Abdominales
–La situación de él–
Chat Noir entró por la ventana de su habitación con un salto lleno de elegancia y aterrizó frente a la cama. Cuando cayó sobre ésta, la figura de Adrien Agreste había tomado su lugar. Con la misma sonrisa boba y una mirada soñadora, abrazó la almohada y rodó de un lado a otro lleno de felicidad. Y es que no podía negar que lo que acababa de pasar con su lady lo había llevado hasta las nubes.
Cuando ella se había quedado ensimismada mirando el espectacular de la campaña de trajes de baño, él se había abochornado un poco. Realmente le avergonzaba un poco estar en esas imágenes, medio desnudo, por todo París. Y no saber qué pensaba ella al respecto lo hacía avergonzarse aún más. Sin embargo, cuando escuchó el suspiro con su nombre civil en los labios de Ladybug, su ego se había elevado al cielo.
Tal vez por eso se había sentido tan atrevido como para exponerse de ese modo ante ella; ni en sus más locos sueños imaginó que su lady le iba a seguir la corriente. De hecho, estaba preparado para salir huyendo en cuanto adivinara en ella la intención de golpearlo.
Nunca pensó verla avergonzada, con las mejillas tan sonrojadas y sin saber qué decir, tan, tan… adorable. Todo a causa de él. En sus dos versiones. Una risa tonta salió de sus labios.
Definitivamente ese esfuerzo extra en el gimnasiohabía valido la pena. No sólo podía seguir disfrutando la deliciosa comida de su mejor amiga, ahora sabía que, tal vez, le gustaba un poco a su amor eterno.
—Eres un tonto— por supuesto, su kwami siempre tenía la habilidad de bajarlo de las nubes con unas cuantas palabras.
—Vamos, Plagg, ¿no vas a dejarme disfrutar el momento, aunque sea un poco? — gruñó frustrado.
—Tienes suerte de que Ladybug sea una persona decente, si no hubiera visto eso— añadió Plagg señalando un punto en particular a la altura de su cadera.
Y, sonrojándose, él entendió de inmediato. Porque un secreto más había sido añadido a su larga lista bajo la forma de un estilizado tatuaje, justo sobre el hueso de su cadera.
La idea había surgido un tiempo atrás, su parte romántica quería grabar en su piel el nombre de su lady como símbolo de su amor eterno por ella. Sin embargo; cayó en cuenta de que posiblemente pasaría bastante tiempo antes de que ella quisiera decirle siquiera la inicial de su nombre. Así que ideó un plan alterno.
Dibujó una estilizada A en cuyos ribetes garigoleados había camuflajeado magistralmente un L y una B. Pensando en que después, cuando supiera el nombre de ella, añadiría su inicial con una C y una N escondidas del mismo modo. Y se había hecho el tatuaje. Que, dicho sea de paso, había dolido como el mismo infierno. Pero estaba bastante satisfecho con el resultado y el lugar elegido. Su padre no lo sabría jamás.
O eso creyó él hasta la campaña de trajes de baño.
Su fotógrafo de cabecera lo había descubierto de inmediato, a pesar de que lo había escondido con maquillaje especial. Definitivamente lo conocía a la perfección y notaba enseguida cualquier cambio en Adrien. Pero el hombre estaba encantado con los resultados del gimnasio en sus abdominales, y la idea de que el chico poco a poco se estaba rebelando, pues según él le recordaban su juventud alocada.
—No puedes ser un niño bueno por siempre, ¿verdad? — le había dicho socarronamente después de asegurarle que de su boca no saldría una sola palabra sobre su pequeño secreto.
Sin embargo, había surgido una idea para darle un gran impulso a la campaña. Mostrarían un poco del tatuaje y le dirían a Monsieur Agreste que había sido añadido digitalmente. Si le gustaba la idea dejarían así las imágenes; en caso contrario, usarían otras en donde había sido borrado con un programa de edición.
Al principio su padre se había mostrado bastante sorprendido de ver a su hijo totalmente diferente a la imagen inocente que siempre había proyectado. Pero después de escuchar otras opiniones y analizarlo detenidamente, había decidido arriesgarse. Adrien nunca se imaginó que gracias a ello su feliz padre ahora era una especie de Rico McPato nadando en las ganancias que había obtenido; y él ahora tenía la puerta abierta para asistir al gimnasio cada que quisiera.
Tampoco hubiera imaginado poder dejar sin habla a su lady. Abrazando de nueva cuenta la almohada, cerró los ojos con una sonrisa tonta mientras recordaba su corazón latiendo sin control cuando había tomado la mano de ella y la había colocado sobre su pecho. Si tan sólo su miraculous no hubiera sonado….
—Si no hubieras estado tan distraído quitándote la ropa, habrías visto que eso se veía bastante. Lo bueno es que, como ya te dije, Ladybug es muy decente y no se fijó. — Añadió Plagg mientras devoraba su camembert.
Adrien no dijo nada pero pensó que, realmente, no le hubiera importado mucho que ella lo hubiese notado.
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Notas de la autora.
Y ahora saben de donde salieron los abdominales de Chat en aquella imagen ;)
