Beats Hunter


Capítulo VII

Edward hace una pequeña mueca pero no me dice nada.

– ¿Ya no quieres hacer el trato? –

– Que te parece si comes algo mientras hablamos –

Se mueve tan rápido que no tengo tiempo de protestar. En menos de lo que dura un parpadeo está de nuevo sentado junto a mí, manteniendo la charola entre nosotros. Veo la comida, bastante parecida a la del primer día, excepto que ahora hay uvas y duraznos también.

Mi estomago ruge tan fuerte que Edward suelta una pequeña carcajada. Sin poder resistirlo más tomo el tenedor y devoro rápidamente el pastel de chocolate, tomo un puño de uvas y me las meto en la boca como una pequeña salvaje. Mastico rápido y me las trago, tomo una tostada y comienzo a comer también. Edward me ve entre divertido y orgulloso de haber logrado que coma.

– Bien, ahora tengo otra pequeña condición en nuestro trato –

Niego rápidamente con la cabeza.

– No... – paso rápidamente lo que como, con ayuda del jugo – No puedes agregar otra cosa. El trato estaba cerrado –

– Entonces míralo como un favor – me ve con ojos suplicantes.

– ¿Qué es lo que quieres? – pregunto.

– Que nos digas lo que queremos saber – desvía su mirada hacia el frente.

Me quedo completamente quieta, aun con lo que queda de un durazno en la boca.

– ¿Nos? – Edward asiente – No, no, no, no y no – me pongo de pie, camino hasta la puerta del baño y saco de un fuerte jalón mi cuchillo.

– Bella, por favor. Mi familia también quiere saber esto –

– Edward no soy estúpida ¿Si? Si lo que quieren es saber lo que voy a decir solo tienen que poner atención. No es como si no pudieran oírnos justo ahora –

– Pero ellos también tienen preguntas, y si tú tienes alguna para ellos... bueno, pueden contestarlas mucho mejor que yo –

– No quiero hacerlo – termino tajante.

Edward voltea hacia un lado, como si alguien lo hubiera llamado a gritos. Se queda callado, como si estuviera escuchando una conversación única de él. Después de un momento asiente y devuelve su atención hacia mí. Se levanta rápidamente de la cama, hasta que está parado junto a mí.

– Hagamos algo, bajas conmigo y hablas de lo que ambos queremos saber frente a toda la familia. Nadie te hará preguntas directamente, si alguien quiere saber algo, yo te lo diré y me contestaras a mí ¿Te parece? –

Lo pienso durante un momento. La verdad es que siento curiosidad por estos vampiros, y si Edward dice que nadie hablara conmigo, supongo que no tengo nada que perder.

Suspiro.

– De acuerdo. Bajemos – aprieto más el cuchillo en mi mano derecha.

Edward lo ve y hace una mueca, aún así no me pide que lo deje o intenta quitármelo. Parece saber que de verdad lo necesito para hacer esto. Me quedo un poco sorprendida cuando Edward abre la puerta para que yo pase primero, atravieso el umbral y me quedo quieta, prefiero que él valla adelante y me diga hacia dónde dirigirme. Edward entiende el mensaje. Cierra la puerta de su recamara y camina hasta quedar delate de mi.

– Sígueme – su voz suena ligera y alegre. Parece que de verdad le gusta la idea de que salga de su habitación.

Voltea de nuevo y pone una coqueta y esquinada sonrisa en su rostro. Frunzo el ceño.

– Quita esa cara de suficiencia Cullen. O te la borrare personalmente y con mucho gusto –

Edward suelta una alegre y preciosa carcajada por mi comentario. El sonido es tan agradable y perfecto que me hace sonreír como idiota.

Bajamos las escaleras y caminamos al fondo de la primera planta, hasta que llegamos a un amplio comedor. En el centro descansa una enorme y majestuosa mesa, hecha de oscura y brillante madera. Las ocho sillas alrededor son a juego con la mesa, solo dos de ellas están vacías.

En lo que parece ser el puesto más importante, ahí permanece sentado Carlisle. No es que su silla tenga algo distinto o llamativo, simplemente parece estar iluminado por alguna especie de fuerza, la clase de cosa de la que carecen los demás; como si el resto del clan también pudiera reconocerlo y aceptaran esa decisión. A la derecha de él permanece una mujer a la que no había visto: tiene el cabello del color del caramelo, largo hasta la mitad de la espalda y un poco ondulado. Su rostro parece un corazón; no parece demasiado alta, pero tampoco muy baja. Sus ojos dorados contrastan con lo blanco de su piel, y su mirada mantiene esa chispa y amor que conservan siempre las madres.

Siento como se me estruja un poco el corazón.

Junto a ella está sentado el chico rubio, Jasper, ese es su nombre. A su derecha permanece la chica bajita y de cabello oscuro y puntiagudo; su ropa parece tan perfecta y majestuosa como la de una noche de gala. Junto a ella está la rubia, mantiene sus brazos cruzados e incluso parece que la retuvieran ahí sentada a la fuerza. Obviamente junto a ella se encuentra el chico enorme, que a diferencia de la cosa rubia parece bastante relajado, incluso divertido con todo aquello. Y después de él se encuentran las dos sillas vacías.

Edward carraspea y todos voltean a vernos. Cada uno parece tener una expresión diferente en el rostro, desde la sorpresa, alegría, hasta la molestia. Curioso, muy curioso.

– Ok. Familia Cullen ella es Bella Swan. Bella, oficialmente ellos son Alice –

– ¡Hola Bella! – es la chica de cabello oscuro.

– A Jasper ya lo conocías – el chico solo asiente sonriendo a medias – Ella es la odiosa Rosalie – no puedo evitar sonreír por el comentario. La rubia suelta un bufido – Él es Emmett –

– Bonito cuchillo pequeña – sonríe al decirlo.

– ¿Te gustaría conocerlo mejor? – mi voz suena dulce y pongo una sonrisilla traviesa en mi rostro.

La mujer de cabello acaramelado suelta una exclamación entrecortada, como si hubiera intentado matar a su mejor amigo delante de sus ojos. Me encojo de hombros, sintiéndome repentinamente cruel, aún sin saber bien por qué.

– Solo bromeaba... lo siento – susurro más bajo.

– Bella, ella es Esme, nuestra madre en muchos sentidos. Mamá, esta es Bella –

Ella se levanta de la silla y camina con pasos lentos pero seguros hacia mí. Retrocedo un poco y ella se detiene, levantando las manos.

– No te hare daño cariño – su voz es tan dulce y maternal que de nuevo siento ese apretón doloroso en mi pecho.

Me quedo quieta, permitiendo que se acerque un poco más. Camina hasta que queda justo delante de mí. Al igual que con Carlisle, agacho la mirada, huyendo de sus ojos tan parecidos a los de mi madre.

– ¿Bella? – levanto la vista cuando me llama – Se, por lo que Edward me ha dicho que necesitas ese cuchillo junto a ti –

– Es cierto – mi voz suena como un susurro.

– Entiendo cielo, pero por favor, no amenaces a mis hijos con eso. Ni siquiera como una broma, no... no puedo soportarlo –

Me quedo observándola. Ella dijo "no amenaces a mis hijos", y no lo hizo con sarcasmo, desdén o una nota falsa en su voz; realmente considera a estos seres sus hijos. Al igual que Edward la llamo su madre, como si fuera la cosa más obvia y natural del mundo.

– Yo... no quise... yo no... – no sé qué decirle. Ella me sonríe.

– Descuida, se cómo puede llegar a ser Emmett – voltea a ver al mencionado – Si vuelves a molestarla no me opondré en que te presente a su cuchillo ¿me escuchaste? –

– ¡Mamá! – el parece ofendido.

Miro al vampiro frente a mí, ella esta sonriendo y me hace un guiño como una juguetona madre confidente. Aun con la confusión sobre mi, intento sonreír un poco.

– Esme tiene razón Emm, déjala tranquila. Ahora porque no se sientan para que podamos hablar – es Carlisle.

Edward pone una mano sobre mi espalda para guiarme. Caminamos detrás de Esme hasta que por fin estamos todos sentados. Edward permanece junto a Carlisle, yo estoy entre Emmett y Edward.

La sensación que me produce el estar sentada junto a siete vampiros, está entre las nauseas, el mareo, el vértigo y una extraña pero conocida adrenalina corriendo por mi cuerpo. Me retuerzo y remuevo sobre la silla, sin saber muy bien que hacer o como empezar esta porquería de trato. Mantengo una de mis manos sobre la mesa, girando el cuchillo debajo de mis dedos una y otra vez. Siento de pronto un leve apretón en la mano que tengo bajo la mesa; volteo a ver a Edward.

– ¿Podrías quitar eso de la mesa? Los tienes a todos... nerviosos –

– ¡Oh! Se-seguro – suelto mi mano de la de Edward y pongo el cuchillo en ella.

– De acuerdo familia. Edward será el único que hable con Bella, si tienen alguna pregunta piénsenla y él se la hará a Bella ¿Entendido? –

– Esto es estúpido, ¿estamos justo aquí y no podemos hablar con esa? –

– Rosalie es suficiente – Esme adopta un tono profundo y muy recriminatorio.

Me duele hasta lo más profundo de mi orgullo reconocerlo, pero la cosa rubia tiene razón. Es completamente estúpido que, ya estando frente a ellos no puedan hablarme, así que me tragare un poco este orgullo tan grande con el que nací y accederé a esta mierda al cien por ciento.

– Ella tiene algo de razón – todos voltean a verme, incluso la mencionada – ya estamos aquí y siempre cumplo mi palabra así que... si tienen que preguntar algo solo háganlo, yo responderé –

– ¿Estás segura Bella? – es Edward – no tienes por qué hacer algo que no quieras –

Niego despacio con la cabeza.

– No importa, en serio – aun con una chispa de duda impregnando sus dorados ojos, Edward asiente.

– Bella ¿A qué te dedicas exactamente? – Carlisle modula su tono y hace la pregunta más difícil, intenta hacerla parecer algo sencillo y común. Desafortunadamente todos aquí sabemos que no es así.

Tomo una larga bocanada de aire mientras cierro los ojos. Solo hazlo... ya lo decidiste así que solo habla Bella.

– Me... dedico a cazar vampiros – todos nos quedamos callados por varios minutos.

La mayoría de ellos me ve, supongo que tratando de descifrar a través de mi rostro si miento o estoy diciendo la cruda verdad. Nadie parece saber cómo continuar, pero presiento que aun tienen dudas, así que continúo.

– Llevo toda mi vida buscando vampiros, y una vez que los encontramos los matamos. Esa es la verdad –

– ¿Hay otros? – es Alice.

– Todos los que vivimos en la mansión Medianoche somos cazadores de vampiros –

– ¿Puedes decirnos de cuanta gente estás hablando? – el tono de Carlisle suena más a detective que a verdugo.

– No sé el número exacto. A veces tenemos... bajas, algunos más simplemente se van y no vuelven. Lo que sé es que somos más de 40 viviendo en la mansión. Claro que no todos cazamos, algunos son demasiado jóvenes o inexpertos para alguna misión –

– ¿Así lo llaman? ¿Matar personas es una maldita misión? –

– No son personas – todos, excepto la rubia se encogen ante mis palabras – Lo... lo lamento. Puede sonar cruel pero fui entrenada para pensar de ese modo. No los consideramos personas, todos son... monstruos bebedores de sangre... Ahora no estoy tan segura – desvío mi mirada hacia Edward cuando termino de hablar.

Su semblante parece más serio que nunca, pero cuando digo lo último intenta sonreírme para tranquilizarme y animarme.

– ¿Cómo es que llegan ahí? A la mansión quiero decir – pregunta Jasper.

– Por medio de James – todos se quedan callados, por lo que deduzco que debo explicarme mejor.

Bajo la mirada y veo el cuchillo en mi mano, con el cuidadoso tallado de mi nombre en él. ¿Esto significa traición? ¿Significa darle la espalda a los míos y entrar por completo en territorio enemigo? ¿O acaso estoy haciendo lo correcto?

Desvío la mirada de mi arma. Puedo sentir como todos me siguen con la vista cuando pongo con cuidado el cuchillo sobre el suelo, para después poner ambas manos sobre la mesa.

– James es, algo así como nuestro líder. El inicio a los cazadores cuando apenas era un muchacho de dieciséis años. El fue el primero en aprender a cazarlos, y poco a poco fue reclutando gente para que lo ayudaran en su propósito. Nadie sabe cómo nos encuentra, pero lo hace. A veces llega con alguna mujer, un joven, algunos hombres o... o niños – mi voz se desvanece conforme voy hablando.

Siento de nuevo una presión en mi mano. Volteo y miro como Edward me ve fijamente, esta vez no sonríe, solo me observa detenidamente. Asiento, tratando de hacerle entender que estoy bien, y que aún no termino.

– Todos los que estamos en la mansión tenemos algo en común –

– Todos son asesinos – es la cosa rubia de nuevo.

– Rosalie, si vuelves a decir eso será mejor que busques otro lugar donde vivir – Carlisle parece hablar muy en serio – eres mi hija y te quiero, pero no puedes juzgar a alguien por las cosas que hizo. Todos aquí hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos. Tú más que nadie deberías saber eso, así que deja a Bella tranquila –

Me quedo callada, esa pequeña cantidad de información me dejo completamente curiosa. Me reprendo mentalmente, este no es el momento de sacar a flote mi lado detectivesco, ahora soy yo quien esta soltando la información.

– Todos tienen algo en común... – Edward me anima a continuar.

– Todos... todos hemos sido lastimados por un vampiro en nuestras vidas. Y no me refiero a mordidas claro, aunque personalmente he salido aruñada o lastimada de alguna misión. Me refiero a que, cada uno de los cazadores hemos perdido a alguien por culpa de los vampiros. Algunas mujeres han visto morir a sus hijos y esposos, los hombres ven a un vampiro acabar con su familia o el amor de su vida. Y los niños... los niños ven a sus padres o hermanos morir. Todos los que llegamos ahí tenemos historias diferentes, pero siempre existe ese factor en común: un vampiro acabo con todo –

– ¿Y porque tienes o tenias la firme idea de que te mataríamos? ¿Sólo por ser vampiros? – Emmett pregunta por primera vez.

– Si un perro te muerde una vez, probablemente no pasa nada. Pero si te encuentras con otro y te ataca, igual que otro, y otro y pasa lo mismo con cada uno de los perros que te topas en la vida, como resultado deduces que todos los perros son crueles y que intentaran morderte. Es lógico... supongo – agrego, sin intención de ofender a nadie.

– Por eso estabas tan confundida cuando te encontré en el bosque – Edward no lo pregunta, lo afirma.

– Nunca había visto a un vampiro de ojos dorados, mucho menos a uno que se pusiera a conversar conmigo en lugar de atacarme. En especial estando herida. Y antes de que lo pregunten, la respuesta es: Sí, todos los cazadores vivimos con la total certeza de que nadie sabe de su existencia, así como nadie sabe de la nuestra –

– Bueno, en lo último tienes razón a medias – concuerda Carlisle. Lo veo completamente confundida – En los diarios y noticieros hablan sobre las muertes de vampiros que se alimentan de sangre humana, y de algunos vegetarianos. Pensábamos que era algún clan intentando apoderarse de algún sitio, pero no parecía posible teniendo en cuenta que a veces las muertes son en lugares sin relación geográfica – explicó.

– Así que de verdad todo el mundo... sabe de ustedes. Eso es... bueno una santísima mierda y es alucinante también – admito.

– Qué te dije mamá. Esta chica no se limita en su vocabulario – Edward me sonríe. Le devuelvo el gesto, un poco sonrojada. Diablos, que te pasa Bella.

– Es un poco raro ¿no crees? – Jasper razona en voz alta – Quiero decir, ninguno de ustedes sabe que la mayoría de los vampiros no somos enemigos. Y además todos en la mansión, sin excepción parecen... –

–...odiar a los vampiros a muerte – le sonrío a Jasper – No soy idiota. Tal vez los demás no piensen mucho en eso pero yo sí. Desde hace tiempo me ronda en la cabeza que es muy bizarro que estemos apartados del mundo y que siempre seamos gente lastimada por vampiros. Nunca conocemos a personas que nos digan algo diferente sobre lo que creemos, solo a más gente que nos ayuda a seguir creyendo como lo hacemos pero conforme pasa el tiempo, supongo que te acostumbras a creer lo que crees, y no intentas buscar algo diferente. –

– De verdad es bastante extraño – es Esme – ¿Sabes cómo se apellida James? Podríamos investigar un poco –

– Creo que Summers, aunque pienso que es falso. James no confía en nadie, ni siquiera creo que confíe en mi – Edward me ve cuando hablo sobre James. No sé cómo explicar su rostro, parece enojado pero no conmigo.

– ¿Cómo es que saben cómo acabar con los de nuestra especie? – es Alice.

– Tenemos entrenamientos. Obviamente sabemos que ustedes son extremadamente fuertes y casi inmortales, pero conocemos los puntos débiles – todos callan, suspiro.

Observo mis manos sobre la mesa por unos segundos. Nadie me presiona o intenta hacer algo, todos se quedan callados e incluso inmóviles, esperando a que continúe.

– Sabemos que las cosas benditas acaban con ustedes, a pesar de que puedan hablar de Dios, mencionarlo o incluso rezar. Tenemos a varios curas auténticos que bendicen como es debido, todas las armas que manejamos. Tenemos desde mi cuchillo bendito, hasta balas benditas y toda clase de mierdas para la ocasión. En la mansión hay un cuarto especial para el entrenamiento. Los que tenemos más experiencia enseñamos a los más jóvenes todo lo necesario –

– Pero los vampiros somos más fuertes – puntualiza Emmett sonriendo con orgullo.

– Si, y años de fuerza no les han servido para ser más inteligentes – su sonrisa de orgullo se vuelve traviesa y retadora. Debo admitirlo, el monstruo me agrada – A cada cacería siempre llevamos una... carnada –

Todos abren los ojos hasta que casi se salen de su lugar. Si. Sorpresa, sorpresa.

– ¿Hablas de una carnada... viva? – es Rosalie, por primera vez no habla para molestarme o insultarme.

– Claro que sí. Una muerta no sirve como distractor, y si uno de nosotros actúa como carnada las cosas se vuelven mucho más sencillas – admito.

– ¡Cielo santo! ¿Por eso tienes esas delgadas cicatrices en los brazos? – Esme parece muy preocupada por mí.

No había notado que me estaba acariciando distraídamente las cicatrices mientras hablaba. Todos comienzan a verme los brazos detenidamente, pero nadie dice nada. De improvisto Edward me toma el brazo que no está vendado y lo examina como si fuera todo un doctor profesional. Tal vez si es un doctor profesional, no puedo saberlo.

– ¿Tú eres la carnada? – su voz suena ronca, oscura y muy molesta.

Aparto con delicadeza mi brazo de sus manos.

– No todo el tiempo... pero normalmente lo soy. La mayoría de los cazadores no pueden abrirse una herida y continuar con la cacería sin desmayarse –

– ¡¿Y tú puedes? – Edward ahora si está furioso.

– La noche que me encontraste... ¿recuerdas la herida? –

No me responde, en vez de eso aprieta las manos hasta que los nudillos se le ponen más blancos de lo normal, cierra los ojos con fuerza y respira agitadamente.

– ¿Tu te hiciste la herida sola? – asiento a la pregunta de Carlisle.

– Entonces la otra noche venias de una cacería – de nuevo Edward no lo pregunta.

Asiento.

– Fuimos por un grupo de tres vampiros, no muy lejos de la mansión. Necesitábamos una carnada y normalmente voy a todas las misiones. Después de la cacería necesitaba... estar sola. Así que me fui al bosque, anduve caminando por mucho tiempo y luego te vi ahí sobre un venado –

– Impresionante – todos vemos a Carlisle – Te abriste una herida profunda, que no te mataría enseguida pero cortaste el punto exacto para sangrar mucho. Estuviste en una batalla y caminaste por el bosque durante un largo rato; y aún así estuviste consciente hasta que Edward llego contigo a casa. Y por lo que veo te has recuperado extraordinariamente rápido – se queda callado y su mirada se pierde en el infinito. Parece muy concentrado en lo que sea que está pensando.

– ¿Por qué tu vas a casi todas las... misiones? ¿Es por el tiempo que llevas ahí o porque eres buena? – Alice tiene mucho cuidado de no usar palabras como 'cacería, 'matar vampiros' o cualquier frase que me haga parecer despiadada.

– En realidad es por ambas cosas. Soy la que lleva más tiempo en esto junto con James, y soy... buena en... esto – desvío mi mirada de su rostro de hada.

– ¿Cuánto tiempo llevas con el... con James? – Edward parece más tranquilo.

Levanto la vista al techo. Este trato se está desviando hacia un lugar que pretendo mantener enterrado, se está dirigiendo hacia mi propia y trágica vida. Y odio que esto pase.

– Trece años... – aún mantengo la vista en el techo cuando respondo.


[...Don't punish me for being myself,

Don't blame me for who I am,

You always knew...

That I'm just a Beats Hunter...]

Niñas, una tremenda disculpa. Explico así rápido porque tengo que alistarme para ir a la Uni: Estoy trabajando de nuevo desde el mes pasado, y a principios de este mes entre a la escuela. Como supondrán mi vida anda toda vuelta loca jaja, por lo que no he tenido tiempo de sentarme a escribir. Pero al fin pude terminar este cap y aquí se los dejo preciosas n.n Espero que me digan que les parece y espero que me esperen un poco para continuar con las historias ¿Si mis corazones?

Oh, y 'De rey León' no está abandonada ni la dejare incompleta ¿Ok? Solo tengo una laguna mental horrible sobre la historia que espero se resuelva muy pronto. Las quiero horrores niñas n.n Saben que son lo máximo para mi, las amo, las adoro y ¡Soy su Fan!

P.D: Gaby Madriz: Cielo, ¿Donde estas? Extraño tus reviews nena u.u

¡Espero nos leamos pronto!

¡Besos de vampiro... de lobito y abrazos de Emmett para todos!

Atte:

..dayaaBlack...

¿Reviews?