Capítulo 7: Disculpas

Demelza no sabía cómo procesar lo que Caroline le había dicho. Sabía que Ross había ido a Londres para agradecerle en persona por haberlos salvado de la prisión de deudores, la deuda que tenían con ella y con Dwight más grande de lo que cualquiera de ellos podía imaginar, pero Ross nunca le comentó acerca de ningún plan para reconciliarlos, no que hablaran mucho en aquellos días, y ella no fue precisamente justa con Caroline, ni con Ross si era honesta consigo misma, cuando el le habló de la identidad de su benefactor misterioso.

No podía creer que Ross se hubiera entrometido en los asuntos de otras personas, más de una vez la había regañado por hacer lo mismo y ella había aprendido la lección de la manera difícil con su experimento con Verity y el capitán Blamey, y aunque eso había resultado en un matrimonio exitoso tuvo graves consecuencias para muchas otras personas, incluida su propia familia. Así que ahora pensar en Ross haciendo exactamente lo mismo por otra pareja que merecía ser feliz porque era lo que ella habría hecho no encajaba en la percepción que tenía de Ross en estos días.

Estaba aún más confundida por la visita de Verity. Al parecer Ross podía arreglar la relación de sus amigos pero no podía hacer lo mismo por su propio matrimonio, así que tuvo que decirle a Verity, no quería hacerlo, no quería arruinar la imagen que Ross tenía a los ojos de su prima, pero fue tan insistente, diciéndole que Nampara no era lo mismo sin ella, que Ross necesitaba su atención, que el lugar de una señora estaba en su casa con su familia, así que al final tuvo que hacerlo.

'¡Mi querida Demelza, no puedo creerlo!'

'Yo no puedo creer que Ross te enviara aquí para decirme estas cosas sin...' -se detuvo, no quería hablar mal de Ross. –'Verity, ya está en el pasado. Jeremy y yo estamos cómodos aquí por ahora y puedo ganarme la vida...'

'¿Puedes? ¿Sin él?'-preguntó Verity, todavía sorprendida.

'Esta no fue mi elección. Todo ese tiempo... ya sabes lo que soporté por él, no me arrepiento, el me dio una vida que nunca ni siquiera soñé para mí, una vida que ni siquiera sabía que existía. Pero el también me la quitó y me pidió que aceptara lo que pasó como si todo lo demás fuera algo que no merecía, algo que no estaba bien para mí...'

'Por supuesto que te lo mereces Demelza, construyeron esa vida juntos, los dos.'

Los ojos de Demelza brillaban con lágrimas sin derramar, no estaba dispuesta a quebrarse de nuevo.

'Sé que te preocupas por el Verity, pero no puedo hacer nada que el no esté preparado para hacer.'

'¿No puedes perdonarlo entonces?'

Una sonrisa irónica se dibujó en el rostro de Demelza.

'¿Perdón? No creo que Ross lo necesite, al menos nunca lo pidió.'

'Demelza, por supuesto que lo necesita y también te necesita a ti, te extraña, está perdido sin ti.'

Demelza le sonrió, pero una lágrima rebelde escapó de sus pestañas.

'Querida Verity...'

'Y tú también lo extrañas, ¿verdad?'

Demelza no quería decir más, así que pasaron el resto del día jugando con los niños, por lo menos con Jeremy y Andrew Jr. sonrió, comió y durmió en los brazos de la hijastra de Verity durante casi toda la tarde. Antes de irse a la cama Verity escribió una carta a Ross y la envió con Prudie temprano por la mañana.


Los días que siguieron fueron casi iguales. Un par de días en la semana Demelza iba a visitar a algunos pacientes por la mañana y el resto la gente venía a la cabaña y ella los atendía en el granero, la Sra. Martin la ayudaba y Jinny alimentaba y jugaba con los niños mientras esperaban. Prudie por lo general se quedaba con Jeremy y los niños Martin dentro de la casa, preparaba el baño para cuando Demelza terminaba con las consultas y horneaba o cocinaba lo que Demelza hubiera preparado el día anterior. Después de que los tres almorzaran, Demelza se encargaba de las tareas que Prudie había dejado sin hacer, siempre pasaba tiempo con Jeremy, le leía y le enseñaba los números y las letras de la manera que Ross le enseñó a ella. El niño era muy listo para su corta edad, ya podía escribir su propio nombre y mamá y papá; Ross le había regalado unos cuantos libros para colorear y otros con palabras y dibujos de animales que Jeremy adoraba. "Eres tan rápido aprendiendo como tu mamá", era el mayor cumplido que Ross le decía después de que Jeremy hubiera hecho o dicho algo inteligente, y el niño se esforzaba por sacar esas palabras de la boca de su padre. Ross venía todas las tardes para pasar tiempo con su hijo, a veces un poco más temprano para poder llevar a Jeremy a cabalgar en Darkie mientras aún estaba soleado. Demelza utilizaba este tiempo para preparar la cena y la comida para el día siguiente. No le contó a Ross lo que le había dicho Caroline, pero lo mantuvo presente en su mente, incluso cuando no hacía nada para acercarse a él ni le daba ninguna señal de que algo había cambiado, algo en realidad estaba cambiando.

Cuando enero estaba llegando a su fin, el clima en la costa de Cornwall era más frío que nunca. La niebla cubría los campos hasta bien entrado el día, y el viento se turnaba con la lluvia por las tardes. La casa parecía crujir por el látigo de viento cuando Ross llegó empujado por su fuerza, pero sólo encontró a Jeremy y a Prudie en el salón de la cabaña.

'¿Dónde está Demelza? ¿Ha salido con este día?'

'Esta en la cama.' –contestó Prudie y le dirigió una mirada extraña.

'¿Está bien?'

'Ha estao enferma desde la mañana' -dijo en voz baja para que Jeremy no pudiera oír.

Y entonces lo sintió. De repente algo le oprimió el pecho, la preocupación de que pudiera estar enferma, que pudiera contagiarse algo de la gente que atendía o peor, con este frío... la única vez que Demelza había estado en cama aparte del nacimiento de sus hijos o de aquel día después de su aventura, fue cuando casi la perdió, cuando perdieron a Julia. Subió los peldaños de la escalera de dos en dos, ignorando las quejas de Prudie de que la señora necesitaba descansar. Cuando estuvo frente a la puerta de su dormitorio tuvo que detenerse a tomar aire, apretando sus puños una y otra vez para tratar de calmarse. Golpeó a la puerta y esperó a oír su voz.

'¿Sí?'

Cuando Ross entró en la habitación no encontró a su esposa en la cama sino sentada cerca de la ventana, envuelta en una manta. De inmediato notó la falta de muebles en la habitación, dándose cuenta de que nunca había estado allí después de mostrarle a Dwight la vieja cabaña hacía tantos años. Sólo había una cama, la silla donde estaba Demelza y una mesita. Había un pequeño fuego en el hogar que mantenía la habitación en una temperatura acogedora, pero la ráfaga de viento colándose por la ventana estaba congelada.

'Ross, no te oí llegar, debo haberme quedado dormida.'

Ross soltó un suspiro de alivio. Parecía pálida y un poco adormilada, pero no había indicios de una enfermedad grave. Al menos no desde el exterior. Fue a avivar el fuego para resucitar sus llamas moribundas.

'Prudie me dijo que estabas enferma. ¿Como te sientes?'

'Estoy bien'- dijo ella todavía un poco somnolienta.

Ross cruzó la habitación y antes de que ella pudiera hablar de nuevo puso la parte posterior de su mano en su frente.

'No tengo fiebre. Puede que haya comido algo podrido.'

Los dedos de Ross permanecieron en la cara de Demelza más de lo necesario.

'Igualmente deberías estar acostada, cogerás un resfriado en esta corriente de aire.'

'Estoy bien Ross. De verdad.'

Demelza ya se sentía mucho mejor, pero también quería dormir. Se levantó y fue a dejar el libro que sostenía en la mesita y la manta que la rodeaba empezó a caer de sus hombros. Las manos de su esposo estuvieron allí antes de que ella misma pudiera alcanzarla, él la levantó y rodeó su espalda y cuello con ella, su mano sosteniéndola por delante sobre su pecho.

'Gracias... creo que me recostaré un momento' -susurró sin mirarlo.

Él la ayudó a llegar a la cama, la abrió, tomó la manta de sus hombros y la cubrió con las sábanas y frazadas hasta que todo lo que pudo ver de ella era su rostro redondo y sus rizos rojizos. Se sentó sobre las mantas por un momento, la expresión de preocupación nunca abandonando su rostro. Tanto tiempo separados, era la primera vez que le permitía estar tan cerca de ella sin protestar ni hacer comentarios amargos, aparte de Navidad por supuesto, pero ella misma había dicho que esa vez no contaba. Estaba ansioso y preocupado al mismo tiempo, ella parecía tan tranquila y él no pudo evitar estirar su brazo y envolver uno de sus rulos en su dedo. Demelza abrió entonces sus grandes ojos azules.

'¿Realmente estás bien Demelza?' -dijo y apartó la mano.

'Sí, Ross, solo un poco cansada. Estaré bien después de una noche de sueño.'

'Tal vez deberías comer algo, le diré a Prudie que te traiga una sopa.'

'No, Ross. No quiero comer.'- El solo pensar en la sopa de Prudie le hizo revolver el estómago. Se sentó en la cama para evitar la sensación y se sintió un poco más despierta, se dio cuenta de que Ross estaba sentado en su cama, su mano sobre una de sus piernas por encima de las mantas.

'Estaré bien, puedes irte ahora.'

'Puedo quedarme, si me dejas, puedo quedarme y cuidar de ti'

'Ross... solo estoy cansada y necesito dormir, eso es todo'

Ross asintió y lentamente se levantó de la cama y se dirigió a la puerta, la abrió pero no salió sino que se dio la vuelta para mirarla nuevamente con la misma lentitud con que había caminado hasta allí. Demelza se estaba acomodando debajo de las mantas nuevamente pero dejó de moverse sosteniendo el peso de su cuerpo en un codo cuando Ross comenzó a hablar de nuevo.

'Demelza...'

Volvió junto a la cama y después de un momento de vacilación se arrodilló a su lado agarrando sus manos en las suyas.

'Demelza, todo lo que quiero hacer es cuidarte, y a Jeremy, ustedes dos son lo más importante... nuestra familia es lo que más me importa en el mundo, lo sabes. Sé que te defraudé, que te traicioné y te tomé por sentado, y que te lastimé y yo... yo lo siento tanto Demelza, no merecías sufrir ningún daño. Lo siento, no pasa un día sin que lo lamente. Yo fui tan estúpido, estaba tan ciego...'

Demelza intentó liberar sus manos pero él no la dejó.

'...y estoy perdido sin ti. Desde que volví de América he estado tratando de arreglar mi vida, mi casa, tratando de dar trabajo a mis amigos, hacer que esas malditas minas produzcan algo, de darnos una vida y tú estuviste allí todo durante todo el camino, a mi lado y sí... tal vez a veces estaba tan sumergido en todo eso que no me di cuenta que estabas allí... Fui un idiota. Y ahora, ahora que tengo todo por lo que tanto luchamos, no significa nada sin ti mi amor, lo daría todo si eso te hiciera volver a mí...'

La voz de Ross se quebró por la emoción, su corazón abierto de una forma en que nunca había estado antes. Demelza no pudo evitar llorar, escuchando al fin lo que tanto ansiaba oír de él.

'...Y ella, ella ya no significa nada para mí, nunca fuiste la segunda, pero si te sentiste así me disculpo una vez más y te prometo Demelza, voy a vivir el resto de mis días para que sepas lo mucho que te amo.'

Él soltó sus manos para que ella pudiera secar sus lágrimas con las sábanas.

'Ross... yo... no sé qué decir' -dijo entre el hipo y las lágrimas que caían por sus mejillas.

'Está bien cariño, no tienes que decir nada ahora, sólo... descansa un poco.'

Le besó ambas manos y la volvió a cubrir con las mantas y se dirigió a la puerta.

'Ross,'- le llamó cuando estaba a punto de salir.- 'Gracias. Por decir eso.'

Él asintió y se fue.


Incluso después de lo que Ross le había dicho, Demelza se durmió apenas el salió de la habitación, realmente estaba muy cansada y necesitaba una buena noche de sueño. Se despertó a la mañana siguiente cuando el primer resplandor de luz entró furtivamente a través de la ventana. Se lavó, se vistió, se peinó y bajó las escaleras para preparar el desayuno. Lo vió con el rabillo del ojo, Garrick estaba descansando en su lugar habitual frente al hogar, pero había algo más a su lado. Ross estaba envuelto en un montón de mantas, sentado en el sillón, con las piernas estiradas al fuego cerca del perro. Demelza se inclinó a su lado y le tocó suavemente el hombro para despertarlo.

'Ross...'

'Mmm... ¿qué? ¿Estás bien?'

Se sentó desperezando su espalda. Había dormido incómodo allí, al lado del ahora viejo perro, despertando a cada hora para revisar a Demelza. Ella no lo escuchó ni siquiera una vez, cada vez le tocaba la frente buscando algún signo de fiebre y la arropaba cuando que ella se destapaba en su sueño. Él la miró ahora, su rostro había recuperado el color, sus mejillas aún suaves por la noche de descanso.

'Te dije que estoy bien... ¿Dormiste aquí?'

'Sí. Estaba preocupado, no hubiera podido pegar un ojo si me iba a Nampara.'

Ella lo miró fijamente un momento, sus rizos mas rebeldes que nunca, tenía el pelo demasiado largo. Ross se puso de pie, las mantas cayendo a sus pies, la camisa por fuera de los pantalones.

'Todavía hay agua caliente en mi habitación si quieres lavarte' -dijo ella.

'¿Estás segura de que estás bien?'

'¡Sí, Ross!'

Él la miró con una sonrisa juguetona y se dirigió a su habitación, no sin mirarla de nuevo cuando su cabeza estaba a punto de desaparecer en el primer piso, ella tambien lo estaba observando cuando el se volvió y le sonrió completamente esta vez, pero no se detuvo a esperar su reacción.

Antes de entrar en el dormitorio principal, Ross fue a ver a Jeremy que todavía estaba dormido. No era habitual que viera a su hijo por las mañanas, y no sólo ahora, se le ocurrió pensar que en los primeros años de la vida de Jeremy había sido un padre ausente, podía decirse a sí mismo que el recuerdo de Julia se interpuso, el temor de dejar que otro niño entrara en su corazón y luego lo rompiera como la primera vez fue la razón, pero se estaría mintiendo a sí mismo. Fue otro de sus errores. Pero él estaba arreglando ese error, poco a poco, día a día. Estar con él era su único consuelo desde que se separaron, ahora atesoraba esos momentos y tal vez después de la noche anterior lo mismo podía suceder con Demelza, si él se quedaba junto a ella tal vez podría recuperar su confianza, su amor. Tenía que hacerlo, de lo contrario no sabría qué hacer. Fue a lavarse a su dormitorio.

Oyó a Demelza acercarse a la habitación de Jeremy y al cabo de un momento también escuchó la voz de su hijo, Ross regresó allí y se paró en la puerta viendo a Demelza limpiar la cara del niño y la parte superior del cuerpo con un paño húmedo mientras hablaban de lo que Jeremy había soñado durante la noche. No fue hasta que terminaron que el niño lo vio.

'¡Papá!' -el muchacho corrió hacia sus brazos.

'Buenos días hijo.'

'¿Quieres jugar a las canicas conmigo?'

Ross sonrió a su infatigable hijo.

'Sí quiero, pero tal vez en otro momento. Tienes que desayunar y yo tengo que ir a trabajar.'

'Y tienes que terminar de vestirte Jeremy. ¿Chaqueta azul o marrón, mi amor?'- Demelza dijo sosteniendo ambas piezas de ropa en sus manos mostrándoselas.

'¡Mmm... azul!'

'Muy bien, azul será'

Demelza se acercó a ellos y terminó de vestir a Jeremy en los brazos de Ross. También le peinó el cabello y después de que terminó el niño bajó de su padre y fue a buscar sus canicas dejando a sus dos padres parados cara a cara.'

'Eres tan buena madre'-le dijo Ross.

'Solo soy una madre, no sé cuan buena soy'-dijo encogiéndose de hombros y volviéndose para acomodar el dormitorio.

'Eres una excelente madre Demelza'

Ella lo miró por un momento...

'Tu también eres un buen padre Ross'

'Tonterías. No lo soy, ambos lo sabemos, no hay por qué negarlo.'

'Quizás eso fuera cierto una vez, pero no es así ahora. Los últimos meses... has sido bueno con él, eso es lo que importa.'

Ross no podía pensar qué decir, era el primer cumplido que recibía de su esposa desde aquella noche. Demelza, dándose cuenta de que el no sabía que más decir, volvió a su limpieza.

'Iré a la mina...'

'¡Oh!'-se volvió hacia él una vez más-'¿no te quedarás a desayunar?'

Ahora Ross no sólo estaba sorprendido, sino también un poco asombrado por la invitación.

'Sí, quiero decir, si quieres que... si me dejas...'

Se encogió de hombros una vez más, pero no había rastro de tristeza ni ironía en su rostro.

'Sí. Me gustaría eso'- el dijo de nuevo.


Próximo Capítulo: El Accidente

NA: Gracias por leer!