Les recomiendo encarecidamente que escuchen el tema de La Noyée cuando cierta persona invita a bailar a Marjory (sólo entonces escúchenla), porque escribí esa parte basándome en esa melodía. Lean con calma esa escena, no se apresuren.
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Quiten los espacios y disfrútenla ;)
CAPÍTULO 7: PAREJAS DE BAILE
- ¡Joy, qué linda te has puesto! – le dijo la señora Weasley al verla en el andén con su madre.
- Hola señora Weasley – Joy saludó a la mamá de sus amigos y le dio un fuerte abrazo.
- Nora, ¿cómo has estado?
- Muy bien, Molly, muchas gracias. ¿Cómo han estado?
- Excelente. Mira, te presento a mis dos hijos mayores: Charlie y Bill.
- Un placer.
Joy vio a otros dos pelirrojos junto a la señora Weasley, que le dieron la mano a su madre y después le sonrieron a ella. Eran bastante atractivos. Detrás de ella se encontraban sus otros 4 hijos que aún asistían a Hogwarts, y los dos amigos de Ron, Harry Potter y Hermione Granger. La muchacha se acercó a ellos y los saludó.
- Cariño, es hora que subas al tren con tus amigos.
- Sí mamá. Te escribiré.
Su madre le dio un fuerte abrazo mientras que la señora Weasley hablaba con todos sus hijos y con Harry y Hermione. Parecía que ella y sus hijos mayores sabían que ese año en Hogwarts sería diferente. Entraron todos al tren con un empujón de la madre de los pelirrojos. Joy iba platicando con Ginny, la menor de todos los hermanos, ambas se encontraban muy agradables. Marjory pensaba que Ginny se estaba convirtiendo en una de las chicas más bonitas de Hogwarts; Ginny, por su parte, pensaba que Marjory era una de las muchachas mayores más amables y lindas que había conocido.
La familia Weasley se despidió desde el andén. Nora estaba junto a ellos, con una sonrisa de oreja a oreja.
- Esta noche os enteraréis, espero — decía la señora Weasley con una sonrisa a sus hijos —. Va a ser muy emocionante... Desde luego, estoy muy contenta de que hayan cambiado las normas...
- ¿Qué normas? —preguntaron Harry, Ron, Fred y George al mismo tiempo.
- Seguro que el profesor Dumbledore se los explicará... Ahora, pórtense bien, ¿eh? ¿Eh, Fred? ¿Eh, George?
El tren pitó muy fuerte y comenzó a moverse.
- ¡Deben decirnos que es lo que va a ocurrir en Hogwarts! —gritó Fred desde la ventanilla cuando ya las figuras de la señora Weasley, de Bill y de Charlie empezaban a alejarse—. ¿Qué normas van a cambiar?
Pero la señora Weasley tan sólo sonreía y les decía adiós con la mano. Antes de que el tren hubiera doblado la curva, ella, Bill y Charlie habían desaparecido.
- ¿De qué hablan? – les preguntó Joy a los gemelos.
George se volvió hacia ella y le dio un fuerte abrazo que la levantó del suelo. Ella lanzó una carcajada y lo abrazó con fuerza.
- Están hablando de algo que ni mamá ni Charlie ni Bill ni Percy nos quieren decir. Dicen que es un secreto… bueno, Percy lo maneja más como "información reservada, hasta que el ministro juzgue conveniente levantar el secreto" – dijo Ginny imitando la pomposa voz de Percy –. Nos vemos en el castillo, Joy. Me da mucho gusto volverte a ver – la pelirroja se despidió y se fue con sus amigos.
Joy esperó que Fred la saludara, pero éste se encontraba muy ocupado manejando su baúl. No le sorprendió en lo absoluto su actitud. Ella siguió escuchando a George con una sonrisa.
- Debiste haber venido con nosotros a los mundiales. ¡Estuvieron soberbios! ¡Irlanda ganó! – le decía George emocionado.
- Quería ir, pero no podía dejar a mi madre sola. Seguramente no habría podido entrar porque es muggle.
- Qué bueno que no fueron – Fred le hablaba por primera vez desde el día que habían pasado la noche en la enfermería juntos –. Hubo ataques contra muggles por parte de los mortífagos. Incluso hicieron sobre ellos la Marca Tenebrosa. Se volvió aterrador al final. No creo que a tu madre le hubiera entusiasmado estar allí.
- Vaya, sí habla – dijo ella dirigiéndose más a George que a su hermano.
- ¿Seguirán todavía con esto?
Lo que había restado del año escolar, Fred y Joy no se dirigieron la palabra. Fred porque seguía molesto de que se insinuara que podría suceder algo entre Marjory y Oliver Wood, y Joy porque se había molestado que él no le hablara. Al principio quería saber cuánto tiempo podía durar sin hablarle, pero después de una semana ella dio el primer paso, sólo para descubrir que Fred seguía enojado con ella sin razón aparente. Ella no insistió y se aseguraba a sí misma que ya se le pasaría. Entonces llegó el día en que él prefirió la compañía de Angelina Johnson a la de ella. Joy se lo tomó como una ofensa personal y decidió hablarle cuando él lo hiciese primero.
George, el hermano gemelo de Fred, había intentado con todas sus fuerzas apaciguar a esos dos, pero lo único que lograba es que se alejaran más el uno del otro. Llegó un momento en que desesperaron tanto a George que les gritó diciéndoles que eran unos inmaduros y que no aceptaban las disculpas del otro porque eran unos "soberanos trolls con la cabeza llena de…" "¡George!", ni Fred ni Joy lo dejaron terminar; Fred porque se había puesto a reír y Marjory porque estaba escandalizada por lo que había estado a punto de decir. George había salido de la sala común diciéndoles improperios sin importarle quién le escuchaba.
Joy lanzó un suspiro al escuchar la pregunta de George. "¿Seguiremos con esta tontería? Deberías perdonarlo. Si él quiere a Angelina, simplemente hazte a un lado". Era muy fácil de pensarlo, pero no de hacerlo. Al final, había aceptado que tenía sentimientos por el muchacho. Habían nacido de su cercana amistad y, poco a poco, se fue transformando en algo indefinible por Fred Weasley. Ahora, con 15 años, sabía que lo que sentía se había vuelto aún más fuerte y, probablemente, podía ponerle una etiqueta: "Enamorada". No sería fácil dejarlo ir, como comúnmente decían. Cuando le contó a su madre la situación entre Fred y ella, Nora se mostró muy comprensiva. Al final le había dicho que no se diera por vencida, porque siempre habría problemas y ella no podía huir siempre. Le contó también cómo habían sido sus primeros años en Inglaterra, y cómo sus padres habían reaccionado al enterarse de su compromiso con Alasdair Lewis. Sus padres eran unas personas muy religiosas que se sintieron escandalizadas al saber que su hija contraía matrimonio con nada menos que un mago; pero eso no había impedido en que el joven matrimonio siguiera adelante. "Mamá es una luchadora. Mi padre murió luchando. ¿Por qué yo no puedo luchar?" se preguntaba continuamente. A veces temía que fuese porque no sentía con tanta intensidad, o que sus sentimientos eran pasajeros, y que por eso no se animaba a buscar algo más con Fred. Y había días en los cuales sabía que lo quería demasiado para dejarlo ir. Ahora que lo tenía nuevamente frente a él, decidió darse una oportunidad más. Sí, lo intentaría.
- Estoy dispuesta a hacer las paces sólo si él quiere.
Fred la miraba entrecerrando sus ojos color café. Sabía que su propuesta era honesta, y quería aceptarla con gusto. Pero no quería parecer desesperado por hacer las paces, era una persona orgullosa. Además, quería poner primero sus sentimientos en orden. ¿Qué era lo que sentía exactamente por ella? Desde que la conoció la encontró agradable y divertida, con un carácter dulce aunque tímido, se había abierto a él contándole la muerte de su padre, y él la había protegido en varias ocasiones. Estaba convencido en que la quería porque era su amiga. ¿Por qué le costaba tanto trabajo volver a hablar con ella?
En ese momento la tenía frente a él. Había crecido en las vacaciones, y su cuerpo había florecido, eso podía notarlo, su rostro había adelgazado y se veía realmente preciosa. Siempre supo que era bonita, pero ese año se veía diferente, y tenía miedo que alguien más lo notara; se había fijado que en la estación había atraído varias miradas de los alumnos de Hogwarts, tanto nuevos como de último año. Incluso su hermano Charlie le había dicho antes de subir al tren: "¡Vaya! sí que es muy guapa", y Fred había sentido nuevamente cómo su estómago se revolvía. ¿Por qué sentía que quería golpear a alguien cada vez que decían que ella era muy bonita? Su madre había hablado mucho sobre ella en las vacaciones, mientras le contaba a sus hijos mayores lo que hacían los gemelos. Y, como él no quería comentar sobre nada que la involucraba, era George quien hablaba con mucho entusiasmo sobre las bromas en las que ella participaba. Bill les había dicho que más les valía cuidarla, porque chicas como ellas se encontraban muy pocas veces. Charlie les decía que alguno de los dos terminaría enamorándose de ella, a lo que George siempre respondía con una sonora carcajada. A Fred le incomodaban esos comentarios, porque precisamente temía que su hermano terminara enamorándose de ella. Sabía que se sentiría traicionado si eso llegase a ocurrir. Jamás se había sentido así con respecto a su hermano, que era a la vez su mejor y más cercano amigo. Hubo una noche en la que le preguntó abiertamente a George si él sentía algo por Marjory, pero éste negó y dijo que la veía sólo como una amiga, tal vez como una hermana. Eso tranquilizó a Fred.
Ahora se encontraba con ella nuevamente, y seguía sin conocer porqué el pensar en ella lo inquietaba tanto. Tal vez si no tomaba esa oportunidad que ella le daba para hacer las paces, la perdería para siempre.
- Vale.
- ¿Sólo "vale? Me esperaba algo más de ti, sinceramente, pero…
- ¡Sí quiero hacer las paces contigo! ¿Es suficiente eso para ti?
- Fred – le convino su hermano –, le estás gritando. Así no se hacen las paces, hermano.
Fred puso los ojos en blanco y comenzó a caminar buscando el compartimiento en donde estuviese Lee Jordan.
- Me desespera – Joy se masajeaba la sien derecha.
- Bueno, al menos estuvo dispuesto a hacer las paces. Sólo prométeme que no habrá más gritos – le dijo George, pasándole el brazo por sus hombros.
- Tú no tienes la culpa, George – respondió ella lanzando un suspiro. Ese año había estado lleno de suspiros –. Desearía poder prometértelo, pero sé que llegará el día en que tu hermano me va a sacar de mis casillas y le gritaré. Pero te prometo que no volveré a gritarte.
oOoOo
- El baile de Navidad ha sido una tradición del Torneo de los Tres Magos desde que se estableció. La víspera de Navidad, junto con nuestros invitados, nos reunimos en el Gran Comedor para una noche de inocente y educada frivolidad. Como representantes del colegio sede, espero que todos y cada uno de ustedes se esfuercen por dar un buen paso, y lo digo literalmente porque el Baile de Navidad es justamente eso, un baile – dijo la profesora McGonagall el día en que los alumnos de cuarto año en adelante, estaba reunidos por orden de ella.
Del lado de las chicas, hubo murmullos de complacencia y alegría, mientras que los chicos hicieron conocer su inconformidad no sólo visible, sino audiblemente.
- ¡SILENCIO! – dijo la profesora cuando el ruido comenzó a extenderse por el salón – La casa de Godric Gryffindor ha tenido el respeto del mundo mágico por casi diez siglos, y no permitiré que en una noche manchen ese nombre por comportarse como un montón de brutos babuinos torpes y barbajanes. Bailar es dejar que el cuerpo respire – continuó diciendo la profesora, después de una breve pausa –. Dentro de cada chica duerme un delicado cisne anhelando emerger y retomar el vuelo. Y dentro de cada chico hay un león preparado para saltar.
La profesora se dirigió entonces hacia Ron Weasley, para tomarlo como pareja de baile y así enseñarle a los demás muchachos qué debían hacer. Todos reprimían risitas al ver el desconcertado y colorado rostro de Weasley. Jamás olvidarían esa escena.
- ¡Todos elijan pareja!
Las gryffindor se levantaron inmediatamente, esperando ser elegidas por algún muchacho.
- ¡Chicos, pónganse de pie!
Al contrario que las chicas, ningún varón se sentía particularmente dispuesto a participar. Fue Neville Longbottom el primer valiente de Gryffindor. Poco a poco los muchachos se fueron sumando a la pista de baile improvisada.
Marjory estaba de pie, esperando que alguien la tomara como pareja, cuando Oliver Wood se presentó ante ella.
- Señorita – dijo galantemente –, me complacería en gran manera que bailara conmigo.
Ella aceptó con una sonrisa, dándole su blanca mano para que él la tomara. Entonces comenzó el baile. La música estaba acompañada con acordeones y violines, lo cual le daba un aire un tanto extranjero. Su pareja comenzó a moverse lento, meciéndose de un lado a otro, dando suaves giros en un mismo lugar, mientras la música así lo permitía; pero conforme el ritmo se hacía más rápido, Joy se vio envuelta en pasos un poco más complicados. Se llevó una grata sorpresa al comprobar que Wood sí que sabía bailar. Sentía la mano de él en su cintura, sin hacer ninguna presión, la mano de ella contrastaba con el suéter gris oscuro del joven, y ambos tenían una sonrisa en el rostro; en ningún momento sus ojos se despegaron el uno del otro. Joy sentía que el corazón le latía con más fuerza que de costumbre, pero no por alguna razón sentimental, sino porque jamás había bailado con un chico de esa manera. Al principio estaban delimitados por un cuadro de unos dos metros de ancho, pues había más parejas a su alrededor, pero conforme avanzaba la música, igual lo hacían ellos. Daban saltos más largos cuando sentían que era necesario, iban hacia delante y luego hacia atrás, giraban hacia la derecha y se movían en línea horizontal, luego giraban hacia la izquierda y volvían a donde habían comenzado. Los demás estudiantes daban paso a la pareja que se movía como una hoja en el viento: con fluidez, suavemente, y al mismo tiempo, exudando energía. Pronto todos se habían hecho a un lado, incluida la profesora, porque la pareja que formaban Marjory y Oliver Wood estaban bailando por todo el salón. A veces Oliver hacía girar sobre sí misma a Joy, para después continuar con su danza, en esos momentos los cabellos de ella brillaban por la luz del sol y parecían como un remolino de cobre. Con pasos rápidos y enérgicos completaban una vuelta al lugar; hubo un momento en que Oliver tomó con ambas manos la cintura de Joy y la puso de espaldas contra él, su mano derecha tomó la de ella y su izquierda quedó en la curva de su cintura. Ella pudo recostar su cabeza en el pecho de él, mientras seguían bailando. Sus pies parecían que apenas tocaban la superficie, pues se movían con velocidad; los pasos que daban ahora eran pequeños, pero ágiles. Ella se dejaba llevar por los movimientos de él, pero no se hacía ver torpe, sino que lo hacía todo con gracia y delicadeza. Tal como lo había dicho la profesora McGonagall, Marjory parecía ser un delicado cisne que comenzaba a volar. Todos en la sala comprendieron que bailar era una mezcla exquisita de armonía, fluidez y música. Wood tomó con delicadeza, pero firmemente, la mano de Joy, y haciendo impulso con su mano que tenía en la cadera de ella, la hizo girar, una vez, dos veces, y luego la atrapó con su cuerpo justo cuando la música paró. Parecía que se habían conectado de una forma en que ninguna pareja de aquel salón lo había hecho. Ninguno dejaba de notar la sonrisa que tenían ambos, y el brillo que había en sus ojos.
El salón entero prorrumpió en aplausos. Minerva McGonagall era la que aplaudía con más fuerza mientras se acercaba a felicitar a la excelente pareja. Joy se reía abiertamente mientras recuperaba aire, y se pasaba las manos por sus despeinados cabellos. Lucía realmente feliz. Wood se quedó parado con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Ni ella ni Oliver se habían dado cuenta de lo que habían ocasionado. No sabían cómo, pero de una extraña forma supieron que lo único que debían hacer era dejarse llevar por la música. Si bien sus pasos no fueron profesionales, sí habían hecho un baile digno de cualquier salón. La jefa de esa casa no podía estar más orgullosa.
– Fue maravilloso – agradeció Marjory.
– Espero con ganas que se repita – dijo Oliver, con mucho entusiasmo y emoción. Llevaba un sentimiento intenso en el pecho por la muchacha.
oOoOo
Las prácticas de baile habían durado toda la semana. La mayoría de las mujeres de gryffindor estaban entusiasmadas, pues era el primer baile al que asistían. Las muchachas más jóvenes se lamentaban el no poder ir al baile, y muchas esperaban que alguno de los alumnos mayores las invitara como pareja. Se notaba un aire de excitación en todo el castillo.
Marjory había escuchado el rumor de que Oliver Wood la invitaría al baile. Sus amigas parecían totalmente convencidas que serían un hecho.
- ¡Pero si fuiste su pareja de baile en todas las prácticas!
- Sí, pero no significa que me vaya a invitar – Joy prefería prestar más atención a su comida que a las reacciones de sus amigas por su aparente desinterés.
- Pero es lo más probable. ¡Hacen una pareja magnífica y todos lo saben! Bueno – le dijo Angelina –, si él te invitara al baile, ¿serías su pareja?
- No lo sé… Es un gran bailarín.
- ¿Un gran bailarín? – Alicia parecía llegar al punto de querer zarandearle – ¡Joy! Estamos hablando del capitán de del equipo de Gryffindor, Oliver Wood, séptimo año, guapo, fuerte y amable, que no aceptó que ninguna otra chica fuese su pareja en las prácticas… ¿y tú sólo dices que es "un gran bailarín"? Si sigues hablando así, dejaré de creer que te gusta.
Joy tuvo que morderse la lengua para no reírse en frente de ellas. Jamás le había gustado de ésa manera Oliver Wood. Le agradaba mucho, pero esos solamente eran sentimientos amigables. Lo que pasaba, es que él había sido el primer nombre en cruzar su mente cuando le pidieron que rindiera cuentas sobre quién le gustaba. No podía haber dicho la verdad, por temor a lastimar a su amiga Angelina. Y desde entonces tuvo que seguir con la mentira. No le importaba mucho, salvo el hecho de mentir a sus amigas, porque ese año Wood se graduaba de Hogwarts y todo terminaría con eso. Esperaba que para entonces, sus sentimientos por Fred desaparecieran.
- Quiero ir al baile con alguien divertido – dijo mientras evitaba mirar al lugar donde Fred solía sentarse, y que esa noche estaba vacío –, que me haga reír. No sé. Jamás he ido a un baile, no entiendo nada sobre parejas, ni cómo actuar cuando alguien te invita. Ni siquiera sé si alguien me va a invitar.
- Con tal que no sea Graham.
- ¡No, Merlín! Realmente espero que no se le ocurra hacer una escenita este año.
- No frente a nuestros invitados – dijo Alicia imitando la voz de McGonagall.
Las tres amigas se rieron y terminaron de cenar. El director les deseó buenas noches a todos y los mandó a dormir. Mientras salían del comedor, seguían platicando sobre a quién querían de pareja o cómo serían sus vestidos. Joy tenía un problema con eso, pues no se había tomado la molestia de probarse los vestidos que tenía y tomó el primero que se había asomado de su armario. Cuando se lo probó en Hogwarts se dio cuenta que le quedaba corto y ajustado, sus amigas casi entraron en una crisis. ¡Tenían que arreglarlo! Alicia estaba dispuesta en prestarle un vestido, pero se dio cuenta que sólo llevaba uno. Angelina había llevado otro de repuesto, pero el cuerpo de Joy no era igual al de ella, y había zonas que simplemente no llenaba. A Joy no le importó, dijo que le escribiría a su madre para que le enviase un vestido. Pero había estado aplazando el escribir la carta, porque casi no tenía tiempo, y el tiempo que tenía libre, siempre tenía otras cosas en la cabeza. Ya lo haría después, aún tenía tiempo.
Subieron a su sala común junto con todos los demás gryffindor. No había una hora estipulada para irse a dormir, generalmente cada uno se iba a su dormitorio a la hora que mejor le pareciera. Nadie se molestaba mucho si alguno se quedaba despierto más tiempo, a excepción de Percy, pero nadie le hacía mucho caso. Se sentaron cerca del fuego, porque esa noche estaba nevando y habían sentido mucho frío en el comedor. En uno de los sillones estaba Lee Jordan cruzado de brazos y con cara de pocos amigos. No les sorprendió mucho, pues sabían que los gemelos se habían alejado un poco de él ese año, y en la cena no se habían sentado con su grupo de amigos.
- Muy bien – dijo Alicia acomodándose frente al fuego –, ya sé que hablamos de eso muy seguido, pero ¡vamos Joy!, tienes que ir con Oliver Wood.
- Sí, Alicia tiene razón… Hazlo por nosotras – dijo Angelina haciendo un puchero –, por favor, por favor. Queremos ver al capi con una chica linda para variar.
- No… ya basta. Si nadie me invita al baile, entonces reuniré valor para invitarlo a él como último recurso.
- Me odiarás por esto toda la eternidad – le dijo Alicia con pesar.
- ¿Odiarte? ¿Por qué…?
- ¡OLVIER WOOD, MARJORY QUIERE QUE LA INVITES AL BAILE! – gritó Alicia mientras se ponía de pie, y todos los estudiante se voltearon a mirarla.
Joy se había puesto completamente roja, no porque Oliver se hubiera volteado a mirarla con una sonrisa, sino porque en ese momento Fred y George habían entrado a la sala común. George se reía con ganas, y se unió a las burlas de sus compañeros, pero Fred se había quedado de pie, tenso.
- Yo no… no es cierto… yo no… – murmuraba Joy mientras sentía que la cara le ardía de vergüenza.
Wood, que también se había sonrojado ante el comentario y las reacciones que observó, salió de la sala común, y cuando pasó junto a un petrificado Fred le dijo sonriendo:
- ¡Chicas! Este baile las trae locas... Aunque a mí no me molestaría ir con ella al baile.
Fred fue incapaz de decirle algo a su capitán, se sentía demasiado desconcertado para poder hablar sin lanzarle un golpe. No era ciego, ni tampoco sordo. Desde que terminaron las prácticas de baile con la profesora McGonagall, muchos habían dado por sentado que Joy y Wood irían al baile, juntos. Y él había visto que entre esos dos había química, no podía pasar por alto la sonrisa que tenía Joy siempre al bailar, ni el brillo en la mirada de Oliver al contemplar a su pareja. Había sido una tortura para sus sentimientos verlos bailar; ni hablar de la manera en que la profesora McGonagall alababa a esa pareja por su manera de desenvolverse en la pista de baile. La primera vez que los vio bailar se había quedado tan impresionado como los otros. No había ninguna pareja de la casa de Gryffindor que se comparara a Oliver y Marjory. Fred sólo había tenido una oportunidad de bailar con ella, y se había sentido tan bien, había deseado que ese baile no terminara nunca. Sabía que su mente no lo engañaba al decirse a sí mismo que ella también lo había disfrutado, sin embargo, no podía evitar sentirse confundido cuando la sonrisa de Joy desapareció de su rostro y le pidió que no volviese a bailar con ella. Se había sentido tan dolido, y al mismo tiempo furioso con ella. Se arrepentía de haber respondido groseramente, pero ya no pudo reparar el daño.
- ¿Por qué no quieres bailar conmigo? ¿Es porque no soy tan bueno como Wood? – le había preguntado alzando la voz.
- No… no es eso – contestó ella, con lágrimas en los ojos.
- ¡¿Entonces qué es?! ¡Explícame Marjory!
- Si tan sólo pudiera, Fred. Entiende… no quiero lastimar a nadie. No quiero que nadie salga herido. ¡No sé cómo explicártelo!
- No sé porqué estoy perdiendo el tiempo contigo. Será mejor que te vayas a dedicarle tus estúpidas sonrisitas a Wood, ya no te quitaré más tu maldito tiempo.
- ¡Fred, habíamos hecho las paces! – ella le había tomado del brazo, para evitar que se fuera, pero él no dejó que ella lo tocara otra vez.
- ¿Sí? Pues qué lástima – y se apartó de ella sin querer escuchar su llanto.
Ese día salió de la práctica furioso con ella, porque no le había dado una explicación real de sus actos. Ni siquiera le habían importado sus lágrimas. Desde entonces, se habían dejado de hablar nuevamente.
Con esos pensamientos dolorosos, siguió caminando hasta reunirse con su hermano, pues sólo habían bajado para pedirle a Ron su pequeña lechuza. A Ron le había explotado su castillo de naipes en la cara, chamuscándole las cejas; eso hizo que se animara un poco. Pero su mal humor seguía ahí.
- Muy guapo, Ron… Esas cejas te combinarán a la perfección con tu túnica de gala.
- Ron, ¿nos puedes prestar a Pigwidgeon? – le preguntó George.
- No, está entregando una carta. ¿Por qué?
- Porque George quiere que sea su pareja de baile – repuso Fred sarcásticamente, sin poder ocultar del todo su enojo.
- Pues porque queremos enviar una carta, tonto – dijo George, mirando extrañado a su gemelo.
- ¿A quién le siguen escribiendo? ¿Eh? – preguntó Ron.
- Aparta las narices, Ron, si no quieres que se te chamusquen también —le advirtió Fred moviendo la varita con gesto amenazador. Sus hermanos pocas veces lo habían visto tan enojado —. Bueno... ¿ya tienen todos pareja para el baile?
- No — respondió Ron.
- Pues mejor te das prisa, o pillarán a todas las guapas — dijo Fred.
- ¿Con quién vas tú? — quiso saber Ron.
- Con Angelina — contestó enseguida Fred en un tono bastante audible, sin pizca de vergüenza.
- ¿Qué? — exclamó Ron, sorprendido —. ¿Se lo has pedido ya?
- Buena pregunta — reconoció Fred. Volvió la cabeza y gritó: – ¡Eh, Angelina!
Angelina, que estaba charlando con Alicia y con Joy cerca del fuego, se volvió hacia él.
- ¿Qué? — le preguntó.
- ¿Quieres ser mi pareja de baile?
A Joy se le tensó el estómago, no se le había pasado por alto la mirada de desprecio que le dio Fred al dirigirse a su amiga. Se había quedado sin aire y sentía una horrible presión en el pecho. Aunque no pudo evitarlo, sus ojos se le llenaron de lágrimas. Angelina le dirigió a Fred una mirada evaluadora.
- Bueno, vale —aceptó, y se volvió para seguir hablando con sus amigas, con una leve sonrisa en la cara.
Joy tampoco pudo pasar por alto esa sonrisa que tenía Angelina en el rostro; la muchacha había estado esperando esa invitación y no podía esperar para compartir lo emocionada que estaba con sus amigas. Aunque Marjory sabía que no había posibilidad alguna de ir al baile con Fred, le había hecho muchísimo daño que él invitara a Angelina del modo en que lo hizo. Había sentido como si le clavaran un cuchillo en el estómago y después lo retorcieran dentro de ella. Sentía que algún dementor le había robado el alma, o algo por el estilo; se sentía vacía y perdida, sin esperanzas. "Baile de mierda". Creía que el año pasado le había enseñado a aparentar muy bien frente a sus amigas, pero esa noche descubrió que aún tendría que esforzarse mucho más en aparentar que todo iba de maravilla. Tuvo que sonreír y sentirse emocionada por Angelina, cuando lo único que quería era quedarse en la cama y llorar hasta quedar seca.
oOoOo
Faltaba una semana para el Baile de Navidad. Joy sentía que no había estado viviendo, sino sólo habían estado pasando los días. No había podido llorar su pena, porque sus amigas apenas la dejaban sola. Hubo un día en que Graham volvió a su rutina de idiota, pero ella ni siquiera tuvo fuerzas para lanzarle un insulto. Hasta ese punto había llegado. Tanto Fred como ella se evitaban todo lo que podían, lo cual era particularmente difícil, pues compartían las mismas clases. George, atento a la situación, había cambiado su lugar en todas las clases para evitar que Joy y Fred estuvieran juntos. A él no se le había escapado la mirada de dolor de Joy cuando su hermano invitó a Angelina.
Había terminado la clase de Defensa contra las Artes Oscuras y todos estaban saliendo del salón. El profesor Moody salía en ese momento del aula, renqueando a causa de su pierna. Joy se había tardado en guardar sus cosas a propósito, para no salir al mismo tiempo que Fred. No se había dado cuenta que no estaba sola.
- ¿Necesitas ayuda?
Al voltear se encontró con George Weasley con las manos en los bolsillos. Ella le sonrió, pues recordó que esa había sido la misma pregunta que su hermano Percy le había hecho, y desde ese día los pelirrojos habían entrado en su vida para quedarse.
- No, descuida, ya guardé todas mis cosas.
- Bien. Ah… yo quería preguntarte algo.
- Adelante – dijo Joy mientras ambos salían hacia su próxima clase.
- Bueno, supondrás que no debe ser tan difícil decirte esto porque eres mi amiga y todo eso, pero la verdad aún me da un poco de vergüenza pedírtelo. Como ni tú ni yo podemos ir con las personas que nos gustan al baile, pensaba que podríamos ir tú y yo juntos, como amigos.
- ¿Qué? – la muchacha miraba sorprendida al pelirrojo. "¿Cómo lo sabe? ¿Cómo sabe que me gusta Fred?"
Parecía que George le había leído el pensamiento, porque fue esa pregunta la que le respondió.
- Sé que te gusta Fred. Lo he notado desde hace más de un año. Descuida – le dijo al ver la mirada sorprendida que le dio la chica –, nadie más lo sabe. No sabía si yo me estaba inventando todo, o si de verdad sentías algo por él, pero vine confirmando mis sospechas la noche en que Fred invitó a Angelina.
- ¿Cómo lo confirmaste? ¿Cómo es que te diste cuenta? Yo pensé que había disimulado muy bien.
- Me di cuenta por tu mirada.
- ¿Mi mirada?
- Sí… era la misma mirada que yo tenía esa noche – el pelirrojo lanzó un suspiro y la miró con dolor –. No le digas a nadie, pero a mí me gusta mucho Angelina.
- Lo siento – dijo Joy después de una pausa, y le tomó la mano.
George le sonrió. Era bueno que por lo menos alguien conociera su secreto. Siempre supo que Lee Jordan encontraba atractiva a su compañera de quidditch, pero él nunca lo había notado. Jordan insistía tanto en que ella era muy bonita, que George tuvo que admitirse a sí mismo que su amigo tenía mucha razón. Y, para mala suerte de Lee, Angelina había terminado gustándole al pelirrojo. Se sentía culpable por eso, sabía que Jordan se molestaría cuando se enterara, pero no había podido hacer nada para evitarlo. Y no había querido hacer nada.
- Debemos ser las personas con peor suerte aquí en Hogwarts – dijo tristemente George.
- Sí… con excepción de Potter, a él siempre le pasan cosas malas – Ambos se fueron hacia su clase riéndose.
A la hora de la cena el grupo de gryffindor estaba nuevamente junto. Lee Jordan había aceptado con bastante compostura el que Angelina fuese al baile con Fred. Dijo que prefería que fuera con él, que con cualquier estudiante de Durmstrang. Angelina estaba sentada al lado de Fred, con una hermosa sonrisa en el rostro, le daba gusto saber que su amigo no estaba molesto con ellos ni mucho menos. Ni George ni Joy habían dicho que irían al baile juntos, pues no quería que su situación se tornara más incómoda. Estaban terminando de cenar cuando Oliver Wood se presentó ante ellos.
- Joy, ¿puedo hablar contigo un momento?
Sus amigas la miraron con la boca abierta de sorpresa y una expresión de "Te lo dije" en los ojos. George miraba cómo su hermano se crispaba de ira y doblaba su cuchara de metal. Joy estaba realmente sorprendida ante la situación, de verdad nunca se imaginó que el capitán del equipo fuese ante ella a pedirle algo. Fue Jordan la que la hizo salir de su estupor mediante un carraspeo.
- Sí, por supuesto – dijo poniéndose de pie.
Se alejaron un poco de la mesa, y Joy pudo sentir como todas las miradas de los gryffindor se ponían sobre ellos. Si Oliver le preguntaba lo que ella, y sus amigos, tenían en mente tendría que verse en la dolorosa situación de darle una respuesta negativa a Oliver.
- Creo que todo mundo espera que te pregunte particularmente algo, ¿cierto? – le dijo con una sonrisa –. Así que me dije a mí mismo, ¿por qué no? Tú y yo tuvimos una conexión en las clases de baile que todos pudieron notar. Por eso quisiera saber si tú querrías ir al baile conmigo.
- Oliver eso es muy dulce de tu parte. Pero…
- "Pero" – la interrumpió el muchacho con cara de decepción. No parecía muy afectado ante su respuesta –. Me lo esperaba. Es decir, quién perdería la oportunidad de ir contigo al baile después de verte bailar de una manera encantadora. ¿Puedo preguntar quién es?
- Mi amigo George. Lo siento.
De detrás de ellos sonó la voz del pelirrojo:
- ¡Descuida Wood, te dejaré que bailes con ella un baile o dos!
Oliver sonrió ante esa propuesta y le dio las gracias a su compañero de equipo.
- Ya tienes su permiso. Al menos prométeme un baile – le pidió, tomándola de la mano. Su voz sonaba tan sincera y en sus ojos sólo había bondad.
Joy no podía negarse ante eso. Le dolía tener que decirle que no a la mejor pareja de baile que había tenido en la vida, sino la única. Pero sus sentimientos se lo impedían. Aunque Fred estuviese con Angelina, y no le dirigiera la palabra, ella lo seguía queriendo muchísimo más que antes. Malditos sentimientos, al fin se había rendido por completo a ellos.
- Claro que sí. Hagamos que los demás nos envidien por una noche más.
¿Qué os parece gentiles personas que leen este fanfic?
La verdad es que yo me divertí muchísimo escribiendo este capitulo ayer. ¡Tenia tantas ganas de publicarlo!
Espero que hayan leído la parte de la práctica de baile con McGonagall escuchando la melodía que les dije. ¿Por qué? Pues porque estaba escribiendo este capítulo mientras escuchaba el soundtrack de Amélie, que para mí es uno de los más hermosos del mundo de las películas. Traté de escribir toda la escena para que durara lo mismo que La Noyée.
Gracias por seguir leyéndome. A veces lamento poner tan irritado a Fred, porque sé que su personaje no suele ser así; descuiden, en el próximo capítulo ya se le pasará todo el enojo ;)
Dumbledore dice que si no dejan reviews les quitará puntos a sus casas :c
* El discurso que da Minerva McGongall en la escena de baile no me pertenece. Le pertenece a Warner y a J.K. Rowling (porque seguro ella lo aprovó para que apareciese en la película).
