Antes de leer, les comunico que a pedido de Murtilla, el siguiente capítulo (ya disponible) es un Glosario con algunos de los términos que se han mencionado. A ver si se aclaran un poco las cosas =)
Como siempre, capítulo dedicado a quienes fielmente siguen esta historia: Kuroneko 1490, SuicideFreakWord, Sinideas, CuquiLuna3 y Murtilla.
Ahora sí, ¡a leer!
Capítulo 7: Brahma VII
Sintió los ojos de Demelza profundamente clavados en su frente, traspasando su propio intento de concentración. Para la tercera vez que se le escapaba el tenedor de las manos, casi pudo imaginarla entrecerrando los ojos sospechosamente.
Harry se lamió los labios y casi como si sus sentidos hubiesen sido llamados, escuchó la voz de Malfoy entre toda la multitud de magos y brujas en el comedor. La maldita aguja del pajar. Entonces se frotó nerviosamente el dorso de su mano izquierda, repetidas veces sobre su barbilla.
-¿Nos dirás qué sucede?- la chica inclinó el rostro y buscó su mirada. Harry sólo sacudió una negativa. -¿Algo con Robards?- Se había encontrado con el hombre en los pasillos y habían conversado un momento, pero no había sido nada tan estresante como en sus reuniones privadas.
-¿Hinchando de nuevo?- para ese momento, ya todos lo estaban mirando.
-¡No más incordios, por favor!- se quejó Ron. Harry miró de reojo en la dirección donde había escuchado a su rubio incordio. Apenas divisó un poco de cabello platinado.
-Nada de eso. De hecho hablamos sobre los recursos del caso… él ya sabe que tuve un encontrón con la gente del Departamento de la Correcta Aplicación de la magia y como éste es un caso de prioridad, me "aseguró" otra vez, que podía pedirle un pergamino de preferencia.-
-¿Y eso ha solucionado algo? ¿Ya tenemos los resultados?- Bones alzó las cejas, aunque lucía bastante escéptico.
-Aún no…-
-O sea sí te vino a hinchar los huevos…-
-Nadie quiere saber de huevos, Seamus.- se quejó la única mujer del grupo. Frunciendo la nariz.
-Yo siento que se me hinchan algunas veces…- le respondió sonriéndole con burla. Harry entrecerró los ojos y Demelza hizo un sonido ahogado.
-¿Cómo estuvo tú vigilancia con Malfoy?- el moreno se decidió a preguntar.
-Oh, es cierto.- se rio Ron. -¿Cómo es que aún estas aquí… y entero?-
-¿Cómo es que no te atrapó en sus encantos místicos?- se rio Travers. El moreno ya presumía que ese era su tema favorito.
-En sus virtudes cabalísticas…- Bones movió sus cejas.
-¿En su qué?- Seamus alzó una ceja.
-¿Cábala?, ya saben, eso de los judíos…- contesto. Ron frunció el ceño.
-¿Cómo el éxodo?-
-¡Ron!- saltó la mujer. –La Cábala tiene que ver con su religión, el éxodo tiene que ver con el holocausto.-
-Todo viene a ser casi lo mismo…- movió la mano y dejó el tema ahí. Demelza lucía espantada, Harry sabía que su amigo no sabía nada de la historia muggle, no se le podía culpar por simplista. -¿Entonces?-
Seamus hizo un gesto displicente, recargando la espalda en el respaldo de su silla. Miró al pelirrojo y sólo se alzó de hombros. El moreno ya estaba que lo zarandeaba para que hablara de una puta vez por todas. A pesar que sentía curiosidad y esperaba escuchar alguna aberración sobre Malfoy, sobre su personalidad de mierda y lo hijo de puta que seguía siendo, la tranquilidad y la falta de novedades durante la mañana, le decían que nada malo había ocurrido entre esos dos.
Deseó que Finnigan le dijera alguna cosa mala del rubio, aunque fuera una estupidez. No estaba seguro del por qué, pero eso lo habría hecho sentir un poco mejor.
-Todo estuvo muy tranquilo. Hicimos las rondas respectivas y luego él hizo la primera guardia en el puesto de vigilancia.- miró especialmente a la mujer, como si ya hubieran hablado del tema antes. –Y sí, es muy metódico para sus asuntos… como la cuestión de la libreta y todas esas cosas que anota.-
-Te lo dije.- tomó de su jugo.
-Yo no vi nada de eso.- se quejó Travers. –Sí parecía gato saltón, mirando y fijándose en cada persona y sonido que sentía, pero nada más.-
-Lo tuyo fue patrullaje, la libreta habría sido más un estorbo que otra cosa.- Seamus se alzó de hombros nuevamente, Warren había arriscado la nariz.
Harry se guardó el bufido para sí. No quería saber de sus virtudes. No quería darse cuenta que el tipo realmente tenía virtudes.
-Mañana es tu turno, Weasley…- sonrió Bones y el moreno recordó que al momento de planificar los turnos de vigilancia, había dejado las posibles "parejas conflictivas" para el final. Mañana le tocaba a Ron, pasado a Bones y por último a él. Ahora que se daba cuenta, aplazar el desagradable momento había sido lo mejor.
-No me lo recuerdes.- Harry miró a su amigo, sabía que él compartía su fastidio por la presencia del rubio.
-¿Qué clase de expectativas tienes sobre el asunto?- le preguntó.
-¿Expectativas?- el pelirrojo frunció el ceño, mirándolo con sus azules ojos desinteresados. –Ninguna, claro. Yo creo que su aparición es una pérdida de tiempo y nada de lo que haga me hará cambiar mi apreciación sobre él.-
Eso era lo que esperaba oír.
Y no es que dudara de sus propias referencias sobre Malfoy, pero justo ahora necesitaba que alguien le matara toda esa idea del rubio y su magia tocándole la piel. Alguien debía desbaratarle el sentimiento maravillado y la sorpresa de esas "virtudes". Todas muy reales y palpables.
Tiró una de sus manos y se rascó la cabeza con fuerza. Odiaba tener que pensar en eso… odiaba aún más otorgarle tantos pensamientos, tanta preocupación y tanta energía a alguien que no lo merecía.
-Hay algo que deberían ver.- comentó de pronto. La idea de deshacerse completamente de esa experiencia doblemente "mágica", le pareció una buena alternativa.
-¿Qué?- varios levantaron sus ojos hacia él.
-Quiero que entren conmigo al gimnasio la próxima vez que Malfoy vaya a entrenar.-
-¿Por qué?- Demelza regresó a ese gesto suspicaz y no era algo que el moreno agradeciera, de hecho le temía a eso de la "intuición femenina".
-Sólo para que vean una de sus rarezas.-
-¿No sabíamos ya que era un rarito?- apuntó Bones, Harry apretó los labios.
No quería darle ese significado al rubio, ni a su comportamiento. No ahora, al menos.
Si debía ser honesto consigo mismo, sentía un ligero cosquilleo ansioso mientras observaba la fila de vasos milimetrados. Todos rotulados con los ingredientes destilados de la poción NN. Con sus colores distintivos y la densidad esperada. Eran una suerte de arcoíris en encantadores tonos pálidos, frente a sus ojos. Y había algo muy dulce en ese logro.
Draco ya había llegado al punto donde Neville había quedado durante el análisis previo. Tenía los mismos resultados, aunque sus elementos eran más puros que los obtenidos por el hombre y el resto de poción que había en el caldero, aún contenía la mezcla de esos tres ingredientes sin identificar.
-¿Qué vas a hacer ahora?- escuchó a su lado.
Ambos parecían los dos afortunados espectadores de una hermosa obra de arte. Frente a ella, contemplándola, enumerando sus particularidades y conversando entre ambos, sin la necesidad de mirarse siquiera.
-Tengo un plan en mente… dividiré la mezcla en las 20 partes de un decálogo de sistemática, las pondré en viales de alta temperatura y haré pruebas individuales.- dijo como si fuera lo obvio.
-¿Crees que tengas suficiente mezcla para muestras individuales?-
-No necesitaré mucho… les pondré un listón identificador, si la muestra simplemente se evapora,- se alzó de hombros, -pero si tengo un positivo, la cinta la marcará.-
-Bien…- aceptó, con un poco de duda. A estas alturas Neville no debería vacilar sobre su capacidad intelectual. Sólo certezas, -pero eso sólo te ayudará a identificar la sistemática de la planta… o lo que sea. Identificarla concretamente es otra cosa.-
-¡Ah!- hizo movimientos desinteresados. -Por eso tú me vas a ayudar a destilar otros cinco viales con poción.-
-¿Yo?- el trigueño quitó los ojos de esa hermosa partida de líquidos de color y se volteó hacia el rubio. -Mi tenedor, ¿ya te olvidaste de él?-
-Ugh, ¿todavía estás con eso?- bufó. -¿Y el tipo de logística?-
-Ya vino… pero no es conclusivo.- alegó. –Puede que luzca como un accidente y que no haya magia involucrada, ¡pero puede ser sólo una parte del todo! ¡Quiero seguir revisando esas marcas!-
El rubio suspiró, volteándose completamente hacia él. Miró a Neville a los ojos y esperó a que le hablara por voluntad, el hombre desvió la vista a los pocos segundos.
-¿Qué te tiene con esa cara de infeliz?- el trigueño sólo se alzó de hombros. Si no se quejaba de su elección de palabras, entonces era importante. Frunció el ceño.
-No lo sé…-
-¿Tiene algo que ver con el trabajo?- apretó los labios, no le gustaba cuando la tensión provenía del trabajo, eso hacía que el hombre afianzara aún más el agarre sobre ese lado de su vida. Era lo único que para Neville tenía valor y sentido.
-No…- suspiró y se dejó caer sobre el taburete de la mesa contigua.
Draco se le acercó en silencio, sin presionar por una respuesta. Se apoyó con la espalda baja sobre el grueso canto del mesón, quiso cruzarse de brazos, pero no era una postura receptiva. Era imperativa y defensiva y el rubio quería parecer paciente, así como otros lo habían sido con él.
-Supongo que debo acostumbrarme…-
-¿A tú casa?- el chico asintió lentamente. -¿Qué hay de malo?-
-Se ve un poco extraña y sola.-
-Invita a tus amigos de Griffindor. Inaugúrala como es debido… con una fiesta, una cena o algo. Ya te dije que- -
-… debo hacerla mía. Lo sé.- suspiró de nuevo. –Quizás es sólo la idea de que mi abuela ya no está. Digo… aceptar la situación y hacer algo al respecto.-
-Lo entiendo.- le acarició suavemente la nuca. -¿Te sientes arrepentido?, ¿de los cambios, del aspectos, de todo lo que hicimos…?-
-No, no es eso… sólo me hace pensar si esto acabará…-
-¿Qué cosa?-
-Eso que tú ves, esos grises. No me siento enfermo o algo, aunque a veces quisiera empacar todas mis pertenencias e irme a vivir a la punta de algún cerro… bien lejos.- medio sonrió. –No me siento extraño cada día, sólo me siento como yo… siendo simplemente yo, pero cuando haces eso con tú magia… cuando siento que me tocas con esa energía, es… como una liberación. Entonces sí me siento diferente.- pensó un segundo. –No antes. Son esos momentos en que lo percibo y todo cambia.-
-¿Cómo te sientes justo ahora?-
-Como si estuviera un poco nervioso o como si esperara algo…- Draco asintió.
-Estas sintiendo ansiedad.- le aclaró. –Si es por la casa, podemos atribuirlo a que no estabas preparado para éste cambio. Pudo haber sido divertido y correcto para ti mientras yo estuve ahí, acompañándote, pero cuando te encontraste solo frente a todas esas cosas diferentes… verdaderamente te diste cuenta que habías dejado a tú abuela atrás. Al menos en lo que respecta a su presencia en casa, en cada cosa dentro de ella.-
-¿Qué haces siendo auror?- bufó un poco frustrado. Era como si le hubiese desnudado la cabeza y exhibido todos esos sentimientos que para él no habían tenido explicación. -¿Entonces qué debo hacer?-
-Tú lo dijiste. Acostumbrarte.- se alzó de hombros. –Pero lo más importante es que no dejes de seguir mis consejos… lo hago por un motivo, por si no te has dado cuenta.- suspiró y aprovechó de jalarle del cuello de la camisa. -¿Invitar a tus amigos?, eso sirve para hacer buenos y nuevos recuerdos, ¿sí?,- le habló como a un niño, -no es sólo porque quiera molestarte… si fuera por eso emplearía otros métodos más efectivos. Como encajarte a esa mujercita del otro laboratorio.-
-¿Hanna Abbot?-
-Esa misma.-
-Esa "mujercita" era nuestra compañera de curso de Hufflepuff…- frunció el ceño y Draco alzó las cejas.
-Con razón su cara me parecía conocida de algo.-
-De verdad, ¿qué haces siendo auror?- y ahora lo decía por motivos completamente diferentes. El rubio le dio un codazo.
-De cualquier forma,- inspiró una bocanada de aire indignado, pero la exhaló con una media sonrisa. Neville pensó que era otra de esas manifestaciones de bipolaridad. En un momento podía estar sacándote la madre y al siguiente te sonreía encantadoramente. Como una serpiente en piel de gato, -ya no luces como el hombre retraído e indiferente que conocí hace un año. Ese que parecía tener atrofiada la memoria a corto plazo… o es que simplemente no le interesaba lo que no tuviera que ver con sus plantitas. ¿Lo recuerdas?- el trigueño hizo un gesto vago con la cabeza.
-¿En serio te das cuenta de la diferencia?-
-Neville, lo que te preocupe ahora es sólo una insignificancia a lo que sentías antes. Ahora sólo estas acomodándote a las nuevas posibilidades que tienes frente tuyo, nada más.- volvió a jalarle del cuello de la camisa y luego tocó el borde de su mandíbula, con sus pálidos y largos dedos. –Luna.- pronunció de pronto y el trigueño respondió con un alzamiento de cejas. –¿Ves? No te has tensado, ni estremecido… ni te has echado a llorar como un odioso Griffindor. ¡Estas curado!- le sonrió. –Sí, sí… de nada.-
-No puedo creer que haya terminado siendo tú amigo, después de todo.-
-¿Entonces me harás ese favorcito con la poción?-
-No tengo muchas opciones…-
Draco le sonrió encantadoramente, de esa forma no tendría que ocuparse de algo tan engorroso como destilar otra vez la maldita poción. Neville ya sabía cómo operaba su método de extracción y lo haría cómo el rubio le indicara. De todas formas no le pediría un trabajo como ese a cualquier idiota. En ese Griffindor sí podía confiar.
Tan pronto como habían comenzado esa conversación privada, la habían terminado y el rubio sacó de su túnica de auror, su inseparable cuadernillo de apuntes.
-Bien, éste es mi registro de la destilación.- le mostró una de las páginas centrales. –Éste es el nombre del ingrediente,- indicó con un dedo el primer ingrediente en una tabla improvisada, -éste es el tiempo que tardó en comenzar la evaporación y éste es el tiempo de término…- indicó dos casilleros más. –Éstas son algunas de las características principales que observé…- hizo gestos, restándole importancia.
-Son siete ingredientes primero,- miró la tabla, bajo una doble línea aparecían tres ingredientes más, -¿estos son los que sacaste después de dejar reposar la mezcla?-
-Sí, los ingredientes de ésta tabla son altamente volátiles, no se necesita un fuego muy fuerte. Éstos de aquí abajo necesitan más temperatura… consideré que era mejor hacer el proceso de forma diferenciada, podrían descomponerse de alguna forma debido a la extendida exposición al calor.-
-Sería conveniente un golpe de calor directo…- el rubio asintió.
-Y pensar que mi padrino no daba un knut por ti.-
-Joder que halago…- Draco se rio.
-Bien, te lo encargo.- Neville miró la tabla y suspiró. -¡Deja de quejarte!-
-Pociones… prefiero mirar huellas en un tenedor, aunque no sean mágicas.-
En ese momento Ellen, la compañera de laboratorio de Neville, entraba a la habitación. La bruja era una mujer de unos cincuenta y tantos, casada con un mago mestizo y madre de tres niños. Uno de los cuales se había marchado a estudiar fuera de Londres. Sí, era el hijo que Ellen le había mencionado al trigueño, pero éste no había tenido la deferencia de recordar. Draco lo había zarandeado de pura frustración. ¡Era un Griffindor, ellos debían ser personas sociables! No sabía qué pasaba con ese hombre. ¡Ah!, sí, Neville había sido dejado por Lovegood, la mujer de la que había estado profundamente enamorado. Sus amigos eran una mierda, quienes no se habían preocupado por sus salud emocional y estar aislado en ese laboratorio, no ayudaba a sanar heridas.
Ambos saludaron a la mujer y ella se acercó hasta el rubio para contarse algunas de sus novedades, todas sobre su inteligente retoño. Luego Draco había ido por los viales para comenzar con esa identificación de ingredientes y Neville a buscar más muestra de poción.
En algún momento de la tarde recordó que había traído un libro sobre sistemática de plantas mágica, sabiendo que el Strasburger del trigueño era sólo sobre botánica muggle. Teniendo ambos ejemplares, el rubio podría abarcar todo tipo de vegetales. Desde plantas de ambiente acuático, hasta saprófitos y parásitos.
Subió hacia el piso del Departamento de Aurores, enlistando mentalmente las cualidades que buscaría en la identificación de esos ingredientes. En el caso de que buscara algún tipo de planta de agua dulce por ejemplo, como algún tipo de Vivaria o una Branquialga –aunque dudaba que lo fuera-, entonces tendría que buscar algún sustrato que retuviera y solidificara ese ingrediente de la mezcla líquida. Sonaba a disparate, pero los grandes maestros podían revertir pociones de este tipo. Seguro su padrino podría haberlo hecho. Ni qué decir de su profesor tailandés.
Continuó avanzando confiadamente, a través de los pasillos del Cuartel, cuando escuchó una voz muy conocida. Su neurasténico "jefe". Potter.
Por lo que pudo distinguir el hombre estaba conversando con alguien, por la ligereza de su tono supuso que sería su grupo o al menos Weasley y Finnigan. Por el aumento en el volumen de su voz, mientras el rubio se aproximaba, se dio cuenta que estaban detenidos a la vuelta en la esquina de ese mismo pasillo. Y no le habría importado, de hecho tenía la intención de pasarlos y avanzar hasta los casilleros para recoger su libro… todo iba muy bien, hasta que lo escuchó escupir un "Malfoy".
Draco se detuvo y frunció el ceño. No quería parecer un entrometido, pero estaban hablando de él. ¡Potter estaba hablando de él!
Quieto en su sitio, dirigió su oreja derecha hacia la dirección desde donde provenía tanta verborrea y agudizó su oído.
-No me interesa, mándalo a la mierda…- escuchó una risa burlona, como si en su rostro hubiese un gesto intencionado y desagradable.
-No exageren.- escuchó a Finnigan y a pesar de la voz agria de Potter, el hombre no sonaba de la misma forma.
-¿Lo estás defendiendo? ¿Al incordio de Malfoy?- Draco alzó las cejas. ¿Ese tipo con aires de guasón, lo estaba defendiendo de algo?
-No quería ser tan evidente frente a Warren porque se encrespa como gato en el agua…- volvió a escuchar a Finnigan, con el mismo tono simple y despreocupado, -pero el tipo no es tan-tan-taan hosco. Tiene esa lengua que dan ganas de cortársela y da directo en la yugular… y te saca los peores hechos de Hogwarts… y las ansias asesinas… y- escuchó un golpe, -¡au!, ¡ya!… Pero les digo, ¡no se lo tomen tan en serio! Se va a ir más pronto de lo que creen.- el rubio alzó una ceja.
-Eso es lo que todos esperamos.- y esa era la voz de Weasley, como lo decía no había que ser vidente para reconocer a esos cotillas.
-Maldito incordio…- ésta vez se tensó y apretó los labios. Ese era Potter de nuevo, sonando exasperado, escupiendo su apellido y suspirando con pesar. Otra vez. Así como él mismo lo había hecho en el pasado.
¿Qué mierda? ¡Ellos ni siquiera se habían dirigido más de dos palabras! Draco había tenido la deferencia de mantener las distancias, de evitar cualquier roce o mal entendido y ese… ¡ese cretino! ¡Él se había portado bien, por consideración! ¡Hijo de puta!
¿Qué había hecho para ser llamado un "incordio"?
-No puedo soportarlo, definitivamente no puedo. Pensé que tenerlo lo más lejos posible y hablarle sólo lo estrictamente necesario, iba a bastar… pero es su sola presencia… aparece y jode todo mi humor.- el rubio tragó duro. ¿"Su sola presencia"?
-¿No estás exagerando?- espetó Seamus.
-Me fastidiaba estando en Hogwarts cuando era un simple pendejo, ahora con todas sus extravagancias y su mierda India, es desagradable.- el rubio realmente podía percibir su molestia, su irritación. No pudo más que apretar sus labios, hacer oídos sordos y evitar que la ignorancia y la estupidez de Potter lo enojara. -No sé si se cree tan especial con sus tontos cubitos de colores y todas sus especialidades en pociones… ¡y ni siquiera ha logrado algo!… lo veo ir al laboratorio y regresar con los mismos resultados que nos dio Neville desde el comienzo. Incompetente. Simplemente eso, es un maldito incompetente.-
Draco bajó su rostro y deslizó sus ojos sobre el piso de parqué o algo así, un montón de tablitas y… y… Potter decía que era un incompetente, que era una persona desagradable. En algún momento sintió sus labios moverse temblorosamente. Esta vez no sólo apretó su boca, la mordió con toda voluntad. No habría… no haría un signo de inseguridad o vulnerabilidad por Potter. No.
Ese tonto… ni siquiera lo conocía…
-Ha pasado un poco más de una semana…- en cambio Finnigan parecía mucho más abierto a intercambiar discrepancias y diferencias con él. ¡Finnigan! A quién lo había tildado de intolerante por su comportamiento en Hogwarts.
-Deja de defenderlo…- se quejó el pelirrojo.
-¡No lo estoy defendiendo!- alegó con voz fuerte, pero rápidamente regulo el tono. –Nosotros llevamos meses en esto, ¡meses!, no le exijan lo que nosotros no pudimos resolver.-
-¿Han llegado a algún acuerdo con Demelza?- se burló el moreno. –Los dos andan maravillados con su "dedicación".-
Draco se guardó un suspiro para él, para cuando pudiese estar sólo y liberar su frustración y su enojo. "Nadie sabe para quién trabaja". Se había defendido del irlandés esa noche de la vigilancia, intencionalmente. Dispuesto a lanzar veneno de ser necesario… y no lo fue.
En cambio a Potter… por Potter había sentido consideración y remordimiento. Su redención con el hombre estaría forjada a partir de re-conocerse, de ser amable y dar a conocer lentamente su nueva personalidad. Draco quería que el Niño-que-vivió se diera cuenta que él era un hombre nuevo. Por eso se había mantenido un poco a distancia, procurando no incomodarlo o invadir su espacio. Se había mostrado solícito y dispuesto a sus órdenes. ¡Había mantenido sus gruñidos, insultos y malas palabras para sí mismo! ¡Eso era nuevo para él!
Nunca había sido tan considerado antes.
Pero Potter sentía que su sola presencia lo desagradaba. ¡Desagradaba! Como si fuese la peste o algo más que molesto… más. Un niño pequeño podía ser molesto, no desagradable. Las cosas desagradables uno no las quiere tener enfrente… ni volverlas a ver, de ser posible.
Las cosas desagradables se despechan lejos, si se da la oportunidad.
Joder. Eso se sentía muy feo.
-Mejor dime, ¿qué mierda pasa contigo?- volvió a escuchar al irlandés. –De pronto andas con un humor, como los que se carga Ron cuando está ebrio… ¡odioso!-
-¡Oye!-
-¿Qué puedo hacer si el pendejo me cae mal?- "Pendejo", el rubio quiso reír, pero el gesto se empañó con sus labios apretados. Así que era un pendejo y un desagradable.
-¿Es por eso del gimnasio?- al rubio ya ni siquiera le interesaba lo que hablaran ahora. Finnigan estaba susurrando. -¿Pasó algo?-
-Nada importante, sólo no me gusta que ocupen mi espacio.- y eso que Draco había procurado no imponerle su rostro a nadie. Aún menos a Potter. -Parece un perturbado mental.-
-De verdad Harry…- esta vez fue un bufido.
-Yo tampoco quiero su mierda esotérica a mí alrededor…-
-Pues tendrás que aguantarte porque mañana es tu turno de patrullaje.-
-No me lo recuerdes.- Weasley sonaba como si pasar su tiempo con él, fuera peor que el infierno. Draco no pudo hacer más que apretar los puños. -¿Qué harás cuando te toque pasar más de cinco horas seguidas con él, Harry?-
-¿Lanzarme un desmaius?-
Escuchar su risa burlona era más de lo que esperaba. El rubio retrocedió un paso y luego otro, con los ojos sobre esas bonitas tablitas de madera brillante.
Le era desagradable a Potter…
Continuó retrocediendo, con los puños apretados y los labios retenidos entre sus dientes. Conteniendo la rabia, la humillación, la indignación. Manteniendo dentro suyo todo oscuro sentimiento y perturbador pensamiento. Todo aquello que pudiese oscurecer su ánimo, su espíritu. Él sabía cómo manejar esas situaciones. No debía importarle tanto. Potter era un hombre, un simple hombre, con virtudes sí… pero con muchos defectos también. Era un mortal, alguien que comete errores… y eso que estaba sintiendo, pensando y diciendo el moreno, era un gran error. Uno muy grande.
Avanzó hasta que se encontró frente a la puerta del laboratorio, de nuevo. Entró a paso lento, como si nada hubiese sucedido. Caminó hasta el taburete cercano a donde trabajaba, se sentó frente a la hilera de viales, con sus respectivas partes de poción. De la mezcla NN.
Debería continuar con su labor… debería seguir con… debería…
Suspiró con fuerza y apretó los labios. Fuerte. Fuerte. Muy fuerte.
No quería pensar en ese idiota. Joder.
¡Es que!, realmente no sabía por qué se había sentido tan tocado. ¡Estaba tan sentido! ¡Maldito idiota! Él sabía que no era del agrado del hombre, pero escucharlo de su propia boca… era tan distinto. Él siempre había creído en la nobleza y la caballerosidad de Potter. Siempre. Y si debía ser honesto y patético, de paso, Draco había esperado ver la cara de sorpresa de El Salvador, cuando se diera cuenta que el hijo de Lucius Malfoy era una persona nueva.
Él ya no era un cretino, ni un egoísta -no tanto al menos-, ni un superficial o un simplista. El nuevo Draco Malfoy ayudaba a la gente, había ayudado a Joe y estaba ayudando a Neville. Ya no le importaban las diferencias de sangre, de dinero o posición social.
Y había querido que Potter viera ese lado suyo. Su lado reivindicado.
Draco había estado esquivando la mirada intrigada de su amigo durante toda la mañana, incluso cuando se reunieron en la sala de conferencia con los aurores que llegaban de la vigilancia. Mantuvo una seriedad y una distancia con Joe, que no eran su costumbre. Pero aún se sentía demasiado humillado para pronunciar palabra al respecto. Prefería apretar la mandíbula y contenerse. No mirar a nadie en esa sala, ni la cara de Potter, ni la de Weasley, ni la de ningún miembro de la División 3… siempre había sido la comidilla de la gente, pero no esperaba ese tipo de palabras de gente adulta. De personas que lo veían recién después de bastantes años. Personas que ya no lo conocían. De Griffindors.
Por eso prefería mantenerse mirando hacia el frente, hojeando la carpeta del caso o su libreta de anotaciones. Dejando que sus ojos se perdieran entre sus letras, al menos eran cosas conocidas y confiables. En cambio la gente que tenía a su alrededor…
El rubio suspiró, sabiendo que su mal ánimo se mantendría hasta que trabajara en superar esa situación. Escuchar, analizar, comprender y aceptar. Lo primero ya lo había hecho, aún se negaba a pasar a la segunda y eso significaba que había un gran-graan paso hasta lo tercero y cuarto.
Mientras eso no sucediera, no quería estar cerca de Potter. Ni mirarlo, ni escucharlo, ni siquiera sentir su presencia.
Draco no quería tener la oportunidad de escuchar su voz pausada y sus palabras amables, sabiendo que el moreno no lo soportaba. Sabiendo lo falso que se estaba comportando. Era tan hipócrita. ¿En eso mutaban las almas nobles de Griffindor? ¿Trastornados hombres todopoderosos? ¿Arrogancia desatada bajo presión psicológica? Ugh. No quería entenderlo, debía recordar no querer sentir ningún tipo de simpatía o compañerismo por sus desajustes mentales y su consiguiente carencia de humanidad… ¡No! ¡Draco, basta! No más pensamientos para ese hijo de la grandísima… de Potter.
La maldita reunión comenzó anunciándose la ausencia de novedades y terminó por la misma línea o algo similar. Ocho personas y ningún resultado, después de dos semanas. Era tan desastroso como sonaba y aun así el rubio no quiso compartir su progreso dentro del laboratorio. Nada del experimento que estaba planificando y que prontamente estaría en funcionamiento. Nada de lo que podría significar si tenía éxito.
De hecho, Draco se dedicó a insultar mentalmente a su ponderado jefe, hasta que la junta se disolvió. Sólo entonces agarró sus cosas, fue por el libro de Herbolaria a su casillero y se encaminó al lado viejo del Departamento de Aurores.
Joe lo siguió calmadamente, como si supiera a dónde y por qué iban hacia allí, conservando ese silencio rígido hasta que por fin tocaron tierra conocida.
-Señora Abbey…- saludaron ambos con gestos solemnes, a la anciana mujer que más parecía una insigne gárgola de bienvenida, que la secretaria del antiguo cuartel.
-Auror Cobbs, auror Malfoy.- dijo adustamente. Nombrándolos de acuerdo al orden de antigüedad dentro del cuerpo. La viejita era bastante protocolar a lo que correspondía con el trabajo.
Draco agitó su varita en un movimiento rápido y conocido, para ver cómo el escritorio que obstruía todo el pasillo se desplazara automáticamente hacia un costado. Comenzaron a avanzar, pero entonces algo hizo click dentro de la cabeza del rubio.
Y Neville le había preguntado qué hacía siendo un auror… ¡ja!
-Disculpe Sra. Abbey,- se situó justo frente a la mujer y la miró con seriedad, ella respondió levantando su cabeza y clavando los ojos claros en su rostro, -la semana pasada, ¿no vino alguien de la División 3 por aquí?-
-División 3.- pronunció, antes de comenzar a escribir sobre un pergamino, uno que tenía una peculiar línea divisoria por la mitad. Draco ya sabía que era un viejo método de comunicación rápida. El rubio sintió los ojos negros de Joe, mirarlo fijamente, pero no dijo nada. –Sí.- escuchó, pero él ya lo suponía, no debería sorprenderle. -Harry Potter, Jefe de la División 3. A las cinco con treinta y ocho minutos, la tarde del jueves de la semana pasada.-
-¿Potter?- el negro frunció el ceño. -¿A qué vino?-
-¿Vino solo?- ella asintió. -¿Sabe con quién habló?- preguntó el rubio a su vez. La mujer volvió a escribir y al par de segundos leía resueltamente los apellidos de dos de sus compañeros de División. –Gracias Sra. Abbey.-
Otro movimiento de varita y la anciana mujer regresaba a su lugar, cerrando el paso de cualquiera. Vigilando y manteniendo un estricto registro de quienes entraban al lado antiguo del Departamento de Aurores. A Draco le había recordado a Minerva McGonagall, algo así como una muy eficiente mano derecha, igual de fruncida, de gestos parcos y ese particular humor de perros.
-¿Qué significa eso?- escuchó.
-Potter anduvo husmeando sobre mí… sobre ambos, tal vez.-
-Espera…- Joe le tomó de un brazo y ambos se detuvieron en uno de los recovecos. Una bifurcación que daba a ambas salas de cubículos, pero que hacia arriba, subiendo una media escalera de caracol, también conectaba con los vestidores y el gimnasio. –Espera, no estoy entendiendo nada…- el rubio suspiró. –De hecho pensé que hoy bajarías al laboratorio, como las veces anteriores.-
-Sí, bueno… usualmente adoro ese tipo de cosas, pero hoy no estoy con el ánimo.-
-¿Qué pasó? ¿Qué tienen que ver Potter, con Jones y Schustter?-
Draco indicó hacia el pasillo de la izquierda, hacia la estancia donde estaban sus escritorios y donde habían dejado sus pertenencias. El lugar donde el rubio tenía la mayoría de sus posesiones y donde había cultivado su tranquilidad dentro del Ministerio. Donde estaba su viejo escritorio de madera gastada, su silla maciza y dura, los burdos tabiques que separaban un espacio de otro y que servían más como improvisados ficheros y lugares donde colgar fotos familiares, información importante o un calendario.
-Supongo que para él no fue suficiente mi expediente.- mordió sus labios, sintiendo como la rabia volvía hacer posesión de su cuerpo.
Esa presencia caliente que se extendía en su interior, subía por su pecho y ardía dentro de su cabeza. Esa sensación que había nublado sus pensamientos en el pasado, ahora lograba mantenerla bajo control y pensar con algo más de claridad. Pero la claridad no tenía nada que ver con la frustración y la humillación que le evocaba todo pensamiento sobre Potter.
-No es muy difícil de pensar, después de todo. No sólo siente recelo del "nuevo", le desagrado y seguramente deseaba saber cuán inútil he sido para mi equipo.-
-Draco…- dijo y el rubio lo sintió suspirar. –Que hayan tenido problemas antes, no significa que ahora no puedan hacer el esfuerzo y entenderse.-
-Joe.- el rubio intento cortarlo.
-Si Neville fue capaz de ser tú amigo…- Draco lo atrapó del codo, ambos detenidos a las puertas del enorme habitáculo donde residían todos los escritorios de los aurores. A esa hora del día, sólo la mitad estaban ocupados.
-Te puedo decir que yo fui el primero en pensar eso, créeme.- le respondió. Entonces deslizó la mirada rápidamente hacia el sector donde trabajaba la División 11, ninguno de sus dos colegas estaban en su escritorio. –Porque si habiendo sido un completo hijo de puta con Neville en el pasado, él pudo darme una oportunidad; pensé que con mayor razón Potter sería… comprensivo.-
-Entonces…-
El hombre negro lo miró con sus intensos ojos de obsidiana, esos en los que no se podía diferenciar pupila de iris. Así de amplios y suplicantes se volvían, cuando la intención se reflejaba en ellos. Joseph no había utilizado palabras, pero su mirada pedía claramente que le dijera. Y así como Neville, él siempre había sabido cómo tratarlo, cómo hacerse entender sin demandas irrazonables o incuestionables. Por eso Draco no sabía por qué Potter no podía hacer el intento. Porque simplemente lo consideraba como un incordio o una cosa desagradable.
Draco respiró profundamente y frunció el ceño. Percibiendo cómo los molestos sentimientos se hacían tan nítidos y palpables, una vez más. Se encaminó hacia su antiguo escritorio y esperó que la breve caminata lo calmara.
No fue necesario mirar atrás para ver que Joe se había quedado rezagado junto a las puertas de la estancia, el tiempo suficiente para que el rubio llegara a su mesa. Tampoco fue necesario preguntar para darse cuenta que el hombre lo hacía a propósito, porque había percibido su incomodidad. Tanto tacto.
Sus pasos fueron suaves y armoniosos y procuró sentarse con la misma elegancia y tranquilidad de siempre, esperando a que su amigo llegara hasta él. Lo recibió ya sin el ceño fruncido y la respiración pesada.
-Te diré lo que es evidente. Potter desconfía de mí de todas las formas posibles. Como auror, como compañero, como mago, incluso como persona. Por eso vino aquí para hablar con Jones y Schustter. Porque no le interesa verme a mí, prefiere mirarme a través de los ojos de otras personas y enterarse si sigo siendo el mismo idiota, el mismo cobarde e incapaz.- se alzó de hombros. –Es así de fácil.-
-¿No has pensado que sea sólo curiosidad?- alzó una morena y poblada ceja. –Una simple precaución.-
-No lo es. Te lo aseguro.- golpeó los dedos sobre la tapa del libro sobre herbolaria mágica, que había traído consigo. –No es nada tan ingenuo y desinteresado como eso. Él piensa que sabe cómo soy y sólo quería confirmarlo… y de paso regodearse de mi falta de resultados para el caso, de reírse de mis "extravagancias" y enterarse qué piensan otros de un incordio como yo.-
Joe suspiró, mirándolo por largos segundos y con un gesto que le decía a Draco que estaba calibrando sobre algo, muy intensamente.
-Tal vez si intentaras hablar con él, que te "mire" a ti…- sugirió con voz templada.
-Potter no me quiere cerca, Joe.-
-Eso no lo sabes.-
-Es que sí lo sé. Lo sé… lo escuché, de su asquerosa boca y su…- se detuvo abruptamente y esbozando una sonrisa salida de quien sabe dónde, respiró fuerte. –No voy a contaminar mi ánimo con su neurosis crónica.- pero a esas alturas, el hombre negro ya tenía un gesto de labios apretados.
-¿Qué escuchaste? ¿Cómo y por qué?- inquirió.
-Lo escuché mientras caminaba por uno de los pasillos hacia los casilleros, ellos no me vieron… Potter, Weasley y Finnigan. La conversación era exclusivamente sobre mí, no me mencionaron por casualidad o algo así. No es simple paranoia.- se alzó de hombros. –Potter dijo que yo le desagradaba, que mi sola presencia le mata el buen humor. Dijo que yo era un incordio y que parezco un trastornado o algo así…- miró a Joe, con toda la intención posible. Ese era El Santo de Potter. Era como el impensable desprecio de un Beato. –Esas fueron las palabras que utilizó. Desagradable. Incordio. Pendejo.-
-¿Ellos no te vieron?-
-No. Si me hubiesen visto hoy habrían mostrado algo de vergüenza o reserva, al menos. Bueno, tal vez. Ya ni siquiera estoy tan seguro.- el hombre le respondió con un fruncimiento de cejas. –Aunque debo decir que Finnigan, extraña e inesperadamente, se mostró algo más comprensible.-
Draco miró atentamente el rostro de su amigo. Observando su fruncimiento de cejas, sus gruesos labios apretados, los ojos bajos y las manos quietas sobre la madera de su escritorio. El gesto de Joe era tenso, quizás un poco sorprendido de tal recibimiento por parte del reconocido Niño-que-vivió. Era como si intentara comprender lo que había dicho el rubio y ciertas ideas se reacomodaran en su cabeza, impidiéndole tener otros pensamientos.
No podía culparlo de su shock. El propio Draco había manejado sólo una línea de pensamientos desde que había escuchado esa molesta revelación.
Pero su silencio era muy denso.
-No te estrujes el cerebro pensando en algo que no tiene importancia. Son sólo palabras después de todo.- le indicó.
-Tú más que nadie sabe la importancia de las palabras…- respondió, casi inmediatamente. –¿Longbottom lo sabe?-
-No. Esto ocurrió ayer y no he hablado sobre el tema con nadie. Suerte la tuya, ¡ser el afortunado!- y como venía haciendo, se alzó de hombros. –De cualquier forma, no quiero destruir la imagen de Héroe, que aún tiene de Potter… aunque no dudo que el hombre sea un encanto con sus amigos. Eso es una obviedad.-
-No lo puedo creer.-
-Tenemos un pasado demasiado crudo y sin enmendar, Joe.-
Apenas dijo esas palabras, Draco frunció el ceño. Pero su amigo lo había escuchado y entonces alzó el rostro para observarlo.
-¿Cuán enojado estas?-
-Fúrico.-
-Pero aceptas que tienen un pasado que deben enmendar…- mencionó, deslizando una sonrisa de conocimiento por sus labios.
-No utilices mi dharmática filosofía de vida contra mí… no te atrevas.- frunció el ceño.
-Mira, yo me siento tan molesto como tú sobre sus palabras. Porque el muy cretino no tiene el derecho de hablar de esa forma siendo que ni siquiera te conoce.- frunció el ceño, nuevamente. -Además que eso reduce bastante sus cualidades de auror y su capacidad de asimilar nueva información. –Draco asintió, sin importarle realmente las capacidades de auror de Potter. –Pero tú mismo has dicho que hay temas sin solucionar entre ustedes. Y ya que eres el rey de los consejos y la "Comunicación ante todo"… deberías aplicar tú propio método en tú vida.-
-No me obligues a analizarlo.- se quejó. –Por un momento pensé que podría recobrar algo de mi desidia por ese idiota.-
-¿Desidia?- el rubio suspiró, sabía que su amigo tomaría cada una de sus palabras hasta hacerlo encausar por el "buen camino" y "los buenos pensamientos". Después de todo ya no era el pendejo sin corazón de antes.
-Sí, "desidia". Eso tiene que ver con la pereza, la indiferencia o la apatía… no es ni parecido a "desagrado", que es más cercano al enojo, al resentimiento y a la irritación.-
-Habla con él.- una de las comisuras en la boca de su amigo se había levantado burlonamente.
-No quiero.-
-¿Qué harás entonces?-
Draco apretó los labios y se quedó en silencio por unos momentos. No lo estaba pensando, ni reconsiderando, porque de verdad no había mucho que pensar. No iba a gastar su tiempo, ni sus pensamientos o su espiritualidad en alguien que no valía la pena…
¡Joder! Eso sonaba contrario a todo lo que Ahsan le había enseñado.
Continuará =)
¿Me perezco un comentario?
