Jijiji sé que fui malvada al dejarlos así en el cap. pasado, pero aquí está la continuación. Espero que en verdad les guste (:

Quiero avisarles de una vez algo que a sé que a muchos no les gustará... El lunes regreso a clases, entonces creo que las actualizaciones serán más tardadas de lo normal cuando regrese :/. Intentaré subir updates lo más pronto posible, pero en verdad no puedo prometer nada. Puede ser que sea uno por semana, o si no tengo mucha tarea, entonces claro que seguiré escribiendo como loca para que puedan disfrutar :3

Bueno, muchas gracias por su comprensión. Si me quieren comentar algo, sepan que leo todos los reviews -w-

¡Muchas gracias por leer!

WhereIsTheBlack


CONTINUACIÓN -

-Sabes perfectamente de lo que hablo, Draco Malfoy, ¡Puedo verlo en tus ojos!-

-Te he dicho que no tengo tiempo para tus estupideces.-

-Malfoy por favor…- dijo implorándole. – Necesito saber por qué he visto lo que he visto. ¿Por qué al tocar tu mano ha sucedido esto?-

Malfoy se volvió a ella bruscamente. –Escúchame bien. Más vale que no le menciones a nadie lo que ha ocurrido. Hablo en serio. Si lo haces…-

-¿Si lo hago, qué?- dijo encarándolo. La expresión de Malfoy era dura, pero Hermione podía leer más allá de eso… Lo veía claramente en sus ojos… El miedo. La confusión.

El rubio permaneció callado, como si estuviera perdido en sus pensamientos. Hermione trataba de que la mirara a los ojos, acercándose cada vez más a él. El chico al notar esto, se alejó.

-Si lo haces, todo estará perdido.- dijo con un susurro entre dientes, sus ojos recorriendo el aula, asegurándose de que nadie lo hubiera escuchado.

-¿Para quién?- desafió Hermione.

-Para los dos.-

Hermione retrocedió extrañada y con espanto. ¿A qué demonios se refería con eso?

-¿Todo estará perdido para los dos? No lo entiendo…- dijo frunciendo el ceño.

Malfoy se pasó las manos por el cabello en signo de estrés y desesperación.

-Ya. Sólo olvídalo.- dijo enfadado casi amenazándola.

-¿Olvidarlo? Malfoy, será lo único que ocupará mi mente si no me dices ahora que es lo que ha pasado.- dijo Hermione alzando la voz, causando que varios alumnos voltearan a verlos, incluyendo a Alan, cuya expresión era de evidente consternación, que Hermione sabía que pronto se transformaría en enfado.

Malfoy cerró los ojos con las manos en la cabeza. La quijada le temblaba por la fuerza en la que apretaba los dientes tratando de contenerse y no hacer algo de lo que se arrepintiera. Sin poder contenerse, y sintiendo los rostros de los alumnos en él, se levantó empujando el pupitre estruendosamente, y salió por las puertas del aula.

-Señor Malfoy, no he dado la clase por terminada.- exclamó Snape extrañado.

Pero el rubio siguió su camino y se perdió de vista, dejando a Hermione totalmente perpleja, enojada y verdaderamente confundida.

La chica se levantó enseguida encolerizada dispuesta a seguirlo, pero en cuanto Snape divisó este movimiento, le apuntó con el dedo, haciendo que ella se enfocara en él.

-¡Señorita Granger, usted sale por esa puerta, y yo mismo le daré detención toda la maldita tarde además de restarle cincuenta puntos a Gryffindor!- amenazó.

Hermione se quedó quieta con la vista fija en la puerta. Se quedó pensando en sus opciones, mordiéndose el labio inferior, pero al cabo de unos segundos salió corriendo en busca de Malfoy, ignorando los gritos de Snape, y las expresiones de Ron, Harry y sobre todo la de Alan, quien la observó con reproche.

Salió al corredor, tratando de averiguar hacia donde podía haber ido el chico, y se dirigió a la Sala Común de Slytherin donde esperaba que pudiera encontrarlo. Cuando Hermione comenzaba a aproximarse al muro que impedía la entrada a la habitación de su destino, éste se transfiguró solo, cosa que, de nuevo, le pareció bastante extraña, pero conveniente.

Hermione casi se estampa contra los barrotes de la puerta al ver al rubio con el rostro entre las manos, completamente solo.

-Malfoy.- dijo con un tono suave.

El chico, a pesar del tono, se sobresaltó al verla en la puerta de la Sala de nuevo.

-¿Cómo has hecho eso?- dijo perplejo mientras se acercaba hacia ella. -¿Cómo demonios has conseguido transformar el muro?-

-No tengo ni la más remota idea, pero eso ahora no es importante. Debemos hablar, y debemos hacerlo ahora.-

Malfoy se rascó la nuca, enfadado.

-Escucha…-

-No, ¡Tú escúchame! Lo que ha pasado no es normal. Simplemente no puede serlo.-

-Yo nunca dije que lo fuera.- dijo con el tono de que no quería hablar más del asunto.

Hermione rodó los ojos con impotencia. –Abre la maldita puerta.-

-Ambos sabemos que no puedo hacer eso.- dijo con desinterés.

-Malfoy, vamos a hablar, lo quieras o no.- dijo sin despegarse de la puerta.

-¡No tenemos nada de qué hablar!- bramó repentinamente Malfoy, sobresaltando a Hermione. –Lo que has visto no es asunto tuyo, así que no tengo por qué darte explicaciones.-

-¡Por supuesto que es asunto mío! Tú mismo has dicho que todo podría estar perdido para ambos. No voy a simplemente quedarme con los brazos cruzados.-

Malfoy trabó la mandíbula, sacudiendo la cabeza con rudeza. –Granger…- comenzó, pero guardó silencio. -¿Por qué no puedes dejar las cosas como están?- dijo severamente estresado, pasándose las manos por el cabello una vez más. La chica se dio cuenta en ese momento de que lo que había presenciado en el aula y lo que Malfoy sabía eran asuntos bastante serios.

Malfoy suspiró prolongadamente, sacando a Hermione de sus pensamientos. – Sala de Menesteres. Veintitrés horas. Más te vale no hacerme perder mi maldito tiempo con no presentarte.- dijo con seriedad, finalmente cediendo a los deseos de la chica. En seguida se alejó de la puerta y subió las escaleras hacia su habitación.

Hermione se quedó quieta, pensando en lo que acababa de pasar. ¿A las veintitrés horas? Era una hora demasiado tarde… estaba segura de que se metería en problemas. Bueno, no más de los que ya tenía esa tarde con Snape.

Sin más que hacer, se encaminó a la Sala Común, tomando en cuenta de que si regresaba a clase de Pociones, Snape la reprendería. Además de que su compañero tampoco estaba presente para cooperar con ella en terminar la poción. Hermione se llevó las manos a las sienes, frotando para liberar el estrés que todo esto le causaba. Nunca había sido una chica que rompiera las reglas, y esta última semana ya había roto bastantes para una vida completa.

Atravesando el retrato de la Señora Gorda, se desilusionó al encontrar a Ginny leyendo. Esperaba no tener que encontrarla para no responder a por qué no estaba en clase, pero la suerte, evidentemente, no estaba de su lado ese día.

-¿Y bien?- dijo Ginny observándola, y notando su expresión estresada. -¿Se puede saber por qué has regresado media hora antes de que terminara tu clase?-

Hermione se dejó caer en el sofá a un lado de la pelirroja, sin emitir ni un solo sonido.

-Hermione, ¿Estas bien? ¿Ha sucedido algo?- dijo con Ginny con preocupación, cerrando el libro de golpe.

-Todo está bien, Ginny, solo… he peleado con Malfoy.- dijo poniendo las cosas de esa manera, para no revelar lo que había sucedido realmente.

-Vaya… pero siempre peleas con Malfoy, ¿Por qué esta vez es diferente?-

-No lo sé, Ginny, sólo estoy bastante estresada… además de pelear con él, tengo detención con Snape.-

Ginny la observó como si tuviera tres cabezas. – ¿Detención, tú? Tú nunca tienes detención…-

-Pues hoy fue el día perfecto para romper con antiguas tradiciones.- le espetó la morena, haciendo que Ginny guardara silencio, frunciendo ligeramente el ceño.

-¿Qué pasa contigo?-

Hermione suspiró, dándose cuenta de que contestarle a Ginny de esa manera no iba a mejorar las cosas.

-Lo siento, Ginny. Sólo estoy agotada, no te preocupes, no es nada.- dijo dándole una leve sonrisa.

Ginny sonrió y puso su mano en la espalda de la chica, dándole ligeras palmadas.

-Sabes que solo me preocupo por ti. Malfoy puede llegar a ser un bastardo sin piedad.- dijo ligeramente enfadada. –Pero en fin. Me aseguraré de darle una paliza en el juego de hoy en la tarde.-

-¿Qué juego?-

Ginny se volvió a ella bruscamente. –No lo habrás olvidado… ¡Hoy es el primer juego del torneo! Gryffindor contra Slytherin.-

Hermione soltó un bufido quejándose.

-Ginny, la detención con Snape es hoy…- dijo poniendo la cabeza entre las manos. Sabía qué tan importante era para Harry, Ron y Ginny que ella los apoyara, y ahora por culpa de la necedad de Malfoy, se lo perdería.

-Entonces… ¿No irás a vernos?- dijo ladeando la cabeza, como un niño cuando le dicen algo que no entiende.

-Trataré de llegar al final.- dijo con pocas esperanzas, arqueando la comisura de los labios en arrepentimiento.

Ginny simplemente asintió un poco decepcionada.

-Bien, pero si llegas deberás traerme una rana de chocolate. Muero de hambre después de los juegos.- dijo haciendo que Hermione riera.

-Está bien, te llevaré una.-


Pasó el tiempo y dieron las seis de la tarde. Los chicos habían llegado a la Sala Común, concentrados en planear el juego de aquella tarde. Harry, rodeado de todos los jugadores, explicaba con ánimo y motivación las posiciones que tomarían los jugadores, mientras estos añadían comentarios y proponían estrategias.

Alan no había hablado mucho con Hermione. Parecía como si estuviera molesto con ella, y aquello le parecía a Hermione de lo más infantil, así que decidió no conversar con él, por mucho que Alan intentara llamar su atención.

Hermione sabía que debía dirigirse a la oficina de Snape pronto si no quería meterse en más problemas. Pero antes de salir de la Sala, Alan se levantó de su asiento.

-¿Puedo acompañarte?- dijo con suavidad.

Hermione se le quedó mirando, y sin decir una palabra, asintió.

Ambos salieron de la torre de Gryffindor en silencio. Hermione apresurando el paso, y Alan intentando alcanzarla. Una vez que lo hizo, la tomó ligeramente del brazo, haciendo que se detuviera.

-Lo lamento.-

-¿Qué?-

-Lo lamento. Me enfada el hecho de que Malfoy pueda meterte en problemas y salirse con la suya, pero eso no es tu culpa. He estado molesto contigo y no te lo mereces. Mereces que te apoye en cualquier circunstancia y que esté contigo en las buenas y en las malas.-

-Yo…-

- No quiero que nos enfademos por idioteces. Eres muy valiosa para mí.-

Hermione no pudo evitar sentir el color subir a sus mejillas. Había veces que los comentarios de Alan la sorprendían, y no podía hacer nada más que perdonarle sus faltas.

-Te perdono, Alan. Aprecio mucho que me digas lo que sientes a la cara. No muchos chicos lo hacen hoy en día.- dijo con una sonrisa dulce. –Pero ahora debo ir a la oficina de Snape, si es que no quiero llegar tarde.- dijo retrocediendo disimuladamente.

Pero Alan no soltaba su brazo, cosa que a Hermione le pareció extraño. Alan se acercó a ella con cautela, casi como acechándola, haciendo que Hermione retrocediera contra el muro que había tras de ella. Cuando Alan estuvo a centímetros de distancia, se inclinó para quedar a su nivel, inclinando la cabeza para susurrarle en el oído.

-Si aprecias que diga lo que siento, entonces debo decir lo que siento ahora.-

Hermione sentía que el corazón le latía en los oídos, y comenzó a retorcerse ligeramente por el nervio. Las manos le sudaban y sentía que la sangre se le iba a los pies, a causa de la proximidad del chico.

-Me gusta hacer que te ruborices.-

En ese instante, Hermione sintió una sacudida dentro de su cuerpo y la sangre instintivamente le regresó a adornar las mejillas de una manera intensa. Alan se separó de ella y al ver su rostro, soltó una pequeña risa.

-Como ahora.- añadió riendo.

Hermione entrecerró los ojos dándole una mirada burlona. El chico simplemente le sonrió y se despidió de ella con la mano, mientras regresaba dentro de la Sala Común, dejando a la chica sin aire y con la cabeza aligerada.

¿Qué demonios acababa de pasar?

A ella no le gustaba Alan. Sólo eran buenos amigos. Amigos que comenzaban a conocerse.

¿Entonces por qué tu rostro parece que va a explotar en llamas? Le dijo su voz interior.

Hermione sacudió la cabeza, ignorando sus pensamientos. A ella no le gustaba Alan y punto. ¿O sí? Hermione se pasó las manos por el cabello. Ahora no tenía el lujo de pensar en cosas como esas. Ya iba tarde para la detención con Snape, así que, enderezándose, se puso en camino, tratando de evitar la horda de pensamientos que acaparaban su mente.

Al llegar, encontró a Snape posicionado frente a su escritorio, como si la estuviera formalmente esperando.

-Señorita Granger.- dijo con expresión severa. –Acompáñeme.-

Hermione lo siguió fuera de su oficina. En seguida escuchó los aplausos y aclamaciones de diversos alumnos que apoyaban a Gryffindor y Slytherin que se dirigían al campo de Quidditch, y no pudo evitar sentirse culpable de no estar en las bancas motivando a los chicos.

Snape se detuvo repentinamente, Hermione casi estrellándose contra él. Estaban frente al aula de pociones, y Snape, levantando el cerrojo con su varita, abrió las puertas de par en par.

Hermione debía admitir que nunca había visto al aula en tal estado. Estaba sucia, con restos de brebajes en el suelo, y otras cosas que hacían que el lugar excretara un olor pestilente.

-Tiene tres horas para terminar.- dijo Snape saliendo de su vista.

-Espere. No tengo mi varita conmi…-

-Exactamente.- dijo Snape casi con malicia.

Hermione se percató de lo que Snape quería que hiciera. Ni con todo el esfuerzo del mundo iba a limpiar el aula sola en tres horas a mano. Simplemente era imposible.

-Pero profesor…-

-Espero que esta aula esté completamente impecable para cuando regrese. De no ser así, me temo que tendrá doble detención, ¿Quedó claro?-

Antes de que Hermione pudiera responder, Snape salió del aula. Hermione trabó la mandíbula con cólera. Se quedó pensando una fracción de segundo en sus opciones. Pero no tenía opciones… Sin pensar en nada más que hacer, se dispuso a limpiar el aula rápidamente.


Al cabo de una hora, la chica podía sentir ampollas formándose en las palmas de sus manos a causa de fregar el suelo. Escuchaba por la ventana los gritos eufóricos de los alumnos, y trataba de escuchar los comentarios de Lee Jordan sobre la multitud, pero era casi imposible. La gente gritaba mucho, lo que la hizo pensar que el juego había terminado.

Suspiró deseando con todas sus fuerzas que hubiera ganado Gryffindor. No solo porque sus amigos estarían felices con la victoria, sino porque si habían perdido Hermione no estaría ahí para animarlos en esos momentos. Fue entonces que la apertura de las puertas la sobresaltó. Se volvió para encontrarse con la profesora McGonagall que parecía que le faltaba aire, como si hubiera estado corriendo.

-Profesora, ¿se encuentra bien?- le preguntó Hermione seriamente consternada mientras se dirigía hacia ella, limpiando disimuladamente las manchas de mugre y lodo que se habían formado en sus ropas, como si no quisiera que McGonagall se enterara de que estaba en detención.

En cuanto llegó a su lado, la Profesora la sujetó del hombro, cosa a la que Hermione estaba acostumbrada. Siempre pensó que McGonagall la veía como una hija, o como alguien cercana a ella. En cuanto recuperó el aliento, las palabras que salieron de su boca, la paralizaron.

- Potter ha caído de su escoba. Los dementores invadieron el campo.-


¡Chan chan chaaaan! Si me dejas review, te digo que pasa en el siguiente... x3 (Nah, es mentira, tendrás que leer el siguiente capítulo, jijiji.)