El tiempo pasó verdaderamente rápido. Luego de saber que Sakura estaba embarazada ella y papá se casaron, fue una boda maravillosa, privada, pero elegante, glamurosa y muy hermosa. Ellos cada día están más unidos y más enamorados, son una pareja a la envidio, sanamente claro, algún día cuando me case quisiera que el amor con mi pareja fuese así, sano, puro y duradero.

Cuando nació la pequeña Akemi, todos se alegraron mucho y vinieron a conocerla, era una bebe muy linda y saludable, de ojos verdes un poco más oscuros que los de mamá y el cabello tan negro como papá. A mí siempre me dejaron cuidarla, le contaba historias sobre princesas y príncipes con castillos y dragones, y a pesar de que muchos decían que iba a tenerle celos porque ella sería el centro de atención de mis padres por ser la primera hija biológica, fue todo lo contrario, no sentí celos, ella se convirtió en mi centro de atención, juré protegerla siempre, cuidarla y respetarla, y sobre todo con papá acordamos golpear a todos los chicos que la hicieran llorar.

Él se hizo muy amigo de Harumi, la hija mayor de Naruto y Hinata, una preciosa niña de 6 años con el cabello rubio cayendo hasta su cintura y sus grandes ojos perlados inundados de inocencia, aunque muy traviesa y manipuladora con su amado padre. Les gustaba pasar mucho tiempo junto cuidando de sus hermanitos menores, ella tenía a Ryu, de un año, y él a Akemi de 2 meses.

Al transcurrir el tiempo, Harumi y Kodoku se convirtieron en novios, y más adelante en prometidos, mientras sus hermanos menores son muy apegados.

Kodoku prometió que cuidaría siempre de todas las personas que ama, a cada uno los protegería con la vida, y les daría todo para que fueran felices, porque la felicidad es lo mejor que existe en este mundo, a veces inundado por la tristeza pero siempre con esperanza.

Sin duda a su madre no la olvida. No solo por lo que le hizo vivir, sino porque gracias a ella, él conoció a Sakura y luego a Sasuke y ellos le devolvieron la felicidad, pasar todos los días riendo como debería ser.

Y ahora mientras una mujer con algunas arrugas en el rostro sale a recoger una carta en el piso dejada por un joven de 18 años que se esconde en su auto deportivo último modelo escribiendo una información en su portátil, ella levanta el sobre y sonríe en dirección al auto, a lo que el joven responde de igual manera. Él se alegra de que su madre ya no esté en el mundo de la prostitución y la droga, y que esté en una casa alejada de los problemas viviendo de manera tranquila con un hombre que le aporta amor y felicidad. Kodoku hizo su promesa, cuidar de todo al que ama, incluyendo la mujer que le hizo una mierda su infancia, porque a ella la ama demasiado y siempre la ayuda dejándole dinero y contándole como va su vida, en un sobre fuera de su puerta.

Entró en su mansión, en donde le esperaba su sonriente y joven madre, siempre tan hermosa y elegante, siendo abrazada por su padre, el único hombre que la merece.

Cariño, te ha llegado la carta de la Universidad de Tokyo – Dijo ella ansiosa.

Vamos hijo, veamos que dice – dijo alentador su padre

Amor, ya he llegado, ¿que decía? – una jadeante y despeinada Harumi entraba corriendo a la mansión.

Harumi, te ves hermosa – le saludó con un beso y una sonrisa mientras ella se sonrojaba.

Ya no importaba si lo rechazaban, buscaría otra universidad, a pesar de ser la mejor en todo Japón, y de haberse esforzado mucho para entrar, ya estaba completo, se sentía feliz por estar con su familia y muy agradecido de la vida, el destino o lo que fuese que lo tuviese en ese lugar.

Abrió la carta con varios ojos puestos en su reacción.

Daba igual el hecho de irse a estudiar a Tokyo, le daba igual todo, porque nada se compara con lo feliz que es estando con ellos.

Estiró la hoja preparándose a leer la primera línea.

Y en ese momento supo, que no daba igual, que si era importante, porque si se convertía en un gran abogado estando en aquella universidad, podía proteger a más personas y no solo a su familia, protegería a todos los niños que han tenido una infancia como la suya, les daría una mejor vida. Y eso claro que no daba igual, él quería ser el mejor, ser el mejor para cuidar de esos niños.

Y sus ojos se enancharon enormemente, sus ojos azules no daban más de la impresión, en esa carta se jugaba su futuro y el futuro de muchos niños. Lo miraron apenados, sabían cuánto se había esforzado para aquello. Debería ahora buscar otra universidad y tal vez otra carrera.

La hoja cayó de sus manos, llegando al suelo y dejando ver las letras en negrita que decían…

"Felicidades Tora Uchiha Haruno, usted ha sido aprobado para estudiar en la Universidad de Tokyo la carrera de Leyes en Protección a los derechos del niño…"

Sasuke sabía que Kodoku no era un nombre para él. Tora, tigre, el que es tan fuerte como el tigre. Porque él es fuerte, ha tenido un pasado duro y a pesar de eso, tiene la fortaleza de luchar por los que no han podido. Sin dudas estaba muy orgulloso de su hijo y de su familia.

Te amo, Sasuke.

Y yo te amo a ti, Sakura.