Obsesión
¿Los polos opuestos se atraen? Kagome e Inuyasha descubrirán que no son tan diferentes como creían.
Capítulo 7
Iba a esperar… pero
Dos noches después de que Inuyasha y Kagome tuvieran su encuentro en el salón de clases, él se preparaba para acudir a una cena de gala. En la Universidad se organizaba uno de los tantos eventos que le parecieran bastante tediosos y una pérdida de tiempo, pero como parte del personal docente debía acudir al igual que Miroku.
Se encontraba formalmente vestido de smoking, ya que se trababa de una cena de gala donde sería inaugurado el nuevo semestre.
Al llegar no tuvo más remedio que soportar la plática del Profesor Taylor, quien le explicaba su postura en relación a diversas teorías.
Aparentaba poner atención, sin embargo su mente se encontraba lejos… muy lejos…
Kagome no se había vuelto a presentar, ni le había llamado. Durante las noches siguientes a su encuentro tomó su vehículo y pasaba frente al hotel donde sabía, ella aún se hospedaba; pero no se atrevió a buscarla.
-Ahí estás Inuyasha- escuchó que lo llamaban, sacándolo de sus pensamientos- que bueno que te encuentro… tengo algo muy importante que decirte- se trataba de Miroku.
Inuyasha aprovechó para despedirse del profesor Taylor.
-Gracias… empezaba a aburrirme su plática.
-¡Oye! Los amigos estamos para estudiar juntos, meternos en problemas, emborracharnos… y para salvar de pláticas tan aburridas como las que protagoniza el buen profesor Taylor.
-Claro- contestó riéndose de su comentario- pero parece que de esto si nadie nos salva- dijo señalando a las autoridades que tomaban su lugar. Eso significaba que iniciarían los discursos.
-Tienes razón, será mejor que nos vayamos a las mesas de la orilla… no quisiera que me sorprendieran durmiéndome a medio evento.
Inuyasha estuvo de acuerdo y se alejaron a la mesa más alejada, una que estaba en la orilla del gran salón. Aprovechó que Miroku tomó una copa de uno de los meseros para poder sentarse en el asiento más apartado, ganándose una mirada de reproche de su amigo.
-Oh oh… el profesor Patrick va a tomar la palabra… seguramente va a contarnos sus anécdotas de la segunda guerra mundial. Aunque yo francamente dudo que haya estado ahí- dijo Miroku.
-Creo que ya me las sé de memoria- dijo Inuyasha, pensando todo lo que tendría que soportar hasta poder retirarse de la reunión.
Todo comenzó, Miroku había dicho la verdad, empezó a dormitar aprovechando que se encontraban lejos del foco de atención. Mientras tanto la mente de Inuyasha nuevamente fue ocupada por la mujer que lo intrigaba. Se preguntaba lo que estaría haciendo en esos momentos… ¿estaría con alguien?
Estaba viendo al frente sin escuchar lo que estaban diciendo las autoridades de la Universidad.
Kagome…. Kagome… ¡¿pero qué?!
Algo estaba pasando… algo estaba pasando en su mesa… bueno… debajo de la mesa.
El sudor empezó a aparecer en su frente, con su mano trató de aligerar la presión que de repente sentía en el cuello, la camisa empezó a apretarle. Volteó a ver a Miroku, pero afortunadamente estaba dormitando.
Su reacción se debía a que de repente había sentido como unas manos expertas empezaron a acariciar su entrepierna y antes de poder hacer algo más sintió como su miembro había sido liberado de su prisión, se encontraba en vías de tener una fabulosa erección.
Él conocía esas caricias… esas manos y… esa boca.
Conocía muy bien esa boca porque lo había chupado muchas veces antes. Estaba seguro que muchas mujeres podían tratar de darle placer, pero la boca de Kagome, de su Kagome nunca podría ser confundida.
Su respiración se agitaba más y más, mientras él trataba de controlarse. Volteó a ver a su alrededor pero afortunadamente no se encontraba nadie detrás. Levantó ligeramente el mantel y observó su lengua subir y bajar por su miembro una y otra vez. Cuando la vio Kagome dio especial atención a la cabeza de su verga, parecía que se trataba de un dulce que debía ser terminado en tiempo record.
Volvió a acomodar el mantel y nuevamente observó a su alrededor. Nadie le prestaba atención.
Iba a morir… ¿cómo podría soportar una tortura así?
Los labios de Kagome se dedicaron a explorarlo de arriba abajo en incontables ocasiones, incluso le dio una pequeña mordida a la base de su pene.
Tuvo que cerrar los puños con fuerza para tratar de dirigir su energía hacia algo que no fuera la cabeza de Kagome y delatar su presencia.
Sus testículos se tensaron, estaba seguro que iba a explotar en cualquier momento. Tuvo que cerrar los ojos cuando sintió que Kagome lo tomaba por completo en su boca subiendo y bajando deteniéndose en la punta, un área especialmente sensible. Estaba recibiendo la mejor mamada de su vida.
Hacia un gran esfuerzo para no gemir en voz alta.
Las personas que se encontraban en la misma mesa pero en la parte de enfrente viendo al escenario hicieron comentarios entre ellos que no pudo escuchar, felizmente no voltearon a verlo a él y a Miroku, su durmiente acompañante.
Sintió las manos de Kagome acariciar sus muslos y ligeros mordiscos en la punta para luego sentir como prosiguió chupándolo hasta la base pero aumentando el ritmo. No había duda, ella quería que él terminara en su boca.
Las chupadas se volvieron más y más rápidas. Inuyasha cerró los ojos y por primera vez deseó que los discursos continuaran.
Aún cubiertos por el pantalón, los testículos recibieron caricias, un delicioso y lento masaje.
No iba a aguantar más. E imaginarla hincada frente a él no ayudaba mucho.
El discurso final concluyó por lo que la audiencia aplaudió felices de que terminara el acto oficial. Esto ocurrió justo a tiempo de disfrazar el gemido que Inuyasha no pudo detener al acabar en la boca de Kagome. Eyaculó en tres ocasiones, como nunca le había ocurrido, mientras sus manos continuaban con los puños cerrados.
-¡Bravo! Un discurso muy interesante- dijo Miroku que había sido despertado por los aplausos.
Inuyasha estaba a punto del desmayo, su respiración estaba acelerada aunque trataba que regresara a su ritmo normal. Tuvo que agachar la cabeza cuando sintió como la lengua de Kagome lo limpiaba, especialmente el orificio. Enseguida sintió como su ropa era acomodada, sin embargo en cuanto pudiera tendría que ir al baño para confirmar que todo se encontraba en su lugar.
-Así es, lástima que terminó- apenas pudo contestar. Miroku le iba a preguntar que le sucedía pero unos profesores se acercaron a despedirse y ya no pudo hacerlo. Inuyasha tuvo que despedirse de ellos y discretamente levantó el mantel hasta que pudo constatar que Kagome había desaparecido de la misma forma en la que había llegado.
La buscó con la mirada a lo largo del salón de eventos, pero no la localizó.
***
Inuyasha se despertó la siguiente mañana con una gran erección. Deseo con todas sus fuerzas que cierta morena estuviera a su lado para que juntos se ocuparan. Esa mujer lo iba a volver loco… por más que la buscó no la pudo localizar y tuvo que inventar cualquier pretexto ante Miroku para explicar porque se encontraba tan perturbado.
Inuyasha se levantó desnudo y fue a la ducha, debía hacerlo con agua fría. No podía entretenerse mucho porque tenía cosas que hacer en la oficina, aunque sabía perfectamente que iba a ser muy difícil concentrarse.
Quería ir con ella, deseaba buscarla. La necesitaba.
Y no sólo era su cuerpo, quería todo de ella, tener la conexión que había crecido entre ellos desde los días que pasaron juntos. La quería para siempre.
Pero el temor seguía presente, probablemente podría hacer que las cosas entre los dos funcionaran pero ¿y el futuro? Kagome era una mujer con mucha energía y él un simple profesor que tenía su vida establecida.
Se preguntaba una y otra vez si podría tener un futuro con Kagome. Sólo había una cosa de la que estaba seguro: quería mantenerla a su lado, no importaba como, debía encontrar una manera de hacerlo. Con esos pensamientos se dirigió a la oficina.
Estacionó su carro y se dirigió al edificio. Estaba perdido en sus pensamientos hasta que llegó al pasillo y escucho una voz femenina que lo llamaba.
-Inuyasha… cuanto tiempo sin verte…
-Buenos días… ¿cómo estás Kikio?- respondió por inercia, la verdad lo que menos le apetecía en ese momento era hablar con ella.
-Bien… aunque te he extrañado…, creo que debo darte una explicación. Ayer en la reunión de inicio del semestre llegué con Onigumo porque él me invitó, aunque la verdad esperé para aceptar su compañía, porque pensé que tú ibas a hacerlo- Kikio bajaba la mirada, tal como lo hacía cuando tenían una "relación".
-Eh… no te preocupes… aunque la verdad, lamento decirte que no me te vi- Inuyasha no deseaba que ella tuviera ninguna esperanza de que pudieran continuar con algo que nunca empezó.
-Ah… es que como te vi muy apurado buscando a alguien… me imaginé que me habías visto…- hizo una pausa, no podía creer que Inuyasha no la hubiera buscado desde que ella terminó con él, precisamente lo había hecho para presionarlo y hacer que le propusiera matrimonio- bueno, que te parece si te invito a desayunar. Renovaron el menú de la cafetería y quisiera que platicáramos de nosotros- ella notaba que Inuyasha estaba cambiado, por ejemplo en ese momento iba vestido de pantalón de mezclilla y una camisa negra pegada al cuerpo, (y qué cuerpo), botas y en lugar del clásico portafolio, llevaba una mochila en el hombro, suponía además que llevaba lentes de contacto. Nunca lo había visto así. Con razón las alumnas estaban vueltas locas con la nueva apariencia del profesor Taisho.
-Lo siento Kikio, pero la verdad es que no me interesa. Y discúlpame pero tengo muchas cosas que hacer- él pensó que había sido grosero al dejarla prácticamente con la palabra en la boca pero no tenía tiempo de pensar en eso, Kagome era lo más importante y debía pensar cómo hacer que permaneciera con él.
Llegó a la puerta, sacó sus llaves pero al apoyarse en el picaporte para abrir ésta lo hizo sin el menor esfuerzo. Le extraño bastante, estaba seguro haberla dejado cerrada.
Entró y el espectáculo que lo esperaba hizo que se detuviera abruptamente.
-Hola.
La erección que había tenido en la mañana y que no había logrado que desapareciera creció nuevamente.
Kagome estaba recostada desnuda en el sillón que estaba frente a su escritorio. Tenía las piernas abiertas dejándole ver su precioso coño perfectamente depilado. Sus pezones erguidos exigiendo atención. Sólo tenía puestos sus zapatos de tacón muy alto de color negro.
En su rostro tenía una sonrisa bastante traviesa y estaba sonrojada.
-Hola- sólo pudo contestar eso, cerró la puerta con seguro, aventó la mochila que traía a quien sabe dónde y comenzó a levantarse la camisa mientras caminaba hacia ella.
-Iba a esperar hasta esta noche… pero la verdad, no pude- Kagome no podía apartar la mirada del cuerpo que iba quedando descubierto.
-Me alegro… porque necesito cogerte ahora mismo- dijo cuando bajaba el cierre de sus pantalones.
Ella se sentó en el sillón y extendió sus brazos para apresurar su llegada. Inuyasha no se hizo del rogar e inmediatamente llegó a sus brazos haciendo que se volviera a acostar penetrándola de una sola vez hasta el fondo. No tuvo tiempo de juegos previos, su cuerpo no podía esperar para estar dentro de ella.
Kagome se quedó sin aliento al sentir como la penetraba profundamente. Dirigió sus manos hacia la espalda de él bajándolas hasta las nalgas enterrando sus uñas mientras que sus piernas inmediatamente lo envolvieron.
Las embestidas eran fuertes y rápidas, Kagome gemía sin importarle si la escuchaban en las oficinas anexas. Afortunadamente era temprano y muy pocas personas se encontraban en el edificio. Se podía escuchar perfectamente el sonido que se producía cuando entraba, al chocar los testículos de él contra la carne de ella.
Inuyasha se apoyó en el brazo derecho y con el otro empezó a acariciar los senos, apretando los pezones de Kagome, amaba sus deliciosos senos.
-Inuyasha- se alcanzó a escuchar cómo Kagome pronunciaba su nombre.
Él chupaba su cuello y debajo de la oreja. Seguramente iba a dejarle marcas pero no le importó.
Kagome levantó aún más la cadera haciendo que la penetrara más profundamente. La besó profundamente en la boca cuando no pudo más, eyaculó fuertemente ahogando un grito de satisfacción en la boca de ella quien a los pocos segundos tuvo que enterrar aún más las uñas cuando llegó a su propio orgasmo.
Ambos se quedaron fatigados por minutos, escucharon cómo la Universidad entraba poco a poco en la actividad normal con las voces de los estudiantes y maestros.
Inuyasha la observó, tenía que estar incómoda porque el sillón no alcanzaba a cubrir todo su cuerpo y el peso de él no facilitaba las cosas. Con todo el dolor de su corazón tuvo que levantarse y la ayudó.
Kagome sonreía y sin decirle nada se dirigió al baño. Inuyasha se quedó sentado y empezó a acomodar su pantalón, colocarse su camisa y esperó. Escuchó como Kagome salía del baño con un pantalón de mezclilla pegado a sus hermosas piernas y una blusa de manga corta color negro. Le sonrió, tomó su bolsa, se acercó a él quien ya se había levantado. Le dio un casto beso en los labios.
-Hasta luego, Inuyasha.
Él nuevamente se quedó pasmado, quería hablar con ella. Preguntarle muchas cosas, proponerle otras.
-Kagome…
-Tiene clases que preparar profesor Taisho- nuevamente lo besó y salió de la oficina.
No podía quedarse así, se sentía muy torpe por dejarla ir nuevamente, salió para detenerla pero la vio cuando daba vuelta en el principio del pasillo.
-Profesor Taisho- varios alumnos lo interceptaron- queríamos saber si nos puede asesorar como nos lo había comentado en clases.
Era inútil, no la alcanzaría.
Perdón por la tardanza… probablemente para el sábado suba el capítulo final…
Besos… Gracias por los mensajes
