¡Por fin estoy de vacaciones! Y como no podía ser de otro modo, el capítulo 7 está listo para esta fecha tan especial: 07/07/07. Mis agradecimientos a quienes dejaron reviews en el capítulo anterior: KiraDumont, Dubhesigrid (tú que odias los apodos ridículos, espero que te rías con este cap XD), ARYLU, BiAnK rAdClIfFe, ninniel, rachel black87, rasaaabe, Nahir5, mari, Kaori Ishida, herminione, Sucubos, AElizabeth-Black, amparoblack, Lalix, cisne negro.
LAS TRES CELESTINAS DE HOGWARTS
- Deja de meterte conmigo ya, Black. Hay que pensar en una solución.
- ¿Solución? – bufó el chico, incrédulo.
- ¿Es que no os dais cuenta? Lily y James están hechos el uno para el otro. Tienen que estar juntos.
- Yo no estoy tan seguro – intervino Lupin. – Lily lo odia.
- No lo odia, está enamorada de él. – Miró molesta a Sirius, que había vuelto a soltar un bufido. – Sólo que no se ha dado cuenta.
- ¿Y qué se te ocurre, genio? – le preguntó Sirius de mala manera. – James lleva desde cuarto detrás de ella, y si a él no le hace caso no creo que vaya a hacérnoslo a nosotros.
- Por eso he dicho que tenemos que idear un plan, idiota.
- Claro, si no se te hubiese ocurrido meterte en medio, "Hermy" – la criticó con un soniquete inconfundible - ahora no estaría pasando esto. James casi lo había conseguido.
Hermione le dirigió una mirada peligrosa al chico, capaz de derretir el Polo Norte. Él, sin embargo, miró hacia el techo, ignorándola con la mayor insolencia posible.
- No se te ocurra volver a llamarme así, Black. Y yo no me metí en medio.
- Por supuesto que no. Te echaste encima de nuestro amigo, que no es lo mismo.
- ¡Serás capullo! Ya te dije que él me malinterpretó.
- Sí, seguro.
- Vete a la mierda, Black.
- ¡Qué original, Hermy! Siempre dices lo mismo. Cambia el repertorio¿quieres?
Lupin empezó a reírse entre dientes. La verdad es que estas discusiones eran casi tan divertidas como las que solían tener Lily y James, aunque las de los otros chicos eran más ingeniosas y no tan apasionadas.
- Cuando acabemos con el plan creo que tendríamos que empezar a hablar de vosotros. Si queréis mi opinión…
- No queremos tu opinión – le cortaron los dos exactamente a la vez.
"Debo de haberme vuelto loca", se dijo Hermione, mirando de reojo a Sirius. Quizá no había sido tan buena idea colaborar con él. Puede que ambos tuvieran el mismo objetivo, pero temía que terminaran sacándose los ojos antes de que consiguieran unir a Lily y James. La única esperanza era Remus. Contaba con él para mediar entre los dos y para frenarla en caso de que decidiera hacer su primer intento de imperdonable. Cosa que, vista la situación, ya no se le antojaba tan descabellada.
- Será mejor que hable yo con ellos primero. Lo intentaré antes con James – propuso Lupin.
- ¿Por qué tú? – preguntó receloso Sirius. – A mí James me hará más caso.
- Sirius, no te ofendas – dijo Remus con paciencia, aunque Hermione notó un deje de exasperación en su voz – pero no tienes tacto ni sutileza. Sueltas las cosas tal y como te vienen, sin tratar de amortiguarlas. Y eres pésimo dando consejos.
Sirius abrió la boca, alucinado por la acusación. Le dirigió una mirada furibunda a la chica al oír su risita.
- Yo que tú no me reiría tanto. Eres peor que yo.
- ¿Cómo dices?
- Lo que oyes – replicó resueltamente. – Eres tan suave como una sábana de esparto.
- Y tú tan idiota como un troll – masculló en voz baja, pero Sirius alcanzó a oírla.
- ¿Sabes que murmurar por lo bajo es de muy mala educación? Yo no tengo ningún reparo en decirte a la cara que lo único más áspero que tu carácter es ese maldito pelo enmarañado.
Antes de que Hermione pudiera responder, Remus la acalló con un movimiento de su brazo.
- ¿Queréis concentraros por un momento en algo más que vosotros dos? – miró a los dos chicos, que se pusieron rojos de ira y vergüenza. – Por si no lo recordáis todos estamos aquí porque queremos ayudar a Lily y James. Si no podéis olvidar durante unas horas vuestras diferencias, esto no tiene ningún sentido…
- Tienes razón, Remus. Lo siento – susurró Hermione agachando la cabeza.
- Vale, me has convencido – dijo Sirius. Remus alzó las cejas sorprendido. ¿Sirius aceptando una tregua tan fácilmente? Su poder de convicción estaba aumentando hasta límites insospechados. – Habla tú con James – añadió con voz calmada, pero siguió mirando a Hermione con rencor. Lupin suspiró. Canuto no iba a cambiar tan fácilmente.
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Hermione decidió que lo primero que iba a hacer ella era disculparse con Lily. No parecía necesario, ya que ella la seguía tratando igual que siempre, pero necesitaba hacerlo. Aún se sentía fatal por lo que había ocurrido y el miedo de haber interferido gravemente en la futura relación de los padres de Harry todavía no la había abandonado. Tuvo la suerte de encontrársela un par de horas después cuando fue a buscar un libro a su habitación. La pelirroja estaba revolviendo afanosamente en su baúl, con una expresión de disgusto patente en su cara.
- ¿Has perdido algo? – le preguntó antes de cerrar siquiera la puerta.
Lily pegó un respingo y se giró hacia ella alterada. Se llevó una mano al pecho, tratando de regularizar su ritmo cardiaco.
- ¡Hermione¡Casi me matas del susto! – respiró profundamente un par de veces y añadió: - No encuentro los pendientes que me regaló Frey el año pasado. Me los trajo desde Suecia, como los haya perdido…- Soltó un par de cosas al baúl, fastidiada y se sentó en la cama. – Espero que los tenga Val. Tiene por costumbre coger las cosas sin preguntar.
- Sí, seguro que aparecen cuando menos te lo esperes – se mordió el labio inferior, inquieta. – Oye, Lily, yo quería hablar contigo.
- Claro… ¿Qué pasa? – preguntó preocupada al notar el nerviosismo de Hermione.
- Verás… Con todo lo que ha pasado, aún no he tenido la oportunidad de aclarar las cosas contigo.
Lily alzó las cejas sorprendida. Parecía no imaginar a qué se estaba refiriendo.
- Lo de James – precisó Hermione.
A Lily le cambió radicalmente la cara. Se la notaba incómoda, por mucho que intentara aparentar indiferencia.
- No entiendo… - comenzó, indecisa, pero Hermione la interrumpió.
- Te voy a ser totalmente sincera, Lily. James me recuerda mucho a un amigo mío. A un amigo muy querido – explicó, sintiendo que se le formaba un nudo en la garganta. – No te imaginas lo mucho que se le parece y yo… por eso yo… - la voz se le ahogó y los ojos se le llenaron de lágrimas. ¿Por qué le resultaba tan difícil hablar de Harry con Lily?
La chica se puso en pie y apoyó una mano en su brazo, transmitiéndole su apoyo.
- Sé que esto tiene que resultar duro para ti. Tanta gente nueva y haber tenido que alejarte de tus amigos… Quizá pienses que no es asunto mío, pero si puedo hacer algo para ayudarte…
Su amabilidad la conmovió tanto que se le escaparon un par de lágrimas. Lily la abrazó de inmediato y Hermione no pudo evitar pensar que quizá Harry no recordara ninguno de los abrazos que había recibido de su madre. ¡Era tan injusto que ella estuviera allí y que Harry no hubiese tenido la oportunidad!
- Lo siento muchísimo, Lily – dijo en un sollozo. – Yo no quería que pasara esto, y estoy segura de que James tampoco.
- Shhh – la acalló con dulzura, acariciando suavemente su pelo. – No tienes que darme explicaciones. Potter y yo no somos nada.
- Deberíais serlo – declaró con seriedad.
Lily prefirió no responder, simplemente la abrazó con un poco más de fuerza. En ese momento se abrió la puerta y por ella entró Valerie tarareando una canción en voz baja.
- ¡Oh! – dijo al verlas. - ¿Interrumpo algo?
- Estamos en pleno momento emotivo – explicó Lily. – Hermione está un poco baja de ánimos.
- Ah, muy bien, yo soy la sentimental del grupo y a mí nadie me llama – dijo con voz falsamente ofendida.
Y antes de que nadie pudiera responder, se acercó a ellas y se unió al abrazo. Hermione se echó a reír, reconfortada.
- Val – murmuró Lily unos segundos después.
- ¿Qué?
- ¿Tienes tú mis pendientes?
- ¿Cuáles exactamente?
- Los que me rega… Espera¿tienes más de un par?
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- Quiero matar a James Potter – anunció Alexa, dejándose caer pesadamente sobre la cama.
- Ponte a la cola – respondió Lily mientras ordenaba escrupulosamente todas las cosas que Valerie voluntariamente le había devuelto.
- Si tan sólo tuviera fuerzas… - continuó la chica, sin hacer caso de la interrupción, y soltó un leve quejido.
- ¿Bajáis a cenar? – preguntó Hermione, saliendo del baño.
- No puedo moverme – gimió Alexa lastimeramente. – Si veis a Potter decirle que moriré de inanición por su culpa.
- ¿Qué te ha pasado?
- El maldito entrenamiento. Es el peor capitán que he visto en mi vida. Si después de esto no nos fichan para un equipo famoso, será sólo porque no hayamos llegado a cumplir los dieciocho.
- ¿Tan duro es? – se asombró Hermione.
- ¿Por qué no vienes el viernes a vernos y lo compruebas?
- Vale, iremos todas – aceptó rápidamente Frey, con la vista fija en Lily.
"Si pretende que Lily se enamore del capitán de hierro, lo lleva claro", pensó Hermione, captando la mirada de la nórdica. "Lo poco que he visto de James como capitán me dio bastante miedo".
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Tal y como habían acordado, el viernes siguiente, Frey, Lily, Hermione e incluso Val se plantaron en el campo de quidditch, desafiando al gélido aire otoñal que empezaba a ser habitual.
- A las siete tengo que ir a hablar con el profesor Slughorn – les recordó Hermione. - ¿Qué querrá?
- Seguro que va a invitarte a las reuniones del "Club de las Eminencias"- respondió Frey, imitando el tono petulante que adquiría a veces el profesor de Pociones. Curiosamente, esa voz no desentonaba demasiado con el aspecto presumido de la chica.
- Es probable – comentó Lily. – Eres muy buena en Pociones. En todas las asignaturas, en realidad. – Hermione se ruborizó levemente. - ¡Ah, mirad! Ahí sale Alexa.
Efectivamente, todo el equipo, con James a la cabeza, salió de los vestuarios. Dejaron las escobas en una esquina del campo y se pusieron a correr detrás del capitán, que marcaba el ritmo y les gritaba órdenes de vez en cuando.
- ¿Entrenan a quidditch sin escoba? – preguntó Val confundida.
- Están calentando – aclaró Frey. – Potter dice que así se evitan lesiones.
- Es cierto, se supone que se debería hacer antes de cualquier deporte – dijo Hermione. Su padre era un gran aficionado al fútbol, y ella había visto más de una vez los calentamientos de los jugadores y, en realidad eran bastante parecidos a los que dirigía James.
Después de dar una vuelta completa al campo, James los dividió en grupos. Dejó a los bateadores en el suelo, practicando con lo que parecían pelotas de beisbol frente a una pared que él mismo, con la ayuda de Sirius, había conjurado. Rupert Peterson, el guardián, mejoraba sus reflejos tratando de esquivarlas, cosa bastante complicada debido a la velocidad con la que disparaban los dos chicos. Por su parte, los cazadores y la buscadora montaron en sus escobas para hacer un vuelo de entrenamiento. James iba en cabeza, haciendo complicados giros y desvíos que los demás tenían que imitar.
- No me extraña que Black tenga esos brazos tan fuertes – soltó Val repentinamente. – Fijaos cómo le pega a la pelota.
Hermione desvió la vista de Alexa, que en esos momentos sobrevolaba las gradas de enfrente, para ver a Sirius. La espalda de su camiseta estaba empapada en sudor y su rostro tenía un evidente rubor provocado por el esfuerzo. No obstante, seguía moviéndose rápidamente de una esquina a otra. La pelota no se le escapó ni una sola vez. Arnold Green, por el contrario, tenía que parar a menudo para ir a buscar la suya.
Media hora después, todos los jugadores estaban en el aire, simulando un partido. Habían liberado la snitch y las bludgers, y los cazadores ensayaban tácticas con las que trataban de sorprender al guardián.
Alexa no estaba muy inspirada ese día. Fallaba continuamente y se la notaba muy cansada. James procuraba no gritarle, pero la obligaba a repetir las jugadas una y otra vez hasta que salieran a la perfección. Tan entretenidas estaban las chicas viendo a su amiga esforzándose al máximo, que no notaron que una bludger se acercaba rápidamente hacia ellas, hasta que oyeron el característico silbido al cortar el aire. Valerie pegó un grito y se tiró al suelo. Frey y Lily sólo acertaron a cubrirse la cara con los brazos, pero Hermione se quedó paralizada por la impresión. Cuando la condenada pelota negra estaba a menos de un metro, Sirius se cruzó velozmente en su trayectoria y la golpeó con fuerza.
- Estáis en muy mal sitio – le dijo con frialdad a Hermione, que era la única que tenía el rostro a la vista. La miró brevemente a los ojos, completamente serio, y después se marchó zumbando en persecución de la bludger.
Cuando ya empezaba a oscurecer, Hermione tuvo que volver al castillo, para acudir a la cita con Slughorn. Los jugadores aún no habían terminado el entrenamiento y ella tuvo que reconocer que Alexa tenía toda la razón al quejarse. Si estuviera en su lugar, ella no habría sido capaz de resistir más de cinco minutos.
A pesar de que no había dicho nada, también estaba casi segura de que el profesor iba a hablarle de su famoso Club. En las últimas clases había destacado bastante, y la poción de su grupo siempre era perfecta. Slughorn no era estúpido, y sabía de sobra que eso no se debía ni a James, que se despistaba bastante a menudo, ni a Valerie, que no era minuciosa al seguir los pasos.
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Más de media hora después, Hermione consiguió librarse por fin de Slughorn y salió de su despacho, un anexo a la mazmorra donde se impartían las clases de Pociones. Como sospechaba, el profesor se pasó casi veinte minutos hablándole de las prestigiosas amistades que tenía y del éxito que habían obtenido los numerosos alumnos que habían pertenecido a su selecto Club. Sólo al final le comentó que le gustaría que ella acudiese a la próxima reunión. Por suerte, esta vez no tendría que ir sola (como le había ocurrido en sexto curso), ya que Lily y Frey eran consideradas "estudiantes potencialmente exitosas" desde hacía años.
Tenía muchísima hambre y estaba planteándose ir directamente al Gran Comedor, en lugar de dirigirse a la Torre. Giró una esquina y estuvo a punto de chocar con una chica. Cuando alzó la vista para disculparse, se encontró frente a frente con Janice Bulstrode.
- Vaya¡qué agradable sorpresa! – dijo la Slytherin con ironía, esbozando una sonrisa escalofriante. - ¿Qué haces por aquí abajo tú solita?
Hermione no respondió. Sonrió tímidamente para librarse de ella sin meterse en problemas y trató de escabullirse de allí. No obstante, Bulstrode no parecía muy interesada en dejarla irse sin más.
- Querida… - soltó con una voz exasperantemente tranquila - ¿a dónde vas con tanta prisa?
- Lo siento, he quedado con… - trató de disculparse Hermione.
- No deberías ir tú sola por ahí – la cortó la chica. – Creí haberte advertido que no lo hicieras.
Inconscientemente, Hermione metió la mano en un bolsillo, para tener sujeta su varita. Bulstrode notó el movimiento y la agarró fuertemente por el cuello, empotrándola contra la pared.
- Ni sueñes con sacarla, querida – siseó fríamente. – Como se te ocurra moverte, despídete de este mundo.
Hermione se echó a temblar. Apenas podía respirar y le daba la sensación de que con un leve movimiento, la robusta muchacha podría lanzarla por los aires. Cerró los ojos, deseando con todas sus fuerzas que Slughorn saliera de su despacho, o que alguien, quien fuera, pasase por ahí.
- Bulstrode, suéltala – exigió una voz firme y calmada, como si fuera una respuesta a sus plegarias. La Slytherin se dio la vuelta rápidamente y se encontró con la dura mirada de Regulus Black.
- ¿Qué más te da? – le preguntó desafiante.
El chico simplemente se señaló su insignia de prefecto, y sacó la varita de la túnica con un movimiento lento y aburrido.
- He dicho que la sueltes – Bulstrode obedeció inmediatamente, sin dejar de mirarlo con furia.
- ¡Es una sangre sucia! – explotó - ¿Por qué la defiendes?
Regulus miró un momento a Hermione, como si tratara de averiguar si lo que decía su compañera era cierto.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó inexpresivamente.
- ¡Es una Gryffindor!
- Mi hermano también – indicó con voz mortífera. – Y espero que no pongas en duda la limpieza de su sangre.
- No es eso – se explicó, un poco acobardada. – Pero ella… ¡ella se ofendió cuando llamé sangre sucia a esa pelirroja repugnante que trata de embaucar a Potter!
Hermione dejó escapar un bufido. ¿Lily tratando de embaucar a James? Más bien era el revés… Se imaginó que a Bulstrode le debía parecer una ofensa terrible que una hija de muggles pudiera enamorar a un sangre limpia como James.
- Es una Gryffindor – replicó Regulus, citando sus propias palabras. – Todos se protegen entre ellos y se ofenden cuando alguien utiliza el término "sangre sucia" – fulminó con la mirada a la Slytherin y luego le ordenó: - Lárgate de aquí. Como vuelva a verte molestándola, te pasarás castigada hasta fin de curso.
No necesitó repetirlo dos veces. La chica se fue de allí rápidamente, farfullando maldiciones contra los sangre sucia, los Gryffindor y los prefectos intrometidos que no protegían a los de su propia Casa.
Regulus se acercó a Hermione y recorrió su cuello con la vista. Se fijó en que tenía unas marcas enrojecidas allí donde Bulstrode la había agarrado con brutalidad.
- ¿Estás bien? – le preguntó con cierta frialdad. – Esas marcas no tienen muy buen aspecto.
- No es nada.
Hermione tragó saliva nerviosamente. Siempre la intimidaba la presencia de Regulus, aunque él se comportara de una manera muy amable con ella. Se preguntó entonces si su actitud sería diferente si supiera que, efectivamente, ella era una "sangre sucia". "Por supuesto que sí", se dijo, "al fin y al cabo, es o va a ser un mortífago".
- Deberías ir a la enfermería – la aconsejó.
- No es nada – repitió.
- Aún así… Será mejor que te acompañe.
Estiró su mano para agarrarla por el brazo, pero Hermione se apartó, con un poco de brusquedad. Regulus se quedó quieto, sorprendido por el inesperado rechazo. Era la primera vez que Hermione lo veía con un gesto confuso, lo que hacía que su rostro luciera mucho más joven. Se arrepintió de haber sido tan desagradable, así que bajó la mirada y le susurró, un poco avergonzada:
- No te preocupes, ni siquiera me duele. Gracias por todo.
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James y Sirius entraron en su habitación arrastrando pesadamente los pies. Remus, que estaba intentado estudiar Pociones (había renunciado a volver a la biblioteca hasta que consiguiera centrarse), los observó con bastante indiferencia mientras guardaban la escoba en su baúl. Sin embargo, Peter se puso en pie y preguntó alegremente:
- ¿Qué tal el entrenamiento?
Sirius le obsequió con una mirada glacial. Cada vez que entrenaban terminaba mosqueándose con James por hacerlos trabajar tan duro y ese día no había sido una excepción. Desde que había discutido con Lily estaba más exigente que nunca, y como aún estaba un poco deprimido, él se sentía en el deber de contenerse para no gritarle que era un explotador. O para no lanzarle una bludger a la cabeza.
Remus lo miró significativamente y él asintió de forma casi imperceptible.
- Me voy a duchar – anunció ásperamente.
Lupin esperó hasta que oyó la puerta del baño cerrarse y entonces se levantó perezosamente. Miró a Peter, dubitativamente.
- Colagusano¿puedes hacerme un favor? – preguntó con amabilidad.
- Sí, claro – dijo el chico, un poco sorprendido.
- ¿Te importaría entregar este libro a la Señora Pince? Se me va a pasar el plazo…
Pettigrew parecía disgustado, pero no protestó. Tomó el libro de las manos de su amigo y salió del dormitorio. Satisfecho por haber conseguido quedarse a solas con James, Remus le sonrió y preguntó suavemente:
- ¿Qué tal estás, James?
- Cansado – respondió el chico con sinceridad, quitándose la empapada camiseta y lanzándola al suelo con gesto asqueado.
- Ya – concedió Remus, sin saber muy bien cómo abordar la cuestión. - ¿Y de otra manera?
James se dio la vuelta, extrañado.
- ¿Qué quieres decir?
- Sabes a qué me refiero… Últimamente estás un poco triste. Cosa normal, evidentemente.
Por alguna razón, James pareció enfadarse. Y Remus, en lugar de retirarse prudentemente, que era lo más recomendable en esa situación, decidió proseguir:
- Yo creo que deberías tratar de arreglar las cosas con Lily. No sé, tal vez debas disculparte o…
- ¿Disculparme yo? – preguntó indignado. - Te recuerdo que fue ella la que me ofendió. Leyó cosas privadas delante de todo el mundo…
- Bueno, pero era sólo porque estaba disgustada. Ya sabes cómo se pone cuando se enfada.
- Mira, Remus – murmuró James con ira contenida – sé perfectamente que adoras a Evans, pero defenderla en esta ocasión no me parece lo más apropiado.
- No estoy defendiéndola, sólo intento hacerte entrar en razón – replicó con calma. - Con ella ya hablaré más tarde.
- ¡Habla todo lo que quieras con ella! – soltó James, ya sin esforzarse en mantener la compostura. – Yo no pienso hacerlo… A fin de cuentas, no sé por qué te esfuerzas tanto. Te estoy dejando el camino libre: deberías alegrarte¿no?
Remus alzó las cejas, sorprendido por esa salida de tono. Durante unos instantes, su rostro se contrajo, como si las palabras de su amigo se hubiesen hecho corpóreas para golpearle con fuerza.
- No se te ocurra hablarme así – respondió fríamente. – Sabes que nunca he competido contigo ni he tenido intenciones de hacerlo. Mis sentimientos por Lily no tienen nada que ver con los tuyos, son puramente fraternales. Platónicos, si lo prefieres llamar de ese modo.
James agachó la cabeza, aceptando la reprimenda en silencio. Se había pasado y lo sabía. No tenía ningún derecho a echarle nada en cara a Remus, y menos sabiendo lo mucho que lo había apoyado siempre. El joven licántropo se dio cuenta de su arrepentimiento, así que suavizó el tono, como si nada hubiese pasado.
- Habla con ella, James. No merece la pena que eches por la borda todo lo que habías progresado. Tienes que intentar…
- ¿Queda algo que no haya probado ya, Remus? – preguntó James con voz atormentada. Parecía que se podría echar a llorar en cualquier momento. Suspiró, cerrando un momento los ojos. – Estoy cansado, Lunático – y su expresión demostraba que así era. – Demasiado cansado de luchar yo solo, sin obtener ninguna muestra de que esté funcionando… Ya no puedo resistirlo más, ya no quiero seguir haciéndome más daño. Si Hermione no está dispuesta a ayudarme a olvidarla, encontraré a alguien que sí lo esté.
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El sábado por la mañana, la sala común de Gryffindor fue testigo de una reunión de lo más insólita. Con motivo de una nueva tarea de Encantamientos, James, Sirius, Lily y Hermione se habían juntado en los asientos frente a la chimenea. La pelirroja le había suplicado a Hermione que accediera a realizar los deberes con ellos, porque no se sentía capacitada para estar con James a solas. Por supuesto, Hermione aceptó al instante, ya que los escasos momentos que compartía con Sirius casi siempre terminaban mal.
La tensión se mascaba en el ambiente, pero al menos lo poco que hablaban no era para insultarse. James estaba aún más callado de lo habitual en los últimos días y Lily escribía su parte del trabajo con la pluma fuertemente agarrada, como si temiera que fuera a escapársele. Por el contrario, Sirius no dejaba de inmiscuirse en lo que escribía Hermione o en los libros que utilizaba.
- ¿Cincuenta y dos líneas de introducción, Random? – preguntó alzando una ceja. – Es más que la descripción de los tipos de Encantamientos Ocultadores.
- Eso es porque lo has sintetizado demasiado – lo reprendió Hermione con tono acusador.
- Por algo se le llama "resumen".
- Pues resumes demasiado, Black.
- Al menos no copio literalmente el libro…
- ¡No lo estoy copiando! – rebatió ofendida. – Lo estoy completando con estos otros dos.
- ¡Oh, perdona! – dijo sarcásticamente. – Estas copiando literalmente más de un libro.
Hermione lo fulminó con la mirada, pero decidió seguir a lo suyo y tratar de fingir que Sirius no existía. Por su parte, Lily ya estaba más que harta de que James no le dirigiera la palabra. Para hacer cada uno la mitad del trabajo, bien podían hacerlo por separado y así ni siquiera tendrían que verse.
- ¿Vas a hablar del Fidelio tú, o lo incluyo yo en mi parte? – le preguntó. Hermione dio un respingo al oír el nombre del Encantamiento, pero lo disimuló con una oportuna tos.
- Como quieras – respondió James secamente.
- ¿Podrías dejar de mostrarte tan pasivo, por favor?
El Merodeador dejó la pluma sobre la mesa y miró a la pelirroja con el rostro inescrutable.
- Si quieres que lo haga yo, simplemente dilo. No hace falta que me pidas mi opinión.
- ¿Crees que trato de escaquearme o algo así? – preguntó indignada.
- No he dicho eso – respondió con fastidio. – Si quieres escribir sobre él, hazlo, y si no, ya lo haré yo.
- Te estás comportando como un crío.
En cualquier otra ocasión, James habría protestado, pero esta vez se limitó a encogerse de hombros. Por desgracia para Lily, se hizo evidente que lo que decía no era cierto. Suspiró, molesta. Le resultaba muy difícil enfrentarse a él cuando no podía esperar la misma actitud que de costumbre.
- ¿Se puede saber qué te pasa? Mira, si no quieres hacer la redacción conmigo, podemos hacerlo cada uno por nuestro lado; y así todos contentos.
- Me da igual – contestó con desgana. - ¿Qué quieres tú?
Lily cerró los ojos y se sujetó las sienes. Respiró pausadamente, tratando de calmarse y que la ira que sentía no se apoderara de ella. No lo consiguió.
- ¿Qué demonios te pasa, Potter¿No vas a dar una sola respuesta directa?
- No quiero discutir contigo, Evans – declaró con gravedad. Se puso en pie y recogió sus cosas. – Cuando acabes de hacer tu parte, me la entregas y ya haré yo el resto.
Diciendo esto salió por el hueco del retrato, dejando a Lily pasmada. Desde que lo conocía, se podían contar con los dedos de una mano las veces que lo había visto tan serio. Y en lo que llevaban de curso, iban ya dos veces. Enrolló su propio pergamino, enfurruñada y se despidió atropelladamente de Sirius y Hermione, mascullando algo que sonó parecido a "biblioteca".
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Sirius suspiró con evidente cansancio. Hacía casi tres horas que James y Lily se habían marchado y no había vuelto a aparecer ninguno de los dos.
- Por favor, Random – dijo con exasperación. - ¿Quieres dejar el trabajo en paz de una maldita vez¡No hay nada más que podamos poner!
- ¡Claro que sí! – rebatió Hermione ofendida. – Siempre se puede mejorar…
- Eres insoportable – murmuró.
- ¿Quieres dejar de protestar? No te estoy pidiendo que lo hagas tú, pero no puedes quitarme que…
- ¡Sí que puedo! – la cortó, inclinándose hacia ella y arrebatándole el pergamino, que medía casi un metro. – Te recuerdo que también es mi trabajo.
Hermione miró sus manos estupefacta, como si no hubiese asimilado que ya estaban vacías. Se sintió tan indignada por el robo que ni siquiera fue capaz de formular una protesta.
- Devuélvemelo, Black – dijo finalmente, entrecerrando peligrosamente los ojos.
- Ni hablar – respondió Sirius mirando a la pared, en un extraño (e inútil) intento de fingir que la estaba ignorando. – Tengo una reputación que mantener. Mis redacciones son específicas, directas y escuetas. Y… - añadió con orgullo – siempre obtienen un Extraordinario.
- Déjame que lo ponga en duda.
- Pregúntale a quien quieras – la incitó con indiferencia, encogiéndose de hombros.
- No tienes derecho a decidir tú solo cuando…
Se cortó abruptamente porque, de forma inesperada, Sirius se echó sobre ella. Sujetó suavemente su mentón para levantarlo y poder observar su cuello con detenimiento.
- ¿Qué te ha pasado? – preguntó, muy sorprendido.
- Na… nada – mintió Hermione, nerviosa por la cercanía del chico.
- ¿Cómo que nada? – por alguna extraña razón, parecía muy enfadado. - ¿Quién te ha hecho esto? – preguntó de nuevo, con voz amenazadora.
- No es nada – replicó, liberándose de él de un manotazo.
Trató de subir a su habitación, pero Sirius la siguió y la alcanzó antes de que llegara a las escaleras. La agarró por los hombros y la acercó a él, para evitar que intentara escaparse de nuevo. A Hermione se le cortó la respiración. Sentía el contorno del Merodeador completamente pegado a su espalda. Y para más desgracia, su intenso aroma se apoderó de ella.
- Dime quién se ha atrevido a ponerte la mano encima – la urgió con voz enronquecida.
Hermione no respondió. Jamás un chico la había tratado de esa manera. Sirius a penas la conocía y se permitía una confianza a todas luces excesiva, pero era incapaz de reclamarle. ¿Cómo iba a hacerlo si parecía tan preocupado por su bienestar?
- ¿Ha sido Snape? – trató de averiguar, cada vez más alterado.
- ¡NO¡Claro que no! – reaccionó por fin, dándose la vuelta para encararlo. - ¿Por qué piensas que…?
- ¿Te lo ha hecho algún chico? – la interrumpió ásperamente. - ¿Han tratado de obligarte a hacer algo que no querías?
Hermione se quedó con la boca abierta. ¿De verdad creía eso? Los ojos de Sirius parecían arder en llamas, consumido por la rabia que le causaba pensar en esa posibilidad. Nunca lo había visto tan furioso, ni en su madurez ni en su adolescencia, y daba muchísimo miedo. Parecía capaz de estallar de un momento a otro, como una bomba incendiaria.
- No… sólo ha sido una disputa entre chicas – terminó por confesar, demasiado intimidada como para seguir mintiéndole.
Sirius se inclinó hacia ella, ya que la diferencia de estaturas era muy evidente, y la miró fijamente a los ojos. Volvió a agarrarla por los hombros y sólo dijo una palabra:
- ¿Quién?
- Bul… Bulstrode – se le escapó a Hermione. Le resultaba imposible ocultarle algo si la estaba taladrando con su mirada.
El padrino de Harry la soltó y apretó un puño hasta que los nudillos le quedaron blancos. Sin decir nada más, se dio la vuelta y comenzó a andar a grandes zancadas en dirección a la salida de la torre. Hermione tardó unos instantes en darse cuenta de lo que pretendía hacer. Lo siguió, pero no consiguió ponerse a su altura antes de que abriera el hueco del retrato.
- ¡Sirius, espera!
El Merodeador no se detuvo. Si se percató de que lo había llamado por su nombre, no hizo ningún gesto que permitiera suponerlo. Hermione, al borde de la desesperación, echó a correr y lo agarró por el brazo. Ni siquiera así fue capaz de hacer que se parase. Simplemente siguió andando, arrastrándola a ella en el proceso. Viendo que sus esfuerzos eran inútiles, lo soltó y se puso delante de él, frenándolo con sus brazos extendidos.
- ¿Qué vas a hacer? – le preguntó en un susurro angustiado.
- Voy a dejarle claro a esa víbora que no puede tratarte así y quedarse tan tranquila.
- ¡No! – pidió Hermione, tratando de que esas palabras no hicieran demasiada mella en sus ánimos. – No tiene importancia, de verdad. No volverá a hacerlo.
De forma inconsciente, deslizó sus manos sobre el pecho de Sirius, hasta llegar a sus hombros. Los sujetó con firmeza, temiendo que volviera a escapársele. El chico pareció reaccionar al sentir los fríos dedos de Hermione rozando su cuello. Se quedó completamente inmóvil, jadeando ligeramente por la rabia acumulada y con el corazón latiéndole violentamente dentro de su tórax. Permaneció así unos segundos, que a ambos les parecieron horas, inmersos como estaban en la mirada del otro. Finalmente, Hermione pareció ganar esa batalla silenciosa y Sirius relajó sus músculos. Tomó las manos de la joven entre las suyas, para retirarlas de sus hombros. Con ellas aún bien sujetas, le preguntó en un tono ya más suave:
- ¿Por qué no va a volver a hacerlo¿Cómo lo sabes?
- Tu hermano la vio y la amenazó con castigarla si volvía a molestarme. Creo que le hará caso.
Su explicación fue como una bofetada. La soltó rápidamente, igual que si lo hubiera quemado.
- ¿Regulus? – preguntó en un murmullo.
Hermione asintió, confusa por su reacción. Sirius tensó la mandíbula y se dio la vuelta de regreso a la torre, sin volver a mirarla, dejándola aún más extrañada que antes.
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Tengo un poco de prisa en estos momentos, así que haré el resumen al inicio del próximo capítulo. Sólo quiero aclarar una cosa:
La idea de que Lupin estuviera enamorado de Lily es antigua, y yo me he limitado a seguir una declaración de JK Rowling en la que afirmaba que "Lupin tenía mucho cariño por Lily, pero no competía contra James por ella".
Un beso enorme para todos/as y ¡hasta pronto! Como siempre, los comentarios son muy bien recibidos.
