Declaimer todos los derechos sobre Zootopia son para Disney y sus creadores, Yo sólo hago uso de sus increíbles personajes para crear una historia puramente de entretenimiento.
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Capítulo 7
Razón
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Eran alrededor de las 9:40 pm cuando Jack Savage llegó a su departamento, dejó las llaves en la mesa de entrada, tomó un pequeño control remoto y con el encendió las luces y la refrigeración, se dirigió entonces a la sala, al tiempo que se quitaba el saco dejándolo sobre el sofá, deshizo el nudo de su corbata, se desabotono la camisa blanca, fue hasta la cava de vinos y cogió una copa y una de las botellas, sin fijarse realmente en la marca o el año, para después sentarse en el sillón individual tipo vintage color negro situado frente al balcón.
Sirvió un poco de la bebida alcohólica y se la llevó a los labios, nada mejor que beber un poco, después de un largo día.
Admiró las luces de la ciudad por el enorme ventanal, nunca antes se había detenido a pensar en la suerte que tenía de vivir en un sitio así, podía apreciar perfectamente todas las luces de la capital Britanimalica, la vista era hermosa, recordó entonces la única vez que había ido a la gran metrópoli de Zootopia, cuando tenía alrededor de ocho años y más allá de lo enorme que era o la diversidad de sus habitantes, lo que se había grabado en su memoria, había sido sin duda la luminaria nocturna de los edificios, y Zoondres le recordaba eso, sin embargo ninguna de las dos vistas se comparaba al panorama de la casa de campo de su familia, probablemente estaba siendo influenciado por las características de su especie, pero ciertamente le encantaban más los espacios naturales, rebosantes de vegetación, sin duda alguna la armonía que evocaba el campo, superaba al vertiginoso ambiente urbano.
Y mientras pensaba en esa comparación, el rostro de cierta coneja extranjera apareció repentinamente en su mente y sonrió, recordando todo lo acontecido con ella esa larga tarde, desde lo del hospital.
Soltó una pequeña risa.
Cuando la doctora les confundió con un matrimonio una extraña sensación nada desagradable se instaló en la boca de su estómago, lo mismo cuando ella habló de lo acontecido un año atrás y otra vez más cuando se dio cuenta que no le gustaría verle herida de ninguna manera, sin embargo instantáneamente se percató de que aquello no era algo nuevo, pues desde que la conoció sintió esa pequeña chispa encenderse en su interior, es por ello que él había decidido protegerla tambien, esa promesa iba más allá de la responsabilidad de un jefe hacia un subordinado, lo comprendió finalmente en el momento en que ella bajó de su auto y el mundo se le detuvo, haciéndola ver más hermosa de lo que ya era ante sus ojos.
Judy Hopps le gustaba y a sus 40 años, ya no estaba en edad de hacerse el tonto, por ello había aceptado ese hecho que a esas alturas le era innegable.
Y sinceramente esperaba que la hembra pudiese solucionar las cosas con el zorro, ya que realmente no le agradaba verla desanimada.
La paz del momento se vio interrumpida por el timbre de su celular, y soltando un pequeño suspiró, se levantó, de su saco extrajo el Smartphone, al ver el remitente rápidamente deslizo su dedo por la pantalla para contestar la llamada.
— ¿Si?, soy yo—miró de nuevo a través del cristal— ¿Todo ha salido según lo acordado? Bien. Mañana pasaré por ello… Entonces en el mismo lugar de siempre… No te preocupes, cumpliré mi parte… Sí….
Colgó.
Esa llamada la había estado esperando toda la tarde, dejó el teléfono sobre el taburete y retomó su lugar en el sillón.
Por fin podía relajarse un poco.
Ahora tan solo quedaba el asunto de los hermanos Striphorse, supuso entonces que para conseguir información de Tadeus debía de dejar que el Oficial Wilde le informase sobre la investigación.
Las mañanas de Zoondres, especialmente a las afueras de esta, eran inesperadamente frías a pesar de estar todavía en verano, pero ello se debía principalmente a la vegetación y humedad en el ambiente.
Una brisa fresca entró por la ventana y le hizo encorvarse sobre si, se movió buscando refugio en las sabanas pero en lugar de eso se encontró con un bulto cálido y peludo, se acurrucó junto a este sin abrir los ojos queriendo conservar un poco más el sueño, sin embargo poco después de haber hallado su sitio, la alarma de su teléfono hizo acto de presencia, con ese canto de gallo que era sumamente molesto si no lo apagaba a tiempo, pero bastante efectivo.
Estiró el brazo en busca del aparato y manoteo intentando encontrarlo pero no lo lograba dado que no veía nada.
Después de haber conseguido apagarlo, volvió a recostarse junto al bulto, aunque ya no podría volver a dormirse.
No pudiendo mantener por más tiempo sus quinqués cerrados, los abrió topándose con una mata de pelo rojizo-anaranjado.
—Dios, Zanahorias, cuantas veces te he dicho que cambies ese tono— gruñó el "bulto" despertando también.
Judy sonrió al contemplar a Nick junto a ella.
No le resultaba para nada raro despertar con él, ya había pasado en numerosas ocasiones antes.
—Oh calla y aguántate, nadie te dijo que te quedaras a dormir conmigo— dijo sin moverse de su posición.
—Ya, ni siquiera me di cuenta cuando me dormí— su voz era rasposa por estar recién despertando— ¿Cómo está tu hombro?— la miró recargándose sobre una pata.
Ambos se habían quedado dormidos en la habitación de la coneja, poco después de su pelea de almohadas, al parecer los dos habían quedado molidos por el largo día de ayer.
—Bien, me duele un poco, pero ya sabes, solo es el moretón—movió con más libertad la extremidad.
—Si bueno, creo que debí saberlo cuando me golpeaste en la nariz con ese almohadón fucsia.
— ¿Al fin admitirás que yo soy la mejor en pelas de almohadas?—alzó una ceja sin dejar de sonreír.
— ¡Ja! Cuando los lobos dejen de aullar, Rabo de algodón con suerte—sonrió con autosuficiencia.
Hopps rodó los ojos.
—Como sea ya levántate, tenemos trabajo—le golpeó juguetonamente el estómago incorporándose y estirándose.
—Yay— fingió entusiasmo levantándose también—Continuaremos la conversación con el Señor "No sé nada"
—Vamos anímate Nick, probablemente hoy ya haya cambiado su actitud— profirió cogiendo sus cosas para tomar una ducha.
—Eso espero o me volveré loco— recogió los platos en los que habían comido el pay de moras la noche anterior para llevarlos al fregadero.
El par de amigos salió de la habitación topándose con Wolford en el pasillo, quien se dirigía al comedor.
Su colega les miró con sorpresa, al verlos salir juntos de la recamara de la coneja, con la misma ropa de ayer.
—Hey, buenos días—saludó el zorro muy quitado de la pena y leyendo perfectamente la expresión de lobo.
—Buenos días—devolvió el saludo— Ustedes… ¿Durmieron juntos?—preguntó Sean sin salir de su asombro, él sabía que ellos eran cercanos, pero no se imaginaba que así de "cercanos".
—Sí, no es nada fuera de lo habitual—comentó ella con inocencia— Nick suele quedarse en mi departamento algunas veces también.
— ¿En serio?...
Nicholas soltó una sonora carcajada.
—Si…— vio con extrañeza a su mejor amigo, hasta que por fin se dio cuenta de la situación — ¡Oh Dios, No! Lo que sea que estés pensando Wolford, no es en ese sentido, solo somos amigos— el sonrojo se hizo presente bajo su pelaje gris.
Nick por poco y suelta la vajilla de la risa que tenía.
— ¡Lo siento! No quise…—empezó a disculparse el de pelaje gris oscuro con las mejillas rojas por la vergüenza de tal confusión.
¿Cómo se le ocurría?
¿Ella y Nick?
No, eso no podía ser, ellos simplemente eran amigos.
—Bueno, bueno, como sea, tú debes ir a bañarte Zanahorias— la empujó con suavidad— y tú, mi amigo mal pensado, acompáñame a la cocina— agregó el de mirada verdosa llevándose a rastras al aullador y dejando a la coneja con mil pensamientos.
Se sentía de muy buen humor.
El resto de la mañana continuó con relativa normalidad y tranquilidad, aunque David no entendía porque Sean bajaba la mirada y se ponía rojo cuando cruzaba palabras con Judy ni porque esto le causaba tremendas risotadas a Wilde.
Finalmente los extranjeros llegaron a la base de operaciones, no sin antes pasar a dejar a Fangmayer en casa de la Agente Sarini.
Cuando se dirigían hacia el edificio se encontraron con Sabann quien recién llegaba al estacionamiento, esta descendía de un automóvil compacto color platino el cual era conducido por un león macho, que no se trataba de otro que Raymond Maxwell, el otro integrante del equipo Savage, al cual no habían visto desde que los presentaron en las oficinas de la MPZ.
—Buenos días Oficiales— saludó cortésmente el de melena caoba.
Los dos cánidos asintieron correspondiendo el saludo con muecas y movimientos de patas.
—Buen día—contestó bastante animada la coneja, nada comparado a su estado cabizbajo del día anterior.
—Es bueno que por fin pueda conocerles de manera apropiada, — les sonrió el felino— Aunque ya he hablado con Wolford cuando Rupert fue con él a la fábrica el otro día— agregó mientras todos entraban a la base.
— ¿Es tú día libre? — le preguntó el antes mencionado.
—Sí, y he oído de Lorelei que tienen al hermano de la víctima, así que he venido a echar un vistazo.
—Esperemos que después de una noche de descanso, por fin quiera hablar— musito simple la leona y el pelirrojo estuvo de acuerdo silenciosamente.
—Oh ¿Así que ya han llegado?— el quinteto fue recibido por la grave voz de Rupert quien se encontraba preparando un café, sobre el hombro llevaba un toalla, dado que acababa de bañarse.
— Buen día ¿Cómo paso la noche?— indagó la segunda al mando.
—Bueno en realidad paso mala noche, parece que no se siente muy bien, estuvo vomitando, incluso Sam tuvo que ir a comprarle medicinas para el estómago—reportó dando un suspiró profundo.
—Ya veo— la felina hizo una mueca pensativa— ¿Esta despierto?
—Sí, pensaba en llevarle algo de comer— señaló una bolsa junto a la cafetera de contenido desconocido.
—Yo me encargó de eso— habló finalmente Nick tomando la bolsa de papel.
El teléfono de Sabann resonó de un momento a otro.
— ¿Si? Savage…. — la de piel canela asintió mientras la liebre le daba indicaciones al otro lado de la línea— entiendo, le diré que proceda de esa manera, si, nos vemos más tarde.
— ¿Qué dijo el jefe?— indagó el león macho.
—Wilde, puedes decirle sobre la investigación real— respondió y el pelirrojo la miró ligeramente sorprendido y después desvió su vista hacia Judy.
Al parecer ni siquiera tuvo que sugerirle aquello al mini jefe, de él mismo había salido.
Su pequeña amiga estaba en lo correcto.
—Te lo dije— sonrió la coneja y él rodo los ojos sonriendo sardónicamente.
—Está bien, haré eso— dijo antes de irse.
Tadeus tenía la frente apoyada en la mesa, sentía que todo le daba vueltas, y las cortadas dentro de su hocico le ardían, no había podido ir al médico desde que ese maldito zorro ártico le había dado esa paliza, por el simple hecho de que no era seguro andar en las calles, en el bajo mundo Malakai Syrus tenía la peor de las reputaciones que incluso un simple ladrón como él le conocía, así que definitivamente estar en su mira no era nada bueno y menos ahora que se había escapado, con ayuda de ese zorro rojo, que decía ser de la gente de Yang Peng, si ese sujeto había dicho la verdad, estaba en un serio problema.
—Rose… — murmuró el nombre de su novia, extrañando infinitamente estar junto a ella.
—Hey, Buen día ¿Cómo estás? Te traje el desayuno— alzó la cabeza encontrándose con la figura de ese zorro policía, Wilde, el día anterior se había sorprendido bastante por conocerlo, ya que nunca supo de que esa especie tratase de incursionar en la fuerzas policiacas.
—Tan bien como se puede estar encerrado aquí… — hurgó en la bolsa, sacando un emparedado de verduras.
—No estas encerrado, puedes irte cuando quieras, pero primero tienes que responder unas preguntas—musitó simple sentándose en la silla.
—Ya te dije que no se nada…
—Bueno, y yo sé que eso no es verdad.
—Lo es.
—Vale, digamos que te creo, entonces ¿Te gustaría jugar un juego?
Striphorse le miro con una cara que claramente le decía "¿Estas bromeando?
—No.
—Oh vamos, es un buen juego, además, podrás irte después de jugarlo— el de mirada Jade hizo gala de su habilidades de estafador.
—…— el de ojos oscuro lo observó fijamente, intentando descubrir si acaso el cánido estaba jugando con él, pero no parecía ser el caso— Esta bien, ¿De qué trata tu juego?
—Es sencillo, yo haré una confesión y tú una, la única condición es que ambos debemos ser sinceros, puede ser sobre cualquier cosa, ¿Ok?
La cebra macho asintió.
—Bueno empiezo yo, confieso que olvide el cumpleaños de mi amigo Finnick hace un par de meses y de regalo le di unos audífonos que encontré en objetos perdidos del metro y por eso le dio una infección en el oído.
—Ugh, confieso que fue mi culpa que los rosales de mi novia murieran, los aplaste con mi camioneta pero le dije que fue mi vecino cuando llegó ebrio.
—Tu novia debió estar echa una furia, confieso que, cuando voy al cuarto de archivos, la mayor parte del tiempo me duermo ahí.
—Confieso que estuve tres veces en la cárcel cuando era joven y le mentí a mi madre diciéndole que iba a viajes con mi tío.
—Confieso que hoy o ¿Ayer?, como sea, dormí con mi compañera de trabajo.
No es como que eso fuera mentira, sin embargo cada quien podía darle la connotación que quisiera.
Al otro lado los demás agentes, excepto Wolford, miraron a Judy quien solo se golpeó la frente y en voz alta dijo "¡No es lo que piensan!"
—Vaya, debió ser bueno— Nick se encogió de hombros— confieso que mi hermano perdió su trabajo por mi culpa.
—Suele pasar— guardo silencio un minuto— Confieso… que fui yo quien te saco del Vagón hace cinco días.
— ¿Qué?...—el de piel monocromática quedó en shock.
¿Qué acababa de decir?
—Es tu turno de confesar, Tadeus…
— ¿De qué hablas? ¿Eras tú? ¿Quién eres?— comenzó a ponerse nervioso, y su dolor de cabeza se agravo.
—No estás jugando de acuerdo a las reglas, pero… está bien— el de pelaje rojizo-anaranjado se levantó de su silla— Confieso que mentí al decirte que venía de parte de Peng, ni si quiera lo conozco, confieso que soy un Oficial de policía, también confieso, que no pensaba encontrarme contigo ese día y confieso que a quien seguía era a Malakai Syrus...
—Ya deja de jugar, Zorro, ¿Cómo sé que en realidad eres un policía?, me engañaste, ¿Dónde diablos estoy?
—Está bien, está bien, creo que me estoy pasando con mi acto de policía malo— sonrió fingiendo pena— empecemos de nuevo…— retomó su lugar—Hola, soy el Oficial Nicholas Wilde, actualmente formo parte de un equipo que lleva a cabo una investigación en contra del presidente de Aurea Boralis, Simón Abadí Kalender y Malakai Syrus, por la operación de un laboratorio ilegal. Tu hermano, Travis Striphorse era el conductor de uno de sus proveedores, necesitábamos encontrarle para preguntarle por las rutas y tipos de químicos que transportaba, sin embargo no contábamos que fuese asesinado, suponemos que debido a ese robo del que Malakai hablaba y por el cual fuiste torturado, es el motivo principal de su asesinato y no puedes mentirme, yo lo vi con mis propios ojos — del bolsillo de su chaqueta de mezclilla sacó la placa que previamente le habían entregado de la MPZ y algunos papeles para demostrar que no estaba mintiendo.
—Oh Dios, es… ¿En serio?— miró los papeles—Estaban investigando a ese desgraciado, y aun así ¿No pudieron evitar que mi hermano fuera asesinado?
—Nosotros no teníamos manera de saberlo, el que yo te encontrara ese día, fue pura casualidad, de no haber sido por eso, estaríamos en un callejón sin salida y probablemente habrías terminado de la misma manera.
—…— la cebra necesitaba unos minutos para procesar toda la información que su interlocutor acababa de darle.
—Vaya, él es bueno—musitó totalmente impresionado Raymond al otro lado del cristal sus compatriotas estuvieron de acuerdo, Hopps sonrió con orgullo.
Definitivamente Nick era un estupendo policía.
—Pero no basta con que yo lo haya visto, necesito que tú me lo digas.
—…—respiró hondo, tratando de sobreponerse al mareo y al ardor de sus cortes—Maldición jamás debimos robar ese maldito camión— se llevó las pesuñas a la cabeza— él está loco, tú viste lo que me hizo y lo que le hizo a mi hermano, incluso amenazó a mi novia, ¿Qué sucederá si te lo digo? Espero a que ese desgraciado me mate o la mate a ella, por el bien de ambos yo…
—No pasará, Tadeus, lo que sepas nos ayudara a detener a Kalender y por ende a Syrus de una vez por todas, tú y tu novia estarán a salvo y la muerte de tu hermano y otros tantos tendrá justicia…Así que, dime todo lo que sepas ¿Está bien?
—Bien se los diré, pero como condición necesito que Rose, mi novia este a salvo primero— exigió dándose por vencido, sabía que de todos modos callarse a esas alturas no importaría, además quería confiar en las palabras del zorro.
—Ok es un trato, dame su dirección…
Mientras tanto en el otro cuarto Judy y Sean chocaron los puños.
—Bien hecho zorro astuto— murmuró la de ojos amatista.
Escucharon como la puerta se abría y por ella aparecía la figura de Jack Savage, quien llevaba un sobre en la pata derecha.
—Buen día— saludó sonriéndole a la coneja y después mirando a sus demás colegas— ¿Qué tal va el interrogatorio?
—Genial, Wilde ha conseguido que Striphorse acceda a hablar— profirió Sabann, el macho de liebre asintió observando al zorro y la cebra del otro lado del espejo.
Nick se puso de pie luego de haber anotado la dirección de la novia de Tadeus y salió de la habitación.
Sonrió con irreverencia mientras entre sus dedos mecía la hoja de papel.
—Solo tenemos que ir a recoger a una linda cebra y tendremos toda la información que queramos.
—Genial Nick, en verdad eres todo un estafador— Judy le golpeo el hombro amistosamente.
—Auch, ¿Acaso dudabas de mis métodos de convencimiento Zanahorias?
La hembra policía hizo una mueca de suspicacia.
—No, claro que no— silbó la fémina, ya que de no haber tenido la autorización de hablar sobre el caso, le habría llevado mucho más tiempo.
Savage los contempló, parecía ser que ambos habían arreglado las cosas por fin, eso era estupendo.
El cánido de menor estatura reparó por fin en la presencia de su jefe.
—Buen trabajo Wilde— le felicitó.
—Claro.
— Bueno. Necesito que vengan a mi oficina todos ustedes, hay algo de lo que debo informarles— los señaló— Sam cuide de él.
—Sí señor.
Los siete mamíferos se dirigieron a la oficina del de mayor rango, una vez llegaron el de pelaje gris atigrado, se sentó en su escritorio y encendió el monitor de su computadora.
—En las últimas tres semanas he estado rastreando a uno de los siete distribuidores que figuraban en la lista de Abamovich sobre las contrataciones irregulares de Aurea Boralis, su nombre es Wilbur Mcdonkey, dueño del hotel Roar Pallace y además, de una pequeña compañía de entregas aeromarítimas — giró la pantalla para que todos pudieran apreciar la foto de un asno de mediana edad—en ocho días este caballero llevará a cabo una cena de beneficencia, en el salón de eventos del hotel, ahí él y Kalender tendrán una reunión, de carácter menos público, supuestamente y según un informante, renegociaran sus convenios. Nosotros debemos infiltrarnos el día del evento y conseguir la información que posee Wilbur.
— ¿Y cómo vamos a hacer eso? ¿Acaso haremos lo mismo que James Pond?— cuestionó Nicholas haciendo referencia a la nutria más famosa de las películas de espías y alzando una ceja con escepticismo.
—Sí— sonrió de lado, el zorro rojo hizo una mueca— aunque sin tecnología de última punta, ni arneses, haremos una entrada un tanto más, ortodoxa— prosiguió sacando del sobre una elegante invitación—mi informante consiguió que cuatro de nosotros pudiesen ingresar como invitados y el resto como parte del servicio.
Bien, el ex-estafador estaba impresionado.
—Entonces, ¿Cuál será la organización de nuestras posiciones?— preguntó Rupert cruzándose de brazos.
— A eso iba, Sabann, tú y el Oficial Fangmayer serán una pareja, ya que Maxwell y Sarini están trabajando en Aurea Boralis, no sería bueno que fueran reconocidos por alguno de los empleados que acompañarán a Kalender, asegúrate de informárselo a Fangmayer— La hembra de león asintió—Oficial Hopps, usted irá conmigo.
Las comisuras de los labios del pelirrojo se torcieron un ápice.
—Si Señor — sonrió enérgicamente.
—Oficiales Wilde, Wolford, ustedes y Rupert serán parte de la compañía de meseros que el Hotel contratará para este evento.
—Sí.
—Genial, siempre quise saber que se sentía trabajar de mesero en un lujoso evento— masculló Nick metiendo las patas a los bolsillos de su pantalón marrón y colocando una expresión desinteresada— Y ¿Qué harán, gafas, Rea y aquí, nuestro nuevo amigo?— señaló con un movimiento de cabeza a Raymond.
—Serán nuestro apoyo técnico, el evento se llevará a cabo por la noche, por lo que no habrá problema con su trabajo— el león asintió— pero hablaremos de eso más tarde, cuando Sarini venga.
—Bien.
—Eso es todo— musitó con autoridad—Entonces, Wilde, Hopps, prepárense para salir, Rupert acompáñales a buscar a la novia del Señor Striphorse.
Los aludidos se miraron entre si sonriéndose, sería la primera tarea que llevarían a cabo juntos desde que habían empezado a trabajar en el caso.
— ¡SÍ!
Los días en las oficinas de Aurea Boralis eran sumamente ajetreados, lejos de la idílica paz y aburrimiento que se solía pensar comúnmente de las grandes corporaciones, animales de todo tipo y tamaño caminaban de un lado a otro con carpetas, portafolios y laptops, cada uno con una tarea en específico a realizar.
Todos trabajaban arduamente para ganarse la vida.
Nadie estaba exento de trabajar.
Ni siquiera aquellos que socialmente eran vistos de una manera poco confiable.
Algunas miradas se posaron en la espalda de cierto mamífero que era poco común ver en las ciudades lejos del norte, y mucho más en una empresa, vaya la palabra, respetable.
Sin embargo lejos de los prejuicios que tan arraigados se encontraban en los Britanimalicos.
Pero.
Malakai Syrus, por si solo derrochaba un aura que te obligaba a mantener cierto grado de respeto y más que nada, un miedo que según algunos era infundado y otros, bien tenido.
Todos los empleados conocían a la perfección la posición que el zorro ártico ostentaba dentro de la jerarquía de la compañía.
Él era el asistente personal y guardaespaldas del presidente.
El de pelaje blanco camino a paso firme hacia el elevador, presionando el botón del último piso, sus facciones se mantenían sin ningún tipo de alteración, como si los músculos de su rostro no hubiesen sido hechos más que para mostrar esa cara de póker.
El último piso de las instalaciones administrativas de A.B. había sido acondicionado para fungir como la oficina del presidente, por lo tanto nadie que no tuviese una cita previa podía estar ahí a excepción de la secretaria, una hembra de Ñu de mediana edad, de nombre Betty, quien inmediatamente al percatarse de la presencia del cánido le dio aviso a su jefe por el intercomunicador.
La enorme puerta de roble tallado se abrió dejando ver detrás de este la sobria decoración simétrica dentro de la habitación, todo dentro de esta, incluido muebles y aparatos eran de un blanco inmaculado.
Los gustos de Simón Abadí Kalender eran sumamente singulares.
La silueta delgada pero alta del oso polar se dibujó en las retinas del ex-mercenario, este se encontraba parado junto al enorme ventanal que daba un panorámico asombroso de la ciudad, no por nada era el piso número 35.
— ¿Has logrado localizar a ese desgraciado?— preguntó con un elegante acento, tanto que casi ni se notaba lo despectivo de sus palabras.
—No, esa cebra es como una maldita comadreja, demasiado escurridizo— gruñó el de la cicatriz, las comisuras del hocico del oso se curvaron hacia abajo.
—Comadreja, cebra, gusano o lo que sea, no me importa, tienes que dar con él y encontrar ese camión a como dé lugar ¿Me escuchaste?— se giró a mirar directamente a su subordinado.
—Mis hombres lo están buscando hasta por debajo de las piedras, también estamos buscando a ese Zorro que fingió ser un empleado del depósito — informó sin alterarse.
Tadeus Striphorse.
Esa maldita alimaña herbívora había escapado tan fácilmente.
Y todo por culpa de ese astuto zorro rojo que los había engañado.
— ¿Sigues sin saber la identidad de ese sujeto o su benefactor?—alzó un ceja.
—Nadie lo vio entrar, ni salir, sin embargo y basándome en lo que Tadeus dijo, probablemente se trate de uno de los hombres de Yang Peng.
—El mundo de los negocios no tiene cabida a suposiciones— repuso severo — Encuentra a ese maldito ladrón y su cómplice y recupera mi camión de las sucias patas de ese estafador de tercer mundo. No podemos permitir que ese producto sea vendido en el mercado negro.
—Sí Señor, lo sé, ya estoy en ello, no se preocupe— prometió— Entonces me iré y volveré a la hora que hemos acordado para llevarlo a casa— se inclinó dispuesto a marcharse.
—Bien y Malakai… — atinó a decir antes de que el animal nórdico abandonase la sala— se amable con ellos ¿Quieres?— sonrío como mona lisa.
—Como usted ordene — profirió sobrio, repasando lo que haría después, ya que debía visitar a cierta hembra de cebra y averiguar si su enamorado había ido a visitarla los últimos días.
Continuará.
