DIA 1. SEGUNDA PARTE

El terreno que se extendía a sus pies era un secarral. Cientos de arbustos requemados por el sol le dieron la bienvenida. Allí no encontraría agua dulce ni de coña. Soltó un suspiro de resignación y continuó caminando. Miró la posición del sol y calculó que serían cerca de las nueve de la mañana. Sacó una barritra energética de su mochila y la comió lentamente. Llevaba despierto desde las cinco de la mañana y aun no había encontrado a nadie. Y eso lo tenía completamente escamado. Sabía de muy buena mano que la organización del "evento" había metido a asesinos profesionales entre los participantes. No se lo reprochaba. Si él fuese el promotor del evento televisivo del siglo, haría lo imposible por mantener en sus manos a la gallina de los huevos de oro.

Se detuvo junto a una roca más o menos plana y se sentó. La maldita lesión del brazo comenzaba a molestarle, lo que era un claro indicativo de una tormenta acercándose. Y una de las gordas. Soltó otro suspiro y continuó comiendo la barrita.

O00000000000O000000

Harry miraba fijamente la figura calma del patriarca Malfoy. Tenía que reconocer que aquella familia parecía tener hielo en las venas. Aunque agradecía a todas las deidades existentes aquella característica. Porque, muy a su pesar, el que todo volviera a la normalidad dependía mucho de ellos.

-Se ve tremendamente atractivo cuando se mete tanto en sus pensamientos.

Harry se giró rápidamente al oír la voz de Luna. Su rubia y soñadora amiga miraba la televisión con una sonrisa. Intentó alejar de su mente las inquietantes imágenes que llenaron su cerebro al pensar en ella con Lucius Malfoy en un ámbito... Íntimo.

- Hola, Luna.

- ¿Qué tal lo están haciendo mis chicos? -Harry levantó una ceja al oír aquello. Luna lo golpeó en el hombro cariñosamente- No pongas esa cara. Lucius es mi pareja. Y Draco mi amigo y ambos son mi familia.

- Ya. Deja que me haga a la idea... En cuatro o cinco lustros -Harry abrazó a Luna -¿Qué trae por la Madriguera a tan distinguida dama?

- Astoria anda un poquito preocupada por Draco y Lucius. En casa no vemos el programa. Por Scorpius principalmente.

-Ginny también se lo ha prohibido los niños. Y contestando a tu pregunta... Sólo puedo decirte que me dan pena los muggles que se crucen en el camino de tus "chicos". Ya hemos visto a Draco en acción. Y si él nos dejó con la boca abierta, no quiero imaginarme lo que les hará Lucius.

- Ten por seguro que no será nada amable con esas personas. Hace años se juró que nada volvería a dañar a su familia y un Malfoy siempre cumple sus juramentos. Aunque tarden años.

No hablaron más. El resto regresó en ese momento y Luna se vio inmersa en un mar de abrazos y saludos. Harry regresó toda su atención al programa. Presentía que algo iba a pasar.

O000000000o0000000

El muggle que había osado atacarlo no llegaba a los treinta años. De complexión media, parecía enfermo de los nervios. De seguro era uno de esos pobres diablos que se habían visto obligados a participar en aquella locura. Esperó pacientemente. El dolor del brazo había ido subiendo de intensidad según se iba acercando la tormenta. Maldijo a Merlín entre dientes. Tendría que acabar con el muggle muy rápido para poder encontrar un refugio contra la tromba de agua que estaba por caer.

El muggle corrió hacia él gritando como un poseso y blandiendo una barra de metal oxidada. Lucius se puso en posición de ataque. Esperó pacientemente a que el muggle estuviese lo suficientemente cerca para utilizar la inercia del ataque enemigo a su favor.

Alzó el brazo sano y sujetó la muñeca del hombre y giró sobre su eje, lanzándolo varios metros entre los arbustos, quedándose en el proceso con la barra oxidada. Caminó con parsimonia hacia el otro, dándole una mínima oportunidad para escapar. Pero el muggle o estaba muy loco o no tenía instinto de supervivencia alguno, puesto que se levantó y arremetió contra él de nuevo. Lucius se hizo a un lado y cuando lo tuvo a tiro, blandió la barra en un arco amplio y lo golpeó en la nuca. El muggle cayó para no volver a levantarse. Lucius cogió la mochila del finado y miró en su interior. Unas sonrisa siniestra cruzó su rostro. Con su primera víctima había conseguido el premio gordo. Sacó una varita. Las cosas iban a ponerse muy, muy interesantes.

O0000000o000000

Ya no podía más. Llevaban andando desde que Wolf se había cargado al energúmeno aquel. Había curado la herida de su compañero lo mejor que pudo y después iniciaron la marcha en silencio. Wolf caminaba delante, con paso firme y continuo, atento a todo lo que les rodeaba.

- Tengo que parar, Wolf. Los pies me están matando, el puto collar me está rozando y tengo hambre y sed.

- Estamos cerca de las nueva zona. Un poco más y estaremos a salvo. Recuerda que dentro de una media hora esta se convertirá en zona roja. No tengo ganas de que me vuelen la cabeza como una sandía.

- Dos minutos, por favor. Cojo aire y seguimos.

Wolf asintió. Sacó una botella de agua y se la pasó. Hermione bebió, feliz por poder descansar esos minutos. En su fuero interno lamentaba el estar en tan mala forma. Miró unos segundos a su compañero. Ni una gota de sudor, ni un resuello, nada. Estaba como si no hubiese caminado kilómetros. Luego se miro a si misma. Estaba sudada como un pollo, resoplando como una locomotora. Si sobrevivia, se apuntaba al gimnasio.

- Tenemos que seguir y encontrar un lugar seguro para comer.

Cogió aire y se levantó. El dolor lacerante que atravesó sus músculos hizo que soltara un gemido. Wolf se acercó a ella y la enderezó.

- Tenemos que encontrar algún tipo de baya comestible o un árbol frutal. Si no ingieres pronto algo de glucosa, las agujetas te van a dejar completamente paralizada antes del final del día.

Hermione se limitó a asentir desganadamente. Utilizó el brazo sano de su compañero como soporte los primeros metros hasta que consideró que el dolor se hacía algo mas llevadero. Para no aburrirse, decidió acribillar a preguntas a Wolf.

- ¿Quién es tu amigo mago? Si es británico a lo mejor lo conozco.

- No pienso contestar a esac pregunta. Este lugar puede estar plagado de micrófonos. No tengo ganas de poner a esa familia en peligro.

- Pues cuentame algo. Necesito mantener mi mente ocupada con algo que no sean estas malditas agujetas. Como sienta otro pinchazo mas en mis piernas, busco un risco y me lanzo al vacío.

-Eres un pelín melodramática - Wolf sonrió con malicia - Pero, para saciar tu aparentemente ilimitada curiosidad, contestaré dos preguntas.

- ¿Dónde aprendiste a pelear así?

- Me crié en uno de los peores barrios de Taiwán. Al ser uno de los poquísimos niños occidentales en la zona, me convertí en blanco de todos los matones en un radio de ocho vecindades. Después de una paliza terrible que me mandó dos semanas al hospital, decidí convertirme en alguien a quien todos temieran., En cuanto estuve recuperado, aprendí todo sobre lucha, artes marciales, pelea callejera... Me convertí en un verdadero demonio. Hasta los adultos me tenían miedo. Cuando cumplí los diecisiete me enviaron aquí y me alistaron de manera un tanto forzada en la Armada. Ahí es donde conocí a mi amigo mago. El resto es todo confidencial.

- Pues no tienes pinta de matón de los bajos fondos.

- Tendrías que haberme visto con trece - Wolf sonrió, divertido- Era el prototipo ideal de golfillo callejero. Bien, te queda otra pregunta.

- Si sobrevivimos a esto... Yo... -Hermione se mordió el labio mientras el rubor cubría su rostro.

- Estaré encantado de tener una cita contigo.

Hermione deseó que la tierra se abriese en ese instante. Nunca, ni siquiera cuando pasó su primera noche con Ron había sentido tasntísima vergüenza. Y el que Wolf fuese tan malditamente directo y franco no ponía las cosas fáciles. El hombre se acercó a ella y la abrazó con suavidad.

-¿ Puedo hacerte yo una pregunta? -Hermione asintió. Aún se sentía demasiado avergonzada parea emitir sonido alguno - ¿Tu ex ha sido tu única... Experiencia? Ya a sabes, si no has estado con nadie más...

- Sí. Ronald fue mi primer y único novio. Luego, tras terminar el último curso en el colegio, nos comprometimos. Sólo teníamos dieciocho años, pero después de lo vivido durante la guerra... De todas formas íbamos as esperar dos o tres años para casarnos. Pero me quedé embarazada de Rose y adelantamos las cosas.

- Pero... ¿Por qué? Quiero decir, me parece bien pero no veo la necesidad de casarse porque te quedaste embarazada... Vamos, que no está mal visto si una pareja tiene un hijo, viven juntos, pero no están casados...

- En el mundo muggle puede, Pero en el mágico... La madre de Ronald se ilusionó con lo de la boda y no pude negarme. Había sufrido demasiado por la guerra y no pude quitarle esa ilusión.

- Y te viste atada a un matrimonio precipitado...

- Al principio fui feliz. Tenía al amor de mi vida, una niña preciosa... Y luego me volví a quedar embarazada. Lo llevé bien hasta que, dos días después del nacimiento de Hugo, escuché a Ronald hablar con su madre. Le estaba comentando que quería tener al menos otros tres hijos. Y que no quería que se llevaran mucho entre ellos. Y quería que yo dejara de estudiar para dedicarme a cuidar de nuestra familia...

- Y comenzaste a replantearte tu futuro.

- Me sentí como una yegua de cría. Me planté ante ellos y les dejé bien claro que no iba a dejar mis estudios. Y que no pensaba tener más hijos de momento. Pusieron el grito en el cielo pero me mantuve firme. Y aguanté seis años.

- Pero no fuiste completamente feliz.

- Sí pero no. Al final nos dimos cuenta que funcionabamos mejor como amigos que como matrimonio. Llevamos divorciados cinco años y todos tan felices. ¿Y tú?

- Quizá algún día...

Siguieron su camino en silencio. Unos minutos después, tres individuos siguieron sus pasos.