Hola a todo! Gracias por sus comentarios, les traigo un nuevo capitulo :)

Los personajes de Sakura Card Captor no me pertenecen sino a las chicas de CLAMP, la historia es para su entretenimiento.

Espero lo disfruten

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Capítulo 7: Recuerdos, destino y mentiras.

Shaoran se encontraba listo para el viaje que le esperaba; los mejores soldados en entrenamiento eran llevados como refuerzo para la escolta del rey en sus viajes y él había sido seleccionado junto con otros 19 sujetos. Se encontraba esperando en la fuente de la mujer sin brazos a la linda chica de ojos esmeraldas, ya que al día siguiente partirían por lo que no podría verla al menos por tres semanas.

-Sha-o-ran- Dijo la chica de forma alegre al encontrarse con él.

-Hola Sakura- Le respondió con un beso en la mejilla.

-¿En verdad te vas mañana?-

-Sí, es una muy importante oportunidad; si todo sale bien y gano méritos, podría ser ascendido al entrenamiento como escolta, de esta forma obtengo el rango suficiente para pedir tu mano sin que haya tantos problemas con tu madre, no podrá decir que no soy un buen candidato –Sakura se sonrojó al saber eso, él se esforzaba cada día más para ganarse su confianza, no la perdería por nada del mundo.

-Shaoran quiero darte esto- Sacando un pequeño pañuelo de su bolso con un bordado de tres gotas convergiendo en el centro –Encontré un libro muy extraño que hablaba sobre la luna y decía que esta insignia, llena de felicidad así como protección a quien la posea, así que pensé que podría ser de buena suerte –Entregándosela.

-Gracias, me será de mucha ayuda-

-Debo volver a casa, me salí a escondidas-

-Está bien, no quiero que tu madre me reprenda otra vez-

-Nos vemos Shaoran- Dándole un fuerte abrazo.

-En cuanto regrese, te buscaré- Correspondiendo el abrazo –Yo…yo te amo- Diciéndoselo al oído.

-¿Qué significa eso?- Mirándolo de forma inocente.

-Recuerdas el libro que te confisqué la vez que nos conocimos?-

-Sí…- Un poco avergonzada.

-Pues lo leí…muchas veces, tantas que casi lo he aprendido de memoria, en él se habla de un sentimiento tan profundo de una persona hacia otra, querer estar juntos, compartir sus vidas, sus sueños, poyarse el uno en el otro en momentos difíciles…eso y muchas otras cosas más…yo siento que te amo y realmente espero que algún día puedas corresponderme que no solo estemos unidos por la marca de pertenencia…

-¿Eso existe?- Emocionada.

-Yo lo siento en mi interior, así que por favor…elígeme-

-Claro que sí- Abrazándose aún más a él- Yo quiero estar contigo-

Se miraron por unos segundos, se sonrieron y Shaoran besó la mejilla de ella –Ve a casa…te buscaré-

-Sí…- La chica se alejó entre las calles, iluminadas por los rojizos amarillentos del sol, sin saber que sería la última vez que se verían de esa forma.

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Shaoran se encontraba en las afueras del palacio donde todos los soldados se estaban reuniendo antes de partir, muchos de ellos parecían muy nerviosos; escoltar al rey hacia el poblado vecino era algo importante aunque rara vez peligroso.

El rey pronto apareció subiendo a su auto; la milicia de más alto rango junto con los escoltas viajaban en caballo, mientras que los soldados de entrenamiento debían hacerlo a pie, ya que tanto los autos como los caballos eran recursos muy valiosos y escasos. El castaño marchaba en uno de los costados en la parte trasera del pelotón como primeras líneas de defensa, miraba constantemente los alrededores siempre alerta, sin embargo a un lado de él viajaba un chico un poco mayor; cabello negro, corto, con ciertos destellos azulados, tez clara y ojos azules, parecía bastante despreocupado lo cual le recordaba a su amigo Eister que debido a un fuerte resfriado había sido excluido de la misión.

-Pareces muy preocupado- Le interrumpió sus pensamientos el chico de ojos azules.

-Bueno, es natural, debemos proteger al rey-

-Yo no me preocuparía tanto esta es mi tercera misión y nunca ha habido algún problema- Sonriéndole.

-De todas formas debemos estas alerta-

-Puede ser…por cierto soy Eriol Hiraguizawa- Extendiéndole la mano.

-Yo soy Shaoran Li- Respondiendo al saludo-

-Vaya, así que tú eres el famoso Shaoran-

-¿Famoso?-

-Claro, eres famoso en todos los pelotones de entrenamiento "Posees una capacidad impresionante como espadachín"- Riendo un poco.

-Pero tú no lo crees-

-No es nada personal, solo que me gusta comprobar las cosas por mí mismo-

-Hay que tener un duelo algún día-

-Eso no se puede evitar, lo tendríamos aunque no quisiéramos-

-¿Qué quieres decir?-

-¡Soldados!- Interrumpió uno de comandantes – Roten las posiciones como se les indicó ¡Ahora!- Los soldados se reacomodaron impidiendo que ambos chicos continuaran su conversación, cuando llegara la noche le preguntaría de nuevo.

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Las risas y parloteos de los soldados se oían en medio del bosque, las fogatas y cerveza iluminaban la noche, el castaño estaba sentado sobre una piedra contemplando a sus compañeros, Eriol el chico con quien había hablado se acercaba a él.

-Parece que todos están muy contentos por haber sobrevivido el primer día- Le dijo sentándose a un lado de Shaoran con un tarro de cerveza en sus manos. -¿Quieres?- Refiriéndose a la bebida.

-No gracias, no tomo-

-Vaya ¿En serio? Qué raro- Dando un trago a la sustancia.

-Nuestra conversación de la tarde quedó inconclusa-

-Oh –Fingiendo sorpresa- Pensé que daríamos vueltas a la conversación un poco más- Sonriendo.

-No lo creo, ¿Qué quisiste decir con que no se puede evitar nuestra pelea?-

-Con que ambos queremos lo mismo…-

-¿Te puedes explicar mejor?-

-Queremos a la misma chica…- Respondiendo despreocupadamente -Ambos queremos comprometernos con Sakura Kinomoto- Shaoran frunció su ceño para combinarla con una mirada amenazante y altanera.

-¡Ja, ja, ja! Lamento decirte que estás perdiendo tu tiempo, ella no se comprometería contigo, me elegirá a mí-

-Aunque eso fuera verdad; no importa mucho ya que las leyes dicen que si dos o más hombres del mismo rango social quieren comprometerse con la misma mujer, se realizará un duelo…el ganador se queda con ella- El rostro de Shaoran se endureció.

-Yo no perdería contra ti-

-No estés tan seguro, por muy buen espadachín que seas yo tengo más experiencia en campo que tú lo que me da una ventaja-

-Sakura sería infeliz a tu lado-

-No tiene que ser realmente feliz, solo tiene que cumplir con darme un hijo barón y una niña que pueda comprometer con un hombre de buena familia-

-Si ese es el caso ¿Por qué no te comprometes con una chica de linaje?-

Porque no quiero un contrato de exclusividad, atarme a una sola mujer no es lo mío, además Sakura es tan hermosa, llena de inocencia…sería una buena madre-

-¡Bastardo! Nunca te la daré- Tomándolo de la camisa con intenciones de golpearlo.

-Piensa bien lo que haces, si me golpeas serás castigado y no podrás avanzar de nivel- Mirándolo mientras desistía de su ataque –Buen chico- Burlándose.

-Lárgate de mi vista- Empujándolo levemente.

-Está bien, te dejaré tranquilo…Buenas noches Shaoran- Caminando hasta otro grupo de chicos.

Shaoran lo siguió con la mirada un rato, luego giró su rostro hacia el cielo estrellado, no se la daría a nadie, ella sería de él costase lo que costase.

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Una semana había pasado desde que emprendieron marcha, estaban a solo dos días de su destino, por lo que los soldados de entrenamiento empezaban a sentirse menos presionados, ya había anochecido y todos estaban cenando, el castaño se encontraba recostado en un árbol mirando a la distancia, frunció el ceño cuando su mirada se cruzó con ese tal Eriol, no perdería ante él.

Siguió mirando a su alrededor dándose cuenta que a lo lejos unos extraños puntos rojos se asomaban entre los arbustos, continuó mirando atentamente hasta que los vio moverse…algo no estaba bien, se levantó tomando su espada y desenfundándola, lo que llamó la atención de varios chicos.

No hubo tiempo de sonar la alarma, una figura oscura se abalanzó sobre él, pero pudo esquivarla atravesándola con su espada, gritos de alerta, miedo y dolor se mezclaban con los gruñidos de aquellas bestias similares a un lobo, la sangre se empezaba a esparcir sobre el suelo estaban siendo masacrados muchos de los soldados; uno más se acercó pero fue inútil la destreza del castaño se hacía presente. Emprendió marcha hacia el automóvil del rey quitando de su camino a todas las bestias que osaban atacarlo.

Varios monstruos trataban de entrar al automóvil, el chico atacó a tantos como pudo pero seguían apareciendo, estaba comenzando a ser dificultoso controlarlas, descuido su espalda provocando que uno de ellos mordiera su hombro izquierdo, Eriol al ver esto fue en su ayuda.

-¿Estás bien?- Preguntó a Shaoran después de haber asesinado al monstruo.

-He estado mejor- Sujetando su hombro debido al dolor- Gracias pero tenía todo controlado- Bromeando un poco.

-El rey no está en el auto- Mirando por las ventanas.

-¿Qué dices?- Incorporándose- Las escolta tampoco está-

-Eso solo significa una cosa-

-Sí, nos usaron como carnada- Defendiéndose de las bestias que seguían apareciendo –Maldito rey-

-Debemos derrotar a estas cosas y llegar al poblado vecino.

-Claro- Ambos lucharon protegiéndose hasta que por fin lograron acabar con las bestias.

-Parece ser que hemos vencido- Habló Eriol tratando de recuperar el aliento, mirando alrededor la masacre de bestias y soldados –Creo que solo hemos quedado nosotros- Shaoran también miró comprobando lo dicho por su compañero ¿Cómo podía el rey haber concertado algo tan horrible?

-Hemos sido engañados- Respirando con dificultad, la herida en su hombro le estaba haciendo perder sangre, apoyó una rodilla sobre el suelo; ya no podía estar en pie, tenía que atenderlo un médico pero el pueblo estaba a dos días…no resistiría.

-Déjame ver tu herida- Eriol se acercó encontrando un no muy buen panorama, la herida era grande.

-Es malo ¿verdad?- Sabiendo la respuesta- Deberías aprovechar esta oportunidad, así ya no tendrás competencia-

-Lo siento, no soy esa clase de hombre, además tú no vas a morir hasta después de tener ese duelo- Ayudándolo a levantarse- Debemos encontrar el botiquín de emergencia, puedo contener la herida hasta que lleguemos al pueblo-

-¿Acaso también eres medico?-

-No, pero mi padre lo es, ayudé en su clínica algunos años antes de decidir entrar a la milicia-

-Gracia Eriol-

-Aún no me agradezcas-

Caminaron lentamente entre los cuerpos destazados de sus compañeros, sin darse cuenta que una de esas bestias aún seguía con vida, se levantó del suelo corriendo hasta los jóvenes, Eriol giró unos segundo antes de que los alcanzara atinando únicamente a empujar a Shaoran fuera del ataque, el pelinegro ahogó un grito cuando sintió los colmillos clavarse en su torso, Shaoran abrió sus ojos ante la imagen, lo había protegido. Empuñó su espada combatiendo contra la bestia pero era difícil ya no tenía mucha fuerza, un rasguño en su rostro lo llevó al suelo, el monstruo se colocó sobre él dispuesto a darle el golpe final, pero una espada le corto la cabeza primero.

-Ya con esta son dos veces- Le bromeo Eriol antes de desplomarse sobre el suelo sintiendo la sangre empapar sus ropas.

Shaoran se incorporó despacio sintiendo su rostro sangrar, su ojo izquierdo estaba totalmente cegado, se acercó al pelinegro mirando su herida, era más profunda que la suya- Parece ser que no podré acompañarte hasta el pueblo- Bromeó -¡Carajo! Es el dolor más agudo que he sentido- Trató de reír.

-Ja, ja, ja, eres un imbécil, ahora los dos moriremos- Riendo ante lo inminente- Debiste haberte apartado en vez de protegerme- Dejándose caer a un lado de su compañero, ya su cuerpo estaba muy debilitado.

-Eso ya no importa- Tapando la herida con su mano- ¿Sabes que es lo más horrible?-

-¿Qué?- Mirando la luna posada sobre él, adornada con un sinfín de estrellas.

-Ninguno de los dos podrá comprometerse con Sakura…- Respirando con dificultad- Se comprometerá con un viejo rabo verde que adora a las recién legales-

-Sakura…-Sacando de su bolsillo el trozo de tela bordado, empuñándolo con su mano -No lo permitiré, regresaré del otro mundo si es necesario-

-De verdad quieres a la chica-

-Más que a nada…- Imaginando su dulce sonrisa en su mente – Te puedo decir algo…la he estado cortejando desde hace unos meses…-

-Pero ella aún es muy joven, eso es ilegal…admiro tu valentía o estupidez-

-Ahora no podré cumplir mi promesa-

-Por lo menos has creado en ella cierto juicio, tal vez no se deje engañar tan fácilmente-

-Eso espero…Perdóname Sakura…- La vida de ambos chicos se extinguía lenta y dolorosamente, sus ojos perdían la luz de vida…ninguno quería morir, no de esa manera…

El ruido de galopes irrumpía en el silencio de la noche, la escolta junto con el rey se acercaban al lugar de los hechos; uno de los generales bajó de su caballo caminando entre los cadáveres, buscando a algún sobreviviente – ¡Su alteza! Aquí hay dos que apenas respiran- Señalando a Shaoran y Eriol que ya habían perdido la conciencia.

-¿Dos? Solo necesito a uno, trae al que esté menos herido- Le respondió sin mayor sorpresa.

-Si me deja opinar su alteza, creo que ambos chicos servirán- Habló un anciano que salía de entre las sombras, con un rostro amable y presencia tranquila –Parece que ambos resistieron bastante-

-Pero el puesto de Alférez solo lo ocupa una persona-

-Lo sé, pero tengo una solución para eso-

-Está bien ¡General traiga a ambos!- Mirando a los chicos una vez que los acercaron -Bastardos, esperaba que fueran los primeros en morir…ni modo ahora tendrán que mirar como la chica que escogieron se entrega a su rey- Riendo a carcajadas- ¡Llévenselos!- Las escolta trasladó a los chicos hasta una casona ubicada en lo profundo del bosque, entraron a una habitación alumbrada por velas colocadas en posiciones específicas, en el suelo, un símbolo estaba marcado lleno de signos.

-Coloquen a los chicos dentro del círculo- Habló el anciano.

-¿Qué es lo que tienes pensado hacer?- Cuestionó el rey.

-Los fusionaré…su habilidad mejorara de forma sobre humana al igual que la habilidad de manipular magia-

-¿Hay probabilidad de fracaso?-

-Poca, tienes características compatibles-

El anciano se paró frente a los dos cuerpos, moviendo sus manos mientras decía un conjuro, los símbolos en el suelo se iluminaron soltando pequeños rayos, una corriente de aire muy fuerte empezó a envolverlos, las velas se apagaron, todo quedó en oscuridad hasta que una luz intensa cubrió toda la habitación por un instante, el polvo se disipó lentamente dejando ver un solo cuerpo en el suelo.

-¿Funcionó?- Preguntó el rey.

-Así es su alteza- Acercándose a la persona que ahora estaba sobre el suelo, las heridas en el cuerpo se habían curado quedando solo en cicatrices, sin embargo su ojo parecía no haberse recuperado , la cicatriz era muy profundo, el anciano colocó su mano en la frente del joven mientras decía unas palabras.

-¿Qué haces?-

-Le borro la memoria, solo dejaré las habilidades que ya posee en las artes del ataque y defensa, cuando despierte creerá cualquier cosa que le digas y obedecerá sin cuestionar-

-Llévenlo a la mansión de linaje DiRose, ahí lo entrenarán- Le dijo el rey a la escolta, ellos obedecieron marchándose con el chico- Cuando terminen su misión, elimínelos, no debe quedar ningún cabo suelto- Hablándole al anciano.

-Lo sé su alteza- Respondiendo el anciano.

-Tu pago ya ha sido enviado al lugar que dijiste-

-Gracias alteza, una cosa más…él podría volver a fijar su vista en la chica…si eso llega a pasar me temo que será su fin-

-No lo hará y aunque así fuera, no podrá ir en contra de mis mandatos, ella será mía…No quiero volver a verte anciano recuerda que he comprado tu silencio-

-Un gusto hacer negocios- Desapareciendo entre las sombras del lugar.

El rey acomodó su túnica, miró por última vez aquel lugar y se marchó en su auto.

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El sol se filtraba por las ventanas de la habitación, no era muy grande pero tenía lo esencial, un joven de cabellos negros dormía sobre la cama, su ceño estaba fruncido y movía la cabeza, al parecer pesadillas inundaban su cabeza rostros borrosos con voces distorsionadas decían palabras que no lograba entender, su mirada se abrió de repente encontrándose con el techo de aquella extraña habitación, miró lentamente el lugar sin reconocer absolutamente nada, se incorporó despacio, su torso estaba desnudo dejando ver sus cicatrices, su cuerpo bañado en sudor debido a las pesadillas. Llevó su mano hacia el rostro, algo andaba mal con su ojo izquierdo, lo tentó sintiendo la cicatriz, buscó a su alrededor encontrando un pequeño espejo, lo tomó y miró su reflejo encontrándose con un rostro desconocido, no podía identificar a la persona en él, no podía recordar nada ¿Quién era? ¿Por qué estaba ahí? Se preguntaba.

La puerta de la habitación se abrió dejando ver a una señora de apariencia humilde, ella lo miró unos segundos para luego salir de nuevo de la habitación; el joven miró extrañado el suceso, despacio salió de la cama levantándose con dificultad dando unos poco pasos apoyándose de la pared antes de que la puerta volviera a abrirse, ahora un señor alto, obeso con ropas finas y aparente amabilidad se hizo presente, sonriéndole al joven.

-Qué bueno que despiertas, estuviste inconsciente mucho tiempo- El chico lo miraba atento pero sin decir una sola palabra- Posiblemente estas confundido ¿Recuerdas quién eres?- El joven negó con la cabeza- Esta bien, entonces te lo explicaré: Tu nombre es Akito, yo soy tu rey y eres mi fiel sirviente, estás aquí para recibir un entrenamiento especial que te convirtiera en el alférez de mi reino. Tuviste un accidente cuando eras trasladado hacia aquí, eso explica la mayoría de tus cicatrices junto con la falta de recuerdos-

Akito como ahora le decían llamarse trataba de encontrar en su mente algo relacionado con lo que acababa de oír, pero no tenía éxito, sin embargo su cabeza le decía que tenía que creer en lo que esa persona le decía.

-Tu entrenamiento empezará en cuanto recuperes las fuerzas ¿Queda claro…Akito?-

-Si…su alteza-

-Entonces haz una reverencia en señal de tu fidelidad hacia mí- No estaba seguro de cómo hacerlo así que solamente inclinó su cabeza en señal de sumisión aceptando el destino que se le había impuesto.

Detrás de la puerta, una jovencita de cabello azabache, esperaba junto a sus doncellas y padre para conocer a lo que sería su futuro prometido…

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Eister arrugó los ojos al sentir la luz del sol colarse entre sus párpados, abrió despacio sus ojos encontrándose primero con la chica que dormía plácidamente sobre su pecho, giró sus ojos hacia la mesilla de noche donde estaba el reloj -07:15…- Dijo despacio, ya era hora de levantarse –Tomoyo…es hora de levantarse- Le dijo a la chica mientras acariciaba su hombro desnudo, ella abrió sus ojos parpadeando un poco antes de mirarlo.

-Buenos días- Le habló con una sonrisa, dándole un corto beso en los labios.

-Buenos días Eister- Respondió sonrojada.

-¿Por qué te sonrojas?-

-Me da un poco de vergüenza que me veas recién levantada-

-Ja, ja, ja ¿Por qué?- Acariciando su mejilla.

-Debo estar toda despeinada y con lagañas en los ojos- Sentándose sobre la cama.

-Es cierto…pero igual te ves muy hermosa- Admirando la desnudez de la chica- Deberás acostumbrarte porque se hará algo muy común- Sentándose también sobre la cama, ella se alegró ya que pensó que vendría más noches a visitarla –Debemos alistarnos o se nos hará tarde-

-Sí- Le respondió ella poniéndose de pie para buscar su ropa, fue hasta un pequeño tocador con un espejo abriendo uno de los cajones para sacar su ropa, cuando lo cerró se incorporó mirando de reojo el espejo, se detuvo abruptamente mirando fijamente su vientre; unas marcas nacían desde la parte baja separándose a cada lado de su cadera como si envolvieran esa parte, llevó su dedo hasta una de las líneas siguiéndola –Eister ¿Qué es esto?- Lo miró con sus ojos llorosos, estaba casi segura de lo que esa marca significaba, pero no podía creerlo.

-Es una marca de pertenencia…- Sonriéndole de forma consoladora al verla soltar en llanto.

-¿Por qué lo has hecho?- Veía como él se ponía de pie yendo hasta ella, abrazándola –No te estás burlando de mí ¿Verdad?- Ocultándose en su pecho.

-Por supuesto que no ¿De dónde sacas eso? ¿Recuerdas que te dije que también tenía culpa de lo que pasó ayer?- Ella asintió –Desde hace algún tiempo he tenido la intención de marcarte…solo que aún no estaba seguro, desafortunadamente tuvo que sucederte algo malo para que yo estuviera seguro de que no quiero que seas de nadie más…-

-¡Pero yo no puedo darte un hijo!- Le habló desesperada -¡Yo no puedo hacerte feliz!- Diciendo entre sollozos.

-Pero si ya me haces feliz, es desafortunado que no podamos concebir…pero no es el fin del mundo…-

-Entonces debes buscar una chica que te de un hijo…- Con un nudo en la garganta, pensar en eso le dolía mucho, pero no podía evitarlo.

-¿De qué hablas? Yo no quiero a otra chica, solo te quiero a ti…-

-Pero…-

-Pero nada- -Interrumpió obligándola a mirarlo –Te he escogido a ti…solo a ti…no voy a tener un hijo con alguien más sabiendo que te causa mucho pesar…aunque no lo llegues a admitir- Limpiando las lágrimas de se negaban a ceder- Además la casa que compré fue escogida especialmente para ti…no se la voy a dar a nadie más-

-¿Casa? ¿Compraste una para mí?-

-Por supuesto ¿Acaso crees que te dejaría vivir aquí? Además también hay un anillo esperándote…hace juego con tu ojos- Sonriéndole -¿Entonces qué dices? ¿Me harás compañía en esa acogedora casa? ¿Te pondrás el anillo para que todos sepan que no estás sola?- Ella lo miraba sorprendida, se sentía tan feliz.

-Si- Dándole un fuerte abrazo.

-Quiero hacerlo antes de ir a trabajar- Tomándola en brazos y regresándola a la cama.

-Pero ya es tarde…-Tratando de reprochar, sin embargo su cuerpo estaba más que dispuesto a recibirle una vez más.

-Todos llegan tarde alguna vez…- Callando sus reclamos con un beso lleno de pasión…

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El sol ya comenzaba a asomarse en medio de los valles y montañas, el palacio estaba tranquilo aquella mañana, Akito se dirigía hacia la habitación del rey, estaba un poco expectante era muy raro que lo llamara tan temprano. Se acercó a la puerta y anunció su nombre antes de entrar. El rey aún se encontraba acostado entre las cobijas, estaba comiendo el desayuno, al lado de él con su cuerpo semidesnudo, una chica se encontraba dormida, era una de las muchas concubinas que tenía. Akito se acercó hasta la cama y se arrodilló sobre una de sus piernas.

-Buenos días su majestad, he venido como lo solicitó-

-Alférez Akito, siempre tan rápido-

-¿Qué puedo hacer por usted?-

-En un rato vendrá el joyero recíbelo y escoge un anillo de compromiso, luego ve al domicilio de la chica que escogí y anuncia su obligación de presentarse aquí mañana para marcarla y aparearme con ella-

-Si su alteza ¿Quién es la joven?-

-Sakura Kinomoto- Akito contuvo la respiración por un instante ¿Cómo la había escogido si su archivo no se encontraba entre las candidatas?

-¿Sakura Kinomoto?-

-Así es, una joven hermosa con unos singulares ojos esmeraldas ¿La conoces?-

-No su alteza- Mintió.

-Mmmm…ya veo- Hizo una pausa –Eso es todo, puedes retirarte-

-Sí, con su permiso- Akito se levantó y retiró hacia su habitación, evitaría a toda costa que él la tuviera, no dejaría que nadie le quitara la felicidad que sentía estando con ella.

Entró a su habitación y lo primero que vio fue a esa chica pelinegra con sus ojos carmesí llenos de furia –Hasta que te dignas en aparecer Akito- Habló muy molesta.

-No molestes, tengo muchas cosas que hacer- Mientras trataba de armar un plan.

-¡¿Qué no moleste?! ¡Soy tu prometida! No me has tocado ni una sola vez desde que llegué ¡¿Cómo se supone que tenga un hijo tuyo?!-

-No tengo tiempo de escucharte así que tienes dos opciones: callarte y quedarte aquí o regresarte a tu casa- Respondió ya con evidente molestia.

-¡Tú no puedes decirme eso!-

-Entonces has lo que quieras pero no me molestes- Terminó para luego abandonar la habitación.

Meiling se quedó inmóvil unos segundos mientras lágrimas rodaban por su rostro "¿Qué de malo hay conmigo?" pensaba, a ella se le explicó que cuando Akito se convirtiera en Alférez ella se volvería su prometida, estaba muy feliz de que la comprometieran con él, a diferencia de las parejas de muchas de sus conocidas, él era joven y apuesto. Cada vez que podía, se escapaba de su prisión llena de lujos e iba hasta el lugar de entrenamiento del joven, donde miraba muy atenta cada uno de sus movimientos.

El tiempo pasó y llegó el día en que por fin se comprometieron, él le regaló un anillo de diamantes como muestra de su compromiso y ella le ofreció su cuerpo con la fiel esperanza de darle un hijo, pero eso no pasó. El abismo entre ambos se fue haciendo más grande y ahora –Ahora ni siquiera me miras Akito… ¿Por qué?... ¡¿Por qué?!- Gritó tan fuerte como pudo al tiempo que comenzaba a romper todo a su paso en aquella habitación, llegó hasta el estante de libros sacando y tirándolos al suelo, se detuvo cuando no pudo alcanzar más, se dio la vuelta y al mirar hacia el suelo pudo ver una carpeta abierta con una fotografía dentro, se arrodilló sobre el suelo y la recogió, miró la foto y reconoció a la joven en ella –Ella es…la chica del otro día- Miró los papeles y empezó a leerlos –Sakura…Kinomoto- Lágrimas volvieron a salir de sus ojos cayendo sobre las hojas que tenía entre sus manos -¿Por qué él tiene un expediente tuyo?- Parecía hablarle a fotografía -¿Es debido a ti qué él ya no me mira?...- Meiling arrojó la carpeta de nuevo y se hizo un ovillo en una pequeña esquina de la habitación llorando como jamás en su vida había podido hacerlo.

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Sakura se levantó como de costumbre y tomo una ducha rápida…hoy también debía salir a hacer las compras, se puso un vestido negro ajustado y sobre este una blusa suelta de color verde y unas botas también de color negro. Salió a prisa saludando a su mamá que hacía el aseo de la casa, revisó la cocina para ver que hacía falta y se dirigió al mercado.

Una vez de regreso la chica pudo notar un auto estacionado fuera de su casa, de apariencia muy lujosa como los que usaba el rey y una persona estaba dentro en el asiento del piloto; saludó al hombre y entró a su casa que tenía la puerta abierta, el pulso de la joven comenzó a acelerarse conforme se acercaba a la sala, una silueta muy conocida parecía sobresalir, pero no podía ser… ¿Por qué él estaría aquí?...-

-Buenos días- Saludó la joven al entrar a la sala, su mente empezó a trabajar rápidamente cuando pudo preciar aquella figura de espaldas a ella, Akito estaba en su casa charlando con su madre ¿Qué hacía ahí? ¿Sería acaso que pediría su mano? Una sonrisa y un ligero rubor se hicieron presentes en su rostro. El joven se giró hacia la chica causando que ésta agachara la mirada mientras le regalaba una reverencia.

-Hija, que bueno que regresas…el Alférez Akito tiene una muy buena noticia para ti…- Comenzó a sentir mariposas en el estómago y su boca se secó… ¿sería posible qué si viniera para…?

-¿De qué se trata?- Preguntó con su voz temblorosa y su corazón latiendo a toda velocidad debido a la adrenalina.

-Enhorabuena señorita Sakura, el rey ha solicitado su presencia para aparearse y convertirse en la madre de sus hijos…- La joven abrió sus ojos por la sorpresa, incrédula de lo que escuchaba, lo miró directamente, la noche anterior le había vuelto a confirmar que la quería solo a ella y ahora venía a entregarla al rey ¿Cómo?…algo en su pecho parecía romperse, su mirada denotaba la frustración que sentía mientras lagrimas escapaban sin que pudiera evitarlo.

-¿Por qué…?- preguntó casi inaudiblemente a aquel hombre frente suyo, ¿Por qué parecía mentirle de nuevo? –Te odio…- Le dijo apreciando como él permanecía tan calmado como si aquellas palabras no significaran nada, su mente comenzó a experimentar enojo, frustración y desesperación…el aire le faltaba y pronto sus piernas perdieron su fuerza haciéndola caer de rodillas al suelo. Su vista se estaba nublando y ya no escuchaba claramente lo que sucedía a su alrededor, de repente todo se puso oscuro al tiempo que su cuerpo se desplomaba en el suelo de aquella habitación.

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CONTINUARÁ