Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
Capítulo 6
Abrí la puerta de mi piso con alguna dificultad, intentando por todos los medios que no se me cayera ninguna de las bolsas que llevaba en las manos. Lo logré después de varios intentos, y entré en el piso jadeando, cerrando la puerta con el pie y dejando las bolsas que traía en el suelo con toda la delicadeza de la que fui capaz.
Suspiré enérgicamente cuando tuve las manos libres, y cuando levanté la cabeza para ponerme derecha, encontré a Jasper delante de mí, observándome detenidamente.
-¿Es que tengo monos en la cara o qué? –le solté de repente, dedicándole una mirada fulminante. A pesar de que las palabras de mi madre habían logrado ablandarme un poco con respecto a Jasper, todavía continuaba enfadada con él por haber sido tan detestable conmigo.
-Al menos, aún no –respondió con una sonrisita burlona en el rostro. Me dieron ganas de borrársela de un guantazo, pero me dije a mí misma que debía calmarme, que no merecía la pena enfadarme por esa tontería.
Hice caso omiso a su estúpido comentario y me preparé para volver a coger todas las bolsas y llevarlas a la cocina. Tenía que colocar los productos que había comprado en sus respectivos lugares, y estaba convencida de que Jasper no iba a ayudarme.
-Podrías haberme dicho que ibas a comprar. Te habría ayudado con las bolsas –me dijo, siguiéndome hasta la cocina. –Si quieres, puedo echarte una mano a ordenar las cosas que has comprado –me sorprendió su disposición, pero no dije nada para que no se lo creyera más de lo que ya lo hacía.
-¿Ahora me estás haciendo la pelota? –era obvio que no había comprendido que me había marchado de casa por su culpa, pero qué iba a hacerle. Era un hombre.
-No es eso. Pero he estado pensando, y creo que debemos hablar de algunas cosas importantes.
-¿Ah, sí? ¿Como cuáles, por ejemplo? –le pregunté, haciéndome la interesada, mientras guardaba los refrescos y los yogures en la nevera.
-Sé que me odias y que aborreces totalmente el hecho de que yo esté aquí porque piensas que lo que quiero es abusar de tu buena fe, pero no es así. Durante el tiempo que viva contigo, pagaré la mitad de los gastos. Creo que es algo justo, ¿o no?
Detuve mis movimientos cuando escuché sus palabras. ¿Quería pagar la mitad de los gastos? Eso sí que no lo hubiera esperado jamás.
-¿En serio? ¿Como si fuésemos verdaderos compañeros de piso?
-Pues… si quieres verlo de ese modo, sí.
Asentí con la cabeza, retomando mi anterior tarea de guardar los productos.
-¿Y qué más? Has dicho que teníamos que hablar de algunas cosas.
Jasper se rascó la cabeza, como si estuviese buscando las palabras adecuadas para lo que fuera que quería decir.
-Creo que antes he sido demasiado duro contigo. Podría haber intentado entenderte, pero no lo he hecho.
Espera, espera, espera. ¿Me estaba pidiendo perdón?
-Pues no, no lo has hecho –ya que estábamos, podía aprovecharme de su culpabilidad. Sólo un poco.
-Lo siento. No volverá a pasar. De ahora en adelante, haré mi trabajo y espero que tú me ayudes con eso –aclaró, mirándome fijamente. –Pero también haré lo que tú me digas. Me refiero a que no voy a hacer nada que tú no quieras.
-¿Quieres decir que vas a seguir mis normas? –Jasper asintió lentamente, y por un momento me pareció un cachorrillo asustado. Pero aquella visión se esfumó rápidamente. Él no era ningún cachorro. Y mucho menos uno asustado. –De acuerdo. Ya que hablamos de eso, déjame aclararte unas cuantas cosas –me apetecía aprovecharme de la situación. Esperé hasta que Jasper volvió a asentir. –No sé si fumas, pero si lo haces, más te vale salir al balcón cada vez que te enciendas un cigarrillo.
-Hecho.
-Tendremos que turnarnos la limpieza del piso, porque espero que no pienses que me vas a tener aquí como tu criada.
-Me parece justo.
-Y de momento, ésta es la última, pero no por ello la menos importante. Yo diría que es una de las más importantes –le aclaré, antes de volver a hablar.
-Dispara.
-No quiero ver a ninguna de tus amiguitas rondando por el piso. Me parecerá genial que las tengas, pero no aquí.
Jasper me observó fijamente, cosa que me incomodó, pero me mantuve firme. A pesar de todo, el piso continuaría siendo mío, y no quería ver a ninguna mujer desnuda paseándose por él como si fuese de su propiedad. Eso sí que no iba a tolerarlo.
-De acuerdo. Trato hecho –me tendió la mano para que formalizáramos el pacto, y me tomé mi tiempo en estrechársela. Cuando lo hice, me di cuenta de que la sonrisa burlona de antes volvía a estar en su rostro. –Me alegro de que ya seamos amigos.
Lo observé con el ceño fruncido.
-¿Quién ha dicho que seamos amigos?
-Nadie, pero si vamos a vivir juntos, lo normal es que nos llevemos bien, ¿no crees?
-Sí, pero eso no significa que tengamos que ser amigos.
Jasper se rió entre dientes y se agachó a mi lado para guardar algunos de los productos que quedaban en las bolsas.
-Eres una mujer dura de pelar, ¿eh?
-Es mejor que conozcas mi carácter desde el principio. Así, puede que después no te tome por sorpresa.
Volvió a reírse, y a mí me gustó que lo hiciera. Me parecía extraño estar tan relajada a su lado, pero me dije a mí misma que así tenía que ser siempre a partir de ese momento.
-Bueno, yo también creo que es hora de que empecemos a conocernos un poco más, y por eso mismo he pensado que ya que es viernes, podemos salir un rato esta noche.
De acuerdo, había escuchado mal. ¿Qué acababa de decir?
-¿Qué? –pregunté, atónita, sin querer creer lo que pensaba que había dicho.
-Que podemos salir a tomar algo hoy. No sé, si te apetece…
Me quedé inmóvil en el lugar, sin poder moverme. No podía creer lo que Jasper me estaba diciendo. ¿Quería que saliésemos los dos?
-¿Te refieres a que salgamos tú y yo?
-Sí, para celebrar que somos oficialmente compañeros de piso.
Parpadeé seguidamente, confundida. No podía creer lo que me estaba pasando.
-Es que yo… no suelo salir mucho por las noches –le expliqué, preparada para que se burlara de mí. –Desde que Rosalie se quedó embarazada y Bella se prometió con mi hermano… yo no salgo mucho.
-Pues por eso mismo. ¿Es que te parece mal plan que vayamos a tomar algo?
-No –claro que no me parecía mal. Simplemente me parecía imposible.
-Pues entonces, ¿qué me dices? ¿Te apetece que salgamos un rato después de cenar, aprovechando que ya no hace tanto frío?
Tragué saliva, intentando no pensar demasiado en lo que estaba a punto de decirle:
-Sí. De acuerdo. Salgamos a tomar algo.
Jasper sonrió de oreja a oreja, y me dio unas cuantas palmaditas en el hombro. No supe qué significó eso, pero en aquel momento no pudo importarme menos.
Me pasé la hora de la cena preguntándome si lo que había hecho estaba bien o estaba mal. Por un momento, me dije a mí misma que me negara totalmente a aquella propuesta, pero después le dije a mi subconsciente que se callara, que no iba a ocurrir nada malo. Sólo íbamos a salir durante un ratito pequeño, una hora como mucho, a tomar una copa, nada serio. Y, además, yo no era tan irresponsable como para pedir alguna bebida que no conocía.
-Bueno, ¿adónde quieres ir? –me preguntó Jasper cuando estuvimos en la calle, metiéndose las manos en los bolsillos de su chaqueta. Sí que hacía frío, y me di cuenta de ello cuando estuvieron a punto de congelárseme las piernas. Supe en aquel mismo instante que haberme puesto una falda vaquera no había sido una buena idea. Las medias no calentaban mucho, que dijéramos.
-Pues… no sé. Elije tú –le pasé el relevo a él porque yo no tenía ni idea de adónde ir.
-Conozco un bar donde hay bastante ambiente, pero está algo lejos de aquí.
Me encogí de hombros. Supuse que caminar nos vendría bien.
-No importa, vayamos ahí mismo.
Jasper asintió y comenzó a caminar en dirección a una moto que estaba aparcada justo delante de nosotros.
-¿Qué haces? –pregunté, alarmada.
-No querrás ir caminando, ¿no?
-¿Ésa moto es tuya? –inquirí, sorprendida. No sabía nada de que tuviera una moto.
-Sí. He ido a recogerla hoy del mecánico –me explicó, orgulloso, sacando un par de cascos del compartimento del vehículo. Me tendió uno y me lo puse con algo de dificultad. Cuando me miró, después de que hubiera terminado de ponerse su propio casco, sonrió con diversión. –Pareces la Hormiga Atómica –me aclaró con una risita que me hizo sonrojar.
Carraspeé, algo incómoda con aquella situación, y le di unas cuantas pataditas al suelo.
-¿Nos vamos ya? –pregunté, nerviosa.
Me di cuenta de que Jasper me estaba observando de arriba abajo, deteniéndose en mi falda. Volví a sonrojarme. No me gustaba que me miraran de ese modo.
-Creo que vas a pasar un poco de frío –comentó, subiéndose en la moto y echándose un poco hacia delante, dejándome sitio. Comprendí sus palabras cuando alcé una pierna para pasarla por encima del vehículo, y cuando estuve totalmente montada en la moto, me percaté de que la falda se me había subido bastante, dejando muy poco a la imaginación. Intenté bajármela, pero sin ningún éxito, por lo que la dejé por imposible. – ¿Preparada? –escuché la voz de Jasper a través del casco.
-Sí –contesté con la voz algo temblorosa.
-Creo que, si no te sujetas a mí, saldrás volando en cuanto arranque –volví a ruborizarme ante su comentario, más que nada porque tenía razón. Me encontraba casi en el extremo de la moto, dejando bastante espacio entre nosotros. Tragué saliva con algo de dificultad, y a continuación me deslicé hacia delante, hasta que mi pecho estuvo pegado a la espalda de Jasper. Lo rodeé con los brazos con fuerza y cerré los ojos.
Sentí una sacudida bajo mi cuerpo, y a continuación una ráfaga de aire helado chocó contra mi rostro, haciéndome incluso daño. No me atreví a abrir los ojos por temor a marearme, pero me di cuenta de que si no lo hacía, me mareaba incluso más, así que los abrí. Durante una milésima de segundo pensé que íbamos a estrellarnos, pero después fui relajándome poco a poco, hasta que comencé a fantasear con que volaba. Me gustaba esa sensación de libertad, y a pesar de que no podía soltar mi agarre de Jasper, por un momento tuve la impresión de que la que conducía la moto era yo.
Tardamos diez minutos más en llegar al bar del que me había hablado Jasper, y por un instante pensé que estaba bromeando. Aquello no era un bar. Era un tugurio.
-¿Aquí? –pregunté, bajando de la moto con algo de dificultad. Tenía que tener cuidado de no abrir demasiado las piernas. Sólo faltaba que cualquier borracho viera más de lo que debía.
-¿No te gusta? –preguntó, desilusionado.
-No es eso, es que parece algo… viejo –daba la impresión de que se caería abajo en cualquier momento, en realidad.
-Eso es lo que parece por fuera, pero te aseguro que te llevarás una grata sorpresa cuando veas el interior –sonreí con el ceño fruncido, y me dejé empujar por Jasper, que parecía muy decidido a entrar. –Además, conozco a los camareros que trabajan aquí y seguro que nos invitarán a alguna copa.
Nada más entrar en el local, me invadió una nube de humo y comencé a toser, para darme cuenta después de que allí dentro sólo había hombres. O por lo menos, hasta donde alcanzaba mi visión. Tuve que reconocer que Jasper no me había mentido. El interior del bar era mucho mejor que el exterior, parecía incluso reformado, a pesar de que había muy poca iluminación, pero no me importó. Me dije a mí misma que debía ser positiva e intentar probar cosas nuevas. Que de todo se aprendía.
Nos dirigimos a la barra lentamente, y me percaté de que todos los hombres que había por allí me miraban a mí. Sólo a mí. Por Dios, ¿dónde me había metido?
No lo sabe, la pobre xD Pero bueno, parece que las cosas entre ellos han mejorado, ¿no? Seguro que el próximo capítulo os gustará, es bastante interesante... jojojojo...
Espero que os haya gustado el capi de hoy y que me lo digáis con muchos reviews :)
¡Nos leemos el miércoles!
XoXo
