Disclaimer: Todos los personajes y lugares que aparecen en esta historia pertenecen a J.K. Rowling; esta historia no está escrita con fines lucrativos.
Capítulo 7: "Si no arriesgas, no ganas"
Las clases, los entrenamientos de Quidditch, los deberes… todo hacía que el tiempo en Hogwarts pasara con una celeridad tremenda. Parecía que fuese ayer cuando recién comenzaba el curso y, ahora, faltaba sólo una semana para las vacaciones de Navidad.
Era sábado por la mañana, y los cuatro amigos comían tranquilamente a falta de pocos días para que el colegio quedara casi desierto debido a las vacaciones. Y eso era precisamente de lo que hablaban.
–Vamos a tener la torre para nosotros solos – comentó Ron durante el desayuno.
–Mejor. Así tendremos tranquilidad suficiente para estudiar – dijo Hermione distraídamente cogiendo una tostada. – ¿Qué? – preguntó la chica viendo cómo se le habían quedado mirando sus amigos.
–Lo siento Mione, las Navidades son sagradas: nada de estudios, por favor. – contestó Ginny hablando también por los chicos.
–Pero… ¿y tus TIMO's, Gin?
–Nada de peros. Ya me ocuparé de ellos después. – afirmó la pelirroja levantándose. – Y ahora, vamos que se nos hace tarde.
Harry también se levantó, y se disponía a seguir a Ginny cuando Ron intervino.
–Nosotros no vamos, Gin. –dijo a la vez que Hermione asentía.
–Tareas de prefecto. Tenemos una reunión con todos en una hora. –explicó Hermione antes de que Harry o Ginny tuviesen la oportunidad de preguntar.
–¿Y no fue el jueves esa reunión? Si mal no recuerdo tuvimos que cambiar el día de entrenamiento de Quidditch por ti, Ron. –añadió Harry confuso.
–Ehm… bueno, pero hoy tenemos otra. – continuó Hermione un poco nerviosa. –Como se acercan las vacaciones…
–Sí, ya. – Ginny miraba alternativamente a su hermano y a su mejor amiga. No había tal reunión.
–Entonces, mejor nos vamos Ginny. – propuso Harry dándose cuenta de la mentira. – Hasta luego chicos.
–Que os vaya bien... la reunión. – se despidió la pelirroja.
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–Se han dado cuenta Ron. – expresó con preocupación la chica cuando sus amigos desaparecieron del comedor.
–Para nada. – comentó él tranquilamente cogiendo otra tostada.
–¡Cómo que no! – repuso ella alzando la voz más de lo que debía. Al ver como algunos alumnos los miraban, se levantó y agarró a Ron del brazo, obligándolo a levantarse.
Llegaron al dormitorio de los chicos de sexto curso de Gryffindor (ahora vacío) tras infinitas protestas por parte de él.
–¡Podíamos haber hablado abajo! Sigo teniendo hambre¿sabes?
–Deja ya de quejarte Ron, esto es serio. –comenzó ella sentándose en la cama junto a su amigo.
–Por si te interesa, mi alimentación también es un asunto serio.
–¿Por qué no me dijiste lo del entrenamiento? –obviamente le importó poco el último comentario de él. –Habríamos preparado otra excusa.
–No me acordaba. – se disculpó encogiéndose de hombros. – Tampoco es para tanto. Estoy seguro que no notaron que los queríamos dejar solos.
–Harry no sé. Ya no puedo asegurar que sea tan perceptivo. Pero tu hermana no es tonta, sobre todo después de insistirle tanto este verano con el tema de Harry. –Hermione se exasperaba por momentos ante la indiferencia que Ron mostraba por el asunto.
–Imaginaciones tuyas. – respondió el chico al tiempo que se levantaba y rebuscaba en su baúl. – ¿Una partida de ajedrez?
Se levantó de la cama decidida a tener la bronca del día con él pero, en cambio, respiró profundamente y recordó por qué hacía todo aquello: "Por tu mejor amiga. No lo estropees ahora que él es el único que te puede ayudar en esto."
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Al mismo tiempo, en la entrada del castillo…
–Lo lamento, pero no hay otra solución. Con este tiempo tenemos que suspender la visita a Hogsmeade – confirmó la profesora McGonagall a los alumnos que se habían preparado para la última visita antes de Navidad.
Llovía abundantemente y cada cierto tiempo se podían escuchar los truenos de la fuerte tormenta que había comenzado ese día desde temprano. Nadie habría dicho el día anterior que caería tal tromba de agua. Así que no había otra alternativa. Todos volvieron lentamente a sus salas comunes un tanto decepcionados ante el cambio que suponía tener que quedarse encerrados todo el día en el castillo.
–Genial –murmuró Ginny entre dientes cuando subía las escaleras junto a Harry.
–Sí, bueno, supongo que la estrategia de Ron y Hermione para quedarse solos se fastidió¿no? – comentó Harry en voz baja y con aire de resignación.
La perspectiva de pasar el día con sus amigos en plan 'acaramelados' no le agradaba en absoluto. "Acabaré en la biblioteca haciendo deberes". Él no iba a ser el que arruinara el plan de sus amigos, con lo que les había costado dar el paso. Y Ginny se iría con sus compañeras probablemente. "Mejor así, Potter" dijo su voz mental. "¿Para qué pasar todo el día con ella si no vas a decirle nada¿Para ser el 'perfecto-amigo-Potter'?"
Y de repente se dio cuenta de lo que podía llegar a suceder. Si Ron y Hermione comenzaban a salir como pareja, Harry se quedaría un poco apartado. Aunque Ginny también formara parte del grupo, con ella era todo muy diferente.
En esos meses, la idea de olvidarla (más bien olvidar los sentimientos que tenía hacia ella) había ido perdiendo peso. Simplemente no podía, ya era demasiado tarde. Así que era su amigo: lo aparentaba delante de todos aunque por dentro se muriese de ganas de decirle cada día que era preciosa. Pero había decidido no arriesgar y esas eran las consecuencias.
–Con ellos no hay problema, Harry. No nos aparecemos en todo el día y ya está. Pero lo mío no tiene solución. – admitió derrotada la pelirroja sentándose en un escalón.
–¿Lo tuyo? – se agachó para estar a su altura. – ¿ocurre algo?
–La última visita a Hogsmeade: no fui porque iba muy atrasada con algunos trabajos. Y hoy era mi último día para ir a comprar los regalos. – contestó ella triste. "¿Para qué lo dejas todo para el último momento?"
–Ahm… es sólo eso. – repuso él aliviado. Por momentos había pensado que realmente tenía algún problema.
–¿Cómo que sólo eso? Te parece poco que... –replicó ella alzando la voz.
Pero Harry no le dejó hablar:
–Vamos – y la cogió de la mano para subir corriendo hacia la sala común.
Una vez frente al retrato de la Dama Gorda le indicó que lo esperara fuera, y a los pocos minutos iban corriendo por los pasillos.
–¿Se puede saber qué estamos haciendo? – preguntó Ginny bastante confundida.
Harry había salido del retrato con una especie de mapa en la mano y con la mochila colgada a un hombro. Habían corrido por pasillos y escaleras deteniéndose un par de veces para mirar el mapa. El chico no había dicho nada y ella apenas podía respirar con tanta carrera. Pero ahora que se habían detenido frente a la estatua de una bruja tuerta y jorobada, ella aprovechó para preguntar.
–Ir a por tus regalos. –susurró él después de descubrir un pasadizo tras la estatua.
Y un segundo más tarde entraron en una absoluta oscuridad. Consiguieron un poco de luz con sus varitas, y comenzaron a caminar.
–Antes de que me acribilles a preguntas, mejor te lo explico todo de una vez.
–No sería mala idea. – comentó Ginny arqueando una ceja.
Mientras caminaban, Harry le habló del mapa de los merodeadores: cómo había llegado a sus manos, para qué servía, quiénes eran los merodeadores… Al ser tan largo el camino que los llevaba al sótano de Honeydukes, le dio tiempo de sobra de explicarle todo. Ella prestó atención todo el tiempo, asintiendo de vez en cuando y a veces preguntando también algunas cosas que no le quedaban claras.
Poco a poco fueron quedándose en silencio, sin saber qué decir, hasta que Ginny habló sobre algo a lo que había estado dando vueltas desde el desayuno.
–Oye Harry¿mi hermano te dijo algo sobre Hermione estos últimos días?
–¿Sobre Hermione? – Ginny asintió en silencio. – La verdad es que últimamente no hablamos de ese tema. Así que no, no me dijo nada sobre lo que iba a hacer hoy con ella. – contestó el moreno omitiendo la razón de por qué no hablaba del tema con su mejor amigo.
–Es muy extraño. Porque Mione me lo cuenta todo y tampoco me dijo nada. – comentó la pelirroja arrugando la nariz en señal de confusión. – Algo se traen, y seguro que no es nada bueno.
–Tal vez se dieron cuenta de lo estúpido que es estar separados cuando todos sabemos que se mueren el uno por el otro¿no crees?. –opinó Harry mientras seguía caminando a la par que la chica.
–¿En serio piensas eso? – él asintió sin dudar. – En el fondo eres igual de despistado que mi hermano. – bufó la pelirroja. ¿Cómo era posible que Harry no se diera cuenta? Hacía semanas que Hermione y Ron estaban muy extraños, pero no entre ellos, sino con Harry y con ella. Estaban constantemente pendientes de ellos dos, como esperando que ocurriera algo.
Al principio Ginny pensó que sería una tontería, imaginaciones suyas. Pero luego se dio cuenta que a veces su hermano se la quedaba mirando con una sonrisita cada vez que ella estaba con Harry. "Voy a matar a Hermione por contarle al estúpido de Ron". Si ella se había sincerado con su amiga era porque necesitaba hablar con alguien, no para que intentara actuar de celestina junto con su hermano.
–Bueno Harry, está bastante claro. Ellos no se…
–¡Mira! Ya llegamos. – cortó él repentinamente cuando llegaron por fin a Honeydukes.
"… ellos no se quedaron en el castillo para estar solos, sino para dejarnos solos a nosotros." Acabó mentalmente ella, mientras veía como el chico abría su mochila y sacaba algo. "Los mataré a ambos si él se da cuenta."
–Vamos. – dijo Harry tomándola de la mano y cubriéndola con una capa.
–¿Por qué usamos esto? –preguntó ella desconcertada.
–No sería bueno que nos vieran saliendo del sótano, así que pensé que la capa de invisibilidad nos sería útil. – contestó Harry levantando la trampilla. – Ahora procura hacer el menor ruido posible hasta que salgamos de la tienda y nos quitemos la capa¿de acuerdo?
–Sí, claro. – contestó ella sorprendida: había oído hablar de la capa pero no la había llegado a ver; y nerviosa: estaban muy juntos y él tenía cogida su mano. "No seas estúpida" pensó sacudiéndose la cabeza ligeramente.
Salieron sin ningún problema de la tienda, al estar casi vacía no chocaron con nadie. Una vez fuera se escondieron detrás de la tienda y se quitaron la capa.
El tiempo era horrible: llovía tanto que resultaba difícil andar y la luz de los relámpagos les cegaba de vez en cuando. Al menos iban abrigados para combatir el frío, aunque con tanta agua no había abrigo que valiese. Ginny solucionó el problema aplicando un hechizo con el que la ropa repelía el agua y que también usó en las gafas de Harry.
–Gracias. ¿Dónde vamos primero? – preguntó cuando salían hacia la calle principal.
–Sólo son un par de tiendas: la de Quidditch y la de túnicas. – contestó ella mientras contaba con los dedos. –Ah! y Zonko. Por poco olvido el regalo de Bill y los gemelos.
Harry se la quedó mirando extrañado pero sin decir nada. ¿Todos los regalos los iba a comprar en tres tiendas? Ginny, que se había adelantado un poco para entrar en Zonko, pareció escuchar lo que él estaba pensando.
–Sólo me faltan algunos regalos: mamá, Charlie, Bill y los gemelos. – contestó una vez entraron en la tienda. – El resto lleva semanas en mi habitación.
Ginny no era de aquellas personas que necesitan horas para elegir un regalo, en apenas hora y media iban caminando hacia Honeydukes con dos bolsas. La lluvia ya había parado, aunque las nubes amenazaban con otra tormenta.
–Dejaremos Las Tres Escobas para la próxima vez. – dijo Harry tristemente.
–Lo mejor es volver al colegio antes de que alguien se dé cuenta que no estamos allí. –razonó Ginny con una mueca de disgusto. Lo estaba pasando muy bien con Harry como para volver y tener una charla nada agradable con Hermione.
–No creo que se hayan dado cuenta que no estamos, pero de todas maneras tienes razón.
Pasaban cerca del lugar donde se habían quitado la capa cuando comenzaron a escucharse los sonidos de gente apareciéndose. Harry cogió a Ginny del brazo y la llevó con rapidez a esconderse detrás de Honeydukes.
–Mortífagos – susurró Ginny asustada.
Harry se asomó un poco para ver mejor la situación. Eran diez más o menos, y estaban un tanto desconcertados. Seguramente esperaban una calle llena de alumnos de Hogwarts y no aquel desierto. El chico podía sentir a Ginny apoyada en su espalda, intentando ver algo por encima de su hombro.
De repente, él se volvió y abrió la mochila mientras hablaba con ella en voz baja.
–Ponte la capa y vuelve al castillo. – dijo con voz autoritaria.
–No, no. Nos ponemos la capa y nos vamos al castillo. –replicó ella agarrando a Harry de la mano con fuerza y con una determinación dibujada en sus ojos que sorprendió al chico. – Son demasiados, Harry. No intentes que te deje solo porque no pienso hacerlo.
–No es momento de discutir. Haz lo que te digo. – él intentó soltarse de la mano de ella, pero no pudo. Ella no lo entendía… –Por favor Ginny, hazme caso y vete. – suplicó el chico mirándola a los ojos.
–Si tú te quedas, yo también. –respondió ella inamovible. Lo que dijo a continuación se quedó grabado en la mente de Harry sin que ella se lo propusiera. –No me sirve que seas un héroe pero que tengas que morir para ello. Harry, por favor, prefiero mil veces que seas un cobarde pero que estés conmigo. – pidió con desesperación.
Por unos segundos lo sintió; sintió que él se moriría sin ella, y vio esa misma sensación en los ojos de Ginny. No era el momento de ponerse a pensar si ella sentía algo por él o no, pero la fuerza con la que le cogía la mano y la desesperación de su voz le hizo cambiar de opinión.
Sacó su varita, se colgó la mochila y echó la capa por encima de ambos. Salieron mirando a todos lados por si alguien notaba su presencia y tenían que esquivar un hechizo.
Andaban con rapidez, lo más cerca que podían de las paredes, cuando Ginny apretó un poco más la mano de Harry.
A menos de tres metros de ellos avanzaban dos mortífagos, vestidos con una gran capa negra con capucha y una máscara para no ser reconocidos. Pero ni Harry ni Ginny olvidarían jamás esa voz áspera de mujer que se acercaba peligrosamente. Si se quedaban allí quietos bajo la capa, Bellatrix Lestrange acabaría chocando con ellos.
Harry sintió el impulso de quitarse la capa y acabar con ella. Ahora sí sentía el odio suficiente para causarle gran dolor con un cruciatus. Pero la mano de Ginny temblaba; por un instante había olvidado que no estaba solo. Miró a la mortífaga por última vez y tiró con suavidad de la pelirroja para que le siguiera hasta la puerta de Honeydukes.
Tres metros… Dos metros… Un metro…
Alcanzaron la puerta y, estaban por entrar, cuando más gente se apareció en la calle. Harry se dio la vuelta y vio como un nutrido grupo de aurores provocaba la huida de algunos mortífagos, mientras que otros comenzaban a luchar. Bellatrix aún seguía ahí, peleando con un auror que creía recordar pertenecía a la Orden. "Ahora sería el momento."
Pero Harry no tuvo tiempo de pensarlo mucho, porque esta vez fue Ginny quien tiró de él hasta la trampilla del sótano de la tienda.
El camino de vuelta al castillo transcurrió en absoluto silencio, Harry iba unos metros más adelantado que la pelirroja, pensando en Sirius y en la profecía. Aquel había sido el momento de acabar con Bellatrix y de llegar hasta Voldemort. Los mortífagos no lo hubieran matado a él, lo habrían torturado… pero Voldemort era el que debía matarle. Y esa habría sido la oportunidad perfecta, porque seguramente aquella aparición de mortífagos era para capturarle y de paso hacer daño a sus amigos. Le hervía la sangre de rabia al pensar que por su culpa nadie en el mundo mágico pudiese vivir tranquilo, que sus compañeros no pudiesen ir a Hogsmeade ese día por el ataque. Porque si algo tenía claro Harry en aquel momento, era que la lluvia había sido una excusa, y que Dumbledore sabía del ataque de antemano.
Bastante rato después llegaron al castillo y nada más salir de detrás de la estatua, Harry continuó caminando hacia un lado, sin mirar atrás. Ginny lo vio alejarse por el camino contrario al que llevaba a la sala común. No habían cruzado una sala palabra durante el camino de vuelta; él ni la había mirado, quería estar solo y ella lo entendió. Por eso no le siguió.
Suspiró, agarró las bolsas que acababa de poner en el suelo y se dio media vuelta, en dirección a la torre de Gryffindor.
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Horas después Ginny despertaba acurrucada en su cama. Se levantó y miró la hora: ya estarían sirviendo la cena.
Al pensar en la comida su estómago rugió, no había comido nada desde el desayuno. Pero antes de salir del dormitorio se acercó al baño y se miró al espejo. Tenía los ojos hinchados, como consecuencia de haber pasado varias horas llorando, el pelo un poco enmarañado y la ropa bastante arrugada. Así que se echó agua en la cara, volvió a peinarse y se cambió de ropa antes de bajar.
Esperaba tener la misma suerte que cuando llegó esa mañana a la sala común y no encontrarse ni a Hermione ni a su hermano. La verdad era que no tenía ganas de hablar con nadie; iría a cenar y volvería a su cuarto. El ataque de la mañana la había atemorizado demasiado y, aunque no les había pasado nada, no podía dejar de llorar pensando en lo que podría haber ocurrido.
Pero la suerte no estaba de su parte.
–¡Gin! Creíamos que no te ibas a despertar. – Hermione estaba al pie de las escaleras de los dormitorios de las chicas, junto a su hermano.
–Ya tenía hambre. – contestó uniéndose a ellos. Intentó sonreír para no dar importancia al tema, pero no lo consiguió.
–¿Y dónde estuvisteis esta mañana? Supimos por Neville que la visita a Hogsmeade se suspendió, pero ni Harry ni tú aparecisteis. – intervino Ron con una sonrisita.
Ginny no contestó, siguió caminando hasta el retrato al tiempo que Hermione y Ron intercambiaban una mirada de preocupación.
–Gin¿sabes dónde está Harry? – preguntó Hermione alcanzando a su amiga. –Cuando Ron y yo llegamos a la torre antes del almuerzo Claire nos dijo que te había visto llegar un par de horas antes, y que estabas dormida. Por eso no subí a tu habitación. Pero no hemos visto a Harry en todo el día.
"Ponte la capa y vuelve al castillo"
Ginny cerró los ojos y vio los de Harry cuando le instó a volver aquella mañana. Había decisión en ellos. Si ella no le hubiera convencido, seguramente a esa hora ya estaría muerto.
–No… yo no sé. – contestó al fin la pelirroja. Una lágrima se atrevió a salir, pero rápidamente ella la borró con una mano.
–¿Pasó algo con Harry? – Ron estaba ahora a su lado y la miraba con el ceño ligeramente fruncido. Estaba nervioso. –¿Te hizo algo?
–¡Por favor, Ron¡Es Harry¿Qué me va a hacer él! – respondió Ginny. – No sé dónde está¿de acuerdo?
Y antes de que alguno de los dos pudiese decir nada, Ginny corrió escaleras abajo sin esperarlos. Iban a seguirla, pero Neville apareció acompañado de Seamus para bajar al comedor, así que decidieron bajar todos juntos. Y ya no pudieron correr para buscar a la pelirroja.
Más tarde, al mismo tiempo que Hermione entraba al dormitorio de las chicas de quinto curso y veía a Ginny durmiendo, Ron suspiraba aliviado de encontrar a su mejor amigo también dormido en su habitación. Ambos prefectos habían esperado en el comedor por si aparecían, pero no sabían que, tanto Harry como Ginny, habían ido directamente a las cocinas para no ver a nadie.
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La mañana siguiente amaneció despejada, sin el mínimo rastro de la tormenta que había azotado al castillo el día anterior. Al ser domingo los alumnos aprovechaban para dormir más, por lo que la actividad en el comedor a horas tempranas no era muy elevada. Sin embargo, siempre hay quien madruga como costumbre, como forma de aprovechar más el día o como consecuencia del insomnio. Y ese día había más madrugadores que de costumbre: tres chicos esparcidos por la mesa de Hufflepuff, unos cuantos más en la mesa de Ravenclaw y sólo un alumno en la de Gryffindor; los Slytherin no daban muestras de ser muy madrugadores.
Desconocía cuál era la razón del resto de compañeros para madrugar tanto en domingo, la suya era el insomnio. Había podido dormir unas pocas horas solamente y, a pesar de ello, no se encontraba cansado.
Untaba la mantequilla en la tercera tostada que se iba a tomar mientras planeaba lo que haría durante el día. Aún le faltaba hacer la tarea de Herbología y acabar la de Defensa, así que lo más conveniente sería ir primero a la biblioteca para poder tener después toda la tarde libre.
–Buenos días. – saludó una voz tímidamente frente a él.
La voz procedía de una muchacha de pelo rojo que se había sentado en frente y que comenzaba a comer sin esperar la respuesta a su saludo.
–Hola – contestó él con un ligero atraso.
¿Cómo estaría ella? Después de todo, el ataque del día anterior la había asustado y él ni siquiera fue capaz de preguntarle. Se limitó a pensar y pensar, dejándola a ella atrás. "Quizás esté molesta" dedujo cuando pasaban los minutos y ella seguía sin hacerle el menor caso. Tampoco es que él intentara iniciar la conversación, pero le daba un poco de miedo que ella le contestase con uno de esos ataques de genio que tenía.
–Gracias – dijo ella de pronto levantando la mirada y descubriendo cómo él la estaba observando.
–No fue nada. – contestó él sonriendo un poco. "No tiene cara de molesta ahora". – ¿Cómo estás?
–Más tranquila¿y tú? – preguntó ella a su vez. El ambiente volvía a la normalidad de siempre, como si el sábado simplemente no hubiera existido. – Ron y Hermione estuvieron preocupados por ti todo el día.
–Estoy mejor. – contestó escuetamente. – ¿De veras se preocuparon?
–Al parecer te estuvieron buscando desde el almuerzo. Y cuando les vi a la hora de la cena aún no daban contigo. – respondió Ginny sirviéndose el jugo.
–¿Tú..¿Tú no te preocupaste? – estaba nervioso al preguntarle aquello. En las últimas horas le habían surgido muchas dudas y necesitaba averiguar qué sentía ella. No iba a preguntarle directamente, pero para algo existen las indirectas.
–No hacía falta. – reconoció la chica sonriendo. – Sabes cuidarte solo, Harry. Sabía que aparecerías tarde o temprano así que no vi necesario el ir a buscarte, sobre todo porque no querías que te encontraran.
–Gracias por entenderlo. –dijo él con alivio. "Definitivamente no está molesta."
Ella sonrió como única respuesta.
Permanecieron casi una hora en el comedor hablando de temas un poco más triviales, menos dolorosos. Y cuando ya se marchaban, se cruzaron con Hermione y con Ron, que aún iba medio dormido. Decidieron verse más tarde en la sala común para acabar las tareas juntos; así que mientras los prefectos desayunaban, Harry y Ginny se adelantaron a la biblioteca a sacar unos libros que les harían falta.
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Más tarde los cuatro se hallaban sentados en la sala común, con un montón de libros y pergaminos esparcidos sobre una mesa. Habían estado haciendo las tareas hasta que una lechuza apareció para traer el periódico a Hermione. Seguramente habrían permanecido más tiempo juntos si El Profeta no hubiese llegado.
–Ya sabía yo que una tormenta como la de ayer no era suficiente para suspender la visita a Hogsmeade. – dijo Hermione con una sonrisa de suficiencia después de echarle un vistazo a la portada del periódico.
–¿De qué hablas? – preguntó Ron dejando de lado el pergamino donde estaba escribiendo.
–De que, tal como pensaba, había una razón más poderosa para que Dumbledore no dejara que ningún alumno fuese ayer al pueblo. – le respondió ella pasándole el periódico.
Harry comenzó a recoger sus cosas rápidamente, bajo la mirada interrogatorio de Hermione. Ginny, por su parte, no había levantado la vista del pergamino que tenía delante.
–¡Un ataque de mortífagos! –exclamó Ron un minuto después. –Menos mal que no fue nadie, podía haber sido una tragedia¿no crees, Harry?
Pero Harry ya se había levantado y había dejado su mochila en el sillón.
–¡Harry! – llamaron Ron y Hermione al unísono.
Pero el muchacho ya había salido por el retrato sin decir nada.
–¿Ginny?
La pelirroja miró a Hermione y luego a su hermano, deseando que no le preguntaran nada.
–¿No tienes nada que decirnos? – insinuó Hermione.
–¿Yo? – preguntó Ginny devolviendo su atención a los pergaminos, intentando parecer indiferente.
–Cuando anoche subí a tu dormitorio para ver si estabas ahí, vi una bolsa de Zonko junto a tu cama.
–¿Y? – volvió a preguntar Ginny; pero la indiferencia de su voz se iba tornando al nerviosismo.
–¿Cómo que 'y'! – Hermione comenzaba a exasperarse. –El viernes por la noche dijiste que te faltaban unos regalos y que pensabas comprarlos en Hogsmeade ayer.
–No sé qué insinúas. – dijo la pelirroja comenzando a recoger sus cosas.
–Harry estuvo todo el día de ayer desaparecido y fíjate cómo ha actuado ahora, nada más nombrar el ataque de ayer. – expuso la chica cogiendo a Ginny de la mano, evitando así que se marchara. – Y tú tampoco estuviste muy a la vista ayer. ¡Hasta Ron se ha dado cuenta que os pasa algo!
–¡Hey! Ni que yo estuviera siempre en la inopia. – protestó el aludido.
–Reconoce que muchas veces lo estás, Ronnie. – añadió Ginny sonriendo burlona.
–No cambies de tema; esta vez es importante. – le ordenó Hermione a su amiga. – Tengo la impresión de que sí fuisteis al pueblo ayer, a pesar de la suspensión de la visita.
Ginny abrió la boca para contestar, pero su hermano fue más rápido y no se lo permitió.
–¿A quién visteis, Gin? No lo niegues porque conozco de sobra a Harry como para saber que no le importa saltarse las normas por los amigos. Y la de ayer era tu última oportunidad para comprar los regalos. –expuso el chico con una seriedad poco habitual en él. – Utilizasteis el mapa¿no?
–Vamos, Gin. Estamos preocupados por vosotros. –pidió Hermione. – Sólo queremos saber.
Pasaron varios minutos en silencio hasta que se rindió y les contó lo que había pasado la mañana anterior.
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Estuvo dando vueltas por el castillo sin saber qué hacer. La idea de revivir de nuevo los sucesos de la mañana anterior lo puso muy nervioso; la imagen de Bellatrix triunfante después de matar a Sirius volvía a él constantemente, como esas melodías estúpidas que se te clavan en la mente y no eres capaz de olvidar aunque lo intentes. Procuraba a menudo no pensar en esa mujer, y había días que incluso lo conseguía. Por eso había escapado de esa forma de sus amigos, porque no quería tener que explicarles lo que había sentido al tenerla a tan pocos metros… No quería tener que decirles que deseó quitarse la capa y llegar hasta Voldemort para que todo acabara, sin importarle por un momento que Ginny estuviera en peligro. No quería tener que hablarles de la profecía, sólo les preocuparía aún más y, quizás, les asustara.
Ese era uno de los temores de Harry Potter en aquel momento: que sus amigos le rechazaran por tener que convertirse en un asesino.
Después de unas cuantas vueltas sus pies lo acabaron llevando a los terrenos del colegio. Lo que necesitaba para olvidarse de todo era volar.
Al salir al aire libre vio que el cielo volvía a encapotarse poco a poco, amenazando con lluvia a pesar de que unas horas antes el día había amanecido totalmente despejado. Pero a Harry el hecho de que fuera a llover no le molestaba para volar, así que se dirigió con paso decidido al campo de quidditch.
A medida que se iba acercando veía con más claridad que, lo que empezaba siendo un bulto borroso que sobrevolaba el campo, terminaba por convertirse en una muchacha pelirroja que conocía bastante bien.
Se quedó parado junto a la base de uno de los postes de gol, como hipnotizado, viéndola volar. Seguía sus movimientos sin dificultad ya que ella no iba demasiado rápido sino que, más bien, parecía estar tranquila, simplemente sintiendo que no había nada bajo sus pies. Él se sorprendió de lo mucho que podían llegar a parecerse; para él, volar era la única forma de relajarse, de sentir que todos los problemas quedaban por debajo, volviéndose insignificantes. Y por enésima vez en aquella semana, su vocecilla interior le recordó lo preciosa que era. "Completamente de acuerdo" pensó mientras veía como ella notaba su presencia y descendía. "Hasta con el pelo desordenado luce perfecta."
–¡Harry! Me alegro de verte. – exclamó con una leve sonrisa mientras bajaba de la escoba y se situaba frente a él. – Al ver que no estabas aquí pensé que te desaparecerías de nuevo como ayer.
–Estuve tentado de hacerlo. – le dijo sin dejar de mirarla a la cara, lo que provocó un pequeño temblor de nerviosismo en ella, que comenzó a arreglarse el pelo torpemente.
–Yo… yo ya me iba, así que te dejo el campo libre. –balbuceó Ginny aún nerviosa por la mirada que el chico le dirigía.
–No es necesario. –contestó él con rapidez antes de que ella diera un paso para irse. – Hay suficiente espacio para los dos¿no crees?
–Sí, claro. – afirmó ella mientras montaba de nuevo en su escoba.
Y mientras Harry iba hacia los vestuarios por su escoba, volvió un par de veces la cabeza para verla. Ahora volaba más rápido que antes porque, sin saberlo, él la había puesto nerviosa.
Apenas pudieron volar quince minutos más. Un chaparrón comenzó a caer sobre ellos con tal fuerza que hasta Harry pensó que era demasiado como para continuar volando. Descendieron y se metieron a toda velocidad en los vestuarios.
–Entre la nieve y la lluvia vamos a practicar poco estas vacaciones. – comentó Ginny dentro, justo después de secarse con un encantamiento.
–Supongo que así Hermione no se quejará de que la dejamos sola. – opinó Harry (seco también gracias al mismo encantamiento) sentándose en un banco.
–No se queja en serio. Le encanta vernos volar, sobre todo a mi hermano. – aclaró Ginny – lo que ocurre es que es su manera de llamar la atención de Ron.
–Una manera un tanto extraña. – opinó Harry.
Ella, a modo de respuesta, sólo se encogió de hombros.
–Y, bueno¿se puede saber dónde te escondiste ayer todo el día? –preguntó ella unos minutos después desde la puerta, comprobando que seguía lloviendo con fuerza.
Se sentó al lado del chico mientras esperaba que él continuara con la conversación.
–Por ahí. – dijo él escuetamente.
–Si no quieres hablar del tema con Ron y Hermione, muy bien; yo tampoco me sentía con ganas de hacerlo. –repuso ella. – Pero a mí puedes hablarme¿sabes? Así de paso puedo esconderme de ellos también.
Rieron un momento por el último comentario de ella y después Harry decidió que sí tenía ganas de hablar con alguien… con ella.
–Siento haberme marchado así cuando llegamos al castillo ayer. – comenzó Harry mirando alternativamente sus manos y sus zapatos. – Yo sólo quería que compraras los regalos y que no estuvieras preocupada por eso. Pero, una vez más, volví a saltarme las normas cuando no debía y te puse en peligro.
–Pero... no tienes que disculparte Harry. – intervino Ginny confusa – Si lo ves de esa forma yo tengo gran parte de la culpa. Podía haberte insistido para que volviéramos al castillo antes de llegar a Honeydukes.
–Pudiste haber muerto por mi culpa. – insistió él sin mirarla a la cara. No podía hacerlo, el remordimiento le oprimía la cabeza.
–¡Oh, vamos! No digas tonterías... Cualquiera que te oiga pensaría que tú organizaste el ataque. Harry, tú me salvaste. – en ese momento ella se volvió para mirar a Harry, pero como él estaba ocupado en observarse los zapatos Ginny tuvo que levantarle la cara con sus manos para que pudieran mirarse a los ojos.
–No tienes la culpa de que ellos aparecieran.
–¡Sí tengo la culpa¿no lo entiendes? – exclamó Harry – Ellos estaban allí por mí, porque querían capturarme. Y si no fuera por ti yo me habría dejado atrapar… sólo después de acabar con ella. –El sentimiento de culpa se hacía más intenso si la miraba a los ojos, pero ya que había empezado a contarle no podía detenerse. – Olvidé que tú estabas allí conmigo cuando Bellatrix estaba tan cerca. ¡Estuve a punto de arrojar la capa para luchar contra ella! –admitió alzando la voz.
–Pero Harry, es comprensible. Ella…
–¡Te puse en peligro! Eso no tiene explicación alguna, Ginny. – cortó él sin bajar la mirada. – No sé en qué estaba pensando. La vi allí tan tranquila y de pronto todo el odio acumulado me nubló la razón. Lo siento.
–¡Deja ya de disculparte por algo de lo que no tienes la culpa! – Harry abrió la boca para contestar pero ella no se calló, sólo bajó la voz. – Pensabas en que ella te ha quitado a una persona demasiado importante, y no era sólo odio lo que sentías… había dolor y rabia. No pienses más en algo que no ha llegado a ocurrir, por favor. Sólo conseguirás hacerte más daño.
Se quedaron en silencio unos minutos, aceptando todo lo que acababan de escuchar.
–Llegará el momento de vengar la muerte de Sirius, Harry. – comenzó Ginny, captando de nuevo la atención del chico, que volvió a mirarla a los ojos. – Ayer no era ese momento, eran demasiados.
–Era la oportunidad de llegar hasta 'Él'. – murmuró Harry.
–¿Vol- Voldemort? –inquirió ella sorprendida.
–Hubiera acabado todo. – respondió él con frialdad.
–¿Acabado¡Te mataría, Harry! – gritó Ginny levantándose de un salto. –¿Estás loco!
–Yo le habría matado a él y esa maldita profecía acabaría por cumplirse de una vez. – repuso Harry con el mismo tono frío en la voz.
–¿Profecía? Se rompió sin que llegaras a escucharla. Ninguno de nosotros la escuchó… – ahora ella estaba completamente confundida. – ¿Cómo vas a saber lo que…
–"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca… Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes. Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce. Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida…" –recitó Harry con un hilo de voz. Le había dado tantas vueltas desde que Dumbledore se la diera a conocer que había acabado por aprendérsela de memoria.
La expresión de Ginny era difícil de descifrar; era una mezcla de sentimientos: asombro, miedo, inquietud, dolor… Se sentó de nuevo con un nudo en la garganta que no le permitía hablar. "Ninguno podrá vivir mientras el otro siga con vida"
Harry había cerrado los ojos esperando una reacción con gritos, esperando sentir el rechazo de ella en su voz. Por eso prefería no mirar.
Pero pasaron al menos diez minutos y lo único que se oía era la lluvia repiqueteando en el techo y las ventanas de los vestuarios. Abrió lo ojos lentamente y lo que vio le preocupó.
–Ginny¿estás bien? – cogió las manos de ella, que temblaban sobre sus rodillas. Tenía la cara pálida, los ojos con un dibujo de terror en las pupilas, los labios apretados y una lágrima corriendo por su mejilla.
–¿Ginny? – llamó él acariciándole la mejilla para borrar aquella lágrima solitaria.
Ella reaccionó ante el gesto.
–¿Des- desde cuándo… ¿Desde cuándo lo sabes?
–El día del Departamento de Misterios. Dumbledore me lo contó después de que todo acabara en el ministerio. – contestó él preocupado aún por la reacción de ella. – ¿Seguro que estás bien?
–¿Por qué no nos lo dijiste? – preguntó ella sin contestar a su pregunta.
–Me daba miedo.
–No entiendo. Miedo ¿de qué?
–De que me rechazarais por tener que convertirme en un asesino. – admitió lentamente.
–Eso es una estupidez. –replicó Ginny con enfado. –No te daríamos de lado, y lo sabes. Deberías aprender a no ser tan egoísta en algunos sentidos, Harry.
–¿Egoísta! – exclamó él levantándose y poniéndose frente a ella, que también se había levantado.
–Sí. Deja ya de guardarte todo lo que sientes y permite que tus amigos te ayudemos.
–No podéis ayudarme en esto. – sentenció él frunciendo el ceño.
–Que no podamos matarle no significa que no podamos ayudarte a llegar hasta 'Él'. – explicó Ginny cogiéndole una mano. – Te repito que no intentes quedarte solo, no vamos a dejarte.
Harry suavizó el gesto de enfado de su cara, suspiró profundamente y le dio un apretón a la mano de ella.
–No quiero poneros en peligro. No más de lo que ya estáis.
–Nosotros vamos a seguirte hasta el final, por mucho que insistas en impedírnoslo– afirmó ella esbozando una leve sonrisa. – Si tú puedes preocuparte por nosotros, déjanos preocuparnos por ti.
–Ya lo hacéis. –contestó él sonriendo también. – A veces demasiado.
–Es lo que hacen los amigos¿no? – dijo Ginny desviando la mirada.
Los ojos de él tenían un brillo que la hacia temblar de nervios, y ella no quería que él lo notara. "Sólo es tu amigo" se recordó.
"No me sigas mirando así, por favor." Intentó llegar hasta la puerta; la lluvia había parado y era el momento de irse antes de decir algo que pudiera acabar con aquella amistad. Pero él tenía sujeta una de sus manos todavía.
Estaba tan nervioso como ella. El corazón le latía tan rápido que parecía que se le iba a salir por la boca. Su razón le aconsejaba que no hiciese nada de lo que pudiera llegar a arrepentirse, pero esa vocecilla de su cabeza le decía que ésa era la oportunidad, que era el momento de arriesgar. Llevaba desde el día anterior preguntándose si era posible que ella sintiese algo más y, aunque sólo había visto unos pocos gestos que aumentaban esa posibilidad, había decidido que era hora de arriesgarse y comprobarlo.
Se volvió hacia él pero con la vista fija en el suelo. Intentaba calmarse respirando profundamente, pero no lo consiguió. Harry le levantó el rostro con sus manos, que temblaban.
Se miraron a los ojos un instante y sucedió.
Él terminó de romper la distancia que los separaba para darle un beso suave, tranquilo… lleno de esperanzas.
Ella se quedó parada de la impresión. ¡Harry la estaba besando! Cerró los ojos para dejarse llevar por el sinfín de sensaciones que en ese momento le recorría el cuerpo, y correspondió tímidamente al beso.
–¡Maldito charco! Cómo me he puesto la túnica…– exclamó alguien a pocos metros del vestuario.
Harry y Ginny se separaron bruscamente. Conocían muy bien esa voz.
N/A: vaya con el del charco... nos fastidió la escena!¬¬ ¿quién será?... se admiten apuestas... Para una vez que Harry se decide a dar el paso... va alguien y los interrumpe...
Primero que nada... siento muchísimo la tardanza, esta vez no tengo excusa... y admito que no colgué antes el capi pues.. por falta de ganas y de ánimos.
Quiero agradecerles a kika dlc y a SabrinaEvans por seguirme y dejarme su review (la verdad creo que son las únicas que me leen jeje), GRACIAS! en serio, significan mucho para mí . Espero que este capi les haya gustado tanto como me gustó a mí escribirlo!
Un beso enorme
NaSiRiD
