06

-¡Hola! ¿Te llamas Sev, cierto? Me llamo Henry Coleman, puedes llamarme Henry ¿Puedo pasar?

En la puerta de la habitación se encontraba un hombre de unos treinta años de cabello castaño tan oscuro que podía pasar por negro, usaba lentes de montura cuadrada, parecía una buena persona.

Sev estaba recostado en la cama mirando al techo cuando el doctor Coleman entró, el niño giro su carita hacia él, claro que podía pasar. Sev ya sabía que venían a hacerle más exámenes médicos, si quería ir a Hogwarts tenía que soportarlos, tenía que poner todo de su parte para salir del hospital.

¿Mi papá?- preguntó Sev cuando el doctor Coleman llegó hasta la cama.

¿Snape?- le sonrió- está reunido con la mesa directiva del hospital. Él y Adeline quieren que seas prioridad en la lista de espera.

Sev cerró los ojos un momento, a pesar de no ser hijo biológico del doctor Snape, éste lo trataba como si realmente fuera hermano de Sam, era magnífico sentirse amado.

Vamos a hacer unas pruebas sencillas- comenzó el doctor Coleman.

La reunión con los directivos había salido mejor de lo que la doctora Moore o el doctor Snape hubieran esperado. El caso del niño sería tomado en cuenta y a pesar de que la lista era grande estarían esperando pudiera ser intervenido (dependiendo, claro, de los donadores) en menos de medio año.

Mientras ambos doctores agradecían a sus superiores, el doctor Coleman terminaba las pruebas solicitadas a Sev.

Y finalmente- le dijo- una última inyección.

Sev asintió preparado para sentir el piquete de la aguja.

Eres un chico muy valiente- le sonrió Coleman- tal vez el chico más valiente que conozco.

Sev asintió evitando ver como un tubo de ensayo sujeto a su brazo se iba llenando de sangre.

¿Para qué es?- preguntó el pequeño.

Vamos a analizarla en el laboratorio- explicó el doctor sorprendido de lo despierto que era el niño- quiero ver que la sangre se esté limpiando.

¿Limpiando?- Sev no había escuchado eso antes.

Sí, bueno es un término coloquial ¿sabes?- le guiñó un ojo- Listo, pequeño, ahora quiero que descanses mucho. ¿Necesitas algo?- le preguntó antes de dejarlo solo en la habitación.

Quisiera ver a papá…- musitó Sev

Coleman asintió, ahora entendía porque Mathew estaba loco con este niño.

¿Qué tal la junta?- preguntó Coleman solo llegar al consultorio de Snape.

Excelente ¿cómo está Sev?- preguntó a su vez Mathew.

El doctor Coleman tomó asiento frente al escritorio de su colega.

Debo admitir que es un niño muy despierto- sonrió- Adeline me dijo que ayer había tenido una recaída por una pesadilla, pero hoy lo encontré muy repuesto.

Sigue pensando en Hogwarts- musitó para sí Math.

Me preocupaba que su sangre se estuviera contaminando con toxinas- continuó Henry sin reparar en lo que había dicho Math- ya sabes, si su corazón no estaba bombeando sangre correctamente era posible que el torrente sanguíneo ya estuviera contaminado y eso provocaría graves consecuencias en sus órganos.

¿Cuáles fueron los resultados de los análisis?- Math dejó los reportes que estaba llenando.

Nada de qué preocuparse- le tranquilizó Coleman- un muy poco tiempo podrás tenerlo en casa.

¿Hoy tampoco ballet?- preguntó Sev.

La hora de visita había llegado, la doctora Adeline había ido por Sam a casa para que visitara a su hermano, habían notado que Sev se mostraba más animado cuando estaba con la pequeña.

Sam estaba sentada en una silla con un vestido rosa meciendo sus pies.

Nop, hoy no- contestó Sam- añana.

Sev sonrió, la enfermera había inclinado la cama para que pudiera estar levemente sentado.

Papá dijo sí a Hogwarts- le contó a la pequeña.

¡Sev, va a hace magia!- aplaudía Sam.

Sí, solo un poco más y podría salir del hospital, solo un poco más… un poco más…

No fue hasta finales de Mayo cuando finalmente los médicos permitieron que Sev pudiera regresar a casa, claro, no sin antes dejar muy claro que debía seguir todas las indicaciones que se le daban si no quería recaer, lo cual en su debilitada salud era muy peligroso.

Era hermoso estar en casa de nuevo, Adeline abrió la puerta dejando pasar a todos, Sam llevaba una pequeña maletita cargando mientras Mathew cargaba entre sus brazos a Sev, el niño se había quedado profundamente dormido en el trayecto de regreso.

Con sumo cuidado el doctor Snape depositó al niño en su cama.

Sam no dejaba de acomodar todas las botellitas con medicamento en el buró junto a la cama de su hermanito.

Sería una convalecencia larga pero todos confiaban en que Sev saldría adelante.

Lo primero era seguir las indicaciones de Coleman, quien había recetado un tratamiento completo para reducir la presión arterial del niño y fortalecer los latidos de su corazón, la desventaja era que el tratamiento sería permanente al menos hasta que el transplante de corazón.

La prueba de esfuerzo que se le había realizado en el hospital había arrojado que Sev podía comenzar con una ligera caminata, guardando reposo cuando se sintiera cansado, pero nunca intentar algo que lo dejara agotado. La terapia y rehabilitación establecida le permitirían tener una vida tranquila.

Es bueno tenerlo en casa- sonrió Mathew.

Él y Adeline se encontraban en la cocina.

La doctora Moore sonrió tiernamente.

Es lo mejor, él también ya deseaba estar aquí- se sirvió un vaso de limonada- no dejaba de hablar sobre estar en casa y Hogwarts.

Ah, ¿todavía con eso?- Mathew bajó la mirada- Adeline, yo…

Lo sé- Adeline dejó su vaso vacío en la mesa- pero se lo prometiste, y eso le dio fuerza al pequeño para salir del hospital, si le sales con que fue una mentira…

La puerta de la cocina se abrió de golpe.

¡Sev despeto!- gritó feliz Sam.

¿Cómo te sientes?- fue la pregunta obligada del doctor Mathew.

Sev se veía tan feliz de estar en casa que solo ver su carita su padre no necesito que le dieran una respuesta.

Adeline le ayudó a sentarse en la cama.

¿Descansaste, cielo?- le preguntó la doctora acomodando el cuello de su pijama.

Bastante- musitó Sev todavía adormilado- Tengo hambre.

¡Así me gusta!- sonrió Adeline- vamos a prepararte algo de comer

¡Yo ayudo!- gritó Sam siguiendo a su tía.

Mathew se quedó con el niño.

Será mejor que tengas algo en la pancita antes de darte tu medicamento- habló Math.

Sev asintió levemente.

Ya no voy a regresar al hospital ¿cierto?- preguntó Sev sin dejar de mirar la colcha de la cama.

Snape sonrió.

No pequeño, tu próxima consulta es en un mes- le informó- al principio vamos a ir a revisión frecuentemente, después ya serán de tres a seis meses.

¿Y cuándo vaya a Hogwarts?- Sev miró directamente a su padre con sus penetrantes ojos negros.

Mathew se sintió acorralado, ¿qué debía contestarle? ¿mentirle? ¿engañarlo?

Iré en vacaciones ¿verdad?- continuó Sev- ¿revisión en vacaciones?

Vacaciones suena bien- contestó Mathew.

Sev estaba tan emocionado por ir a Hogwarts que ponía todo de su parte en la terapia y tomaba sus medicamentos a la hora que le indicaban.

Los doctores habían dicho que posiblemente el niño sufriera cambios de ánimo, unos días irritado, otros desanimado; pero Sev seguía feliz, su motivo era Hogwarts y en su inocencia pensaba que su padre ya había contestado a la carta, que en unos días más podrían ir a comprar toda la lista de material que necesitaba para el colegio, había conservado esa hoja de pergamino guardada en su caja de tesoros, sí, tal vez solo era cuestión de días para que Sam, Mathew y él salieran a comprar todo lo que le hacía falta.

¿Dónde comprarían en Londres las cosas para la escuela los magos? ¿O se comprarían por internet? ¿Aceptarían tarjeta de crédito?

Sev estaba muy emocionado hasta esa tarde lluviosa de junio…

Sam y él habían estado dibujando en la habitación de la pequeña cuando uno de los plumones se acabo.

¡Ya no ojo!- exclamó Sam con una mueca de tristeza.

Papá tiene en el estudio- informó Sev levantándose de la alfombra para ir al despacho del doctor Snape.

Sev comenzó a buscar entre los cajones algún plumón rojo para Sam cuando algo llamó su atención, en el fondo del cajón de hasta abajo del escritorio había algo atorado, parecía que llevaba tiempo ahí ¿qué sería?

Sev sintió como si lo hubieran golpeado ¡Su carta! ¡Su carta de Hogwarts! Pero… pero… ¡Ya tenían que haber recibido su respuesta!

¡Niños, ya llegué!- se escuchó desde la entrada.

Sev seguía de pie en medio del estudio sujetando su carta sin poder creerlo.

¡Qué día! Por la lluvia tenemos muchos niños resfriados- hablaba Mathew subiendo las escaleras- ¿Sam? ¿Sev? ¿Están jugando?

¡Sev, tudio!- gritó Sam desde su habitación.

¡Sev, te encontré!- exclamó Mathew desde la puerta de su estudio- ¿Qué…?

La sonrisa se le borró del rostro.

¿No voy a ir a Hogwarts?- preguntó Sev sintiendo como sus ojos se le llenaban de lágrimas.

Sev…- comenzó Mathew.

Pero… dijiste… yo…- Sev se sentía algo mareado.

Sev- Mathew entró al estudio.

El pequeño se llevó su manita al pecho.

Mathew apenas y tuvo tiempo de atraparlo antes de que cayera desvanecido al suelo.

Por eso no quería que vieras esa maldita carta- le susurró al tomarlo en brazos para llevarlo a su habitación.

Los siguientes días estuvo lloviendo como nunca, parecía que Londres se inundaría, Sev no tuvo que ser llevado al hospital pero tampoco se mostraba animado como siempre, se sentía engañado, Mathew había dicho que lo más importante era la confianza, que los miembros de una familia confiaban entre ellos ¿y qué había hecho el doctor Snape? ¡Le había mentido! No iba a ir a Hogwarts y si le había mentido sobre Hogwarts entonces ¿en qué más le había mentido? ¿en qué se iba a curar? ¿en qué el transplante de corazón iba a salvar su vida?

Sev no se había levantado para nada de la cama, no había probado alimento en prácticamente todo el día y lo más preocupante era que no había tomado su medicamento por más que insistía y ordenaba Mathew o por más que suplicaba Sam, si se lo hacían tomar a la fuerza él veía la forma de escupirlo.

¿Para qué?- pensaba- ¿para qué?

-¡Adeline! ¡Gracias a Dios!

Adeline estaba en la puerta de la casa de Mathew con el impermeable completamente mojado.

¡Cómo pudiste, Math!- le gritó solo verlo.

¿Disculpa?- la miro extrañado Mathew.

¡Jugaste con el niño!- hablaba muy enojada la doctora.

¿Y qué se suponía que hiciera?- se defendió Snape- ¿dejarlo ir? ¿decirle que no iría?

¡Pudiste hablar con él! ¡Hombres! ¡Los niños no son tontos, entienden!- continuaba gritándole mientras subía las escaleras hacia la habitación de Sev.

Mathew se quedó parado en el mismo lugar donde estaba junto a la puerta aun abierta.

¿Sev? ¡Oh, cielo!- exclamó Adeline solo entrar a la habitación.

¡Ta tiste, tía Deline!- explicó Sam.

Sev estaba recostado sobre su brazo izquierdo dándoles la espalda, estaba tapado con las mantas hasta la barbilla, lo único que la doctora Moore podía ver de él era su cabello azabache.

Sam estaba sentada en la base de la cama a la altura de las piernas de Sev, se veía que había intentado hacerlo jugar con ella, pero él estaba tan triste que ni siquiera le había hablado.

Sev- Adeline se sentó junto a él- se que te dolió, siempre duele, tanto o más que una inyección; pero, conozco a Math, no lo hizo con mala intención.

No hubo ninguna reacción por parte del niño.

Si no ha mandado tu carta es porque tiene miedo- continuó la tía de Sam sin dejar de acariciar tiernamente su espaldita- tiene miedo de perderte, todos lo tenemos. Sev, te amamos, te queremos mucho, fue una suerte que llegaras a nuestras vidas y fue un milagro que no te perdiéramos…

La habitación se llenó con los sollozos del pequeño.

Mintió- sollozaba Sev.

Shhhh…. Shhh…- Adeline le beso en la mejilla mojada por las lágrimas- los adultos mienten, sobre todo cuando tienen miedo, amor. Pero Mathew te ama, te ama como ama a Sam, como amaba a mi hermana, lo hizo pensando que era lo mejor mi cielo… Mathew se moriría de tristeza si tú o Sam le faltaran…

Sev se giro para verla, tía Adeline lo miraba con la más hermosa mirada que él nunca antes hubiera visto, el pequeño estiró sus brazos hacia ella, la doctora lo acunó entre sus brazos haciendo que su cabecita se apoyara en su pecho. Sev seguía llorando, sabía que lo habían hecho porque lo amaban y estaban preocupados por él, pero él quería ir a Hogwarts, quería ir a Hogwarts, necesitaba ir a Hogwarts…

Sam solo entendía que Sev estaba muy triste, no quería verlo triste, no soportaba verlo triste, la pequeña también se recorrió en la cama hasta llegar frente a su tía para abrazarse a ella y a su hermanito enfermo.

La doctora Moore abrazó a Sam también, ahora ambos niños estaban protegidos entre sus brazos, Sev dejó de llorar aunque seguía sollozando mientras su tía no dejaba de besarlo en la frente tanto a él como a Sam.

Mathew no se había acercado al piso de arriba, se había quedado en la sala mirando el fuego de la chimenea encendida, esa lluviosa noche se sentía más fría que las anteriores.

Están dormidos- explicó Adeline bajando las escaleras.

Mathew no contestó.

¿No vas a decir nada?- le reprochó su cuñada.

Mathew le entregó el sobre que había iniciado todo.

Debo ser el idiota más grande del mundo- le dijo antes de dirigirse a la puerta.

Mathew necesitaba tiempo a solas, Adeline no lo detendría, bajó la mirada al sobre.

"Yo, Mathew Snape, padre de Sev. Autorizo que mi hijo asista al colegio Hogwarts de Magia."

El trueno hizo despertar a Sev, había despertado sobresaltado, pensaba que el "kabroom" de la tormenta había sido el inicio de alguna pesadilla.

Solo abrir los ojos se encontró con que estaba dormido en la cama grande de la habitación del doctor Snape, no recordaba en qué momento lo habían cambiado de cama. Sam estaba dormido junto a él rodeando su pecho con su bracito, Sam siempre estaba calientita por su pijama de franela. Alguien más estaba dormido con ellos, Sev alzó su carita para toparse con Mathew profundamente dormido abrazando a sus dos hijos.

Se preocupa por mí- pensaba Sev- sabía que la tormenta me asustaría, que nos asustaría… Me quiere…

¿No puedes dormir?- habló Math sorprendiéndolo.

Sev, creía que su padre estaba dormido.

Duerme, no pasa nada- le susurró el doctor Snape pasando su mano por su mejilla- lamento lo de la carta.

Sev también quería decirle que lo disculpara, que quería ir a Hogwarts pero también quería estar con él, que no quería que se preocupara…

La firme- se adelantó Mathew- pero no sé cómo mandarla ¿tendremos que llevarla a la oficina de correos mañana?

Sev no dijo nada solamente se acercó más a su padre aun con Sam en medio de ambos para abrazarlo. Mathew tomó la manita de su hijo para besarla.

Los golpes en la puerta eran insistentes.

¿Quién podría ser a esas horas? ¡Y en domingo!

Mathew abrió los ojos de mala gana, si era un vendedor de puerta en puerta iba a pagar muy caro el despertarlo. Al menos los niños seguían profundamente dormidos. Un momento ¿por qué Sam estaba volteada ahora sus pies en la almohada? ¡Nunca entendería como dormía esa niña! Revisó que Sev estuviera bien ¿dónde habría dejado el niño su calcetín?

Niños- musitó orgulloso Mathew poniéndose una bata.

Los golpes en la puerta continuaban.

¡Ya voy! ¡Ya voy!- gritó enojado en la base de las escaleras- ¡No quiero nada, gracias!

Abrió la puerta.

¿Diga?- preguntó con un gruñido.

No podía creerlo, si recibir una carta por parte de una lechuza que solo Dios sabía de donde venía estaba dentro del top ten de cosas raras ahora encontrar parada frente a su puerta a una mujer mayor de cabello cano que vestía una capa marrón y un sombrero de punta ¡Sí, un sombrero como el de las brujas de las películas! Se llevaba el primer premio.

¿Señor Snape?- preguntó la señora que parecía siempre tener una sonrisa en la cara.

¿Sí?- contestó dudoso el doctor Snape mirando de un lado para otro de la calle esperando ver las cámaras de "Sorpresa, estás en cámara escondida"

¿Puedo pasar?- volvió a hablar la mujer.

¿Eh?- Snape arqueó una ceja.

¡Oh cierto, no me he presentado! Pomona Sprout, directora adjunta del colegio Hogwarts- saludó la bruja extendiendo su mano hacia el doctor.

Ok, ese iba a ser un domingo muy, pero muy extraño…

Continuara…