Disclaimer (1): Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen. Su creador es Masashi Kishimoto.

Disclaimer (2): Ni Vampire Knight ni sus personajes me pertenecen. Su creadora es Matsuri Hino.

Advertencias: OoC leve. Gore. Violencia. Lenguaje Fuerte. OC. Spoiler.

Crossover: Naruto x Vampire Knight.

Pareja: (Principales) Zero Kiryû x Sakura Haruno. Kaname Kuran x Yûki Kuran. Akatsuki Kain x Ruka Souen. (Secundarias) All Vampire Knight x Sakura Haruno. Zero Kiryû x Sayori Wakaba. Aido Hanabusa x Sayori Wakaba.

Lilith: Antes de comenzar, vuelvo a pedir perdón por la tardanza y por este capítulo tan corto (los capítulos anteriores eran de más de 20 mil palabras, así que se entiende la disculpa). Se me fue la inspiración para este fic por andar atareada (¡Gracias Dios del porno por ser fin del semestre!), pero me reuní de valor para sacar adelante el capítulo y este es el resultado. Anticipo que no va a haber muchos momentos ZeroSaku, pero espero que comprendan que los habrá en el siguiente y posiblemente comience a introducir al mundo de los ninjas. Necesitaba escribir este fanfic para ya terminar con la introducción de Ino en la historia y para ir asentando algunas cosas. No dejaré de escribir, en dado caso de que lo haga, y alguien quiera continuar alguna de mis historias, tendré primero que leer minuciosamente su trabajo o puedo simplemente borrar mis historias (para quienes me dicen por Facebook que si dejaré de actualizar, aquí mi respuesta). Sin más que agregar, espero este capítulo sea de su agrado.

Disfruten el capítulo.


-0-0-0-0-

Noche Seis

Ino Yamanaka

-0-0-0-0-


-o-o-o-o-

"Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere".

Elbert Hubbard.

-o-o-o-o-


A la mañana siguiente, Sakura ayudó a Ino a prepararse para su primer día de clases. Pasaron la noche hablando sobre todo lo que la chica había vivido en esos tres días, sobre los vampiros y cazadores, sobre su bienvenida en la Academia Cross y su visita al Concilio, principalmente acerca de la última, tenía que conocer bien a sus enemigos. Por su parte, Ino informó sobre las acciones de sus amigos cuando ella desapareció. Naruto ordenó a sus amigos más cercanos buscar a Sakura Haruno, él mismo se hubiera unido a la búsqueda si no fuese porque era el Hokage y no podía salir de la aldea con facilidad. Todos sus amigos la buscaban, incluso Karin, Yugo y Suigetsu ayudaron. Naruto había pedido ayuda Gaara, aunque de forma muy discreta. A pesar de ser una época de paz en el mundo shinobi quedaban personas que no asimilaban el cambio y renegaban del nuevo régimen causando de pequeños a grandes estragos. Por lo que se debía ir con cuidado. El Kazekage mandó a un grupo de jounin especializados en búsqueda para ayudar.

El equipo Ino-Shika-Chou había sido enviado a la zona que ella tuvo que haber usado para llegar con el señor Feudal del país de Fuego. Shikamaru decidió que debían separarse para cubrir más terreno. Fue así como ella llegó al punto donde Sakura había sido transportada. Después de eso, Ino la vio peleando contra los vampiros y decidió intervenir.

Dejando todo claro, ellas idearon varios planes por si la situación cambiaba drásticamente. Por ahora, Sakura le proporcionó a Ino el uniforme de la Academia. Ino también tuvo problemas con la talla, pues la falda le quedaba demasiado corta así que tuvo que recurrir a ponerse medias que cubrieran sus piernas. No era su estilo, pero era mejor que mostrar de más. Cuando ambas acabaron de arreglarse, bajaron a desayunar los platillos que el director les había preparado. Sakura se sorprendió al encontrar a Zero despierto tan temprano y con el semblante más relajado. La medicina que le dio estaba teniendo el efecto deseado.

—Espero que hayas descansado bien, Ino-san —le dijo Cross con amabilidad. La rubia asintió con solemnidad—. No quiero sonar duro, pero hay una agenda que cumplir el día de hoy para ti.

Ino le prestó atención mientras devoraba la fruta fresca de su ensalada. Al llegar a ese mundo, Sakura tuvo que presentarse en el Concilio, así que suponía que ella haría lo mismo.

—Tu presencia aquí fue inesperada, igual que la de Sakura-san. Así que medio mundo anda alborotado —intentó bromear, pero nadie rió—. Como sea, es necesario que se hagan las cosas pertinentes, por lo que alguien vendrá por ti antes de acabar las clases y te llevará al Concilio para una reunión con los ancianos y para que nos proveas de una muestra de sangre.

—¿No iré con ella? —quiso saber Sakura. Le preocupaba que Ino tuviera que pasar por la misma prueba que realizó, aunque sabía que Ino podía gastar su chakra sin tantas consecuencias.

—Lo siento, Sakura-san, pero fue muy difícil para Kaname-kun calmar a los vampiros cuando tú estuviste ahí —le informó Kaien—. No queremos tentar a la suerte al llevar dos chicas con sangre especial.

Sakura asintió con comprensión.

—Te escoltarán dos personas —siguió Cross—. Kaito-kun y Aido-kun. Sé que habíamos quedado sobre que sería el turno de Kain-san para el trabajo de hoy, pero él tuvo que atender otros asuntos urgentes.

Ino puso una mueca de asco ante la mención de esos dos.

—¿Está bromeando, verdad? —preguntó sin poder evitarlo, pensando que Kaien lo estaba haciendo a propósito. El director negó con una simpática sonrisa—. ¡No me joda! ¿Por qué tengo que ir con el imbécil egocéntrico y con el rubio tarado?

Kaien le miró con los ojos desorbitados ante su exuberante vocabulario, pero Ino no estaba para delicadezas. Sakura le chistó que se callara, pero fue ignorada.

—Usted quiere iniciar una pelea aquí, Cross —le dijo ella, con una sonrisa mordaz—. Quedó claro que no me llevó bien con ninguno de esos dos. Sakura podrá ser la niña bien portada que es, pero yo no toleraré que un par de zopencos me lleven a una reunión con las sanguijuelas.

Sakura la miró ofendida, ella no era una niña buena, simplemente le gustaba seguir las normas, lo que resultaba difícil siendo un miembro del equipo 7. Siempre se metían en problemas, incluso cuando Naruto era el Hokage, Sasuke un Anbu del más alto nivel y Sai el Capitán del equipo de infiltración Anbu, también Yamato y Kakashi completaban la ecuación para el desastre. Zero sintió simpatía por esa rubia, la simpatía que nace al escuchar que alguien insulta a quienes te sacan de quicio. Cross, por su parte, no sabía cómo reaccionar ante esto, esperaba de las chicas modales adecuados, y ciertamente, no un vocabulario tan florido.

—Piensa en esto como una misión con Kiba y Lee-san como equipo —intervino Sakura sabiendo que eso bastaría para que aceptara.

Ino frunció su boca con desagrado. Las misiones con esos dos eran un infierno pues tenía que soportar al amante de los perros con sus absurdos temas de conversación, y al nuevo maestro de la llama de la juventud, que no paraba de hablar sobre las muchas citas que había conseguido actualmente (admitía que Lee se había puesto bastante guapo con los años).

—Te odio —espetó finalmente dándole un mordisco brusco a un pedazo de manzana. Sakura sonrió victoriosa.

Cross no comprendió bien de que estaban hablando, pero al parecer Sakura la convenció de algún modo.

Sin más cosas por tratar, terminaron el desayuno para dirigirse a clases. En el camino, las inquisitivas miradas del alumnado de la Academia asediaban las figuras de la dos kunoichis. Sakura se había sentido un tanto incómoda al principio, pero la sonrisa egocéntrica de Ino al ser el centro de atención le provocó gracia y pudo olvidar lo demás. Iniciaron una conversación trivial, procurando no tocar un tema sobre su aldea. Por suerte, las tiendas de ropa que Ino vio en el recorrido en el Royce Rolls, sirvieron como buen tópico de charla.

Al llegar al salón de clases, los varones enfocaron su atención en las dos nuevas estudiantes para disgusto de las demás chicas. Zero tuvo que poner orden y comenzar la clase de literatura y letras clásicas y modernas. Sakura se sentó junto a Ino frente a Takushi y a Ichika, quienes la saludaron con un movimiento de mano. Al igual que Sakura, Ino no presentó problemas para comprender la lección. De hecho, ambas chicas se destacaron en sus análisis de cada lectura y cada autor que Zero presentaba, aunque no los conocieran, les bastaba leer un poco para comprenderlos.

Terminando la clase de literatura, pasaron a cálculo donde se desató una batalla épica entre Sakura, Ino y Senichi. Sakura e Ichika eran inteligentes y las matemáticas eran sencillas para ellas, pero Ino era competitiva, por lo que no se quedaría atrás. Fue una clase exhaustiva que terminó cuando las tres entregaron al mismo tiempo las hojas de ejercicio que Zero les había dado. Luego inició el receso dándoles un respiro a los estudiantes.

—¡Guau! De Haruno ya me estaba acostumbrando a que fuera una cerebrito, pero no creí que tú también lo fueras —le dijo Kaze, meciéndose en su asiento—. Eso significa que eres una magnificencia en deportes como ella.

Ino se encogió de hombros con modestia, pero por dentro estaba halagada.

Su charla fue interrumpida por la presencia de varios chicos que rodearon el lugar que las kunoichis ocupaban. Uno de ellos, un sujeto alto y delgado, de grácil rostro, cabellos negros y ojos azules parecía ser el líder pues se acercó más que los demás.

—Espero que se sientan bienvenidas a esta humilde escuela, queridas señoritas —dijo con voz que pretendía sonar caballerosa y terminó en un tono molesto y meloso—. Mi nombre es Satoru, y me gustaría poder darles un tour por los alrededores a tan bellas damas.

—Paso —fue la simple respuesta de Ino que se concentró en un libro para ignorar al tipo.

—Soy prefecta, ya conozco los alrededores —se excusó Sakura—. Así que deniego tu propuesta.

Satoru frunció el ceño, esas respuestas no las esperaba. No se daría por vencido, era uno de los chicos más populares en Cross y no dejaría que su reputación quedara mal sólo por dos chicas nuevas. Puso su atención sobre Sakura el primer día e intentó varias ocasiones acercársele, pero la constante vigilancia de Kiryû imposibilitaba su plan, así que quiso probar suerte en el viaje escolar, sólo que el ataque masivo de vampiros arruinó todo de nuevo. Luego vio una nueva oportunidad en Ino Yamanaka, al parecer esas dos eran amigas y tratándose de novatas podía fingir ayudarlas a dar un recorrido por la Academia, así podría sacar a lucir sus mejores dotes de seducción.

—Oh, vamos, no sean tímidas —les dijo, tomando a cada una por el hombro sin notar como se tensaban y lo miraban de reojo en forma amenazante—. Les prometo que la pasaran bien.

—Dije que paso —Ino tomó la mano sobre su hombro tronando varios dedos de su dueño con un apretón.

—Soy prefecta —repitió Sakura, agarró la otra mano para propinarle un apretón que lastimó todos los dedos y la palma.

El grito de dolor de Satoru pudo haber sido escuchado hasta el Concilio. Sus amigos alcahuetes tuvieron que llevarlo a la enfermería entre angustiosos gritos que juraban venganza. Kaze soltó una carcajada en cuanto Satoru desapareció de escena.

—Ustedes son de temer —fue lo único que dijo Ichika, en su cara impasible se podía vislumbrar una pequeña sonrisa.

—Se lo merecía por imbécil —dijo Ino hojeando el libro sin leerlo realmente.

Sakura asintió afirmativamente. Aunque ese chico tenía suerte, pues si estuvieran en Konoha, Naruto y Sasuke se encargarían de cualquier tipo que intentara acercársele demasiado; ella pensaba que exageraban, pero ellos replicaban que era por su bien, porque no deseaban que terminara junto a un inútil. Ellos lo hubiera dejado en un estado lamentable y con un trauma de por vida.

—Yamanaka, es hora —Zero intervino.

Ino se sorprendió, no había podido detectar su presencia hasta que habló y eso que estaba en constante vigilancia. Supo que tenía que estar más atenta. Si Zero se pudo acercar tanto sin que lo percibiera, no quería saber qué pasaría si eso le sucedía en el Concilio. Se levantó sin ceremonia de su asiento, disculpándose con las dos chicas que acaba de conocer. Sakura le imitó bajo la severa mirada de Zero que le pedía quedarse, pero no lo haría. No podía ir con Ino, así que se aseguraría de llevarla bien hasta el auto. Uno de sus planes para sobrevivir era mantenerse juntas el mayor tiempo posible.

Zero llevó a ambas kunoichis al mismo sitio donde Sakura había subido a la limosina aquella vez, pero en esta ocasión eran las figuras de Aido y Takamiya quienes esperaban. Ino trató con éxito de no mostrar una mueca desdeñosa pues no quería dar la impresión de que esos dos le molestaban, quería mantenerse lo más neutral posible y terminar con eso rápido.

—Hola, Zero —le saludó Kaito con un simple gesto con la mano. Luego se enfocó en la mujer de ojos verdes, mostrando una expresión más relajada que de costumbre—. Hola, Sakura, tan guapa como siempre.

—Hola a ti también, Kaito-san —dijo Sakura, controlando mejor su sonrojo y sonriendo con gentileza. Ella miró después a Aido, haciendo una reverencia corta—. Aido-san.

—Haruno —se limitó a contestar el rubio, se notaba que no olvidaba el golpe de su primer encuentro. Aido hizo un mohín despectivo al mirar a Ino—. Parece que ya es noche de brujas.

—Parece que es noche de imbéciles —respondió Ino, mordaz. Se paró frente a Aido con las manos sobre las caderas, y se pudo notar la diferencia de alturas, ella era más alta por diez centímetros. Una venita sobresalió de la frente del rubio no sólo por el insulto sino también por esa diferencia—. Si no tienes insultos que utilicen más cerebro, no me hagas perder mi tiempo, rubio oxigenado.

—El único que pierde el tiempo aquí, soy yo, rubia fea —ahora fue en la frente de Ino donde saltó una vena—. No creo que alguien de mi estatus debe encargarse de una chica tan problemática y fea como tú, pero son órdenes de Kaname-sama y yo las seguiré sin chistar.

Ino se había quedado en silencio al escuchar esa palabra mencionada por Aido. Rayos, debía de estar melancólica de verdad para extrañar eso con un solo día de estar fuera. Sakura fue la única que se dio cuenta del cambio de semblante de Ino, y sintió empatía por su amiga. Ella también extrañaba mucho a sus amigos, a pesar de ser unos cabezas duras que se metían en problemas.

—Dejen de perder el tiempo —cortó Zero, con tono seco.

—Tan de buen humor con siempre —ironizó Kaito abriéndola la puerta e indicándole a Ino que entrara—. Pero antes de hacerlo, tengo que informarte algo, Zero.

—¿Qué es lo que pasa? —dijo, cruzando los brazos sobre su pecho.

—Hay un cambio en el itinerario —empezó Kaito—. Kaname y Touga decidieron que era mejor que ellas prepararan el bálsamo para ocultar el olor de su sangre antes de ir al Concilio.

Zero levantó una ceja, intrigado.

—Al parecer, los perros viejos del Consejo quieren entrevistar a las dos al mismo tiempo para evitar una conspiración —siguió Kaito, en su tono se podía apreciar lo estúpido que consideraba la paranoia de esos vampiros.

—¿Conspiración? —Zero resopló con burla—. Sus excusas cada vez son más idiotas.

—Por primera vez concuerdo contigo, Kiryû —interrumpió Aido ganando la atención de los dos cazadores—. A excepción de Seiren y de Kain-san, los demás ancianos están movilizándose por su cuenta. Barragán y Luze son los principales sospechosos. Akatsuki no pudo venir porque Kaname-sama le ordenó mantener vigiladas las empresas de esos dos.

—¿Es decir que somos la manzana de la discordia entre dos bandos? —inquirió Ino.

—Creí que eso había quedado claro ayer en la junta, cariño —le respondió Kaito, logrando que ella le fulminara con la mirada—. Ustedes dos ahora son el bien más preciado de vampiros y cazadores.

—No somos bienes —espetó Sakura, con firmeza—. Somos personas que también tienen voz para decir que ninguno de los dos bandos posee el derecho para decidir sobre nosotras.

—No era mi intención decirlo de ese modo —rectificó Kaito, sabiendo que había metido la pata, pero dada su habitual forma directa de hablar decidió que no debía disculpar tanto—. Lo que quise decir es que estarán en muchos aprietos de ahora en adelante.

—No me digas —soltó Ino con ironía—. Di algo que no sepamos, cariño, somos ninjas y hasta donde sé siempre estamos metidas en peleas. Esto no representa ningún peligro para nosotras, es un simple obstáculo que superaremos.

Tanto la mirada zafiro de Ino, como la jade de Sakura emitieron un brillo lleno de determinación y confianza que los varones encontraron fascinante y atractivo. Zero ya había visto eso en Sakura, esa determinación de una persona que ha enfrentado diversos retos y ha salido victoriosa. La clase de determinación que encontraba atractiva, porque le recordaba a un par de pupilas ocre que había amado hace tantos años. Con la discusión zanjada, ambas kunoichis partieron en el auto. Kaito le dijo a Zero que otro maestro lo supliría para la última hora de clase, un tipo raro que era un ex cazador, y a ambas kunoichis les dijo que dentro del auto encontrarían el equipo necesario para preparar el bálsamo, Kaname y Touga habían pensado en todo. El pergamino que contenía el hacha de Sakura también estaba ahí, más otra arma que Cross había conseguido para Ino. Se trataba de Artemis y ella sería su portadora para su defensa.

—Así que esto es un arma anti-vampiros —dijo Ino, jugueteando con la guadaña en su forma sellada. Luego dirigió la punta de Artemis al cuello de Aido con amenaza, éste tragó en seco—. Tranquilo, rubio, esto es sólo para vampiros malos.

Durante el viaje, Sakura e Ino usaron los utensilios para preparar el bálsamo, primero consiguieron los ingredientes en sus propios botiquines de emergencia y luego los molieron para mezclarlos entre sí. El automóvil se movía rápido sin mucho movimiento interior, por lo cual pudieron realizar el trabajo sin tantos problemas. Los tres hombres veían impresionados la labor de las dos kunoichis, ambas movían las manos velozmente y musitaban palabras poco entendibles para discutir que ingrediente era mejor.

El olor de ambas dentro del Royce Rolls estaba demasiado concentrado, incluso con las ventanas abiertas, los vampiros eran afectados por ello. Zero y Hanabusa tenían los ojos rojos y los colmillos asomándose por entre los labios, con la vista fija en ellas dos, parecían dos cazadores en busca de su presa. Kaito tuvo que prepararse para lo peor, sabía de antemano que el viaje no sería fácil.

—¡Listo! —anunció Sakura, con una sonrisa mostrando dos frascos llenos de una sustancia viscosa color blanco que no poseía olor, pudieron notar los vampiros presentes.

—Son rápidas, en verdad —concedió Kaito.

—Claro, somos shinobis de Konoha —dijo Ino, con orgullo.

—Bien, ¿y qué esperan para usarlo? —dijo Aido, con impaciencia.

Sakura e Ino se miraron entre sí y suspiraron.

—Esto es un bálsamo corporal —dijo Sakura, deseando que entendieran con eso.

Para su mala suerte, los varones no comprendieron qué era lo que quería decir. Ella resopló con frustración, pero Ino fue la que intervino.

—Que para que funcione debemos usarlo en TODO el cuerpo, idiotas —dijo con sutileza.

Cuando la chispa de intuición invadió el cerebro de los presentes, tuvieron varias reacciones. Las mejillas de Aido se colorearon de rojo, Kaito tenía la mirada perdida en una fantasía que incluía a las dos chicas poniéndose el bálsamo de una forma nada seria. Zero, por su parte, estaba neutral, conocía de sobra la anatomía femenina como para perder el tiempo en fantasías y en sonrojos estúpidos.

—Cuando lleguemos al Concilio, saldremos nosotros y ustedes lo podrán usar —les dijo Kaito. Ellas estuvieron de acuerdo.

Sakura e Ino se entretuvieron entonces viendo los aparadores de las tiendas de la Ciudad Nightray. Ino preguntaba por las tiendas de ropa, las de artículos de belleza y las de curiosidades. Haruno sólo pudo contestar sobre la ropa, debido al incidente con los vampiros, no había podido dar el tour completo por la ciudad. Ino se dio cuenta de inmediato cuando comenzaban a acercarse al Concilio, las calles estaban más vacías y podía percibirse cierta tensión en los alrededores. Al ver al portón de metal del Concilio de Vampiros desde el auto, Ino sintió que tenía un deja vú, una sensación similar a cuando había estado atrapada en el Tsukiyomi infinito, algo en verdad escalofriante.

Los tres hombres salieron del auto para darles privacidad para que pudieran usar el bálsamo. El chofer del Royce Rolls también salió, les guiñó un ojo a las chicas asegurándoles que no dejaría que ninguno de los jóvenes las espiara.

—Creo que no será necesario —comentó Ino, siguiendo el juego—. Si lo hacen, los mataremos.

—Nadie quiere ver tu cuerpo, rubia fea —dijo Aido con desprecio. Ino hizo un gesto de indignación.

—Pues te lo pierdes, tarado —respondió.

Los vidrios de la limosina era polarizados, por lo cual no se veía nada desde el exterior, ambas chicas pudieron quitarse la ropa sin tener que preocuparse por miradas curiosas. Ino aprovechó la oportunidad para ver el estado de las cicatrices de Haruno, no por nada era una ninja médico, había detectado con rapidez que las heridas habían sangrado no hace poco. Al parecer, Sakura sí desgastó su chakra en esa asamblea, porque siempre había mantenido las hemorragias bajo control. Esos ancianos tenían mucha suerte, pensó ella, porque si Naruto y Sasuke hubieran visto lo que le hicieron a su compañera, ya no habría ni ancianos ni Concilio de Vampiros.

—¿Te sigue creciendo el pecho, frente? —le preguntó para aligerar el ambiente, sabía que no se sentía bien mostrando sus cicatrices a las personas, incluso con ella.

—Ya no, por suerte —informó Sakura, aplicando el bálsamo en la cicatriz del pecho. Había terminado con los brazos y piernas, pero debía tener especial cuidado en sus heridas—. No sé por qué envidiaba tanto a Tsunade-sama, la verdad es molesto.

—Tsunade-sama hizo bien al enseñarte cómo pelear con pechos de ese tamaño —Ino ya casi terminaba, sólo le faltaba la cara, vio como Sakura intentaba embarrarse la sustancia en la espalda, suspiró abatida. Sin importarle nada, tomó un poco del bálsamo y se acercó a Sakura, aplicándolo sobre su herida.

Sakura se sobresaltó, no estaba acostumbrada a que tocaran esas partes, porque no permitía tal contacto. Pero Ino era un tema diferente, aunque a veces no lo pareciera, se preocupaba por Sakura, quería que confiara en ella.

—Deja de comportarte como una niña, Sakura —le dijo Ino, terminado de aplicar el ungüento—. Estas heridas no son un recuerdo doloroso nada más, son la prueba de que has escapado de una muerte segura y que eres una mujer fuerte.

—Lo sé —contestó con lentitud, pasando una mano sobre su hombro para tocar el inicio de la cicatriz de su espalda—. Es sólo que no estoy acostumbrada a que las vean.

—Eso debes decirlo cuando sea un desconocido, yo soy tu mejor amiga desde la infancia, ¿no? —Ino le sonrió como sólo ella sabía hacerlo—. Aunque odio admitirlo, aun con esas cicatrices traes de cabeza al Hokage más impredecible de la historia ninja, eh.

Las mejillas de Sakura se tiñeron de un suave rosa, intentó que Ino no lo notara haciendo un gesto con la mano, desestimando las cosas, pero sabía que era en vano. Ino no se rendiría tan fácilmente.

—Vamos, sé que te gusta —le pinchó una mejilla con el dedo índice—. No te culpo, ¿sabes? Naruto se ha puesto muy guapo con los años, supongo que lo heredo del Cuarto. Él era un hombre muy atractivo, también.

—¡Ino! —reprochó Sakura con la mejillas encendidas al doble. La rubia soltó una carcajada abierta, encantada de provocar esas caras en ella—. Sabes muy bien que sólo somos amigos, lo decidimos hace dos años, que nuestra relación sería amistosa.

—¡Claro que lo sé, frente! Pero debes admitir que es muy tentador y difícil ser amigos cuando el chico en cuestión es sexy a morir —rió Ino.

—Parece que la que va en busca de él, eres tú, no yo, cerda —le regresó Sakura con una sonrisa ladina.

Fue el turno de Ino de sonrojarse.

—Oh, arruinas las bromas como siempre —dijo al fin, volteando para vestirse. Sakura se sintió de nuevo victoriosa, sabía cómo manejar el humor de Ino con facilidad.

Cuando salieron del Royce Rolls negro, el olor de ambas había sido cubierto en su totalidad, ahora el aroma a bosque y días lluviosos impregnaba su piel, dejando al de su suculenta sangre en segundo lugar. Ino se topó con la fachada del Concilio y frunció el ceño.

—Necesitan un decorador de exteriores urgentemente —musitó para que sólo Sakura le escuchara.

—Y tú un nuevo tinte para el cabello, se te ven las raíces negras, rubia fea —respondió Hanabusa en un murmulló que Ino logró oír.

Ella se acercó un poco a Hanabusa, con sutileza estiró su mano hasta tocar una de las tiernas nalgas y darles un apretón poderoso que le crispó los nervios al otro.

—Si dices algo más, me las vas a pagar —le amenazó con una sonrisita aplicando más fuerza sobre la tierna carne.

Ino lo soltó cuando estuvo segura de que no diría algo más, se fue donde Sakura sólo la veía con una interrogante en el rostro, sin comprender por qué parecía tan feliz. Hanabusa pensó que las mujeres del mundo shinobi debían de ser de temer, pues en su mundo ninguna chica le había golpeado como lo hizo Sakura, tampoco le habían tomado del trasero como Ino, así tan fácil y libremente, como si no tuvieran pena. Aunque si lo pensaba mejor ¿por qué deberían tener vergüenza de sus acciones? El mundo era diferente, pero ellas seguían teniendo los mismos hábitos y pensamientos, así que no podían notar que lo que era inapropiado en un mundo, en el suyo tal vez no lo era. Con ese pensamiento zanjó el asunto de las raras chicas, ya tendría más tiempo para reflexionarlo con calma, sin tenerlas tan cerca, así que se dedicó a abrir la puerta de metal de la misma forma que lo había hecho Takuma.

Entraron caminando con lentitud, Sakura e Ino iban flaqueadas por Zero y Kaito, respectivamente. Aido iba al frente del grupo, como guía. Esta ocasión, había vampiros de la nobleza esparcidos en los jardines antes de entrar al edificio principal, que las miraban con interés sin disimular y murmuraban cosas en idiomas desconocidos cuando pasaban frente a ellos. Al llegar la puerta principal, el mismo sirviente vampiro abrió dándoles una reverencia al pasar, pero manteniendo la mirada baja, consciente de la muerte segura que le daría Zero si veía a Sakura como la primera vez.

Haruno notó que las cosas en ese lugar habían cambiado, los muebles no eran los mismos, los cuadros de pinturas eran otros, la alfombra había sido sustituida también. Kaze le había hablado sobre la pomposidad y excentricidad de los vampiros, sobre las inmensas fortunas que cada clan amasaba con los años y como lo desperdiciaban comprando demasiadas cosas, así que si los clanes vampiros se concentraba en el Concilio, era muy obvio que despilfarraran grandes sumas de dinero en decoración de interiores. Eso era muy estúpido, pensaba Sakura, comprendía que las personas cambiaran la decoración algunas veces, pero no a los dos días.

Conforme se acercaban, la presencia de los vampiros aumentaba, decenas de monstruos con apariencia humana y vestidos con prendas elegantes, olfateaban tratando de encontrar el dulce y adictivo aroma de la sangre especial, se decepcionaron cuando no lo hallaron. Las kunoichis sonrieron con suficiencia, orgullosas de su trabajo, caminaron erguidas y mostrando confianza en cada uno de sus pasos. Los vampiros más osados se acercaban con cautela para verificar cómo habían cubierto el olor, pero Kaito y Zero interrumpieron su avance.

Llegaron al centro del Concilio con sus grandes escaleras revestidas con alfombra persa color arena, como la vez anterior, los vampiros se asomaban para ver a las dos kunoichis, pero se iban decepcionados de no encontrar el aroma atrayente de la sangre.

—Tomen esa, sanguijuelas —susurró Ino con tono divertido.

Aido guió al grupo a una sala de conferencias diferente a la que había llevado a Sakura. Una puerta de madera de sauco era la entrada para que sea realizara la segunda entrevista.

—Ellas entraran solas, nosotros estaremos en la tarima junto a Kaname-sama y los demás ancianos —informó Hanabusa—. Hay otro punto por decir, en la asamblea de hoy habrán dos sangre puras más aparte de Hiou-sama. Son Touma-sama y Ougi-sama.

—Eso suena bien para mí —dijo Kaito—. Es momento de dejarlas solas, chicas, muéstrenle a esos tipos de qué están hechas.

—Gracias, Kaito-san —pronunció Sakura con su mejor sonrisa.

—De eso puedes estar seguro, Takamiya —Ino mostró su cara más decidida.

Kaito no pudo evitar compartir su entusiasmo, acarició los cabellos de cada una y siguió a Aido para tomar el lugar en esa entrevista. Zero no les dijo nada, conocía lo suficiente la capacidad de esas dos para saber que podían hacerlo con o sin sus palabras de apoyo. Sin embargo, no pudo evitar dirigir su mirada hacia Sakura, justo al mismo tiempo que ella, creando una conexión entre dos mundos de tonalidades lilas y verdes que provocó una revolución en su interior que pasó desapercibida por él. Antes de desaparecer por la puerta, Sakura le dedicó una última sonrisa que dejó una cálida sensación de nostalgia recorriera su cuerpo. Zero no quería decir que era la misma sonrisa de ella, porque nunca sería así, sino que daba la misma impresión que cuando Sayori murió ese día, como si jamás la volviera a ver de nuevo.

Zero meneó la cabeza ligeramente, inquieto de sentir eso por una persona que apenas conocía y en la cual no confiaba con plenitud, aunque confiaba en que Sakura no se metería en problemas por cuenta propia (más bien, los problemas parecían encontrarla), sus acciones le decían que era una mujer competente y sincera. Si decidiera confiar en alguien, empezaría por ella, en los pocos días de interacción, le demostró que tal vez —y sólo tal vez— podía ganarse su confianza por completo. Dejó sus pensamientos para después, siguió a Hanabusa y a Kaito y se colocó en el lugar asignado.

Las shinobi entraron al cuarto de conferencias, ésta tenía seis paredes y una cúpula de cristal que cubría el techo. Como antes, estaba una tarima con cómodas sillas cubiertas de terciopelo negro en las que se encontraba, Kaname, Hanabi Hiou y los siete concejales. Ahí estaban Victoria Aido, Tracey Touya, Laura Souen, Seiren, Luze Shirahoshi y Barrabas Black. Dos hombres más ocupaban lugar junto a Hanabi, uno tenía los cabellos negros y los ojos azules y el otro era rubio con las pupilas nacaradas. Se detuvieron justo en medio. Sakura buscó por un momento a Zero y a Kaito, los encontró cerca del asiento de Kazuo Kain, junto a Aido y a otro tipo, suponía que ese debía ser Akatsuki, se parecía mucho a su padre y a Luke.

—Sean bienvenidas, Sakura-san, Yamanaka-san —empezó Kaname, estaba vestido con un pantalón formal color negro y una camisa gris y una cazadora de corte formal color azul. Se veía imponente sentado con la pierna cruzada y la espalda erguida, mostrando su fina educación—. Creo que has sido informada sobre los nombres de cada miembro del Consejo por tu compañera, así que sólo introduciré a dos miembros más.

El primero de ellos, el joven de cabellos negros despeinados y ojos azules, suspiró con apatía antes de presentarse.

—Soy Tooru Touma, décimo primer líder del Clan Touma —su tono era arrastrado y forzado, como si hubiese sido obligado a asistir ahí—. Estoy aquí en calidad de testigo.

Ino se sorprendió de que ese joven apuesto y de aparentes catorce años fuera líder de todo un clan. Ella era la actual líder de la familia Yamanaka debido a la muerte de su padre en la Cuarta Guerra shinobi, así que decidió dejar la sorpresa de lado. El siguiente en presentarse fue un hombre de aparentes 25 años, los cabellos rubios caían con suavidad sobre sus hombros y su rostro lucía una sonrisa cansada, sus ojos nacarados carecían de vida e iba vestido tan formal como Kaname.

—Mi nombre es Hiro Ougi, quinto líder del Clan Ougi. Estoy aquí también como testigo —su voz… ambas pudieron percibir el cansancio, como si cada palabra fuera pronunciada con un esfuerzo sobrehumano.

Sakura no conocía mucho acerca de las historias de cada vampiro de sangre pura, Ino tampoco, lo poco que sabían era por medio de efímeras charlas con Kaze. La chica cazadora les había contado que los sangre pura eran los únicos seres que podían vivir por años, sin que el tiempo mermaba su apariencia.

«Qué lejano se oye eso», sin quererlo, las dos chicas lo pensaron simultáneamente.

Una vida tan larga como ésa debía estar llena de experiencias fascinantes, de miles de emociones, de vistas panorámicas asombrosas y de muchas personas que hayan conocido; se imaginaban sus propias vidas, todas sus experiencias multiplicadas por mil llevadas hasta el infinito y sólo podían vislumbrar un poco de toda esa magnificencia. Se escucha maravilloso ¿Cuántas posibilidades no se les abrían con una vida eterna? ¿Cuántas cosas no habrían visto? ¿Cuántas personas perderían en todo ese tiempo? ¿Cuántas alegrías, decepciones, risas, lágrimas habrían vivido? ¿Cuántas veces se habrían despertado deseando morir para acabar con su vida? Ninguna de las dos podía siquiera comprenderlo. Sí, sería maravilloso tener una vida eterna, pero también muy aterrador. Algo muy, muy aterrador.

—Estamos aquí para continuar con la junta de hace unos días. Comenzaremos por una ronda de preguntas como la ocasión anterior —dijo Kaname.

Victoria Aido levantó la mano para comenzar, Kuran concedió el turno con un asentimiento. Victoria se irguió más en su lugar, levantando la barbilla con altanería y mirando con superioridad a las dos chicas.

—Me gustaría saber que cargos ostenta la nueva chica —pidió, su tono se le hizo insoportable a Ino, pero mantuvo su rostro impasible—. Sabemos que Haruno es una especie de médico y una ninja con ciertas habilidades de combate, pero de ti nada sabemos.

Ino quiso abofetear a Victoria por atreverse a hablar de esa forma de los shinobi, como si no fuesen más que una bola de personas con algunas destrezas.

—Soy Ino Yamanaka, médico ninja con algunas habilidades de combate, como lo señalaste —Ino habló con seriedad, pero evitando los formalismos. Esa mujer no se los merecía y Victoria se dio cuenta porque hizo una mueca furiosa.

Antes de que la dama Aido pudiera replicar algo, Luze pidió la palabra.

—¿Una ninja médico? —se escucha emocionado. Ino identificó entonces al tipo que Sakura le había descrito. Ese maldito que había hecho sufrir a la pequeña para valorar su destreza médica—. Igual que Sakura-san ¡Maravilloso, simplemente maravilloso!

Sakura tuvo miedo al pensar que podría hacer pasar a Ino por una prueba similar a la de ella. Mordió su lengua para evitar que su expresión se deformara en rabia, no quería dar ningún indicio a Luze.

—Hoy no harás una prueba como la que hizo Sakura-san. Los cazadores ha mantenido los ataques a las personas bajo control —ambas pudieron notar la decepción en su voz—. Así que me conformaré con preguntas. Lo lamento, Ino-san, no podrás lucirte como lo hizo tu amiga.

—Di tu pregunta ya —pidió ella, tratando de no mostrar su enojo, no por nada era la capitana del escuadrón de tortura y obtención de información Anbu.

—¿Qué es el chakra? —dijo Luze—. Ya lo vi en acción, ahora quiero comprender sus orígenes. ¿Cuál es la fuente de ese poder? ¿Sólo los ninjas lo poseen? ¿Cuánto chakra hay en su sistema?

—Creí que era una pregunta por turno —comentó Ino, casual. Luze se encogió de hombro sin culpabilidad—. El chakra es la energía espiritual de un shinobi, para una mayor comprensión de su materia necesitaría estudiarlo desde la infancia.

Eso era mentira, pero Ino no diría todo, no era estúpida, conocía de sobra a tipos como Luze y no permitiría que una idea equivocada nacida de sus explicaciones le diera a ese hombre una nueva forma de divertirse. Shirahoshi no estuvo satisfecho con la respuesta, quedó demostrado en lo tenso que lucía rostro después de oírla. Después, fue el turno de Laura Souen para hablar.

La morena les sonreía a ambas con cordialidad. Sakura no había prestado demasiada atención a ella las primeras veces que la vio y ahora podía apreciar la belleza de sus facciones y el tono chocolatoso de su piel. Era hermosa. Igual que Tracey Touya y Hanabi Hiou, incluso Seiren, con su rostro fino y sin expresión lo era.

—Me gustaría saber quién de ustedes preparó el ungüento que cubre su piel —les dijo con amabilidad—. Puedo asegurarles que ya no huelo el olor de su sangre, chicas.

Tracey Touya levantó la mano para pedir permiso, pero habló antes de que Kaname dijera algo.

—Mis dudas también se centra en ello, queridas —habló suavemente—. Ni siquiera los hechizos de ocultamiento de los cazadores sirven tan bien como lo que ustedes usaron.

—Lo preparamos entre las dos, pero la receta es una creación mía y de un amigo —informó Sakura—. Los ingredientes son yerbas comunes, miel de abeja y verbena. Hemos preparado lo suficiente para tres semanas y su efectividad la han podido comprobar en este momento.

—Ciertamente, ese bálsamo sería muy útil para que los humanos oculten el olor de su sangre —concedió Kazuo, evaluando las posibilidades—. Sería una idea espléndida que ustedes trabajen para crear nuevas formas de evitar que nuestra sed se dispare. Claro, si es que ambas están de acuerdo con eso.

Fue el turno de Kaname para hablar, debido a las expresiones inquisitivas de las chicas ante la mención del trabajo.

—Han demostrado sus dotes como médicos capaces —dijo con suavidad, con ese tonillo que a Ino no terminaba de convencer—, por lo cual, he evaluado junto al presidente de la Asociación que ustedes se integren realizando investigaciones que puedan ser beneficiosas para ambas partes.

—¿Trabajo, dices? —inquirió Ino, arqueando una ceja—. ¿Por qué habrían de darnos un trabajo?

—Hemos determinado que si estuviesen aquí con el objetivo de atacar, ya lo hubiesen hecho hace mucho tiempo —respondió Kuran—. Sin embargo, no podemos dejar que vayan a cualquier parte. Si esto llega a ofenderlas, les pido una disculpa, pero no arriesgaremos la estabilidad de la sociedad actual por no tomar medidas preventivas.

Zero casi escupe al oír esto, como si realmente a Kaname le importara la estabilidad entre humanos y vampiros, lo único que quería ese maldito era continuar en la punta de la pirámide de clases para mantener a salvo a su esposa sin sentido común.

—Descuiden, ninguna medida tomada les privará de su libertad —le aseguró Kaname, con una suave sonrisa—. Será lo mismo que se ha hecho hasta ahora, sólo que obtendrán una especie de empleo tratando las heridas de las personas que han sido atacadas por los nivel E.

—Es decir, haremos lo que cualquier médico de este lugar haría —dedujo Sakura con facilidad. Kaname asintió—. Me parece bien. De todos modos, queríamos encontrar una forma de agradecer lo que han hecho por nosotras.

Ino estaba de acuerdo con eso. Sakura y ella podrían haber hecho planes para mantenerse al margen de la situación y escapara de ser necesario, pero no eran malagradecidas, mientras las personas de ese lugar no hiciera algo que las dañara, ellas mantendrían una actitud positiva. La ronda de preguntas continuo, fue el turno de Barrabas Black para hablar.

—¿Cuál de ustedes dos es más fuerte? —preguntó sin rodeos, cruzando las manos sobre su pecho e un gesto casual. Las kunoichis se miraron entre sí sin comprender por qué querría saber eso—. En la junta anterior, la chica pelirosa pudo hacerse cargo de dos nobles bajo condiciones extenuantes, así que puedo imaginar que la chica rubia también puede hacerlo, ¿o me equivoco? Me interesa saber cuál de ustedes dos tiene más capacidad para desenvolverse en situaciones delicadas.

—Ésa es un pregunta que no responderemos —dijo Sakura, aguantando la mirada verdosa del viejo vampiro—. Las cualidades de un shinobi no pueden ser evaluadas en términos de fuerza solamente, ni tampoco bajo la observación principiante de usted. Los shinobi pueden ser evaluados por otros con más experiencia.

—Tú no posees la experiencia para decir que mi juicio es principiante, mocosa —espetó son severidad Barrabas, estaba molesto por las osadas palabras de Sakura—. Si no puedes responder a la pregunta, me indica que no eres capaz de evaluar tu propio potencial en relación con el de la otra chiquilla.

—Guarda la calma, Black-san —advirtió Kaname, sin voltear a verlo, pero con una amenazan disfrazada. Barrabas se tragó la bilis, por muchos títulos que ostentara, palidecía ante el Rey de los vampiros—. Es obvio que es una pregunta que no se permiten responder y no las obligaré a hacer lo contrario.

—De acuerdo, Kaname-sama —fue lo único que dijo, recobrando la compostura, pero se podía apreciar en las líneas fruncidas de su rostro que aún estaba enojado por la impertinencia de Sakura—. Entonces, cambiaré mi pregunta, si me lo permite. Me gustaría saber qué diferencia hay entre un civil y un shinobi.

—Un shinobi está entrenado para realizar distintas misiones que requieren destreza, velocidad e inteligencia —dijo Ino con calma, una respuesta que podía ser sacada de cualquier libro que hablara de manera seria o no sería de los shinobi—. Un civil no puede realizar dichas misiones porque no ha tenido entrenamiento alguno.

Barrabas acarició su mentón sopesando la respuesta, se daba cuenta de la resistencia que ponían para no develar ningún secreto de su mundo. Lo poco que sabía sobre el otro mundo era lo que Kuran les informó en una junta previa, pero su joven líder había obviado muchos detalles, de eso estaba seguro. Kaname no confiaba en los ancianos del Concilio, ni ellos tampoco en él. Barrabas fue el único que sobrevivió del anterior concejo y no haría ningún movimiento premeditado que lo pusiera en una situación delicada.

La mano levantada de Tooru Touma sacó de cavilaciones al viejo y a todos, pues como testigo, no podía dar opinión de nada sino hasta terminada la sesión. Sin embargo, Kaname lo permitió.

—Me intriga saber si en su mundo existen los vampiros —dijo él—. Por los informes que he leído, Sakura Haruno no reconoció a sus atacantes la primera vez que peleó contra ellos y Zero Kiryû tuvo que informarle quienes eran. Si en su mundo no existen vampiros o algo que se les parezca, es curioso que su sangre sea tan atrayente para nosotros.

—No hay registros en nuestro mundo sobre bebedores de sangre —contestó Ino—, por lo menos que sean similares a los vampiros de aquí. Los registros muestran a gente que usa la sangre para rituales o conjuros (seguro también es así en este mundo), pero no a quienes necesiten sangre en su dieta diaria

—Interesante —admitió Touma, con una sonrisa sagaz—. Su mundo es realmente interesante para mí.

Ino pensó que no diría lo mismo si hubiese estado en la batalla contra Madara, seguramente su confianza se iría a la mierda y se orinaría en los pantalones de tela fina que vestía. La ronda de preguntas siguió, pero los ancianos se dieron cuenta que no llegaban a nada concreto, las chicas daban respuestas de sentido común y no revelaban nada más, seguir habría sido una pérdida total de tiempo. Kaname optó por terminar por hoy, pero antes pidió que Ino les concediera una muestra de sangre.

Igual que lo hizo Sakura, sólo que con menos fuerza, Ino se clavó una jeringa en el brazo derecho. El bálsamo no podía ocultar el olor de la sangre que llenaba el cartucho de la jeringa, fue entonces cuando Touma y Ougi comprendieron por qué se hacía tanto alboroto por ellas, con una sangre tan atractiva que había vuelto sus pupilas rojas tan rápido podía desbaratar la estabilidad alcanzada. La jeringa se llenó de prisa, entonces Kaname ordenó a Akatsuki que bajara para tomarla muestra de sangre, él era el menos afectado de todos. Sorprendentemente, mostraba un control sobre sí mismo mejor que el de Takuma.

Cuando la alta figura de Akatsuki Kain bajó para encontrarse con las dos kunoichis, Sakura observó que Luke lucía exactamente como él, de hecho, de no ser porque lo conocía un poco más, podía confundir a los dos con facilidad.

—Así que tú eres la chica de la que Luke me ha hablado —Sakura casi se sobresalta ante la voz de Kain, mucho más gruesa que la de su hijo, con tintes más maduros. Akatsuki miró luego a Ino, que le dirigió una mirada que se le antojo similar a la de cierta persona que conocía muy bien—. Me recuerdas a alguien, Ino Yamanaka, ella tiene ese mismo tipo de mirada.

—Eh… gracias, supongo —pronunció Ino, sin comprender de quien hablaba—. Creo que buscas esto, guapo, toma.

Le arrojó la muestra de sangre que fue atrapada sin problemas.

—Me llevo esto antes de que los de arriba piensen que me lo voy a beber —dijo, aburrido—. Espero tener oportunidad de conversar con ustedes dos. He oído tantos rumores que creo que es mejor conocerlas antes de juzgar, pues no pienso que ustedes tengan poderes místicos para doblegar la voluntad de la gente o hacerlas explotar con la mente.

—¿Quién dijo eso? —Sakura no sabía si sentirse ofendida o reír a carcajada abierta, era cierto que los shinobi tenían muchas habilidades, algunas más terroríficas que las que él mencionó, pero no es como si ellas pudieran hacerlo.

—Los rumores nunca tienen autor —pronunció Kain—. Ahora, si me disculpan, tengo que regresar allá arriba.

Con la muestra de sangre obtenida sin ningún contratiempo, Kaname dio por terminada la junta. Las chicas salieron escoltadas por los cazadores y por Aido, sin que se dieran cuenta de los inquisidores ojos de Luze y Barrabas.

—Bueno, eso salió mejor que la primera vez —admitió Sakura cuando iban de vuelta al patio principal, en las escaleras.

—¿Nerviosa, Sakura-chan? —dijo con burla Ino. Sakura negó de inmediato.

—Es bueno salir sin estar inconsciente, sabes —le dijo, no le gustaba nada tener que recordar lo doloroso que fue perder casi todo su chakra y quedar a la deriva.

—Me gustó la parte en la que hicieron enfadar a Barrabas, ese viejo loco no me agrada —dijo Kaito.

—Ni a mí tampoco —coincidió Ino—. Para ser vampiro, se ve bastante viejo ¿Cuántos años tendrá?

—Cuatrocientos años —contestó Hanabusa. Ino abrió la boca sorprendida, eso era una larga vida—. Es el más viejo de los vampiros de la nobleza, y aunque no me gusta coincidir tanto con ustedes dos, me resulta aversivo a mí también.

—¿A quién no? —dijo Ino despectiva—. ¿Por qué Kuran querría tener a alguien tan desagradable en un concejo? ¡Simplemente no lo encuentro lógico!

—Barrabas apoya la ideología tradicional y conservadora de la sociedad de los vampiros, es uno de los principales opositores a nuevas perspectivas que afecten su estilo de vida —explicó Zero—. Él lidera uno de los clanes más productivos e inmensos entre la nobleza vampírica, los Black controlan el 24% del comercio mundial, y su sello empresarial tiene mucha remuneración.

—¿Es decir que él está en el Concilio por simple riqueza? —cuestionó Sakura sin poder creer que Kaname se dejara guiar por algo tan superficial.

—Lo que Kiryû quiere decir —interrumpió Hanabusa en defensa de su líder— es que, dejando de lado su ideología, Barrabas es uno de los hombres con más pensamiento crítico y analítico que muchos otros.

—No deberías de confiar en el juicio de Kuran para elegir subordinados —mencionó Zero con un bufido.

—Porque seguramente tu juicio en más confiable —le regresó Aido, pero se arrepintió de hacerlo al sentir la mirada amatista clavarse en él como espadas.

Habían llegado al patio principal, donde esperaban Laura y Tracey que se alegraron en cuanto las vieron.

—Es bueno saludarlas en persona y no a través de un cristal —le dijo Tracey a las chicas para propinarlos un pequeño abrazo, muy íntimo, a ella no pareció molestarle que las chicas se tensaran un poco así como tampoco que Zero casi sacara la Rosa Sangrienta por tal cercanía—. Se preguntaran qué es lo que venimos a decirles, despreocúpense, queridas, no es nada malo.

—Lo que mi apreciada amiga y yo queremos decirles es sobre algo que les interesara mucho —dicho esto, Laura Souen chasqueó los dedos haciendo que un sirviente se acercara y le extendiera un libro de pasta anaranjada que lucía nuevo—. Éste libro contiene los nombres, así como los modales y reglas a seguir por la nobleza vampírica. Pensamos que como estarán en contacto con nosotros mucho tiempo, sería conveniente para ustedes saber las formalidades que debemos seguir, ya saben, así ningún vampiro podrá sacar provecho de su inocencia.

Le tendió el libro a Sakura que lo tomó con cuidado, notó que, efectivamente, el libro era nuevo, de hecho podía sentir que todavía no había sido abierto.

—Pero… —quiso decir.

—Oh, no te preocupes por tu amiga, también tengo uno para ella —chasqueó de nuevo los dedos para que otro sirviente trajera otro tomo, esa vez de color morado—. Comprendo que las chicas quieren tener sus propias cosas y todo eso, así que mandé a hacer dos libros.

—¿Los hicieron para nosotras? —inquirió Ino dejando ver lo impresionada que estaba, tomó su libro como si no creyera lo que pasaba.

—¡Claro que sí, querida! —Tracey respondió con entusiasmo—. Es lo mínimo que podemos hacer por ustedes, además no costó nada; todo el libro está hecho de materiales reciclados, por si les preocupa el asunto de la ecología.

Sakura e Ino estaban impactadas por la acción desinteresada de esas mujeres, apretaron el libro contra sus pechos y sonrieron agradecidas.

—Laura y yo no tenemos descendientes, somos las solteronas de la alta sociedad —bromeó Tracey—. Mi único pariente es mi sobrina Rima, que está casada ya, por lo cual soy la última de mi clan y me encantaría que vinieran a mi casa para tomar té y charlar un rato. No morderé, lo prometo.

—Suena maravilloso, Touya-san —dijo Sakura.

—También vendrán a la mía, saben, mi sobrina nieta Ruka es la esposa de Akatsuki, así que también soy la última de mi clan, por lo cual me siento algo solitaria en mi mansión y me vendrían bien la compañía de dos chicas tan interesantes como ustedes —les informó Laura.

—Si es para cotillear, por supuesto que estaremos ahí, Souen-san —Ino le respondió—. Haremos la cita pertinente y sirve que leeremos el libro para tener más temas de conversación, ¿no?

—Nos pondremos en contacto por medio de Cross-san, ese hombre es muy amable y creo que nos permitirá hacer reuniones con ustedes —comentó Tracey.

Zero se palmeó mentalmente. Ese comentario tenía muchos sentidos para él, significaba que Cross aprobaría que las chicas fueran a esas reuniones sociales donde él tendría que ir por obligación, tendría que estar rodeado de chupasangres (lo peor de todo, chupasangres mujeres que vivían solas, no es que tuviera algo contra ese tipo de persona, sólo que no soportaba sus voces chillonas y sus temas de conversación huecos) por todo el día. Si había hecho algo malo en su vida anterior, ahora lo estaba pagando con creces.

Las nobles se despidieron de las kunoichis con un abrazo y un beso en la mejilla. Sakura e Ino creyeron entonces que el libro sería muy provechoso para conocer los rituales seguidos en las interacciones sociales.

—Me gustaría ser una chica de otro mundo para que las personas me regalaran libros —dijo Kaito, tomando con cuidado el libro de las manos de Ino y hojeando algunas páginas—. Se ve interesante, aunque tenga escrito sobre los modales de un vampiro.

—Pues yo creo que será bueno aprender sobre eso, Takamiya —Ino le arrebató el ejemplar con un movimiento rápido—. Además, no es como si los ninjas no tuviéramos modales, eh.

—Lo dice la rubia fea que me pellizco el trasero —dijo Aido por lo bajo, cruzando los brazos. Para su suerte, Ino no lo escuchó.

—¡Guau! ¡Qué onee-chan más hermosas! —la vocecita de un niño pequeño, de cinco años aproximadamente llamó la atención de las chicas. Miraron hacia abajo para encontrarse con una cabellera oscura llena de rizos rebeldes, unos ojos cafés y una sonrisa que mostraba dos colmillitos entre los tiernos labios. El niño portaba prendas de corte fino, se notaba que era hijo de un acaudalado vampiro de noble linaje—. Sus ojos son muy bonitos, señoritas.

—Oh, gracias, pequeño —se hincó Sakura un poco, deteniendo la marcha. Ino la dejó, lo suyo no era tratar con niños, la sacaban de quicio.

—Haruno, debemos de irnos ya —Zero le apresuró.

—¿Por qué onii-chan no quiere que te quedes? —preguntó desilusionado el niño tomándola del brazo.

—Porque onii-chan sólo cumple su deber —le respondió Sakura—. Así que no debemos pensar mal de él, sólo está haciendo lo que debe.

—Sakura, concuerdo con Zero —esta vez fue Kaito, los vampiros estaban rodeándolos—, debemos irnos.

—Cierto, frente —Ino se puso junto a ella. Aido la flanqueó.

—Vale, bueno, me tengo que ir, pequeño —ella se levantó, pero el niño siguió sosteniendo su mano—. Ya puedes soltarme.

—Pero no quiero, onee-chan —musitó el niño, luego mostró una sonrisa aterradora con los filosos colmillos centelleando—, no hasta que beba un poco de tu sangre.

Antes de que pudiera hacer algo para detenerlo, el niño mordió la palma de su mano con fuerza. Sakura gimió de dolor, antes de que se diera cuenta de que Zero había sacado la Bloody Rose y disparaba al niño convirtiéndolo en cenizas. La impresión al ver al pequeño reducido a nada con un solo disparo la distrajo de cerrar de inmediato sus heridas, algunas gotas de la sustancia rojiza cayeron al suelo y se desató el caos. Escuchó el sonido de cincos disparos más y como las cenizas llenaban el ambiente, también el sonido de golpes y vio como Aido creaba una barrera de hielo a su alrededor para mantenerlos aislados. Los vampiros fuera de control arremetían con fuerza contra el escudo de hielo, tratando de alcanzar a sus presas.

—¡Ese mocoso la mordió! —Ino no podía creerlo. Si tenían que cuidarse hasta de los niños, a dónde iba a parar todo eso.

—Los niños vampiros no pueden ni controlar sus poderes ni su instinto. Su sentido del olfato es más agudo que el de los adultos, por eso pudo percibir el olor de la sangre —explicó Aido, él tampoco se salvaba del efecto narcótico de la sangre, por eso sus colmillos sobresalían y sus ojos brillaban como rubíes—. Se nos fue decirles eso.

Ino creyó que para tomar tantas medidas, estaban olvidando todo lo básico. Entonces, Sakura reaccionó, aplicó chakra a la zona afectada cerrando la herida sin dejar cicatriz.

—Lo siento, fue mi error —dijo.

—Tranquila, mujer, eso pasa hasta a los mejores cazadores —pronunció Kaito.

—Sí, pero resulta que ningún otro cazador lo hizo frente a cientos de vampiros —ironizó ella.

—Dejen de discutir, tenemos que hacer algo para salir de este lugar —intervino Ino, sacando a Artemis y activando su primera forma—. La barrera no resistirá mucho y no creo que dejen de atacar sólo porque las heridas ya no están.

—¡Podemos esperar a que Kaname-sama venga! Tendríamos que aguantar nada más —espetó Aido—. Por suerte, Kiryû les dio a los sirvientes, no queremos que sus parientes incrementen su furia por el deseo de venganza.

—O podemos abrirnos paso hasta salir de aquí —ofreció Zero—. Es mejor salir que esperar a que venga ayuda, o se concentraran más.

Hanabusa asintió medio conforme, veía la lógica y no se pondría en contra en una situación tan peliaguda. La estructura comenzaba a ser perforada por las garras de los frenéticos vampiros. Sakura sacó su hacha dispuesta a pelear y Kaito sacó una pequeña daga, todos se pusieron en posición de combate, listo para lo que se avecinaba. Una enorme grieta se formó, los vampiros fuera se enfocaron en abrirla más y en segundos lo lograron.

El primer golpe fue dado por Hanabusa, invocó más hielo en forma de bloques inmensos, que despejaron el camino. Entonces salieron corriendo hacia la salida. Kaito iba al frente inmovilizando a los pocos vampiros que se encontraba, Sakura e Ino estaban en el medio cubriéndose las espaldas y asegurando que ninguna saliera herida de nuevo, por otra parte, Zero cubría la retaguardia, disparando a cualquier vampiro que se acercaba demasiado, pero procuraba darles en las piernas para evitar muertes, no quería escuchar a Cross quejarse de que había ocasionado un problema por extralimitarse.

Casi estaban por llegar a la salida, Kaito se deshizo de otros tres vampiros sirvientes que planeaban acorralarlos, sin embargo, no pudo evitar el golpe que le propinó un vampiro que había estado oculto entre las cortinas de una ventana, el golpe fue lo suficientemente fuerte e inesperado para dejarlo desorientado un momento que el vampiro utilizó para acercarse a Ino. Ella estaba concentrada inmovilizando a tres nobles a la vez, por lo que no pudo esquivar por completo las garras del vampiro desbocado, en un instante, sintió dolor en su brazo derecho. Vio con sorpresa como borbotones de líquido rojo brotaba de la piel lacerada y como el vampiro lamía sus garras con la mirada brillando de un carmesí aterrador. Ino actuó enseguida, tomó a Artemis y asestó un golpe justo en el diafragma de su atacante, por mucha sed que le despertara su sangre, un vampiro necesitaba más aire que sangre para vivir, él se dobló por la mitad e Ino le propinó una patada que lo dejó noqueado.

—Mierda —pronunció, apresurándose a cerrar la herida, no era grave, pero tenía la maldita característica de sangrar demasiado si la herían. Eso era provecho algunas ocasiones, pero no ahora.

La sangre de Ino potenció la reacción de los vampiros, vieron aparecer vampiros del exterior que entraban mostrando las garras y los colmillos y se dirigían directamente la rubia. Una ráfaga de pinchos de hielo los detuvo de su ataque, clavándoles alguna parte de su cuerpo a las paredes. Ino se volteó para ver a Aido, a su lado, igual de acelerado que los demás de su especie, su expresión lucía tensa y posesiva, como si le estuviera molestando el hecho de que alguien quisiera beber su sangre.

—Tú… —dijo Ino, con algo de preocupación.

Aido le tomó del brazo izquierdo, la atrajo hacia sí y emitió un gruñido bajo mientras pasaba sus labios por entre los rubios cabellos.

—Quédate quieta —ordenó con tono hosco, haciendo un enorme esfuerza por no clavar sus colmillos en su cuello—. Cuando te mueves, pareces una presa que huye, aumenta el instinto de cazar.

—Entendido —musitó Ino, tratando de alejarse con cuidado de él, pero Aido mantuvo un fuerte agarre sobre su brazo que no podría deshacer sin tener que hacer movimientos apresurados.

—No creas que no me he dado cuenta que tú y Haruno están limitando su fuerza —le dijo en un murmullo.

Ino mantuvo su expresión quieta, pero por dentro se alteró que Hanabusa hubiese descubierto el plan de ella y Sakura.

—Deja de tomarme como un idiota, porque no lo soy —siguió Hanabusa, invocó más hielo para detener a una vampira que arremetió con sus garras—. Si pudieron deshacerse de la mayoría de los niveles E de la noche anterior entre ustedes dos, salir de aquí no sería un problema mayúsculo. Leí sobre los ninjas en viejos textos y entiendo cuál es su capacidad.

—Qué bien que seas un lector reconocido, rubio idiota —le espetó Ino noqueando a varios con Artemis—. Deja de parlotear y ponte a trabajar, tenemos que salir ya.

Mientras Ino y Hanabusa despejaban el camino a la salida, Sakura y Zero cubrían la retaguardia, se estaba haciendo molesto para él disparar sin matar y los vampiros se arremolinaban contras ellos. Sakura se cansó de golpearlos con el hacha, así que usó su enorme fuerza para propinar un golpe a la pared que causó un pequeño derrumbe que los detuvo lo suficiente para que ellos fueran auxiliar a los demás y lograran salir por fin. La vereda de árboles estaba despejada de vampiros, la recorrieron a carrera veloz hasta llegar al Royce Rolls, se metieron de golpe y el conductor arrancó a máxima velocidad.

—Eso estuvo cerca —dijo Kaito, recuperando el aliento, aún se sentía mareado por el golpe—. Para la próxima, por favor, no dejen que los vampiros las muerdan o las arañen.

Sakura e Ino le lanzaron una mirada mordaz, que pudo haberlo matado, pero Kaito estaba demasiado adolorido como para importarle.

—¿Qué pasara ahora? —inquirió Sakura, recordando al niño convertido en cenizas y todo el desastre que, de seguro, había quedado allá.

—Ese niño pertenecía a la Familia Kisaragi, creo que era el último de su estirpe —les informó Aido—. Su muerte era algo que pronto pasaría, los niños huérfanos de la nobleza no sobreviven, su riqueza es dividida entre sus asesinos y a nadie le importa su destino.

—Eso es muy cruel —dijo Sakura, con el pecho oprimiéndosele, aquí no trataban a los niños como en Konoha. Por un instante, pensó en Naruto viviendo en este mundo, destruido por sus semejantes y con un disparo en la cabeza que lo convertiría en meras cenizas. Tragó profundo, no es como si Naruto hubiera tenido una infancia fabulosa, pero estaba vivo, y el dolor le había enseñado a ser fuerte y determinado.

El golpeo de algo en la ventana, los alertó enseguida, vieron como un pequeño murciélago negro rozaba con sus alas los cristales.

—¡Kaname-sama! —Aido se apresuró a abrir la ventana para dejarlo entrar.

—¿Kaname-san? —preguntó Sakura en cuanto el animalito se posó en su hombro izquierdo, este hizo un ligero asentimiento.

—Oh, eres mono en esta forma —comentó Ino, acariciándole una orejita para un muy disgustado Hanabusa, que quería matar a la kunoichi por su atrevimiento.

—¿Cuál es la situación actual? —preguntó Zero, directo. No le agradaba la presencia de Kuran en ninguna de sus versiones.

El murciélago se quitó del hombro de Sakura para saltar al medio del alfombrado interior del auto, entonces comenzó a cambiar a una versión más humana de Kaname.

—La situación está bajo a control —informó—. Ougi, Touma y yo creamos una barrera alrededor del Concilio para mantener a los vampiros hasta que pasen los efectos de haber olido su sangre. La muerte de Kyo Kisaragi no afectará el tratado impuesto, debido a que fue él quien infringió una de sus reglas, he decidido que la acción de Zero Kiryû haya sido su castigo, por lo cual no habrá represiones.

Zero casi bufa con esto, realmente no le importaría si haber matado a ese mocoso tuviera o no tuviera consecuencias. Él protegió a Sakura, lo cual era su deber.

—Por lo demás, los daños ocasionados al edificio son menores. Las reparaciones tardaran tres días —continuó Kaname—. Los vampiros heridos han sido despachados a la enfermería, donde sus lesiones han sido atendidas, así que estarán bien.

—¿Qué ocurrió con los miembros del concejo? —inquirió Ino.

—Ellos se fueron antes de todo el alboroto, ninguno fue afectado. —concluyó Kaname.

—Bueno, eso es un alivio —dijo la rubia, desparramándose en el asiento—. Hubiera sido muy incómodo reunirnos con Touya o Souen, si hubiesen querido arrancarnos la garganta.

—Supongo que la reunión no se pospondrá —Sakura suspiró aliviada.

—Al parecer, ustedes dos han hecho más contacto del que esperaba con el concejo —dijo Kaname, pero su voz no demostraba la molestia que eso le causaba—. Me alegro. Bien, también debo informarles que los análisis de su sangre estarán listos en una semana, me temo que tendrán que esperar hasta entonces, la decisión final que se tome entre Yagari y yo respecto a ustedes.

—No hay problema, Kaname-san —sonrió Sakura—. Esperaremos hasta ese momento.

Kaname no dijo nada más, volvió a su forma de murciélago que sufrió con las caricias de las dos kunoichis al ver al animalito suspirar ante las atenciones recibidas, salió volando del auto para regresar a su cuerpo en el Concilio.

—Kuran sí tiene un lado lindo, después de todo —bromeó Ino, ganándose una mirada de reproche y divertida de parte de Sakura.

—¡Kaname-sama es completamente lindo, rubia fea! —saltó Hanabusa.

—Pues si tanto te gusta, rubio idiota, cásate con él —se mofó Ino, provocando un enorme sonrojo en el vampiro.

—Vamos, Ino, deja en paz a Aido-san —intercedió Sakura, divirtiéndose cuando éste comenzó a balbucear—. Aunque admito que Kaname-san se veía muy mono como murciélago, ¿todos los vampiros tienen esa habilidad?

—¡Claro que no! —soltó de nuevo Aido, se dio cuenta de que debía controlarse y carraspeó recuperando el porte—. Sólo los purasangres pueden convertirse en animales, entre los nobles es poco común que se dé una habilidad así.

—Interesante —pronunció Sakura. Aunque ella también podía "convertirse" en animal usando un genjutsu, tenía que usar chakra para lograrlo, no era una habilidad innata. Volteó hacia Ino y le pinchó con un dedo la mejilla—. De seguro, si fueras un vampiro sangre pura, te volverías un cerdo.

Un tic se instaló en el ojo izquierdo de la rubia, soltó una risa que pretendía representar el humor del que carecía en ese momento y preparó su contraataque.

—Y tú serías una zorra, de seguro —Sakura se sonrojó por el sentido que implicaban esas palabras, pero no quería iniciar una discusión sabiendo que podía decir algo más que los tres hombres ahí no deberían saber.

—Me las vas a pagar —se cruzó de brazos, mirando hacia la ventana del auto, inflando las mejillas.

El auto los llevó sin problemas hasta la Academia Cross, era tarde y el sol del ocaso pintaba el cielo con tonos anaranjados rojizos y azules tenues. Al bajar del auto, Sakura e Ino se dieron cuenta que había otro vehículo color azul oscuro estacionado en la entrada, Hanabusa explicó que él debía retirarse pues su guardia de ese día ya estaba completada.

—Mañana será el turno de Shiki, al parecer Kaname-sama confía en él lo suficiente para vigilarlas —mencionó Aido con desinterés.

—Qué bien que ya no te veré por varios días —le espetó Ino, con toda la intención de molestarlo.

—Eso debería decirlo yo, rubia fea —le faltó poco para sacar la lengua, pero sus modales se lo impedían, incluso con esa mujer escandalosa.

Se despidió al instante y partió en el auto, seguramente rumbo a su mansión o a la de Kaname. Kaito informó que también debía partir hacia la Asociación para rendir el informe del incidente en el Concilio, por lo que se retiró dejando a Zero a cargo.

—Es hora de que salgan los de la clase Nocturna —le dijo Sakura al prefecto, éste soltó un suspiro desganado, realmente no quería tratar con más vampiros en ese momento, no cuando su lado oscuro estaba susurrándole deseos sobre matarlos de mil maneras posibles, pero tampoco podía dejar solas a las dos chicas, pues Ino también fungiría como prefecta.

—Me haré cargo de ellos, ustedes pueden ir a descansar —a punto de dar un paso, Ino lo interceptó mirándolo con el entrecejo fruncido.

—Debes estar bromeando, Kiryû —exclamó, expresando lo disgustada que estaba—. Que hayamos estado en una situación peligrosa, no quiere decir que no podamos encargarnos de algo tan fácil como escoltar a puñado de niños ricos a sus salones de clases. Deja de ser tan jodidamente caballeroso, te acompañaremos.

—Y no aceptamos un no por respuesta, Kiryû-san —apoyó Sakura, recargándose en el hombro de la rubia.

Zero fingió meditarlo, la verdad era que se esperaba una reacción así de parte de ellas y tratar de convencerlas sería inútil, conocía la terquedad de Sakura y no deseaba conocer la de Ino. Ahogó un suspiro, esa noche iba a ser larga.

—De acuerdo —concedió al final.

Sakura e Ino chocaron las palmas, conformes con la respuesta. Se encaminaron hacia el portón de entrada, ambas chicas charlando con Zero siguiéndoles de cerca, retraído en sus pensamientos. Estaba dándole vuelta a un asunto en particular, que nació a partir de la pelea en el Concilio, cuando mató a aquel chiquillo, sin duda estaba haciendo su trabajo como debía, pero sabía que había algo más, algo más territorial de lo que creía. Al ver como ese niño mordió a Sakura, algo dentro de sí reaccionó más salvaje, más fiero, no supo el momento exacto, fue consciente de levantar el arma y disparar para deshacerse del vampiro que se atrevía a marcar a su presa. Entonces, se sintió asqueado por pensar en eso, no quería sucumbir ante esos instintos de su lado oscuro, prefería provocar lluvias de sangre y ceniza de vampiros, que pelear por una presa. La palabra le daba asco, incluso. Miró a Sakura, ajena a toda la revolución maniaca que despertaba en él, y luego a la rubia que la acompañaba, que pese a que su sangre le atraía menos, ayudaba a completar su sed.

Cross era un verdadero hijo de puta por encargarle eso, pero sabía muy dentro de sí que no habría permitido que otro lo hiciera.

Llegaron cinco minutos antes de que las puertas del Dormitorio de la Luna se abrieran. La multitud de chicas de la clase diurna se aglomeraba con más entusiasmo que nunca y los tres tuvieron que entrar en acción pronto. Zero pudo hacerlo con facilidad, sólo bastaba que poner su expresión más escalofriante para mantener a raya a cualquier adolescente hormonal. Sakura se la seguía ingeniando con su potente voz para tenerlas bajo control. Ino, por otra parte, recurrió a un truco que Temari le había enseñado hacia un año (pues su hermano menor era constantemente acosado por varias chicas locas), se paró justo en medio de una turba de frenéticas chicas, se cruzó de brazos y utilizó su voz a un volumen bastante normal.

—Si no se calman, les enseñaré fotos comprometedoras suya a los estudiantes nocturnos —dijo, con lentitud. Las chicas le vieron inquisidoras, sin entender por completo a que se refería la nueva prefecta con eso—. Con eso quiero decir, que les mostraré fotos donde aparezcan haciendo guarrada y media.

Las chicas dejaron de gritar y moverse para mirar con completo terror a Yamanaka.

—Y si piensan que no lo haré o que no conseguiré esas fotos —siguió, paladeando su victoria—, les advierto que no debe subestimarme, mocosas.

Con eso, ya no se escuchó ni pío, hubo algunas chicas que mejor se retiraron y otras que casi se desmayaron. Ino sonrió complacida de su triunfo, volteó para toparse con Sakura que sólo le dedicó una mirada resignada. El sonido de las puertas abriéndose indicó que había llegado la hora. Las chicas ya no gritaron ni se alebrestaron como antes, guardaron un silencio respetuoso que descolocó a los estudiantes vampiros acostumbrados al ruido y a los gritos. Entonces, los vampiros se dieron cuenta de la presencia de la alta rubia que no les prestaba atención, la identificaron como la otra chica que había llegado a su mundo, olfatearon el aire para detectar el olor de la apetitosa sangre para toparse con un olor que les quemó un poco la nariz. Algunos no pudieron poner una mueca de interrogación, no sabían que era lo que ellas había hecho para no tener su aroma particular, pero funcionaba.

Seth Shirabuki también lo notó, se sentía un poco decepcionado si lo admitía, había esperado encontrarse de nuevo a Sakura y a su exquisito aroma, pero el ungüento que usaban impedía eso. Por otra parte, se sentía orgulloso por elegir a alguien tan competente como ella para ser su pareja en el futuro.

—Ella es la otra mujer… —musitó Luke Kain a su lado, haciendo que mirara hacia donde estaba la hermosa rubia, ignorando las miradas de los vampiros como si no le importara.

Seth mantenía la idea de la lealtad en una relación, la única mujer para él sería Sakura, pero no por eso era ignorante de la belleza que poseía esa chica rubia. Ino Yamanaka, si es que recordaba bien. Su presencia le traía el recuerdo de su madre, casi la misma caída de cabello rubio y los ojos azules más encantadores que hubiera visto jamás. Vaya complejo de Edipo que padecía ahí mismo. Se dio cuenta que Luke había dejado la vista clavada en Ino, no le bastó ni dos segundos para suponer algo. Llevaba mucho tiempo de conocerlo como para no comprender cuando algo ocurría con él.

—Luke —quiso llamarlo, pero el ruido de algo a la distancia lo distrajo.

Volteó para toparse con Yamanaka tomando de las solapas a Rei Black gritándole sobre algo. Seth tuvo que dejar de lado molestar a Kain para hacerse cargo del asunto, como líder era su deber.

—Ino, suéltalo —le dijo Sakura, al lado de la rubia, pero ella no le hizo caso.

—Repite lo que acabas de decir, niñato —Ino lo zarandeó.

Cuando estuvo cerca lo suficiente, Seth se dio cuenta de que la rubia estaba sonrojada y que Rei sonreía con picardía. Ahogó un suspiro, ya sabía que fue lo que sucedió.

—Yo sólo dije —empezó Black, arrastrando las palabras con una voz insoportable y melosa—, que si no fuese por el hecho de estar en público, te follaría hasta dejarte invalida, cariño.

Esta vez, Seth sí suspiró. Ya lo esperaba de Rei Black y su talento especial de ser un guarro de primera. Avanzó para detener al heredero de la Casa Black de lograr una muerte segura.

—Black, discúlpate con la… —no podía decir "Señorita prefecta", ese mote ya le pertenecía a Sakura— prefecta-chan.

—¿Disculparme? —dijo Rei, con desagrado.

—¿Prefecta-chan? —pronunció Ino con el mismo tono.

—Lo que dijiste fue inapropiado, dejas la educación de los Black en ridículo —siguió Seth, ignorando sus quejas—. Ahora, discúlpate.

Rei entornó los ojos, estaba claro que la idea no le agradaba, miró a la rubia frente a él que lo seguía sosteniendo con fuerza (¡Qué fuerza tenía en las manos esa mujer!) y su desagrado aumentó. ¿Por qué tenía que disculparse por haber dicho un piropo? ¿Acaso a las mujeres no les gustaba eso? No entendía a las mujeres, fue la única respuesta a la que llegó.

—Lamento haberla incomodado con mi comentario, prefecta —pronunció solemne.

Ino lo soltó y se limpió las manos.

—Que no se vuelva a repetir, porque para la próxima te daré una paliza, niño —Ino pensaba que ese mundo debía estar muy jodido para que niños de esas edad tuvieran un vocabulario como ése.

Rei se acomodó la desarreglada cazadora, y miró a Ino de nuevo.

—No soy un niño. Tengo 20 años —informó, yéndose luego.

Ino se quedó boquiabierta, había escuchado de personas las que no se les notaba la edad, pero eso era ridículo.

—Creo que no nos hemos presentado —interrumpió el purasangre rubio—. Me llamó Seth, presidente de la clase nocturna.

—Ino —respondió simple.

—Mucho gusto, prefecta-chan —sonrió Seth, sin notar la mirada ácida que le profería por el impertinente mote—. Espero que la prefecta-san haya hablado bien de mí.

—Sakura creyó que era mejor que esperara hasta conocerte en persona —dijo ella—. Así que espero que nos llevemos bien.

—Yo también lo deseo —Seth ensanchó su sonrisa—. Ahora, si me disculpan, tengo que asistir a mis clases. Las veré cuando hagan sus rondas.

Antes de irse, le dedicó una última sonrisa a Sakura que ella correspondió con el mismo gesto. Seth desapareció junto con Luke. Los prefectos, al quedarse solos, se dividieron la zona. Zero se encargaría de los edificios de preescolar y primaria (Ni Ino ni Sakura querían enfrentar de nuevo a niños vampiros), Sakura tomó los edificios de secundaria e Ino se encargaría de los otros grados, acordaron hacer una ronda que durara dos horas antes de reunirse a rendir informes.

Fue cuando Ino pudo tener un momento de calma, recorrer la Academia no era pesado, y pudo relajarse con la tranquilidad de la noche. Agradecía que los estudiantes del turno nocturno fueran menos problemáticos que los diurnos, de verdad que le había resultado cómica ver a todas esas chicas —y algunos chicos— fuera de los Dormitorios de la Luna, esperando la oportunidad de saltar, literalmente, sobre los apuestos vampiros. No negaría que en su pasado, ella formaba parte de un grupo de chicas obsesionadas con Sasuke, con el paso de los años, entendió que era inútil perseguir como desquiciada a un hombre que no tenía interés mínimo en construir una relación (aunque aún no comprendía por qué Karin sí había logrado algo con él). Así que siguió con su vida concentrando toda su energía en sus entrenamientos, lo que rindió frutos enseguida pues la nombraron líder de uno de los mejores escuadrones Anbu de la Aldea. Su ingenio a la hora de recolectar información de los prisioneros ya era legendaria, y la habían llamado la Princesa del Mal, no le gustaba el apodo, pero suponía que se lo había ganado.

De repente, escuchó el murmullo de voces femeninas. Saltó de lo alto del edificio para caer con gracia en medio de uno de los espacios de descanso, el ruido de la fuente de agua que estaba ahí escondía un poco los murmullos, pero ella tenía un buen sentido del oído, encontrarlas no fue difícil. Eran dos chicas, una tan alta como ella, de cabello negro y cuerpo escuálido acompañaba por una chica bajita y que sonreía tontamente. Ino las recordó, eran parte del grupo de fangirls que Sakura custodiaba, habían mirado muy mal a la prefecta cuando les estaba ordenando que se controlaran. Ahora que lo pensaba bien, Sakura le contó sobre ellas y sobre el problema que presentaba. Ino era la rival de Sakura, y punto, cualquier otra chica que quisiera obtener el puesto tendría que derrotarla. Se apresuró a sacar a esas dos de ahí, reglas eran reglas y no dejaría que ninguna estudiante humana entrara en ese territorio en la noche.

—¿Qué es lo que hacen aquí? —les dijo, interrumpiendo la charla que mantenían. Midori y Kyoko voltearon al mismo tiempo a verla con expresiones de molestia y sorpresa, respectivamente. Midori se irguió en toda su altura, caminó con arrogancia hasta estar frente a Ino, que no se amilanó para nada.

—No es de tu incumbencia —espetó. Kyoko rió de forma estúpida por algo que sólo ella le encontraba gracia.

—Cierto, no me incumbe —concedió Ino, sabiendo que hacer enseguida—, pero las reglas son claras, y no permitiré que estudiantes humanas estén en horas prohibidas en los terrenos de la Academia. Así que, si no quieren que use la fuerza con ustedes, es mejor que se larguen de aquí y no vuelvan hasta que les corresponda.

—Oblíganos —retó Midori, con porte altivo, era claro que planeaba algo porque Kyoko se movió detrás de Ino.

—No lo repetiré otra vez, largo de aquí —pidió la kunoichi. ¿En serio estaban tratando de retarla? Creía que las chicas de ese lugar tenían, por lo menos, sentido común.

Midori bufó antes de arremeter contra ella. Ino sintió las manos de Kyoko sobre sus hombros, pero antes de que la pelinegra pudiera ponerle un dedo encima, la mano de alguien más interceptó el puño. Ino detuvo su contraataque notando al vampiro de cabellos anaranjados y ojos bermellones que acompañaba a Seth, sostenía a Midori sin ningún esfuerzo. La pelinegra palideció en cuanto vio de quien se trataba y Kyoko emitió un chillido irritante.

—Deja de insistir, Sasagawa —le dijo Luke con dureza, pero manteniendo la cordialidad.

—Oh, Luke, te estaba buscando precisamente —pronunció Midori, con voz dulce, e ignorando a Ino—. Sabes, debemos hablar sobre un problema en nuestra relación.

—No tenemos una relación —respondió Kain.

—Ése es el problema, cariño, me preguntaba por qué no hemos empezado algo, si ambos sabemos lo que sentimos —Midori avanzó hacia él, tomando su brazo y pegando su pecho a él.

Ino no supo cómo tomarlo. Por una parte, estaba cabreada porque ese chico interviniese en donde no le llamaban, por otra, ya sabía que hacían esas dos ahí. ¿Se había visto igual de patética en el pasado, cuando perseguía a Sasuke? ¡Rayos! Alguien debió haber sido amable y meterle una kunai entre ceja y ceja, era un horror reflejarse en Midori.

—Te confesaste hace años, y te di mi respuesta. No es no, Sasagawa —repitió Luke, conservando la calma, lo que era difícil teniendo en cuenta que la mujer humana comenzaba a cansarlo. Daba gracias a su madre por adiestrarle en buenos modales porque podría estar perdiendo los estribos en ese momento—. No insistas más. Ahora, debes volver a tu dormitorio, la prefecta ha dado una orden que tienes que cumplir.

Midori estaba a punto de replicar, pero Ino intercedió para ya no tener que ver más del drama-romance entre esos dos.

—Sasagawa, hazlo y llévate a tu llavero —indicó, señalando a Kyoko que se indignó por el mote dado—. Si no quieren que las lleve con Cross, es mejor que lo hagan ya.

—Esto no se quedará así —dijo con severidad antes de irse pisando fuerte, seguida de Kyoko.

—Esto parece un dorama —musitó Ino.

—Lamento que haya visto esa escena —comentó Luke, pero la rubia sólo le restó importancia.

—Descuida, no es como si no hubiera drama en mi vida en estos momentos —Ino suspiró con cansancio—. Bueno, supongo que tengo que agradecer que hayas intercedido, si no lo hubieras hecho, ellas tendrían muy feas heridas.

Luke sintió una especie de deja vu al escucharla, al parecer era regla que todas las chicas de ese mundo amenazaran a las personas con golpearlas de gravedad.

—Es mejor que regreses a clases, yo tengo que volver para dar mi reporte —Ino estaba a punto de saltar sobre un árbol, pero él la detuvo.

—Antes de que te vayas, me llamo Luke, soy el vicepresidente de la Clase Nocturna —hizo una pequeña reverencia—. No tiene que decirme el tuyo, lo conozco, Ino Yamanaka-san.

Ino no se sorprendió, esperaba que muchos supieran su nombre mucho antes que ella los de ellos, sin embargo, Luke malinterpretó su expresión, las mejillas blancas del vampiro se tiñeron de pronto por el carmesí.

—Eh… bueno, no es como si le conociera realmente porque no es así —comenzó a balbucear, movió sus manos con nerviosismo ante la expresión impasible de la rubia. Luke creyó que ella le miraba como si fuera un acosador—. ¡No piense que soy un… un acosador! Sólo sé su nombre porque… porque, eh, ¿qué estaba diciendo?

—Tranquilo, Luke, respira con calma —ella intercedió por lástima, trató de hacer su mejor sonrisa para intentar tranquilizarlo—. No creo que seas un acosador, es obvio que conozcas mi nombre, eres el subordinado de Seth, ¿no? Bien, entonces, tómalo con calma.

Luke sintió que su pulso se aceleraba al doble de lo normal al ver su sonrisa, sus manos sudaban y creía que había dejado de respirar ¿Qué demonios le sucedía esa noche? Primero, no entró a ninguna de sus clases para mantener bajo vigilancia a la nueva prefecta, pues según se decía a sí mismo, debía verificar que fuese confiable. Luego, cuando comprobó que Ino era una acróbata fabulosa y que sus piernas con esas mallas negras eran muy atractivas (lo último los descolocó un poco, no acostumbraba a pensar de esa manera). Vio como era atacada por Midori y no pudo detener el impulso de interceder, algo no tan normal en él que buscaba no meterse en problemas. Y ahora hablaba como si aún tartamudeara, no lo hacía desde preescolar y se sentía muy idiota por hacerlo de nuevo. Respiró una, dos, tres, hasta diez veces para volver a la normalidad. Ino tuvo que admitir que era divertido verlo confundirse.

—¿Te encuentras mejor? —le preguntó Ino. Luke sólo asintió.

—Sí, muchas gracias —dijo él.

—Bien, me tengo que ir, eh, pero puedes buscarme de nuevo si tienes problemas para expresarte —ella le sonrió de nuevo, bromeando—. Nos vemos, Luke.

Ella lo dejó solo saltando entre los árboles. Luke se quedó mirando el lugar por donde ella se había ido.

—Si no cierras la boca, nos inundarás con tu saliva, Luke —la voz de Seth fue suficiente para hacerlo saltar—. No me canso de hacer eso, es muy divertido verte exaltado.

—¿Desde cuando estabas aquí? —le preguntó.

—De hecho, te seguí todo el tiempo. No puedo permitir que mi mejor amigo se salte las clases, ¿verdad? —le dijo Seth, con una sonrisa ladina. Luke entornó los ojos—. Oh, vamos, hombre, sólo quiero apoyarte. Se ve que te atrae Yamanaka-san, quien lo diría, eh, siempre pensé que eras gay y me amabas en secreto.

—¡Pero qué diablos! —Seth rió con más ganas, sacarlo de quicio era su deporte favorito—. ¡Seth-sama!

—Tranquilo, usa la técnica de respiración que aprendiste de la prefecta-chan —picó el rubio con una sonrisa perversa.

—¡Suficiente! ¡Me voy! —Luke se giró para irse a tomar la última clase, con un divertido Seth siguiéndole en el camino y haciendo trizas su orgullo.

Pero Seth estaba pensando en otras cosas, en cosas relacionadas con las dos kunoichis, no era estúpido sabía que Luke se había fijado a Ino Yamanaka, así como él lo hizo en Sakura, sonrió con resolución cuando ideó su plan. Quería quedarse con la kunoichi de brillantes ojos verdes, pero Luke era su amigo, y si necesitaba ayuda con la chica que le gustaba, él se la daría aunque no la pidiera. Porque, a pesar de la creencia popular, los purasangres sí creían en la amistad y el haría lo posible porque Luke fuera feliz.

No mentía, se lo debía.

Porque Luke Kain fue el único que le tendió una mano cuando más lo necesitaba al hijo de Sara Shirabuki.

Seth nunca lo olvidaría.

Nunca.


Lilith: Bueno, pueden matarme por dejarlo ahí, pero se me ha ido la inspiración. Por otra parte, no hay aclaraciones que hacer, traté de no necesitarlas. Enseguida contestó sus review.

Jabnel Leon: Me alegra que te agrade. Saludos.

Brendiiita: Habrá KanaSaku porque todos merecen esta con Sakura xD. Ino era la elección obvia, pero la votación sirvió para identificar los gustos de las lectoras. Nos leemos en este capítulo.

Dulce-chan: Ino no opacará a Sakura, ni viceversa, ambas se complementan, de eso me aseguraré. Su pelea nació de una discusión similar que sostuve con una amiga, fue divertido escribirla. Pronto aparecerán Naruto y Sasuke y va arder Roma, te lo aseguro. Nos leemos pronto.

Laura: Lamento no actualizar como regalo de navidad, pero espero que este capítulo sea suficiente. Nos leemos pronto.