Notas: Aquí está el nuevo capítulo. El viernes acabo los exámenes así que espero poder actualizar más seguido. Gracias por leer.


El traqueteo del vehículo le había dado sueño. Sentía el peso en sus ojos y el cansancio en sus músculos. Aunque no podía ver nada —ya que tenía la cabeza tapada— sabía que estaba lejos de la ciudad. Llevaba horas en la carretera, y por la forma en la que se agitaba el coche, debía estar cerca de las montañas.

Tenía miedo, no lo podía negar. Había pensado en mil formas de escapar, pero le resultaba imposible. Ya sabía cuál sería su destino, pensó en las posibilidades de su futuro cuando llevó a cabo su plan. Quizá lo que más le asustaba no era su probable final, sino que las cosas no hubieran salido como lo planeó porque no tenía forma de saber qué había sucedido con los demás.

El vehículo se detuvo de pronto. Escuchó atentamente cómo se abrieron las puertas y alguien tiró de su brazo, obligando a que saliera del coche. Se quejó, pero solo recibió otro empujón para que siguiera caminando.

Ahora había entrado en alguna casa… No, parecía grande y había mucho eco. Si era verdad que estaba lejos de la ciudad, podría ser un almacén abandonado.

Pronto hicieron que se detuviera. Escuchó murmullos, había varias personas allí, a su alrededor.

—Quítale eso de la cabeza —escuchó decir a una voz femenina. Se estremeció pensando que sería la Morrigan.

Alguien tiró de lo que le cubría la cabeza y la luz entró en sus ojos dolorosamente. Vio la figura borrosa de una mujer justo delante. Sus detalles se fueron perfilando lentamente. Primero observó su pelo largo y negro, luego su vestido elegante y seguidamente el brillo de sus ojos, aunque no pudo distinguir su color.

Sus manos seguían atadas a su espalda y parecía que no iban a ser liberadas pronto. De repente, alguien golpeó la pantorrilla de una de sus piernas y forzó a que cayera al suelo de rodillas dolorosamente.

—¡Suficiente! —gritó la voz femenina—. Nuestro comportamiento primitivo y salvaje es el que nos ha llevado a esta situación.

Aquella mujer no parecía la Morrigan, pero supuso que aquella gente eran faes por el comentario que hizo. Tragó saliva. Había pensado en esa posibilidad, pero verse en ella era muy diferente a imaginarla. De pronto, su futuro era más incierto de lo que creía. Su mente se paralizó, ya no era capaz de seguir deduciendo nada más, el miedo era quien reinaba en su cabeza.

—¡No puede haber piedad para un traidor! —gritó alguien a lo lejos.

—¡Las leyes dictaminan que debe morir! —le acompañó otra voz.

—¡Debe pagar este ataque! —más voces se elevaron.

—¡Que muera! —dijeron varios.

—¡Silencio! —los interrumpió la mujer—. Las leyes faes obligan a que tenga un juicio antes de ordenar su sentencia.

—¡Eso es una estupidez! —exclamó una voz grave—. Las pruebas apuntan a que todo fue obra suya.

—Bien —le respondió la mujer—, una lástima que no seas tú el Ash en funciones para decidir su destino.

No se alzaron más voces. Escuchó el golpe de sus tacones contra el suelo. La mujer se acercaba y pudo ver su silueta muy próxima.

—Levántate —le ordenó. Cuando lo hizo, con bastante esfuerzo por el hecho de tener las manos atadas a la espalda, la mujer continuó hablando—: ¿Sabes por qué estás aquí? —La respuesta fue solo un movimiento de cabeza afirmativo que pareció suficiente para ella—. Bien, eso nos ahorrará tiempo.

Efectivamente, estaba en un almacén abandonado. Había unas cincuenta personas allí. Reconoció algunos rostros: nobles, algunos ancianos… Estaba entre faes de la Luz y posiblemente, ante una nueva Ash. Hale había muerto o había huido, o quizá su destino hubiera sido otro.

—Se te acusa de un grave atentado en contra los faes —volvió a hablar la mujer—, de peligrar nuestra existencia revelando información confidencial a los humanos, de desobedecer una orden directa del Ash, de liderar un golpe de rebelión en contra de nuestra especie, de mantener cautivos, torturar y experimentar ilegalmente con los faes, de romper nuestro mutuo acuerdo y traicionar nuestra confianza. Ante todas estas acusaciones, y algunos detalles menores, ¿cómo te declaras, Lauren Lewis?

Se escucharon murmullos, palabras despectivas hacia ella. Sintió su corazón golpear fuertemente su pecho lleno de terror. Levantó su rostro y miró fijamente hacia los ojos de la Ash. Por fin pudo ver con claridad su color: eran marrones claros, pero bajo la luz, tenían ciertos matices verdes. Sus rasgos eran finos, le hacían parecer muy joven, casi como una niña dulce e inocente, incapaz de hacer daño, aunque de alguna forma se las había ingeniado para reunir a los ancianos y nobles allí, respetando las tradiciones, debía de tener más poder del que aparentaba. Ella se esperaba que la lincharan, que la torturaran hasta la muerte, es lo que habrían hecho en otras circunstancias, lo que acostumbraban hacer, por lo que estaba también sorprendida que no lo hubieran hecho ya.

—Inocente —dijo firmemente sin romper el contacto visual.

De pronto, la estancia se llenó de bullicio. Algunos proliferaban insultos, otros estaban atónitos ante su respuesta, muchos gritaban el deseo de venganza y muerte. La Ash no dijo nada, ambas permanecieron imperturbables ante el terrible alboroto que se formó. Lauren no sabía hasta que punto podría seguir manteniendo la mirada con aquella mujer. Por suerte, fue la otra quién la retiró primero y la fijó en algún punto detrás de la doctora. Se acercó frenéticamente a ella y la empujó hacia un lado. La humana cayó al suelo estrepitosamente sobre su hombro y lo sintió estremecerse de dolor. Lauren gritó involuntariamente y rodó por el suelo hasta quedarse bocarriba. Se dio cuenta de que sala se había quedado en silencio mientras todos miraban atónitos hacia la Ash, que sujetaba violentamente la cabeza de un individuo, el cual Lauren supuso que se había acercado, posiblemente, para matarla. Ella misma se sorprendió al verlo: la Ash le acababa de salvar la vida. Los ojos de la líder fae se clavaron en los del supuesto agresor y éste comenzó a temblar. Los presentes comenzaron a murmurar nerviosos y la humana solo tragó saliva observando con cautela el panorama. La líder fae liberó a su víctima y el hombre salió corriendo mientras gritaba aterrado cosas que no tenían ningún sentido. Entonces, con una pose con cierta arrogancia, dirigió su mirada hacia los demás faes en aquella sala para hablarles:

—A todos los presentes, les recuerdo que esta humana me pertenece —la voz de la Ash era ronca y apagada, lo que le daba un toque intimidante—. Un intento de ataque hacia ella, será un intento de ataque hacia mí. Ahora soy la Ash en funciones y si queremos que las Luces no se desmoronen y que las Sombras tomen el poder, debéis de respetar mi autoridad. Esta humana —alzó la voz mientras la señalaba sin mirarla— está acusada de delitos muy graves en contra de nuestra seguridad e integridad, pero ha servido más de seis años a nuestro lado de manera fiel y se merece al menos que escuche su versión. Y lo haré, escucharé todo lo que la llevó a hacer lo que hizo, porque coincidiréis conmigo que esto no puede volverse a repetir, porque debemos aprender qué hicimos mal, porque no podemos volver a permitir que los humanos desestabilicen de esta manera nuestro sistema. Ellos no son solo un trozo de comida, como muchos pensáis, ella es la prueba de ello. Esto no es solo un tema de traición, esto podía haber provocado una maldita guerra, y no solo contra nosotros mismos, sino contra los humanos. ¿Vuestra imaginación alcanza a ver la gravedad de todo este asunto? ¿Podéis ver que esto solo nos hubiera llevado a un absurdo genocidio? —Su voz ahora estaba impregnada de ira—. ¡Si no manejamos cómo se debe esta situación, vamos a formar un caos mayor que todos los que nuestra raza ha vivido en todos sus milenios de existencia! Ya sé que tenéis miedo, que os sentís amenazados, inseguros… No dejaré que las Luces caigan, juntos vamos a conseguir la estabilidad que necesitamos. Volveremos a vivir tranquilos. Pero para eso, debemos ser por una vez sensatos y utilizar el sentido común, olvidarnos de las malditas riquezas, de glorias, poderes, de indiferencias entre los clanes… Creo que esta noche será suficiente para que todos se relajen. Mañana nos volveremos a reunir y decidiremos cuándo y cómo vamos a ejecutar a la Doctora Lewis —dijo la Ash dirigiendo su mirada a Lauren—. Llevadla a las mazmorras que hay abajo y vigiladla bien, tiene que vivir hasta mañana.

La sala estalló en aplausos y elogios a la aparente líder de las Luces. Dos hombres tomaron a Lauren bruscamente por los brazos y tiraron de ella hacia una habitación dónde habían unas escaleras que conducían hacía un lugar lúgubre y húmedo. El sonido de las voces de la sala se fue apagando a medida que bajaban por ellas. Sin embargo, pudo escuchar unas últimas palabras muy claramente:

—¡Muere, escoria humana!

Trató de mantener su mente fría, alejada del pánico que la estaba invadiendo, y se dejó arrastrar hasta su celda.