Calla el viento
presagiando el sufrir
con su silencio
Akane avanzó por el laberinto de callejuelas que conformaba la zona residencial de Nerima. Había pasado una semana desde su temeraria decisión y las cosas era demasiado asombrosas para creerlas.
Aún no conocía a su prometido; pero ciertamente habían desfilado ante su puerta, sin darle respiro, la organizadora de eventos, el contador privado de Saotome, uno que otro abogado, una modista exclusiva y numerosos mensajeros con los regalos que comenzaban a llover.
Incluso Kasumi estaba impresionada con tal despliegue y trató, para su sorpresa, de persuadir a Nabiki para que cambiara de opinión. Sin embargo, su hermanita se limitó a murmurar "Pero...yo amo a Tatewaki y estoy comprometida con él".
En fin, que pronto estaría casada.
Volviendo a la realidad dobló en una esquina y cruzó la calle hacia un negocio de comida rápida llamado 'Dai-hanten'. Entró y se encaminó directo a la cocina. Sabía que Hapossai estaría allí.
─¡Señorita Akane! ¡Qué sorpresa! ─dijo el anciano, con afecto evidente, mientras abandonaba la tarea de picar verduras para ir a su encuentro y abrazarla efusivamente.
─¡Happy! ¡Tenía tantas ganas de verte! ¿Cómo has estado? ¿Como van las cosas por aquí? ─saludó Akane tratando de sonreír con normalidad; cosa que, por supuesto, no consiguió, porque el anciano permaneció mirándola por largo rato antes de preguntar:
─¿Qué le pasa niña? ─inquirió el hombre mayor con concernimiento─. No parece muy feliz.
Akane contuvo el deseo de echarse a llorar. Happy había sido para ella una especie de niñera cuando su madre había muerto al darla a luz, así que sabía que no podía engañarlo, y tampoco deseaba hacerlo. Al menos era alguien de confianza con quién hablar sobre las cosas que la inquietaban. Tal vez, por eso había sentido el impulso de ir a buscarlo en ese preciso momento en que su vida estaba de cabeza y la boda se aproximaba.
─Mira ─la joven levantó la mano para mostrarle la preciosa gema, que, montada en el aro de platino, refulgía orgullosa─. Llegó ahora, junto con el contrato prematrimonial.
─¡Cielos! ¡Debe pesar una tonelada! ─bromeó el viejo y luego sacudió la cabeza con tristeza─. Con todo respeto niña, aún no entiendo ¿Qué se le metió en la cabeza para aceptar esa descabellada idea?
─Dime, Happy ¿Recuerdas cuando nos escapamos aquella noche para asistir a esa exhibición de artes marciales callejeras donde Taro participó? ─Taro era el hijo adoptivo de Happy y era un peleador consumado, triunfador indiscutible de los combates clandestinos en la ciudad.
─¡Ni lo mencione niña! ¡No debí llevarla! ¡Su padre me mataría si se enterara!
Akane se encogió de hombros, restándole importancia al hecho. Por lo que a ella tocaba, su padre no era capaz de matar ni un mosquito, además de que a Soun Tendo poco le importaba lo que ella hiciera con su vida; siempre y cuando no le gritara.
─¿No recuerdas aquel altercado que tuviste con un hombre que te acusó de intentar robarle la cartera cuando yo tropecé con él?
─El tipo del cabello largo que me dijo: ¡Usted y su maldita mujerzuela me las pagarán!
─Ese mismo es Ranma Saotome ─confirmó Akane, con voz ligeramente alterada.
─¡Quien lo hubiera pensado! ¡Un hombre respetable ofendiendo de esa manera a una señorita decente como usted! ─el anciano suspiró con tristeza─. ¡Vivir para ver!
─No sé que hacer Happy ─confesó Akane con voz triste─. Al principio parecía buena idea pero... yo no soy lo que él cree y espera... ¿Cómo evitarle la decepción?
─¡Usted es mucho más de lo que un tipo como él merece niña! ─contestó el viejo con pasión─. ¡Nunca lo olvide! ─el anciano la miró a los ojos, en actitud retadora─. Dígame señorita ¿Recuerda esa pelea? ¿Recuerda a Taro?
─Por supuesto ─sonrió Akane, pensando en el simpático hijastro de Happy, con quien solía sostener alguno que otro combate de práctica cuando el viejo se alejaba lo suficiente─. Aún es invencible ¿No?
─Así es... ¿Y sabe usted porqué?
Akane pensó por un momento en el guerrero. Taro poseía una constitución física envidiable y una agilidad por completo sobrehumana, además de mente rápida y talento para encontrar salidas a situaciones complicadas. Todo ello lo había convertido en el peleador consumado cuyo nombre era garantía de éxito en el bajo mundo. Sin embargo, a pesar de todo cuanto había considerado, se encontró incapaz de dar una respuesta satisfactoria a Happy, así que negó con la cabeza, aguardando en silencio lo que Happy diría a continuación:
─Taro nunca se rinde ─afirmó el hombre con convicción─. Él sabe que la pelea sólo termina cuando se da por vencido. Ese es, sobre todo el secreto de su éxito... y la vida, señorita Akane, se parece mucho a un combate de artes marciales: uno da y recibe golpes; pero al final, el triunfo es para aquel que se siente capaz de ganarle a su rival, sin importar cuán lastimado esté ─el viejo aferró sus manos con fuerza, sin dejar de mirarla─. ¡Nunca se rinda señorita Akane! ¡No permita que nadie la humille!... Usted también es una guerrera, y tiene la astucia suficiente para vencer a cualquiera ¡Créame!
─Gracias Happy ─contestó Akane con los ojos brillantes─. Creo que hice bien en venir a verte, tú siempre consigues animarme... ¡Cielos! ¡La modista vendrá dentro de quince minutos! ¡Debo darme prisa o mi padre y mi hermana se enfadarán!─sin más Akane salió de la cocina y del restaurante, de vuelta a la residencia, sin duda.
─"¡Maldito sea!" ─pensó el anciano para sí mismo─. "Si no se porta como debe con ella... ¡Lo mataré con mis propias manos...!"
