Hola a todas / os de nuevo!!! Aquí estoy con la séptima entrega de mi fic. Cositas que se me olvidó explicar:
1) Marina es el nombre de una chica de mi facultad (¡Que tiempos aquellos!), la única fan de Harry Potter que conocía cuando escribí el fic; durante mucho tiempo solo con ella podía compartir mi frikismo, así que le dedique a ella la historia y le puse su nombre a ese personaje.
2) No culpeis a SEV por llevar opiáceos en el bolsillo, nadie es perfecto (la adormidera blanca es un opiáceo).
3) Feliz día del trabajo a todas las que como yo habeis abandonado la feliz vida del estudiante y para las de mi city (¡VIVA MADRID!), Feliz día de la Comunidad.
4) Disclaimer: me he enterado de que la Rowling es de las pocas autoras a las que no les importa que sus seguidores escriban fan fictions (salvo que sean muy guarros), así que le dedico a ella este capi, por enrollá. Ninguno de sus personajes me pertenece y no hago esto con ánimo de lucro.
5) ¿Cómo os cae Esmeralda? Es que he leído que en los fics de este tipo, el personaje femenino suele caer mal a los lectores.
Bueno, dicho esto, A LEER!! (esta frase es de Snape White, besitos pa ella!!!)
VII. EL SEÑOR TENEBROSO
Severus abrió los ojos lentamente. No había una sola parte de su cuerpo que no le doliera. Trató de incorporarse, pero un violento acceso de tos volvió a dejarlo tumbado boca arriba en el suelo. Se limpió la boca con el dorso de la mano; observó que había escupido sangre.
Le habían dado una buena paliza y sintió la tentación de quedarse allí y dejarse morir, pero el recuerdo de Esmeralda le dio las fuerzas necesarias para intentar levantarse de nuevo. ¡Esmeralda¿Qué habrían hecho con ella?
Con un esfuerzo sobrehumano logró ponerse en pie. Las rodillas le temblaban y tenía ganas de vomitar. La camisa, hecha jirones, dejaba al descubierto un torso lleno de arañazos y magulladuras; tenía la sensación de tener alguna costilla rota.
Trató de apartar de su mente el dolor mirando alrededor. Tenía que descubrir en que apartado lugar del mundo le habían dejado abandonado… cual no sería su sorpresa al ver que se encontraba en la linde del Bosque Prohibido, muy cerca de la cabaña de Hagrid. Trató de avanzar hacia ella, paso a paso, pero una espesa neblina le cubrió los ojos. ¿Por qué no le habían rematado¿Y por qué le habían dejado allí? Una provocación a Dumbledore fue la única explicación que su mente le proporcionó.
De repente, vio acercarse hacia él a una enorme y barbuda figura. Hagrid venía corriendo seguido de Fang.
- ¡Profesor Snape¿Qué le ha ocurrido? Le vi desde la ventana – dijo el guardabosques mientras permitía que Severus apoyase su peso en él -.
- ¡Deprisa… tengo que ver a Dumbledore! – logró balbucear Snape, mientras un hilillo de sangre le resbalaba por la barbilla desde la boca-.
- Antes debe verle la Señora Pomfrey, Profesor Snape, está usted destrozado…
- ¡No! – gritó él con las pocas fuerzas que le quedaban - ¡La tienen… la han cogido¡No hay tiempo!
- ¿A quien? – preguntó Hagrid -.
- ¡A Esmeralda!
Pronunciar su nombre en voz alta fue demasiado para él. ¿Y si ya era tarde? Si eso habían hecho con él que podía defenderse¿que no harían con ella? Notó como la vista se le volvía a nublar y las piernas le flojeaban definitivamente. Todo se volvió negro a su alrededor y perdió el conocimiento de nuevo.
Cuando despertó, estaba tumbado en una de las camas de la enfermería. Tenía el pecho cubierto de vendas y sobre la frente un paño húmedo que olía a romero. Dumbledore, de espaldas, miraba por la ventana pero debió darse cuenta de que Severus había despertado porque comenzó a hablar:
- Acusé a Lucius en Navidades de que su plan era poco elaborado… este ha sido perfecto: matar a esa pobre mujer para obligaros a salir de Hogwarts y abandonar mi protección… ¿Cómo no me imaginé algo así?
- Todo es culpa mía – murmuró Severus; su voz sonaba muy débil – solo salí un momento a tomar un poco el aire, cuando ella ya estaba durmiendo… no sé ni de donde salieron, se me echaron encima…
- No te culpes, Severus. Un solo mago no puede defenderse de un grupo de mortífagos bien organizado; tú lo sabes mejor que nadie…
- Si la matan será culpa mía… y tendré otra muerte sobre mi conciencia…
En ese momento, Dumbledore se dio la vuelta y le miró a los ojos:
- No la matará, Severus; le es más útil viva. Aunque lo que le pueda hacer, quizá sea peor que la muerte…
- ¡Tenemos que rescatarla! – gritó Snape, recuperando su potente tono de voz -.
Dumbledore le dirigió una mirada extrañada, inquisitiva. Era lógico que Snape estuviera preocupado, pero esa angustia, la ansiedad de sus palabras… le pareció excesiva. Severus Snape era frío como el hielo, perder la compostura no era propio de él ni en las situaciones más extremas. El anciano mago sospechaba desde hacía mucho tiempo que aquello acabaría pasando y si no fuera por lo terrible de la situación, habría sonreído complacido:
- No podemos hacer nada Severus. No sabemos donde está. Tenemos que esperar a tener refuerzos…
Severus sospechó que Dumbledore se refería a Remus Lupin, a Sirius Black… y una ola de odio recorrió su dolorido cuerpo:
- ¡No necesito a nadie! – exclamó indignado- Además, no hay tiempo que perder.
- ¡Severus, recapacita! Están tratando de provocarnos, eso es precisamente lo que quieren que hagamos… ¿Por qué no te han matado¿Por qué te han dejado a las puertas del castillo?
- ¿Y piensa abandonarla en manos de… Él?
- No deberías subestimar a la Profesora Taylor, Severus.
Severus se preguntó que querría decir con eso Dumbledore. El anciano mago tenía una expresión triste. Era evidente que no temía por la vida de Esmeralda, sino por algo mucho más peligroso. Se acercó a la cama y apoyó su envejecida mano sobre el hombro de Severus.
- Descansa, hijo. Vas a necesitar todas tus fuerzas.
Dicho esto, dio media vuelta y abandonó la habitación. Severus volvió a recostarse sobre la almohada.
Cuando nadie en el mundo hubiera dado un knut por él, Dumbledore le dio toda su confianza, un trabajo, un techo… y su amistad. En los catorce años que llevaba como Profesor de Hogwarts le había obedecido ciegamente en todo, estaría dispuesto a hacer lo que el Director le pidiera, pero… ¿Qué extraño poder ejercía esa chica sobre él, para plantearse seriamente desobedecer a Albus?
Recordó el cuerpo de Esmeralda estremeciéndose entre sus brazos mientras lloraba, el aroma suave de su pelo… y tomó una decisión: probablemente estaría metiéndose en la boca del lobo, pero no podía fallarle… Además, él sabía muy bien como encontrar a la joven.
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Voldemort miraba fijamente los ojos de Esmeralda y ella no sabía de que parte de su ser procedía el valor para sostener aquella mirada inhumana de reptil, que le llenaba de pavor. Pensó cuantas veces habría contemplado Severus aquellos ojos rojizos… y recordó que no sabía nada del Profesor de Pociones:
- ¿Qué has hecho con Snape?
Esmeralda se asustó de la seguridad de su propio tono de voz.
Lord Voldemort también pareció sorprendido, gratamente sorprendido. Sus labios se curvaron en una mueca que pretendía ser una sonrisa y respondió:
- Tranquila, tu amiguito el traidor está bien. Iban a matarlo, pero pensé que sería mucho más divertido imaginar la cara de Dumbledore cuando le viera aparecer sin ti y escupiendo los dientes…
Esmeralda sintió erizarse todo el vello de su cuerpo, no solo porque la imagen de un Snape maltrecho y destrozado se había formado en su mente, sino por el sonido de la voz de Lord Voldemort. Parecía emerger de las profundidades de una gruta y sonaba como si tuviese la garganta llena de alfileres.
Entonces, la mirada de Voldemort sobre ella se hizo más escrutadora, más profunda. Esmeralda tuvo la sensación de que él podía leerle el pensamiento y se esforzó en dejar su mente en blanco. El Poderoso Mago comenzó a dibujar silenciosos círculos alrededor de Esmeralda, que no era capaz de discernir si aquel ser caminaba o simplemente se deslizaba como las serpientes.
- Te pareces mucho a tu madre.
A Esmeralda le pareció como si esa frase lapidaria no se hubiera pronunciado allí, en ese momento, sino en su interior, hacía ya mucho tiempo. Algo que había luchado por negar hasta entonces se presentó ante sus ojos, cuando todavía no se sentía capaz de enfrentarse a ello.
El Señor Tenebroso debía haber esperado alguna reacción en el rostro de Esmeralda, y al no verla pareció un poco decepcionado, pero continuó hablando, para desgracia de Esmeralda que en aquel momento hubiera deseado estar sorda más que nada en el mundo:
- Pero te pareces mucho más a tu tía. Tienes exactamente los mismos ojos que ella…
La cabeza de Esmeralda daba vueltas. No podía ser… no debía ser…
- Las recuerdo bien a las dos… bueno, a las tres. Eran tres hermanas pero la mediana se fue enseguida; era una joven delgaducha con cara de caballo que parecía aterrorizada de todo lo que la rodeaba. En cambio, Marina estaba encantada, se le veía orgullosa de tener una hermana bruja. Era el quinto año de Lily en Hogwarts y esta mostraba con entusiasmo a su hermana mayor como era el universo mágico del colegio en el que ella se movía cada día… No recuerdo el motivo de aquella fiesta, pero muchos antiguos alumnos estábamos invitados.
Yo estaba feliz de volver a pisar las antiguas piedras de Hogwarts, siempre ha sido mi hogar… Aunque desde una esquina Dumbledore no paraba de vigilarme, nunca se había fiado de mí, pero yo no le prestaba atención. Llevaba toda la noche mirando a Marina; tenía una belleza fría y misteriosa que la hacía irresistible a mis ojos, y en ningún momento me importó que fuera muggle.
De pronto su mirada se cruzó con la mía, y supe que tenía que conseguirla, que era mía, que me había pertenecido aún antes de conocerla. Quería hablar a solas con ella, lejos de la escrutadora mirada de Dumbledore, así que, sabiendo que ella me seguiría, pues sus ojos la habían delatado, salí a un espacioso balcón al que se accede por uno de los pasillos del Gran Comedor…
Esmeralda sintió una punzada en la nuca. Conocía muy bien aquel balcón.
- … A los pocos minutos charlábamos como si nos conociésemos de toda la vida. Yo era un hombre muy atractivo, había viajado por todo el mundo y, aparte de su hermana Lily, ella no había hablado nunca con ningún mago… estaba fascinada conmigo… pero justo cuando iba a besarla apareció la pequeña de los Evans en el umbral de la puerta.
Lily se nos quedó mirando con rostro desencajado. Ya por entonces comenzaba a haber muchos comentarios acerca de mí y mis revolucionarias teorías… Lily no debía ser ajena a ellos.
Marina se despidió de mí con una sonrisa que me hizo desearla aún más. "No tenías que haberme dejado sola. James no para de hacer tonterías para tratar de llamar mi atención y Severus nos mira con cara de asco…"; eso fue lo último que escuche decir a la jovencísima Lily aquella noche, mientras las dos se perdían por el estrecho corredor cogidas del brazo, dirigiéndose de nuevo a la fiesta. Supe que antes de que Marina volviera a casa aquella noche, Lily le advertiría sobre mí, le contaría las rarezas que decían de mi persona… pero yo no quería renunciar a verla… y no lo hice. Con Lily en Hogwarts sin poder proteger a su hermana mayor, no me fue difícil averiguar donde vivía, donde estudiaba, en que ambientes se movía. Las primeras veces que la abordé, huyó de mí, me pedía que no la siguiera pero yo puedo ser muy persuasivo… acabó rindiéndose, yo le gustaba.
Renunció a todo por mí: su carrera, sus padres, sus hermanas… me dijeron que cuando la pobre Lily se enteró de que Marina se había trasladado aquí conmigo, lloró desconsolada varios días…
La mirada de Lord Voldemort, que hasta entonces había vagado distraída por la enorme sala, volvió a centrarse en Esmeralda:
- Nunca olvidaré la primera noche de Marina en este castillo… tú eres el fruto de aquella noche, Esmeralda, de aquellos besos, de sus caricias…
Ni siquiera las lágrimas acudían a los ojos de Esmeralda. Estaba dominaba por una sensación de irrealidad muy semejante a la que sintió tras el beso de Lucius Malfoy. Era como si en su interior siempre hubiese sabido aquello… alzó los ojos y contempló el rostro terriblemente deformado de aquel ser… su padre, Lord Voldemort. (NA: bueno, chicas, misterio resuelto).
- Sin embargo – prosiguió el Señor Tenebroso- los sentimientos de tu madre hacia mí fueron cambiando poco a poco. Veía a la gente que entraba en mis calabozos y no volvía a salir, escuchaba a mis leales jactándose de sus hazañas, escuchaba mis órdenes y se escandalizaba… yo la notaba cada vez más extraña, más distante, no quería entregarse a mí… ahora sé que trataba de ocultar su embarazo.
Un día regresé de unas "incursiones"… y no estaba, no sé como se las apañó para abandonar el castillo… pensé en buscarla y darle su merecido, nadie traiciona a Lord Voldemort. Pero era solo una estúpida muggle de la que ya me había aburrido y no había nada que pudiera hacer contra mí. Si hubiera sabido lo que ocultaba su seno… pero no lo sabía. No sé por qué no volvió con su familia, supongo que se avergonzaba o temía ponerlos en peligro si yo me decidía a buscarla, pero ellos tampoco supieron de ti… tus abuelos, o la propia Lily, aun a pesar de su juventud, se hubieran ocupado gustosos de ti, pero ellos debieron creer que Marina seguía conmigo en mi castillo y que no había forma de recuperarla. Pobre Lily, era un ángel, es una pena que tuviera un final tan triste…
- Mátame.
La voz de Esmeralda no era una súplica, era una orden. Lord Voldemort volvió a esbozar de nuevo aquel gesto suyo que quería parecer una sonrisa:
- Sí. Cuando supe de tu existencia ese fue mi primer pensamiento. Si el insulso de Snape no se hubiera adelantado a Lucius aquella noche, ahora probablemente estarías muerta… pero en estos meses he tenido tiempo de analizar la situación desde otra perspectiva. Tus orígenes te convierten en alguien demasiado especial para ser destruido…
- ¿Qué puedo tener yo de especial? – el tono de Esmeralda era desafiante porque no tenía miedo a morir – Solo soy una muggle, como mi madre…
La carcajada de Voldemort era como uñas afiladas arañando una pizarra:
- Llevas en tus venas sangre de Slytherin, sangre de Voldemort, sangre de ese pequeño innombrable (NA: se refiere al primito Harry)… No luches contra tu sangre.
Esmeralda tembló por primera vez. ¿Cuántas veces había oído aquella frase en sus pesadillas? Lord Voldemort se acercó a ella lentamente, como si temiera que la joven pudiera evaporarse.
Esmeralda había sido una niña feliz, pero en muchas ocasiones se veía dominada por una sensación de melancólico desarraigo, de no saber quien era ni de donde venía… ahora prefería mil veces esa sensación que el dolor amargo y el odio hiriente que emergía de lo profundo de su alma… ¿hacia quien¿tal vez hacia ella misma?
Lord Voldemort alargó su mano y acarició la mejilla de Esmeralda. Ella se sorprendió de que su tacto no fuera desagradable o frío, sino extrañamente cálido…
- Desde que supe que existías no te he dejado sola, he estado siempre a tu lado… he sentido, como en este momento, tu odio en muchas ocasiones: cuando Dumbledore te negaba información, cuando discutías con Snape… pude ver a Potter a través de tus ojos cuando le echaste de tu clase gritándole en pársel y él pudo reconocer en tus rasgos la sombra de los míos, no tan evidentes como los de tu tía, pero sí presentes para miradas más perspicaces (NA: No recuerdo quien de vosotras se dió cuenta de que a Harry, Esmeralda le había recordado a Voldemort en aquel momento, tuve que esfozarme un montón en disimular)… Tu y yo somos iguales, Esmeralda…
- No… - susurro ella -.
- Sí. Te he estudiado. Eres un diamante en bruto, una digna heredera de Slytherin. Se te ha negado lo que era tuyo por derecho, lo que te correspondía desde la cuna, pero yo estoy aquí para restaurar el agravio y devolverte el lugar que por naturaleza te corresponde.
Esmeralda sintió como silenciosas lágrimas resbalaban por sus mejillas; era un llanto muy distinto al rabioso que Severus había contemplado en el psiquiátrico. Ahora las lágrimas simplemente caían…
- Está mal – murmuró Esmeralda - Es malo…
Voldemort levantó con su mano derecha la barbilla de Esmeralda y penetró con sus ojos de serpiente los verdes de la joven. El tono de sus palabras fue tan paternal que no parecía salir de aquel monstruo:
- Hija mía…no hay mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado débiles para buscarlo… (NA: Frase pronunciada por Quirrel en "Harry Potter y la Piedra Filosofal", en el capítulo titulado "El hombre con dos caras"), pero tú no eres de las débiles, solo tienes que buscar en tu interior tu verdadero ser, la raíz de tu poder…
- Mi lado oscuro.
Esmeralda pronunció aquellas tres palabras recordando que Dumbledore las había utilizado… refiriéndose a ella.
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Harry recorría los corredores del castillo oculto bajo su capa invisible. Una sensación de malestar le recorría de arriba abajo. Tenía el puño cerrado alrededor de un trozo de papel:
"Ven esta noche a mi despacho a las diez.
Es importante. Ni una palabra a nadie, Potter,
ni a tus amiguitos, ni a Dumbledore.
Fdo: S. Snape."
La escueta nota era propia del profesor. Hedwig la había dejado caer por la mañana al lado de su tazón de cereales, como si fuese una carta normal de alguien externo al colegio.
La primera reacción de Harry fue repasar mentalmente todos sus actos de los últimos días, incluso semanas. No recordaba haber echo nada que Snape pudiera castigar… aunque él nunca había necesitado muchos motivos para privar a Harry de los entrenamientos de quidditch o de las salidas a Hogsmeade…
Sin embargo, pronto sus pensamientos se centraron en otra idea… ¿Tendría algo que ver aquello con la Profesora Taylor? Esmeralda llevaba ya una semana sin dar clase. La versión oficial era que estaba enferma… Snape también había estado un par de días sin dar clase y para que eso ocurriera si que debían haber existido poderosos motivos.
Cuando el profesor volvió, tenía rastros de magulladuras en la cara y parecía andar algo encorvado, él, que siempre parecía haberse tragado el palo de una escoba.
Harry tenía la convicción de que ambos hechos estaban relacionados.
¿Se habrían pegado Esmeralda y Snape? Que no se podían ni ver, era evidente, pero dudaba mucho que la Profesora Taylor hubiese conseguido dejarle la cara así a Snape…
Se detuvo frente a la puerta del despacho del Profesor de Pociones y la golpeó muy despacio, mientras guardaba la capa invisible bajo el jersey. La puerta se abrió sola, silenciosamente, y Harry penetró en aquella oscura estancia, repleta de libros polvorientos y frascos viscosos, que conocía tan bien:
- Cierra la puerta, Potter.
El Profesor había pronunciado esa frase antes de que Harry pudiera verle. Emergió de entre las sombras y se colocó de pie frente al escritorio, mirando a Harry como si fuera excremento de murciélago en el plato de su cena. La cara de Harry también era de pocos amigos pero se esforzó por aparentar naturalidad:
- ¿Quería verme… señor?
- No. Yo nunca quiero verte, Potter… pero hay veces que no me queda más remedio (NA: Super frasecita de Snape).
Harry tragó saliva. En presencia de Snape se le pasaban por la cabeza todas las palabras feas que conocía.
- Siéntate.
Harry obedeció. Con Snape era la mejor forma de actuar. El Profesor se sentó en el borde del escritorio y relajó un poco el gesto.
- Bien, no me andaré con rodeos: el Señor Tenebroso tiene a Esm… a la Profesora Taylor.
Harry levantó la cabeza sorprendido y abrió los ojos desorbitadamente:
- ¡¿Qué?! Pero… ¿para qué¿Qué puede querer Voldemort de la Profesora Taylor?
- Eso no es de tu incumbencia, Potter… pero hay que sacarla de allí y para encontrarla… necesito tu ayuda.
Snape había escupido las tres últimas palabras mirando hacia otro lado. Harry pensó que debía haberle costado una barbaridad pronunciarlas.
- ¿Mi ayuda?
Snape no respondió a su pregunta, sino que continuó hablando como si no le hubiera escuchado:
- Existen pociones que permiten encontrar a personas desaparecidas… necesito tu sangre para encontrar a la Profesora Taylor. Normalmente bastaría con un par de cabellos, pero el lugar en el que ella se encuentra estará protegido por sinfín de encantamientos escudo, maleficios, hechizos… la sangre será más poderosa y efectiva contra ellos.
Harry conocía bien ese tipo de pociones. Habían despertado su curiosidad desde el renacer de Voldemort durante la final del Torneo de los Tres Magos, pero había algo que no le encajaba.
- Señor, lo que dice está bien, pero… ¿Ese tipo de pociones no funcionan solo cuando las dos personas están unidas por lazos de consanguinidad?
Severus se quedó callado unos instantes. Por mucho que le molestara, aquel chico no tenía un pelo de tonto, aunque él jamás lo admitiría en voz alta.
Se levantó del escritorio y se colocó frente al fuego, de espaldas a Harry. Había estado una semana pensando si recurrir o no a Potter… y no se le había ocurrido ninguna opción mejor. Sabía que su elección tendría contrapartidas y esta era una de ellas. Puestos a desobedecer a Dumbledore, también podía hacerlo en este aspecto, y mandar al traste los esfuerzos que había hecho el Director durante todo el curso por evitar que Harry y Esmeralda intimasen demasiado. Así que, armándose de valor, dijo:
- Esmeralda es tu prima, Harry.
La cabeza de Harry comenzó a dar vueltas…una fotografía de tres niñas en un prado floreado… ¿Quién era la del medio?... (NA: Está pensando en la foto que vió en el primer capítulo).
Harry no sabía que le había impresionado más: tener por fin la certeza de que el parecido entre su madre y Esmeralda no era casual o que por primera vez desde que estaba en Hogwarts, Severus Snape lo había llamado por su nombre.
Bueno nenas, ya podeis encumbrarme a la cima de la fama o condenarme a una muerte lenta y dolorosa... como veis, todo tenía una explicación, aunque todavía quedan cabos sin atar, así que si todavía os gusta la historia y quereis conocerlos... NO DEJEIS DE LEER!!! Viuda Negra
