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***Capítulo 6***
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Desde detrás de la barra, Naruto vio entrar a sus hermanos. No le extrañó, Karin había estado llamándole varias veces el día anterior pero en los momentos de las llamadas había estado ocupado y luego se había olvidado. Era un desastre, esperaba que no se tratara de nada importante.
—¡Vaya, dichosos los ojos! —saludó cuando se acercaron a la barra.
—Eso lo deberíamos decir nosotros… Desde que estuvimos aquí cuando llegó Yahiko hace casi un mes no te hemos visto el pelo.
—Estoy ocupado.
—Ya. Tampoco puedes responder las llamadas al móvil —recriminó la chica.
—Depende de cuándo me llames. Hay bastante trabajo estos días. Y termino tarde, no es hora de telefonear a una casa donde la gente se levanta temprano para trabajar. ¿Qué queréis tomar? Supongo que no habrás venido solo a echarme la bronca, ¿eh, Karin?
—Un Baileys. Y no he venido a echarte la bronca, sino a decirte que estás invitado a la barbacoa de despedida que haremos para Yahiko el próximo martes. Y no puedes poner ninguna excusa porque la hemos organizado en martes precisamente para que vengas tú. Que ya mamá está pensando en colgar una foto tuya en el salón para no olvidar tu cara.
—No seas exagerada —dijo sirviendo la copa—. Yahiko ¿qué tomas?
—Una cerveza. Tengo que reconocer que nadie tira una caña como tú.
—¿Vas a venir a la barbacoa? —preguntó Karin.
—Claro que sí. Reunión familiar casi al completo. ¿Qué sabéis de Nagato?
—Pues también poco últimamente. Mamá ha hablado con él esta tarde por Skype un rato, pero ya sabes que él habla de sí mismo todavía menos que tú. Que está bien, que el trabajo le absorbe y poco más. Eso sí, ha preguntado por todos nosotros de forma exhaustiva.
—Ese es nuestro Nagato, siempre ejerciendo de hermano mayor —añadió Yahiko.
—Disculpad —replicó Naruto acercándose a un hombre que reclamaba la cuenta.
Karin observó a Hinata, que servía un whisky con hielo en aquel momento. Había conseguido soltarse un poco en los dos meses largos que llevaba trabajando en Ichiraku, aunque aún se la veía fuera de lugar tras la barra. Al menos presentaba un aspecto algo más mundano llevando el discreto maquillaje y el uniforme del bar con soltura y no como si estuviera desnuda, como le había ocurrido al principio. Cogió su vaso y se acercó a saludarla.
—Hola, Hinata.
—Karin, Yahiko… ¡Qué sorpresa! No os había visto.
— Venimos a ver al hermano pródigo, que se vende caro —dijo la chica.
—Veo que hoy tenéis lleno.
—Sí, es impredecible. Hay días que no entra casi nadie y otros… ya ves.
De pronto a Karin se le ocurrió una idea.
—A ver si quedamos un día las dos…
—Me encantaría, pero ya sabes que yo solo descanso los martes.
—Bueno, pues un martes que no tengas planes me avisas.
—Ningún martes los tengo, no conozco a nadie aquí. Aprovecho para limpiar, cocinar, lavar la ropa.
—Esta semana tengo comida familiar, pero en cuanto pueda te llamo ¿vale?
—Perfecto.
Terminó la copa y se dirigió a Naruto.
—Nos vamos —dijo Yahiko.
—Hasta el martes. Y dale recuerdos a Konan.
—Oye, Naruto… —intervino Karin—, ¿por qué no le dices a Hinata que venga a la barbacoa?
Él frunció el ceño en un gesto característico que todos los hermanos habían heredado de su padre.
—¿A Hinata? ¿Qué pinta ella en una barbacoa en casa?
—Hombre, pintar no pinta nada, salvo que es tu jefa y tu amiga, ¿no? Pero me consta que se pasa los martes ejerciendo de ama de casa y no sale ni se divierte. Un poco de distracción le vendría bien, relacionarse con gente…
—No sé si es buena idea. Si llevo una chica a una comida familiar puede que haya malentendidos y piensen lo que no es.
—¿Quién va a pensar eso, Naruto? Nadie más lejos de tu tipo que Hinata… si la llevas yo le diré a todo el mundo que ha sido idea mía, para que se distraiga un poco.
—El que recoge cachorrillos abandonados y pájaros heridos es Nagato.
—Hinata no es una cosa ni otra, solo necesita amigos. Y es una chica muy agradable.
—De acuerdo, se lo preguntaré.
—Hasta el martes entonces.
—Adiós, hasta el martes.
Cuando el local se fue despejando, Naruto se acercó a Hinata para comentarle la propuesta de Karin. Se sentía un poco incómodo, pero había prometido invitarla. Por algún motivo su hermana había decidido adoptar a Hinata y hacerla salir al mundo.
—Hinata… el martes próximo celebramos en casa de mis padres una barbacoa para despedir a mi hermano Yahiko, que se marcha el sábado. Hemos pensado que a lo mejor te gustaría venir.
La chica lo miró asombrada.
—¿Hemos?
—Karin, Yahiko… y yo.
—¿En serio queréis que vaya?
—Claro… tú ya conoces a mis hermanos y a sus parejas. Pero si tienes otros planes…
—No, no tengo planes, solo que no sé… A lo mejor a tus padres no les parece bien.
—Si yo pensara que a ellos no les parecería bien no se me habría ocurrido decirte nada. Ven, echaremos un buen rato. Y probarás las exquisitas barbacoas de mi padre, no sé cómo lo hace pero le da un punto a la carne inigualable.
—Vale, iré.
—Lleva traje de baño, en casa hay piscina.
— Bien.
Él miró la hora en el reloj que colgaba de la pared.
—Vete ya a casa, esto está tranquilo ahora y pareces cansada.
—Me duele un poco la cabeza.
—Pues márchate, ha sido un fin de semana duro. Aunque hemos hecho una buena caja.
—Gracias, Naruto. Hasta mañana.
—Adiós, doña Hinata. Descansa.
Cuando subió al autobús todavía el corazón le golpeaba en el pecho. ¿De verdad Naruto la había invitado a una barbacoa familiar? Aunque estaba segura de que la idea no había salido de él, sino de alguno de sus hermanos, casi seguro que de Karin, si no hubiera deseado su presencia no le habría dicho nada. Eso significaba que ya no le caía mal y no se avergonzaba de ella ni de su poco mundo. Lo que suponía un alivio.
El martes Naruto se presentó a buscarla en la moto poco antes de la una del mediodía. Tal como el chico le había aconsejado, llevaba un bikini bajo la ropa cómoda, bikini que había ido a comprar el día anterior porque se moriría si él, bueno todos, la vieran con el anticuado bañador que guardaba en su armario. Ante el espejo del probador había tenido que habituarse a su imagen medio desnuda, pero no obstante había acabado por reconocer que aquel bikini le favorecía mucho.
Subió a la moto y, como siempre, se agarró con fuerza a la cintura de Naruto, quien esta vez no llevaba la consabida cazadora que se ponía por las noches. La ligera camiseta de algodón gris claro le permitía a Inés apreciar en toda regla los marcados abdominales que a veces la hacían fantasear en la cama. Y en aquel justo momento le pasó por la cabeza que iba a pasarse todo el día viéndole en bañador, y se le secó la boca.
Tras un corto trayecto por carretera, llegaron a la casa. Naruto pulsó varias veces un timbre situado en la pared y Hinata sintió un nudo en el estómago cuando la puerta corredera empezó a abrirse. Karin, vestida con un pantalón vaquero corto y la parte superior de un bikini les recibió con un mando electrónico en la mano.
—Hola, Hinata. Me alegra que hayas venido.
—Hinata, Hinata… ¿Y yo qué? ¿No hay bienvenida para mí?
—Claro que sí —respondió dándole un abrazo—. Venid, están todos atrás, en la piscina.
Avanzaron los tres por un costado de la casa, hasta la parte posterior, donde se escuchaba un barullo de voces. Por un momento Hinata se arrepintió de haber aceptado, aquella era una escena familiar en toda regla, pero la posibilidad de conocer a Naruto fuera del trabajo y, sobre todo, de divertirse un poco, le había hecho vencer su timidez.
Una mujer alta que debería andar por la cincuentena se dirigió hacia ellos nada más verles. Naruto la abrazó con fuerza.
—¡Hola, mamá!
—¡Hola, cariño! Deja que te vea… estás estupendo.
Él soltó una carcajada.
—Sí mamá, como bien, y me pongo el chaquetón… y el casco.
—¡Más te vale!
Minato también se acercó hasta ellos, palmeando en el hombro a su hijo.
—Os presento a Hinata, la dueña de Ichiraku. Ellos son mis padres, Minato y Kushina.
—Bienvenida, Hinata. Estás en tu casa.
—Gracias.
Yahiko y Sasuke se acercaron también a saludar.
—¿Y la Tata? ¿En la cocina? —preguntó Naruto echando en falta a Chiyo.
—No, se ha ido al pueblo a pasar unos días con su familia. Se la veía muy cansada estas últimas semanas, de modo que la convencimos de que se tomara unos días de relax —respondió Minato.
—Enséñale donde está todo, Naruto. Que se cambie y se ponga cómoda. ¿Quieres darte un chapuzón antes de comer? —invitó Kushina.
—Estaría bien, sí, con este calor.
—Yo la acompaño —dijo Karin cogiéndola del brazo.
—¿Y Konan? —preguntó de nuevo Naruto.
—Tiene trabajo —respondió su hermano, lacónico.
—¿No va a venir?
Yahiko se encogió de hombros.
—Ni idea.
Hinata salió poco después en bikini con una toalla al hombro y a Naruto no se le escapó el ligero encogimiento en el cuerpo de la chica que evidenciaba que era la primera vez que se ponía un bikini, y bien pequeño además. Iba a soltarle una de sus habituales bromas, pero se lo pensó mejor. Acababa de conocer a sus padres y la avergonzaría que se burlase delante de ellos. Se guardaría el comentario para cuando se quedasen a solas. A pesar de todo paseó por su cuerpo pequeño y bien proporcionado una mirada escrutadora y apreciativa, haciéndola enrojecer.
—Vamos al agua, Hinata —dijo Karin desprendiéndose de sus pantalones cortos—. ¿Vienes, Sasuke?
—Sí.
Los tres se zambulleron en el agua provocando un reguero de gotas a su alrededor.
—Voy a ponerme cómodo también yo —comentó Naruto desapareciendo en la casa, para regresar pocos minutos después vistiendo un bañador azul claro. Y nada más. Desde el agua Hinata le vio salir y no pudo evitar que su mirada le recorriese entero desde la relativa impunidad que le proporcionaba la distancia. Karin la observó y sonrió sin decir ni una palabra. Ver a Naruto en bañador era todo un espectáculo, todos sus hermanos eran guapos a rabiar, cada uno en su estilo, pero Naruto era además sexi y atractivo como el demonio.
—¿Vienes al agua, Naruto? —invitó.
—Luego… primero voy a birlarle a papá una de esas cervezas que guarda para Yahiko.
Minato se fingió ofendido.
—Yo no las guardo para nadie, están ahí para todo el que las quiera tomar.
—Pues comparte una conmigo, antes de que la carne te atrape.
Se sentaron en los sillones y con unas cervezas en la mano contemplaron el bullicio de la piscina. Sasuke nadaba de un extremo a otro mientras Hinata y Karin charlaban en una esquina a la vez que movían brazos y piernas para mantenerse a flote.
Consciente de que Minato le observaba, comentó.
—No hay nada entre Hinata y yo, solo es mi jefa.
—Lo sé. Si lo hubiera no la habrías traído a casa, salvo que fuera algo muy serio, y en ese caso ya nos lo habrías dicho antes.
—Muy perspicaz, señor abogado.
Minato rio.
—Además, no es mi tipo.
—Déjame decirte algo sobre el tipo, hijo. Y voy a hablarte de los hombres porque soy un hombre, pero con las mujeres pasa igual. Todos tenemos un tipo de mujer que nos gusta: altas, rubias, morenas… o lo que sea, pero casi nunca nos enamoramos de una que sea nuestro tipo, porque de esas hay muchas… Y luego llega una que nos rompe los esquemas y que no se parece ni remotamente al tipo de mujer que nos gusta. A mí me gustaban rubias y con unas buenas tetas y pasaron unas cuantas por mi cama… pero llegó tu madre, flacucha, con unas gafas horrorosas y una coleta adorable… y me robó el corazón.
—Y todavía no te lo ha devuelto.
—No —sonrió—, todavía lo tiene y espero que sea así siempre, porque en ningún sitio va a estar mejor que en sus manos. Ojalá algún día te pase a ti lo mismo, Naruto.
—Deja, deja, que yo estoy muy a gusto así.
—Disfrútalo entonces… hasta que llegue tu hora, que de eso no se libra nadie.
—Yo sí.
—Pregúntale a Fugaku… él era como tú. De cama en cama y de juerga en juerga… Se emborrachaba cada fin de semana y ni te imaginas la de infusiones que se tragó después para impresionar a Mikoto. Ella sí que no era su tipo, era y es guapísima, pero arisca como un erizo, pinchaba antes de que te acercaras. Y al final, ya los ves… casi treinta años casados.
—Ya. Bueno, creo que voy a darme un chapuzón. ¿Vienes?
—No, voy a ir preparando la carne.
Naruto se levantó y, acercándose a la piscina, se lanzó de cabeza aterrizando cerca de las chicas.
La jornada transcurrió animada y divertida. Hinata se relajó a medida que pasaban las horas y se fue integrando en el ámbito familiar de Naruto. Las temidas bromas por parte de él no llegaron, sino que se comportó como un anfitrión amable y complaciente. Le llevó carne y cerveza, y a media tarde café y tarta. Hinata supo por primera vez en su vida lo que significaba una familia, y lo disfrutó, atesorando los momentos para revivirlos más tarde, cuando volviera a estar sola en su piso de Bermejales.
A las seis y media sonó el móvil de Yahiko, que había permanecido serio y poco comunicativo todo el día. Se separó para hablar alejándose de la piscina en dirección al porche y poco rato después se marchó sin dar demasiadas explicaciones. Nadie hizo el menor comentario y continuaron charlando animados, tomando su café.
Sobre las ocho y media Naruto y Hinata se despidieron rehusando la invitación de Kushina de quedarse a cenar. Subieron a la moto y regresaron a Konoha. Al llegar al portal de la chica y antes de que entrase, él le preguntó:
—¿Lo has pasado bien?
—Muy bien. Tu familia es maravillosa, supongo que sabes la suerte que tienes.
—Claro que lo sé, aunque no lo parezca. Puedo dar la impresión de ser un poco despegado, Karin siempre me está recriminando que voy poco por casa, pero con nuestro trabajo no hay demasiado tiempo para la vida familiar. Sin embargo, los quiero con locura a todos, desde mis padres hasta la pequeñaja.
—Se hacen querer. Acabo de conocerlos y ya les tengo cariño.
—Yo lo sabía. Ya te dije que no tenías que preocuparte.
—Sí.
—Entonces hasta mañana.
—Adiós, Naruto… y gracias.
—No se merecen. Ha sido todo un placer para la vista contemplar ese precioso bikini que seguro que no te has comprado en el pueblo.
—No, lo he comprado en Konoha —dijo notando un leve rubor.
—Pues te queda genial. Hasta mañana.
Arrancó la moto y se perdió calle abajo dejándola con una enorme sonrisa. Se había fijado en el bikini; menos mal que no se había puesto el bañador viejo.
Y dando por finalizado un gran día, entró en el portal.
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