiendo nada… ¿sería esto lo importante que debía hacer Arturo?"- negó con la cabeza, lo mejor sería vigilar al par para saber qué contarle a Francis, después de todo él era el interesado en el rubio inglés.

Arthur no pudo relajarse, sentía la mirada de Antonio justo en su sien derecha, fija y pesada, en vez de voltear a ver al español para obligarlo a girarse, miró con la misma intensidad a su hermano, con quien podía desquitar ese leve dolor que aún persistía –"Estuviste con los chicos y no han cambiado… ¿decías?"-.

-"… Glenn está estudiando medicina… pero no le gusta, ya habría terminado de no ser así, creo que quiere apoderarse de la empresa, aunque dudo que algún día lo logre"- rió un poco.

Arthur cruzó los brazos con fuerza –"Scott…"-.

-"De acuerdo, no fue una pelea, fue… una discusión justificada"- miró a su izquierda buscando algo con qué distraerse, divisó a Antonio caminando lentamente con sus platillos y la botella de vino entre sus dedos –"Ellos quieren regresar"-.

-"¡¿Qué?!"- varias personas voltearon a verlos, Arthur se disculpó un poco antes de regresar su atención al mayor –"¡¿Y cuándo se suponía que me ibas a decir?!"- susurró –"¿Por qué?"-.

-"Eh…"- sin responder, una botella de vino se puso entre ellos, no se había dado cuenta en qué momento se había acercado a Scott.

Los dos platillos que habían pedido estaban ahí, tibios para que comenzaran a comerlos, pero ahora Arthur no tenía apetito y el dolor de cabeza había aumentado, no estaba preparado para esa revelación tan rara, tal vez no había sido tan buena idea presionar a Scott para sacarle información

-"Aquí está su orden, ¿desean algo más?"- Scott lo despidió con la mano y empezó a servir las dos copas con vino, no era la mejor cosecha, pero era un vino pasable.

-"Scott… ¿cuándo piensan llegar?"-.

-"No lo sé"- lo miró por el rabillo del ojo, empezando a masticar con trabajo el corte que el habían dado, en otras condiciones habría aceptado esa comida como cualquier otra –"Ellos siguen pensando que estoy en Suiza así que tenemos tiempo"- se encogió de hombros dando por terminada la conversación.

Arthur aceptó eso y empezó él mismo a comer, tenía que remitir el dolor de cabeza de alguna manera y la plática no había ayudado. Tomó pequeños sorbos del vino y no hizo mueca cuando Scott le retiró la copa aún llena, de todas formas nunca le había gustado tanto el vino tinto, le gustaba más el blanco.

No sabía con qué rellenar ese silencio incómodo, no lo hizo.

Antonio se acercó un par de veces más a su mesa, preguntando si se les ofrecía algo más o preguntando si todo había sido de su agrado y aunque Arthur no estaba de humor y su paciencia no había ido a trabajar ese día, no respondió como el español se merecía, después de todo sólo estaba haciendo su maldito trabajo de una u otra forma.

Pero el que no podría aguantar mucho más era su hermano, Arthur lo conocía demasiado como para saber que el tic de su mano izquierda golpeteando en su pierna, para que justamente nadie lo notara, significaba el límite en Scott Kirkland, así que no se sorprendió mucho cuando, a la cuarta vez que el ibérico se acercó a su lado, con esa sonrisa boba que al pelirrojo no le daba buena espina, Scott se levantó de su asiento con elegancia.

Sacó su cartera del saco, que no se había quitado en ningún momento, tomó tres billetes de los que Arthur estaba seguro que la denominación era demasiada para pagar, y los dejó en la mesa con elegancia; instó al rubio a levantarse y sólo agregó –"Buena comida, buen vino, servicio… excesivo"-.

Ambos salieron del lugar sin que el mayor volteara, pero Arthur se detuvo un poco –"Lamento mucho esto, así es Scott"- lo había dicho porque si bien entendía los motivos de su hermano, también entendía que Antonio no podría haber hecho un mejor servicio porque simplemente no estaba en su naturaleza.

Los hermanos subieron al auto y el mayor condujo hasta una tienda de ropa para adolescentes bastante exclusiva, pudieron apreciar –"Escoge cinco mudas"- y Arthur así lo hizo, todavía no estaba preparado para saber todo de sus hermanos, esos chicos que se dignaban en regresar después de tanto tiempo.

Cuando tomó lo que necesitaba, Scott regresó todas y cada una de las prendas mirando los colores que había escogido, como olvidando por un momento la plática que habían sostenido unos instantes antes –"De tu talla"- agregó y Arthur se encargó de probarse cada prenda esa vez, era extraño usar ropa de su tamaño después de su autoimpuesto régimen, se sintió incómodo, pero no lo demostró y cuando su hermano sonrió de lado al verlo con cada prenda sólo desvió la mirada y dejó la ropa a un lado.

Ahora que estaba usando las prendas a su medida, se daba cuenta de la extrema delgadez que padecía, así que tomó una talla más para su ropa. De todas formas Scott le obligaría a retomar sus ejercicios –"No es la gran cosa"- pero sabía que si el mayor se le unía sería toda una tortura poder levantarse todos los días.

Quería enfocarse en lo importante, la ropa no lo era y tampoco su físico; a Scott le preocupaba algo más que ver a sus hermanos juntos de nuevo –"¿Por qué le preocuparía verlos si siempre va a visitarlos?"- y era evidente que no quería que él se enterara, lo que quería decir que Arthur estaba envuelto en todo ese asunto.

También tenía que tener en cuenta la extraña forma en que lo había estado tratando, ¿por qué le hablaría tan bien si no era por algún plan raro? No tenía sentido, a pesar de haber tenido tiempo para hablar y aclarar muchas cosas, aún había algo que le impediría a Scott tratarlo como un hermano. Y eso era lo extraño, el mayor no lo estaba tratando como si fueran hermanos, ni siquiera como si fueran familia y eso no era del todo malo. Tenía que obtener la información de Scott, y esta vez la información completa, porque si no lo hacía se quedaría con la duda y sabía que algo importante estaba ahí, oculto.

Se apresuró a probarse cada prenda y a llegar con su hermano para que pagara todo, se reusó a ver el total de la factura por miedo a ver cuánto había gastado en tan pocas cosas. Se rió de su estupidez porque, aunque sabía que el pelirrojo tenía dinero de sobra para comprarle el doble de eso y mucho más, no estaba muy acostumbrado a gastar tanto en tan poco tiempo.

Salieron en silencio del lugar y Scott lo llevó a una tienda de uniformes… Arthur arqueó una ceja y hasta sonrió resignado –"Cuando a este tipo se le ocurre algo, no hay manera de detenerlo"- Scott era así, si se le ocurría hacer un favor, se aseguraba de hacerlo completo.

Le tomaron medidas y le hicieron probarse demasiadas cosas, pantalones a su medida, arreglados en menos del tiempo que había estimado, camisas de una tela bastante buena y cara que le hizo preguntarse realmente si Scott llevaba suficiente dinero para pagarlo todo, y lo peor del asunto: suéteres y zapatos que no quiso siquiera probarse.

-"No seas idiota, ya sabías que veníamos a comprar esto"- le dijo cuando vio su cara cuando vieron los precios, sabía que se estaba riendo de él.

Dos horas después de ese percance salieron nuevamente y esta vez hacia su casa, Arthur quería encontrar una forma de preguntar lo que quería saber, algo sutil y amable para que Scott no tuviera pretexto para no contestarle, barajeó varias opciones y ninguna le pareció encajar a la perfección con lo que necesitaba –"¿Cómo hacer que el cabezota de Scott hable?"- se preguntó… hasta que cruzando el umbral de la puerta encontró la forma perfecta.

Sin demorarlo mucho dejó las bolsas con la ropa en su cuarto y fue a lavarse los dientes y el rostro con rapidez, cuando bajó, pudo encontrar a su hermano mayor en la sala de estar –"¿O será un pequeño salón?... ¡Concéntrate!"-.

-"Scott…"- el mayor se volteó –"¿Podrías sentarte por favor?"- lo tomó del brazo y no le dio oportunidad de replicar.

Scott lo miró mal, era sospechoso, muy sospechoso –"… ¿Qué quieres enano?"-.

-"Intenté ser paciente y preguntar amablemente"- lo dejó sentarse en su sillón usual –"Quise esperar a que tú me explicaras todo e incluso acepté esa tontería de que simplemente no sabías nada… pero me está comenzando a molestar"- lo miró directamente con el rostro serio –"¿Qué fue tan malo como para que te esfuerces en no decirlo? Y más te vale responderme"-.

-"Estoy muerto"- y suspiró cuando vio que Arthur se sentaba justo frente a él –"Si, definitivamente estoy bien muerto, dead indeed"-.


¿Qué tal? Esta vez tengo que hacer un anuncio: probablemente me tarde mucho más en actualizar, los siguientes capítulos, pero espero que sigan aquí. Les dejo el adelanto:

-"… No, no te odio… sí te odiaba, hasta ayer cuando hablamos"- admitió encogiéndose de hombros, intentando hacerse el fuerte –"También entiendo que estés cansado de mí… no es muy complicado"-.