-El Bosque de las Joyas, porque en él todas las hermosas flores parecen piedras preciosas. –dijo Elena en voz baja. –Mi padre era el Mago del Bosque, y mi madre la Flor del Crepúsculo. Yo era la Estrella-Sol. Pensar que había olvidado toda una vida. Y después la recordé, en sólo un segundo.
Alguien tocó a la puerta en ese momento.
-Pase. –dijo Elena con calma.
-Soy Lucy. –dijo la chica pelirroja entrando.
-¿Qué pasa Lucy? –preguntó Elena mientras le hacía señas para que se sentara en la cama junto a ella.
-Pues...me gustaría que me contaras más de ti, y de lo que viviste en la Tierra Media. –explicó Lucy. –Si no te molesta claro.
-Claro que no. –dijo Elena sonriéndole.
Lucy se sentó y comenzó a escuchar.
-Yo llegué a la Tierra Media en el año 3017 de la Tercera Edad según la cuenta de los elfos. –comenzó Elena. –Llegué después de haber leído un hechizo en un papel que venía con ésta joya.
-¿Qué es? –preguntó Lucy.
-Es una de las tres Silmes, o Luces de las Estrellas. –dijo Elena sosteniendo la suya. –La mía es la Luz de Vilya.
-Vilya, -repitió Lucy. –Si no mal recuerdo ese era uno de los tres anillos élficos.
-Exacto. –dijo Elena. –Las Silmes fueron creadas uniendo el poder de uno de los anillos élficos con la magia de la estrella Gil-Estel, el Silmaril que porta Eärendil y que navega en el Vingilot por los mares del cielo. De las otras dos Silmes: son las Luces de Nenya y Narya.
-¿Qué hay dentro de la joya? –preguntó Lucy.
-Eso depende de la joya. –respondió Elena. –La de Narya contenía fuego, la de Nenya agua, y la de Vilya, contiene aire.
-Son los tres elementos que manejamos nosotras como Guerreras Mágicas. –dijo Lucy.
-También son los poderes de los tres anillos élficos. –dijo Elena.
-Pero cuéntame más de tu aventura. –dijo Lucy emocionada.
Elena sonrió al ver la emoción de Lucy, y continuó narrando.
-Como te decía. –dijo Elena. –Yo llegué en el año 3017 y tuve un encuentro no muy agradable con Trancos y los montaraces que él dirigía. Aunque supe manejar la situación bastante bien. Después me llevaron a Rivendell, donde conocí a Gandalf y Elrond. Cuando ellos me vieron pareció que me conocieran de antes. Me preguntaron mi nombre y pidieron ver mis orejas. Después Gandalf nos transportó al Bosque de Lothlórien. Ahí vi a la Dama Galadriel, a quien yo conocía como Alatariel, no sé por qué; y también vimos al Señor Celeborn. Después la Dama me ofreció ver en un espejo para descubrir mi verdad. Era increíble, por la manera que hablaban, parecía que sabían más sobre mí que yo misma. En el espejo pude verme reflejada a mi misma, a mis padres, y a mi antiguo hogar. Así supe quien era yo realmente. Fue un gran shock, y tardé un poco de tiempo en recuperarme. Pero justo entonces Gandalf dijo que yo era una Silmecolinda, la Portadora de la Luz de las Estrellas, y que debía cumplir una misión. Debía ayudarles en la guerra contra Sauron. Además, era muy probable que si cumplía satisfactoriamente con mi misión podría volver a mi época, a mi casa.
-Lo mismo nos dijeron a nosotras cuando llegamos aquí a Céfiro. –dijo Lucy en voz baja. –Que si nos convertíamos en Guerreras Mágicas y salvábamos Céfiro podríamos volver a nuestro hogar.
Elena le sonrió a Lucy, y luego prosiguió con su relato:
-Al principio yo había pensado negarme, pero luego pensé en mis padres, en aquellos que recordaba de mi pasado. No podía defraudarlos. Así que acepté. Gandalf dijo que me haría bien entrenar, yo ya sabía pelear, pues mi tío me había enseñado, y mi padre me había heredado y enseñado algo de magia, además que como portadora de la Luz de Vilya yo tenía magia relacionada con el viento. Así que ese día comenzó mi entrenamiento, Entrené muy duro, la mayor parte del tiempo con los montaraces; pasé un año entrenando. Después fue que todo comenzó.
Elena pareció recordar algo:
Flashback
-Los nueve han salido de Mordor, lo sé. –dijo Elrond.
-Yo también los siento. –dijo Elena. –Están buscando algo.
-O a alguien... –murmuró Gandalf.
-¿Qué sabes tú de todo esto? –preguntó uno de los hijos de Elrond, Elladan.
-Han salido porque han sentido de nuevo el poder del Único. –dijo Aragorn, Trancos, recargado en la pared.
-¡El Único! –gritó Elena perdiendo la compostura. -¡Te refieres al Anillo Único!
-Si, a eso nos referimos. –dijo Gandalf extrañamente calmado
-Pero eso es imposible... –comenzó Elena.
-No, no lo es. –dijo Galadriel, que también estaba presente. –Y tú lo sabes.
Los demás voltearon a ver a Elena y a Galadriel sin entender.
-Lothuial... –comenzó Galadriel.
-Mi madre predijo esto. –dijo Elena. –Ella tenía el don de la premonición, y predijo que Sauron intentaría alzarse nuevamente; e incluso dijo que probablemente yo estaría entre las personas que deberían encargarse de impedirlo.
-Además, es justo para eso que Elena ha entrenado todos estos meses. –dijo Aragorn.
-Si, -dijo Elrond. –Aunque yo no pensé que atacarían tan pronto.
-¿Dónde está el Anillo? –preguntó Elrohir.
-Está en la Comarca, -dijo Gandalf. –En las manos de un hobbit, Frodo Bolsón.
-¿El sobrino de Bilbo? –preguntó Elena, que conocía al viejo hobbit.
-Si, -dijo Gandalf. –Y debo ir a verlo, para decirle que ha llegado el momento de que se ponga en marcha, antes de que sea demasiado tarde. Aunque mucho me temo que no podré acompañarlo.
-Entonces yo iré. –dijo Elena. –Yo lo protegeré.
-¿Estás segura? –preguntó Galadriel.
Elena asintió seriamente.
-Y yo los veré en Bree. –dijo Aragorn. –Aún tengo que arreglar algunos pendientes antes de unirme a ustedes.
-De acuerdo. –dijeron Elena y Gandalf al mismo tiempo.
Con eso todos se separaron. Ese fue el día que la verdadera aventura comenzó.
Fin del Flashback.
-¿Te ocurre algo? –preguntó Lucy algo preocupada.
-No, nada. –dijo Elena sonriendo. –Sólo recordaba algo.
Elena notó que Lucy seguía esperando que ella continuara su relato, así que se decidió.
-Después de entrenar un año descubrimos que los Jinetes Negros habían salido de Mordor y buscaban el Anillo Único. –siguió contando Elena. –Y yo me ofrecí para proteger a Frodo en su viaje hasta Rivendell. En Bree se nos unió Aragorn. Aún recuerdo algo de ese día:
Flashback(Narrado por Elena)
Frodo había usado accidentalmente el anillo, por lo que se había vuelto invisible, pero por mi joya, yo aún podía sentir su presencia, y sentí cuando él se fue. Así que salí de la posada, y llegué a la ventana de una habitación, me escurrí, y logré ponerle una espada al cuello al que retenía a Frodo en esa habitación.
-No te muevas, a menos que quieras perder tu vida por mi espada. –dije yo seriamente.
-Es la segunda vez que tú logras poner una espada en mi cuello, y sigo sin entender cómo haces para que no me dé cuenta. –dijo el hombre.
-¡Trancos! –exclamé, fuera de Rivendell siempre lo llamaba así.
De inmediato bajé la espada, y apenas lo hice cuando Sam, Pippin y Merry entraron.
Fin del Flashback
-Aún recuerdo que discutimos mucho esa noche. –dijo Elena. –Aunque después de un rato confiaron en nosotros; y después de que vieron a los Jinetes Negros, comprobaron que Aragorn y yo sólo queríamos ayudarlos. Al día siguiente abandonamos Bree y nos encaminamos hacia Rivendell. Pero a mitad del camino, en la Colina de los Vientos, fuimos atacados por los Jinetes Negros, ellos hirieron a Frodo. Entonces Aragorn y yo nos pusimos a buscar las plantas de athelas, para tratar de curarlo.
Flashback(Narrado por Elena)
Yo estaba buscando la planta, pero no conseguía encontrarla. Lo difícil de esta planta, Athelas, los elfos la conocemos como Asea Aranion, y otros las llaman Hojas de Reyes; ésta planta sólo crece en donde han acampado los dunedáins.
Yo seguía buscando, cuando sentí una presencia extraña acercarse a Aragorn, y la seguí. Encontré a una mujer con una espada apuntando al cuello de Aragorn.
-Vaya, vaya. –dijo la mujer. –Un montaraz con la guardia baja.
-¿Por qué últimamente todos pueden hacer eso? –preguntó Aragorn con algo de frustración.
Yo me acerqué sigilosamente y logré poner mi espada en el cuello de la otra mujer.
-¿Quién eres tú y qué quieres aquí? –pregunté yo con seriedad.
-Ustedes saben quién soy, -dijo ella enderezándose y bajando la espada.
-¡Arwen! –exclamé yo sorprendida.
Aragorn se levantó, había encontrado la planta.
-Los he estado buscando desde hace varios días. –dijo Arwen envainando la espada y siguiéndonos a donde habíamos dejado a los hobbits. –Mi padre está muy preocupado...
Fin del Flashback.
-Arwen se llevó a Frodo en su caballo. –siguió contando Elena. –La noche pasó, y al amanecer yo sentí la presencia de los Nueve, estaban persiguiendo a Arwen. Entonces yo conjuré un caballo. Recuerdo que Aragorn estaba muy molesto; me reclamó que no lo hubiera hecho antes, yo le dije que era porque mi magia se debilitaba si se enfrentaba al poder de Sauron, y eso incluía a los Jinetes Negros, pero en la situación en que nos encontrábamos, yo debía hacer algo. Recuerdo que llegué hasta el Vado, el límite de Rivendell. Arwen ya había cruzado con Frodo, y parecía prepararse para hacerle frente a los Jinetes. En cierto momento ella volteó a verme y yo comprendí en un segundo lo que quería. Ambas murmuramos en voz baja un hechizo para desatar la furia del Vado, con lo que derrotamos a varios Jinetes; el problema fue que los cuatro que quedaron, estaban de mi lado; y cuando me descubrieron me atacaron. Logré hacerles frente con ayuda de mi magia y el poder de la Luz de Vilya, aunque eso no evitó que uno de los jinetes me hiriera en un costado. Herida, logré ahuyentar al último Jinete y cruzar el Vado a nado; ayudé a Arwen a llevar a Frodo hasta la casa de Elrond. Mi herida en el costado no era profunda, pero extrañamente se me había abierto una vieja cicatriz en un hombro, y esa si era grave. Caí inconsciente en el vestíbulo de la casa de Elrond. Desperté un par de días después, Elrond y Aragorn me habían curado, y a Frodo también.
-¿Por qué todo eso no está escrito en los libros? –intervino Lucy.
-Porque yo me encargué de eliminarme a mi misma del libro. –explicó Elena. –Porque si alguien de mi época lo leía, podrían descubrirme, y eso me traería algunos problemas.
-Ya veo. –dijo Lucy. –Y existe alguna copia del escrito original.
-Si, hay tres. –dijo Elena. –El primero son sólo escritos sueltos, guardados entre los archivos secretos en Gondor; sólo la familia Real tiene acceso a ellos. El segundo se lo llevó Frodo cuando partió hacia el Oeste. Y el tercero está en Inglaterra, en un pequeño cofre en mi habitación.
-Elena... –llamó una voz desde afuera.
-Pasa Presea. –dijo Elena.
-Ah, Lucy también está aquí. –dijo Presea sonriendo. –La cena está servida.
-Ya vamos. –dijeron Elena y Lucy a la vez.
-Espero que después sigas contándome. –dijo Lucy sonriéndole.
-Seguro. –dijo Elena sonriendo.
Una vez que Lucy salió Elena siguió hablando, para si misma:
-Aunque hay cosas que no he de contarte Lucy, al menos no aún.
.---.
En la cena todos estuvieron platicando animadamente, se mencionaron algunas de las cosas que Elena le había comentado ya a Lucy.
-¿Y exactamente cuánto tiempo estuviste en la Tierra Media? –preguntó Paris.
-Seis años. –respondió Elena. –Llegué, y estuve un año entrenando con los montaraces, además de que Gandalf me ayudó a practicar mi magia; después fue un año desde que salí de la Comarca acompañada de Frodo, Sam, Merry y Pippin, pasamos por mil y un cosas, cumplimos la misión y finalmente volvimos a Rivendell; después pasé cuatro años en la Comarca; donde tuve oportunidad de rescribir el libro de Frodo, borrando por completo mi participación en la aventura
-¿Y qué ocurrió después? –preguntó Presea.
-Después de cuatro años llegó el momento en que Frodo, Gandalf, Galadriel, Celeborn y Elrond se marcharían al Oeste. Sam, Pippin, Merry y yo fuimos a despedirlos. –contó Elena. –Una vez ahí dijo Elrond que ya sabía cómo volver a mi época. Sólo tenía que concentrarme en el poder de la Silme y visualizar el lugar y momento en que me encontraba justo antes de llegar a Amon Sul. Ellos se fueron y yo decidí cabalgar un rato sobre Sombragrís, el caballo que antes perteneciera a Gandalf. Estuve varios días recorriendo la Tierra Media a caballo, hasta que finalmente me decidí y volví a casa.
-¿Qué pasó cuándo volviste a casa? –preguntó Caldina.
-No mucho. –respondió Elena. –Pese a que había estado seis años en la Tierra Media, en mi...bueno nuestra época apenas si habían pasado unas horas. Aparecí de pie, con la Silme en mis manos, y la hoja con el hechizo escrito estaba a mis pies. Al cabo de unas horas llegó Michel, vio la joya, y luego vio el libro rojo que estaba en la mesa, mi copia de lo ocurrido en la guerra del anillo, una copia donde yo estaba incluida. Él la leyó, permaneció en silencio largo rato, hasta que finalmente me miró y me preguntó si lo que estaba ahí escrito era cierto. Yo le dije que si. Él dijo que desde que me había conocido, años atrás, ya sabía que yo era alguien especial, incluso mi madrastra lo sabía. Él parecía muy interesado en lo que yo había vivido, y me hizo muchas preguntas, a las cuales yo respondí alegremente; pero aún así él aceptó cuando preferí mantenerme en silencio, pues aunque viví cosas increíble, difíciles, en fin, grandes aventuras, también viví algunas cosas tristes y muy dolorosas.
-¿Dolorosas? –preguntó Primavera.
-Si, -dijo Elena. –Estuve viviendo una guerra. Personas murieron, algunas que yo llegué a conocer antes de su muerte, y que me dolió que murieran. Así como cuando llegué a pensar que había sido mi culpa que Gandalf cayera en Moria, pues él había caído mientras intentaba evitar que ese balrog me matara; y luego Boromir, aunque nunca me llevé bien con él, en la batalla en Parth Galen él evitó que me mataran, a mi y a los otros dos hobbits, aún cuando eso le costó la vida. –sollozó. –Pero poco a poco me repuse. Y en general traté de ser igual que como era antes de irme; aunque es obvio que algunas cosas nunca volvieron a ser lo mismo. Yo misma nunca volví a ser del todo la misma.
Para los que tengan quejas por mi tardanza, tengo una sóla cosa que decirles: "Dejen más reviews y actualizo más rápido!!!"
En serio, creo que muy poca gente está leyendo éste fanfic...y eso me decepciona. En especial porque el fanfic ya está terminado...
Pero en fin, las condiciones siguen siendo las mismas: Dejen reviews, muchos y rápido, y yo actualizo, si no...esté fanfic va a tardarse una eternidad en terminar.
